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De la participación del Complejo Industrial Militar Norteamericano, en los genocidios nucleares de Hiroshima y Nagasaki

De la participación del Complejo Industrial Militar Norteamericano, en los genocidios nucleares de Hiroshima y Nagasaki

En una de las tantas efemérides dolorosas que en ocasiones tenemos la desazón de conmemorar, viene una vez más al almanaque el trágico 6 de Agosto. Sobrados trabajos se han realizado sobre el papel de la primera detonación nuclear en variados ámbitos: internacional, bélico, diplomático, etc. En esta oportunidad pretendemos realizar un comentario sumamente breve sobre una de las aristas menos analizadas de Hiroshima, nos referimos al papel que jugó el Complejo Industrial Militar (desde ahora CIM) en todo esto.

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> Por Luciano Espinosa*

El CIM no es un concepto unívoco y puede apelarse al mismo haciendo hincapié  a alguno de sus elementos constituyentes; para esta ocasión vamos a tomarlo como el conjunto de empresas públicas y privadas que, directa o indirectamente, participan en el “negocio” armamentístico. Subrayo el concepto “negocios”.

Con palabras proverbiales, el ex presidente de los Estado Unidos Dwight Eisenhower advertía que con respecto al CIM “nos hemos vistos obligados a crear una industria armamentística permanente de inmensas proporciones […] Reconocemos la necesidad de su de desarrollo. Y ahora no debemos dejar de comprender sus graves consecuencias. La total influencia, económica política e incluso espiritual, se deja sentir en cada ciudad, en cada cámara legislativa, en cada despacho del gobierno federal. […] En los consejos de gobierno, debemos protegernos de la adquisición de influencias injustificadas, ya sean buscadas o no, por parte del complejo industrial militar. La posibilidad de un aumento de poder desastroso e inapropiado existe y persistirá. Nunca debemos permitir que el peso de esta combinación ponga en peligro nuestras libertades o procesos democráticos”. Pero ¿Cuál es su relación con lo acontecido el 6 de Agosto de 1945 en Hiroshima? Separemos algunas líneas.

En Agosto de 1939, Albert Einstein le escribe una carta al presidente de los Estados Unidos Franklin D. Roosevelt, advirtiéndolo sobre la posibilidad de que la Alemania nazi adquiera una bomba de proporciones bíblicas a base de uranio. Esto es uno de los posibles comienzos de una carrera armamentística sin precedentes contra Alemania, para obtener tan temido artefacto.

Dado esto, Roosevelt logra coordinar sectores políticos, financieros, civiles y militares para obtener en el menor tiempo posible la tan anhelada bomba. Recibe del Reino Unido el informe  M.A.U.D. el cual contenía toda la información sobre energía nuclear en manos de Londres. Esta actitud de W. Churchill es coherente con las posibilidades de Estados Unidos de llevar al campo de batalla un artefacto que altere el curso de la guerra; por esos momentos la posibilidad que Berlín gane la carrera a la fisión controlada del núcleo atómico era más que probable.

Pero otro de los pilares del proyecto Manhattan, fue la participación de empresas privadas en la industrialización del proceso de producción, de los componentes del artefacto nuclear; estos son los albores del complejo industrial militar en la fase actual, que tanto pavor le generó a Eisenhower.

Veamos ahora alguna de las firmas que hicieron posible este proyecto:

En primer lugar en orden de importancia, nos encontramos con la empresa DuPont de Nemours and Co. Un consorcio americano con presencia internacional que se dedicaba entre otras actividades a la producción de explosivos. Proveedora de las Fuerzas Armadas Estadounidenses e inventora del Nylon, la DuPont fue una pata fundamental del Proyecto Manhattan, dedicándose a la producción del plutonio en su complejo industrial de Seattle.

Otro de los grandes complejos industriales, y el tercero en importancia, fue aquel perteneciente a las empresas Monsanto y General Electric ubicado en Tennessee. Esta mega-planta se dedicaba a la producción del combustible nuclear necesario  para el proyecto en marcha: El uranio 235.

La lista de participación empresarial en el proyecto Manhattan es potencialmente innumerable. Además del apoyo en lo que hace al proceso de producción, deberíamos subrayar la transferencia tecnológica (El ingeniero químico Crawford Greenewalt era presidente en la década del 40 de la DuPont y participó de las investigaciones atómicas secretas), la disposición de científicos de primera línea, líneas de financiamiento, redes de consulta, etcétera. Demás empresas implicadas en este contubernio dantesco, es  Kellogs Corporation, Union Carvais, entre otras.

En este proyecto no estaba comprendido ninguna agencia de Ética o algo similar. Hubo una independencia del proyecto, con respecto a las condiciones generales de las personas y una pronunciada automatización de las consideraciones científicas, que dado el tiempo, cortaron todo vínculo con elementos humanos.

Para fundamentar el párrafo precedente, me permito dar solo dos puntos potencialmente interesantes.

El objetivo del Proyecto Manhattan era Alemania, el peligro inminente era que los Nazis lleguen primero a la bomba y generen un caos irremediable, primero sobre Londres, y después sobre el mundo. Pero cuando en 1943, Berlín se encuentra en un declive irremediable, no se abandonó la construcción de la bomba; incluso, y esto es más terrible aun, cuando en 1944 se encontró información incuestionable de que Hitler en el 42 había abandonado su plan de enriquecimiento de uranio, para enfocarse en la industria  bélica tradicional, tampoco Estados Unidos abandonó el plan de armamento nuclear. Todo esto hace suponer que la obtención del artefacto, ya no dependía de una inverosímil carrera armamentística con el Eje, sino que ya constituía un fin en sí mismo.

Otro momento clave en la historia de la destrucción de Hiroshima y Nagasaki, lo constituye cuando en julio de 1945 (apenas mes antes de la detonaciones nucleares) se decodifica un cable del Primer Ministro Tojo, tratando de establecer los términos de la paz con la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas. El único pedido del emperador Hirohito para el cese de las hostilidades,  era suprimir la cláusula de “Claudicación inmediata y total” de los términos del entendimiento con las potencias aliadas. Parece ser que la intención del Japón imperial era terminar con la guerra y proseguir con los términos de paz, más aún luego de la derrota en la Isla de Okinawa donde alrededor de 200.000 japoneses, entre civiles y militares perdieron la vida, y Tokio estaba a tiro de las fuerzas conjuntas: la guerra para la tierra del sol naciente ya carecía de sentido. Entonces ¿por qué no se abrió un proceso de paz serio? Otro elemento no menor, es que desde mediados de Agosto de 1945 estaba estipulada la participación del Ejército Rojo <que ya se encontraba en Manchuria> en la campaña contra Japón entonces ¿Por qué se detonaron las bombas el 6 y 9 de Agosto de ese año? ¿No habría sido menos cruento en términos de vidas humanas un bloqueo a la Isla y destrucción de suministros y puntos estratégicos entre la URSS y EEUU? ¿Entonces por qué en el imaginario estadounidense se instaló la idea del uso de bombas nucleares contra objetivos civiles en Japón como un “mal menor”?

Volviendo con la propuesta de paz de Japón, debemos recordar que esta, no fue analizada en la Conferencia de Potsdam celebrada entre Julio y Agosto de 1945. Por el contrario, el presidente Harry S. Truman busco imponer los términos de la paz no solo a Tokio, sino a su ex aliado de armas, la URSS; de hecho el bloque soviético ni siquiera participó en la redacción del Informe de Potsdam; un nuevo elemento entraba en el tablero internacional: El poder atómico estadounidense. La decisión ya estaba tomada; la bomba nuclear debía ser usada al menos en una ciudad y así comprobar <y poder estudiar> los resultados de tan costoso proyecto de investigación: No era nada personal, los infelices de Hiroshima y Nagasaki solo cargaron con la responsabilidad de estar en el lugar incorrecto, en el momento incorrecto.

Sirvan estas breves líneas, para la memoria de las víctimas inocentes del Complejo Industrial Militar Norteamericano.

* Luciano Espinosa. Licenciado en Ciencias Políticas y Doctorando en Desarrollo Territorial (UNRC). Miembro del Ateneo de Estudios Internacionales.

luciano

1 comentario en “De la participación del Complejo Industrial Militar Norteamericano, en los genocidios nucleares de Hiroshima y Nagasaki

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