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Opinión: “La versión market friendly de Argentina: contexto y desafíos”

Opinión: “La versión market friendly de Argentina: contexto y desafíos”

Analizar los primeros pasos del gobierno de Mauricio Macri no resulta simple. En primer lugar porque se trata de una gestión que piensa lo político desde un paradigma sustancialmente distinto al que veníamos observando con los gobiernos kirchneristas (la política como Administración), además muestra cierta novedad en sus prácticas y formas de comunicar, por lo que es necesario calibrar categorías  que contemplen la realidad que implica el ‘cambio de época’.

macri congreso

>Por Gastón Maldonado*

Entonces, nuevo paradigma, forma novedosa de comunicar y cambio de época, todo un combo. Se trata de un enfoque de lo político apuntalado en una lógica economicista y sistémica que pone a la gestión para “resolver los problemas de la gente” en el centro de la escena. Hasta aquí nada nuevo bajo el sol. Sin embargo venimos observando como desde hace un tiempo, la cuestión de las “formas” en política se fue transformando en un reclamo de la oposición y en arenga preferida para diferenciarse de la anterior gestión. Se pusieron en juego los conceptos de república, federalismo, tolerancia, militancia, entre otros, y fueron tomando peso en la predica anti K. Mediante la combinación eficaz de un discurso mediático, mayoritariamente opositor, por un lado y las internas y vicios propios de un grupo con muchos años en la gestión, por el otro fue que Macri llega al sillón de Rivadavia. Como mérito propio le debemos señalar la perspicacia para leer el momento, digamos el sentido de oportunidad y ahora, ya al mando, para demostrar un manejo original de la comunicación de gobierno: Se trata de una gestión que quiere dar la impresión de que viene a cambiar todo de raíz, a fundar un nuevo momento de la historia argentina, pero no con proyectos altisonantes sino al contrario, con sobriedad, honestidad y el profesionalismo característico del sector privado. Una CEOcracia New Age, moderna y aggiornada que hace que la sociedad no los identifique, por lo menos por ahora, como ejecutores de un proyecto de centroderecha antipopular. Esta situación encuentra condiciones de posibilidad en contexto de ‘cambio de época’ que vive Latinoamérica en lo político y la fase de reordenamiento que viene experimentando desde 2008, o quizá antes, el capitalismo financiero internacional. En definitiva nos referimos a las condiciones históricas del momento.

Una vez expuestas las primeras condiciones vayamos al análisis de la gestión. En la apertura de sesiones, ante la asamblea legislativa el Presidente Mauricio Macri apelo a la “herencia” del Kirchnerismo. Su equipo de comunicación, encabezado por Duran Barba le habría recomendado no hacerlo: ‘Un presidente no revuelve ni por un segundo en la basura’. Pero, ¿por qué el presidente no habría seguido el consejo de su asesor estrella? Sucede que un presidente como Macri debe escuchar a otros sectores y grupos de poder que opinan y ejercen influencia en su discurso, ellos conforman, también, aunque no ocupen cargos, la alianza gobernante y toman decisiones. Algunos de estos grupos de influencia ya modelan una estrategia revanchista para con los actores más sobresalientes del kirchnerismo que se expresara en el futuro en varios planos: económico, político y judicial. Es necesario preparar el terreno y el sujeto de la enunciación debe ser, necesariamente, el Presidente. Pero hay también otras razones por las cuales revolver la basura se volvió necesario. La actual administración no da muestras de saber exactamente cuál es el mejor camino para implementar su modelo económico y sabe que la tolerancia de la sociedad para un nuevo gobierno no es ilimitada. Macri tiene claro que los votantes no le firmaron un cheque en blanco, por eso, se hace imperioso ganar tiempo. Hay tres temas en los que aún no existen definiciones claras, no se sabe cuál será la hoja de ruta: déficit fiscal, inflación, crecimiento. El oficialismo es consciente de que encaminar estas variables será clave para su éxito y supervivencia política. Hay algo que si está muy claro y ya nadie duda: el método será un ajuste implacable para los sectores asalariados.

En cuanto al déficit, el gobierno apuntó a la quita de subsidios en las tarifas de energía eléctrica y tiene en carpeta aumentos en los servicios de gas y transporte. En el mismo sentido le apuntó al empleo en el sector público en el que continuará generando despidos por lo menos hasta la mitad de 2016. Pero lo que ahorra por un lado lo pierde por el otro. La quita de retenciones al agro y la minería, la reformulación en el impuesto a las ganancias y la suba de las asignaciones familiares implican una pérdida fabulosa para la recaudación estatal y estabiliza el déficit en los valores heredados, del orden del 3% del PIB.

La inflación va en expansión, propiciada por la decisión oficial de devaluar un 40% el peso y por la escalada del dólar que toco máximos históricos demostrando que la estrategia de flotación administrada flaquea en un contexto de apreciación mundial de la moneda estadounidense, sin contar las persistentes especulaciones de los exportadores que operan en el mercado local.

El crecimiento económico se ve lejano por el momento y pierde terreno ante un más factible escenario recesivo. Además, la receta que promueven algunos de los más encumbrados cuadros técnicos que forman parte de la gestión pasa por el reordenamiento de las variables vía un decidido enfriamiento de la economía, esto es, quitarle dinamismo al mercado interno planchando la demanda de bienes y servicios. Las empresas ya preparan sus estructuras productivas y comerciales para este cimbronazo que nadie sabe cuan largo será.

Hasta acá el cuadro no parece auspicioso para el futuro de la argentina pero el gobierno esgrime dos esperanzas salvadoras: El endeudamiento y la inversión extrajera directa. Para esto el arreglo con los fondos buitres se muestra como el primer paso ineludible. Sin dudas esto configura un retroceso en términos de soberanía política y económica para el país, pero hoy como lo fue antes en la historia, la sociedad argentina parece estar dispuesta a aceptar y creer que las soluciones vendrán desde afuera. Este arreglo leonino con los fondos especulativos implica un evidente giño al conglomerado financiero angloamericano. Se quiere dejar en claro que Argentina cambió, ya no será aquel país desde donde salían los cuestionamientos más duros en foros internacionales acerca del modo de funcionamiento del capitalismo financiero global e incluso un proyecto con amplio aval en la ONU que apuntaba a regular el accionar irresponsable de los sectores que llevaron al mundo a la crisis que padecemos actualmente y cuyo final no aparece a la vista. Las consecuencias prácticas de este arreglo que ya se muestra como inminente (por la necesidad de financiamiento de los gobernadores y la falta de conducción política de Cristina Kirchner) son aún desconocidas por la conflictividad potencial con los demás bonistas reestructurados (93%) por las anteriores gestiones. En definitiva, el relato oficial muestra el acuerdo con los fondos buitres como el umbral en el camino a la integración de Argentina al mercado de capitales lo que significará la posibilidad de conseguir crédito barato para desarrollo y nos brindará la confianza internacional para que las inversiones extranjeras vuelvan a dinamizar un mercado interno que hoy se prepara para frenarse en espera de ese impulso externo.

Además de expresar claramente nuestro escepticismo respeto del relato oficial y sus promesas, (no por prejuicios políticos sino por discrepancias teóricas y la comprobación de evidentes inconsistencias en el diseño de la política económica) será bueno también comenzar a poner en evidencia la necesidad de un análisis autocritico desde los sectores juveniles identificados con el campo popular tomando nota de que los vientos de cambio soplan en toda Latinoamérica y se avecinan años en donde el proyecto conservador se verá fortalecido. Así es que, generar una nueva estrategia acorde al cambio de escenario será tarea principal. ¿De qué hablamos? Esquemáticamente:

  1. Debatir y aprovechar como insumo la experiencia protagónica en los años pasados para definir una agenda audaz e inteligente desde una oposición democrática.
  2. Jerarquizar y priorizar la formación política y técnica que facilite la producción de un discurso político eficaz capaz de disputar con aspiraciones hegemónicas (siempre parciales y contingentes) en el campo social y político de la Argentina y Latinoamérica.
  3. Comprender que el 22 de noviembre de 2015 se terminó un capítulo de la historia en Argentina, y que el fin de un capitulo no configura el fin de la historia ni del despliegue de los distintos proyectos políticos que conviven en nuestro país, esa será la clave para reinventarse y avanzar en un programa de soberanía política y justicia social.

*Licenciado en Ciencia Política

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