Donald Trump y América Latina: La relación ignorada

La presidencia de Donald Trump y América Latina en 2017

Hace unas semanas, Donald Trump cumplió un año en la Casa Blanca. Si bien la política exterior y la línea discursiva del presidente Trump en 2017 se concentraron en Corea del Norte, Rusia, China, Irán y México, resulta imprescindible analizar cuál fue la relación de la Casa Blanca con América Latina y cuáles serán las repercusiones de la presidencia Trump para la región.

Trump y America Latina

>Por Carlos Galina

La esfera internacional y el papel de Trump

Frente al desinterés de George W. Bush en la región —consecuencia de su prioridad hacia la guerra contra el terrorismo— y la tensión remanente de la Guerra Fría que limitó el campo de acción de las administraciones anteriores, la presidencia de Barack Obama (2008-2016) marcó un reinicio de las relaciones entre Estados Unidos y América Latina. Durante su presidencia se logró reestablecer la relación entre Cuba y Estados Unidos, mantener una línea de comunicación con Venezuela, apoyar la consolidación democrática y la lucha contra la corrupción en la región e incluir a ciertos países en uno de los tratados comerciales más ambiciosos de nuestra era, el Tratado Transpacífico (TPP). A pesar de las controversias entre el Obama y Hugo Chávez y el rechazo de ciertos líderes latinoamericanos a la presencia norteamericana, el presidente estadounidense cimentó las bases para una política exterior exitosa con América Latina. Sin embargo, el simple hecho de que esta estrategia haya sido adoptada durante la administración de Obama fue suficiente para que la administración de Trump decidiera no darle prioridad.

En agosto de 2017, Mike Pence, el vicepresidente de Estados Unidos, visitó Colombia, Chile, Argentina y Panamá. Si bien muchos esperaban que esta visita marcara la línea que la administración republicana establecería con América Latina, esto nunca sucedió. En cada país, Pence remarcó el interés de Estados Unidos en mantener a la región como un líder comercial, pero pronto —frente a un tuit del presidente Trump sugiriendo una invasión a Venezuela— el vicepresidente tuvo que cambiar el discurso y destinar la mayor parte de su gira a minimizar la declaración de Trump. La gira solo evidenció que hasta ese momento la administración estadounidense no contaba con una política clara hacia América Latina, situación que continuó hasta el fin de año. Sumado a esto, encuesta tras encuesta se puede observar una caída sustancial en la percepción positiva de los ciudadanos latinoamericanos hacia Estados Unidos, donde solo un 16% aprueba el papel del presidente Trump.

China ha sido el país que más se ha beneficiado del desinterés de Estados Unidos en la región. La línea discursiva del presidente estadounidense en 2017 se caracterizó por una visión proteccionista en el área comercial. La línea fue remarcada con la salida de Estados Unidos del TPP. Así, China ha encontrado una oportunidad única para fortalecer alianzas comerciales y tratados dentro de la región haciendo a un lado a Estados Unidos. Desde 2009 China incrementó su interés hacia América Latina: la nación asiática es el principal socio comercial en muchos países de la región y sus bancos de desarrollo han dotado de un financiamiento sustancial en los últimos años a diversos proyectos de infraestructura. Frente al abandono de la administración estadounidense, China ha llegado a ocupar los espacios vacíos en la agenda latinoamericana. El poder económico estadounidense en la región desempeñaba hasta hace poco un papel de garante en temas de protección a derechos humanos y democracia, donde Estados Unidos utilizaba este poder blando para coordinar estrategias y apoyos en foros multilaterales. La alianza económica de la región latinoamericana con China podría representar un cambio en este sentido. China podría empezar a ser el país que cuente con un apoyo incondicional en el escenario multilateral.

Trump y América Latina

Si bien América Latina como región no formó parte de la agenda de la administración estadounidense en 2017, Argentina sí logró posicionarse en el radar norteamericano. La visita del presidente Macri a la Casa Blanca —después de sus declaraciones a favor de Hillary Clinton— marcó un acierto en la política exterior argentina. Poco después de la visita, el presidente Trump levantó una prohibición a la importación de limones argentinos. Así, el presidente argentino encontró la forma de acercarse al presidente y caer en su gracia.

En contraste con el acercamiento con Argentina, este año la relación entre Estados Unidos y Colombia estuvo en riesgo dadas las amenazas del presidente Trump de retirar la ayuda de su país hacia la nación latinoamericana. De la misma forma, tras los avances pasados en la relación con Cuba, el presidente Trump restituyó algunas de las restricciones de viaje y retiró a la mayor parte de su cuerpo diplomático de la isla. Si bien muchos esperaban que las acciones del presidente Trump hacia Cuba fueran más contundentes —dado que el electorado cubano-estadounidense fue crucial para su victoria presidencial—, la realidad es que después de estas gestiones la Casa Blanca limitó sus declaraciones hacia el país caribeño.

En 2017, Trump destinó la mayor parte de su interés hacia América Latina a la situación en Venezuela, llegando a sugerir una eventual intervención militar. Del caso venezolano es importante recalcar la línea discursiva de Nicolás Maduro hacia la administración Trump. A pesar de que se esperaba que la tensión entre los presidentes de ambos países incrementara durante el año, esto nunca sucedió. La relación entre Estados Unidos y Venezuela se encontró en un punto crítico cuando la Casa Blanca condenó la situación en Venezuela y recibió a Lilia Tintori, esposa del político encarcelado Leopoldo López. Sin embargo, después de una serie de declaraciones de ambos bandos, el acto no trascendió como se habría esperado. La realidad es que el presidente venezolano parece haber entendido la forma de operar de la presidencia de Trump, una administración que se caracteriza por muchas declaraciones y pocas acciones, y ha encontrado en esta desorganización una ventana de oportunidad para respaldar su propia presidencia. La insistencia de Donald Trump en mantener los niveles de compra del petróleo—bajo el argumento de que Estados Unidos no quiere afectar a los ciudadanos venezolanos— ha servido para que, frente a la falta de liderazgos fuertes en América Latina, Maduro consolide aún más su mandato. Las elecciones de este año serán una prueba crucial para la relación entre Trump y Venezuela, y será interesante ver la posición que Maduro adoptará en los siguientes meses.

Una lección importante del año 2017 es que, a diferencia de su postura ante otros países y regiones, América Latina sigue siendo una región a la que Trump no presta demasiada atención. El menosprecio hacia la región puede ser explicado por una falta de interés de sus votantes hacia América Latina, lo cual bajo la lógica del presidente convierte a la política exterior hacia esta región en un tema poco redituable electoralmente. También podría explicarse por la obsesión del presidente con México y Centroamérica. Llama la atención que, en los temas prioritarios como migración, comercio y seguridad, el backyard ha sido reducido a México y Centroamérica.

2018: ¿el surgimiento de interés hacia América Latina?

Frente a todo lo sucedido en la Casa Blanca durante 2017, varios jefes de Estado latinoamericanos adoptaron una postura de «dejar pasar» e intentaron no reaccionar ante los tuits y controversias del presidente estadounidense. 2017 hizo evidente que Trump mantiene una visión proteccionista y no está en su interés apoyar acuerdos comerciales multilaterales. Con esto en mente, los países latinoamericanos se encuentran en una encrucijada para encontrar el balance entre buscar nuevos acuerdos bilaterales con Estados Unidos o comenzar a diversificar sus mercados y apostarle a la región asiática.

La estrategia de América Latina para la relación con Estados Unidos debe enfocarse al acercamiento institucional, una lección que aprendieron con mucho esfuerzo Colombia y México y que aun así tuvo altibajos el año pasado. Frente al aislacionismo de Estados Unidos, surge un área de oportunidad para reunificar a la región latinoamericana y consolidar su papel en los foros internacionales. La Alianza del Pacífico y la propuesta de reinicio del TPP presentan circunstancias únicas para fortalecer las economías de la región y protegerse de la volatilidad de la presidencia estadounidense.

Hasta ahora América Latina como región no es prioritaria para la administración de Trump y es poco probable que esta situación cambie. Las elecciones de 2018 en siete países podrían cambiar el statu quo tanto por la retórica que podrían adoptar ciertas campañas como por las personas que eventualmente ocuparán el poder dentro de la región. La carrera presidencial estadounidense de 2016 marcó nuevas formas dentro de la política. Estas nuevas formas podrían trasladarse a las campañas latinoamericanas y el desdén del presidente Trump hacia las instituciones y la democracia podría influir en el surgimiento de nuevos actores con posturas similares dentro de América Latina.

En unos días el secretario de Estado estadounidense, Rex Tillerson, visitará Argentina, Perú y Colombia. Su visita podría representar el primer desvelamiento de una línea coherente de política exterior hacia América Latina. Sin embargo, los temas que estarán en la agenda local estadounidense —como una posible reforma migratoria— ponen en riesgo el impacto de la visita. Frente a los inminentes procesos electorales y los temas cruciales que enmarcarán las contiendas en cada país de América Latina, es poco probable que las relaciones con Estados Unidos mejoren o empeoren en los siguientes meses. No obstante, en un mundo de inestabilidad e incertidumbre como el que presenciamos en 2017, a veces el impasse es la mejor carta que los actores internacionales pueden jugar.

 

 

NUEVA SOCIEDAD

Donald Trump y la disminución del poder suave de Estados Unidos

Estados Unidos Poder Blando

>Por Joseph Nye

La evidencia es clara. La presidencia de Donald Trump ha erosionado el poder blando de Estados Unidos. Sólo el 30% de las personas encuestadas recientemente por Gallup en 134 países tenían una opinión favorable de Estados Unidos bajo el liderazgo de Trump, una caída de casi 20 puntos desde la presidencia de Barack Obama. El ‘Pew Research Center’ determinó que China, con un índice de aprobación del 30%, había alcanzado una casi paridad con Estados Unidos. Y, un índice británico, The Soft Power 30, mostró que Estados Unidos se deslizó desde el primer lugar el 2016 al tercer lugar el año pasado.

Los defensores de Trump responden con el argumento de que el poder blando no importa. El director de presupuesto de Trump, Mick Mulvaney, promulgó un “presupuesto de poder duro” simultáneamente a su implementación del recorte del 30% en los fondos destinados al Departamento de Estado y la Agencia de Estados Unidos para el Desarrollo Internacional. Para los promotores de “Estados Unidos en primer lugar”, lo que el resto del mundo piense ocupa un segundo lugar. ¿Están ellos en lo cierto?

El poder blando se basa en la atracción en lugar de la coacción o el pago. Convence a las personas a unirse a un cometido, en lugar de coaccionarlas. A nivel personal, los padres sabios saben que su poder será mayor y durará más si modelan sólidos valores éticos para sus hijos, en lugar de confiar sólo en azotes, concesiones o en quitarles las llaves del coche.

De manera similar, los líderes políticos han llegado a entender, desde hace mucho tiempo, el poder que emerge de la capacidad de establecer la agenda y determinar el marco de un debate. Si puedo hacer que tú quieras hacer lo que yo quiero, entonces no tengo que forzarte a hacer lo que no quieres. Si Estados Unidos representa los valores que otros quieren seguir, se puede economizar en garrotes y zanahorias. De manera adicional al poder duro, la atracción puede ser un multiplicador de fuerza.

El poder blando de un país proviene principalmente de tres fuentes: su cultura (cuando es atractiva para otros), sus valores políticos tales como la democracia y los derechos humanos (cuando se vive de acuerdo con dichos valores), y sus políticas (cuando pueden considerarse como legítimas porque se las enmarca con cierta humildad y conciencia respecto a los intereses de los demás). La forma cómo se comporta un gobierno en su propia casa (por ejemplo, brindando protección a la prensa libre), en las instituciones internacionales (consultando con otros y aplicando el multilateralismo) y en su política exterior (promocionando el desarrollo y los derechos humanos) puede afectar a los demás mediante la influencia de su ejemplo. En todas estas áreas, Trump ha revertido atractivas políticas estadounidenses.

Afortunadamente, Estados Unidos es más que Trump o el gobierno. A diferencia de los activos del poder duro (como ser las fuerzas armadas), muchos recursos de poder blando están separados del gobierno y responden sólo en parte a sus fines. En una sociedad liberal, el gobierno no puede controlar la cultura. De hecho, la ausencia de políticas culturales oficiales puede ser en sí misma una fuente de atracción. Las películas de Hollywood como “The Post”, que muestran a mujeres independientes y libertad de prensa, pueden atraer a otros. Así como también lo pueden hacer el trabajo caritativo de las fundaciones estadounidenses o los beneficios de la libertad de cuestionamiento de las universidades estadounidenses.

Es cierto que las empresas, universidades, fundaciones, iglesias y otros grupos no gubernamentales desarrollan un poder blando propio, mismo que puede reforzar o estar en contra de los objetivos oficiales de política exterior. Y, es probable que todas estas fuentes privadas de poder blando se tornen cada vez más importantes en la era de la información global. Esa es razón por demás para que los gobiernos se cercioren de que sus propias acciones y políticas creen y refuercen, en lugar de que socaven y mal empleen, su poder blando.

Las políticas nacionales o extranjeras que parecen hipócritas, arrogantes, e indiferentes a los puntos de vista de otros o que se basen en una concepción estrecha de los intereses nacionales pueden socavar el poder blando. Por ejemplo, la fuerte disminución en el atractivo de Estados Unidos en las encuestas de opinión realizadas después de la invasión de Irak en el año 2003 fue una reacción a la administración Bush y a sus políticas, en lugar de ser una reacción a Estados Unidos de manera general.

La guerra de Irak no fue la primera política gubernamental que hizo que Estados Unidos se tornara en impopular. En la década de 1970, muchas personas de todo el mundo se opusieron a la guerra de Estados Unidos en Vietnam, y la reputación mundial de Estados Unidos reflejó la impopularidad de dicha política. Cuando la política cambió y los recuerdos de la guerra disminuyeron, Estados Unidos recuperó gran parte de su poder blando perdido. De manera similar, luego de la guerra de Irak, Estados Unidos logró recuperar gran parte de su poder blando en la mayoría de las regiones del mundo (si bien dicha recuperación fue menor en el Medio Oriente).

Los escépticos aún podrían argumentar que el auge y la caída del poder blando estadounidense no revisten mucha importancia, debido a que los países cooperan por interés propio. Sin embargo, este argumento pasa por alto un punto crucial: la cooperación es una cuestión de grado, y el grado se ve afectado por la atracción o la repulsión. Además, los efectos del poder blando de un país se extienden a actores no estatales; por ejemplo, al apoyar o impedir el reclutamiento por parte de organizaciones terroristas. En una era de la información, el éxito no sólo depende del país al cual pertenece el ejército ganador, sino que también depende del país al cual pertenece la historia ganadora.

Una de las mayores fuentes del poder blando de Estados Unidos es la apertura de sus procesos democráticos. Incluso cuando las políticas equivocadas reducen su atractivo, la capacidad de Estados Unidos para criticar y corregir sus errores lo hace atractivo para otros en un nivel más profundo. Cuando los manifestantes en el exterior marchaban contra la guerra de Vietnam, solían cantar “We Shall Overcome” (en español: “Venceremos”), el himno del movimiento por los derechos civiles de Estados Unidos.

Estados Unidos, también, casi con seguridad vencerá. Dada la experiencia pasada, todo va a favor de guardar esperanzas con respecto a que Estados Unidos vaya a recuperar su poder blando después de Trump.

 

 

Project Syndicate

Depresión post-Davos

Davos

(FABRICE COFFRINI/AFP/Getty Images)

>Por Joseph E. Stiglitz

He asistido a la conferencia anual del Foro Económico Mundial en Davos, Suiza -donde la llamada elite global se congrega para discutir los problemas del mundo- desde 1995. Nunca salí tan desanimado como este año.

El mundo está plagado de problemas prácticamente insolubles. La desigualdad está en aumento, especialmente en las economías avanzadas. La revolución digital, a pesar de su potencial, también conlleva serios riesgos para la privacidad, la seguridad, los empleos y la democracia -desafíos que están agravados por el creciente poder monopólico de unos pocos gigantes de datos norteamericanos y chinos, entre ellos Facebook y Google-. El cambio climático representa una amenaza existencial para toda la economía global tal como la conocemos.

Sin embargo, quizá más desalentadoras que esos problemas sean las respuestas. Sin duda, aquí en Davos, los CEO de todo el mundo empiezan la mayoría de sus discursos afirmando la importancia de los valores. Sus actividades, sostienen, están destinadas no sólo a maximizar las ganancias para los accionistas, sino también a crear un futuro mejor para sus empleados, las comunidades en las que trabajan y el mundo en general. Pueden inclusive hablar de la boca para afuera de los riesgos que plantean el cambio climático y la desigualdad.

Pero, al final de sus discursos este año, cualquier ilusión que pudiera quedar sobre los valores que motivan a los CEO de Davos se hizo añicos. El riesgo que más parecía preocupar a estos CEO es la reacción populista contra el tipo de globalización que ellos han moldeado -y de la que se han beneficiado enormemente.

No sorprende que estas elites económicas apenas entiendan hasta qué punto este sistema le ha fallado a grandes segmentos de la población en Europa y Estados Unidos, haciendo que los ingresos reales de la mayoría de los hogares quedaran estancados o que el porcentaje de ingresos de la fuerza laboral disminuyera sustancialmente. En Estados Unidos, la expectativa de vida ha caído por segundo año consecutivo; entre aquellos que sólo tienen un nivel de educación secundaria, la caída viene produciéndose desde hace mucho más tiempo.

Ni uno solo de los CEO de Estados Unidos cuyos discursos escuché (o me comentaron) mencionó la intolerancia, la misoginia o el racismo del presidente estadounidense, Donald Trump, que estaba presente en el evento. Ni uno mencionó la cadena incesante de comentarios ignorantes, mentiras descaradas y acciones impetuosas que han erosionado la posición del presidente norteamericano -y, por lo tanto, de Estados Unidos- en el mundo. Ninguno mencionó el abandono de los sistemas para establecer la verdad, o de la verdad misma.

Por cierto, ninguno de los titanes corporativos de Estados Unidos mencionó las reducciones por parte de la administración del financiamiento para la ciencia, tan importante para fortalecer la ventaja comparativa de la economía de Estados Unidos y respaldar las mejoras en la calidad de vida de los norteamericanos. Ninguno mencionó, tampoco, el rechazo de parte de la administración Trump de las instituciones internacionales, o los ataques a los medios y al poder judicial del país -lo que representa un ataque al sistema de control y equilibrio de poderes que apuntala la democracia estadounidense.

No, los CEO en Davos se relamían con la legislación impositiva que Trump y los republicanos en el Congreso impulsaron recientemente, que les reportará cientos de miles de millones de dólares a las grandes empresas y a la gente rica a la que pertenecen y que las administra -gente como el propio Trump-. No les preocupa en lo más mínimo el hecho de que la misma legislación, cuando haya sido implementada en su totalidad, se traduzca en un incremento de los impuestos para la mayor parte de la clase media -un grupo cuyas fortunas han venido cayendo los últimos 30 años.

Aún en su mundo estrechamente materialista, donde el crecimiento importa más que cualquier cosa, la legislación impositiva de Trump no debería ser motivo de celebración. Después de todo, reduce los impuestos a la especulación inmobiliaria -una actividad que no ha generado una prosperidad sostenida en ninguna parte, pero que ha contribuido a una creciente desigualdad en todas partes.

La legislación también impone un impuesto a las universidades como Harvard y Princeton -fuentes de numerosas ideas e innovaciones importantes- y se traducirá en un menor gasto público a nivel local en partes del país que han prosperado, precisamente porque han hecho inversiones públicas en educación e infraestructura. La administración Trump claramente pretende ignorar el hecho evidente de que, en el siglo XXI, el éxito en verdad exige más inversión en educación.

Para los CEO de Davos, parece que los recortes impositivos para los ricos y sus empresas, junto con la desregulación, son la respuesta a todos los problemas del país. La economía del derrame, dicen, garantizará que, en definitiva, toda la población se beneficie económicamente. Y los buenos corazones de los CEO aparentemente es todo lo que se necesita para garantizar que el medio ambiente esté protegido, inclusive sin regulaciones relevantes.

Sin embargo, las lecciones de la historia son claras. La economía del derrame no funciona. Y una de las razones fundamentales por las cuales nuestro medio ambiente está en una situación tan precaria es porque las propias empresas no han estado a la altura de sus responsabilidades sociales. Sin regulaciones efectivas y un precio real que pagar por contaminar, no existe ninguna razón de ningún tipo para creer que se comportarán de otra manera que como lo han hecho en el pasado.

Los CEO de Davos estaban eufóricos por la vuelta al crecimiento, por sus crecientes ganancias y compensaciones. Los economistas les recordaron que este crecimiento no es sostenible, y que nunca ha sido inclusivo. Pero estos argumentos tienen poco impacto en un mundo donde reina el materialismo.

De modo que olvídense de las perogrulladas sobre los valores que los CEO recitan en los párrafos de apertura de sus discursos. Pueden no tener la franqueza del personaje de Michael Douglas en la película Wall Street de 1987, pero el mensaje no ha cambiado: “La codicia es buena”. Lo que me deprime es que, aunque el mensaje es evidentemente falso, tantos en el poder crean que es verdad.

 

Project Syndicate

La guía de Joseph Napolitan para utilizar bien a un consultor político

Joseph Napolitan, uno de los maestros de la consultoría política, escribió que muchos de los que contrataban sus servicios no sabían cómo utilizar bien un consultor político. Por eso Napolitan escribió una serie de recomendaciones muy útiles para candidatos, partidos políticos y jefes de campaña.

Joseph Napolitan

1. El asesor político no debe ser considerado una amenaza

Es imperativo que los que trabajan con un consultor, en especial el jefe de campaña, sepan que él sólo tiene un propósito en la campaña: ayudar a ganar la elección. Todo el equipo de campaña debe entender que el consultor es un recurso a ser utilizado y no una amenaza a sus aspiraciones.

2. Determine las responsabilidades del asesor con antelación

Como existen diferentes tipos de consultores (generales y especializados), antes de contratarlo, deben quedar claras cuáles serán las responsabilidades del mismo durante la campaña. Si se quiere trabajar sólo en un área específica (ej., producción de la propaganda de TV) o si lo que se requiere es un servicio general.

3. Asegúrese de que usted tiene el asesor político apropiado

Los clientes deben estar seguros que el asesor político que contratan conoce claramente su filosofía política; y aunque no la comparta al 100%, que al menos no se oponga radicalmente a ella.

4. Busque un asesor político lo más pronto posible

Mientras más pronto un consultor se comprometa con una campaña, más valor tendrá para el candidato, el partido, o cualquiera que sea su cliente. Si el asesor comienza cuando las decisiones importantes han sido tomadas, su valor potencial en la campaña será reducido.

5. Asigne a alguien como enlace directo con la campaña

No es bueno que el candidato sirva de enlace entre el asesor y la campaña. Debe existir un director de campaña que tenga acceso directo al candidato y proporcionar este acceso al consultor cuando sea necesario.

6. Decida quién va a saber que usted ha contratado un consultor

Dependiendo del país donde se esté trabajando, resulta delicado que se conozca públicamente que se trabaja con un consultor extranjero, así que lo más recomendable es ser muy discreto para evitar consecuencias negativas para el candidato.

7. Proporcione al asesor político las herramientas que él necesite

Diferentes consultores tienen diferentes requerimientos y las necesidades de un consultor pueden variar de campaña en campaña. El consultor es la persona más importante en la orquestación de todo el equipo de campaña, y como tal, debe ser provisto de todo el material que necesite.

8. Emplee la experiencia de su asesor político

Es cierto que el consultor político tiene más experiencia en campañas que el candidato y su personal y es por esta razón que se debe contratar y utilizar por completo. Sin embargo, hay que tener especial cuidado con el conocimiento que éste tenga sobre la cultura del país, pero nunca rechazar una idea “porque nosotros no lo hacemos así aquí”.

9. Escuche al consultor

Usted no está obligado a seguir el consejo de su consultor, pero debe por lo menos escucharlo. Usted está perdiendo su dinero y el tiempo del consultor si no lo hace.

10. Hable con su asesor antes de tomar una decisión importante

Es muy poco lo que un asesor puede hacer para rectificar una decisión incorrecta, pero muchas veces se puede prevenir a un cliente de tomar una.

11. Dígale a su consultor la verdad

No tiene sentido que usted le dé a su consultor una información incorrecta porque él basará importantes decisiones en esa información y quien saldrá perdiendo será su campaña.

12. Instruya a quienes trabajarán con su consultor para que cooperen con él

Si usted quiere sacarle provecho a su asesor, debe lograr que esté en contacto constante con lo que pasa en la campaña, ya sea directamente o a través de jefe de campaña, de otra forma el consultor no podrá saber qué pasa y por ende no podrá ayudar.

13. Use el tiempo de su asesor completamente

Resulta frustrante para el consultor e improductivo para la campaña que el consultor pierda tiempo para poder reunirse con las personas indicadas ya que eso se traduce en perdida de tiempo y dinero.

14. Organice su horario de visitas con antelación

Debido a las múltiples ocupaciones de los involucrados en una campaña incluyendo al asesor, resulta esencial que se diseñe un calendario de largo alcance para que todos lo involucrados en la misma conozcan los movimientos del consultor con anticipación.

15. Establezca un sistema de comunicación efectivo entre las visitas y úselo

El consultor debe estar siempre localizable para su cliente, por esta razón el director de campaña debe estar al tanto de donde ubicarlo en caso de una crisis.

16. Trate a su asesor como un miembro de su grupo de confianza

Asegúrese de que su consultor, o su representante, tengan acceso a toda la información que necesite y de que se le informe de todos los procesos de decisión cuando esté en el país.

17. Valore sus recursos de una manera realista

No se engañe cuando haga la valoración de los elementos con los que cuenta para realizar la campaña, ya que el consultor conocerá la verdad tarde o temprano.

18. No deje que el orgullo interfiera para ganar la elección

El objetivo de una campaña política es ganar y si usted necesita buscar una compañía de fuera del país para ello, hágalo. No se preocupe si lastima los sentimientos de las compañías de su país, que ponen en riesgo su triunfo.

19. No resalte la presencia del asesor si esto es perjudicial para la campaña

En ocasiones es mejor que el consultor mantenga un perfil bajo, en estos casos no haga mucho ruido cuando el consultor llegue al país.

20. Si usted no entiende un consejo de su consultor, pídale que se lo explique bien

Se supone que los consultores son comunicadores, así que lo menos que deben hacer es comunicar sus propias recomendaciones con eficacia.

21. Asegúrese de que las decisiones que han sido aprobadas se cumplan

Para garantizar esto es importante la presencia del director de campaña que se encargará de que se implementen las decisiones tomadas por el consultor.

22. Confíe en su asesor

Si no puede confiar en su consultor, usted ha contratado a la persona errónea. Si su consultor conoce sus problemas, puede estar preparado cuando éstos emerjan en la campaña.

23. Póngase de acuerdo sobre el calendario de pagos y cumpla con él

Si usted espera que su consultor cumpla con su trabajo, cumpla usted con su parte del acuerdo.

24. No tenga miedo de pedir ayuda

Si tiene un problema, llame a su asesor. No se preocupe si lo molesta, al consultor le gustará más recibir una llamada a medianoche que enterarse más tarde de una catástrofe que hubiera podido evitar.

25. No espere milagros

Ningún consultor tiene un record perfecto. Todo consultor va a ganar y perder algunas campañas. Nadie gana todas las elecciones; los mejores ganan la mayoría, de lo contrario no permanecerían en este negocio por mucho tiempo.

26. Un punto final

Si usted decide contratar un asesor, úselo: su consejo no le hará bien a menos que lo practique.

 

 

 

Maquiavelo & Freud

Gobiernos modelo siglo veinte

Gobiernos

>Por Mario Riorda

Estamos en épocas de cambios y reformas. “Reformismo permanente” acuñó el presidente Mauricio Macri. Pero los que menos se reforman son los gobiernos. Hablo de los gobiernos en sentido figurado cuando debería hablar de los gobernantes. Pero igual continúo. Son perezosos o cargan con una inercia alarmante, estructural. Los gobiernos trabajan (en promedio) de 8 a 15 horas. Lo demás es excepción, horas extras y guardias. Vale decir, son gobiernos de medio día para problemas de tiempo completo. Y encima con una demanda digital a tiempo real. Ante consultas en redes, un tercio de los ciudadanos no están dispuestos a esperar más de 5 minutos para una respuesta. Se está lejos.

Las incorporaciones son pensadas más para los cargos que para las funciones. Por eso, diseños organizacionales de tres décadas atrás van dejando un montón de áreas no previstas en los organigramas que no se adaptan a los tiempos, sino que hacen que los tiempos se adapten a ellos (frenándolo, obviamente). Los concursos, siempre prometidos, son excepcionales o sólo en áreas específicas. La capacitación dista mucho de la profesionalización y reducida a pocas áreas.

Hay un predominio del papel para los trámites. Lo más innovador son determinados procesos de e-gobierno para cobrar impuestos. Ahí sí están a la orden del día. Las redes no forman parte de las respuestas de gestión. Su uso principal es publicitario. Piensan más en la publicidad de sus gobernantes y sus actos (así, en ese orden) que en la escucha y la interacción ciudadana. Las redes deberían funcionar como una gran mesa de entrada, pero no. Sólo el 2% de los posteos y tuits de gobiernos preguntan algo. Eso es un monólogo. Sólo el 10% de las interacciones de ciudadanos son respondidas por los gobiernos, nos dice el estudio Gobernauta del BID.

Los protocolos son herramientas de hace siglos, expresiones cuasi monárquicas que cada vez aportan más distancia a gobernantes de gobernados. Son una celebrada novedad los políticos que se los saltan. En los protocolos, herencia de otros tiempos, todavía se reproducen las jerarquías y los privilegios. Así se diseñan actos, discursos y puestas en escena: el poder simbólico que se ve y se palpa se ofrece distante.

Los gobiernos abiertos todavía están más cerca de la moda y la exquisitez que de su uso entendido como transformador de una cultura organizacional. La rendición de cuentas de la mano de la transparencia es incipiente. La apertura de datos se hace por temor (a ser etiquetados como opacos) y con temor (por goteo y con reticencias). El IDC Government Insights nos aporta optimismo de que en algunos países el gasto en tecnología cívica crece 14 veces más que el gasto en tecnología digital. Pero aquí la inversión todavía está centrada en la publicidad. Siempre descendiente y unidireccional (aun la que se invierte en el mundo digital).

El big data es un concepto pretencioso que muchos resaltan como el presente del futuro, pero en los gobiernos la mayor cantidad de bases de datos son analógicas, no digitales. Y cada dato es propiedad de un área de un gobierno que se apropia cual feudo. Ante este panorama, la gestión predictiva que permite el diseño de políticas y respuestas para adelantarse a problemas, como el control temprano del dengue en Río de Janeiro por ejemplo, todavía es ciencia ficción.

La trazabilidad de un trámite, es decir saber en qué estado está y saber cuándo concluirá, no es algo usual. Un expediente entra a un gobierno y navega en mares desconocidos o bien se topa con circuitos de gestión que tienen todo menos fluidez. Un expediente demorado es una “no solución” o una “no política pública”. Y no sólo que no hay estándares y tiempos de respuesta por áreas, sino que de hecho, hay áreas que retrasan expedientes adrede porque no podrían satisfacer demandas que pueden ir desde tapar un bache, garantizar una prótesis u otorgar un crédito para microemprendimiento. Ni hablar tampoco que la mayoría de las políticas no tienen mecanismos de evaluación de su eficacia. “Lo que se mide se puede mejorar”, dice CONEVAL, el organismo mexicano que evalúa las políticas sociales. Saquemos nuestras conclusiones… Y, por si fuera poco, los gobiernos son egoístas y cerrados. Se imaginan en otra época haciendo todo solos. En su cabeza la co-gestión es algo excepcional y excéntrico. Los gobernantes no terminan de asumir que ya no llegan a la solución de todo o la prestación de todo. Ni hablar de la falta de confianza en torno a ellos que hace que, aunque lleguen, muchas veces llegan deslegitimados. La aplicación de una cultura del riesgo no llegó a los gobiernos (aclaro: tampoco a las universidades). Cualquier política preventiva se convierte en política pública predominante. En todas las áreas.

Pero los gobiernos, aun dentro de la dificultad de un margen de riesgo de 360 grados, no atinan a modificar hábitos que eviten trabajar solo en la remediación, siempre tardía y más costosa. Ni hablar de la gestión ante crisis que expande la conmoción por la mala reacción como respuesta pública. La profesionalización en estos ámbitos es sólo un anhelo.

La síntesis de esto es que los gobiernos se miran más a sí mismos que a los ciudadanos. Y aunque haya gobiernos que avanzaron, lejos están de ser el promedio. Este escrito no tiene que ver con ajustar. Tampoco con gobiernos más chicos. Sólo apunta a gobiernos mejores.

 

 

CLARIN

Honduras: el bipartidismo y el péndulo

Las autoridades electorales de Honduras postergaron la declaración del ganador de las elecciones presidenciales. La crisis política se hace evidente y el candidato progresista denuncia irregularidades. ¿Qué puede pasar con el bipartidismo hondureño? ¿Tiene posibilidades el progresismo de ganar la contienda?

Honduras

>Por Sergio Fernando Bahr

Desde hace más de un siglo, el Partido Nacional (PN) y el Partido Liberal (PL) han controlado el sistema político hondureño. A pesar de las interrupciones provocadas por los gobiernos militares (con complicidad de los partidos), esta situación derivó en la consideración de Honduras como uno de los países con los sistemas bipartidistas más estables de América Latina.

En buena medida, ese éxito se debe a la capacidad de sus élites políticas para la negociación y el pacto en coyunturas críticas. Un elemento clave para entender la fragilidad democrática hondureña actual es que esa capacidad de negociación y acuerdos no siempre se hace efectiva a través de las instituciones (que en una democracia deberían cumplir esa función), sino en los propios espacios ocultos de esas élites gobernantes. También han sido posibles porque el PN y el PL no han expresado verdaderas diferencias políticas e ideológicas profundas, salvo en momentos muy puntuales de su historia (como durante el gobierno interrumpido de Manuel Zelaya Rosales).

Las relaciones incestuosas de los partidos políticos hondureños tienen su génesis en el nacimiento de los mismos: a inicios del siglo XX, el Partido Nacional surge como una división del Partido Liberal. Entonces, se trataba de estructuras que giraban alrededor de un caudillo o líder local que movilizaba a la población para las elecciones o para alzarse en armas según fuera necesario. Como afirmaba Patricia Otero Felipe, “las lealtades políticas se mantenían sobre un sistema clientelar y de influencias políticas que premiaba con puestos políticos a los más cercanos colaboradores, un sistema de prebendas que con pocos cambios se mantuvo a lo largo del tiempo”

Ambas estructuras partidarias se sumaron a las políticas de seguridad nacional durante el siglo pasado y, desde hace años, han pasado por un proceso de uniformización neoliberal. Sus plataformas políticas y económicas son indistinguibles en su conservadurismo moral y social, su neoliberalismo económico y su mojigatería religiosa.

Sin embargo, esa uniformidad no está delimitada por una línea ideológica. Las dirigencias de los partidos tradicionales se sientan en las mesas directivas de las grandes empresas, comparten la propiedad de grandes medios de comunicación, y han sido cómplices de los grandes desfalcos al erario en la historia del país. De ambos partidos han sido dirigentes y socios los líderes de los carteles del narcotráfico en Honduras.

A pesar de esa historia compartida, en 2009 se evidenció la incapacidad de las débiles instituciones democráticas hondureñas para solucionar un conflicto que se gestaba entre las élites políticas. El resultado fue un golpe de estado, y ocho años después, la continuidad de la polarización política y social, y la pérdida de legitimidad institucional.

El gobierno de Porfirio Lobo Sosa (2009 a 2013) buscó recuperar la legitimidad internacional perdida durante el golpe. A partir de 2014, Juan Orlando Hernández intentó estabilizar la nueva situación política del país, movida por el descalabro del socio histórico, el Partido Liberal, que había dejado su lugar como segunda fuerza política del país a LIBRE, el partido con tendencias progresistas surgido de la resistencia al golpe de Estado y bajo el liderazgo absoluto del ex presidente Manuel Zelaya Rosales.

Ya a partir de 2009, Juan Orlando Hernández del PN controlaría el Congreso Nacional (cuyo presidente tiene importantes facultades para la toma de decisiones) y, desde ahí, al mismo gobierno de Porfirio Lobo Sosa. Su elección en el 2009 solo hizo oficial el control del Estado que de facto mantenía.

Desde el poder, el PN reformó la Corte Suprema de Justicia y el Ministerio Público, el Comisionado de Derechos Humanos, el Tribunal Supremo Electoral (clave en este momento) y profundizó su influencia sobre los medios de comunicación masivos (impresos, radiales y televisivos). Como ex militar, además, aseguró la lealtad de un Ejército que, en lugar de tomar café en los cuarteles como solía decirse, retomó su vocación de ser actor fundamental de las dinámicas políticas del país.

El control de las estructuras del Estado es absoluto y los empleados públicos se convierten en activistas de partido en un reflejo perverso de las luchas obreras: defendiendo sus puestos de trabajo. Los medios masivos de televisión y prensa hacen coro a las narrativas oficiales, las iglesias –que gozan de prebendas del erario- envían mensajes no tan sutiles a la feligresía para llamarles a apoyar al poder.

Las dimensiones planteadas son constitutivas de la política hondureña caracterizada por el bipartidismo y, por tanto, deben ser consideradas por aquellos opositores que desean ponerle fin. En horas de la noche del 26 de noviembre –cuando se presentaba el primer anuncio oficial desde el Tribunal supremo electoral (TSE)— el bipartidismo en Honduras pendía de un hilo: los primeros resultados, tardíos, daban como ganador a la Alianza de Oposición formada por LIBRE y el Partido Innovación y Unidad (PINU), cuyo su candidato es el presentador de televisión y comentarista de fútbol, Salvador Nasralla.

El TSE y la emergencia del «voto rural»

Durante las elecciones de 2013 se prolongó el horario de votación durante una hora para dar oportunidad a todos los ciudadanos de ejercer su derecho al sufragio. En 2017, sin embargo, esa oportunidad ya no es considerada prioritaria y, a pesar de la alta afluencia de votantes desde muy temprano en la mañana que continuaban haciendo las filas de votación, el TSE ordenó el cierre de las urnas a las cuatro de la tarde en punto. Sería la primera de una serie de señales que desde ese organismo indicaban irregularidades en el proceso.

A veinticuatro horas de las elecciones en 2013, el TSE –presidido por un viejo activista del Partido Nacional David Matamoros Batson- había hecho cinco anuncios oficiales. Había manifestado una tendencia «clara» y, con menos del 30% de los votos escrutados, había declarado un ganador.

El 27 de noviembre de 2017 y con el mismo Batson como presidente, el Tribunal Supremo Electoral hizo un pronunciamiento tardío y para anunciar que con un 56% de las actas escrutadas no podía anunciarse una tendencia ni declararse un triunfador. En ese primer escrutinio, la votación favorecía a la Alianza nacional de Oposición con poco más de un 5% de diferencia.

A partir del lunes 27 de noviembre empezó a construirse la narrativa para legitimar una posible reversión de resultados a favor de Juan Hernández. «El voto rural apoya al Partido Nacional»- era la frase privilegiada para construir dicha idea. Pero el voto rural es un concepto novedoso en Honduras. En ninguna elección presidencial en la historia moderna del país se ha hablado de un «voto rural» que pueda revertir tendencias en primer lugar porque las actas electorales se procesan proporcionalmente y no necesariamente a partir de departamentos «centrales» y «rurales». De hecho, en ninguna de las tres últimas elecciones se ha producido una reversión de tendencias después del 30% de votos escrutados, sean los votos urbanos o no.

Sin embargo, esta narrativa impuesta desde el lunes 27 fue replicada por medios televisivos, radiales e impresos. El TSE continuaba su silencio, mientras la Alianza de Oposición y el Partido Nacional se declaraban victoriosos, con la diferencia importante de que la oposición basaba su posición en actas electorales contadas y no en encuestas a boca de urna o futuro voto rural como lo hacía el partido de gobierno.

El TSE se autoimpuso como límite el jueves 30 de noviembre para dar a conocer resultados finales. Entre el día de las elecciones y esa fecha lo que siguió fue como observar un atraco cometido en cámara lenta y transmitido en vivo a todos los hogares del país. A partir del martes 28 de noviembre la ventaja de la oposición empezó a verse disminuida, a medida que se ingresaban las actas electorales del ahora famoso voto rural. Los observadores electorales, la comunidad internacional, la sociedad civil y los partidos políticos exigían al tribunal declarar la victoria de la oposición, refrendada ahora por un Partido Liberal con resultados catastróficos (tercera y lejana fuerza política del país) cuyo propio conteo de actas confirmaba el triunfo opositor. Pérdidas de energía eléctrica y «apagones» del sistema de cómputo se incorporaron al drama. Jamás una página web en Honduras fue tan visitada como la del TSE tras las elecciones generales, con la población asistiendo al espectáculo hipnótico del aumento de votos a favor del candidato de gobierno, y la disminución de la ventaja de la Alianza.

En la tarde del 29 de noviembre y por primera vez, el PN empezó a liderar el conteo de votos. Ese mismo día la policía nacional y el ejército de Honduras militarizaron las principales calles y puentes del país. Mientras la población empezaba a salir a protestar, se producían en la madrugada del día 30 los primeros actos de represión, mientras en los cómputos del TSE Juan Hernández mantiene una ventaja de 25.000 votos, con un 9% de actas electorales por sumar.

Los resultados y los escenarios posibles

Si el péndulo realmente se está moviendo hacia el progresismo en Honduras y finalmente la Alianza de Oposición triunfa en las elecciones, la situación será de extrema dificultad para impulsar su agenda a través del poder legislativo. Aunque el Partido Nacional a lo largo de ocho años de gobierno ha incrementado considerablemente los poderes de la figura de la presidencia, muchas de las propuestas más importantes del gobierno de la Alianza tendrían que ser aprobadas por un Congreso Nacional en el que se enfrentarían a una mayoría del PN en dura oposición (61 cuando menos) aupados por la extrema derecha de la Alianza Patriótica Hondureña (4) y los votos que históricamente le han acompañado en el congreso: Democracia Cristiana (1), Unificación Democrática (1), Partido Liberal (26). Esto le da a la oposición mayoría calificada en el Congreso, y poder de veto sobre políticas presidenciales.

Aún así, contando con la presidencia y con el control de las secretarías de Estado y sus estructuras, la Alianza de oposición podría implementar algunas de las medidas propuestas en su plan de gobierno. Fundamental importancia tendría el cambio de la relación antagónica del Estado y sus fuerzas de seguridad hacia los movimientos sociales de defensa del territorio y el ambiente, de las que el asesinato de la ambientalista y feminista Berta Cáceres ha sido la mayor expresión.

De confirmarse la tendencia actual, sin embargo, los movimientos sociales y las fuerzas progresistas de Honduras se aproximan a un escenario catastrófico. La derecha tendría la presidencia del país, la mayoría en el Congreso Nacional y en autoridades municipales. Eso oxigenaría a un desgastado gobierno y le permitiría desarrollar, sin controles institucionales, una profundización de las medidas neoliberales en el país, así como la continuidad del despojo ambiental, la venta del territorio nacional, la militarización de la seguridad y la criminalización y violencia contra defensores y defensoras de los derechos humanos ambientales. La tendencia actual representa la estabilidad del régimen, la consolidación de políticas militarizadas de seguridad y, en términos de política exterior, la protección de intereses estratégicos de Estados Unidos.

Aún, sin embargo, no está dicha la última palabra.

 

NUSO

Libros: Empleo en América Latina y el Caribe. Textos seleccionados 2006-2017

Empleo

Desde la publicación del documento La hora de la igualdad: brechas por cerrar, caminos por abrir, en 2010, la CEPAL ha subrayado que la desigualdad representa un obstáculo fundamental para el desarrollo de América Latina y el Caribe. Ha señalado también que el trabajo es la “llave maestra” para la reducción de esa desigualdad y, por lo tanto, una de las variables clave para el análisis del desarrollo económico y social.
La importancia del empleo se ha subrayado explícitamente en los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS), que orientan los esfuerzos de la comunidad internacional. En el ODS 8 se acordó “promover el crecimiento económico sostenido, inclusivo y sostenible, el empleo pleno y productivo y el trabajo decente para todos”. Sin embargo, los países de América Latina y el Caribe se enfrentan a grandes desafíos para poder cumplir con este Objetivo. Tras producirse avances significativos a partir de la primera mitad de la década de 2000, en los últimos años la situación en los mercados laborales de muchos países de la región se ha deteriorado y los ha alejado del cumplimiento de las metas establecidas en el ODS 8.

 

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Compilador: Jürgen Weller
Editorial: CEPAL
Tipo: Páginas Selectas de la CEPAL
Colección: Libros y Monografías

Lo que revelan los carteles electorales

La fotografía, el eslogan, el color o la tipografía son elementos que esconden una clara intencionalidad en campaña.

Afiches Cataluña

Combinación de los seis partidos políticos de Catalunya que ya han presentado sus carteles electorales (LVE)

>Por Silvia Hinojosa

Con lo imaginativos, incluso atrevidos, que habían sido algunos carteles electorales –en el pasado, en tiempos del oasis catalán–, pero hace ya unos años que las candidaturas se refugian en lo seguro. Ni juegos de palabras, ni guiños cinematográficos y menos aún críticas al adversario. Para el 21-D –a falta de que la CUP presente hoy su campaña– todo es color y mensajes en positivo. Pero detrás de cada cartel hay una intención, en las fotos, el eslogan, el color o la tipografía empleada.

Puigdemont

Y dentro de la prudencia general en estas elecciones al Parlament, uno de los que marcan la diferencia es Junts per Catalunya, la lista del PDECat que lidera Carles Puigdemont desde Bruselas. En su cartel, en tonos naranjas, destaca la imagen del candidato y el eslogan: “El nostre president”. “Gráficamente es el más interesante, moderno y sofisticado. La fotografía, el fondo, la tipografía, todo funciona muy bien. El fondo vibra, da sensación de acción. Y la tipografía es muy potente: cursiva, con la entrelínea muy cerrada y una caja alta estirada”, valora el diseñador gráfico David Guerra, responsable de DG Estudio.

Oriol Junqueras

Guerra subraya que el naranja, que tiñe hasta la foto del candidato, es un color optimista, activo. “El logotipo, con la senyera, repite la gama en naranja y la tipografía es toda del mismo estilo, en una diagonal que sugiere movimiento”, añade.

Y un guiño. Puigdemont lleva traje y corbata, pero también un suéter de cuello subido y abrigo. Está en el exilio, les recuerda a los votantes.

El cartel de Domènech es cultural, ERC busca credibilidad y JxCat subraya al ‘president exiliado’

“¡Nos han copiado el cartel!”, denunciaba hace unos días Xavier Domènech, candidato de Catalunya en Comú-Podem, en referencia al de Puigdemont. “Hay tres elementos iguales que en el nuestro –detalla Sergio Espín, del equipo de comunicación de Catalunya en Comú, responsables del diseño–. El degradado de color, las letras en diagonal ascendente y el tratamiento de la foto, todo coincide, ya es casualidad. Y nosotros lo hicimos antes, ya en las municipales de Barcelona”.

Vistos uno al lado del otro, los carteles son realmente parecidos.

“El de Domènech es muy moderno también, en cuanto al color, pero es exagerado que digan que les han copiado”, valora David Guerra. En ambos hay un tratamiento del color, pero son técnicas, subraya. “Y la foto de Domènech está coloreada, no contrasta como la de Puigdemont. Tiene menos intención, es más tranquilo. Es un cartel casi de obra de teatro, con un toque más cultural, habla más bajo que el resto de carteles y en un lenguaje poco político. Y Domènech queda integrado, sugiere que importan más las ideas que los nombres”, añade.

Domenech

Ramon Piqué, director de imagen de la campaña de JxCat, explica que la principal dificultad de su cartel fue que Puigdemont está en Bruselas. “No pudimos hacer una sesión de fotos, pero nos fue bien aprovechar la del día de la rueda de prensa, es icónica y remite al exilio”, subraya. Otra dificultad es que se trata de una marca nueva. “El código gráfico del logotipo es muy marcado, con letras en cursiva, caja alta y en diagonal y en tonos naranjas y todo eso tenía que mandar en el cartel”, añade. “Y en cuanto al degradado, no es propiedad de nadie”, concluye.

Un cartel bien diferente a los anteriores es el de Oriol Junqueras. Su cara es protagonista, frente al logotipo de ERC que casi no se ve. “Me parece estático. La tipografía es una redonda, amable, estable. Y la foto no está trabajada, aparte del fondo desenfocado; media cara queda oscura. Sólo tiene esa visión desde abajo que le endiosa un poco –señala David Guerra–. Transmite la idea de que no hay trampa ni cartón. Junqueras sonríe, parece buen tío, llano, que no miente: ‘soy como me ves, afable, con el tic que conocéis, algo descamisado’. Toda la estructura del cartel es un poco antigua, como sin intención, sin diseño. Pero ahí contrasta el hashtag, que es algo conceptualmente muy moderno”.

Cs vende una imagen moderna; el PSC, un Iceta president, y el PP ofrece la cara amable de Albiol

Otro cartel con fuerza es el de Ciutadans, con la figura de Inés Arrimadas en un fondo naranja. “Es muy potente. La tipografía es como la de Puigdemont, condensada, agresiva, típica de carteles, aunque aquí es redonda, recta, da más estabilidad. Cs pone el acento en la candidata y en el mensaje Catalunya-España-Europa”, subraya Guerra, que aplaude el guiño del corazón, marca de Ciutadans. “La candidata lo sitúa en su corazón, tapando un escote que no se ve pero se intuye, tiene algo sexy y está bien encontrado porque ella es guapa, femenina y le sacan también partido a eso”, añade. Pero lo principal, subraya, es el naranja, sugiere modernidad.

Arrimadas

Los socialistas, en cambio, han hecho un cartel clásico, institucional. “Siempre habían utilizado una gráfica moderna, con fondos rojos, con guiños, es como si hubieran retrocedido muchos años –dice Guerra–. El cartel es serio y antiguo: el traje, la corbata, la senyera bien puesta, el fondo blanco, soso. Sólo llama la atención la tipografía, que tiene mucha fuerza, es bold, estable, cuadrada”. El PSC da relevancia a Miquel Iceta, con su nombre en el eslogan. “Quieren darle un toque institucional pero a la antigua. dirigido a un votante de cierta edad, que entiende este lenguaje”, añade.

Iceta

Xavier García Albiol, en cambio, no vende una imagen institucional. La foto del cartel del PP está tomada en la manifestación por la unidad de España del 8 de octubre, con el ­candidato en primer plano. “Hay un fondo de gente difuminado, que le da un tono populista, parece que le siguen –apunta Guerra– y se ven banderas españolas, por eso han añadido la senyera al pie del cartel”. Albiol sonríe, es una cara amable, y la americana desabrochada indica actitud de trabajo. “Y un detalle ­curioso, hay dos tipografías: una ­redonda, juvenil, para la palabra ­solución, pero para España otra muy institucional”, subraya.

García Albiol

 

LA VANGUARDIA

Richard J. Evans: “Es vital comprender de qué modo mueren las democracias”

Evans escribió La llegada del Tercer Reich, El Tercer Reich en el poder y El Tercer Reich en guerra

Evans escribió La llegada del Tercer Reich, El Tercer Reich en el poder y El Tercer Reich en guerra

>Por Oscar Ranzani

Nacido en Londres en 1947, Richard J. Evans es uno de los especialistas más destacados en la historia de la Alemania moderna. De 1989 a 1998 fue profesor de Historia en el Birkbeck College de la Universidad de Londres y entre 1998 y 2014, profesor de Historia Moderna en la Universidad de Cambridge, entre otros pergaminos que posee. Desde hace veinte años se dedica a estudiar el fenómeno del nazismo. Algunos de sus libros sobre el tema son In Hitler’s Shadow, Telling Lies about Hitler y la indispensable trilogía sobre el monstruoso poder que tuvo Hitler que ahora la editorial Península acaba de reeditar para la Argentina: el primero es La llegada del Tercer Reich, donde Evans parte del 1900 y se pregunta cómo si en el inicio del siglo XX Alemania era considerada una de las naciones más progresistas, dinámicas y admirables del mundo, en pocos años, guiada por Hitler y sus partidarios, condujo a la ruina a Europa, causó la mayor destrucción inimaginable y destrozó, para siempre, el sueño y la vida de millones de seres humanos. El segundo volumen de la trilogía, El Tercer Reich en el poder, analiza su historia una vez al frente de los órganos de gobierno y las instituciones alemanas, mientras que el tercer libro El Tercer Reich en guerra relata el desarrollo del nacionalsocialismo político y militar desde el estallido de la Segunda Guerra Mundial, el 1 de septiembre de 1939, hasta su final en Europa, el 8 de mayo de 1945.

“El nazismo fue con toda seguridad la más perversa y destructiva fuerza de la Historia. Por eso es importante conocerla. Con la trilogía, apunto a presentarle al público lector en general los más recientes conocimientos sobre el tema, por lo que hacerlo de un modo legible y fácilmente comprensible eran metas significativas”, señala Evans en la entrevista exclusiva con PáginaI12, sobre los objetivos que lo llevaron a investigar tan profundamente al nazismo desde su prehistoria, pasando por su apogeo del terror y hasta llegar a su final. “También traté de que se comprendan cabalmente las implicancias que tuvo para la gente común, incluyendo para ello anécdotas y diversos tipos de documentos”, agrega el prestigioso historiador.

–Después de todo lo que se ha investigado, ¿por qué sigue usted tan interesado en continuar con sus investigaciones acerca del Tercer Reich?

–En verdad, a largo de mi carrera abarqué un amplio espectro de temas dentro de la historia alemana, que exceden en su mayoría a éste. Mi tesis doctoral cubrió el período entre los años 1894 a 1933, analizando la decadencia de los valores liberales en Alemania, tomando como ejemplo el movimiento feminista. Luego, escribí un estudio acerca de la epidemia de cólera de 1892 en Hamburgo, utilizándola como punto de comparación entre los enfoques inglés y alemán de las relaciones entre la sociedad y el Estado, y de la libertad individual (Hamburgo se enorgullece de ser una ciudad de impronta liberal, al estilo “inglés”). Pero también dicté un curso sobre la Alemania nazi, y cuando los abogados del caso de Irving por difamación (ver recuadro) me pidieron que les recomendara una Historia del Tercer Reich generosa en detalles, al encontrarme imposibilitado de hacerlo, decidí utilizar esta experiencia que me dio la enseñanza como punto de partida para desarrollar una historia general. Sucede entonces que solo estuve estudiando el Tercer Reich durante las últimas dos décadas. Ahora mismo, estoy trabajando en las teorías conspirativas que involucran a Hitler, como parte de un proyecto a larga escala que dirijo en Cambridge, basado precisamente en este tipo de teorías. Ya que surgieron muchas investigaciones acerca de la Alemania nazi en los últimos veinte años, y muchas nuevas fuentes de información se hicieron públicas, es un tema del que siempre estamos aprendiendo algo nuevo.

–En la primera parte de su trilogía, La Llegada del Tercer Reich, narra cómo los nazis destruyeron la democracia y se adueñaron del poder en Alemania. ¿Por qué es tan importante conocer el origen de los nazis?

–Especialmente hoy, en que la democracia se halla bajo amenaza en casi todas partes como no lo estaba desde los años 30, es vital comprender de qué modo mueren las democracias y a dónde nos pueden conducir los regímenes totalitarios.

–¿Por qué los nazis encontraron una oposición tan débil a sus planes de transformar Alemania en un Estado totalitario? ¿Por qué tantos se dejaron seducir por Hitler?

–Los nazis, que nunca sacaron más del 37 por ciento de los votos en una elección abierta, transformaron el gobierno (al que accedieron el 30 de enero de 1933) en una dictadura, combinando básicamente la acción sobre las masas y la violencia criminal contra sus opositores, e incorporando ciertas medidas legales (o pseudolegales) destinadas a dotar de legitimidad a su destrucción de la democracia y de las libertades civiles. En ese marco, donde el desempleo trepaba a más del 30 por ciento de la fuerza laboral, sus oponentes eran débiles y se hallaban divididos. La poderosa retórica de Hitler, unida a su sofisticada propaganda, convencieron a muchos de que él iba a devolverle la grandeza a Alemania, resolvería el problema del desempleo, y restauraría tanto la estabilidad como el orden.

–Su trilogía cubre cultura, economía, industria, comercio, arte, educación, religión… ¿Cómo fue afectada cada una de estas áreas por el nazismo? ¿Alguna lo fue más que otras?

–Como sistema totalitario, el nazismo afectó todas las áreas de la vida. Se clausuraron todas las instituciones y establecimientos independientes (exceptuando aquellos que dependían del ejército o de la Iglesia), a la vez que se los forzó a unirse al partido nazi, o a alguna de sus fuerzas afines. Los objetivos de los nazis eran: utilizar la educación y la cultura para preparar a los alemanes para una nueva guerra por la conquista de Europa y el exterminio racial, administrar la economía de modo tal que se les hiciese viable proveer al país de armamento a gran escala, poner los templos religiosos al servicio de estas metas, diseñar activamente los principios centrales y rectores de la sociedad y de la política social, antes que estudiarlos meramente de modo pasivo. Tal como lo cuento en mi libro, su éxito sólo fue parcial: los nazis no pudieron dominar totalmente las iglesias, la economía no logró sostener el reabastecimiento de armas al ritmo y la escala que ellos requerían, y los alemanes, en general, no se mostraron muy entusiasmados con otra guerra, dada su experiencia con la Primera Guerra Mundial.

–¿En los orígenes del Partido Nacionalsocialista Obrero Alemán (Nsdap) estaban ya presentes las raíces del antisemitismo alemán?

–El antisemitismo alemán tuvo sus raíces en la aparición de teóricos y agrupaciones políticas de finales del siglo XIX. Hasta fines de la Primera Guerra Mundial, siguió siendo un fenómeno marginal. La mayoría de los alemanes no era antisemita, mucho menos los socialistas, comunistas y liberales, quienes se oponían firmemente al antisemitismo. Solo una vez que los nazis llegaron al poder esta tendencia se generalizó, especialmente como resultado de la propaganda de su régimen.

–En La llegada del Tercer Reich usted analiza, entre otros aspectos, los primeros seis meses del gobierno de Hitler. En ese periodo específico, ¿se puede ya observar la destrucción metódica del sistema democrático?

–Sí, por supuesto: desde la asunción de Hitler, el 30 de enero de 1933 hasta la creación del Estado de Partido Unico, en julio, se da una combinación de fuerza, chantaje, amenazas y decretos.

–En el segundo volumen de su trilogía, usted trata específicamente la cuestión del racismo. ¿Cómo elaboró este capítulo en particular?

–Quería demostrar como el régimen nazi desplegó sus políticas de racismo a todo nivel, desde la selección eugenésica de la raza “aria” por medio de la esterilización forzada de los discapacitados mentales y de los minusválidos hasta la discriminación contra los supuestos “degenerados”: gente como los gitanos, los criminales, los homosexuales y otros tantos. Pero sobre todo, por supuesto, contra la escasa minoría judía de Alemania, a quienes se percibía (bastante erróneamente) como una potencial amenaza contra la Nación en la guerra que se avecinaba.

–¿Las Leyes de Nuremberg de 1935 fueron las que establecieron los principios básicos de la política racial en el Estado nazi?

–Las Leyes de Nuremberg hicieron foco únicamente en los judíos, considerados por los nazis como una amenaza palpable. Efectivamente, se los marginó y se les privó del derecho al voto. Pero hubo muchas otras medidas antisemitas no cubiertas por estas leyes, destacándose la “arianización”, o expropiación de los negocios de los judíos, y luego también la discriminación hacia otras minorías raciales.

–En su libro queda claro que la llamada “Solución Final” estuvo orientada no solamente hacia los judíos, sino también hacia los discapacitados (tanto físicos como mentales). ¿Los métodos de persecución y aniquilamiento fueron los mismos?

–No, la expresión “Solución Final para el problema judío en Europa” era explícita. Todos los judíos, según se decidió en 1941, habían de ser exterminados, porque todos ellos estaban supuestamente envueltos en una conspiración para destruir a Alemania. Los minusválidos y otros eran vistos como meros obstáculos para que Alemania ganase la guerra, a los que había que barrer del camino como si fuesen “subhumanos”. La inhalación de gas se utilizaba para ejecutar a los discapacitados en los hospitales mentales, y cuando la Iglesia Católica la objetó en 1941, los grupos que se especializaban en ejecución por gas fueron redestinados a matar judíos. Pero también hubo judíos asesinados en grandes cantidades por fusilamiento en fosas, o por confinamiento en los ghettos, donde se morían de hambre.

–Más allá del Holocausto, usted ha estudiado en profundidad la sociedad alemana. ¿Cómo la describiría? ¿Era consciente del horror?

–La mayoría de los alemanes sabía acerca del exterminio judío. Muchos estaban disconformes con eso, pero no podían hacer nada, dadas las condiciones dictatoriales imperantes. Los alemanes sentían culpa, y luego de la guerra negaron haberse enterado del exterminio.

–¿Qué pasó con la cultura? ¿Fue de vital importancia para sumar a la sociedad a la causa nazi?

–La cultura fue subordinada a la propaganda, pero Hitler también inició una cruzada contra el modernismo artístico, como artista fallido que era, por lo cual sus políticas culturales fueron más que meras políticas. Se suponía que los artistas alemanes debían servir a los propósitos raciales, políticos y militares del régimen. El grueso de los artistas modernistas abandonó el país en 1933, o poco después.

–¿Cuándo se rebelaron los alemanes contra el régimen nazi? ¿Fue cuando sus pueblos y grandes ciudades empezaron a ser bombardeados por las fuerzas de los Aliados?

–La moral y la confianza del público alemán en el régimen empezó a flaquear con la derrota de Stalingrado, y luego, más que otra cosa por la destrucción que los bombarderos aliados causaron a las ciudades alemanas. Hamburgo, en julio de 1943, con 40 mil muertos y cuyo centro de la ciudad fue totalmente arrasado por una tormenta de fuego, significó un punto de inflexión. Pero los alemanes siguieron adelante porque se reafirmaron en la creencia de que luchaban por Alemania, y no por los nazis. En los últimos meses, cayeron en una completa desilusión pero el régimen los mantuvo bajo control por medio de una oleada final de terror.

–La naturaleza violenta que constituía al nazismo, ¿al final se volvió contra la propia Alemania?

–Si, al final Hitler creyó que el pueblo alemán le había fallado y que no merecía sobrevivir, por lo que ordenó que todo fuera destruido. Por fortuna, fue mayormente desobedecido.

–Según su opinión, ¿existe alguna garantía de que nunca habrá un Cuarto Reich? A pesar de todo el horror pasado, en estos tiempos la ultraderecha e incluso los partidos neonazis están creciendo y tienen representantes en los Parlamentos de toda Europa.

–A los partidos populistas y anti inmigrantes les está yendo mejor que antes, pero más que nada en el antes llamado bloque del Este, donde las raíces de la cultura democrática son poco profundas. En Alemania, incluso, el partido de extrema derecha Alternativa Para Alemania (AFD) tiene simpatizantes de Europa del Este. Pero los verdaderos neonazis siguen siendo un movimiento completamente marginal.

–En el mismo sentido, ¿piensa usted que hoy en día se debería reafirmar la conciencia colectiva y la memoria histórica?

–Sí, aunque ya son muy fuertes dentro de la mismísima Alemania. Sin embargo, me preocupa seriamente la reivindicación de los antisemitas y los simpatizantes nazis, como Stepán Bandera en Polonia. Y no me siento cómodo con la extendida creencia (que en algunos países, recibe apoyo oficial), de que Stalin era tan malo, o peor incluso, que Hitler. Ambos eran muy diferentes, y aunque Stalin era, en verdad, un genocida a gran escala, no consideraba a otras razas como si fueran inferiores, y tampoco trató de conquistar el mundo, ni siquiera Europa.

–Más allá de su investigación histórica, ¿siente usted que sus libros contribuyen a reafirmar la conciencia contra el nazismo?

–Ciertamente, espero que sí.

 

P12

El Sistema Bancario en América Latina: spread y nivel de actividad

Bancario

>Por Pablo Wahren y Lucía Converti

La intermediación de fondos es una de las actividades más tradicionales y más importantes de los bancos. En el negocio de la intermediación financiera, la principal variable para observar es el spread bancario. Esto es la diferencia entre lo que cobran los bancos en concepto de intereses por los préstamos (tasa activa) y lo que pagan bajo este mismo concepto por los depósitos (tasa pasiva). Esta diferencia está compuesta por los gastos operativos, los requerimientos de provisiones, los costos regulatorios (encajes) y la rentabilidad del banco. Sin embargo, influyen en ella –entre otras cosas y como en todos los negocios- los grados de concentración del sistema bancario, la liquidez disponible, el apalancamiento, el riesgo de devaluación, la inflación y el nivel de actividad. [1]

Considerando que la intermediación de fondos no es un negocio más sino que interviene en la distribución de recursos e influye fuertemente en la posibilidad de crecimiento y desarrollo de las naciones, resulta de interés analizar el comportamiento de esta variable en la región en comparación con el resto del mundo y determinar así las posibilidades que brinda hoy el sistema bancario local para el desarrollo regional.

Análisis comparativo

Según el Banco Mundial el spread bancario en América Latina y el Caribe es de casi el doble que lo registrado por los países de altos ingresos. Nuestra región presenta una brecha de 7,54 mientras que el grupo de los países de mayores ingresos lo hace en 4,0.

Gráfico 1: Spread bancario por agregados

Fuente: Banco Mundial

 

Al desagregar por países al interior de la región se observa un comportamiento heterogéneo. Brasil presenta el mayor spread bancario (45,34), seguido por México con un guarismo de 23,02. Es decir que las dos economías latinoamericanas de mayor tamaño son las que cuentan con los mayores spread. El podio de los primeros cinco es completado por Jamaica (15,1), Haití (15,0) y Perú (13,9). Del otro lado, los cinco países que presentan menor brecha entre tasas son El Salvador (2,0), Ecuador (3,0), Suriname (5,4), Panamá (5,5) y Bolivia (5,7).

Al comparar la evolución durante 2016 se observa que Argentina registró el mayor incremento en el spread de toda la región. Esto es producto de la política del nuevo gobierno de desregular las tasas de interés (cuya brecha entre activas y pasivas antes tenía un límite): el spread bancario se incrementó un 37% pasando de 6,49 en 2015 a 8,94 en 2016. Otros países que registraron incrementos en el spread fueron Brasil (+9,4%), Venezuela (29,9%) y Paraguay (27,4%). Por el contrario, las mayores reducciones se vieron en República Dominicana (-4,7%), Honduras (-4,1%) y Ecuador (-3,3%).

Gráfico 2: Spread bancario intrarregional

Fuente: CEPAL

Evolución de los spreads

La visión económica tradicional, entre otros argumentos, afirma que el mayor spread en economías de menor desarrollo relativo se debe al mayor riesgo que presentarían estos países. El argumento radica en que al existir una mayor volatilidad macroeconómica el riesgo de impago por parte de los clientes es más elevado. Sin embargo, a la luz de los datos esta explicación resulta insuficiente e imprecisa para explicar la evolución de los spreads durante los últimos quince años y las diferencias intrarregionales.

Entre 2000 y 2016 América Latina acumuló un crecimiento del PIB de 54,5% mientras que los países de altos ingresos lo hicieron en 30,2%, poco más de la mitad. A contramano de la visión tradicional en estos años el spread bancario se redujo más en el segundo grupo de países que en el primero, con una variación de -10,6% y -9,5% respectivamente.

A continuación se evaluará la relación de estas variables en dos países de la región. En el caso de Brasil entre 2011 y Junio de 2016, mientras el PIB es estable el spread cae, cuando empieza a caer el PIB, aumenta el spread y cuando se recupera el crecimiento el spread sigue creciendo.

Gráfico 3. Variación de PIB y Spread Bancarios Brasil (2011-2016)

Fuente: Elaboración propia. Datos: PIB en Millones de USD, FELABAN. Spread CEPAL

Gráfico 4. Variación de PIB y Spread Bancarios Uruguay (2011-2016)

Fuente: Elaboración propia. Datos: PIB en Millones de USD, FELABAN. Spread CEPAL

El caso de Uruguay muestra un spread en continuo crecimiento mientras aumenta el PIB y un estancamiento a partir de la caída del PIB. En ambos casos, el spread aumenta aun cuando el PIB crece y cae el riesgo de morosidad.

Asimismo el diferencial de spreads entre los países tampoco parece estar asociado al tamaño de las economías ni al nivel de ingresos de la población. Por ejemplo, si miramos los extremos encontramos que Brasil siendo un país considerado como de Ingreso Medio Alto tiene el mayor spread de la región, mientras que El Salvador, catalogado como país de Ingreso Medio Bajo, presenta el menor.

Gráfico 5. Variación de PIB y Spread Bancarios (2000-2016)

Conclusiones

El spread bancario constituye una variable fundamental en el negocio financiero y condiciona el desarrollo de las economías al influir en cómo y a qué costo se distribuyen los fondos. En América Latina el spread bancario prácticamente duplica al de los países de altos ingresos. Esto genera un perjuicio ya que encarece los préstamos que podrían ser volcados a la actividad productiva.

A pesar de que en los últimos quince años el desempeño macroeconómico de las economías latinoamericanas fue muy superior al del grupo de países de altos ingresos la diferencia entre spreads no se redujo y puede evidenciarse en los casos de Brasil y Uruguay como el mismo de hecho aumentó. Esta cuestión expone que existen otras variables no vinculadas al desempeño de los mercados que pueden explicar las diferencias en el nivel de spread. En este sentido, en el próximo informe abordaremos las diferencias en el grado de concentración bancaria entre países para entender cómo juega esta variable en la determinación de los spreads.

 

[1] El spread bancario en Argentina. Un análisis de su composición y evolución. Federico Grasso y Alejandro Banzas (2006).

 

Publicado en: CELAG