Marichuy, deja huella en la campaña presidencial mexicana

La candidata Marichuy no reunió las firmas necesarias para presentarse a las elecciones, pero dio impulso a la campaña de un movimiento indígena nuevo, que aspira a obtener representación política.

Marichuy

Mitin de Marichuy, Noviembre de 2017 (EneasMx/Wikimedia Commons)

>Por Laura Dowley

‘México lo tienen secuestrado desde arriba y se lo vamos a quitar junto con ustedes!’  dijo María de Jesús Patricio en un mitin político el 11 de Febrero. Sus seguidores llenaron la plaza del Palacio de Bellas Artes – un símbolo cultural en el corazón de la Ciudad de México- para escuchar a la mujer que esperan traiga consigo un cambio radical para la sociedad civil mexicana.

Marichuy, o Patricio como es comúnmente conocida, es una curandera indígena de Nagua, del estado de Jalisco al oeste de México. Fue nominada por el Congreso Nacional de Indígenas (CNI), una coalición de 58 grupos indígenas, para ser su portavoz en las campañas presidenciales de este año.

Aunque no tuvo éxito en reunir las firmas necesarias para presentarse a las elecciones, previstas para el día 1 de julio, el CNI matizó que no se detendrá: ‘ “Después de las elecciones de 2018 vienen muchas más, y vamos a seguir resistiendo”, aclaró la concejala Yamili Chan Dzul, del Yucatán, al  sur de México, en una comparecencia en Febrero: ‘Vamos a seguir caminando. Esta es una llamada para despertarnos la concienciahacia delante.’

Juntar las 866.593 firmas – que supone el 1% de la media de votantes registrados en cada estado- que los candidatos independientes necesitan para optar a la presidencia resultó problemático para el CNI.

A lo largo de su campaña en pos de la candidatura de Marichuy, el congreso argumentó que el mecanismo para reunir firmas es discriminatorio para las comunidades indígenas, lo cual constituye el núcleo de su apoyo electoral.

Las firmas se recogen mediante una aplicación del Instituto Nacional Electoral. Sin embargo, siendo esta recogida solo posible mediante aparatos con acceso a internet, muchos habitantes de estas comunidades indígenas ni siquiera están en posesión de teléfonos móviles. En México, los usuarios de internet son alrededor del 60% de la población, según datos del Banco Mundial.

Marichuy fue la primera mujer indígena en intentar postularse candidata a la presidencia, apoyada por el Ejercito Zapatista de Liberación Nacional (EZLN)

Este movimiento indígena, radical y de izquierdas, es famoso por haber llevado a cabo un levantamiento en el sur del país, que comenzó el 1 de Enero de 1994, día en el que el Tratado de Libre Comercio de Norteamérica (NAFTA) con los Estados Unidos y Canadá entró en vigor, argumentando que dicho acuerdo y el liberalismo económico que conllevaba tendría un impacto muy negativo en las comunidades indígenas del país.

En el escenario de Febrero, Marichuy fue flanqueada por cinco concejalas indígenas elegidas por sus comunidades para representarlas en el CNI. Esta formación, exclusivamente de mujeres, fue más que notable en un país en el que el sexismo está ampliamente extendido.

“Me agrada que (el CNI) haya designado a una mujer”, me dice Rosario, propietaria de un pequeño negocio en el Estado de México, justo a las afueras de Ciudad de México. Rosario comentó: “Estas comunidades saben que la mujer tiene una posición muy importante, y que tiene la capacidad de organización”.

La defensa de los derechos de las mujeres es una prioridad para el CNI: ‘Cuando una mujer se levanta y exige sus derechos, exige ser respetada, para ellos (el gobierno) es una amenaza y la desaparecen,” dice la concejala Guadalupe Vásquez Luna desde Chiapas, el estado más pobre de México: ‘Nos asesinan. Nos violan. Nos desaparecen’.

En el mitin que tuvo lugar en Febrero, hubo un sentimiento fuerte de orgullo indígena ya que cada una de las concejalas iba ataviada con las vestimentas típicas de sus comunidades e iniciaron los discursos en sus respectivas lenguas.

A diferencia de otros mítines a lo largo del país en los últimos meses, la mayoría de asistentes eran hispanoparlantes que no tenían ninguna raíz indígena. Sin embargo, como señal de respeto, aplaudieron a las ponentes cuando empezaron a hablar aunque no las entendiesen.

De acuerdo con las estadísticas gubernamentales, en México el 21,5% de la población se auto identifica como indígena. Muchas de estas comunidades estas profundamente insatisfechas con el actual sistema político y económico del país, y ven a las élites minoritarias del país como claras beneficiarias de ese sistema. Como respuesta, el CNI está proponiendo un nuevo sistema anti-capitalista.

El CNI acusa al sector privado de robar: ‘Las empresas internacionales nos están robando. Nos quitan nuestras tierras, nuestros bosques y nuestras minas’ dijo la concejala Reyna Cruz López en el mitin. Reyna es de Oaxaca, el estado con el segundo porcentaje más alto de gente viviendo bajo el umbral de la pobreza, después de Chiapas.

Un informe del 2017 de la oficina del Alto Comisionado para los Derechos Humanos de la ONU confirma las violaciones de derechos humanos en el contexto de proyectos de minería a gran escala, energía, construcción y promociones de turismo en México.

Este informe incluyó ejemplos de casos en los que el gobierno mexicano y compañías privadas no cumplieron con su obligación de asegurar la participación de comunidades indígenas en proyectos que les afectan. El informe menciona, por ejemplo, una orden de expropiación presentada a una comunidad indígena en el estado de México en 2012 para construir una autopista a lo largo de tierras ancestrales, sin que fuera llevada a cabo la preceptiva consulta previa a la comunidad.

Los defensores no indígenas del CNI comparten esta frustración frente al capitalismo: ‘No creemos que el capitalismo puede reformarse’, decía Gilberto López y Rivas, profesor de antropología en la Universidad Nacional Autónoma de México, quien también dijo, en el mitin de Febrero: ¡Queremos un cambio profundo!

El CNI se centra a menudo en el abuso de los derechos humanos sufrido por las comunidades indígenas. ‘Nos quitaron nuestra lengua. Nos quitaron nuestro traje. Nos quitan nuestras tierras’, dijo Vásquez, de Chiapas, a la multitud, ‘Pero yo ya no estoy dispuesta a ser humillada. Ya no estoy dispuesta a dejar que me quiten lo que es mío’.

También se refirió a la Masacre de Acteal de 1997, en la que perdió a nueve familiares. Tenía tan solo diez años cuando un grupo de paramilitares asaltó la iglesia local, asesinando a 45 indígenas tzotziles, miembros de un partido político pacifista.

La concejala Magdalena García Durán también habló de su experiencia personal. En 2006, fue una de las 207 personas arrestadas en el pueblo de San Salvador Atenco, a una hora al noreste de la Ciudad de México, durante un protesta contra la expropiación de tierras indígenas: ‘Nos pegaron, nos encarcelaron y nos fabricaron delitos’, le dijo a la muchedumbre que abarrotaba el mitin. García fue puesta en libertad 18 meses después, siguiendo un dictamen de la corte federal que sentenciaba la falta de evidencias que justificara su detención.

La Comisión Inter-Americana de Derechos Humanos encontró después, en relación con el caso de San Salvador Atenco, que el gobierno Mexicano fue responsable de detenciones ilegales y arbitrarias, también de no asegurar las garantías judiciales a los detenidos, así como de numerosos casos de tortura y de violación.

El CNI propone un gobierno con mayor participación ciudadana y que funcione no solo para las comunidades indígenas, sino para todos los mexicanos. ‘Anhelamos y pensamos que puede haber formas de construir el poder desde abajo. Un poder conjunto e inclusivo en donde quepan todos’, dice Marichuy.

Aida trabaja en proyectos de índole cultural con comunidades indígenas en Ciudad de México: ‘Lo que a mí me gusta es que no quieran llegar al poder para estar en la silla, quieren que se mueva la gente’.

La mayoría de comunidades indígenas vive en áreas rurales, pero las concejalas parecían dispuestas a hacerse notar entre las audiencias urbanas, insistiendo en la relación fundamental entre la ciudad y el campo. ‘Si los pueblos indígenas no siembran frijoles y maíz, el gobierno moriría de hambre’, afirma Francisca Álvarez Ortiz del Estado de México.

Víctor, un estudiante de filosofía de la Ciudad de México, asentía: ‘Las pueblos indígenas son los que nos alimentan’.

Pero el clamor de Álvarez oculta una verdad incómoda. En 2016, el 65% del consumo de maíz en México vino de importaciones, mayormente de los Estados Unidos, y la producción interna en México está dominada por dos grandes compañías: Gruma y Minsa.

Como bien predijeron los Zapatistas, los granjeros de pequeñas tierras han sufrido el resultado del NAFTA. Han sido incapaces de competir con las subsidiadas empresas productoras de maíz en Estados Unidos en términos de precios, y diez años después de la firma del acuerdo del NAFTA, las exportaciones de Estados Unidos hacia México han aumentado en un 323%.

La corrupción es otro asunto importante para el CNI. Transparencia Internacional, en su informe anual de 2017 que evalúa la percepción de la corrupción en 180 países diferentes, sitúa a México en el puesto número 45 con una puntuación idéntica a países como Laos, Papúa Nueva Guinea, Paraguay y Rusia.

‘Creemos que para cambiar el mundo no podemos ser tan corruptos como los demás, no como los políticos que pretenden representarnos’, dijo Juan Villoro, un conocido escritor y periodista que también habló en dicho mitin, junto a las concejalas

Mientras que las concejalas articularon exitosamente las discrepancias de las comunidades indígenas, el CNI no lanzó ninguna propuesta política, y sus campañas no han estado exentas de contratiempos.

Aunque Marichuy está ahora mismo fuera de la carrera hacia la presidencia, su campaña ha inspirado a todos sus defensores. ‘Hay un mensaje detrás de las firmas’, Aida me dijo ‘Aunque no figure en la papeleta electoral, nosotros, el pueblo, vamos a seguir organizándonos’.

 

DEMOCRACIA ABIERTA

¿La democracia de Google, Facebook y YouTube?

 Apuntes sobre el sesgo ideológico de los motores de búsqueda

Si los motores de búsqueda de Internet pueden ser calibrados con sesgos ideológicos, la neutralidad de la red es un deseo pero no una realidad. La política de las grandes empresas de la red, así como su vinculación con gobiernos y grupos poderosos, no contribuye a la libre elección de los contenidos digitales por parte de los ciudadanos.

Redes Sociales

>Por Lucas Malaspina

Cuando Mark Zuckerberg decidió ofrecer a las naciones emergentes Internet.org, la rabia no tardó en estallar. Como explica acertadamente Daniel Leisegang en «Facebook salvará al mundo», este proyecto surgido en 2013 tenía una mascarada humanitaria: permitir acceso a Internet a una enorme cantidad de ciudadanos del Tercer Mundo que aún están fuera de la aldea global. Por supuesto, la idea era romper las barreras que impiden, por ejemplo, que dos tercios de la población india se puedan unir a Facebook.

Además de la India, el proyecto aspiraba a un total de 100 naciones más. Acusada de violar la neutralidad de la red, Facebook tuvo que cambiarle el nombre: de Internet.org pasó a llamarse Free Basics y de la India debió irse en 2015 debido a la gran cantidad de críticas que recibió. ¿Por qué? Porque Facebook no estaba ofreciendo Internet a secas, sino que se trataba de una aplicación para teléfonos móviles a través de la cual los sectores de menores recursos de ese país podían acceder a una versión recortada de Internet. La idea, originalmente impulsada con el espíritu de que «la conectividad es un derecho humano», terminó exhibiendo que lo que se proponía Zuckerberg es apropiarse de la gigantesca masa de datos de una significativa cantidad de los pobres del mundo (para monetizarlos).

¿Quién decidía qué servicios están disponibles en la aplicación? Según Chris Daniels, el vicepresidente de la compañía, la decisión la toman Facebook, el gobierno de cada país y el operador de telecomunicaciones asociado. Con razón, podríamos afirmar que si «Internet es un derecho humano», con Free Basics Facebook sólo aspira a regular los «derechos humanos recortados» de la mitad de la población mundial (la que no tiene acceso a Internet). Estas políticas que agrandan la brecha digital poco tienen que envidiarle al modelo de Corea del Norte, donde la mayoría sólo tiene a acceso a una modesta Intranet local que apenas tiene 28 páginas webs disponibles con contenidos fiscalizados por el gobierno de Kim Jong Un (la excepción la constituye, como es obvio, la élite gobernante). Free Basics, que se encuentra en una fase muy embrionaria, sumaba en noviembre de 2016 unos 40 millones de usuarios.

En América Latina, Free Basics ya ha sido implementado en 3 países (sobre veintitrés a nivel mundial que se han unido): Colombia, Guatemala y también Bolivia, cuya inclusión en este programa pone de relieve la insuficiente discusión de los problemas del monopolio de la información en la era digital por parte del populismo continental (o en este caso, su colaboración/subordinación con esos monopolios).

Free Basics no permite ingresar a Google, el buscador más popular de todo el mundo, sino a Bing (el buscador de la competencia, Microsoft, que posee acciones en Facebook). Ahora bien, ¿qué ocurre con el 49,6% (3700 millones de personas) que sí tenemos acceso a Internet a secas, sin (aparentes) restricciones, y del cual más del 90% somos usuarios de Google? ¿Podemos realmente jactarnos de utilizar un Internet realmente libre y «neutral»?

Efecto de la Manipulación de los Motores de Búsqueda

La expresión «Efecto de la Manipulación de los Motores de Búsqueda» (Seme, por sus siglas en inglés), fue utilizada en agosto de 2015 por Robert Epstein y Ronald E. Robertson, dos académicos de estadounidenses que demostraron que se podía decantar el voto de un 20% o más de indecisos en función de los resultados que ofreciera Google. En varios artículos y entrevistas, Epstein se refiere a su estudio y afirma que «en algunos grupos demográficos, hasta un 80% de los votantes» pueden llegar a cambiar sus preferencias electorales según los resultados que ofrece Google. En febrero de 2016, los medios ingleses fueron el terreno de una polémica sobre la injerencia del buscador en las elecciones de los votantes.

Este no es solamente un problema de la democracia occidental. Según la intelectual francesa Barbara Cassin, autora de «Googléame: la segunda misión de los Estados Unidos», Google habría cedido al gobierno de China perfiles de sus usuarios en ese país, «lo cual permitió identificar e incluso arrestar a disidentes». Para ilustrar el sesgo ideológico de los motores de búsqueda de manera clara, Cassin afirma que «si, en un país que no sea China, uno escribe en el Google Tiananmen, obtendrá datos sobre la represión a manifestantes en esa plaza de Beijing, en 1989, que dejó centenares de muertos: pero, si lo escribe en China, no obtendrá más que pacíficas referencias urbanísticas a la plaza».

Por supuesto, Google no admite este sesgo ideológico implícito en su sistema, pero las recientes políticas de la empresa para ayudar a «combatir el terrorismo» en general y al Estado Islámico (ISIS) en particular, exhiben concretamente el modo en que funciona su poder sobre las decisiones de las personas en la actualidad. Es el caso de Jigsaw, un programa piloto de Google basado en su sistema de publicidad personalizada, pero con un objetivo cero comercial, sino político. El plan es localizar usuarios proclives al mensaje del ISIS y ofrecerles una serie de anuncios específicos para ellos, a través de los cuales se los redirige disimuladamente a contenidos que refutan las tesis del ISIS y que podrían ayudar a quitarles de la cabeza la idea de unirse al ‘Califato’. Pocos podrían objetar que Google convenza a las personas de rechazar a ISIS, pero es evidente que esto revela que Google está lejos de ser «neutral» u «objetivo» y, por el contrario, llama la atención sobre las posibilidades de manipulación sobre el usuario.

¿Batalla contra las «fake news» o censura 2.0?

Los tiempos han cambiado, y con ellos también lo que hallamos en internet. En 2010, al buscar sobre política en Google, solo un 40% de los resultados los proveían medios de comunicación. Ya en 2016, ese porcentaje rozaba el 70%. El 25 de abril de 2017, Google anunció que había implementado cambios en su servicio de búsqueda para dificultar el acceso de los usuarios a lo que llamaron información de «baja calidad» como «teorías de conspiración» y «noticias falsas» (fake news). Facebook también aplicó una política similar.

Google aseguró que el propósito central del cambio en su algoritmo de búsqueda era proporcionar un mayor control en la identificación de contenido considerado objetable. Ben Gomes, a título de la compañía, declaró que había «mejorado nuestros métodos de evaluación e hizo actualizaciones algorítmicas» para «hacer emerger contenido más autorizado». Google continuó: «actualizamos nuestras directrices para evaluar la calidad de búsqueda para proporcionar ejemplos más detallados de páginas web de baja calidad para que los evaluadores marquen adecuadamente». Estos moderadores tienen instrucciones de marcar «experiencias molestas para el usuario», incluidas páginas que presentan «teorías de conspiración». Según Google, estos cambios rigen a menos que «la consulta indique claramente que el usuario está buscando un punto de vista alternativo».

Desde que Google implementó los cambios en su motor de búsqueda, menos personas han accedido a sitios de noticias de izquierdas, progresistas, u opositoras a la guerra. Con base en la información disponible en análisis de Alexa, algunos de los sitios que han experimentado bajas en el ranking incluyen WikiLeaks, Truthout, Alternet, Counterpunch, Global Research, Consortium News, WSWS, la American Civil Liberties Union y hasta Amnistía Internacional. También en el caso de Facebook, el editor de KRIK, un medio independiente serbio, publicó sus quejas en The New York Times, explicando como cambios para combatir (aparentemente) las fake news, los perjudicaron seriamente.

Llamativamente, poco antes de esa decisión de Google, The Washington Post había publicado un artículo, «Los esfuerzos de propaganda rusos ayudaron a difundir noticias falsas durante las elecciones». Allí se citaba a un grupo anónimo conocido como PropOrNot que compiló una lista de sitios de noticias falsas difundiendo «propaganda rusa». El 7 de abril de 2017, Bloomberg News informó que Google estaba trabajando directamente con The Washington Post para «verificar» los artículos y eliminar las «fake news». Esto fue seguido por la nueva metodología de búsqueda de Google: de los 17 sitios declarados como «noticias falsas» por la lista negra del Washington Post, 14 cayeron en su clasificación mundial. La disminución promedio del alcance global de todos estos sitios es del 25 por ciento, y algunos sitios vieron caerlo hasta un 60 por ciento. La sospecha de que Google se haya aliado con estos medios tradicionales potentes para discriminar a medios alternativos e independientes cobra fuerza al hilar estos hechos.

Además de su propio buscador, Google posee el control de YouTube, empresa que compraron en 2006 (un año después de su fundación). YouTube paga a los productores de videos a partir de una cierta cantidad de visualizaciones por colocar anuncios (ads) sobre ellos, actuando de intermediario entre las grandes empresas y ellos. El cambio más serio de YouTube se produjo a raíz de informes como el de The Wall Street Journal de que los anuncios aparecían en los videos de YouTube que mostraban extremismo y odio. Cuando grandes anunciantes como AT&T y Johnson&Johnson retiraron sus anuncios, YouTube anunció que trataría de hacer que el sitio sea más aceptable para los anunciantes al «adoptar una postura más dura respecto del contenido ofensivo, ofensivo y despectivo». Con estos nuevos algoritmos, Google perjudicó a productores de videos progresistas e independientes, provocando lo que estos denominaron the adpocalypse (apocalipsis de los anuncios). Básicamente, el mecanismo implementado terminó por condenar aquellos contenidos alternativos y empuja a los productores de videos a evitar opiniones o puntos de vista objetables… según los estándares políticos de Google/YouTube.

Basado en su estudio, Epstein había cuestionado que Google y Facebook decidan que noticias son falsas y cuales. Considera que su posición monopólica los transforma en un super-editor periodístico mundial. Las prácticas de Google en relación a los algoritmos que regulan los motores de búsqueda no sólo tuvieron implicancias políticas sino también fines comerciales. En el marco de su regulación anti-trust, la Comisión Europea multó a Google con $ 2.7 mil millones por manipularlos para dirigir a los usuarios a su propio servicio de compras, Google Shopping, haciendo uso de su posición dominante.

La oscuridad de los algoritmos: problema democrático elemental

Cathy O’Neil, cientista de datos y autora del libro «Armas matemáticas de destrucción», alerta sobre la «confianza ciega» depositada en los algoritmos para obtener resultados objetivos. La arquitectura de internet tiene una influencia tremenda sobre lo que se hace y lo que se ve; los algoritmos influyen sobre qué contenido se extiende más en Facebook y cual aparece encima de las búsquedas de Google. Sin embargo, los usuarios no están prevenidos de esto ni capacitados para entender el modo en que se recolectan los datos y el modo en que estos se clasifican. Si Free Basics fue criticado por intentar que los desconectados del Tercer Mundo accedan a una conexión de segunda clase creyendo que Internet es igual a Facebook, no puede negarse que para la ciudadanía digital «de primera clase» Google es prácticamente lo mismo que Internet, pues es la que nos posibilita acceder organizadamente a los contenidos de ella. De este modo, la oscuridad de los algoritmos se constituye en un problema democrático elemental. Tras un decenio de gobiernos populistas o progresistas en América Latina, no se han tomado medidas que controlen el poder de estos monopolios de la información, en tanto que la discusión sobre este tópico se encuentra completamente atrasada. Incluso la izquierda de las naciones desarrollados no ha llegado a proponer un programa de conjunto. Quizás, una de las tareas más urgente consista en politizar esta cuestión.

 

NUEVA SOCIEDAD

Donald Trump y América Latina: La relación ignorada

La presidencia de Donald Trump y América Latina en 2017

Hace unas semanas, Donald Trump cumplió un año en la Casa Blanca. Si bien la política exterior y la línea discursiva del presidente Trump en 2017 se concentraron en Corea del Norte, Rusia, China, Irán y México, resulta imprescindible analizar cuál fue la relación de la Casa Blanca con América Latina y cuáles serán las repercusiones de la presidencia Trump para la región.

Trump y America Latina

>Por Carlos Galina

La esfera internacional y el papel de Trump

Frente al desinterés de George W. Bush en la región —consecuencia de su prioridad hacia la guerra contra el terrorismo— y la tensión remanente de la Guerra Fría que limitó el campo de acción de las administraciones anteriores, la presidencia de Barack Obama (2008-2016) marcó un reinicio de las relaciones entre Estados Unidos y América Latina. Durante su presidencia se logró reestablecer la relación entre Cuba y Estados Unidos, mantener una línea de comunicación con Venezuela, apoyar la consolidación democrática y la lucha contra la corrupción en la región e incluir a ciertos países en uno de los tratados comerciales más ambiciosos de nuestra era, el Tratado Transpacífico (TPP). A pesar de las controversias entre el Obama y Hugo Chávez y el rechazo de ciertos líderes latinoamericanos a la presencia norteamericana, el presidente estadounidense cimentó las bases para una política exterior exitosa con América Latina. Sin embargo, el simple hecho de que esta estrategia haya sido adoptada durante la administración de Obama fue suficiente para que la administración de Trump decidiera no darle prioridad.

En agosto de 2017, Mike Pence, el vicepresidente de Estados Unidos, visitó Colombia, Chile, Argentina y Panamá. Si bien muchos esperaban que esta visita marcara la línea que la administración republicana establecería con América Latina, esto nunca sucedió. En cada país, Pence remarcó el interés de Estados Unidos en mantener a la región como un líder comercial, pero pronto —frente a un tuit del presidente Trump sugiriendo una invasión a Venezuela— el vicepresidente tuvo que cambiar el discurso y destinar la mayor parte de su gira a minimizar la declaración de Trump. La gira solo evidenció que hasta ese momento la administración estadounidense no contaba con una política clara hacia América Latina, situación que continuó hasta el fin de año. Sumado a esto, encuesta tras encuesta se puede observar una caída sustancial en la percepción positiva de los ciudadanos latinoamericanos hacia Estados Unidos, donde solo un 16% aprueba el papel del presidente Trump.

China ha sido el país que más se ha beneficiado del desinterés de Estados Unidos en la región. La línea discursiva del presidente estadounidense en 2017 se caracterizó por una visión proteccionista en el área comercial. La línea fue remarcada con la salida de Estados Unidos del TPP. Así, China ha encontrado una oportunidad única para fortalecer alianzas comerciales y tratados dentro de la región haciendo a un lado a Estados Unidos. Desde 2009 China incrementó su interés hacia América Latina: la nación asiática es el principal socio comercial en muchos países de la región y sus bancos de desarrollo han dotado de un financiamiento sustancial en los últimos años a diversos proyectos de infraestructura. Frente al abandono de la administración estadounidense, China ha llegado a ocupar los espacios vacíos en la agenda latinoamericana. El poder económico estadounidense en la región desempeñaba hasta hace poco un papel de garante en temas de protección a derechos humanos y democracia, donde Estados Unidos utilizaba este poder blando para coordinar estrategias y apoyos en foros multilaterales. La alianza económica de la región latinoamericana con China podría representar un cambio en este sentido. China podría empezar a ser el país que cuente con un apoyo incondicional en el escenario multilateral.

Trump y América Latina

Si bien América Latina como región no formó parte de la agenda de la administración estadounidense en 2017, Argentina sí logró posicionarse en el radar norteamericano. La visita del presidente Macri a la Casa Blanca —después de sus declaraciones a favor de Hillary Clinton— marcó un acierto en la política exterior argentina. Poco después de la visita, el presidente Trump levantó una prohibición a la importación de limones argentinos. Así, el presidente argentino encontró la forma de acercarse al presidente y caer en su gracia.

En contraste con el acercamiento con Argentina, este año la relación entre Estados Unidos y Colombia estuvo en riesgo dadas las amenazas del presidente Trump de retirar la ayuda de su país hacia la nación latinoamericana. De la misma forma, tras los avances pasados en la relación con Cuba, el presidente Trump restituyó algunas de las restricciones de viaje y retiró a la mayor parte de su cuerpo diplomático de la isla. Si bien muchos esperaban que las acciones del presidente Trump hacia Cuba fueran más contundentes —dado que el electorado cubano-estadounidense fue crucial para su victoria presidencial—, la realidad es que después de estas gestiones la Casa Blanca limitó sus declaraciones hacia el país caribeño.

En 2017, Trump destinó la mayor parte de su interés hacia América Latina a la situación en Venezuela, llegando a sugerir una eventual intervención militar. Del caso venezolano es importante recalcar la línea discursiva de Nicolás Maduro hacia la administración Trump. A pesar de que se esperaba que la tensión entre los presidentes de ambos países incrementara durante el año, esto nunca sucedió. La relación entre Estados Unidos y Venezuela se encontró en un punto crítico cuando la Casa Blanca condenó la situación en Venezuela y recibió a Lilia Tintori, esposa del político encarcelado Leopoldo López. Sin embargo, después de una serie de declaraciones de ambos bandos, el acto no trascendió como se habría esperado. La realidad es que el presidente venezolano parece haber entendido la forma de operar de la presidencia de Trump, una administración que se caracteriza por muchas declaraciones y pocas acciones, y ha encontrado en esta desorganización una ventana de oportunidad para respaldar su propia presidencia. La insistencia de Donald Trump en mantener los niveles de compra del petróleo—bajo el argumento de que Estados Unidos no quiere afectar a los ciudadanos venezolanos— ha servido para que, frente a la falta de liderazgos fuertes en América Latina, Maduro consolide aún más su mandato. Las elecciones de este año serán una prueba crucial para la relación entre Trump y Venezuela, y será interesante ver la posición que Maduro adoptará en los siguientes meses.

Una lección importante del año 2017 es que, a diferencia de su postura ante otros países y regiones, América Latina sigue siendo una región a la que Trump no presta demasiada atención. El menosprecio hacia la región puede ser explicado por una falta de interés de sus votantes hacia América Latina, lo cual bajo la lógica del presidente convierte a la política exterior hacia esta región en un tema poco redituable electoralmente. También podría explicarse por la obsesión del presidente con México y Centroamérica. Llama la atención que, en los temas prioritarios como migración, comercio y seguridad, el backyard ha sido reducido a México y Centroamérica.

2018: ¿el surgimiento de interés hacia América Latina?

Frente a todo lo sucedido en la Casa Blanca durante 2017, varios jefes de Estado latinoamericanos adoptaron una postura de «dejar pasar» e intentaron no reaccionar ante los tuits y controversias del presidente estadounidense. 2017 hizo evidente que Trump mantiene una visión proteccionista y no está en su interés apoyar acuerdos comerciales multilaterales. Con esto en mente, los países latinoamericanos se encuentran en una encrucijada para encontrar el balance entre buscar nuevos acuerdos bilaterales con Estados Unidos o comenzar a diversificar sus mercados y apostarle a la región asiática.

La estrategia de América Latina para la relación con Estados Unidos debe enfocarse al acercamiento institucional, una lección que aprendieron con mucho esfuerzo Colombia y México y que aun así tuvo altibajos el año pasado. Frente al aislacionismo de Estados Unidos, surge un área de oportunidad para reunificar a la región latinoamericana y consolidar su papel en los foros internacionales. La Alianza del Pacífico y la propuesta de reinicio del TPP presentan circunstancias únicas para fortalecer las economías de la región y protegerse de la volatilidad de la presidencia estadounidense.

Hasta ahora América Latina como región no es prioritaria para la administración de Trump y es poco probable que esta situación cambie. Las elecciones de 2018 en siete países podrían cambiar el statu quo tanto por la retórica que podrían adoptar ciertas campañas como por las personas que eventualmente ocuparán el poder dentro de la región. La carrera presidencial estadounidense de 2016 marcó nuevas formas dentro de la política. Estas nuevas formas podrían trasladarse a las campañas latinoamericanas y el desdén del presidente Trump hacia las instituciones y la democracia podría influir en el surgimiento de nuevos actores con posturas similares dentro de América Latina.

En unos días el secretario de Estado estadounidense, Rex Tillerson, visitará Argentina, Perú y Colombia. Su visita podría representar el primer desvelamiento de una línea coherente de política exterior hacia América Latina. Sin embargo, los temas que estarán en la agenda local estadounidense —como una posible reforma migratoria— ponen en riesgo el impacto de la visita. Frente a los inminentes procesos electorales y los temas cruciales que enmarcarán las contiendas en cada país de América Latina, es poco probable que las relaciones con Estados Unidos mejoren o empeoren en los siguientes meses. No obstante, en un mundo de inestabilidad e incertidumbre como el que presenciamos en 2017, a veces el impasse es la mejor carta que los actores internacionales pueden jugar.

 

 

NUEVA SOCIEDAD

Honduras: el bipartidismo y el péndulo

Las autoridades electorales de Honduras postergaron la declaración del ganador de las elecciones presidenciales. La crisis política se hace evidente y el candidato progresista denuncia irregularidades. ¿Qué puede pasar con el bipartidismo hondureño? ¿Tiene posibilidades el progresismo de ganar la contienda?

Honduras

>Por Sergio Fernando Bahr

Desde hace más de un siglo, el Partido Nacional (PN) y el Partido Liberal (PL) han controlado el sistema político hondureño. A pesar de las interrupciones provocadas por los gobiernos militares (con complicidad de los partidos), esta situación derivó en la consideración de Honduras como uno de los países con los sistemas bipartidistas más estables de América Latina.

En buena medida, ese éxito se debe a la capacidad de sus élites políticas para la negociación y el pacto en coyunturas críticas. Un elemento clave para entender la fragilidad democrática hondureña actual es que esa capacidad de negociación y acuerdos no siempre se hace efectiva a través de las instituciones (que en una democracia deberían cumplir esa función), sino en los propios espacios ocultos de esas élites gobernantes. También han sido posibles porque el PN y el PL no han expresado verdaderas diferencias políticas e ideológicas profundas, salvo en momentos muy puntuales de su historia (como durante el gobierno interrumpido de Manuel Zelaya Rosales).

Las relaciones incestuosas de los partidos políticos hondureños tienen su génesis en el nacimiento de los mismos: a inicios del siglo XX, el Partido Nacional surge como una división del Partido Liberal. Entonces, se trataba de estructuras que giraban alrededor de un caudillo o líder local que movilizaba a la población para las elecciones o para alzarse en armas según fuera necesario. Como afirmaba Patricia Otero Felipe, “las lealtades políticas se mantenían sobre un sistema clientelar y de influencias políticas que premiaba con puestos políticos a los más cercanos colaboradores, un sistema de prebendas que con pocos cambios se mantuvo a lo largo del tiempo”

Ambas estructuras partidarias se sumaron a las políticas de seguridad nacional durante el siglo pasado y, desde hace años, han pasado por un proceso de uniformización neoliberal. Sus plataformas políticas y económicas son indistinguibles en su conservadurismo moral y social, su neoliberalismo económico y su mojigatería religiosa.

Sin embargo, esa uniformidad no está delimitada por una línea ideológica. Las dirigencias de los partidos tradicionales se sientan en las mesas directivas de las grandes empresas, comparten la propiedad de grandes medios de comunicación, y han sido cómplices de los grandes desfalcos al erario en la historia del país. De ambos partidos han sido dirigentes y socios los líderes de los carteles del narcotráfico en Honduras.

A pesar de esa historia compartida, en 2009 se evidenció la incapacidad de las débiles instituciones democráticas hondureñas para solucionar un conflicto que se gestaba entre las élites políticas. El resultado fue un golpe de estado, y ocho años después, la continuidad de la polarización política y social, y la pérdida de legitimidad institucional.

El gobierno de Porfirio Lobo Sosa (2009 a 2013) buscó recuperar la legitimidad internacional perdida durante el golpe. A partir de 2014, Juan Orlando Hernández intentó estabilizar la nueva situación política del país, movida por el descalabro del socio histórico, el Partido Liberal, que había dejado su lugar como segunda fuerza política del país a LIBRE, el partido con tendencias progresistas surgido de la resistencia al golpe de Estado y bajo el liderazgo absoluto del ex presidente Manuel Zelaya Rosales.

Ya a partir de 2009, Juan Orlando Hernández del PN controlaría el Congreso Nacional (cuyo presidente tiene importantes facultades para la toma de decisiones) y, desde ahí, al mismo gobierno de Porfirio Lobo Sosa. Su elección en el 2009 solo hizo oficial el control del Estado que de facto mantenía.

Desde el poder, el PN reformó la Corte Suprema de Justicia y el Ministerio Público, el Comisionado de Derechos Humanos, el Tribunal Supremo Electoral (clave en este momento) y profundizó su influencia sobre los medios de comunicación masivos (impresos, radiales y televisivos). Como ex militar, además, aseguró la lealtad de un Ejército que, en lugar de tomar café en los cuarteles como solía decirse, retomó su vocación de ser actor fundamental de las dinámicas políticas del país.

El control de las estructuras del Estado es absoluto y los empleados públicos se convierten en activistas de partido en un reflejo perverso de las luchas obreras: defendiendo sus puestos de trabajo. Los medios masivos de televisión y prensa hacen coro a las narrativas oficiales, las iglesias –que gozan de prebendas del erario- envían mensajes no tan sutiles a la feligresía para llamarles a apoyar al poder.

Las dimensiones planteadas son constitutivas de la política hondureña caracterizada por el bipartidismo y, por tanto, deben ser consideradas por aquellos opositores que desean ponerle fin. En horas de la noche del 26 de noviembre –cuando se presentaba el primer anuncio oficial desde el Tribunal supremo electoral (TSE)— el bipartidismo en Honduras pendía de un hilo: los primeros resultados, tardíos, daban como ganador a la Alianza de Oposición formada por LIBRE y el Partido Innovación y Unidad (PINU), cuyo su candidato es el presentador de televisión y comentarista de fútbol, Salvador Nasralla.

El TSE y la emergencia del «voto rural»

Durante las elecciones de 2013 se prolongó el horario de votación durante una hora para dar oportunidad a todos los ciudadanos de ejercer su derecho al sufragio. En 2017, sin embargo, esa oportunidad ya no es considerada prioritaria y, a pesar de la alta afluencia de votantes desde muy temprano en la mañana que continuaban haciendo las filas de votación, el TSE ordenó el cierre de las urnas a las cuatro de la tarde en punto. Sería la primera de una serie de señales que desde ese organismo indicaban irregularidades en el proceso.

A veinticuatro horas de las elecciones en 2013, el TSE –presidido por un viejo activista del Partido Nacional David Matamoros Batson- había hecho cinco anuncios oficiales. Había manifestado una tendencia «clara» y, con menos del 30% de los votos escrutados, había declarado un ganador.

El 27 de noviembre de 2017 y con el mismo Batson como presidente, el Tribunal Supremo Electoral hizo un pronunciamiento tardío y para anunciar que con un 56% de las actas escrutadas no podía anunciarse una tendencia ni declararse un triunfador. En ese primer escrutinio, la votación favorecía a la Alianza nacional de Oposición con poco más de un 5% de diferencia.

A partir del lunes 27 de noviembre empezó a construirse la narrativa para legitimar una posible reversión de resultados a favor de Juan Hernández. «El voto rural apoya al Partido Nacional»- era la frase privilegiada para construir dicha idea. Pero el voto rural es un concepto novedoso en Honduras. En ninguna elección presidencial en la historia moderna del país se ha hablado de un «voto rural» que pueda revertir tendencias en primer lugar porque las actas electorales se procesan proporcionalmente y no necesariamente a partir de departamentos «centrales» y «rurales». De hecho, en ninguna de las tres últimas elecciones se ha producido una reversión de tendencias después del 30% de votos escrutados, sean los votos urbanos o no.

Sin embargo, esta narrativa impuesta desde el lunes 27 fue replicada por medios televisivos, radiales e impresos. El TSE continuaba su silencio, mientras la Alianza de Oposición y el Partido Nacional se declaraban victoriosos, con la diferencia importante de que la oposición basaba su posición en actas electorales contadas y no en encuestas a boca de urna o futuro voto rural como lo hacía el partido de gobierno.

El TSE se autoimpuso como límite el jueves 30 de noviembre para dar a conocer resultados finales. Entre el día de las elecciones y esa fecha lo que siguió fue como observar un atraco cometido en cámara lenta y transmitido en vivo a todos los hogares del país. A partir del martes 28 de noviembre la ventaja de la oposición empezó a verse disminuida, a medida que se ingresaban las actas electorales del ahora famoso voto rural. Los observadores electorales, la comunidad internacional, la sociedad civil y los partidos políticos exigían al tribunal declarar la victoria de la oposición, refrendada ahora por un Partido Liberal con resultados catastróficos (tercera y lejana fuerza política del país) cuyo propio conteo de actas confirmaba el triunfo opositor. Pérdidas de energía eléctrica y «apagones» del sistema de cómputo se incorporaron al drama. Jamás una página web en Honduras fue tan visitada como la del TSE tras las elecciones generales, con la población asistiendo al espectáculo hipnótico del aumento de votos a favor del candidato de gobierno, y la disminución de la ventaja de la Alianza.

En la tarde del 29 de noviembre y por primera vez, el PN empezó a liderar el conteo de votos. Ese mismo día la policía nacional y el ejército de Honduras militarizaron las principales calles y puentes del país. Mientras la población empezaba a salir a protestar, se producían en la madrugada del día 30 los primeros actos de represión, mientras en los cómputos del TSE Juan Hernández mantiene una ventaja de 25.000 votos, con un 9% de actas electorales por sumar.

Los resultados y los escenarios posibles

Si el péndulo realmente se está moviendo hacia el progresismo en Honduras y finalmente la Alianza de Oposición triunfa en las elecciones, la situación será de extrema dificultad para impulsar su agenda a través del poder legislativo. Aunque el Partido Nacional a lo largo de ocho años de gobierno ha incrementado considerablemente los poderes de la figura de la presidencia, muchas de las propuestas más importantes del gobierno de la Alianza tendrían que ser aprobadas por un Congreso Nacional en el que se enfrentarían a una mayoría del PN en dura oposición (61 cuando menos) aupados por la extrema derecha de la Alianza Patriótica Hondureña (4) y los votos que históricamente le han acompañado en el congreso: Democracia Cristiana (1), Unificación Democrática (1), Partido Liberal (26). Esto le da a la oposición mayoría calificada en el Congreso, y poder de veto sobre políticas presidenciales.

Aún así, contando con la presidencia y con el control de las secretarías de Estado y sus estructuras, la Alianza de oposición podría implementar algunas de las medidas propuestas en su plan de gobierno. Fundamental importancia tendría el cambio de la relación antagónica del Estado y sus fuerzas de seguridad hacia los movimientos sociales de defensa del territorio y el ambiente, de las que el asesinato de la ambientalista y feminista Berta Cáceres ha sido la mayor expresión.

De confirmarse la tendencia actual, sin embargo, los movimientos sociales y las fuerzas progresistas de Honduras se aproximan a un escenario catastrófico. La derecha tendría la presidencia del país, la mayoría en el Congreso Nacional y en autoridades municipales. Eso oxigenaría a un desgastado gobierno y le permitiría desarrollar, sin controles institucionales, una profundización de las medidas neoliberales en el país, así como la continuidad del despojo ambiental, la venta del territorio nacional, la militarización de la seguridad y la criminalización y violencia contra defensores y defensoras de los derechos humanos ambientales. La tendencia actual representa la estabilidad del régimen, la consolidación de políticas militarizadas de seguridad y, en términos de política exterior, la protección de intereses estratégicos de Estados Unidos.

Aún, sin embargo, no está dicha la última palabra.

 

NUSO

Libros: Empleo en América Latina y el Caribe. Textos seleccionados 2006-2017

Empleo

Desde la publicación del documento La hora de la igualdad: brechas por cerrar, caminos por abrir, en 2010, la CEPAL ha subrayado que la desigualdad representa un obstáculo fundamental para el desarrollo de América Latina y el Caribe. Ha señalado también que el trabajo es la “llave maestra” para la reducción de esa desigualdad y, por lo tanto, una de las variables clave para el análisis del desarrollo económico y social.
La importancia del empleo se ha subrayado explícitamente en los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS), que orientan los esfuerzos de la comunidad internacional. En el ODS 8 se acordó “promover el crecimiento económico sostenido, inclusivo y sostenible, el empleo pleno y productivo y el trabajo decente para todos”. Sin embargo, los países de América Latina y el Caribe se enfrentan a grandes desafíos para poder cumplir con este Objetivo. Tras producirse avances significativos a partir de la primera mitad de la década de 2000, en los últimos años la situación en los mercados laborales de muchos países de la región se ha deteriorado y los ha alejado del cumplimiento de las metas establecidas en el ODS 8.

 

DESCARGA GRATUITA AQUÍ

Compilador: Jürgen Weller
Editorial: CEPAL
Tipo: Páginas Selectas de la CEPAL
Colección: Libros y Monografías

El Sistema Bancario en América Latina: spread y nivel de actividad

Bancario

>Por Pablo Wahren y Lucía Converti

La intermediación de fondos es una de las actividades más tradicionales y más importantes de los bancos. En el negocio de la intermediación financiera, la principal variable para observar es el spread bancario. Esto es la diferencia entre lo que cobran los bancos en concepto de intereses por los préstamos (tasa activa) y lo que pagan bajo este mismo concepto por los depósitos (tasa pasiva). Esta diferencia está compuesta por los gastos operativos, los requerimientos de provisiones, los costos regulatorios (encajes) y la rentabilidad del banco. Sin embargo, influyen en ella –entre otras cosas y como en todos los negocios- los grados de concentración del sistema bancario, la liquidez disponible, el apalancamiento, el riesgo de devaluación, la inflación y el nivel de actividad. [1]

Considerando que la intermediación de fondos no es un negocio más sino que interviene en la distribución de recursos e influye fuertemente en la posibilidad de crecimiento y desarrollo de las naciones, resulta de interés analizar el comportamiento de esta variable en la región en comparación con el resto del mundo y determinar así las posibilidades que brinda hoy el sistema bancario local para el desarrollo regional.

Análisis comparativo

Según el Banco Mundial el spread bancario en América Latina y el Caribe es de casi el doble que lo registrado por los países de altos ingresos. Nuestra región presenta una brecha de 7,54 mientras que el grupo de los países de mayores ingresos lo hace en 4,0.

Gráfico 1: Spread bancario por agregados

Fuente: Banco Mundial

 

Al desagregar por países al interior de la región se observa un comportamiento heterogéneo. Brasil presenta el mayor spread bancario (45,34), seguido por México con un guarismo de 23,02. Es decir que las dos economías latinoamericanas de mayor tamaño son las que cuentan con los mayores spread. El podio de los primeros cinco es completado por Jamaica (15,1), Haití (15,0) y Perú (13,9). Del otro lado, los cinco países que presentan menor brecha entre tasas son El Salvador (2,0), Ecuador (3,0), Suriname (5,4), Panamá (5,5) y Bolivia (5,7).

Al comparar la evolución durante 2016 se observa que Argentina registró el mayor incremento en el spread de toda la región. Esto es producto de la política del nuevo gobierno de desregular las tasas de interés (cuya brecha entre activas y pasivas antes tenía un límite): el spread bancario se incrementó un 37% pasando de 6,49 en 2015 a 8,94 en 2016. Otros países que registraron incrementos en el spread fueron Brasil (+9,4%), Venezuela (29,9%) y Paraguay (27,4%). Por el contrario, las mayores reducciones se vieron en República Dominicana (-4,7%), Honduras (-4,1%) y Ecuador (-3,3%).

Gráfico 2: Spread bancario intrarregional

Fuente: CEPAL

Evolución de los spreads

La visión económica tradicional, entre otros argumentos, afirma que el mayor spread en economías de menor desarrollo relativo se debe al mayor riesgo que presentarían estos países. El argumento radica en que al existir una mayor volatilidad macroeconómica el riesgo de impago por parte de los clientes es más elevado. Sin embargo, a la luz de los datos esta explicación resulta insuficiente e imprecisa para explicar la evolución de los spreads durante los últimos quince años y las diferencias intrarregionales.

Entre 2000 y 2016 América Latina acumuló un crecimiento del PIB de 54,5% mientras que los países de altos ingresos lo hicieron en 30,2%, poco más de la mitad. A contramano de la visión tradicional en estos años el spread bancario se redujo más en el segundo grupo de países que en el primero, con una variación de -10,6% y -9,5% respectivamente.

A continuación se evaluará la relación de estas variables en dos países de la región. En el caso de Brasil entre 2011 y Junio de 2016, mientras el PIB es estable el spread cae, cuando empieza a caer el PIB, aumenta el spread y cuando se recupera el crecimiento el spread sigue creciendo.

Gráfico 3. Variación de PIB y Spread Bancarios Brasil (2011-2016)

Fuente: Elaboración propia. Datos: PIB en Millones de USD, FELABAN. Spread CEPAL

Gráfico 4. Variación de PIB y Spread Bancarios Uruguay (2011-2016)

Fuente: Elaboración propia. Datos: PIB en Millones de USD, FELABAN. Spread CEPAL

El caso de Uruguay muestra un spread en continuo crecimiento mientras aumenta el PIB y un estancamiento a partir de la caída del PIB. En ambos casos, el spread aumenta aun cuando el PIB crece y cae el riesgo de morosidad.

Asimismo el diferencial de spreads entre los países tampoco parece estar asociado al tamaño de las economías ni al nivel de ingresos de la población. Por ejemplo, si miramos los extremos encontramos que Brasil siendo un país considerado como de Ingreso Medio Alto tiene el mayor spread de la región, mientras que El Salvador, catalogado como país de Ingreso Medio Bajo, presenta el menor.

Gráfico 5. Variación de PIB y Spread Bancarios (2000-2016)

Conclusiones

El spread bancario constituye una variable fundamental en el negocio financiero y condiciona el desarrollo de las economías al influir en cómo y a qué costo se distribuyen los fondos. En América Latina el spread bancario prácticamente duplica al de los países de altos ingresos. Esto genera un perjuicio ya que encarece los préstamos que podrían ser volcados a la actividad productiva.

A pesar de que en los últimos quince años el desempeño macroeconómico de las economías latinoamericanas fue muy superior al del grupo de países de altos ingresos la diferencia entre spreads no se redujo y puede evidenciarse en los casos de Brasil y Uruguay como el mismo de hecho aumentó. Esta cuestión expone que existen otras variables no vinculadas al desempeño de los mercados que pueden explicar las diferencias en el nivel de spread. En este sentido, en el próximo informe abordaremos las diferencias en el grado de concentración bancaria entre países para entender cómo juega esta variable en la determinación de los spreads.

 

[1] El spread bancario en Argentina. Un análisis de su composición y evolución. Federico Grasso y Alejandro Banzas (2006).

 

Publicado en: CELAG

Agenda: Simposio Internacional de Participación Política y TIC

El próximo lunes 4 de diciembre se desarrollará un Simposio Internacional de Participación Política y TIC en el Auditorio de Ingeniería – Universidad de Ibagué, Colombia. El objetivo de éste imperdible encuentro es analizar nuevas vías para la formación en el ámbito de la cultura y el liderazgo, mediante la colaboración con los entornos informales donde los jóvenes están creando y experimentando nuevas formas de participación democrática.

Toda la información del evento en su SITIO WEB.

Las tácticas y ciberataques con los que se influenciaron las elecciones en 18 países, según la organización Freedom House

Redes Sociales

Estados Unidos es el país del que más se habló, pero se dio en otras 17 naciones.

Y es que las votaciones que se celebraron en 18 países en el último año fueron influenciadas por desinformación divulgada a través de internet, según señaló en un informe Freedom House.

El reporte anual de la organización no gubernamental dedicada a la defensa de las libertades, con sede en EE.UU., analizó el nivel de libertad en internet que hubo en 65 países, los cuales representan el 87% del tráfico en la red a nivel mundial.

En total, 30 gobiernos estuvieron involucrados activamente en el uso de redes sociales para atacar a sus opositores, según el informe.

Desde Freedom House aseguran que en 18 en los que que hubo elecciones, existió algún tipo de manipulación en internet para tratar de influir en la opinión pública y minar a la oposición.

Además de las presidenciales en Estados Unidos y Ecuador o el plebiscito sobre el acuerdo de paz en Colombia, Freedom House encontró también algún tipo de interferencia en, por ejemplo, la votación sobre la permanencia de Reino Unido en la Unión Europea o en la elección presidencial de Francia.

También en votaciones que se llevaron a cabo en Alemania, Italia, Turquía, Corea del Sur, Armenia, Azerbaiyán, Indonesia, Kenia, Ruanda, Tailandia, Gambia y Zambia.

Las tácticas

Por séptimo año consecutivo, Freedom House detectó que la libertad para los usuarios de la web está a la baja en la mayoría de las naciones.

Esto se debe principalmente a los esfuerzos de los gobiernos por controlar la opinión de los ciudadanos, según el reporte.

Para ello, emplean diversas tácticas como:

  • Usar bots informáticos que replican mensajes del oficialismo.
  • Emplear grupos de comentaristas para difundir posturas progubernamentales en los debates.
  • Crear sitios de noticias falsas para difundir información engañosa
  • Usar a troles para quitar tiempo a los críticos de los gobiernos mediante ataques personales.

La manipulación de las redes sociales se ha convertido en una herramienta clave para los regímenes represivos, según la ONG.

“En Kenia, los usuarios compartieron fácilmente noticias y videos falsos con logos de medios de comunicación que usualmente son confiables, como CNN, BBC y NTV Kenya”, documentó Freedom House.

Eso se suma a los controles técnicos como los cortafuegos (firewalls), los filtradores de contenidos y herramientas de bloqueo de las redes privadas (VPN), que algunos gobiernos implementan desde hace un tiempo.

América Latina

En el caso de América Latina, Freedom House indicó que en Colombia fue documentada la presencia de estas tácticas de influencia en la opinión pública en el plebiscito del acuerdo de paz entre el gobierno y la guerrilla de las FARC.

Sobre las campañas presidenciales en Ecuador, la ONG denuncia que el entonces presidente Rafael Correa lanzó un sitio que identificaba a usuarios de redes sociales que realizaban críticas al gobierno.

“Eso permitía que los analistas progubernamentales señalaran colectivamente a los disidentes políticos”, dice Freedom House.

México no está entre los 18 países en los que Freedom House encontró algún tipo de interferencia en sus votaciones.

Sin embargo, el informe “Libertad en la Red 2017” señala que en ese país fueron detectadas unas 75.000 cuentas en Twitter que son usadas por bots.

“Cuando surge un nuevo hashtag para crear conciencia sobre un escándalo, los partidarios del gobierno emplean dos métodos para jugar con el sistema a favor del presidente”, señala Freedom House.

“Los bots promueven hashtags alternativos que apartan a los originales de la lista de los 10 principales. En otro método conocido como ‘intoxicación con hashtag’, los bots inundan los hashtags antigubernamentales con publicaciones irrelevantes para enterrar cualquier información útil”, detalla.

En Venezuela también hubo influencia en las redes sociales en la larga disputa política entre el gobierno y la oposición, según la ONG.

La investigación determinó que menos del 25% de los internautas a nivel mundial vivían en países donde el acceso a la red es considerado libre. Son aquellos donde:

  • No hay obstáculos importantes para acceder a internet.
  • Hay pocas restricciones en lo que pueda ser visto o compartido.
  • La vigilancia a las actividades de los usuarios está limitada.
  • No hay repercusiones significativas para las personas que ejercen su libertad de expresión.

Fenómeno global

Sanja Kelly, del proyecto “Libertad en la red”, señala a China y Rusia como los “pioneros” en el control de internet, pero dice que el fenómeno se ha vuelto global.

Ahora naciones como Turquía, Filipinas, Siria y Etiopía ya emplean estas tácticas de forma masiva.

“Los efectos de esta rápida expansión de técnicas contra la democracia y el activismo cívico son potencialmente devastadores”, consideró por su parte Sanja Kelly.

Esto ha hecho visible la necesidad de la educación de los usuarios de internet, enseñándoles a identificar las noticias falsas.

Otra tarea recae en las firmas tecnológicas, en especial las redes sociales, que tienen que combatir activamente la manipulación de información en sus canales.

Otra preocupación a ojos de la organización es el intento por parte de algunos países de influir fuera de las propias fronteras.

La ONG afirma que está “bien documentado” cómo desde Moscú hubo esfuerzos significativos para influir en la elección presidencial de Estados Unidos del año pasado.

Y, según su investigación, esa tendencia está al alza: cada vez más los gobiernos buscan influir mediante redes sociales en el debate en otros países.

AQUÍ EL INFORME COMPLETO

 

 

BBC MUNDO

Cómo crear la estrategia de una nueva organización política

Nueva Politica

>Por Daniel Eskibel

89 % de las campañas presidenciales en América Latina son derrotadas.
Ochenta y nueve por ciento.

El dato surge de un estudio realizado por Diego Luján acerca de las 70 elecciones presidenciales realizadas en 18 países latinoamericanos entre 1993 y 2010.

Ese 89 % de derrotados incluye tanto nuevas formaciones políticas como también partidos históricos ya establecidos. Pero es una cifra que te ayuda a pensar en la enorme tarea que significa crear un nuevo grupo político y fortalecerlo de tal modo que pueda lograr sus objetivos.

Por qué nunca deberías improvisar cuando estás creando un nuevo grupo político

Hay quienes dicen que en realidad los seres humanos morimos dos veces: la primera vez es cuando te mueres, claro está. Y la segunda vez es cuando todos te olvidan y ya no queda ni siquiera tu rastro sobre el planeta.

Pero sea como sea lo único claro es que nacemos una vez.
Esa vez es la oportunidad de vivir.
La única oportunidad.

Lo mismo ocurre cuando vas a crear una nueva formación política: solo nace una vez.
Y ese nacimiento es su gran oportunidad.

El nuevo grupo no va a renacer. Aunque lo hiciera, para el ciudadano habrás nacido solo una vez. Y esa única vez que naciste como sector político es tu única oportunidad de hacer escuchar bien claramente tu voz y de hacer conocer tu personalidad y tus ideas. Es ahora, mismo al nacer, que se abre una ventana de oportunidad para mostrarte como diferente.
Único.

Por eso nunca es una buena idea un parto improvisado.

La guía definitiva para un buen nacimiento político

Crear un nuevo grupo político es relativamente fácil. Lo más difícil es convertirlo en una alternativa real de poder. Y eso es lo que comienza a construirse desde antes del nacimiento.

Algunos crean el nuevo sector de la nada. Unos conflictos, unos enfrentamientos, el agua que llega al río y de pronto…¡zas!…de pronto unos pocos o unos muchos abandonan el viejo partido y se presentan ante el público como algo nuevo.

¿Qué están haciendo?
Un parto apresurado, claro.
Un parto sin embarazo.
Lo cual políticamente es de mal pronóstico.

¿Cómo hacer un buen embarazo político? ¿Cómo preparar las cosas para un gran nacimiento que sea la piedra fundamental de una alternativa real de poder?
Pues pensando y planificando.

Para que tu nueva formación política nazca en las mejores condiciones tienes que seguir una serie de pautas claras. Tienes que considerar y resolver la siguiente checklist:

  • Estudiar la opinión pública de manera objetiva y profesional para encontrar claramente cual será el nicho de mercado del nuevo grupo o partido.
  • Elegir los tres problemas principales que viven las personas dentro de ese nicho de mercado, tres problemas reales que ningún otro grupo político esté resolviendo bien.
  • Escribir las nuevas soluciones que el nuevo sector aportará para resolver esos mismos tres problemas.
  • Escribir de modo preciso y sintético las cuatro historias fundamentales que serán su columna vertebral: la historia de la sociedad en la que viven, la del partido que hasta ahora integraban, la del gobierno en ejercicio y la propia del nuevo grupo que está naciendo.
  • Decidir cómo se van a tomar las decisiones en el grupo y estructurar una forma de organización alineada con ese estilo de toma de decisiones.
  • Resolver un programa de capacitación ágil y práctico para toda la nueva estructura política.
  • Presupuestar toda la operativa política de futuro y definir claramente de dónde y cómo vendrán los recursos económicos necesarios.
  • Planificar la comunicación de tal manera que el nuevo grupo se convierta en un centro productor y distribuidor de contenidos políticos en diversos formatos.
  • Elegir el nombre de la nueva formación política.
  • Diseñar la imagen corporativa, la nueva estética institucional.

Todo lo anterior es apenas el comienzo de un largo camino que habrá que recorrer.

El largo camino del poder político

Si vas a construir un nuevo espacio político seguramente no será para expresar tu personalidad ni para satisfacer un capricho ni por vanidad personal ni por razones similarmente frágiles.

Será para emprender el camino de la lucha por el poder político.
Porque de eso se trata la política: poder.

Sería una falsa oposición decir que no es por el poder sino por las ideas o por el bien de todos.
Las ideas políticas son acerca del poder. Acerca de cómo organizar y ejercer ese poder. Acerca de cómo lograr ese bien de todos.

Por eso si creas una nueva formación política tienes que pensar en un gran nacimiento, claro está, pero además en que esa fuerza luego camine con firmeza en el escenario político. Hasta convertirse en una alternativa real de poder.

No un testigo ni un actor marginal, sino una alternativa real.

El nacimiento de tu nuevo grupo político es una gran oportunidad de comenzar bien. Repasa la checklist anterior y llévala a la práctica.
Así estarás en el camino, en el largo camino del poder.

 

Maquiavelo & Freud

Después de las PASO: ¿El fin del “voto con el bolsillo”?

En las primarias (PASO), ¿hubo acuerdo con un relato macrista del mérito individual y el futuro, o intención de dar tiempo a cambios de fondo?

PASO

Ilustración: DECUR

 

>Por Raquel San Martín

pesar de la contundencia de los números, y de sus efectos concretos sobre las instituciones políticas, los resultados electorales siempre reservan una parte de enigma. Ninguna tecnología de auscultación de la sociedad puede captar, en su corrección total, por qué alguien vota como lo hace. Los resultados de las PASO del 13 pasado llevaron ese rasgo de misterio casi a un extremo: el apoyo al gobierno de Cambiemos en las urnas está desembocando en estos días -con alegría o con desazón, según quién lo mire- en una pregunta central: ¿por qué los ciudadanos apoyaron de manera mayoritaria a un gobierno si no ven mejoras concretas aún, o no tantas como las prometidas, en su economía y su bienestar? ¿Será que existe, en algún sector de votantes, al menos, la sensación de que los cambios de fondo llevan tiempo, y están entonces dispuestos a renovar un voto de confianza, aunque sea de corto plazo? En todo caso, ¿con qué otros elementos habría que reemplazar el “voto con el bolsillo” que es casi lugar común?

Para los analistas -que a coro recomiendan cautela cuando se analizan resultados de una elección primaria en la dinámica Argentina-, es como siempre una combinación de factores la que puede explicar la esperanza sin (o con poco) asidero material: ecos de una narrativa macrista que sigue apostando a la polarización con el pasado kirchnerista y el fantasma de su regreso; una memoria, en ciertos sectores de clase media baja, de las dificultades recurrentes de la Argentina, entre quienes cae bien la exaltación del progreso individual que tiene el relato de Cambiemos, y hasta un voto que mira más al futuro y a sus posibilidades que a la historia. En otras palabras, el gobierno parece haber jugado con sus armas en un terreno, el del relato y la batalla por los significados, en el que el kirchnerismo solía moverse más cómodo.

Aunque las advertencias de los expertos se concentran sobre todo en esperar a las elecciones de octubre, y más aún a las de 2019, para saber si las tendencias que se adivinan cristalizan en procesos más duraderos, también subrayan la contracara: los resultados de las PASO prolongan un proceso de fragmentación partidaria que tiene años, mientras la novedad se cocina lentamente en el campo más difícil de sondear de los valores, las percepciones y los ideales. Y en ese subsuelo colectivo se acomodan, en una convivencia tensa cuya forma final no terminamos aún de ver, la democracia, el republicanismo, la igualdad y el Estado amplio como centro de la vida política.

“La fortaleza electoral del Gobierno está sostenida en tres pilares. Uno es la polarización, que acelera la intensidad emocional de la discusión política. Con ella se vincula el segundo: un clivaje asimétrico que el Gobierno gestiona, en el que los sentimientos antimacristas y antikirchneristas están escorados en favor del segundo. La presencia de Cristina Kirchner convalidó esa estrategia del Gobierno, que de alguna manera buscó actualizar el 2015: está culturalmente vigente la amenaza del retorno del populismo, un proceso que habría que volver irreversible con el voto. Y el tercero es la política de las intenciones. Frente a la eficacia soberbia del kirchnerismo, Cambiemos es el error virtuoso. Eso está encarnado especialmente en María Eugenia Vidal, a quien el electorado le reconoce básicamente intenciones y no tanto logros”, apunta Ignacio Ramírez, sociólogo y director del Posgrado en Opinión Pública de Flacso.

De la memoria a la espera

No convendría buscar tantas respuestas, o no hacerlo solamente, en el Metrobús o la obra pública. El “gobierno de los CEO” parece gestionar con habilidad, en realidad, el discurso y las aspiraciones de los votantes. “Si hay gente que no mejoró, e incluso empeoró su vida cotidiana, e igual vota al Gobierno es porque evalúa que el Gobierno administra una herencia, que es responsable pero no el único de este presente. Tal vez se combine en sectores medio-bajos que ya se habían dejado de sentir parte de la audiencia kirchnerista y creen que el gobierno se va a ocupar de sus problemas”, apunta Martín Rodríguez, escritor, analista político y editor de Panamá Revista, quien descree de la disposición de parte del electorado a no comprar satisfacción inmediata y diferir sus expectativas en el tiempo.

“Eso presupone creer que la gente vota al Gobierno porque está siendo educada en el sacrificio del presente para el fruto del futuro. Es la típica lección zonza del liberalismo versus el populismo: uno te promete futuro a costa del presente, el otro te da presente a costa del futuro. Ninguna de las dos cosas funciona así. Hoy no hay una decisión de sacrificio en el voto a Cambiemos -apunta Rodríguez-. No hay una ética. Lo que hay, en los que lo votan y aún no reciben beneficios, es una memoria más o menos sensata que sabe que la Argentina nunca es ni fue fácil. Es una clase media baja que vive bajo el imperio del «a mí nadie me regala nada, toda la vida laburé». Tal vez el sesgo meritocrático del discurso del Gobierno tiene eco en ellos. Son los que creen en el progreso individual, en que progresar es sacarse de encima al Estado. El Gobierno intenta enunciar la moral del mercado. Ahora bien: ese voto así como viene se va. Cristina lo vivió en carne propia. Tiene que haber condiciones para esos «éxitos individuales»”.

Para el politólogo Julio Burdman, el segmento de votantes más dispuesto a extender un voto de confianza algobierno “fue determinante en esta elección”, aunque no cree “que se trate de un segmento numeroso”: “El núcleo duro de Cambiemos está en votantes de clase media y media alta que se identifican con Macri y apuestan a él. Hay un voto con componentes identitarios. No obstante, también hay una franja que está por debajo de la clase media, que sintió los aumentos, que está disconforme con la situación económica, que tiene problemas para llegar a fin de mes, pero que no quiere votar al peronismo. Ese sector, al que habitualmente se denomina ‘aspiracional’, quiere creer en Cambiemos, y le dio su voto de confianza en agosto. Pero no es un apoyo que Macri y Vidal deban dar por descontado: si la economía no termina de arrancar, serán los primeros en cambiar de opinión.”

El “discurso de mérito y orden” del gobierno, como señala Ignacio Ramírez, puede resonar en ciertos sectores sociales, pero en otros tiene implicancias distintas. “En cuanto a las demandas de satisfacción inmediata, ¿cuáles son los sectores en la Argentina más ansiosos a la hora de relacionarse de cualquier modo que sea con la política? No creo que sean los más carenciados -dice Vicente Palermo, politólogo y presidente del Club Político Argentino-. Al contrario, más ansiosos somos cuanto más arriba estamos en la pirámide. ¿De qué me sirve la ansiedad si mis padres viven en un barrio sin agua corriente desde antes de que mis hermanos mayores nacieran? Si los peronismos pierden cierta capacidad de movilización administrada se va a hacer más evidente que los sectores más pobres esperan porque no les queda otro remedio.”

La percepción del tiempo, entonces, puede ser un elemento clave para sumar al análisis. En 2015, una investigación sobre patrones de corte de boleta y reelección de intendentes en la provincia de Buenos Aires encontró que el voto puede inspirarse tanto en juicios retrospectivos (lo que un candidato hizo, pensando en que siga haciendo eso) o prospectivos (lo que potencialmente puede hacer). “Tomar decisiones políticas es difícil, por eso la gente usa atajos cognitivos para pensar qué va a privilegiar en su voto -explica Lorena Moscovich, politóloga y profesora de la Universidad de San Andrés, coautora de esa investigación-. En esa elección encontramos que la edad de los candidatos (en promedio los intendentes que ganaron eran 12 años menores que sus antecesores) y la cercanía en el tiempo (lo más fresco en la memoria, para bien o para mal, tiene más impacto) fueron atajos para decidir el voto. En estas PASO creo que primó un voto prospectivo. Pero no sé si eso supone que la gente esté dispuesta a postergar deseos o asumir sacrificios”, aclara.

Justamente en ese punto se detienen los análisis. “No me parece seguro todavía hablar de adhesión al Gobierno en todos los casos, que es algo muy diferente al que meramente aprueba. Tal vez ese campo de la adhesión se haya ensanchado, pero no podemos saberlo todavía. Y hay adhesiones que son aparentes: la que despierta Elisa Carrió, por ejemplo, es una adhesión fácil, porque a mucha gente le encanta embarcarse en catarsis morales, aunque Carrió es un personaje más complejo que eso. Esas adhesiones no necesariamente se convierten en cemento de experiencias duraderas”, dice Palermo.

Existe, por ahora, como dice Ramírez, “una inercia de la ilusión”. “El voto de Cambiemos no es un voto eufórico, no es un voto agradecido. Esa ilusión todavía no empezó a transitar una pendiente descendente. Sigue todavía la expectativa de estar comenzando una nueva etapa”.

El asombro porque un votante mantenga su simpatía por un político “a pesar de las noticias” es, según Burdman, la señal de que estamos pasando por alto que la politización, transformada, subsiste. “A fines del siglo XX creímos o quisimos creer que la identidad partidaria había muerto. Pero en otras épocas no hubiéramos hecho esa pregunta con tanto estupor: el conservador, el socialista, el radical o el peronista no iban a abandonar su identidad sólo porque un dirigente robó o gestionó mal. La identidad estaba más allá de eso -dice Burdman-. Hoy pasa algo similar, en menor escala. No hay mayorías politizadas pero sí minorías intensas. En nuestro país, tanto el kirchnerismo como el cambiemismo entran en esa categoría. El cambiemita antikirchnerista y el kirchnerista antimacrista están movilizados y dispuestos a bancar a sus dirigentes más allá de un mal año económico, alguna denuncia judicializada o la crítica periodística.”

Relatos en conflicto

Allí donde los sentidos se configuran, en el terreno de las percepciones, las emociones y las expectativas, ¿hay indicios de cambio?

Una investigación sobre la cultura política de los argentinos, realizada en 2015 y 2016 por Ibarómetro y Flacso, puede iluminar alguna respuesta. En 2015, el 55% de los argentinos consideraba que el gobierno nacional (en ese momento, de Cristina Kirchner) era el actor más poderoso de la escena política; en 2016, sólo el 22,9% de los argentinos pensaba que el Gobierno (ahora de Mauricio Macri) era el que tenía más autoridad. Los investigadores señalaron entonces que el dato reflejaba un cambio de narrativa, el tránsito entre dos lenguajes distintos: “Épica de la decisión frente a racionalidad de la solución. La vida pública, en la retórica kirchnerista de gobierno, aparecía como un campo de batalla surcado más por intereses que por emociones e inevitablemente conflictivo. En la representación macrista, la esfera pública es un territorio de actitudes e intenciones, donde los conflictos son vestigios de mentalidades antiguas.” Como escribió recientemente Pablo Semán enPanamá Revista, “a la luz del antikirchnerismo se relee la historia, la economía y el sentido del futuro”.

Dice Palermo: “Un fenómeno inédito que podemos observar desde 2015 es que hay una centroderecha capaz de ganar elecciones, aunque sea dudosa la calificación de centroderecha, de identificaciones duraderas y hasta de un partido. En busca de cambios culturales, podemos decir que esta es la coalición de élite menos antimercado que nos ha gobernado desde los años 80, pero querer ver una coalición socioelectoral promercado tal vez sea un poco prematuro. Mejor que seguir gastando los lugares comunes sería asumir que estamos metidos en un magma sociocultural que no es muy generoso para dejarnos ver sus formas. La democracia, o los derechos humanos, han sido valores centrales desde los años 80, pero los modos en que se han articulado o podrían articularse, con otros componentes de nuestra cultura política, como el liberalismo o el republicanismo, hacen toda la diferencia a largo plazo.”

Burdman señala dos cambios en ese sentido: la consolidación del espacio Cambiemos y el lanzamiento de Unidad Ciudadana sobre lo que fue el kirchnerismo. Ambos espacios pretenden ocupar el lugar que antes ocupaban las culturas radical y peronista, aunque con estilos y metodologías más acordes con los tiempos que corren: comunicación horizontal, discurso centralizado, estrategias planificadas -dice-. Las etiquetas partidarias están recobrando influencia, aunque con nuevos modos. Por lo menos, a partir de la identificación de los votantes, que no se afilian como sus abuelos, pero discuten de política con vehemencia.”

Para no encontrar novedades a cada paso, es necesario incluir en el análisis el apoyo a la oposición en sus distintas formas -incluidos el peronismo en sus distintas variantes, entre ellas el kirchnerismo- en las PASO. “El PJ y el kirchnerismo tienen un respaldo importante. La cultura política argentina con centro de gravedad en el Estado activo y la igualdad son rasgos que no han sido desplazados y hay votantes que buscan alternativas políticas con olor a esos valores”, dice Ramírez. “Las experiencias políticas que tuvieron un comportamiento zigzagueante han tenido un desempeño negativo: pienso en Massa, Schiaretti o Lousteau. El electorado necesita una economía de mensajes más clara.”

“Creo que la relativa sorpresa del triunfo de Cambiemos -que una parte propia y ajena a ellos mismos de la clase política no termina de asimilar- va en línea con la segmentación del voto que se vino dando desde 2013. Cristina hizo estallar su 54% porque no lo entendió. El peronismo está en una transición donde nadie está descartado del todo, porque a nadie le alcanza con lo que tiene -dice Rodríguez-. Y no veo que en la política y la sociedad argentina se resigne algo que tuvo histórica vitalidad: que una parte se organice en torno a la igualdad.”

En común tenemos, quizás, una vitalidad democrática para subrayar. “Hubo cierto voluntarismo del macrismo de cuestionar la legitimidad de las PASO, pero las elecciones mostraron una participación estable. Muchos países están discutiendo la participación, algo que no se da en la Argentina, y eso es para destacar. Es un dato de salud cívica. Y también tiene que ver con la polarización, que pone contrastes y le da sentido a elegir. En Argentina están a la vista los contrastes ideológicos, el conflicto y eso le da atractivo a la contienda electoral”, dice Ramírez. Por eso, poner en duda la transparencia del acto electoral o utilizarlo como otro momento de campaña, implica un riesgo alto.

Los imaginarios se construyen siempre en tensión: igualdad, Estado, democracia, liberalismo, institucionalidad republicana, el pueblo y la gente, la inclusión y el desarrollo individual. También, los sentidos, las expectativas y las experiencias. En ese delicado ajedrez va tomando forma la cultura política que viene.

 

LN