Jóvenes y elecciones: entre el desencanto, la crítica y la movilización

Jovenes y elecciones

>Por Camila Vollenweider y Ava Gómez

El auge de los medios digitales y de las redes sociales ha puesto de manifiesto no sólo la visible preponderancia de los más jóvenes en el ciberespacio, sino también las capacidades inusitadas de la interactividad en la movilización colectiva de la juventud latinoamericana.

A lo largo de la década del 2000 la región fue testigo de diferentes movilizaciones juveniles orientadas por objetivos específicos, que posteriormente se fueron ampliando al conjunto de las sociedades y se convirtieron en acontecimientos políticos y culturales que impactaron a lo largo y ancho del continente.

Los nuevos repertorios de la movilización colectiva se orientaron por demandas puntuales en torno a la educación, como fue el caso de las manifestaciones de “Los Pingüinos” en 2011 en Chile, en las que los jóvenes reclamaban amplias mejoras en el sistema educativo; o las manifestaciones convocadas el mismo año en Colombia por la Mesa Amplia Nacional Estudiantil, en la que estudiantes universitarios se organizaron para luchar en contra de la reforma a la Ley 30, que consideraban una profundización en el deterioro de la educación pública.

Más recientemente, en 2016, un grupo de jóvenes universitarios se organizó a través de redes sociales para movilizarse a favor de la paz, una vez se conocieron los resultados del plebiscito en Colombia. En una manifestación multitudinaria los jóvenes se convirtieron en un revulsivo del cambio a favor de los Acuerdos de Paz, expresando una posición contraria a los resultados de las urnas.

Estas movilizaciones tuvieron como resultado la interpelación a la política tradicional de los países en donde tuvieron lugar y fueron movimientos construidos desde la autonomía, la horizontalidad y la distancia de las formaciones políticas tradicionales. Pero no implicaron a posteriori la formulación de movimientos o partidos integrados institucionalmente para disputar procesos electorales. De los mencionados, fue quizá el movimiento estudiantil chileno el que se acercó más a la constitución efectiva de una formación política a través de Juventud Rebelde, si bien su impacto en la disputa política sigue siendo marginal.

Masivo y visible

Los jóvenes son el grupo poblacional con una mayor presencia en la región, un fenómeno que algunos países han acertado en denominar “bono demográfico” o “dividendo demográfico” y que, se estima, comienza su decadencia conforme avanza la segunda veintena del siglo XXI. Ellos también han sido protagonistas en los procesos electorales más recientes.

Estimación poblacional América Latina 15 -29 años 2000-2018

Jovenes 2000-2018

*Fuente: CELADE / CEPAL[i]

Estimación poblacional América Latina 15 -29 años 2018-2020

Jovenes 2018-2020

*Fuente: CELADE / CEPAL[ii]

En Costa Rica los jóvenes entre 17 y 35 años fueron la población con mayor peso en el padrón electoral (1.383.498, representando un 40%). Después de las pasadas elecciones, el 33% de las nuevas curules en el Congreso estarán ocupadas por políticos menores de 40 años, mientras que la edad promedio pasará de 50 a 46 años. Además, su participación se visibilizó en la primera y la segunda vuelta electoral, los principales votantes de Carlos Alvarado fueron jóvenes, mujeres y personas con grado universitario[iii] [iv].

En el caso de Honduras, el 70% de la población es menor a los 40 años y 691,781 fueron nuevos votantes, una cifra equivalente al 13% del Censo Nacional definitivo Electoral, con un total de 1,497,290 son jóvenes electores, comprendidos entre los 18 y 25 años, representando el 24.7 % del CNDE.

Para el caso de Paraguay fueron 1.841.832 los jóvenes entre 18 a 34 años que estaban habilitados para votar, de ellos 884.927 tenían entre 18 a 24 años. Y, a pesar de que la tendencia fue el incremento de la participación en las elecciones generales (con 62,28% en 2003; 65,41% en 2008; y 68,56% en 2013), al comparar por grupos de edad el nivel de intervención más alto corresponde a los ciudadanos de 40 años para arriba (más del 70%); en tanto, el segmento de 18 a 24 años tuvo el menor nivel (inferior al 63%). En el caso de los pasados comicios del 22 de abril se estima que la participación de los más jóvenes se mantuvo a tendencia histórica de participación.

2018: juventud y nuevo progresismo

En los casos de Colombia y México hay dos candidaturas que están moviendo fuertemente al electorado joven. En el caso colombiano, Gustavo Petro hoy aglutina el mayor porcentaje de intención de voto en una primera vuelta entre los jóvenes de entre 18 y 24 años con el 43,7%, seguido de Iván Duque (35,3%) y, bastante por detrás, Germán Vargas lleras con 13,3%. En una eventual segunda vuelta, el candidato de Colombia Humana también recoge la mayoría del apoyo joven: el 60,5% de los jóvenes encuestados lo apoya, mientras que Duque recoge el 37,3%[v].

En el haber de Petro se encuentran no sólo un universo discursivo que abarca temáticas que atraen a los jóvenes –como el medioambiente, minorías, etc.- y programas específicos en educación y empleo, sino que se ha erigido entre buena parte de ellos como una alternativa de cambio al establecimiento.

Algo similar ocurre con Andrés Manuel López Obrador, candidato a la presidencia de México por MORENA. En un país con 30.6 millones de jóvenes entre 15 y 29 años, de los cuales 7.5 millones no estudian ni trabajan y el 60,6% de los que trabajan lo hacen en la informalidad, AMLO se lleva las preferencias juveniles. Según la tercera edición de la encuesta Voto Millenial de Nación 321, el 51% de los jóvenes votaría por AMLO –sin considerar el 29% de indecisos-, mientras que Ricardo Anaya, más próximo generacionalmente con sus 38 años, se lleva el 29% de la intención de voto[vi].

A nivel programático, López Obrador ha propuesto un ambicioso programa de becas de estudio y de formación laboral para jóvenes con pocos recursos, cupos para todos los jóvenes que quieran estudiar y representación de este segmento de edad en su futuro gabinete. Pero más allá de las propuestas, AMLO atrae a este grupo etario por su imagen de incorruptible, combativo con el decadente sistema político mexicano representado por el PRI y de figura política coherente. Un dato no menor al respecto es que, de acuerdo con el Instituto Nacional Electoral, de los más de 90 millones de ciudadanos habilitados para votar, 36.156.742 (36%) son jóvenes de 18 a 34 años.

Jóvenes: un electorado fundamental, crítico y reacio a la política tradicional

2018 es un año en el que discurren diversas campañas electorales, que han sido permeadas por la preponderancia del voto joven. Movilizarlo ha sido el leitmotiv de buena parte de los equipos de campaña que, con mayor o menor éxito, han articulado discursos, actividades, programas y formas de comunicar con el estilo y los códigos de esta parte del electorado. Dado su peso en los padrones electorales, atraerlos a las urnas y a los candidatos en las últimas elecciones regionales fue una necesidad constante. Sin embargo, fueron y son pocas las propuestas que logran generar conexiones robustas dado que los jóvenes, aunque participan masivamente a través de redes sociales, tienen escasa presencia en los comicios. Y, aunque ocupan las calles de forma masiva y con diversas formas de protesta, encuentran escasamente seductoras las propuestas de los candidatos.

El nuevo progresismo latinoamericano parece haber identificado fórmulas concretas que pueden reflotar las relaciones entre los jóvenes y la política tradicional, aunque todavía es pronto para afirmar que van a poner fin al abstencionismo juvenil. Comenzar por propuestas claras y específicas, pero, sobre todo, viables, parece ser un primer paso hacia un acompañamiento definitivo.

[i] https://www.cepal.org/es/temas/proyecciones-demograficas/estimaciones-proyecciones-poblacion-total-urbana-rural-economicamente-activa

[ii] https://www.cepal.org/es/temas/proyecciones-demograficas/estimaciones-proyecciones-poblacion-total-urbana-rural-economicamente-activa

[iii] https://ciep.ucr.ac.cr/images/INFORMESUOP/EncuestaFebrero2018/Informe-encuesta-FEBRERO-14.pdf

[iv] https://ciep.ucr.ac.cr/images/INFORMESUOP/EncuestaAbril2018/Informe-encuesta-ABRIL-25.pdf

[v] https://es.scribd.com/document/377558353/Resultados-de-la-Gran-Encuesta-Caracol-television-Blu-Radio-y-Semana-27-de-abril#from_embed

[vi] http://www.nacion321.com/voto-millennial/encuesta-millennials-lo-tienen-claro-51-votaria-por-amlo-para-presidente1

 

CELAG

La campaña mexicana se prepara para la guerra sucia digital

Campaña Mexicana AMLO

Andrés Manuel López Obrador, quien encabeza las encuestas de cara a la elección presidencial mexicana – Daniel Becerril (Reuters)

El mensaje comenzó a circular a principios de año y encendió alarmas en Facebook, Twitter, WhatsApp y otras plataformas: millones de mexicanos tenían apenas unos días para volver a registrarse o retramitar su credencial de electores si querían votar para presidente.

Excepto que no era verdad.

No queda claro cuál fue el origen del rumor. Pero, más allá de si se trataba de un intento de socavar al sistema electoral o tan solo un esfuerzo erróneo de compartir información de interés, el enojo y la incertidumbre que generó el mensaje fueron apenas una primera muestra de una batalla de desinformación que ha afectado la disputa electoral en México.

“Sí va a ser decisivo lo que van a hacer en redes las campañas, en todos los niveles”, dijo Carlos Merlo, socio directivo de Victory Lab, empresa de publicidad y mercadotecnia que ha creado plataformas para esparcir noticias falsas o viralizar temas. Según Merlo, la estrategia digital influirá enormemente en el resultado electoral, tanto al dar a conocer y promover a candidatos como a modo de herramienta ante la desinformación.

Hay mucho en juego en la votación del 1 de julio: más de 3400 cargos electivos a niveles local, estatal y federal, que la convierte en la elección más grande en la historia del país. La joya de la corona es la presidencia, disputada por cinco candidatos que buscan remplazar al presidente Enrique Peña Nieto para el próximo mandato de seis años.

Y las noticias falsas se han esparcido con rapidez. Los aspirantes al cargo han hecho acusaciones cruzadas en las que señalaron a los demás de contratar a provocadores en línea o de usar herramientas de promoción automatizada, como bots, para inundar las redes sociales con mensajes que buscan influenciar a los votantes o engañarlos.

Además, en momentos en que el tema sigue siendo investigado en Estados Unidos por la campaña presidencial de 2016, han surgido acusaciones de interferencia rusa en la contienda mexicana.

El entonces asesor de seguridad nacional estadounidense, H. R. McMaster, declaró en diciembre que había “primeros indicios” de que el gobierno en Moscú quería influenciar en el voto mexicano, pero no dio detalles.

Los funcionarios mexicanos dicen que no han encontrado señales de esta intervención ni han recibido pruebas de sus contrapartes estadounidenses, mientras que las autoridades rusas han negado actividades de este tipo.

Enrique Andrade, consejero del Instituto Nacional Electoral, dijo que el organismo estaba atento al hecho de una posible interferencia. “Sí pensamos que está latente la posibilidad y estamos preparándonos para que no afecte el desarrollo del proceso”, dijo.

Algunos analistas opinan que, si existiera una injerencia rusa, estaría orientada a tratar de polarizar más al electorado. Afirman que el Kremlin ve en la figura de Andrés Manuel López Obrador, quien encabeza las encuestas con la coalición Juntos Haremos Historia y quien tiene un tono más antagónico hacia Estados Unidos, una figura clave para esas pretensiones.

Manuel Cossío Ramos, quien se dedica a hacer estrategia e inteligencia política digital, asegura haber encontrado huellas rusas en intentos de dirigir el tráfico en redes con respecto a temas electorales, con López Obrador como el tema principal. Cossío Ramos no está afiliado a ninguna campaña, pero reconoce que no tiene particular simpatía por López Obrador.

Cossío Ramos afirma que, con una herramienta de análisis digital llamada NetBase, encontró en abril 4,8 millones de entradas sobre López Obrador que fueron publicadas en redes o en sitios de noticias por usuarios ubicados fuera de México. Según su análisis, cerca de un 63 por ciento de los artículos revisados serían provenientes de Rusia y el 20 por ciento de Ucrania.

Al hacer búsquedas similares para los otros candidatos, Ricardo Anaya (de la coalición Por México al Frente) y José Antonio Meade (de la coalición Todos por México), Cossío Ramos sostiene que encontró que la gran mayoría de las discusiones sobre ellos provenientes del extranjero tenía su origen en Estados Unidos y solo el 4 por ciento en Rusia.

Sin embargo, otros consultores digitales con distintas herramientas afirman que no encontraron evidencia de actividad similar en redes sociales por parte de Rusia y no fue posible verificar de manera independiente las afirmaciones de Cossío Ramos.

Integrantes de la campaña de López Obrador han desestimado las aseveraciones hechas por Cossío Ramos debido a sus tendencias políticas y también han descartado las denuncias de interferencia rusa.

El mismo López Obrador ha recurrido a la sátira y la burla ante tales acusaciones. Publicó un video en el que aparece en un puerto del estado de Veracruz en espera de, según dice, “el submarino ruso” con “el oro de Moscú” y en el que anuncia que su nombre ahora es “Andrés Manuelovich”.

Entre otras noticias falsas que han ganado cierta relevancia desde el inicio de la campaña está la afirmación de que el papa Francisco se pronunció en contra de López Obrador y criticó su ideología. Se trata de una invención: fue desmentido por Verificado 2018, proyecto dedicado a denunciar e investigar noticias falsas y el uso engañoso de información durante las campañas.

Otra afirmación, también desmentida por Verificado, decía que Anaya —segundo en las encuestas— tenía vínculos familiares estrechos con el gabinete de Peña Nieto y con un expresidente del partido gobernante y, por lo tanto, estaba confabulado con el gobierno actual.

Una reforma electoral aprobada en 2007 estableció mayores regulaciones para la compra de espacios publicitarios de campaña y, según analistas, con ello propició que gran parte de la pulseada política más agresiva se trasladara a las redes. Esa batalla se vio con fuerza en la elección de 2012.

Un desarrollador web, Iván Santiesteban, halló que se usaron 20.000 bots en el mes y medio previo a la jornada electoral, con el fin de crear conversaciones en línea favorables al eventual ganador, Peña Nieto. (Algunos incluso los apodaron Peñabots).

El coordinador de mercadotecnia de esa campaña, Aurelio Nuño —después secretario de Educación y actualmente coordinador de campaña de Meade— llegó a admitir en ese entonces que sí hubo “voluntarios organizados para apoyar la campaña” y que su estrategia estaba abocada a “combatir comentarios negativos en las redes y con ello posicionar los positivos”.

Desde 2012 el público mexicano en línea no ha hecho más que crecer. El último censo señala que hay unos 71,3 millones de usuarios de internet, en comparación a los 40,9 millones en 2012. Al mismo tiempo, las campañas se han volcado mucho más al mundo digital.

“De aquí en fuera la batalla va a ser en redes sociales”, indicó Javier Murillo, cofundador y director de la consultora digital Metrics.

Con el uso de herramientas algorítmicas propias, Murillo dijo que encontró que un 27 por ciento de las publicaciones sobre la elección en Facebook y Twitter en el plazo de un mes fueron generadas por troles y bots.

Los consultores digitales que dirigen o trabajan con las campañas de los tres principales candidatos —López Obrador, Anaya y Meade— negaron estar utilizando estos métodos o compartiendo noticias falsas.

“La estrategia digital y las redes sociales ya son una parte central de los cuartos de guerra”, dijo Juan Pablo Adame Alemán, exdiputado y coordinador de redes para Anaya. “Pero no vemos beneficios de inflar temas o de querer siempre posicionar etiquetas” con bots o troles.

Juan Pablo Espinosa de los Monteros, quien trabajó en la estrategia digital de la coordinadora de campaña de López Obrador, Tatiana Clouthier, dijo que quien dedique “dinero, recursos y esfuerzos” para bots o troles no hace más que malgastar. Y Alejandra Lagunes, encargada de la estrategia digital de la campaña de Meade, sugirió que no cumplen con propósito alguno, pues en vez de ayudar “hacen más difícil conocer las verdaderas opiniones de las personas”.

Como parte de un intento de adelantarse a los efectos que puedan tener estas cuestiones durante la jornada electoral del 1 de julio, las autoridades electorales mexicanas hicieron un arreglo con Facebook, Twitter y Google para contrarrestar las noticias falsas y, en cambio, volver virales los datos verídicos. Facebook, como parte de este acuerdo, ha publicado desplegados en los principales periódicos con diez consejos para detectar noticias falsas.

Una preocupación particular para los funcionarios es que los rumores podrían generar dudas sobre el sistema, como sucedió con la noticia falsa acerca del registro de votantes.

“Es la que más nos ha preocupado”, dijo Andrade, del Instituto Nacional Electoral, “pero apenas nos estamos acercando a la parte más delicada de la campaña, hacia la jornada”.

 

 

NYT

Mundo troll: el detrás de escena de las fábricas de insultos en las redes sociales

Troll en argentina

Fuente: LA NACION – Crédito: Alfredo Sabat

>Por Brenda Struminger

¿Una oficina repleta de personas que escriben insultos? ¿Un operario que presiona un botón? ¿Programas automáticos? ¿Una jefa que decide el próximo “Trending Topic”? ¿Reuniones con dirigentes políticos? ¿Dinero en negro? Un poco de todo. Los “ejércitos” de trolls y bots en redes sociales funcionan en el mundo virtual, pero están montados sobre una estructura humana. Implican inversión, contratación de personal y adquisición de programas y cuentas falsas, muchas veces en el exterior.

Siete comunicadores, publicistas y técnicos informáticos que trabajaron en campañas de trolls o las coordinaron brindaron detalles sobre su funcionamiento, con la condición de que no se publiquen sus identidades ni los nombres de sus agencias.

Fueron contratados por dirigentes y partidos políticos, a través de sus consultoras y agencias publicitarias, para brindarles servicios de trolls y bots (cuentas apócrifas y automáticas destinadas a agredir, cambiar el foco de una conversación pública o instalar temas).

Las principales fuerzas también tienen sus propias agencias, montadas, o bien en sus locales partidarios, o en oficinas. Todo depende del presupuesto. Suelen instalarse en el Distrito Audiovisual (que comprende áreas de Palermo, Chacarita, Villa Ortúzar, Colegiales y Paternal), por los beneficios impositivos.

“Monitos”

Un equipo de trolls se divide en tres áreas: una persona o grupo que decide la estrategia (a quién hay que hablarle, a quién hay que atacar, y cómo); un equipo audiovisual que diseña las piezas que se difunden (videos, imágenes, flyers); y uno de empleados junior, que llevan a cabo las campañas. A estos últimos suelen llamarlos “monitos”.

Los operarios no firman contrato, se les paga en negro y se les pide discreción a la hora de referirse a su trabajo. Son estudiantes o licenciados en Comunicación o Informática. Tienen entre 20 y 35 años. Algunos tienen horarios fijos y asisten a una oficina; otros trabajan desde sus casas y envían a sus jefes capturas de pantalla de cada operación. Cobran entre 10 y 15 mil pesos por mes. Los mejor pagos son los que están disponibles a toda hora, cualquier día.

“En el mundo de la comunicación política hay incendios. Un buen equipo de trolls sale a apagarlos en tiempo real, cambia el foco de la discusión cuando se necesita”, sostuvo un consultor que lleva 10 años en el negocio de la propaganda política.

Una licenciada en Comunicación de 28 años y un técnico en Periodismo de 42 revelaron a LA NACION que trabajaron más de un año en agencias de trolleo. Cobraban en efectivo, que les entregaban en sobres por mes.

Una hacía campaña para el presidente de un país centroamericano; el otro para un intendente del PJ bonaerense. Ambos asistían a oficinas, respectivamente, en Vicente López y en Palermo, donde trabajaban con otros comunicadores. Sus tareas se dividían entre ataques por redes e instalación de ciertas palabras o frases en las listas de tendencias de las redes, llamados Trending Topic. Un “TT”, según la agenda del día, puede lograrse con 300 cuentas que tuiteen sobre el mismo tema al mismo tiempo.

Costos

Los gastos para realizar una campaña ilegítima en redes sociales son destinados principalmente a la compra de cuentas y software y al pago de sueldos de operarios y diseñadores. El monto total varía según la calidad y tipo de cuentas, la cantidad de empleados y su disponibilidad. Pero los dueños de las agencias admitieron que el precio se decide de acuerdo a la billetera del cliente.

Las agencias compran cuentas “truchas” en redes sociales a través de internet. Entre 2008 y 2009, cuando empezaron a utilizarse en el país, solo podían adquirirse en la deep web (“internet profunda”, un área de la red que no está indexada por los motores de búsqueda convencionales) o en páginas del exterior. Un consultor pionero en la coordinación de “granjas de trolls” conseguía, en 2014, cuentas falsas creadas en Vietnam; otro en Polonia, otro en India, otro en Pakistán. Hoy también están disponibles en páginas argentinas.

Una cuenta validada (asociada a una línea telefónica, que permite crear perfiles en varias redes) sale entre 20 y 50 dólares. Se calculan unos 100 dólares para lograr interacciones (por ejemplo, likes) para 3000 cuentas apócrifas. Y un programa para manejar bots cuesta unos 1000 dólares.

También hay programadores independientes que trabajan free lance. Un experto en informática, por ejemplo, se dedica a “incubar” perfiles en redes sociales. Los crea, por ejemplo, en Instagram, y durante varios meses emite mensajes, sigue a otros usuarios y logra que lo sigan. Cuando la cuenta se transforma en un perfil creíble, lo vende a 50 dólares.

Los trolls y la política

Los directivos de agencias consultados aseguraron que los partidos de todo el arco político usaron trolls alguna vez. La actividad aumenta en épocas de campaña, pero entre los principales partidos está vigente todo el año.

Algunos dirigentes contratan consultoras externas, otros tienen agencias propias. O como se los llama en la jerga, “call centers”. “Que existen, existen y se usan”, dijo una fuente del oficialismo que trabaja en el área de comunicación digital. “Pero hay que desmitificar que son miles de monos escribiendo insultos todos los días todo el tiempo”.

Las fuerzas políticas, además de contratar operarios profesionales a través de agencias, convocan a sus seguidores para que “militen las redes sociales” difundiendo mensajes o cuestionando a quienes publican ideas contrarias. También les piden, por mail o mensaje privado, que “cedan” sus cuentas. Así, la central de operaciones del partido tiene a su disposición centenares de cuentas con perfiles “reales” para realizar campañas en redes sociales, lo cual le aporta mayores interacciones.

Además, reduce los “castigos” que imponen las empresas de redes sociales a las cuentas falsas. Tanto Twitter como Facebook e Instagram utilizan mecanismos para detectar este tipo de cuentas y desestimarlas en las búsquedas de los usuarios o eliminarlas.

El bloggero y experto en uso de redes, Fabio Baccaglioni, trabaja hace años con un software que releva conversaciones y usuarios y los vierte en una base de datos. Su sistema le permite detectar cuentas falsas y bots y distribuirlos en listas por afinidad política. Asegura que detecta, a diario, unos 20 mil usuarios falsos. “De esos, unos 10 mil son kirchneristas y otros tantos son del Pro. Pero sé que son más. Estos son los que tengo asegurados como trolls y bots. Soy exigente a la hora de categorizarlos”.

Muchas veces los trolls y bots se usan para desviar o modificar los focos de las conversaciones en Twitter, Facebook e Instagram sobre determinados temas. Un ejemplo reciente lo provee Baccaglioni: detectó que la mayor parte de los mensajes en Twitter el día después del asesinato de un colectivero en Tristán Suárez cuestionaban al gobierno provincial. Alrededor del mediodía, hubo un cambio drástico. La mayoría de las conversaciones criticaba a la intendencia de La Matanza. Rastreó el tipo de tuits emitidos en ese rango horario y descubrió que habían aumentado exponencialmente, y que las cuentas que tuiteaban eran falsas. Poco después, uno de las tendencias en Twitter era #RenunciaMagario.

“Cuentas robustas”

Los trolls perfeccionan cada año sus estrategias para parecer reales. Por ejemplo, publican textos con errores de ortografía o imágenes de elaboración no profesional. “Si quiero aparentar que soy alguien real, pero escribo perfecto o publico una pieza visual con buen diseño, tendré una apariencia sospechosa”, dijo un exempleado de una fábrica de trolls del PJ. “En general se prefiere difundir piezas con defectos, que hacen a las cuentas más humanas”.

Los expertos remarcan que los servicios se perfeccionaron en los últimos años. “Hay un gris muy grande en la detección, porque muchos dejaron de funcionar exclusivamente de forma automática. Ahora las cuentas intercalan sus publicaciones con posts manuales, mensajes más elaborados. Así logran camuflarse para simular que la cuenta parezca real”, dice el experto informático.

Los perfiles y sus alcances son estudiados minuciosamente por las agencias, que crean cuentas de acuerdo a esas mediciones: las cuentas de mujeres rinden mejor que las masculinas; las de usuarios jóvenes “miden” más que las de los mayores.

“Un perfil muy rendidor y usado como troll es el de una supuesta mujer que publica fotos de su cuerpo. Por eso es común encontrar cuentas de chicas jóvenes en poses sexy que también tuitean sobre política”, dijo a LA NACION un especialista en posicionamiento en redes sociales que tiene su propia agencia de influencers y trabajó con trolls pero los dejó hace tres años.

No sólo los usan políticos. También empresarios o figuras del espectáculo que quieren levantar sus perfiles públicos o limpiar sus imágenes. Un especialista relató que recibió una oferta para trabajar con las redes de un importante actor que había sido denunciado por violencia de género.

Glosario

Troll: cuenta de una red social que puede tener o no una identidad real que la respalde. En general se usan para agredir, pero también para instalar trending topic. Una sola persona puede manejar entre 10 y 20 cuentas. Según la atención que le preste a cada una (calidad de los mensajes) puede lograr tener un perfil más creíble. Mientras más verosímil es, mejor posicionados estarán sus mensajes.

Bot: son cuentas poco elaboradas que se manejan automáticamente con un software. Una persona, con un programa adecuado, puede manejar miles de cuentas de bots. Sirven para instalar temas en la lista de tendencias de la red social o para aumentar la cantidad de seguidores de un usuario. Son más fáciles de detectar que los trolls porque sus perfiles son básicos y reproducen mensajes en masa, al mismo tiempo.

Campaña sucia en redes: el objetivo de una campaña de trolls y/o bots es modificar la opinión pública creando conversaciones o Trending Topics. El logro máximo es transformarse en noticia en los medios de comunicación tradicionales. Por ejemplo, que un canal de televisión reproduzca tuits falsos o un diario mencione un trending topic impulsado por robots. La diferencia principal con una campaña legítima es que los trolls publican contenidos falsos a través de usuarios falsos. Es decir que no hay identidades reales detrás de cada cuenta. Un operario suele manejar entre diez y veinte trolls al mismo tiempo. Y una sola persona puede mantener operativos, a través de un software, a miles de bots.

 

La Nación

Prevenir la balcanización de Internet

La reciente revelación de que una aplicación recolectó más de 50 millones de perfiles de Facebook y se los entregó a la consultora política Cambridge Analytica provocó una oleada de rechazo a la plataforma. Pero es sólo el último ejemplo de los riesgos asociados con Internet, núcleo de la moderna revolución digital.

Internet

MANAN VATSYAYANA (AFP/Getty Images)

>Por Michael Spence y Fred Hu

La mayoría de las innovaciones digitales que redefinieron la economía mundial en los últimos 25 años dependen de la conectividad de redes, que transformó el comercio, la comunicación, la educación/capacitación, las cadenas de suministro, etcétera. La conectividad también permite el acceso a inmensas cantidades de información, incluida la que sirve de base a los algoritmos de aprendizaje automático, elemento esencial de la inteligencia artificial moderna.

Esta tendencia se reforzó en los últimos quince años (más o menos) gracias a Internet móvil, que aumentó rápidamente no sólo la cantidad de personas conectadas a Internet (y por tanto, posibilitadas de participar en la economía digital), sino también la frecuencia y facilidad de sus conexiones. La conectividad portátil (navegación con GPS, plataformas de uso compartido de vehículos, sistemas de pago móvil, etc.) transformó las vidas y economías de las personas.

Se creyó por mucho tiempo que una Internet abierta (con protocolos estandarizados pero pocas regulaciones) sería el mejor aliado de los intereses de los usuarios, las comunidades, los países y la economía global. Pero han surgido riesgos importantes, entre ellos: el poder monopólico de megaplataformas como Facebook y Google; la vulnerabilidad a ataques contra infraestructuras críticas, incluidos los sistemas financieros y los procesos electorales; y amenazas a la privacidad y la seguridad de los datos y de la propiedad intelectual. También subsisten dudas fundamentales sobre el impacto de Internet en las lealtades políticas, la cohesión social, la conciencia y participación de la ciudadanía y el desarrollo de la infancia.

Conforme se profundiza la penetración de Internet y las tecnologías digitales en las economías y sociedades, la vulnerabilidad y el riesgo se vuelven cada vez mayores. Y hasta ahora, la respuesta predominante de Occidente (que las empresas que proveen los servicios y poseen los datos se autorregulen) no parece estar funcionando. No se puede esperar, por ejemplo, que las grandes plataformas eliminen contenidos “cuestionables” sin las directrices de autoridades reguladoras o tribunales.

Parece entonces que estamos ante una nueva transición, de la Internet abierta del pasado a otra sujeta a un control más amplio. Pero este proceso conlleva sus propios riesgos.

Aunque en esto sería muy deseable la cooperación internacional, no parece probable que vaya a darse en el clima actual de proteccionismo y unilateralismo. Ni siquiera está claro que los países acepten firmar tratados contra la ciberguerra. E incluso si se lograra algo parecido a esa cooperación, seguirá habiendo falta de colaboración (o cosas peores) de actores no estatales.

En este contexto, parece probable que las nuevas regulaciones serán en gran medida iniciativas individuales de diversos estados, que tendrán que responder preguntas difíciles. ¿De quién es la responsabilidad (moral y jurídica) por la seguridad de los datos? ¿Debe el Estado tener acceso a datos de los usuarios, y con qué fines? ¿Se permitirá a los usuarios mantener el anonimato en Internet?

Cada país dará a esas preguntas respuestas muy diferentes, debido a diferencias fundamentales en los valores, principios y estructuras de gobernanza. Por ejemplo, en China las autoridades filtran contenidos que se consideran incompatibles con los intereses del Estado; en Occidente, en cambio, no hay entidades con autoridad legítima para hacer lo mismo, excepto en casos extremos (como el discurso de odio y la pornografía infantil). Incluso en áreas donde parece haber cierto consenso (por ejemplo, en que la desinformación o la interferencia extranjera en procesos electorales son inaceptables) no hay acuerdo en relación con cuál sería el remedio adecuado.

La falta de consenso o cooperación puede llevar a la aparición de fronteras digitales nacionales, que no sólo inhibirán los flujos de datos e información, sino que también afectarán el comercio, las cadenas de suministro y las inversiones internacionales. La mayoría de las plataformas tecnológicas estadounidenses ya tienen vedado operar en China, porque no pueden o no quieren aceptar las reglas de las autoridades respecto del acceso estatal a los datos y el control del contenido.

Al mismo tiempo, Estados Unidos tomó medidas para impedir que la empresa china Huawei invierta en startups de software, provea equipamiento de redes a empresas de telefonía móvil y (junto con ZTE) venda teléfonos portátiles en el mercado estadounidense; esto se debe a los presuntos vínculos de la empresa con el gobierno chino. Huawei y ZTE aseguran que sus actividades son puramente comerciales, y que respetan las normas de los países donde operan, pero los funcionarios estadounidenses insisten en que estas empresas suponen un riesgo para la seguridad.

En cambio, ambas empresas son aceptadas en casi todos los países europeos (incluido el Reino Unido), donde son actores importantes. Pero Europa está creando barreras propias, con nuevas reglas de protección de datos y privacidad que incluso pueden impedir el uso del aprendizaje automático (a diferencia de China y Estados Unidos, en Europa todavía no hay una megaplataforma como las que llevan la delantera en innovaciones basadas en esta técnica).

Como toda la economía global está cada vez más vinculada a Internet y a las tecnologías digitales, es más importante que nunca contar con una regulación más sólida. Pero si esa regulación resultara fragmentaria, torpe, excesiva o incoherente, las consecuencias para la integración económica (y para la prosperidad) podrían ser graves.

Antes de que el mundo adopte soluciones ineficaces o contraproducentes, hay que pensar cuidadosamente el mejor modo de definir las regulaciones. Si no podemos ponernos de acuerdo en cada detalle, tal vez podamos, al menos, identificar un conjunto de principios compartidos, aptos para servir de base a acuerdos multilaterales que proscriban actividades destructivas, como el abuso de datos, y ayuden así a preservar una economía mundial abierta.

 

 

P.S.

Las tácticas y ciberataques con los que se influenciaron las elecciones en 18 países, según la organización Freedom House

Redes Sociales

Estados Unidos es el país del que más se habló, pero se dio en otras 17 naciones.

Y es que las votaciones que se celebraron en 18 países en el último año fueron influenciadas por desinformación divulgada a través de internet, según señaló en un informe Freedom House.

El reporte anual de la organización no gubernamental dedicada a la defensa de las libertades, con sede en EE.UU., analizó el nivel de libertad en internet que hubo en 65 países, los cuales representan el 87% del tráfico en la red a nivel mundial.

En total, 30 gobiernos estuvieron involucrados activamente en el uso de redes sociales para atacar a sus opositores, según el informe.

Desde Freedom House aseguran que en 18 en los que que hubo elecciones, existió algún tipo de manipulación en internet para tratar de influir en la opinión pública y minar a la oposición.

Además de las presidenciales en Estados Unidos y Ecuador o el plebiscito sobre el acuerdo de paz en Colombia, Freedom House encontró también algún tipo de interferencia en, por ejemplo, la votación sobre la permanencia de Reino Unido en la Unión Europea o en la elección presidencial de Francia.

También en votaciones que se llevaron a cabo en Alemania, Italia, Turquía, Corea del Sur, Armenia, Azerbaiyán, Indonesia, Kenia, Ruanda, Tailandia, Gambia y Zambia.

Las tácticas

Por séptimo año consecutivo, Freedom House detectó que la libertad para los usuarios de la web está a la baja en la mayoría de las naciones.

Esto se debe principalmente a los esfuerzos de los gobiernos por controlar la opinión de los ciudadanos, según el reporte.

Para ello, emplean diversas tácticas como:

  • Usar bots informáticos que replican mensajes del oficialismo.
  • Emplear grupos de comentaristas para difundir posturas progubernamentales en los debates.
  • Crear sitios de noticias falsas para difundir información engañosa
  • Usar a troles para quitar tiempo a los críticos de los gobiernos mediante ataques personales.

La manipulación de las redes sociales se ha convertido en una herramienta clave para los regímenes represivos, según la ONG.

“En Kenia, los usuarios compartieron fácilmente noticias y videos falsos con logos de medios de comunicación que usualmente son confiables, como CNN, BBC y NTV Kenya”, documentó Freedom House.

Eso se suma a los controles técnicos como los cortafuegos (firewalls), los filtradores de contenidos y herramientas de bloqueo de las redes privadas (VPN), que algunos gobiernos implementan desde hace un tiempo.

América Latina

En el caso de América Latina, Freedom House indicó que en Colombia fue documentada la presencia de estas tácticas de influencia en la opinión pública en el plebiscito del acuerdo de paz entre el gobierno y la guerrilla de las FARC.

Sobre las campañas presidenciales en Ecuador, la ONG denuncia que el entonces presidente Rafael Correa lanzó un sitio que identificaba a usuarios de redes sociales que realizaban críticas al gobierno.

“Eso permitía que los analistas progubernamentales señalaran colectivamente a los disidentes políticos”, dice Freedom House.

México no está entre los 18 países en los que Freedom House encontró algún tipo de interferencia en sus votaciones.

Sin embargo, el informe “Libertad en la Red 2017” señala que en ese país fueron detectadas unas 75.000 cuentas en Twitter que son usadas por bots.

“Cuando surge un nuevo hashtag para crear conciencia sobre un escándalo, los partidarios del gobierno emplean dos métodos para jugar con el sistema a favor del presidente”, señala Freedom House.

“Los bots promueven hashtags alternativos que apartan a los originales de la lista de los 10 principales. En otro método conocido como ‘intoxicación con hashtag’, los bots inundan los hashtags antigubernamentales con publicaciones irrelevantes para enterrar cualquier información útil”, detalla.

En Venezuela también hubo influencia en las redes sociales en la larga disputa política entre el gobierno y la oposición, según la ONG.

La investigación determinó que menos del 25% de los internautas a nivel mundial vivían en países donde el acceso a la red es considerado libre. Son aquellos donde:

  • No hay obstáculos importantes para acceder a internet.
  • Hay pocas restricciones en lo que pueda ser visto o compartido.
  • La vigilancia a las actividades de los usuarios está limitada.
  • No hay repercusiones significativas para las personas que ejercen su libertad de expresión.

Fenómeno global

Sanja Kelly, del proyecto “Libertad en la red”, señala a China y Rusia como los “pioneros” en el control de internet, pero dice que el fenómeno se ha vuelto global.

Ahora naciones como Turquía, Filipinas, Siria y Etiopía ya emplean estas tácticas de forma masiva.

“Los efectos de esta rápida expansión de técnicas contra la democracia y el activismo cívico son potencialmente devastadores”, consideró por su parte Sanja Kelly.

Esto ha hecho visible la necesidad de la educación de los usuarios de internet, enseñándoles a identificar las noticias falsas.

Otra tarea recae en las firmas tecnológicas, en especial las redes sociales, que tienen que combatir activamente la manipulación de información en sus canales.

Otra preocupación a ojos de la organización es el intento por parte de algunos países de influir fuera de las propias fronteras.

La ONG afirma que está “bien documentado” cómo desde Moscú hubo esfuerzos significativos para influir en la elección presidencial de Estados Unidos del año pasado.

Y, según su investigación, esa tendencia está al alza: cada vez más los gobiernos buscan influir mediante redes sociales en el debate en otros países.

AQUÍ EL INFORME COMPLETO

 

 

BBC MUNDO

¿Qué papel tienen las redes sociales en la comunicación política?

Trump Redes Sociales

>Por Anna Solé Sans

En los últimos años se están viviendo cambios en la manera de comunicar la política. Las redes sociales se han convertido en una herramienta obligada y permiten lanzar mensajes mucho más emocionales y directos sin la intermediación de los periodistas. Una práctica que puede perjudicar a favor del negocio y un terreno muy cómodo para figuras como las de Donald Trump, en guerra abierta con los medios de comunicación.

“Trump busca saltarse el filtro de los medios de comunicación y encontrar un hilo de comunicación directo con los ciudadanos”, explica el codirector del Máster en Comunicación Política de la UPF Barcelona School of Management Toni Aira. “Tiene unos medios de comunicación con los que comparte discurso y otros que considera hostiles, y precisamente, lo que busca es convertirse él mismo en un medio de comunicación, ya que independientemente de cómo le tratan, él es quien lanza los mensajes”.

Según el experto, no nos choca el hecho de que personajes como Donald Trump utilicen las redes sociales pero sí lo hace que sean personajes de alta responsabilidad. “Si llegan al poder y dejan de hacerlo, sería muy extraño y la gente pensaría que mienten”.

Pero el motivo sigue siendo el mismo: saltarse el filtro de los medios y proyectar una mayor proximidad. Ahora bien, el profesor detalla que el papel de los medios de comunicación sigue siendo muy importante. “La política no son sólo declaraciones o twits, necesitamos los medios de comunicación para que nos ayuden a contextualizar e interpretar toda la información”.

Aira expone que los medios de comunicación están haciendo eco de dichos twits pero comenta que la hiperexposición también pasa factura. “Se trata de una novedad, pero en unos meses, ya no será noticia como lo es ahora”. “Trump está entrando muy fuerte pero es poco probable que pueda mantener este ritmo”.

Pero existe un debate en torno a la gestión de las cuentas de Twitter por parte de un presidente. “Trump es un personaje atípico, Obama tenía dos cuentas y era impensable que él las gestionara, pero Trump se ha enamorado de esta red social y rebusca en ella”, zanja Aira.

 

La Vanguardia

Estas pruebas demuestran que el Marketing Político 3.0 sí funciona

 

>Por Andrés Elías* – Exclusivo para Mix Político

Durante enero y febrero de este año, me dediqué a probar cada una de las hipótesis que escribí en mi libro Marketing Político 3.0. Durante el experimento que me llevo dos meses pude darme cuenta que cada una de mis hipótesis que descansaban sobre una base teórica se iban ejecutando también en la práctica.

Mis hallazgos los comparto en exclusiva con ustedes:

1. Conversa, dialoga, interactúa con tu comunidad

La dopamina es una sustancia que segrega nuestro cerebro. Cuándo interactúas con alguien en redes sociales estás provocando en el otro los mismo efectos que provoca el alcohol en los bebedores o el juego en los apostadores. La dopamina está vinculada a la recompensa, interactuar con alguien genera en el otro un liberación de esta sustancia. La neurociencia tiene mucho que enseñar al marketing digital, una de las cosas que tenemos que aprender rápidamente es cómo las emociones obran en la mente humana, y cómo podemos alinear nuestros mensajes en torno de ellas.

2. Las grandes cuentas interaccionan menos.

Mientras buscaba cuentas de políticos con los cuales pensaba que podía tener interacción, hallé con unas cuántas que observaba que hacían retuit de otras cuentas. En pocos casos encontré cuentas de políticos que conversaran con su público. Me decidí a probarlo. Escribí durante varios días a cuentas de diferentes políticos y el resultado comprobó mi hipótesis: “Los políticos manejan comunicación unidireccional en redes sociales”.

3. Los seguidores no saben conversar o darle continuidad a la conversación

Mientras hacía mi experimento pude darme cuenta que cuándo interactuaba con mis seguidores y me limitaba afirmar, mataba la conversación. Con el tiempo aprendí a darle continuidad a las conversaciones. Es importante hacerlo porque mientras más larga se vuelve el intercambio, más exposición tienes y posibilidades de ganar nuevos seguidores y te forjarás la fama de ser un buen conversador.

4. Provoca a tus seguidores

Hay muchas formas de hacerlo y funciona como en la vida real. Me dediqué hablar de fútbol, política, cine, música, pero si hay un tema que apasiona en redes sociales son ciertos clivajes aborto/provida, católico/ateo, capitalismo/socialismo. Generalmente provoca reacciones sobredimensionadas y por ello desaconsejo tratar estos temas, con excepción si quieres posicionarte y que las personas conozcan lo que piensas sobre determinadas cosas.

Pero también hay formas de provocar que no están relacionadas a temas sensibles. Puedes hacer encuestas, hacer una observación inteligente, mostrar una imagen interesante. Puedes provocar haciendo que tu contenido haga reír, llorar o sorprender.

5. Conversa pero síguelos

Esta es la regla de oro del Marketing Político 3.0. Conversa con tus seguidores pero síguelos de vuelta. Cada interacción que tienes te acerca a crear una comunidad. Las redes sociales afectan al cerebro al igual que un beso. Cada vez que tienes contacto con algún seguidor estás estrechando un mano, besando un niño o plantando un árbol. Si los sigues de vuelta, harás que tus seguidores descarguen una buena carga de dopamina según un estudio de RadiumOne, el uso de los medios sociales es una mina de oro para la dopamina, ya que “cada vez que publicamos un post, compartimos un estado, damos un ‘like’, dejamos un comentario o enviamos una invitación en línea estamos creando una expectativa, generamos un sentido de pertenencia y reforzamos nuestro autoconcepto a través de compartir”.

6. La gente espera opiniones

Cuando das tu opinión con respecto a algo – ya sea un video divertido, un artículo de la prensa- has hecho propio dicho contenido y, por lo tanto, tiendes a vincular tu marca personal con conceptos abstractos que la gente relaciona fácilmente.
Cuando das una opinión estás haciéndoles pensar que detrás de la cuenta no existe una conexión automatizada sino que hay alguien que está pensando y escribiendo. Las opiniones que reafirmes deben de validar el punto de vista de tu comunidad, Trump lo hace todo el tiempo. No temas en expresarte. Hay más peligro en decepcionar a un seguidor tuyo que no encajar con otras personas que nunca te votarán.

7. La gente quiere saber tu posición

Twitter está lleno de un público que quiere permanecer activo en las conversaciones. Si Instagram es para un público morboso, Twitter es para un público chismoso. Dicho de esta manera, debes de tomar posiciones sobre temas y expresarlas libremente. No temas el ataque de bots y trolls. Lo mejor que puedes hacer es ignorarlos pero verás que si tu comentario está bien redactado y compartible mucha gente te apoyará y reforzarás tu comunidad con gente que tenga tus opiniones.

8. Debes conocer a tu público

Mi público está compuesto en su mayoría por gente de afiliación católica, esto descubrí cuando intencionalmente postee sobre cine, política y religión al mismo tiempo y recibí muchísima atención en el contenido sobre un libro espiritual que recomendaba leer.

Conocer a tu público te puede ayudar a mejorar en términos de marca personal, puedes sacar insights con facilidad y conectar mejor con tu público. Las mismas áreas del cerebro que se activan por la comida se activan con los estímulos sociales. Por ello, si escribes de lo que tu público ama y conoce estarás generando una recompensa en su cerebro.


* Andrés Elías es Director de marketing digital de Dotmedia. Autor de los libros: VENDE MÁS: Cómo capitalizar las diferentes herramientas digitales a favor de tu empresa. MARKETING POLÍTICO 3.0: la nueva forma de hacer política digital. Especialista y asesor en Imagen y Comunicación Política.

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Martin Hilbert, experto en redes digitales: “Obama y Trump usaron el Big Data para lavar cerebros”

Lo conocen en la academia de las TICs por haber creado el primer estudio que estimó cuánta información hay en el mundo, cifras que acá comenta en un castellano aliñado con modismos chilenos, tecnicismos gringos y erres alemanas. Martin Hilbert (39), Doctor en Ciencias Sociales y PhD en Comunicación, es alemán, pero vivió largos años en Chile como funcionario de la Cepal. Hoy trabaja en la Universidad de California, es el asesor tecnológico de la Biblioteca del Congreso de Estados Unidos y vive a cuarenta minutos de Silicon Valley, donde un futuro inevitable toma forma. En esta entrevista, no apta para amantes de la vida retirada, explica cómo el Big Data permite a la información interpretarse a sí misma y adelantarse a nuestras intenciones, cuánto saben las grandes empresas de nosotros, y lo que más le preocupa: lo fácil que está siendo convertir la democracia en una dictadura de la información, haciendo de cada ciudadano una burbuja distinta. También habla sobre la posibilidad de que la inteligencia artificial llegue a generar una conciencia superior. Cree que eso va a ocurrir, pero no hay que tener miedo: “No va a ser Terminator contra nosotros”.

¿Cuánta información hay en el mundo?
–La última vez que actualicé este estudio, hace dos años, había 5 zetabytes. Un ZB es un 1 con 21 ceros, lo cual no te dirá mucho. Pero si tú pones esta información en libros, convirtiendo las imágenes y todo eso a su equivalente en letras, podrías hacer 4500 pilas de libros que lleguen hasta el sol. O sea, hay mucha información.

¿Y a qué ritmo está creciendo?
–A un ritmo exponencial. Se duplica cada dos años y medio. Entonces, ahora probablemente son 10 ZB.

O sea, ocho mil pilas de libros que llegan al sol.
–Ocho o nueve mil pilas, sí. Piensa en esto: desde el 2014 hasta hoy, creamos tanta información como desde la prehistoria hasta el 2014. Y lo más impresionante, para mí, es que la información digital va a superar en cantidad a toda la información biológica que existe en el planeta. La vida es procesamiento de información, ¿no? Toma del ambiente moléculas normalmente muertas, toma fotones del sol, y los convierte en estructuras complejas de información con un código base que es el ADN. Y ya existe más información digital que código genético humano. Aun contando cada copia de ADN en las trillones de células de cada persona en el mundo, en la humanidad hay como 1 ZB de información. Y durante este siglo, la información digital va a superar a toda la información genética que existe en la biósfera. Todo lo cual lleva a muchas preguntas sobre el futuro de la humanidad, ¿no?

Parece que la pregunta existencial más importante va a ser cómo interpretamos tantos datos.
–Y la respuesta es que la única manera de interpretarlos es con máquinas también. Este procesador [apunta a su cerebro] no aguanta eso, sabe hacer otras cosas. Ahora, lo bueno es que la información crece muy rápido, pero nuestro poder de computación crece tres veces más rápido. Se duplica en menos de un año. Porque la tecnología siempre es mejor pero también porque tenemos muchas más máquinas, ¿no? Tú mismo tienes ahora un celular, un computador, etc., que interpretan muchos datos por ti. Y ahí viene toda la cuestión de la inteligencia artificial [en adelante, IA] y el Deep Learning, que ahora es lo más importante.

¿Qué es el Deep Learning?
–Es la manera como se hace la IA hoy en día. Son redes neuronales que funcionan de manera muy similar al cerebro, con muchas jerarquías. Todo esto que hacen Apple y Google y todas las Siri en el teléfono, todo usa Deep Learning. Es una IA súper poderosa que descubrimos hace cinco años y ya todo el mundo la usa, porque es muy superior a todo lo que habíamos encontrado.

Y la otra pregunta existencial, ¿qué tan espiados estamos?
–Nooo, ¡súper espiados! Todo está espiado. Y es muy interesante, porque después de Edward Snowden la gente dijo: “¡Qué es esto, pueden ver mis fotos desnudo! Ya, bueno, qué tanto”. Nadie se fue a protestar a la calle, la cosa siguió tal cual. La NSA confesó que hizo un par de cosas demasiado ilegales y bueno, esas cosas se arreglaron. Pero las otras no, y cada vez te van a espiar más. Yo no digo que esto sea bueno o malo, pero la gente tiene que saber. Y si la gente sabe que está espiada y no le importa, está perfecto. Ahora, la pregunta delicada es qué pasa si esos datos llegan a las manos de alguien que pueda abusar de ellos. En Silicon Valley no están muy contentos con que sus herramientas ahora las pueda usar Donald Trump. Están muy decepcionados, la verdad.

¿Qué cosas de nosotros se pueden saber de un momento a otro?
–De partida, dónde estás y dónde has estado. Si tienes Gmail en tu celular con wifi, puedes ver en Google Maps un mapa mundial que muestra dónde estuviste cada día, a cada hora, durante los últimos dos o tres años (ver www.google.com/maps/timeline). Es una información que tú les permites coleccionar al aceptar los términos de licencia cuando instalas la aplicación.

Lo que uno nunca lee.
–Exactamente. Y en muchos casos tú puedes optar que no lo hagan, pero nadie se fija. Ahora, lo interesante es que con estos datos de movilidad se pueden hacer estudios. Y ya sabemos, por ejemplo, que se puede predecir con casi un 90% de probabilidad dónde vas a estar tú en cada momento de cada día del año que viene. Imagínate lo que vale esa información para una empresa que hace marketing, por ejemplo.

Cuentas que en África el celular hizo lo que nunca pudo hacer el certificado de nacimiento. La huella de que una persona existe es su teléfono.
–Claro, es súper poderoso. Es tu verdadera huella digital. Y África es el caso extremo, pero piensa en América Latina, donde hay tanto orgullo por los censos. El censo de Chile ahora fue un desastre y era una tragedia, ¿no? Pero con los datos de tu celular, si uso solamente lo que se llama metadata, o sea sin escuchar tus conversaciones ni saber con quién hablas, sino sólo con qué frecuencia y con qué duración usas tu celular, con eso yo puedo hacer ingeniería reversa y reproducir el 85% de tus resultados de un censo: si eres hombre o mujer, cuál es tu rango de ingresos, si tienes niños, si estás casado, tu origen étnico…

¿Sólo conociendo la frecuencia y duración con que uso mi celular?
–Sí. El censo que hacen cada 10 años, que es tan costoso y tan importante, lo puedo reconstruir en un 85% con esos dos datos. De eso se trata el Big Data: tenemos tantos datos y tanta capacidad de procesarlos, de identificar correlaciones, que podemos hacer a la sociedad muy predecible. Y cuando puedes predecir, puedes programar.

Y en el caso de las empresas de Internet que nos prestan servicios gratuitos, ¿qué tan importante es para su negocio la información que tienen de nosotros?
–Todo, eso es todo lo que tienen. Facebook vale billones de dólares por la información, no por otra cosa. De las diez empresas del mundo tasadas a un precio más alto, yo creo que cinco son proveedoras de información. Y la gente siempre dice “no, hay que regular todo eso, proteger a los usuarios”. Pero la demanda más extrema que he escuchado en todas esas conferencias donde voy, es que necesitamos derechos de propiedad de datos, como los de propiedad intelectual, para que tú puedas vender tus datos y no regalarlos. Y yo voy con este reclamo donde mis amigos en Silicon Valley y me dicen “pero hueón, ¡si ya lo estamos haciendo! Tú sigues siendo dueño de tus datos, pero aceptas que yo también lo sea al aprobar los términos de licencia. Y a cambio puedes usar Google Maps gratis y te ahorras una hora de taco al día, ¿no es fantástico?”. Ahí llegamos al fin de la discusión, no hay nada más que hacer. Incluso ante las propuestas más progresistas, Silicon Valley ya tiene respuesta. Y la verdad es que la gente se beneficia tanto de eso que no le molesta.

También las empresas telefónicas, que uno supone que sólo nos cobran el plan, hacen buena plata con nuestros datos, ¿no?
–Claro. Por ejemplo, Smart Steps es la empresa de Telefónica que vende los datos de la compañía. Si tú tienes Movistar, tus datos están ahí vendidos.

¿A quién le sirven?
–¡A mucha gente! Si tú quieres abrir una tienda de corbatas en una estación de metro, te vale mucho saber cuántos hombres caminan en cada salida del metro, entonces compras estos datos de Telefónica. Y también los puedes usar en tiempo real: saber a qué hora pasa la gente, e incluso si se detiene o no a ver el anuncio de oferta que pusiste afuera. Y lo más impresionante es que esto convirtió a las ciencias sociales, de las que siempre se burlaron, en la ciencia más rica en datos. Antes tenías que hasta negociar con diplomáticos para que te prestaran una base de datos de cien filas por cien columnas. Y en las universidades hacían experimentos con 15 alumnos de pregrado, que necesitaban créditos extra para pasar el ramo, todos blancos, todos de 18 años, y decían “miren, así funciona la psicología humana”. ¡De adónde! Nosotros nunca tuvimos datos, y por eso nunca funcionaban las políticas públicas. Y de la noche a la mañana, el 95% de los sujetos que estudiamos pasó a tener un sensor de sí mismo 24 horas al día. Los biólogos siempre dijeron “eso no es ciencia, no tienen datos”. Pero ellos no saben dónde están las ballenas en el mar. Hoy nosotros sí sabemos dónde están las personas, pero también sabemos qué compran, qué comen, cuándo duermen, cuáles son sus amigos, sus ideas políticas, su vida social. Se puede abusar también, como Obama y Trump lo hicieron en sus campañas, como Hillary no lo hizo y por eso perdió. Pero el gran cambio es que estamos conociendo a la sociedad como nunca antes y podemos hacer predicciones con un nivel científico. ¡Lo de antes era arte, no era ciencia!

TRUMP TE CONOCE

Entiendo que algunos estudios ya han logrado predecir un montón de cosas a partir de nuestra conducta en Facebook.
–Claro, esos son los datos que Trump usó. Teniendo entre 100 y 250 likes tuyos en Facebook, se puede predecir tu orientación sexual, tu origen étnico, tus opiniones religiosas y políticas, tu nivel de inteligencia y de felicidad, si usas drogas, si tus papás son separados o no. Con 150 likes, los algoritmos pueden predecir el resultado de tu test de personalidad mejor que tu pareja. Y con 250 likes, mejor que tú mismo. Este estudio lo hizo Kosinski en Cambridge, luego un empresario que tomó esto creó Cambridge Analytica y Trump contrató a Cambridge Analytica para la elección.

¿Qué hizo con eso?
–Usaron esa base de datos y esa metodología para crear los perfiles de cada ciudadano que puede votar. Casi 250 millones de perfiles. Obama, que también manipuló mucho a la ciudadanía, en 2012 tenía 16 millones de perfiles, pero acá estaban todos. En promedio, tú tienes unos 5000 puntos de datos de cada estadounidense. Y una vez que clasificaron a cada individuo según esos datos, lo empezaron a atacar. Por ejemplo, en el tercer debate con Clinton, Trump planteó un argumento, ya no recuerdo sobre qué asunto. La cosa es que los algoritmos crearon 175 mil versiones de este mensaje –con variaciones en el color, en la imagen, en el subtítulo, en la explicación, etc.– y lo mandaron de manera personalizada. Por ejemplo, si Trump dice “estoy por el derecho a tener armas”, algunos reciben esa frase con la imagen de un criminal que entra a una casa, porque es gente más miedosa, y otros que son más patriotas la reciben con la imagen de un tipo que va a cazar con su hijo. Es la misma frase de Trump y ahí tienes dos versiones, pero aquí crearon 175 mil. Claro, te lavan el cerebro. No tiene nada que ver con democracia. Es populismo puro, te dicen exactamente lo que quieres escuchar.

¿Y qué hizo Obama?
–Obama fue como el pionero en esto. En la campaña de 2012, para su reelección, invirtió en esto mil millones de dólares, mucho más que en comerciales de TV. Y con eso contrató a un grupo de cuarenta nerds, de Twitter, de Google, de Facebook, de Craigslist, tres profesionales de póker, otro que trabaja con células madres, en fin. A esos cuarenta nerds los puso en un subterráneo, les dio mil millones de dólares y un número para el servicio de pizza, ¿no? Y ahí en el subterráneo crearon los 16 millones de perfiles que les interesaban, los votantes indecisos. Sacaron datos de todos lados. Incluso tuvieron acceso a las Setup-Boxes, lo que sería el DirectTV en Chile, que registra cómo tú ves televisión. Si tienen acceso a eso, ya saben lo que te interesa, y empezaron a llevar comerciales individualizados. Lo más delicado es que no sólo pueden mandarte el mensaje como más te va a gustar, también pueden mostrarte sólo aquello con lo que vas a estar de acuerdo. Si Obama tiene sesenta compromisos de campaña, puede que 58 te parezcan mal, pero al menos con dos vas estar de acuerdo. Digamos que estás a favor del desarrollo verde y a favor del aborto. Bueno, empezaron a mostrarte en Facebook sólo estos dos mensajes.

¿Con avisos publicitarios?
–No, lo hicieron más sofisticado. Como algún amigo vas a tener que hizo un like a la campaña de Obama, ese like les dio acceso a los perfiles de todos sus amigos –esto también va en la licencia que nunca leemos–, entonces podían ver tu historial y clasificarte. Y además tenían acceso a postear desde el timeline de tu amigo, porque esto también está permitido. Él no lo ve, Facebook no se lo muestra, pero tú sí vas a ver muchos artículos así como “Obama el héroe de la energía alternativa”, “Obama el héroe del aborto legal”. No son propagandas de la campaña, son artículos de prensa bien elegidos. Y si tú por medio año ves “Obama héroe” de estas dos cosas que te gustan, al final vas a decir “oye, tan mal no está este Obama”. Bueno, en 2012 le cambiaron la opinión al 78% de la gente que atacaron así. Y Trump lo hizo con 250 millones. Creo que George Orwell se metería un tiro, porque ni él se imaginó algo así. La democracia es completamente inútil con algo así.

En un artículo explicabas que también los call center de Estados Unidos te clasifican mientras hablas, y cuando vuelves a llamar te derivan a un empleado con una personalidad afín a la tuya.
–Así es. El que habla contigo no lo sabe, ¿no? Una vez conté esto en una conferencia y uno de mis estudiantes, la próxima vez que llamó a un call center, le dijo “¡oye hueón, deja de clasificarme la personalidad!”. El otro no entendía nada, ¡ja, ja, ja! El trabajo lo hacen alrededor de diez mil algoritmos que te escuchan hablar y clasifican tu personalidad en seis diferentes cajas. La última vez que hablé con esta compañía, me dijeron que ya el 30% de las llamadas a los call center de Estados Unidos están intermediadas así. Y ya hay sistemas que les dan inteligencia en tiempo real: el tipo está ahí con un monitor que le dice “ahora es el momento de ofrecerle tal cosa”, “ahora ya no”. Pero eso es reciente, por ahora lo más común es que te dejan clasificado. Y todo esto, al final, ¿a qué nos lleva? A crear burbujas, en todos los niveles.

¿Cómo así?
–Que la gente emocional sólo hable con gente emocional, la gente de acción con la gente de acción, los reactivos con los reactivos. Hablamos mucho de que ahora los demócratas no hablan con republicanos, pero esta fragmentación de la sociedad en subgrupos va mucho más allá de la política. La verdad, es una cosa triste. Pero no es culpa de la tecnología, es la manera en que la usamos hoy día. Toda tecnología es normativamente neutral, tú puedes usar un martillo para colgar un cuadro o para matar a tu vecino. Lo mismo con la tecnología digital: podríamos usarla para unir gente, para mezclar gente de opiniones opuestas, pero no lo estamos haciendo.

Y más rezagada aún queda la democracia, incapaz de mediar entre tanta información fragmentada. No hay denominador común.
–Claro, el Big Data permite poner a la gente en muchas más cajas que antes no veías, es un arma de fragmentación muy poderosa. Sí, esa es una amenaza. Esto de la privacidad y el comercio no es el gran problema, la gente tiene razón en no preocuparse tanto. Es útil que las chicas reciban comerciales sobre la píldora y los chicos sobre condones, ¿no? Ahora, Big Data para la democracia representativa… ahí termina. Tú sabes que la democracia siempre estuvo muy ligada a las posibilidades informacionales que tenía cada sociedad. Aristóteles fue muy claro en decir que la democracia no podía ir más allá de un radio de 70 km, porque la información no podía viajar más que eso en un día. Por eso la democracia griega fue para una ciudad. Y en Estados Unidos, ¿por qué crearon las primarias, los colegios electorales por cada Estado y todo eso que conocemos? Porque el viaje en caballo de costa a costa tomaba una semana. Como no había acceso a la gente y la gente tampoco estaba informada, se necesitó todo este constructo representativo. Pero con la tecnología actual, este constructo está completamente abusado y tiene potencial para constituirse en una dictadura informacional, esto hay que decirlo abiertamente. Esto es lo que más me preocupa. La democracia representativa de esta manera no funciona.

Obligados a pensarla de nuevo…
–La verdad es que tenemos que repensarla completamente. Y ya tampoco podemos ignorar que las redes digitales son globales. O sea, personas que están a miles de millas se pueden ofender con una información que les llega y presentarse en la redacción de una revista para matar a los dibujantes. Es que todo esto pasó muy rápido. Llevábamos miles de años separados en diferentes culturas y nos tuvimos que conocer en un par de décadas. En el Islam dijeron que no quieren ver mujeres desnudas, y un día llegamos nosotros con el TV cable y les forzamos a mirar las tetas de Pamela Anderson. Y nosotros no entendemos por qué ellos pueden tener dos esposas. Entonces, si la información fluye globalmente, ¿hasta dónde podremos prescindir de una gobernanza global? No lo sé. Pero esto va a ser un camino de ensayo y error, como siempre ocurrió con la tecnología. Ahora vimos que Facebook, después de la elección de Trump, empezó a limpiar sus fake news, estas noticias mentirosas. Hace tres meses decían “no, nosotros no somos editorial”, y ahora están sacando cosas. Ya es un comienzo.

Y los Estados, ¿están sabiendo aprovechar el Big Data para las políticas públicas?
–No, están muy atrás todavía. Pero tienen una oportunidad muy grande. Se estima que el Estado posee alrededor de un tercio de los datos de un país, lo que es mucho. ¿Acaso tiene un tercio del poder productivo? Ni loco. El gobierno sabe todo lo que pasa en los colegios, en los hospitales, en los servicios de impuestos, ¡cuánta información hay ahí! Se puede aprovechar mucho más para políticas sociales y económicas, sobre todo en América Latina. Y lo segundo es poner la información que es pública a disposición de la sociedad, lo que se llama el Open Data. Pero ahí estamos aún más atrasados, incluso acá. Por ejemplo, a mí me nombraron Chair of Technology de la Biblioteca del Congreso, que en EE.UU. siempre fue LA institución de la información. Ellos mismos me invitaron porque se dan cuenta de que perdieron el tren y Google les robó el show en diez años. Y cuando voy allá, veo que todavía podrían recolectar mucha más información, y hacerla pública. Los mapas… ¡el gobierno tiene un montón de mapas! No necesitamos Google Maps, los militares tienen todos los mapas que necesitas. ¿Por qué no los hacen disponibles? Los precios de terrenos, qué tipo de terrenos hay para qué tipo de agricultura, quién es el dueño del terreno, todo esto el gobierno lo tiene y socializarlo podría ser muy productivo. Pero es una buena noticia: si el insumo de esta nueva economía son los datos y el Estado tiene un tercio de ellos, los puede usar para democratizar la economía.

Si es que también se democratiza la capacidad de usarlos.
–Sí, esa será la clave, y todavía no está claro si la disponibilidad de información crea más o menos desigualdad. Pero si en otra época el Estado destinó recursos para llevar la telefonía a las áreas rurales, ahora tendrá que hacerlo para igualar el acceso a Big Data. Son cosas que estamos aprendiendo, aunque los gobiernos ya podrían estar haciendo mucho más.

EL FUTURO ARTIFICIAL

¿En Silicon Valley están muy locos?
–¡Ja, ja, ja! Depende. Algunos, como este alemán Peter Thiel, quien creó eBay y que ahora está con Trump, él está un poco loco. Pero la verdad es que no son locos, son un poco arrogantes. Pero son arrogantes con justificación, porque realmente cambian el mundo, mucho más que un gobierno. Por eso también les llegó pésimo lo de Trump. Estaban muy enojados, no podían creer que se usó su tecnología para poner a un fascista en el poder. No, la verdad es que todavía están muy confundidos con eso. Bueno, dicen que la caída viene después de la arrogancia.

Algo que cuesta asimilar es que los datos, al crecer tanto, ya se explican a sí mismos, descubren solos sus relaciones causa-efecto. Como el traductor de Google, que se pegó el gran salto cuando le quitaron las reglas de traducción y empezó simplemente a comparar datos.
–Y con eso, además, ya puede traducir entre dos idiomas aunque nadie en el mundo hable esos dos idiomas. Te cuento un caso. ¿Te acuerdas de ese juego para Atari y PC, parecido al pimpón, en que tenías que mover una barrita hacia los lados para achuntarle a una pelota que rebotaba arriba en unos bloques? Y sacabas puntos al ir destruyendo esos bloques.

Sí.
–Bueno. Al DeepMind, un programa de IA que usa el Deep Learning, lo pusieron frente a ese juego y le dijeron “tienes que ganar puntos”. Pero no le dijeron cómo se ganan los puntos. Ni siquiera le dijeron “vas a ver una barrita, una pelota y unos bloques arriba”. Solamente le dieron la capacidad de reconocer pixeles. A los diez minutos, el DeepMind casi no agarraba la pelota, porque no entendía frente a qué situación estaba. Después de dos horas, jugaba al nivel de un experto. Y a las cuatro horas, mejor que cualquier ser humano. Pero no sólo por su precisión técnica, sino porque descubrió una estrategia para ganar que poca gente descubre. Es decir, sólo correlacionando movimientos de pixeles y puntos ganados por azar, llegó a innovar y ser más creativo que la mayoría de los humanos. Es lo mismo que hace la IA con el ajedrez. Se suponía que Go era el juego en que nunca iba a pasar a los humanos, muchísimo más complejo que el ajedrez. Bueno, DeepMind le ganó hace medio año al campeón de Go. Entonces sí, la información se autointerpreta y son mejores que nosotros.

¿Es cierto que las grandes compañías ya toman decisiones sin saber por qué las toman? Sólo porque la IA ve los datos y les dicen “hagan esto”.
–Claro, y está perfecto. Además, las relaciones de causalidad, muy filosóficamente, nunca las podemos conocer. Como decía Popper, sólo podemos descartar causas: tú no puedes saber si realmente X causó Y, sólo puedes comprobar que Z no causa Y. Pero estas correlaciones nos sirven para explicar y predecir. Ahora, si tú cambias el sistema que produjo estos datos, ahí te puedes equivocar muchas veces. Pero ese ya es otro problema.

Pero también sería un problema si, por ejemplo, llegáramos a meter preso a alguien porque su conducta en Facebook, según un programa, predice que es un potencial asesino.
–Sí, pero esto también lo hacen las personas. Si un sicólogo dice que eres un peligro para la sociedad, también te pueden encerrar. Y la verdad es que la IA es muchas veces más exacta que un psicólogo. Al final, el juego con la tecnología siempre ha sido ver cuáles tareas se pueden automatizar y cuáles se quedan con nosotros. Los primeros imperios, por ejemplo, su gran innovación fue hacer canales de agua para sus plantaciones. Así ya no necesitaban usar un tercio de su fuerza laboral en ir cada vez al río y traer agua. Imagínate, qué brutal: un tercio de la gente quedó desempleada. ¿Pero qué hicieron con ellos? A la mitad los convirtieron en soldados y empezaron a dominar a otros pueblos. A otros los hicieron arquitectos y constructores y crearon las ciudades y templos más grandes de la humanidad. Otros se hicieron artistas, otros empezaron a escribir… ¡a escribir, hueón, no tenían nada más que hacer! Y es así como las sociedades han avanzado, ahorrando tiempo y automatizando tareas. Si un robot reconoce células de cáncer, te ahorras al médico. En San Francisco hay una farmacia donde no hay ninguna persona trabajando: yo soy un robot, tú me das una receta, yo te mezclo un poco de este polvo, un poco de este otro, lo pongo en una caja y te lo doy. Además el robot sabe exactamente qué interacción hay entre qué medicamentos, más que ningún farmacéutico. Más del 50% de los actuales empleos son digitalizables, incluso escribir noticias rápidas, como sabrás. Y ya no hablamos de reemplazar a los obreros, como en la revolución industrial, sino también los trabajos de la clase más educada: médicos, contadores, ¡abogados, hueón! Hay una aplicación en el teléfono que te dice cuánto estás obligado a pagar si te divorcias, según los detalles de tu caso. Te ahorraste mil dólares de abogado por pedirle ese estudio. Claro, es brutal. Pero esto ya ha pasado antes y no fue el fin de la historia. Inventaron hueás nuevas tan locas como escribir, que antes nadie tenía tiempo de pensar en eso.

Lo que sí sería nuevo, y es el gran miedo cuando se habla de la “era de la singularidad” que supuestamente viene, es que el robot pase a decidir por nosotros. En el fondo, que nos ganen.
–Claro, es la pregunta: si va a ser “el Terminator contra nosotros”. Mira, la singularidad viene. O ya está acá. Trata de deshacerte de tu celular por un año. Ya estamos fusionados con esta tecnología, como sociedad y como especie. Nuestra distribución de recursos ocurre básicamente en la bolsa, y acá el 80% de las transacciones de la bolsa son decididas por IA. El 99% de las decisiones de la red de electricidad son tomadas por IA que localiza en tiempo real quién necesita energía. Y si tú me dices “mira, Martin, recién descubrimos una especie donde un sistema que se llama IA distribuye el 80% de los recursos y el 99% de la energía”, yo diría “bueno, IA es una parte inseparable de esta sociedad”. Y ya no se puede deshacer, no se puede desenredar. Tú podrías irte a la cordillera, dejar tu celular atrás y nunca más tener interacciones digitales, pero ya no serías parte de nuestra sociedad. Dejarías de evolucionar con nosotros. El punto aquí es que la especie humana ya evoluciona en convergencia con la tecnología, que en algunos aspectos ya es mejor que nosotros… no en todos. De nuevo, la pregunta es qué cosas dejamos a la IA y qué cosas no.

Mientras eso lo decidamos nosotros y no ellos, si aprenden a pensar por su cuenta.
–Sí. Y si me preguntas a mí, digamos, filosóficamente, lo que creo que está pasando es que efectivamente estamos creando una supraespecie, otra especie superior. Pero la verdad es que no tengo tanto miedo de eso.

¿Por qué no?
–A ver… Normalmente entendemos que la selección natural, cuando hay dos especies, elige a una de las dos, la famosa “supervivencia del más apto”, ¿no? Pero también hay ejemplos de simbiosis en que las dos especies se fusionan, y yo creo que en este caso las dos especies se van a fusionar. Pero ya hablamos tanto que no sé si vale la pena explicar todo esto…

Parece que sí.
–Quizás para entenderlo hay que mirar cómo funciona la vida, los sistemas vivos. Como sabes, existen diferentes niveles de abstracción: abajo tienes partículas subatómicas que interactúan para formar átomos; los átomos forman redes para crear moléculas; las moléculas, para crear células, y las células se ponen en redes –cada una con su respectiva pega– para crear organismos. Después los organismos se ponen en redes para crear sociedades. Y ahora, ¿qué viene después? Sociedades que se ponen en red a través de la tecnología para crear algo superior. El punto es que cada uno de esos niveles cree funcionar con sus propias leyes, y no saben que gracias a esas leyes se han formado otras leyes que han creado un nivel superior. Mis células no saben que yo tengo conciencia. Se encuentran y dicen “mira, ahí hay una bacteria, ¿la atacas tú o yo?”. Piensan que son bastante libres, ¿no? Pero los grandes números crean una estadística confiable de que esa bacteria va a ser atacada, y gracias a la estabilidad de esos promedios es que mi sistema tiene la tranquilidad para crear lo que llamamos conciencia. Y lo que creo que va a terminar haciendo la digitalización es convertirnos a nosotros en células de un organismo mayor.

¿Cómo?
–A medida que la IA empiece a organizarnos, a programar a la sociedad. Y va a poder hacerlo porque si bien tú y yo creemos ser muy distintos, el funcionamiento de la sociedad, con los grandes números, consigue promedios muy estables. Entonces este organismo puede sobrevivir, hasta que yo me imagino que va a poder producir una conciencia. Pero nosotros ni vamos a saber que esa conciencia existe. Por eso te digo que no va a ser “Terminator contra nosotros”. Es un supraorganismo con el que nos estamos fusionando, y la digitalización es como el aceite que nos une. La verdad es que normalmente no hablo de esto en entrevistas públicas, pero eso significa para mí la singularidad: estamos convergiendo con la tecnología para crear un ente superior, que se llama sociotecnología, tecnosociedad o como lo quieras llamar.

¿Por qué no te gusta hablar de esto en entrevistas?
–Porque es muy loco, ¿no? Es muy profundo y hay gente que se preocupa más de la cuenta. Prefieren hablar del robot de Amazon que les mandó un paquete equivocado. Nos descoloca que nos hablen de un chip implementado en el cerebro, pero ya todos usamos tecnología para aumentar nuestras capacidades. No es en ningún caso el fin de la humanidad, es la evolución que sigue su camino. Y la manera en que esto ocurra va a depender de nosotros. Entonces nos conviene entender que tenemos por delante una gran responsabilidad, porque nosotros diseñamos las instituciones que van a definir el futuro de estas convergencias.

 

Publicado en: THE CLINIC

Yo opino, tú opinas, él opina. La conversación pública en la era de las redes

Violencia de género, pobreza, desempleo, dictadura: temas que muestran cambios y permanencias en nuestros modos de hablar juntos.

Ilustracion nota

> Por Raquel San Martín

¿Qué tienen en común Gustavo Cordera, la UCA, el Indec y una entrevista con el presidente Mauricio Macri? Que todos recientemente han sido protagonistas o escenarios de batallas discursivas sobre fenómenos controvertidos, problemáticos o tabú en la Argentina, amplificadas y comentadas en un continuo que va de las redes sociales a los panelistas de televisión, de los diarios a las conferencias de prensa.

Así como el exabrupto misógino y violento de Cordera mostró un límite contundente a esas expresiones, puesto a fuerza de movilización social, las recientes conversaciones sobre la pobreza y la desocupación giraron otra vez alrededor del termómetro y del culpable, y no del modo de resolver el problema. Y las referencias presidenciales al aborto, a los desaparecidos y la última dictadura dejaron en claro que después de doce años de clausurar algunas conversaciones, abrirlas en otro sentido requiere más que unas pocas palabras.

En todos los casos se repiten dos evidencias: por un lado, la presencia de las redes sociales como iniciadoras o amplificadoras de las conversaciones públicas, en un coro inagotable de voces, imágenes e intercambios que presumimos privados pero son cada vez más públicos, y que -a pesar de la dedicación del Gobierno por utilizarlos como “comunicación directa” y controlada- también pueden volverse inmanejables. Por otro lado, la pobre calidad de la discusión en la Argentina, siempre en un estado de “opinión desbordada” y descalificación rápida, con una problemática relación con los hechos y una tendencia al ajuste de cuentas discursivo con el que se presume siempre del otro lado.

¿Quién establece los límites de lo que se puede decir hoy en la Argentina? ¿Qué responsabilidades tiene el discurso político en orientar el modo en que “hablamos” colectivamente?

Como en una foto inequívoca de la época, el episodio Cordera mostró la transición que atravesamos entre un espacio público distinguible del privado y una época que los superpone y los mezcla, con lo bueno y lo inquietante de ese cambio. “Antes el espacio público coincidía con el espacio mediático, que era el de los medios tradicionales, al que tenían que acceder los distintos actores sociales. Hoy ese espacio mediático se amplió y se volvió continuo (hay cosas que se inician en las redes sociales y son tomadas por los medios, y al revés). Además, nadie está afuera de este nuevo espacio híbrido. Todos tenemos el dispositivo para capturar imágenes y palabras y ponerlas en circulación, todos podemos ser víctimas o mediadores de cosas que se dicen”, señala Damián Fernández Pedemonte, director de la Escuela de Posgrados en Comunicación de la Universidad Austral.

¿Una clase es un lugar público? ¿Lo es una reunión de amigos? ¿Una reunión de padres en la escuela? Sí a las tres preguntas. “Este nuevo sistema produce un corrimiento de lo que es público y privado. Lo que antes era institucional, como una clase en la universidad, ahora es esfera pública, y lo que era privado puede ser institucional (si un político habla de política en una reunión). En un mundo basado en la celebridad, lo público se define por el grado de popularidad de quien habla, no tanto por lo que dice. En una persona pública, todo es público. El lado positivo es que es más fácil denunciar abusos y tenemos más acceso al respaldo de una denuncia. Pero se ha reducido el ámbito que uno gestiona en confianza y relajado”, dice Fernández Pedemonte.

Todos somos hackers

Armados con nuestros celulares inteligentes, conectados a nuestras redes, todos somos, en alguna medida, hackers de la realidad. Y ese “vasto rumor” de conversaciones de café, prensa y televisión, “opinadores” profesionales, pensadores y científicos, eslóganes, doctrinas políticas y voces marginales, como describe el filósofo canadiense Marc Angenot en El discurso social (Siglo XXI), está atravesado por la lógica de las redes.

“Las redes sociales ya se instalaron como quinto poder y se corrieron los límites entre los medios tradicionales y la política, el on y el off, y hasta los límites de lo que significa ser un ciudadano -apunta Alejandro Artopoulos, profesor de la Universidad de San Andrés-. Vivimos en la ilusión de que controlamos las redes sociales, pero el 99% de los usuarios no tiene claro cuándo pone una opinión en un lugar privado y cuándo, en un lugar público. El uso de las redes se simplifica para facilitar su consumo, pero ha complejizado la realidad.”

Con las fronteras desdibujadas, hay una paradoja adicional: “Las redes son espacios híbridos: públicos, pero regidos por regulaciones impuestas por las compañías privadas, que son dueñas de esos espacios y que determinan desde lo que se puede decir y lo que no hasta los algoritmos que definen lo que cada uno ve en su pantalla”, dice Silvio Waisbord, profesor de Media and Public Affairs en la George Washington University.

Y a pesar de que los expertos señalan evidencias de que los grandes hacedores de noticias, como los medios tradicionales en sus distintas plataformas, siguen teniendo peso en definir de qué hablamos, el “cómo” lo hacemos tiene otros matices. “Somos un país que lidera las estadísticas de uso de Facebook, Instagram y Snapchat, pero a la vez destruimos las estadísticas públicas y marginamos a los que hablan sobre la base de datos. El primer empírico en la Argentina es el ?panelista’ de TV”, dice Artopoulos, para quien vivimos en una época de “opinión desbordada”. Lo explica: “La democracia argentina pasó por tres momentos pendulares. Dos en los que la TV fue central: el entusiasmo por la participación en el renacer democrático y la desilusión con apatía de los años 90. Y un tercer momento, durante el segundo gobierno de Cristina Kirchner, en que los medios tradicionales se apalancaron con los digitales y los blogs, en una idea de democracia radical. Es la sociedad del relato, de consignas y frases hechas, que necesita de la pura emoción, del impacto”. Quizá por eso las discusiones en esos años se demoraron más en la existencia de los fenómenos -hay pobreza/no hay pobreza; hay inflación/no hay inflación- que en pensar qué hacer frente a ellos.

Para otros, nuestro desapego por las evidencias es de larga data. “En la Argentina la opinión precede a los datos, algo que el kirchnerismo agigantó pero que viene de mucho antes -dice Waisbord-. Cuando no hay datos, todos dan opinión porque nadie puede rebatir a nadie. Además, no se pueden proponer, implementar ni evaluar políticas públicas sin datos. La opinión es fácil, es atractiva, tiene un costado de empoderamiento de las personas, pero es preocupante cuando las decisiones de política pública se basan en opiniones.”

La práctica del “panelismo” de TV, etiquetado como “polémica” aunque no sea más que intercambio subido de tono, es quizá la puesta en escena más clara de lo que muchos señalan como una calidad pobre de nuestro debate público. “No se busca debatir sino herir la legitimidad del que propone algo, más allá de lo que proponga, para legitimar una postura previa sobre esa persona. Estamos pagando un precio muy caro por la polarización que propuso el relato kirchnerista y nos encontramos en un esquema de ajuste de cuentas dialéctico permanente. Los líderes políticos y de opinión tienen una gran responsabilidad en conducir la salida de este estado de cosas”, afirma Orlando D’Adamo, especialista en comunicación política.

Igual responsabilidad tienen los dirigentes cuando corren las fronteras de lo discutible. “Es legítimo que el discurso político mueva los límites de lo pensable en disputa por instalar sentidos comunes. Pero esa instalación de discursos y visiones debería ir acompañada de argumentaciones públicas, no de eslóganes como los que propone elmarketing político. La opinión cierra temas, no abre interrogantes”, afirma Sol Montero, investigadora del Conicet y profesora en UBA y Unsam, especialista en discurso político. “Hoy las redes van más rápido que los políticos, subvierten lo políticamente correcto, visibilizan cosas no dichas. Muchas veces los políticos van atrás de la sociedad”. #NiUnaMenos y los anticuerpos que parece haber creado en la sociedad podrían ser un ejemplo.

Dar vuelta la página

¿Es posible un diálogo público de argumentos en la Argentina? ¿Dónde se ubica hoy un debate racional, lejos de trols, bots, fakes y exabruptos individuales? En todo caso, ¿es más posible ahora que hace ocho meses? “Si bien la polarización nunca fue social, sino fruto del activismo de opinión en el espacio público, creo que esa polarización del debate hoy es condenada socialmente. El que sigue en esa mecánica previa, en cualquiera de los dos polos, hoy es repudiado. En ese sentido, la discusión ha tendido a mejorar, aunque quizá sea más por hastío que por compromiso con el diálogo”, afirma Gerardo Aboy Carlés, profesor del Idaes-Unsam e investigador del Conicet.

Sin embargo, la insistencia política con refundar y dar vuelta la página con cada nueva gestión puede introducir otras tensiones. “Como proceso cultural, los años 80 son importantes porque todos los gobiernos posteriores fueron juzgados por ese parámetro de lo que se pensó como una sociedad democrática. Con su debate polarizado, el kirchnerismo tensó algunos aspectos de ese consenso. Por ejemplo, hubo poco espacio para hacerse preguntas sobre lo que había sido la violencia política de los años 70, se asumió un relato épico de la juventud comprometida que fue bastante distinto del silencio sobre ese tema de los años 80, cuando era necesario establecer un discurso sobre los derechos humanos que ninguna sombra podía horadar. Ése es un debate que hoy está más habilitado, pero al mismo tiempo se corre el riesgo de volver a tensionar ese consenso de los años 80 con decisiones como que el Estado no apele la prisión domiciliaria de los represores”, dice.

No parece haber términos medios. “El kirchnerismo decía grandes verdades todo el tiempo; era un relato completo, cerrado, sin lugar a dudas. El macrismo es la ignorancia total, la elusión de respuestas -dice Montero-. Falta un discurso en el que se pongan sobre el tapete los problemas y se reconozca que son espacio de disputas.”

“Más allá de las preferencias políticas, el relato K era muy sólido, muy eficiente, y eso en comunicación política significa mucho. Se trata de esa historia en la que a través de valores compartidos, sazonados con mística y sus componentes emocionales asociados, se construye una visión del futuro ideal y hasta utópica. Comparado con esto, en el espejo de hoy no se ve una construcción comunicacional que, teniendo que ser necesariamente distinta, responda a una estructura semejante y sea a la vez simple de transmitir. No sabemos si es una decisión de que no haya relato y el ?nuevo relato’ es un ?no relato’, o si es una debilidad no deseada”, describe D’Adamo.

Para Aboy Carlés, hay componentes políticos que abonan este relato débil, en todo caso. “El discurso macrista es más variado y menos vertical, sin un enunciador privilegiado. En parte porque el gobierno está formado por varios partidos y hay muchos más espacios para que haya desacuerdos y eso se vea. Pero esa fluidez puede ser una debilidad.”

La sociedad argentina tiene pruebas de que puede instalar los temas que le preocupan y empujar a los políticos a reaccionar. Pero hay que estar atentos. “Hay un cambio en la tolerancia social de ciertos discursos. Pero hay que diferenciar la preocupación que algunos actores pueden tener antes de decir algo, por temor a las consecuencias, y la convicción con que no digan ciertas cosas. Lo positivo no es que algunas personas se autocensuren, sino la posibilidad de reflexión colectiva -dice Natalia Gherardi, directora ejecutiva del Equipo Latinoamericano de Justicia y Género (ELA)-. Algo que aún tenemos que aprender es que el discurso violento se combate con más discurso, no restringiendo la posibilidad de la palabra. Si eso representa el pensamiento de parte de la sociedad, se contrarresta con más y mejores argumentos”, dice.

La corrección política también es un mal de esta época. Y, como los historiadores saben, lo que no se dice puede ser tanto o más importante que lo que sí.

Publicado originalmente en: LA NACIÓN

Los temas de la Política

Nota Interbarómetro-01
Corrupción y Justicia volvieron a ser las problemáticas más mencionadas en las conversaciones políticas argentinas durante julio, quedando Energía en el tercer lugar. El Caso José López, el avance de distintas causas judiciales de CFK y los allanamientos a las cajas de seguridad de Florencia K fueron los temas que impulsaron que Corrupción y Justicia fueran las problemáticas dominantes del período analizado. Energía se ubicó por segunda vez en el tercer lugar, como consecuencia del aumento de tarifas, los cacerolazos cuestionando el aumento excesivo de los servicios y la judicialización del tema.

Éstos y otros datos, surgen de un informe realizado por la fundación CIGOB en el marco del reconocido INTERBARÓMETRO . Para acceder al informe completo, ingrese AQUÍ.