Donald Trump y la disminución del poder suave de Estados Unidos

Estados Unidos Poder Blando

>Por Joseph Nye

La evidencia es clara. La presidencia de Donald Trump ha erosionado el poder blando de Estados Unidos. Sólo el 30% de las personas encuestadas recientemente por Gallup en 134 países tenían una opinión favorable de Estados Unidos bajo el liderazgo de Trump, una caída de casi 20 puntos desde la presidencia de Barack Obama. El ‘Pew Research Center’ determinó que China, con un índice de aprobación del 30%, había alcanzado una casi paridad con Estados Unidos. Y, un índice británico, The Soft Power 30, mostró que Estados Unidos se deslizó desde el primer lugar el 2016 al tercer lugar el año pasado.

Los defensores de Trump responden con el argumento de que el poder blando no importa. El director de presupuesto de Trump, Mick Mulvaney, promulgó un “presupuesto de poder duro” simultáneamente a su implementación del recorte del 30% en los fondos destinados al Departamento de Estado y la Agencia de Estados Unidos para el Desarrollo Internacional. Para los promotores de “Estados Unidos en primer lugar”, lo que el resto del mundo piense ocupa un segundo lugar. ¿Están ellos en lo cierto?

El poder blando se basa en la atracción en lugar de la coacción o el pago. Convence a las personas a unirse a un cometido, en lugar de coaccionarlas. A nivel personal, los padres sabios saben que su poder será mayor y durará más si modelan sólidos valores éticos para sus hijos, en lugar de confiar sólo en azotes, concesiones o en quitarles las llaves del coche.

De manera similar, los líderes políticos han llegado a entender, desde hace mucho tiempo, el poder que emerge de la capacidad de establecer la agenda y determinar el marco de un debate. Si puedo hacer que tú quieras hacer lo que yo quiero, entonces no tengo que forzarte a hacer lo que no quieres. Si Estados Unidos representa los valores que otros quieren seguir, se puede economizar en garrotes y zanahorias. De manera adicional al poder duro, la atracción puede ser un multiplicador de fuerza.

El poder blando de un país proviene principalmente de tres fuentes: su cultura (cuando es atractiva para otros), sus valores políticos tales como la democracia y los derechos humanos (cuando se vive de acuerdo con dichos valores), y sus políticas (cuando pueden considerarse como legítimas porque se las enmarca con cierta humildad y conciencia respecto a los intereses de los demás). La forma cómo se comporta un gobierno en su propia casa (por ejemplo, brindando protección a la prensa libre), en las instituciones internacionales (consultando con otros y aplicando el multilateralismo) y en su política exterior (promocionando el desarrollo y los derechos humanos) puede afectar a los demás mediante la influencia de su ejemplo. En todas estas áreas, Trump ha revertido atractivas políticas estadounidenses.

Afortunadamente, Estados Unidos es más que Trump o el gobierno. A diferencia de los activos del poder duro (como ser las fuerzas armadas), muchos recursos de poder blando están separados del gobierno y responden sólo en parte a sus fines. En una sociedad liberal, el gobierno no puede controlar la cultura. De hecho, la ausencia de políticas culturales oficiales puede ser en sí misma una fuente de atracción. Las películas de Hollywood como “The Post”, que muestran a mujeres independientes y libertad de prensa, pueden atraer a otros. Así como también lo pueden hacer el trabajo caritativo de las fundaciones estadounidenses o los beneficios de la libertad de cuestionamiento de las universidades estadounidenses.

Es cierto que las empresas, universidades, fundaciones, iglesias y otros grupos no gubernamentales desarrollan un poder blando propio, mismo que puede reforzar o estar en contra de los objetivos oficiales de política exterior. Y, es probable que todas estas fuentes privadas de poder blando se tornen cada vez más importantes en la era de la información global. Esa es razón por demás para que los gobiernos se cercioren de que sus propias acciones y políticas creen y refuercen, en lugar de que socaven y mal empleen, su poder blando.

Las políticas nacionales o extranjeras que parecen hipócritas, arrogantes, e indiferentes a los puntos de vista de otros o que se basen en una concepción estrecha de los intereses nacionales pueden socavar el poder blando. Por ejemplo, la fuerte disminución en el atractivo de Estados Unidos en las encuestas de opinión realizadas después de la invasión de Irak en el año 2003 fue una reacción a la administración Bush y a sus políticas, en lugar de ser una reacción a Estados Unidos de manera general.

La guerra de Irak no fue la primera política gubernamental que hizo que Estados Unidos se tornara en impopular. En la década de 1970, muchas personas de todo el mundo se opusieron a la guerra de Estados Unidos en Vietnam, y la reputación mundial de Estados Unidos reflejó la impopularidad de dicha política. Cuando la política cambió y los recuerdos de la guerra disminuyeron, Estados Unidos recuperó gran parte de su poder blando perdido. De manera similar, luego de la guerra de Irak, Estados Unidos logró recuperar gran parte de su poder blando en la mayoría de las regiones del mundo (si bien dicha recuperación fue menor en el Medio Oriente).

Los escépticos aún podrían argumentar que el auge y la caída del poder blando estadounidense no revisten mucha importancia, debido a que los países cooperan por interés propio. Sin embargo, este argumento pasa por alto un punto crucial: la cooperación es una cuestión de grado, y el grado se ve afectado por la atracción o la repulsión. Además, los efectos del poder blando de un país se extienden a actores no estatales; por ejemplo, al apoyar o impedir el reclutamiento por parte de organizaciones terroristas. En una era de la información, el éxito no sólo depende del país al cual pertenece el ejército ganador, sino que también depende del país al cual pertenece la historia ganadora.

Una de las mayores fuentes del poder blando de Estados Unidos es la apertura de sus procesos democráticos. Incluso cuando las políticas equivocadas reducen su atractivo, la capacidad de Estados Unidos para criticar y corregir sus errores lo hace atractivo para otros en un nivel más profundo. Cuando los manifestantes en el exterior marchaban contra la guerra de Vietnam, solían cantar “We Shall Overcome” (en español: “Venceremos”), el himno del movimiento por los derechos civiles de Estados Unidos.

Estados Unidos, también, casi con seguridad vencerá. Dada la experiencia pasada, todo va a favor de guardar esperanzas con respecto a que Estados Unidos vaya a recuperar su poder blando después de Trump.

 

 

Project Syndicate

El Sistema Bancario en América Latina: spread y nivel de actividad

Bancario

>Por Pablo Wahren y Lucía Converti

La intermediación de fondos es una de las actividades más tradicionales y más importantes de los bancos. En el negocio de la intermediación financiera, la principal variable para observar es el spread bancario. Esto es la diferencia entre lo que cobran los bancos en concepto de intereses por los préstamos (tasa activa) y lo que pagan bajo este mismo concepto por los depósitos (tasa pasiva). Esta diferencia está compuesta por los gastos operativos, los requerimientos de provisiones, los costos regulatorios (encajes) y la rentabilidad del banco. Sin embargo, influyen en ella –entre otras cosas y como en todos los negocios- los grados de concentración del sistema bancario, la liquidez disponible, el apalancamiento, el riesgo de devaluación, la inflación y el nivel de actividad. [1]

Considerando que la intermediación de fondos no es un negocio más sino que interviene en la distribución de recursos e influye fuertemente en la posibilidad de crecimiento y desarrollo de las naciones, resulta de interés analizar el comportamiento de esta variable en la región en comparación con el resto del mundo y determinar así las posibilidades que brinda hoy el sistema bancario local para el desarrollo regional.

Análisis comparativo

Según el Banco Mundial el spread bancario en América Latina y el Caribe es de casi el doble que lo registrado por los países de altos ingresos. Nuestra región presenta una brecha de 7,54 mientras que el grupo de los países de mayores ingresos lo hace en 4,0.

Gráfico 1: Spread bancario por agregados

Fuente: Banco Mundial

 

Al desagregar por países al interior de la región se observa un comportamiento heterogéneo. Brasil presenta el mayor spread bancario (45,34), seguido por México con un guarismo de 23,02. Es decir que las dos economías latinoamericanas de mayor tamaño son las que cuentan con los mayores spread. El podio de los primeros cinco es completado por Jamaica (15,1), Haití (15,0) y Perú (13,9). Del otro lado, los cinco países que presentan menor brecha entre tasas son El Salvador (2,0), Ecuador (3,0), Suriname (5,4), Panamá (5,5) y Bolivia (5,7).

Al comparar la evolución durante 2016 se observa que Argentina registró el mayor incremento en el spread de toda la región. Esto es producto de la política del nuevo gobierno de desregular las tasas de interés (cuya brecha entre activas y pasivas antes tenía un límite): el spread bancario se incrementó un 37% pasando de 6,49 en 2015 a 8,94 en 2016. Otros países que registraron incrementos en el spread fueron Brasil (+9,4%), Venezuela (29,9%) y Paraguay (27,4%). Por el contrario, las mayores reducciones se vieron en República Dominicana (-4,7%), Honduras (-4,1%) y Ecuador (-3,3%).

Gráfico 2: Spread bancario intrarregional

Fuente: CEPAL

Evolución de los spreads

La visión económica tradicional, entre otros argumentos, afirma que el mayor spread en economías de menor desarrollo relativo se debe al mayor riesgo que presentarían estos países. El argumento radica en que al existir una mayor volatilidad macroeconómica el riesgo de impago por parte de los clientes es más elevado. Sin embargo, a la luz de los datos esta explicación resulta insuficiente e imprecisa para explicar la evolución de los spreads durante los últimos quince años y las diferencias intrarregionales.

Entre 2000 y 2016 América Latina acumuló un crecimiento del PIB de 54,5% mientras que los países de altos ingresos lo hicieron en 30,2%, poco más de la mitad. A contramano de la visión tradicional en estos años el spread bancario se redujo más en el segundo grupo de países que en el primero, con una variación de -10,6% y -9,5% respectivamente.

A continuación se evaluará la relación de estas variables en dos países de la región. En el caso de Brasil entre 2011 y Junio de 2016, mientras el PIB es estable el spread cae, cuando empieza a caer el PIB, aumenta el spread y cuando se recupera el crecimiento el spread sigue creciendo.

Gráfico 3. Variación de PIB y Spread Bancarios Brasil (2011-2016)

Fuente: Elaboración propia. Datos: PIB en Millones de USD, FELABAN. Spread CEPAL

Gráfico 4. Variación de PIB y Spread Bancarios Uruguay (2011-2016)

Fuente: Elaboración propia. Datos: PIB en Millones de USD, FELABAN. Spread CEPAL

El caso de Uruguay muestra un spread en continuo crecimiento mientras aumenta el PIB y un estancamiento a partir de la caída del PIB. En ambos casos, el spread aumenta aun cuando el PIB crece y cae el riesgo de morosidad.

Asimismo el diferencial de spreads entre los países tampoco parece estar asociado al tamaño de las economías ni al nivel de ingresos de la población. Por ejemplo, si miramos los extremos encontramos que Brasil siendo un país considerado como de Ingreso Medio Alto tiene el mayor spread de la región, mientras que El Salvador, catalogado como país de Ingreso Medio Bajo, presenta el menor.

Gráfico 5. Variación de PIB y Spread Bancarios (2000-2016)

Conclusiones

El spread bancario constituye una variable fundamental en el negocio financiero y condiciona el desarrollo de las economías al influir en cómo y a qué costo se distribuyen los fondos. En América Latina el spread bancario prácticamente duplica al de los países de altos ingresos. Esto genera un perjuicio ya que encarece los préstamos que podrían ser volcados a la actividad productiva.

A pesar de que en los últimos quince años el desempeño macroeconómico de las economías latinoamericanas fue muy superior al del grupo de países de altos ingresos la diferencia entre spreads no se redujo y puede evidenciarse en los casos de Brasil y Uruguay como el mismo de hecho aumentó. Esta cuestión expone que existen otras variables no vinculadas al desempeño de los mercados que pueden explicar las diferencias en el nivel de spread. En este sentido, en el próximo informe abordaremos las diferencias en el grado de concentración bancaria entre países para entender cómo juega esta variable en la determinación de los spreads.

 

[1] El spread bancario en Argentina. Un análisis de su composición y evolución. Federico Grasso y Alejandro Banzas (2006).

 

Publicado en: CELAG

La encrucijada socialdemócrata

Entre la globalización y el Estado nacional

La socialdemocracia es una de las principales víctimas de los cambios globales. Una nueva oposición entre cosmopolitas y nacionalistas –entre anywheres y somewheres– atraviesa la alianza de clases compuesta por los trabajadores y las clases medias ilustradas que constituyó históricamente la apuesta de la centroizquierda. El trabajador común se siente cada vez menos representado por este espacio ideológico. Si quiere sobrevivir, la socialdemocracia debe pensar un proyecto de emancipación de los individuos de la coacción económica, política y social, por fuera del populismo y del liberalismo de izquierda.

Socialdemocracia

>Por Ernst Hillebrand

La socialdemocracia europea está viviendo tiempos difíciles. Las elecciones de 2017 no han sido buenas para ella: en los Países Bajos, el Partido del Trabajo (pvda, por sus siglas en holandés) obtuvo 5,7% de los votos. En Francia, el Partido Socialista llegó en las elecciones parlamentarias de junio apenas a 5,68% de los sufragios. Poco antes, su candidato había tenido un desempeño calamitoso en las elecciones presidenciales. El Partido Socialdemócrata alemán (spd, por sus siglas en alemán) ha sido vencido en tres elecciones regionales consecutivas y al momento de escribir este artículo rondaba un 25% en las encuestas para las elecciones parlamentarias de septiembre. En el pasado verano boreal, el Partido Democrático (pd) italiano ha sufrido una clara derrota en las elecciones municipales. Más hacia el este, la situación está aún peor: desde hace años, los socialdemócratas han dejado de ser verdaderamente relevantes en un vasto sector de Europa oriental. Como única excepción europea aparece paradójicamente el Partido Laborista británico, que bajo el mando de Jeremy Corbyn, representante de una «vieja izquierda», logró un resultado sorprendentemente bueno en las elecciones parlamentarias del 8 de junio.

Estos resultados electorales son una prueba más de una evolución que puede observarse desde hace ya años: los partidos europeos de izquierda pierden el contacto con los sectores populares. Su visión del mundo tiene cada vez menos cosas en común con la de los obreros o los empleados de salarios más bajos. La «alianza de clase» entre los sectores medios «ilustrados» y los trabajadores de base que encarnó la socialdemocracia europea duró más de un siglo y marcó todo el siglo xx, con sus enormes progresos sociales y políticos. Pero este periodo está llegando a su fin.

Una nueva constelación política

La causa de este fenómeno es la aparición de una nueva constelación política de base: si el siglo xx estuvo marcado por conflictos de distribución, cuya naturaleza era esencialmente socioeconómica, ahora pasa al primer plano una línea de conflictos políticos de cuño más sociocultural. La discusión política ya no está caracterizada por la pugna entre izquierda y derecha, sino por la creciente oposición entre «cosmopolitas» entusiasmados por la globalización y la inmigración, y «comunitaristas» más orientados al Estado nacional tradicional. David Goodhart denomina a estos grupos anywheres y somewheres: unos están bien en cualquier parte (anywhere) y cuentan con un capital educativo para tener éxito en todos lados; los otros dependen de un lugar fijo que les es conocido (somewhere), donde pueden sacar provecho de sus redes familiares y de su capital educativo y social, espacialmente acotado1. Los amigos de la apertura tienen mayores recursos económicos, mejor formación, mejor seguro social, ven «interesante» la inmigración, celebran el multiculturalismo y envían a sus hijos a cursar estudios universitarios en el extranjero. Los otros suelen provenir de sectores con menores ingresos y socialmente más relegados y consideran que la inmigración y la globalización intensifican la competencia por salarios, trabajo y recursos. Esta nueva fractura atraviesa a las sociedades, pero también a los partidos de las democracias occidentales. El espacio político se está reestructurando: los viejos campos ideológicos y patrones explicativos pierden significado y surgen nuevos. Esto no significa que desaparezca la dimensión socioeconómica, sino que esta se articula de otra manera. Hace poco, el politólogo alemán Michael Zürn escribió al respecto que «la nueva oposición se expresa, por ello, menos como ‘izquierda versus derecha’ que como ‘los de arriba’ y ‘nosotros, los de abajo’»2.

Este proceso, que la politología observa desde hace casi dos décadas, se ha acelerado sustancialmente en los últimos años. Las consecuencias sociales y económicas de las crisis financieras y la crisis del euro han provocado que aumenten sustancialmente las dudas en torno de la globalización y la integración europea. A esto se suman los conflictos en los márgenes de Europa, que favorecen la impresión de que el mundo se halla sumergido en un caos, que en forma de terrorismo e inmigración irregular se difunde también en el interior de las sociedades europeas. De manera análoga, las expectativas frente a la política han cambiado drásticamente. La promesa del «cambio» –el núcleo conceptual de la política «progresista» de modernización y reforma– ha dejado de ser tal: en un mundo caótico, el cambio no significa promesa alguna, sino una amenaza. En lugar de apertura y transformación, los ciudadanos esperan protección y cuidado.

Hasta ahora, la política tradicional no ha sabido reaccionar ante este cambio de expectativas. Goodhart describe esta separación entre la política y las expectativas de los ciudadanos con estas palabras:

Una promesa implícita de las democracias modernas es que todo ciudadano podrá controlar su propia vida hasta un cierto grado (…) [Esto] postula implícitamente también un derecho básico a una cierta estabilidad y continuidad en cuanto al mundo en el que se vive y al propio estilo de vida. En el mundo actual, esta es una promesa que a la política democrática le cuesta cumplir cada vez más o que quiere cumplir cada vez menos.3

La nueva fractura de la socialdemocracia

Las principales víctimas de este cambio de clima político son hasta ahora los partidos de la centroizquierda europea. La nueva oposición entre apertura y abroquelamiento, entre anywheres y somewheres, atraviesa la alianza socialdemócrata de clases compuesta por los trabajadores y las clases medias ilustradas. El trabajador común se siente cada vez menos representado por los partidos de centroizquierda, pues estos defienden en gran parte las posturas de los «cosmopolitas». Como no hay nadie más que sea receptivo a sus demandas de fronteras, pertenencia y cuidado del Estado nacional en tanto espacio de protección social y económica, algunos trabajadores terminan recurriendo nolens volens a los viejos enemigos de la derecha. Casi en todos los países, la proporción de trabajadores dentro del electorado de partidos populistas de derecha está aumentando de manera continua.

Las consecuencias de este proceso para la socialdemocracia son graves y, a largo plazo, amenazan a los partidos en su esencia misma. La cuestión de las migraciones no perderá en absoluto dinámica ni relevancia. Por el contrario, el problema de cómo manejar el enorme deseo de migrar a Europa amenaza con convertirse en uno de los temas políticos absolutamente centrales de las próximas décadas. En esta nueva constelación política, altamente antagonística, la centroizquierda deberá decidir a qué grupos de la población deseará representar en el futuro: los segmentos liberales y «cosmopolitas» de las clases medias o los somewheres con orientación a Estados e identidades nacionales. Pareciera que ya no es posible representar a ambos. También en este sentido, el «siglo socialdemócrata» (como lo llamó Ralf Dahrendorf) está terminado.

Esta es una decisión muy difícil. La idea de reconvertirse en una fuerza política representativa de los sectores populares implica una profunda reconfiguración ideológica de la centroizquierda y una despedida del liberalismo de izquierda de las últimas décadas. Para los funcionarios y los mandatarios, este sería quizás un proceso casi inaceptable. En Francia, el think tank Terra Nova, allegado al ala liberal del ps, puso esto en negro sobre blanco hace ya unos años. Según su tesis, el ps tiene que despedirse de los sectores obreros y forjar una nueva mayoría «progresista», compuesta por las clases medias urbanas, empleados públicos y sectores de la inmigración. De hecho, este es el camino que ha seguido con éxito Emmanuel Macron, quien se llevó consigo porciones nada insignificantes de las viejas elites (y del electorado) del ps. Pero en otros países, con una situación distinta por ser diferentes los sistemas electorales, esta vía no funcionaría así. El resultado sería solo partidos más pequeños (pero completamente estables), que perderían una parte del histórico potencial de votantes a manos de movimientos «populistas» de izquierda y derecha.

Anclaje en el senso comune

La alternativa a esto sería una reconfiguración político-ideológica que refleje la nueva fractura de la sociedad entre anywheres y somewheres e intente volver a armonizar más intensamente las posiciones programáticas con las expectativas y los intereses de los sectores más débiles. Quizás sea útil en este contexto recordar las ideas de Antonio Gramsci, uno de los grandes pensadores de izquierda del siglo xx. Muchas de sus reflexiones giraban en torno de la cuestión de cómo el pensamiento de izquierda podría lograr la hegemonía en la sociedad. Una de las condiciones de la hegemonía ideológica, según expresa Gramsci en sus Cuadernos de la cárcel, es que la «filosofía» de las elites no esté completamente desacoplada del «sentido común» (senso comune) de las masas populares. Se necesita una conexión orgánica entre ellas. Lo que estamos viviendo ahora en el mundo occidental es lo contrario: un proceso de desacople entre la filosofía de las elites y el senso comune comunitarista de la gente común.

El éxito del populismo y la implosión de los índices de confianza en las elites y sus instituciones son expresiones de este proceso. En tal situación, la izquierda –en todas sus variantes– está obligada a volver a preguntarse claramente cómo quiere posicionarse. Un (re)anclaje más fuerte de sus propias posturas en el senso comune es uno de los requisitos para que no termine aplastada en este proceso y no resulte pulverizada entre un hiperliberalismo de las elites y un neonacionalismo de los movimientos populistas.

Pero para formular un proyecto emancipador para el siglo xxi no basta con regresar al sentido común de la población. El sentido común hoy está orientado a la preservación, contra la permanente presión hacia el cambio ejercida por el capitalismo globalizado. Un proyecto político y social de la izquierda debe ir más allá de este deseo de permanencia y oponer un proyecto de cambio político positivo a los negativos cambios que impone el capitalismo. En su centro deben estar la emancipación de los individuos, su liberación de la coacción económica, política y social, y una ampliación de los márgenes de libertad y autorrealización de las personas. La socialdemocracia actual está muy lejos de un proyecto de estas características. En el centro de sus programas no está el «empoderamiento» de las personas, sino una fijación con los temas y los instrumentos políticos de la fase histórica del capitalismo clásico del siglo xx. Se trata, en el fondo, de la protección colectiva del Estado social contra la pauperización de los trabajadores y las trabajadoras. Ya hace tiempo que los conflictos político-sociales de esta época han dejado de ser lo esencial. Lo que hoy está en el centro de la insatisfacción de quienes viven en las sociedades de Europa occidental ya no es una genuina necesidad material, sino una desautorización política y cultural, una devaluación simbólica del trabajo y de los proyectos de vida de las personas normales.

La respuesta a estos problemas en un nuevo proyecto emancipador de izquierda solo puede basarse en una profunda democratización de las sociedades, que otorgue más que nunca el poder de decisión en cuestiones políticas, económicas y sociales al soberano: los ciudadanos. Esta democratización debe incluir un mayor uso de la democracia directa por medio de plebiscitos y referendos, al igual que la mayor descentralización posible de los procesos de toma de decisiones políticas. El progreso tecnológico dado por la digitalización y la utilización de redes ofrece condiciones extraordinariamente propicias para ello. La comunicación horizontal de las redes sociales hace que surjan nuevas posibilidades para formular un consenso de la opinión pública más allá del poder de control y normalización de los tradicionales «guardianes» de los medios masivos clásicos.

A fin de cuentas, el objetivo es, mediante procesos democráticos, volver a colocar la dinámica del capitalismo globalizado en un marco político centrado en las personas y sus preocupaciones, en el que sea posible articular eficientemente los intereses de los ciudadanos. En la actualidad, el Estado nacional democrático, producto de la historia, parece seguir siendo el único marco imaginable en el que tal proceso puede funcionar eficientemente. Una izquierda «cosmopolita» que no entienda esto perecerá por su incapacidad para lograr cambios positivos en el marco de los procesos transnacionales (o europeos) de la política. Las dramáticas derrotas que han sufrido en los últimos meses y años los partidos de centroizquierda en Europa se explican en gran medida porque no han sido capaces de ofrecer respuestas convincentes a los desafíos del presente ni un proyecto emancipador positivo para el futuro. Su postura en referencia a la ampliación de los márgenes democráticos para los ciudadanos está marcada por un escepticismo creciente, fruto de sus frecuentes derrotas electorales y plebiscitarias. Así, no ofrecen algo muy distinto de lo que ofrecen las elites de la economía y del poder del capitalismo globalizado, salvo por el complemento de un Estado social fuerte de cuyo financiamiento, sin embargo, participan cada vez menos los ganadores de la globalización. Para muchos de los que se sienten más víctimas que ganadores de los cambios producidos en las últimas décadas, esto es demasiado poco. Y para aquellos, más jóvenes, que esperan de la vida algo más que solo trabajo (por ejemplo, autodeterminación y autorrealización), también. En estas circunstancias, el futuro de los partidos europeos de centroizquierda aparece altamente precario.

  1. D. Goodhart: The Road to Somewhere: The Populist Revolt and the Future of Politics, Hurst, Londres, 2017.
  2. M. Zürn: «Jenseits der Klassenfrage. Neue Konfliktlinien zeigen sich in Europa, der Türkei und Amerika» en wzb-Mitteilungen Nº 154, 2017.
  3. D. Goodhart: «‘Postliberalismus‘ oder ein Plädoyer für einen populären Liberalismus», fes, Berlín, 2/2015, disponible en http://library.fes.de/pdf-files/id/ipa/12384.pdf.

 

*Traducción del alemán de Carlos Díaz Rocca. Este artículo es copia fiel del publicado en la revista Nueva Sociedad 271, Septiembre – Octubre 2017, ISSN: 0251-3552

Nueva Sociedad

Cómo crear la estrategia de una nueva organización política

Nueva Politica

>Por Daniel Eskibel

89 % de las campañas presidenciales en América Latina son derrotadas.
Ochenta y nueve por ciento.

El dato surge de un estudio realizado por Diego Luján acerca de las 70 elecciones presidenciales realizadas en 18 países latinoamericanos entre 1993 y 2010.

Ese 89 % de derrotados incluye tanto nuevas formaciones políticas como también partidos históricos ya establecidos. Pero es una cifra que te ayuda a pensar en la enorme tarea que significa crear un nuevo grupo político y fortalecerlo de tal modo que pueda lograr sus objetivos.

Por qué nunca deberías improvisar cuando estás creando un nuevo grupo político

Hay quienes dicen que en realidad los seres humanos morimos dos veces: la primera vez es cuando te mueres, claro está. Y la segunda vez es cuando todos te olvidan y ya no queda ni siquiera tu rastro sobre el planeta.

Pero sea como sea lo único claro es que nacemos una vez.
Esa vez es la oportunidad de vivir.
La única oportunidad.

Lo mismo ocurre cuando vas a crear una nueva formación política: solo nace una vez.
Y ese nacimiento es su gran oportunidad.

El nuevo grupo no va a renacer. Aunque lo hiciera, para el ciudadano habrás nacido solo una vez. Y esa única vez que naciste como sector político es tu única oportunidad de hacer escuchar bien claramente tu voz y de hacer conocer tu personalidad y tus ideas. Es ahora, mismo al nacer, que se abre una ventana de oportunidad para mostrarte como diferente.
Único.

Por eso nunca es una buena idea un parto improvisado.

La guía definitiva para un buen nacimiento político

Crear un nuevo grupo político es relativamente fácil. Lo más difícil es convertirlo en una alternativa real de poder. Y eso es lo que comienza a construirse desde antes del nacimiento.

Algunos crean el nuevo sector de la nada. Unos conflictos, unos enfrentamientos, el agua que llega al río y de pronto…¡zas!…de pronto unos pocos o unos muchos abandonan el viejo partido y se presentan ante el público como algo nuevo.

¿Qué están haciendo?
Un parto apresurado, claro.
Un parto sin embarazo.
Lo cual políticamente es de mal pronóstico.

¿Cómo hacer un buen embarazo político? ¿Cómo preparar las cosas para un gran nacimiento que sea la piedra fundamental de una alternativa real de poder?
Pues pensando y planificando.

Para que tu nueva formación política nazca en las mejores condiciones tienes que seguir una serie de pautas claras. Tienes que considerar y resolver la siguiente checklist:

  • Estudiar la opinión pública de manera objetiva y profesional para encontrar claramente cual será el nicho de mercado del nuevo grupo o partido.
  • Elegir los tres problemas principales que viven las personas dentro de ese nicho de mercado, tres problemas reales que ningún otro grupo político esté resolviendo bien.
  • Escribir las nuevas soluciones que el nuevo sector aportará para resolver esos mismos tres problemas.
  • Escribir de modo preciso y sintético las cuatro historias fundamentales que serán su columna vertebral: la historia de la sociedad en la que viven, la del partido que hasta ahora integraban, la del gobierno en ejercicio y la propia del nuevo grupo que está naciendo.
  • Decidir cómo se van a tomar las decisiones en el grupo y estructurar una forma de organización alineada con ese estilo de toma de decisiones.
  • Resolver un programa de capacitación ágil y práctico para toda la nueva estructura política.
  • Presupuestar toda la operativa política de futuro y definir claramente de dónde y cómo vendrán los recursos económicos necesarios.
  • Planificar la comunicación de tal manera que el nuevo grupo se convierta en un centro productor y distribuidor de contenidos políticos en diversos formatos.
  • Elegir el nombre de la nueva formación política.
  • Diseñar la imagen corporativa, la nueva estética institucional.

Todo lo anterior es apenas el comienzo de un largo camino que habrá que recorrer.

El largo camino del poder político

Si vas a construir un nuevo espacio político seguramente no será para expresar tu personalidad ni para satisfacer un capricho ni por vanidad personal ni por razones similarmente frágiles.

Será para emprender el camino de la lucha por el poder político.
Porque de eso se trata la política: poder.

Sería una falsa oposición decir que no es por el poder sino por las ideas o por el bien de todos.
Las ideas políticas son acerca del poder. Acerca de cómo organizar y ejercer ese poder. Acerca de cómo lograr ese bien de todos.

Por eso si creas una nueva formación política tienes que pensar en un gran nacimiento, claro está, pero además en que esa fuerza luego camine con firmeza en el escenario político. Hasta convertirse en una alternativa real de poder.

No un testigo ni un actor marginal, sino una alternativa real.

El nacimiento de tu nuevo grupo político es una gran oportunidad de comenzar bien. Repasa la checklist anterior y llévala a la práctica.
Así estarás en el camino, en el largo camino del poder.

 

Maquiavelo & Freud

Otro triunfo del terrorismo

Terrorismo en España

Un policía de guardia afuera del Camp Nou antes del partido entre el Barcelona y el Betis, el 20 de agosto. (Santi Palacios/Associated Press)

>Por Martín Caparrós

El video es, por lo menos, inquietante. En la grabación de un móvil azaroso se ve a un hombre que va y viene confundido, levantando una mano como quien pide que no le hagan nada. Camina por una acera vallada y se diría que no sabe qué hacer; desde la calle, de este lado de la valla, alrededor de un coche blanco con un farol azul que echa destellos, presuntos policías, vestidos de pantalones cortos y chancletas, le gritan, le disparan. El hombre cae, parece herido, pero se levanta y vuelve a caminar. No se le ven gestos de amenaza. Cuando trata de cruzar la calle, más vacilante aún, a punto de caerse, por un paso peatonal unos metros más allá del auto blanco, uno de los hombres de pantalones cortos le vuelve a disparar dos o tres veces y el hombre cae: parece que está muerto.

El video apareció en las redes sociales el 18 de agosto, al día siguiente del atentado de las Ramblas de Barcelona: ya fue visto millones de veces. Se presenta como “Tiroteo y muerte del quinto terrorista en Cambrils” —o alguna variante aproximada— y todos los grandes medios españoles lo han reproducido. Y ninguno, que yo sepa, se ha preguntado nada. La policía catalana —ahora llamada “Mossos de Esquadra”— informó que el muerto era el quinto de los terroristas islámicos que sus efectivos interceptaron en Cambrils, un pueblo de la costa, en la noche del 17 de agosto. Ya habían matado a los cuatro anteriores y, sin contar mucho cómo, dijeron que ese quinto se les había escapado y lo encontraron y lo “abatieron” (la policía no mata, abate). Después dirían que todos tenían “cinturones explosivos simulados”. O sea: que, en rigor, estaban desarmados.

Alguien dijo alguna vez que la primera víctima de toda guerra es la verdad. Alguien dirá, alguna vez, que la primera víctima del terrorismo es la duda, el espíritu crítico. No muchos, que yo sepa, se han preguntado si era necesario matar a ese hombre. Si realmente ese hombre, en ese momento, representaba un peligro extremo, si no había formas de reducirlo sin matarlo.

Al contrario, los medios retomaron con júbilo la idea de que matarlo fue un éxito policial, un triunfo de las fuerzas del bien, y que ahora sí estamos más tranquilos: más seguros. Y ninguno parece considerar esa vieja regla del periodismo que dice que hay que buscar más de una fuente: como si en estos casos quedara suspendida. O a aquella, más vieja todavía, que dice que la tarea del periodista es tratar de contar la verdad.

Como si, en ciertas circunstancias —en medio del duelo, de la consternación por los asesinatos terroristas—, no valiera la pena o no fuera prudente cuestionar la versión oficial, averiguar qué pasó más allá de lo que te cuentan que pasó. (En España hay un ejemplo reputado: el 11 de marzo de 2004, cuando el atentado islamista más terrible de su historia mató a 192 personas en varios trenes suburbanos de Madrid, los diarios aseguraron que había sido la ETA porque el presidente de gobierno, José María Aznar, los había llamado para decirles eso; y al otro día tuvieron que desmentirlo y disculparse).

Pero el asunto es más amplio: la población en general hace lo mismo. No queremos saber. No hacemos preguntas, no nos hacemos preguntas: como si la violencia sin límites de los terroristas justificara que se ejerza contra ellos una violencia semejante. O, por lo menos, mucho mayor que la que estamos acostumbrados a tolerar, a justificar.

En general: hemos asumido que los terroristas se merecen la muerte porque buscan la muerte. Y que sólo su muerte nos salva: la lógica de ellos o nosotros, de que para ganarles todo vale. El mayor triunfo de los terroristas es imponer esa lógica que debilita la sociedad que atacan. Que debilita esa tolerancia y esas libertades que tanto declamamos, que nos legitiman, que nos ofrecen el pedestal moral que ahora usamos para matarlos. Y destruir ese pedestal.

Es casi lógico que unos desgraciados decididos a morir por una religión quieran conseguir ese efecto: es su única forma de influir en una sociedad de millones que no quieren nada de eso. Lo que no parece tan claro es por qué el Estado y ciertos medios magnifican este tipo de incidentes, los convierten en algo mucho mayor que lo que podrían ser. Es terrible que 13 personas sean asesinadas en una calle de Barcelona; pasan muchas otras cosas por lo menos igualmente terribles y no reciben una centésima parte de la atención que ésta recibe.

Y que crea un estado de cosas. Trece asesinados es intolerable —un asesinado es intolerable— pero la amenaza general es pequeña. En los últimos tres años hubo en toda Europa 360 muertos por ataques terroristas. Sobre 600 millones, cada año murieron por esa causa 120 personas: una cada cinco millones. Es relativamente más fácil —con perdón— ganarse la lotería que ser víctima de un ataque terrorista. Pero la atención hiperbólica del Estado y ciertos medios instala un miedo general que va tanto más allá de la amenaza real, que la agiganta: la convierte en un fantasma que pesa sobre nuestras cabezas, nos aterra.

Es difícil encontrar el justo punto de la reacción: cómo informar sobre estos actos, cómo procesarlos. Pero está claro que, si lo encontráramos, los actos terroristas producirían menos efectos, tanto menos terror; serían lo que son, gestos desesperados, patéticos, aislados.

Quizá la magnitud de esa construcción sea sólo un error de esas instituciones; quizás algunas crean que les sirve para algo. Cuando un hecho permite que los policías se conviertan en héroes, que puedan matar sin que les pidan cuentas, que se toleren cosas que normalmente no se tolerarían, el efecto puede ser buscado o no, pero sucede.

El peso que toma un atentado como éste termina, entre otras cosas, por legitimar el control social, la represión, la violencia del Estado. Costó muchos años y muchas muertes imponer ciertos valores y, gracias a la amenaza terrorista, ahora están en cuestión. Son esos valores que, si se vuelven relativos, dejan de existir. Si se acepta que a veces la policía puede matar impunemente, entonces la discusión sólo consiste en definir cuándo puede. Cuando alguien comete un acto de terrorismo, claro, o cuando alguien roba y corre, por ejemplo, o cuando trata de entrar a un lugar o a un país donde no lo quieren, o cuando su aspecto parece sospechoso por distinto, o cuando…

NYT

Psicología del terrorista suicida

Terrorismo

> Por Daniel Eskibel

Era la mañana del 11 de septiembre de 2001 y encendí el televisor mientras me vestía para ir a trabajar. La CNN transmitía su programación habitual y yo apenas le prestaba una atención periférica.

De pronto algo despertó mi curiosidad. Algo raro ocurría. El presentador de CNN informaba con cierta extrañeza sobre un accidente en las Torres Gemelas de Nueva York. Aparentemente una avioneta habría chocado contra una de las torres.

Me senté en la cama, todavía sin pantalones, y presté atención. Minutos después las cámaras de televisión mostraban en directo un segundo avión chocando contra las torres. Con la consciencia y el espanto de que algo terrible estaba ocurriendo, me quedé allí, a medio vestir, hipnotizado frente a la pantalla del televisor. Ese día no fui a trabajar.

Desde aquella mañana terrible el tema del terrorismo suicida quedó instalado en la agenda de la psicología política.

Cuando la política y la psicología se cruzan

Abundan los análisis del terrorismo suicida desde las explicaciones políticas, religiosas, económicas, históricas, sociales y culturales. Y son análisis extremadamente valiosos. Y explican buena parte del fenómeno, por cierto.

Pero son análisis que se detienen en un punto. Porque brindan explicaciones sobre el surgimiento y las características de determinados grupos que buscan impulsar violentamente su agenda política. Y esas explicaciones permiten entender el entorno del terrorismo suicida, el contexto del que se nutre.

Pero esas explicaciones no logran desentrañar qué procesos internos conducen a algunas de las personas de ese entorno a convertirse en terroristas suicidas, mientras otras personas de su mismo entorno no lo hacen.
¿Qué hay de específico en el terrorista suicida?
Para resolver esa interrogante es que la psicología se transforma en una herramienta imprescindible.

Ya sobre el final de aquel lejano año 2001 escribí un trabajo sobre la psicología del terrorista suicida. Fue lo mejor que pude avanzar entonces sobre el tema. Ahora retomo aquel trabajo, descarto algunas hipótesis, reformulo otras, desarrollo algunos aspectos y mantengo la mayoría de los conceptos.

El resultado final lo verás en 3 artículos:

  • Psicología del terrorista suicida
  • Psicoanálisis del terrorista suicida
  • Psicología social del terrorista suicida

Comencemos por definir claramente el objeto de estudio.

La esencia del terrorismo suicida

La psicología del terrorista suicida es aún una zona oscura de las ciencias humanas y sociales.
Este estudio pretende incursionar en dicha zona y generar hipótesis de trabajo que ayuden a comprender con mayor profundidad un fenómeno que conmociona al mundo.

El punto de partida consiste en identificar las notas esenciales que caracterizan al terrorismo suicida. Si dejamos entre paréntesis todo lo accesorio nos encontramos con unos pocos elementos que forman parte estructural de estos eventos.

Lo accesorio para una interpretación científica de estos casos está dado por todo aquello que diferencia unos episodios de otros: lo accidental, las coordenadas espacio-temporales, los detalles anecdóticos, la precisión del acto terrorista, las consecuencias del mismo, los blancos elegidos, la nacionalidad y la cultura de quienes cometen los atentados, la organización a la que pertenecen y los objetivos que declaran perseguir.

Más allá de esa superficie surgen regularidades, aspectos sin cuya presencia el terrorismo suicida no sería lo que es.
Las notas esenciales son las siguientes:

  1. Homicidio de una o más de una persona.
  2. Suicidio de los atacantes.
  3. Destrucción de bienes materiales.
  4. Fundamentación supraindividual del acto a través de explicaciones políticas, ideológicas, religiosas, históricas o sociales.
  5. Sentimiento de pertenencia a una organización militarizada rígidamente estructurada.
  6. Planificación minuciosa de los atentados.
  7. Búsqueda de la espectacularidad del evento.
  8. Explotación del factor sorpresa.
  9. Primacía absoluta de la acción sobre los otros lenguajes humanos.

Dejamos de lado, a los efectos de esta definición operacional de terrorismo suicida, otros fenómenos fronterizos con el mismo: el terrorismo sin suicidio ni directo ni indirecto del atacante, la acción violenta individual y la violencia espontánea ya sea individual o colectiva.

Metodología de análisis

El objetivo de este trabajo es profundizar en la psicología del terrorista suicida, apuntando hacia la construcción tanto de un perfil psicológico de quienes protagonizan estos actos como de un modelo explicativo de su conducta.

Se trata de un estudio exploratorio donde convergen diversas disciplinas: los estudios de laboratorio sobre el cerebro y la conducta, las ciencias del comportamiento, el psicoanálisis y la psicología social. Con esta caja de herramientas teórico-técnicas y con una concepción epistemológica basada en la conjunción y la integración de la diversidad, podemos abordar el fenómeno que nos ocupa.

Contamos con una dificultad metodológica por demás obvia: no podemos, por definición, realizar entrevistas ni análisis directos de ninguna clase al terrorista suicida. Simplemente porque muere al consumar su acto. Pero sí podemos aplicar el instrumental teórico-técnico sobre los datos disponibles respecto a su vida y al acto terrorista en sí.

El cerebro y la conducta del terrorista suicida

Hace varias décadas que Paul MacLean dio a conocer las conclusiones básicas de su estudio de laboratorio sobre la evolución cerebral y la conducta animal y humana (“A triune concept of the Brain and Behaviour”, University of Toronto Press, Toronto, Canadá,1973). Sus conceptos son un aporte inestimable a la hora de interpretar muchas conductas difíciles de entender.

MacLean elabora un modelo acerca de la estructura y el funcionamiento del cerebro humano. Lo concibe como si fueran tres ordenadores biológicos interconectados, cada uno de los cuales posee su propio sistema operativo diferente al de los otros dos. Cada uno de los tres “cerebros” que todos llevamos tiene singulares correspondencias con una etapa trascendente de la evolución de las especies:

  1. El ordenador más primitivo es el Complejo R, compartido en rasgos generales con reptiles y mamíferos y constituído por la médula, el cerebro posterior y zonas del cerebro medio.
  2. Rodeando al Complejo R se encuentra el Sistema Límbico, que en sus aspectos más desarrollados es característico de los mamíferos.
  3. Y el tercer ordenador, el más típicamente humano y el de más moderna evolución, es el Neocórtex.

En suma, y sobresimplificando: la conducta del ser humano es programada desde tres computadoras biológicas con sistemas operativos altamente diferenciados. Una de ellas opera con bases racionales y capacidad de abstracción, otra lo hace con las intensas emociones de los mamíferos y la otra con el comportamiento ritual de los reptiles. Es el modelo del Cerebro Trino, según MacLean.

Mi hipótesis en este aspecto es que en el terrorista suicida se registra un predominio funcional del Complejo R.

Para MacLean el Complejo R es vital en la determinación de la conducta agresiva, la territorialidad, los actos rituales y las jerarquías sociales. Si analizamos estas cuatro zonas de la conducta del terrorista suicida las encontramos altamente reforzadas y exacerbadas:

  • La agresividad no es adecuadamente contenida y canalizada, sino que se desborda y estalla en violencia contra otras personas, contra objetos materiales y contra sí mismo.
  • La territorialidad adquiere un peso enorme: trazar fronteras infranqueables entre los territorios reales y virtuales de “ellos” y “nosotros”, defender su propio territorio, atacar el de los otros, explorar la zona del ataque y planificar las acciones desde zonas protegidas o clandestinas que les brinden seguridad.
  • La vida cotidiana del terrorista suicida es plena de rituales: pensamiento ritualizado por factores políticos o religiosos que imponen fórmulas repetitivas y rígidas, ritos impuestos por el entrenamiento terrorista y por las peculiaridades de una vida clandestina, ceremoniales burocráticos de la organización que integra, y hasta el atentado como el último ritual que lo “purifica” y lo “salva” desde la primitiva ceremonia del sacrificio humano.
  • El establecimiento de jerarquías estrictas es otro de los nudos de su personalidad en la medida que la disciplina, la verticalidad del mando, el cumplimiento de las órdenes y el respeto a la autoridad de los jefes del grupo son factores siempre presentes en estas situaciones. El orden y la simplicidad del mando exigen ausencia de dudas y de críticas.

Este predominio funcional del Complejo R tiene dos caras complementarias. Por un lado la fuerza de los componentes reptílicos ya mencionados. Y por otro lado la debilidad de factores del Sistema Límbico y del Neocórtex que en condiciones normales podrían operar como controles o mecanismos de equilibrio y compensación.

Podríamos afirmar que hay elementos límbicos y corticales claramente bloqueados en estas personas: la empatía emocional con las personas que van a morir en el atentado,
el temor a la propia muerte, la compasión por las víctimas, la creatividad para escapar de los rígidos determinismos intelectuales y culturales, la libertad para pensar con cabeza propia y el amor por los seres queridos con el consiguiente deseo de compartir su vida con ellos.

¿Todo esto significa que el cerebro del terrorista suicida es diferente al de los demás seres humanos?
No. Su cerebro es igual al tuyo y al mío.
Nadie nace equipado mental y emocionalmente para convertirse en terrorista suicida.
Pero lo más perturbador es que todos tenemos la potencialidad para hacerlo. Nuestro cerebro tiene esa potencialidad.

Porque como explican los trabajos de MacLean, nuestro cerebro es al mismo tiempo humano, mamífero y reptiliano. Y nuestro cerebro es capaz de motivarnos para las conductas más maravillosas, pacíficas, solidarias y creativas. Pero ese mismo cerebro es capaz de empujarnos hacia las conductas más terribles.

En algunas personas (y no solo terroristas suicidas) se produce este predominio funcional del Complejo R. ¿Por qué ocurre en algunos y no en todos? ¿Qué es lo que provoca o desencadena ese predominio? ¿Qué es lo que bloquea el contrapeso de otras zonas del cerebro?

Son preguntas de alto valor académico y práctico, especialmente práctico. Porque como sabes, aquella fatídica mañana del 11 de septiembre de 2001 no fue un hecho aislado.
Pero para buscar más respuestas tendremos que pedirle auxilio al psicoanálisis, lo cual será motivo de un segundo artículo.

 

Maquiavelo & Freud

“Cambiemos apela al voto ideológico y el kirchnerismo al económico”

Riorda

>Por Claudio Mardones

El consultor anticipa un escenario reñido para Cambiemos en las próximas elecciones. Los errores de Randazzo y Massa y las debilidades de Macri y Cristina: “Fue un acierto que vaya fuera del PJ”.

Para el politólogo cordobés Mario Riorda los aeropuertos son un ambiente cada vez más conocido. Pasa buena parte del año en vuelo, entre llegadas y partidas por distintos países de América Latina para asesorar a funcionarios y candidatos de todos los pelajes políticos. A sus 45 años es uno de los especialistas en comunicación política más reconocidos del país y del continente. En su historial aparecen clientes como los ministerios del Interior y de Educación de la Nación, o los gobiernos provinciales de Buenos Aires, Santa Fe, Córdoba y Mendoza. También fuerzas políticas como el Frente Renovador, el Frente para la Victoria, el Frente Cívico y Social, el Frepaso, el partido Acción por la República que encabezó Domingo Cavallo y el Movimiento Popular Fueguino. Ya intervino en un centenar de campañas electorales realizadas en distintos puntos de la región y admite que las primarias de agosto y las legislativas de octubre encierran una serie de interrogantes para el futuro del presidente Mauricio Macri y de la gobernadora bonaerense María Eugenia Vidal, cuya imagen ha sufrido caídas significativas luego del conflicto salarial con los gremios docentes. Los desafíos también corren para “los peronismos” que buscarán revalidar su presencia territorial en 24 provincias.

Para este experto en marketing político, el líder del Frente Renovador, Sergio Massa, repite los mismos errores de campaña que cometió en los comicios de 2015 y es totalmente funcional a la polarización que lo perjudica. A diferencia de otros analistas, sobre Cristina Fernández de Kirchner sostiene que gane o pierda, es “muy apresurado” decretar su “muerte política”, mientras asegura que fue “un acierto inteligente” disputar internas por fuera del Partido Justicialista, con la creación del frente Unidad Ciudadana (UC). Poco después de ofrecer su clase inaugural de una maestría de la Universidad Austral, Riorda analizó el escenario electoral argentino en diálogo con Letra P, poco antes de subirse a otro vuelo, esta vez desde el aeropuerto de Ezeiza, cuando falta menos de una semana para el inicio de la campaña electoral para las PASO de agosto.

– Hace un año, Usted dijo que hablar de “comunicar bien” es un error, porque un error de comunicación es un error político. Lo dijo para hacer un balance de los primeros seis meses de gestión de Macri. Han pasado 17 meses. ¿Cuáles han sido los mayores errores políticos en materia de comunicación de este gobierno? 

– No se si técnicamente se pueden llamar errores a decisiones políticas. En todo caso, algunas decisiones carentes de consenso llevan aparejada la necesidad de una marcha atrás. Eso técnicamente no es un error, mas allá de que podría pensarse como una salida elegante de una decisión política que no tiene acuerdo social. Más allá de estos hechos puntuales, diría que lo que nunca habría que criticarle al gobierno es la comunicación, sino básicamente la gestión en general. El modo en que se hace pública la gestión define el estilo comunicacional. Pero desde mi punto de vista me parece que el Gobierno ante la ausencia de un presente fértil, con generación de consenso, ha tenido un acierto desde su pragmatismo, porque actúa sobre la línea argumental de un presente, carente de futuro, sustentado en el pasado. Ese pasado es la diferenciación concreta con el gobierno anterior. La pregunta de estas elecciones, es que el Gobierno busca diferenciarse fuertemente de un pasado que ahora tiene chances de ganarle en esta elección en la provincia de Buenos Aires. Si eso se da, podría hablarse de un error político, pero hasta tanto eso no suceda es un signo de interrogación.

– ¿Ha sido eficaz dar marcha atrás en determinadas decisiones políticas ante el rechazo social? ¿Es útil para la campaña de Cambiemos que el Gobierno reconozca sus errores? 

– Lo es, siempre y cuando no sea recurrente. Porque reconocer un yerro o dos yerros, son un gesto de humildad y de humanidad. Diez yerros, o veinte, es otro tipo de problema, pero no creo que esas marchas atrás hayan sido errores y menos errores comunicacionales. Han sido decisiones preconcebidas con un impacto negativo mayor que el calculado.

– La oposición al macrismo dice que Cambiemos buscará evitar hablar de economía porque no tiene resultados para mostrar y que en su lugar pondrá en juego una campaña de expectativas sobre el futuro para no hablar del presente. ¿Lo ve así?

– Yo creo que independientemente de una posición políticamente correcta y hasta, por qué no, voluntariosa para hablar del futuro, la línea argumental de Cambiemos está basada en el pasado. Porque toda la campaña básicamente plantea un futuro en función de que no vuelva el pasado. Por lo tanto el futuro es la excusa, pero el argumento central es el pasado. Y además, lo interesante, es que es un pasado ideológico. Cuando Cambiemos plantea trascender o superar la etapa de la ideología, con su planteo anclado en el pasado, literalmente lo que está produciendo es una diferenciación ideológica. Y esto es curioso, porque Cambiemos negando la ideología esta produciendo una diferenciación ideológica; y Unidad Ciudadana, desde un planteo sumamente ideológico, está generando un voto económico. Es una paradoja, porque el fuerte de Cambiemos, que es lo económico, es lo negado; mientras que el fuerte de UC que es ideología, es lo no asumido. Cambiemos apela al voto ideológico y la UC al económico, siempre en provincia de Buenos Aires.

– ¿En esa tensión entre futuro y pasado, qué papel tendrá el presente en esta campaña?

– Unidad Ciudadana plantea lo presente, porque el voto económico siempre es un voto presente. Es el voto a tiempo real. Es la economía que se vive, que se siente. Es lo bien o mal que te va hoy.

– ¿Se puede sortear el impacto negativo que genera el empeoramiento de las condiciones de vida del electorado con una estrategia de campaña eficaz?

– Si. Se puede lograr planteando la división de la oposición, que es una estrategia casi siempre efectiva. Hoy Cambiemos es la primera minoría, no es la primera mayoría. Pero si las otras minorías no se constituyen como adversario a nivel nacional, Cambiemos sí puede articular una victoria discreta. Habrá que ver si se da, pero sería una victoria al fin, en la escena nacional. No es muy distinto el argumento que plantea Cambiemos a escala nacional, que el que planteó el kirchnerismo en 2013 habiendo perdido la provincia frente a Massa.

– Uno de los escenarios que más preocupa al Frente Renovador es que el caudal de votos de Sergio Massa y Margarita Stolbizer se diluya en la polarización entre macrismo y kirchnerismo. ¿Cree que habrá una polarización tan marcada o que antes de octubre habrá un escenario de tres tercios?

– Independiente de lo bien o mal que le vaya a Massa, la teoría electoral suele recomendar que un tercer candidato nunca puede diferenciarse por igual del primero y del segundo. Sino que generalmente tiene que convertirse en candidato “spoiler”, como se lo llama en la ciencia política. Es aquél que le resta potencialmente más votos a uno que al otro. El problema de la estrategia de Massa, que ya lo padeció en las elecciones anteriores, es que no se ubica como spoiler, ni del dos, ni del uno, sea CFK o Esteban Bullrich.

– ¿Quiere decir que es totalmente funcional a esa polarización que lo perjudica?

– Me parece que mientras trate de diferenciarse de los dos, él mismo alimenta esa polarización. Ya fue funcional a esa polarización en el 2015, y hoy no veo mucha diferencia, sin perjuicio de que los escenarios y las personas son distintas. Hoy pareciera ser que la estrategia no es más efectiva que lo que fue en 2015, sino al contrario.

– En estos 17 meses, Cambiemos concentró su esfuerzo en la estrategia que usted considera eficiente: buscó mantener dividido al peronismo en el Senado, a través de la relación con los gobernadores, en Diputados con las fuerzas políticas y también en el sindicalismo, especialmente en la CGT. ¿Cree que esa inversión en la balcanización del peronismo le garantiza a Macri su continuidad luego de las elecciones de octubre?

– Si y no. Depende del resultado en estas elecciones. Si Cambiemos pierde más de lo que gana, evidentemente las chances de que el peronismo encuentre un líder potencialmente implicaría que esas divisiones empiecen a mermar.

– Pero si Cambiemos pierde, ¿el peronismo volvería a tener el peso que tuvo ante gobiernos radicales débiles como el de Fernando De la Rúa?

– No se si tanto. Lo que si le pasaría al peronismo es que empezaría a encolumnarse detrás de uno o dos liderazgos que ahora están dispersos. Pero creo que lo interesante de esta elección, mas allá de que el peronismo se mida ante Cambiemos, es que los peronistas se están midiendo entre si para especular de cara al 2019, y empezar a tantear liderazgos eventuales. En el proceso internacional, esos liderazgos eventuales son una de las características centrales que nuclean a las fuerzas políticas. Pero mas allá de lo real, siempre ha sido así en el marco del peronismo.

– ¿Cuáles son los peronismos que identifica en esta coyuntura?

 – En Buenos Aires, están el peronismo kirchnerista, el peronismo de Randazzo, el del Frente Renovador de Massa, y  debo decir que también hay un error analítico importante, enorme y brutal, que es analizar la elección nacional solamente en función de la provincia de Buenos Aires. Sin embargo, en esta elección son 24 elecciones distintas, donde las provincias mayormente están gobernadas por el peronismo y cada uno de esos peronismos va a revalidar su propio territorio en estas elecciones. Eso va a decir mucho de la consolidación o no del peronismo.

– ¿Fue un error o un acierto que CFK dispute internas por afuera del Partido Justicialista?

– Independientemente del juicio que yo pueda tener sobre ella, y del que tengan sus competidores, pensando en ella y para ella, me parece que fue una decisión sumamente inteligente, porque es acorde a una tendencia internacional sustentada en dos ejes: un proceso de hiperpersonalización, dominada por liderazgos que atraen literalmente a distintos sectores. Por otro lado los procesos movimientistas superan las barreras formales de los partidos políticos, que son lábiles, que son maleables elección a elección, pero que permiten la ampliación de apoyos por fuera de las estructuras partidarias. La creación de Unidad Ciudadana, representa eso, una tendencia internacional que se consolida en el marco de su estrategia. Por eso, pensando en ella y para ella, me parece que ha sido un acierto pragmático, aún perdiendo, porque difícilmente hoy, salvo que pasen cosas muy raras, uno podría imaginar que no pierda por poco, o que quede en un lugar distinto al segundo lugar, suponiendo que pierda, aunque arranca ganando y no perdiendo.

– Sin embargo, hay quienes aseguran que, independientemente del resultado, es el final de CFK. ¿Es una expresión de deseos o es una lectura acertada?

– En sistemas multipartidistas literalmente no hay muertes políticas definitivas. Me parece que no solo es una lectura apresurada, sino que básicamente obedece a un momento que tiene en cuenta la polaridad de un balotaje. Hoy eso no se da. La elección que se avecina no se dirimirá a través del balotaje. En ese contexto, Cristina funciona como la categoría del “perdedor condorcet”, que en ciencia política habla del candidato que en el uno a uno pierde con todos, pero entre muchos gana. Esta elección es entre muchos y por eso arranca ganando, independientemente de que mantenga o no esa posición. Atribuirle a Cristina una muerte política definitiva en un sistema multipardista inestable, como tiene Argentina, me parece que es demasiado apresurado.

– En esa exploración de los peronismos, hubo un cuarto candidato, Florencio Randazzo. El Gobierno reduce su presencia a un pelotón de candidatos peronistas cuyos electores terminarán en manos de CFK. ¿Como evalúa su perfil en las primarias y en las legislativas? ¿Cree que ese electorado de Randazzo puede quedar diluido en manos de CFK?

– La pregunta es si un votante kirchnerista, habiendo una líder kirchnerista, va a elegir una persona que no tenga el apellido Kirchner, estando ella jugando. Es difícil imaginar eso. Por lo tanto la virtud de Randazzo es la versión moderada, pero para eso también está Massa. Le es difícil, porque desde un costado mas radicalizado está el kirchnerismo, y alguien que tiene el apellido Kirchner; y del otro lado está Massa. Es evidente que Randazzo ha tenido, tiene y puede que tenga una potencialidad interesante, pero su arranque tardío ocurrió sin una plataforma que indique desde donde habla. Es interesante porque ese arranque tardío, en su silencio prolongado, plantea básicamente el llamado a la acción. Un “vengan y apóyenme para las PASO”, para que quede claro para el votante qué significa su aparición, pero es una aparición carente de una plataforma simbólica para que la gente pueda bancar por qué Florencio y no Cristina, o por qué Florencio y no Massa. Evidentemente falta potencialidad, pero sus pasos, estratégicos o fácticos, me parece que no fueron del todo correctos, aunque sus chances siguen siendo sumamente importantes. Porque su imagen es, quizás, de las mejores y mas aceptables de la perspectiva comparada en todo Buenos Aires.

– En la provincia la gran electora será la gobernadora bonaerense María Eugenia Vidal, que no será candidata, pero estará al frente de la campaña, ante la falta de conocimiento de sus candidatos. ¿Será una contienda directa con CFK?

– Habría que ver. Evidentemente el oficialismo hará mucho para no perder la provincia. Si esa hipótesis no se da, y eventualmente implicase la victoria de Cristina, Vidal no estaría en una posición cómoda. Es un interrogante que se plantea hacia adelante. Hay que tener presente que Vidal es quizás la mujer más conocida y con más imagen a nivel nacional, pero comparada dentro de su provincia, su imagen de aceptación está a la baja y no en alza. Aún teniendo buena imagen, con diferencial positivo, sigue siendo baja. De los 24 gobernadores yo diría que Vidal esta en el último cuarto, en el lote de los que tienen el menor diferencial positivo de todo el país. Tampoco es que le sobra con su imagen, ni que se produce una traslación enorme de votos porque su imagen, aún siendo interesante, está lejos de ser descollante, como cuando arrancó. Eso se debe a la merma de su imagen a lo largo del tiempo, pero especialmente desde el inicio del conflicto docente.

– Hay un sector del oficialismo que reivindica como un acierto ser poco flexible en la pelea con los docentes para profundizar la polarización con el kirchnerismo. ¿Coincide?

– La primera lectura es que fue ganancioso para desactivar y soportar el conflicto, pero no fue gratis. Una cosa es su postura para darle características de normalidad a una provincia que no pudo cerrar el conflicto. Y otra cosa es que esta postura le de cierta normalidad a la gestión, pero tuvo costos para Vidal en el aumento de su negatividad y en un descenso de su positividad. Lo que probablemente haya producido es un aumento de positividad de quienes la apoyan, y una merma de cierto voto intermedio que potencialmente hubiese querido un arreglo a favor de los docentes, porque los docentes son un sector que no está ubicado ni tipificado como irracional. El docente puede ser criticado por una medida de fuerza, pero es una profesión social sumamente valorada.

¿Por eso ahora el Gobierno profundiza su pelea con el sindicalismo? ¿Para consolidar el voto más duro y profundizar la polarización?

– Es un elemento que influye mucho. Respecto al sindicalismo sí, pero fundacionalmente Macri empezó con eso en su primer discurso de apertura del Congreso en 2016. Luego se profundizó en los informes que difundió la Jefafura de Gabinete, llamados “El estado del Estado” y en esta apertura de sesiones que pasó profundizó mucho mas.

– Varios de los principales candidatos de esta elección protagonizaron las ejecutivas de 2015. ¿Cree que la polarización deja espacio para la emergencia de nuevos candidatos?

– Esta elección habría que dividirla en 24. Si miramos en provincia aparentemente no, pero habría que analizarlo en otros territorios.

– Con estos desafíos por delante, ¿cuánto tiempo el Gobierno podría sostener esta estrategia si los principales medios le quitan su apoyo?

– La imagen de apoyo no es exclusivamente con medios o sin medios. Eso va a estar muy atado al resultado de las elecciones. Si el Gobierno gana, o gana por margen discreto, y la economía mejora levemente, el apoyo va a existir. No imagino a muchos actores, y a los medios, moviéndose en bloque hacia otro tipo de apoyo. Porque además si el Gobierno pierde, perderá en manos de un actor al que básicamente gran parte del actual sistema de medios ya lo apoyó. Me refiero al kirchnerismo.

– Por fuera de los medios tradicionales, las redes sociales son una herramienta clave para el oficialismo. Los funcionarios del PRO dicen que ha sido central para superar los métodos del peronismo en la campaña. ¿Usted que opina?

– Yo creo que, quizás, la virtud de Cambiemos fue haber entendido el peso de las redes mucho antes, pero también empezó a entender el peso de otro tipo de actores fuera de las redes. Me parece que esa concepción sigue muy vigente y ahora Cambiemos tiene que entender que otros sectores tardíamente han entendido la importancia de las redes. Ya es difícil imaginar que la acción de redes sea sólo de Cambiemos y que la acción territorial sea solo del peronismo. Me parece que, hacia adelante, hay una comprensión de distintos actores por entender que la convergencia es articular acciones estratégicas en donde los medios convencionales, con los digitales y con la acción territorial, son acciones para ganar sea quien sea el partido, y las tienen que considerar.

– El Gobierno está embarcado en profundizar el discurso de la transparencia. Esta semana que pasó la Casa Rosada anunció la suspensión por un año del permiso que tenía Odebrecht para presentarse a licitaciones públicas nacionales. ¿Cuánto sirve sobre explotar el discurso de la transparencia para no hablar de la situación económica? ¿Cómo evalúa el impacto del Lava Jato en Argentina?

– El impacto de Odebrecht en Argentina es minúsculo, insignificante y tardío, en comparación a lo que ha pasado en otros países de la región, como Perú, México, Colombia y Brasil, que afronta consecuencias enormes. Acá esta recién iniciando. Si el Gobierno profundiza el discurso de la transparencia, ojalá que lo haga, pero por convicción. También entiendo que hay una necesidad. Porque hay valoraciones distintas sobre la transparencia. La actual es muy distinta a la que tenía el kirchnerismo. El kirchnerismo está hoy asociado a un nivel de falta de transparencia quizás cargada de alevosía por algunos hechos, como los bolsos de José López. Sin embargo, la acumulación de hechos vinculados a conflictos de intereses que rodea al Gobierno, ha dañado el perfil de transparencia de Cambiemos. Por eso digo que ojalá haya convicción en profundizar esto, pero también hay mucho de necesidad.

– En sus dos mandatos como jefe de Gobierno porteño Macri fue acusado, incluso por Elisa Carrió, de hacer negocios privados con el Estado de la Ciudad y mantener una interlocución y negociación reservada con los contratistas del Estado para repartir las licitaciones. En esta etapa, ¿la instalación del discurso sobre la transparencia le permitirá a Macri sumergir de nuevo su pasado en el olvido y fortalecer su perfil electoral?

– Creo que es muy incipiente, porque el Presidente no se pudo despegar de una serie de escándalos, vinculados a conflictos de intereses. Por lo tanto, si lo logra de aquí en adelante no lo se, pero hasta ahora no lo ha logrado. Mi respuesta es no.

 

LETRA P

Las elecciones serán multipolares

Multipolares

>Por Juan Courel

Es un error creer que la victoria de Cambiemos en 2015 se haya debido a una alta polarización. Por el contrario, Daniel Scioli y Mauricio Macri sumaron poco más del 70% en la primera vuelta. Casi un tercio de la gente quedó en el medio, despolarizada. Hoy el escenario es similar.

Es otro falso lugar común asumir que las PASO descartan automáticamente a los terceros. Hace dos años, el frente UNA, de Sergio Massa, quedó a 10 puntos de Cambiemos y a 18 del Frente para la Victoria. Lejos de diluirse, en las generales siguió creciendo tanto en votos como en porcentaje.

Por eso en su momento Macri hizo oídos sordos a los que lo conminaban a incorporar a Massa a su frente. Mantenerlo afuera pero sin chances fue indispensable para que el oficialismo no superara el 40% y hubiera segunda vuelta.

La condición multipolar de estas elecciones es lo que las hace competitivas, de final abierto y con más de un favorito.

Por cálculo o fortuna, cuando Cristina Kirchner evita unas internas con Florencio Randazzo alimenta esta multipolaridad. No busca dividir a la oposición al Gobierno, sino a su propia oposición, al antikirchnerismo. Es una apuesta a que Massa y Randazzo le terminen sacando más votos a Esteban Bullrich que a ella. Se basa en dos premisas: que muchos votantes de Cambiemos son más antikirchneristas que oficialistas y que su alto piso electoral (el voto duro de Cristina) está de arranque bastante cerca de su techo.

Nota Multipolares

La Nación

Jugar al piso alto con el techo bajo supone riesgos, como los que padeció el Frente para la Victoria en sus derrotas de 2009 y 2013. Sin embargo, la certeza de Cristina de que lo suyo ya está es lo que le permite desprenderse del sello del PJ y no ir a internas. Algunos ven la sombra de Jaime Durán Barba en este desinterés por lo partidario, pero Cristina siempre usó la liturgia pejotista a conveniencia: en ninguna de sus campañas presidenciales se cantó la marcha.

Además de 2005, cuando la boleta oficial del PJ que encabezaba Chiche Duhalde perdió por 25 puntos contra el propio kirchnerismo, hay muchos antecedentes que avalan la estrategia: del 83 para acá, el PJ perdió tantas elecciones bonaerenses como las que ganó. Las últimas legislativas puras en las que salió primero fueron hace 16 años.

Esto es tan cierto como que Cambiemos puede perder La Matanza y el conurbano y, a pesar de eso, ganar la provincia. Es ocasión de releer a Manuel Mora y Araujo en El voto peronista.

Quienes ven un cambio en la comunicación actual de Cristina también se equivocan. Es el espejo de sus propias campañas anteriores: si en 2011 se basó en historias de vida de ciudadanos que habían progresado durante su gobierno, su acto de Arsenal mostró testimonios del deterioro. ¿Le alcanzará? A Macri no le bastó con la existencia de una tercera opción o un buen manejo de las redes sociales. También centró su discurso y ponderó decisiones del kirchnerismo: sorprendió. ¿Querrá o podrá Cristina moverse al centro? Algunas declaraciones de candidatos suyos no la ayudan.

Massa tendrá que ofrecer algo más que un mensaje antigrieta, insuficiente para construir un clivaje que agrupe mayorías. Es esperable una priorización de asuntos más sensibles para la agenda pública: precios y seguridad.

Lo mismo ensayará Randazzo, quien con su obsesión por las internas quedó muy asociado a temas que sólo le importan al sistema político. Si no quiere presentarse sólo para cumplir -como reza su eslogan-, mejor que se ponga a prometer.

Cambiemos hará lo que hacen todos los oficialismos en minoría: una campaña del miedo; bueno, de contraste: “Si gana Cristina, no llegan las inversiones”.

¿Para qué polarizar? Mientras todos se concentran en la provincia, hay un país que también vota. En 2015 Cambiemos obtuvo 34 puntos a nivel nacional. La única vez que el oficialismo sacó menos de 40 en legislativas y después no ganó la oposición fue en 2011, boom de consumo y muerte de Néstor Kirchner mediante.

A pesar de todo, no se percibe un gobierno desesperado por buscar nuevos acuerdos o cambiar de políticas. En esta indiferencia se identifica la clásica actitud de Macri de obviar los lugares comunes del microclima político y periodístico.

Tal vez piense que en febrero ya nadie va a recordar estas elecciones. Tal vez sepa que, le vaya como le vaya este año, cualquier éxito futuro será por lo menos improbable si no endereza la economía.

*Analista político, ex secretario de Comunicación de la provincia de Buenos Aires.

 

LN

La predisposición actitudinal hacia el voto en Argentina

Opinión Pública

Variables individuales e incentivos contextuales

>Por Ignacio Ramírez, Guido Leandro Moscoso

Resumen

El presente artículo estudia las bases actitudinales y motivacionales de la participación electoral. En su desarrollo, se analizarán cuáles son los factores más favorables a la participación con base en una encuesta realizada en Argentina durante 2015, diseñada y llevada adelante por los autores del presente texto. En términos teóricos, este trabajo plantea que la participación electoral es el resultado de la interacción de factores estructurales, variables individuales e incentivos contextuales. Según nuestros resultados, la participación electoral puede ser explicada a partir de factores vinculados con la implicación subjetiva y con el contexto político que enmarca los comicios.

Palabras clave

Comportamiento electoral; participación electoral; Argentina; democracia; representación; incentivos

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Fuente: Revista Mexicana de Opinión Pública • año 12 • núm. 23 • julio-diciembre de 2017 • pp. 15-38 ISSN 1870-7300

Se necesitan horizontes

Desigualdad

Favela Paraisópolis haciendo frontera con el distrito de Morumbi en São Paulo, Brasil.
(Tuca Vieira)

>Por Boaventura de Sousa Santos*

Las ocho personas más ricas del mundo poseen tanta riqueza como la mitad más pobre de la población mundial (3,5 mil millones de personas). Se destruyen países (de Irak a Afganistán, de Libia a Siria, y las próximas víctimas pueden ser tanto Irán como Corea del Norte) en nombre de los valores que debían preservarlos y hacerlos prosperar, ya sean los derechos humanos, la democracia o el primado del derecho internacional. Nunca se habló tanto de la posibilidad de una guerra nuclear.

Los contribuyentes estadounidenses pagaron millones de dólares por la bomba no nuclear más potente jamás lanzada contra túneles en Afganistán, construidos en la década de 1980 con su propio dinero, gestionado por la CIA, para promover a los islamistas radicales en su lucha contra los ocupantes soviéticos del país, los mismos radicales que hoy se combaten como terroristas. Mientras, los estadounidenses pierden el acceso a la atención médica y son llevados a pensar que sus males son causados por inmigrantes latinos más pobres que ellos. Tal y como los europeos son llevados a pensar que su bienestar está amenazado por los refugiados y no por los intereses imperialistas que están forzando al exilio a tanta gente. Del mismo modo que los sudafricanos negros, empobrecidos por un mal negociado fin del apartheid, asumen actitudes xenófobas y racistas contra inmigrantes negros de Zimbabwe, Nigeria y Mozambique, tan pobres como ellos, por considerarlos la causa de sus males.

Entretanto, circulan por el mundo las tiernas imágenes de Silvio Berlusconi dándole la mamadera a cabritos para defenderlos del sacrificio de Pascua, sin que nadie denuncie que durante esos minutos televisivos miles de niños murieron por falta de leche. Como tampoco son noticia las fosas clandestinas de cuerpos desmembrados que constantemente se están descubriendo en México, mientras que las fronteras entre el Estado y el narcotráfico se desvanecen. Como tenemos miedo de pensar que la democracia brasileña morirá el día en que un Congreso de políticos enloquecidos, corruptos en su mayoría, consiga destruir los derechos de los trabajadores conquistados a lo largo de cincuenta años, un propósito que, por ahora, los políticos brasileños parecen lograr con inaudita facilidad. Tiene que haber un momento en que las sociedades (y no solo unos pocos “iluminados”) lleguen a la conclusión de que esto no puede seguir así.

Para eso, la negatividad del presente nunca será suficiente. La negatividad sólo existe en la medida que aquello que niega es visible o imaginable. Un callejón sin salida se convierte fácilmente en una salida si la pared en que termina tiene la falsa transparencia de lo infinito o de lo ineluctable. Esta transparencia, que es falsa, es tan compacta como la opacidad de la selva oscura con la que antes la naturaleza y los dioses vedaban los caminos de la humanidad. ¿De dónde viene esta opacidad si la naturaleza es hoy un libro abierto y los dioses un libro de aeropuerto? ¿De dónde viene la transparencia si la naturaleza, cuanto más se revela, más se expone a la destrucción, si los dioses sirven tanto para trivializar la creencia inconsecuente como para banalizar el horror, la guerra y el odio?

Hay algo de terminal en la condición de nuestro tiempo que se revela como una terminalidad sin fin. Es como si la anormalidad tuviera una energía inusitada para convertirse en una nueva normalidad y nos sintiéramos terminalmente sanos en lugar de terminalmente enfermos. Esta condición deriva del paroxismo al que llegó el instrumentalismo radical de la modernidad occidental, tanto en términos sociales como culturales y políticos. El instrumentalismo moderno consiste en el predominio total de los fines sobre los medios y en la ocultación de los intereses que subyacen a la selección de los fines en forma de imperativos falsamente universales o de inevitabilidades falsamente naturales. En el plano ético, este instrumentalismo permite a quien tiene poder económico, político o cultural presentarse socialmente como defensor de causas cuando, de hecho, es defensor de cosas.

Este instrumentalismo asumió dos formas distintas, aunque gemelas, de extremismo: el extremismo racionalista y el extremismo dogmatista. Son dos formas de pensar que no permiten contraargumentación, dos formas de actuar que no admiten resistencia. Ambas son extremadamente selectivas y compartimentadas de tal modo que las contradicciones ni siquiera aparecen como ambigüedades. Las caricaturas revelan bien lo que está más allá de ellas. Heinrich Himmler, uno de los máximos jefes nazis, que transformó la tortura y el exterminio de judíos, gitanos y homosexuales en una ciencia, cuando regresaba de noche a casa entraba por la puerta trasera para no despertar a su canario favorito. ¿Es posible culpar al canario porque el cariño que le tenía Himmler no era compartido por los judíos? A su vez, es conocida la anécdota de aquel comunista argentino tan ortodoxo que incluso en los días de sol en Buenos Aires usaba sombrero de lluvia solo porque estaba lloviendo en Moscú. ¿Es posible negar que detrás de tan acéfalo comportamiento no estuviera un sentimiento noble de lealtad y de solidaridad?

Las perversidades del extremismo racionalista y dogmatista están siendo combatidas por modos de pensar y de actuar que se presentan como alternativas pero que, en el fondo, son callejones sin salida porque los caminos que señalan son ilusorios, sea por exceso de pesimismo, sea por exceso de optimismo. La versión pesimista es el proyecto reaccionario que tiene hoy una renovada vitalidad. Se trata de detestar en bloque el presente como expresión de una traición o degradación de un tiempo pasado, dorado, un tiempo en el que la humanidad era menos amplia y más consistente. El proyecto reaccionario comparte con el extremismo racionalista y dogmatista la idea de que la modernidad occidental creó demasiados seres humanos y que es necesario distinguir entre humanos y subhumanos, pero no piensa que ello debe derivar de ingenierías de intervención técnica, sean ellas de muerte o de mejora de raza. Basta que los inferiores sean tratados como inferiores, sean mujeres, negros, indígenas, musulmanes. El proyecto reaccionario nunca pone en cuestión quién tiene el privilegio y el deber de decidir quién es superior y quién es inferior. Los humanos tienen derecho a tener derechos; los subhumanos deben ser objeto de filantropía que les impida ser peligrosos y los defienda de sí mismos. Si tuviesen algunos derechos, siempre deben tener más deberes que derechos.

La versión optimista de lucha contra el extremismo racionalista y dogmatista consiste en pensar que las luchas del pasado lograron vencer de modo irreversible los excesos y perversidades del extremismo, y que somos hoy demasiado humanos para admitir la existencia de subhumanos. Se trata de un pensamiento anacrónico inverso, que consiste en imaginar el presente como habiendo superado definitivamente el pasado. Mientras el pensamiento reaccionario pretende hacer que el presente regrese al pasado, el pensamiento anacrónico inverso opera como si el pasado no fuese todavía presente. Debido al pensamiento anacrónico inverso, vivimos un tiempo colonial con imaginarios poscoloniales; vivimos un tiempo de dictadura informal con imaginarios de democracia formal; vivimos un tiempo de cuerpos racializados, sexualizados, asesinados, descuartizados con imaginarios de derechos humanos; vivimos un tiempo de muros, fronteras como trincheras, exilios forzados, desplazamientos internos con imaginarios de globalización; vivimos un tiempo de silenciamientos y de sociología de las ausencias con imaginarios de orgía comunicacional digital; vivimos un tiempo de grandes mayorías que solo tienen libertad para ser miserables con imaginarios de autonomías y emprendimiento; vivimos un tiempo de víctimas que se vuelcan contra víctimas y de oprimidos que eligen a sus opresores con imaginarios de liberación y de justicia social.

El totalitarismo de nuestro tiempo se presenta como el fin del totalitarismo y, por eso, es más insidioso que los totalitarismos anteriores. Somos demasiados y demasiado humanos para caber en un solo camino; pero, por otro lado, si los caminos fuesen muchos y en todas las direcciones, fácilmente se transformarían en un laberinto o en un enredo, en cualquier caso, en un campo dinámico de parálisis. Esta es la condición de nuestro tiempo. Para salir de ella, es preciso combinar la pluralidad de caminos con la coherencia de un horizonte que ordene las circunstancias y les otorgue sentido. Para pensar tal combinación y, más aún, para pensar siquiera que ella es necesaria, son necesarias otras maneras de pensar, sentir y conocer. O sea, es necesaria la ruptura epistemológica que llamo epistemologías del sur.

 

*Traducción de Antoni Aguiló y José Luis Exeni Rodríguez