Honduras: el bipartidismo y el péndulo

Las autoridades electorales de Honduras postergaron la declaración del ganador de las elecciones presidenciales. La crisis política se hace evidente y el candidato progresista denuncia irregularidades. ¿Qué puede pasar con el bipartidismo hondureño? ¿Tiene posibilidades el progresismo de ganar la contienda?

Honduras

>Por Sergio Fernando Bahr

Desde hace más de un siglo, el Partido Nacional (PN) y el Partido Liberal (PL) han controlado el sistema político hondureño. A pesar de las interrupciones provocadas por los gobiernos militares (con complicidad de los partidos), esta situación derivó en la consideración de Honduras como uno de los países con los sistemas bipartidistas más estables de América Latina.

En buena medida, ese éxito se debe a la capacidad de sus élites políticas para la negociación y el pacto en coyunturas críticas. Un elemento clave para entender la fragilidad democrática hondureña actual es que esa capacidad de negociación y acuerdos no siempre se hace efectiva a través de las instituciones (que en una democracia deberían cumplir esa función), sino en los propios espacios ocultos de esas élites gobernantes. También han sido posibles porque el PN y el PL no han expresado verdaderas diferencias políticas e ideológicas profundas, salvo en momentos muy puntuales de su historia (como durante el gobierno interrumpido de Manuel Zelaya Rosales).

Las relaciones incestuosas de los partidos políticos hondureños tienen su génesis en el nacimiento de los mismos: a inicios del siglo XX, el Partido Nacional surge como una división del Partido Liberal. Entonces, se trataba de estructuras que giraban alrededor de un caudillo o líder local que movilizaba a la población para las elecciones o para alzarse en armas según fuera necesario. Como afirmaba Patricia Otero Felipe, “las lealtades políticas se mantenían sobre un sistema clientelar y de influencias políticas que premiaba con puestos políticos a los más cercanos colaboradores, un sistema de prebendas que con pocos cambios se mantuvo a lo largo del tiempo”

Ambas estructuras partidarias se sumaron a las políticas de seguridad nacional durante el siglo pasado y, desde hace años, han pasado por un proceso de uniformización neoliberal. Sus plataformas políticas y económicas son indistinguibles en su conservadurismo moral y social, su neoliberalismo económico y su mojigatería religiosa.

Sin embargo, esa uniformidad no está delimitada por una línea ideológica. Las dirigencias de los partidos tradicionales se sientan en las mesas directivas de las grandes empresas, comparten la propiedad de grandes medios de comunicación, y han sido cómplices de los grandes desfalcos al erario en la historia del país. De ambos partidos han sido dirigentes y socios los líderes de los carteles del narcotráfico en Honduras.

A pesar de esa historia compartida, en 2009 se evidenció la incapacidad de las débiles instituciones democráticas hondureñas para solucionar un conflicto que se gestaba entre las élites políticas. El resultado fue un golpe de estado, y ocho años después, la continuidad de la polarización política y social, y la pérdida de legitimidad institucional.

El gobierno de Porfirio Lobo Sosa (2009 a 2013) buscó recuperar la legitimidad internacional perdida durante el golpe. A partir de 2014, Juan Orlando Hernández intentó estabilizar la nueva situación política del país, movida por el descalabro del socio histórico, el Partido Liberal, que había dejado su lugar como segunda fuerza política del país a LIBRE, el partido con tendencias progresistas surgido de la resistencia al golpe de Estado y bajo el liderazgo absoluto del ex presidente Manuel Zelaya Rosales.

Ya a partir de 2009, Juan Orlando Hernández del PN controlaría el Congreso Nacional (cuyo presidente tiene importantes facultades para la toma de decisiones) y, desde ahí, al mismo gobierno de Porfirio Lobo Sosa. Su elección en el 2009 solo hizo oficial el control del Estado que de facto mantenía.

Desde el poder, el PN reformó la Corte Suprema de Justicia y el Ministerio Público, el Comisionado de Derechos Humanos, el Tribunal Supremo Electoral (clave en este momento) y profundizó su influencia sobre los medios de comunicación masivos (impresos, radiales y televisivos). Como ex militar, además, aseguró la lealtad de un Ejército que, en lugar de tomar café en los cuarteles como solía decirse, retomó su vocación de ser actor fundamental de las dinámicas políticas del país.

El control de las estructuras del Estado es absoluto y los empleados públicos se convierten en activistas de partido en un reflejo perverso de las luchas obreras: defendiendo sus puestos de trabajo. Los medios masivos de televisión y prensa hacen coro a las narrativas oficiales, las iglesias –que gozan de prebendas del erario- envían mensajes no tan sutiles a la feligresía para llamarles a apoyar al poder.

Las dimensiones planteadas son constitutivas de la política hondureña caracterizada por el bipartidismo y, por tanto, deben ser consideradas por aquellos opositores que desean ponerle fin. En horas de la noche del 26 de noviembre –cuando se presentaba el primer anuncio oficial desde el Tribunal supremo electoral (TSE)— el bipartidismo en Honduras pendía de un hilo: los primeros resultados, tardíos, daban como ganador a la Alianza de Oposición formada por LIBRE y el Partido Innovación y Unidad (PINU), cuyo su candidato es el presentador de televisión y comentarista de fútbol, Salvador Nasralla.

El TSE y la emergencia del «voto rural»

Durante las elecciones de 2013 se prolongó el horario de votación durante una hora para dar oportunidad a todos los ciudadanos de ejercer su derecho al sufragio. En 2017, sin embargo, esa oportunidad ya no es considerada prioritaria y, a pesar de la alta afluencia de votantes desde muy temprano en la mañana que continuaban haciendo las filas de votación, el TSE ordenó el cierre de las urnas a las cuatro de la tarde en punto. Sería la primera de una serie de señales que desde ese organismo indicaban irregularidades en el proceso.

A veinticuatro horas de las elecciones en 2013, el TSE –presidido por un viejo activista del Partido Nacional David Matamoros Batson- había hecho cinco anuncios oficiales. Había manifestado una tendencia «clara» y, con menos del 30% de los votos escrutados, había declarado un ganador.

El 27 de noviembre de 2017 y con el mismo Batson como presidente, el Tribunal Supremo Electoral hizo un pronunciamiento tardío y para anunciar que con un 56% de las actas escrutadas no podía anunciarse una tendencia ni declararse un triunfador. En ese primer escrutinio, la votación favorecía a la Alianza nacional de Oposición con poco más de un 5% de diferencia.

A partir del lunes 27 de noviembre empezó a construirse la narrativa para legitimar una posible reversión de resultados a favor de Juan Hernández. «El voto rural apoya al Partido Nacional»- era la frase privilegiada para construir dicha idea. Pero el voto rural es un concepto novedoso en Honduras. En ninguna elección presidencial en la historia moderna del país se ha hablado de un «voto rural» que pueda revertir tendencias en primer lugar porque las actas electorales se procesan proporcionalmente y no necesariamente a partir de departamentos «centrales» y «rurales». De hecho, en ninguna de las tres últimas elecciones se ha producido una reversión de tendencias después del 30% de votos escrutados, sean los votos urbanos o no.

Sin embargo, esta narrativa impuesta desde el lunes 27 fue replicada por medios televisivos, radiales e impresos. El TSE continuaba su silencio, mientras la Alianza de Oposición y el Partido Nacional se declaraban victoriosos, con la diferencia importante de que la oposición basaba su posición en actas electorales contadas y no en encuestas a boca de urna o futuro voto rural como lo hacía el partido de gobierno.

El TSE se autoimpuso como límite el jueves 30 de noviembre para dar a conocer resultados finales. Entre el día de las elecciones y esa fecha lo que siguió fue como observar un atraco cometido en cámara lenta y transmitido en vivo a todos los hogares del país. A partir del martes 28 de noviembre la ventaja de la oposición empezó a verse disminuida, a medida que se ingresaban las actas electorales del ahora famoso voto rural. Los observadores electorales, la comunidad internacional, la sociedad civil y los partidos políticos exigían al tribunal declarar la victoria de la oposición, refrendada ahora por un Partido Liberal con resultados catastróficos (tercera y lejana fuerza política del país) cuyo propio conteo de actas confirmaba el triunfo opositor. Pérdidas de energía eléctrica y «apagones» del sistema de cómputo se incorporaron al drama. Jamás una página web en Honduras fue tan visitada como la del TSE tras las elecciones generales, con la población asistiendo al espectáculo hipnótico del aumento de votos a favor del candidato de gobierno, y la disminución de la ventaja de la Alianza.

En la tarde del 29 de noviembre y por primera vez, el PN empezó a liderar el conteo de votos. Ese mismo día la policía nacional y el ejército de Honduras militarizaron las principales calles y puentes del país. Mientras la población empezaba a salir a protestar, se producían en la madrugada del día 30 los primeros actos de represión, mientras en los cómputos del TSE Juan Hernández mantiene una ventaja de 25.000 votos, con un 9% de actas electorales por sumar.

Los resultados y los escenarios posibles

Si el péndulo realmente se está moviendo hacia el progresismo en Honduras y finalmente la Alianza de Oposición triunfa en las elecciones, la situación será de extrema dificultad para impulsar su agenda a través del poder legislativo. Aunque el Partido Nacional a lo largo de ocho años de gobierno ha incrementado considerablemente los poderes de la figura de la presidencia, muchas de las propuestas más importantes del gobierno de la Alianza tendrían que ser aprobadas por un Congreso Nacional en el que se enfrentarían a una mayoría del PN en dura oposición (61 cuando menos) aupados por la extrema derecha de la Alianza Patriótica Hondureña (4) y los votos que históricamente le han acompañado en el congreso: Democracia Cristiana (1), Unificación Democrática (1), Partido Liberal (26). Esto le da a la oposición mayoría calificada en el Congreso, y poder de veto sobre políticas presidenciales.

Aún así, contando con la presidencia y con el control de las secretarías de Estado y sus estructuras, la Alianza de oposición podría implementar algunas de las medidas propuestas en su plan de gobierno. Fundamental importancia tendría el cambio de la relación antagónica del Estado y sus fuerzas de seguridad hacia los movimientos sociales de defensa del territorio y el ambiente, de las que el asesinato de la ambientalista y feminista Berta Cáceres ha sido la mayor expresión.

De confirmarse la tendencia actual, sin embargo, los movimientos sociales y las fuerzas progresistas de Honduras se aproximan a un escenario catastrófico. La derecha tendría la presidencia del país, la mayoría en el Congreso Nacional y en autoridades municipales. Eso oxigenaría a un desgastado gobierno y le permitiría desarrollar, sin controles institucionales, una profundización de las medidas neoliberales en el país, así como la continuidad del despojo ambiental, la venta del territorio nacional, la militarización de la seguridad y la criminalización y violencia contra defensores y defensoras de los derechos humanos ambientales. La tendencia actual representa la estabilidad del régimen, la consolidación de políticas militarizadas de seguridad y, en términos de política exterior, la protección de intereses estratégicos de Estados Unidos.

Aún, sin embargo, no está dicha la última palabra.

 

NUSO

Las tácticas y ciberataques con los que se influenciaron las elecciones en 18 países, según la organización Freedom House

Redes Sociales

Estados Unidos es el país del que más se habló, pero se dio en otras 17 naciones.

Y es que las votaciones que se celebraron en 18 países en el último año fueron influenciadas por desinformación divulgada a través de internet, según señaló en un informe Freedom House.

El reporte anual de la organización no gubernamental dedicada a la defensa de las libertades, con sede en EE.UU., analizó el nivel de libertad en internet que hubo en 65 países, los cuales representan el 87% del tráfico en la red a nivel mundial.

En total, 30 gobiernos estuvieron involucrados activamente en el uso de redes sociales para atacar a sus opositores, según el informe.

Desde Freedom House aseguran que en 18 en los que que hubo elecciones, existió algún tipo de manipulación en internet para tratar de influir en la opinión pública y minar a la oposición.

Además de las presidenciales en Estados Unidos y Ecuador o el plebiscito sobre el acuerdo de paz en Colombia, Freedom House encontró también algún tipo de interferencia en, por ejemplo, la votación sobre la permanencia de Reino Unido en la Unión Europea o en la elección presidencial de Francia.

También en votaciones que se llevaron a cabo en Alemania, Italia, Turquía, Corea del Sur, Armenia, Azerbaiyán, Indonesia, Kenia, Ruanda, Tailandia, Gambia y Zambia.

Las tácticas

Por séptimo año consecutivo, Freedom House detectó que la libertad para los usuarios de la web está a la baja en la mayoría de las naciones.

Esto se debe principalmente a los esfuerzos de los gobiernos por controlar la opinión de los ciudadanos, según el reporte.

Para ello, emplean diversas tácticas como:

  • Usar bots informáticos que replican mensajes del oficialismo.
  • Emplear grupos de comentaristas para difundir posturas progubernamentales en los debates.
  • Crear sitios de noticias falsas para difundir información engañosa
  • Usar a troles para quitar tiempo a los críticos de los gobiernos mediante ataques personales.

La manipulación de las redes sociales se ha convertido en una herramienta clave para los regímenes represivos, según la ONG.

“En Kenia, los usuarios compartieron fácilmente noticias y videos falsos con logos de medios de comunicación que usualmente son confiables, como CNN, BBC y NTV Kenya”, documentó Freedom House.

Eso se suma a los controles técnicos como los cortafuegos (firewalls), los filtradores de contenidos y herramientas de bloqueo de las redes privadas (VPN), que algunos gobiernos implementan desde hace un tiempo.

América Latina

En el caso de América Latina, Freedom House indicó que en Colombia fue documentada la presencia de estas tácticas de influencia en la opinión pública en el plebiscito del acuerdo de paz entre el gobierno y la guerrilla de las FARC.

Sobre las campañas presidenciales en Ecuador, la ONG denuncia que el entonces presidente Rafael Correa lanzó un sitio que identificaba a usuarios de redes sociales que realizaban críticas al gobierno.

“Eso permitía que los analistas progubernamentales señalaran colectivamente a los disidentes políticos”, dice Freedom House.

México no está entre los 18 países en los que Freedom House encontró algún tipo de interferencia en sus votaciones.

Sin embargo, el informe “Libertad en la Red 2017” señala que en ese país fueron detectadas unas 75.000 cuentas en Twitter que son usadas por bots.

“Cuando surge un nuevo hashtag para crear conciencia sobre un escándalo, los partidarios del gobierno emplean dos métodos para jugar con el sistema a favor del presidente”, señala Freedom House.

“Los bots promueven hashtags alternativos que apartan a los originales de la lista de los 10 principales. En otro método conocido como ‘intoxicación con hashtag’, los bots inundan los hashtags antigubernamentales con publicaciones irrelevantes para enterrar cualquier información útil”, detalla.

En Venezuela también hubo influencia en las redes sociales en la larga disputa política entre el gobierno y la oposición, según la ONG.

La investigación determinó que menos del 25% de los internautas a nivel mundial vivían en países donde el acceso a la red es considerado libre. Son aquellos donde:

  • No hay obstáculos importantes para acceder a internet.
  • Hay pocas restricciones en lo que pueda ser visto o compartido.
  • La vigilancia a las actividades de los usuarios está limitada.
  • No hay repercusiones significativas para las personas que ejercen su libertad de expresión.

Fenómeno global

Sanja Kelly, del proyecto “Libertad en la red”, señala a China y Rusia como los “pioneros” en el control de internet, pero dice que el fenómeno se ha vuelto global.

Ahora naciones como Turquía, Filipinas, Siria y Etiopía ya emplean estas tácticas de forma masiva.

“Los efectos de esta rápida expansión de técnicas contra la democracia y el activismo cívico son potencialmente devastadores”, consideró por su parte Sanja Kelly.

Esto ha hecho visible la necesidad de la educación de los usuarios de internet, enseñándoles a identificar las noticias falsas.

Otra tarea recae en las firmas tecnológicas, en especial las redes sociales, que tienen que combatir activamente la manipulación de información en sus canales.

Otra preocupación a ojos de la organización es el intento por parte de algunos países de influir fuera de las propias fronteras.

La ONG afirma que está “bien documentado” cómo desde Moscú hubo esfuerzos significativos para influir en la elección presidencial de Estados Unidos del año pasado.

Y, según su investigación, esa tendencia está al alza: cada vez más los gobiernos buscan influir mediante redes sociales en el debate en otros países.

AQUÍ EL INFORME COMPLETO

 

 

BBC MUNDO

Informe: Elecciones en Chile

Elecciones en Chile

Ivan Alvarado (REUTERS)

El próximo 19 de noviembre, se desarrollará la primera vuelta de las elecciones presidenciales en Chile y los principales sondeos de opinión indican una interesante ventaja del ex-presidente Sebastián Piñera.

Para profundizar sobre el desarrollo de la campaña electoral, compartimos un completo informe realizado por Comitia Consulting.

Leer informe aquí > Elecciones-Chile-2017

Después de las PASO: ¿El fin del “voto con el bolsillo”?

En las primarias (PASO), ¿hubo acuerdo con un relato macrista del mérito individual y el futuro, o intención de dar tiempo a cambios de fondo?

PASO

Ilustración: DECUR

 

>Por Raquel San Martín

pesar de la contundencia de los números, y de sus efectos concretos sobre las instituciones políticas, los resultados electorales siempre reservan una parte de enigma. Ninguna tecnología de auscultación de la sociedad puede captar, en su corrección total, por qué alguien vota como lo hace. Los resultados de las PASO del 13 pasado llevaron ese rasgo de misterio casi a un extremo: el apoyo al gobierno de Cambiemos en las urnas está desembocando en estos días -con alegría o con desazón, según quién lo mire- en una pregunta central: ¿por qué los ciudadanos apoyaron de manera mayoritaria a un gobierno si no ven mejoras concretas aún, o no tantas como las prometidas, en su economía y su bienestar? ¿Será que existe, en algún sector de votantes, al menos, la sensación de que los cambios de fondo llevan tiempo, y están entonces dispuestos a renovar un voto de confianza, aunque sea de corto plazo? En todo caso, ¿con qué otros elementos habría que reemplazar el “voto con el bolsillo” que es casi lugar común?

Para los analistas -que a coro recomiendan cautela cuando se analizan resultados de una elección primaria en la dinámica Argentina-, es como siempre una combinación de factores la que puede explicar la esperanza sin (o con poco) asidero material: ecos de una narrativa macrista que sigue apostando a la polarización con el pasado kirchnerista y el fantasma de su regreso; una memoria, en ciertos sectores de clase media baja, de las dificultades recurrentes de la Argentina, entre quienes cae bien la exaltación del progreso individual que tiene el relato de Cambiemos, y hasta un voto que mira más al futuro y a sus posibilidades que a la historia. En otras palabras, el gobierno parece haber jugado con sus armas en un terreno, el del relato y la batalla por los significados, en el que el kirchnerismo solía moverse más cómodo.

Aunque las advertencias de los expertos se concentran sobre todo en esperar a las elecciones de octubre, y más aún a las de 2019, para saber si las tendencias que se adivinan cristalizan en procesos más duraderos, también subrayan la contracara: los resultados de las PASO prolongan un proceso de fragmentación partidaria que tiene años, mientras la novedad se cocina lentamente en el campo más difícil de sondear de los valores, las percepciones y los ideales. Y en ese subsuelo colectivo se acomodan, en una convivencia tensa cuya forma final no terminamos aún de ver, la democracia, el republicanismo, la igualdad y el Estado amplio como centro de la vida política.

“La fortaleza electoral del Gobierno está sostenida en tres pilares. Uno es la polarización, que acelera la intensidad emocional de la discusión política. Con ella se vincula el segundo: un clivaje asimétrico que el Gobierno gestiona, en el que los sentimientos antimacristas y antikirchneristas están escorados en favor del segundo. La presencia de Cristina Kirchner convalidó esa estrategia del Gobierno, que de alguna manera buscó actualizar el 2015: está culturalmente vigente la amenaza del retorno del populismo, un proceso que habría que volver irreversible con el voto. Y el tercero es la política de las intenciones. Frente a la eficacia soberbia del kirchnerismo, Cambiemos es el error virtuoso. Eso está encarnado especialmente en María Eugenia Vidal, a quien el electorado le reconoce básicamente intenciones y no tanto logros”, apunta Ignacio Ramírez, sociólogo y director del Posgrado en Opinión Pública de Flacso.

De la memoria a la espera

No convendría buscar tantas respuestas, o no hacerlo solamente, en el Metrobús o la obra pública. El “gobierno de los CEO” parece gestionar con habilidad, en realidad, el discurso y las aspiraciones de los votantes. “Si hay gente que no mejoró, e incluso empeoró su vida cotidiana, e igual vota al Gobierno es porque evalúa que el Gobierno administra una herencia, que es responsable pero no el único de este presente. Tal vez se combine en sectores medio-bajos que ya se habían dejado de sentir parte de la audiencia kirchnerista y creen que el gobierno se va a ocupar de sus problemas”, apunta Martín Rodríguez, escritor, analista político y editor de Panamá Revista, quien descree de la disposición de parte del electorado a no comprar satisfacción inmediata y diferir sus expectativas en el tiempo.

“Eso presupone creer que la gente vota al Gobierno porque está siendo educada en el sacrificio del presente para el fruto del futuro. Es la típica lección zonza del liberalismo versus el populismo: uno te promete futuro a costa del presente, el otro te da presente a costa del futuro. Ninguna de las dos cosas funciona así. Hoy no hay una decisión de sacrificio en el voto a Cambiemos -apunta Rodríguez-. No hay una ética. Lo que hay, en los que lo votan y aún no reciben beneficios, es una memoria más o menos sensata que sabe que la Argentina nunca es ni fue fácil. Es una clase media baja que vive bajo el imperio del «a mí nadie me regala nada, toda la vida laburé». Tal vez el sesgo meritocrático del discurso del Gobierno tiene eco en ellos. Son los que creen en el progreso individual, en que progresar es sacarse de encima al Estado. El Gobierno intenta enunciar la moral del mercado. Ahora bien: ese voto así como viene se va. Cristina lo vivió en carne propia. Tiene que haber condiciones para esos «éxitos individuales»”.

Para el politólogo Julio Burdman, el segmento de votantes más dispuesto a extender un voto de confianza algobierno “fue determinante en esta elección”, aunque no cree “que se trate de un segmento numeroso”: “El núcleo duro de Cambiemos está en votantes de clase media y media alta que se identifican con Macri y apuestan a él. Hay un voto con componentes identitarios. No obstante, también hay una franja que está por debajo de la clase media, que sintió los aumentos, que está disconforme con la situación económica, que tiene problemas para llegar a fin de mes, pero que no quiere votar al peronismo. Ese sector, al que habitualmente se denomina ‘aspiracional’, quiere creer en Cambiemos, y le dio su voto de confianza en agosto. Pero no es un apoyo que Macri y Vidal deban dar por descontado: si la economía no termina de arrancar, serán los primeros en cambiar de opinión.”

El “discurso de mérito y orden” del gobierno, como señala Ignacio Ramírez, puede resonar en ciertos sectores sociales, pero en otros tiene implicancias distintas. “En cuanto a las demandas de satisfacción inmediata, ¿cuáles son los sectores en la Argentina más ansiosos a la hora de relacionarse de cualquier modo que sea con la política? No creo que sean los más carenciados -dice Vicente Palermo, politólogo y presidente del Club Político Argentino-. Al contrario, más ansiosos somos cuanto más arriba estamos en la pirámide. ¿De qué me sirve la ansiedad si mis padres viven en un barrio sin agua corriente desde antes de que mis hermanos mayores nacieran? Si los peronismos pierden cierta capacidad de movilización administrada se va a hacer más evidente que los sectores más pobres esperan porque no les queda otro remedio.”

La percepción del tiempo, entonces, puede ser un elemento clave para sumar al análisis. En 2015, una investigación sobre patrones de corte de boleta y reelección de intendentes en la provincia de Buenos Aires encontró que el voto puede inspirarse tanto en juicios retrospectivos (lo que un candidato hizo, pensando en que siga haciendo eso) o prospectivos (lo que potencialmente puede hacer). “Tomar decisiones políticas es difícil, por eso la gente usa atajos cognitivos para pensar qué va a privilegiar en su voto -explica Lorena Moscovich, politóloga y profesora de la Universidad de San Andrés, coautora de esa investigación-. En esa elección encontramos que la edad de los candidatos (en promedio los intendentes que ganaron eran 12 años menores que sus antecesores) y la cercanía en el tiempo (lo más fresco en la memoria, para bien o para mal, tiene más impacto) fueron atajos para decidir el voto. En estas PASO creo que primó un voto prospectivo. Pero no sé si eso supone que la gente esté dispuesta a postergar deseos o asumir sacrificios”, aclara.

Justamente en ese punto se detienen los análisis. “No me parece seguro todavía hablar de adhesión al Gobierno en todos los casos, que es algo muy diferente al que meramente aprueba. Tal vez ese campo de la adhesión se haya ensanchado, pero no podemos saberlo todavía. Y hay adhesiones que son aparentes: la que despierta Elisa Carrió, por ejemplo, es una adhesión fácil, porque a mucha gente le encanta embarcarse en catarsis morales, aunque Carrió es un personaje más complejo que eso. Esas adhesiones no necesariamente se convierten en cemento de experiencias duraderas”, dice Palermo.

Existe, por ahora, como dice Ramírez, “una inercia de la ilusión”. “El voto de Cambiemos no es un voto eufórico, no es un voto agradecido. Esa ilusión todavía no empezó a transitar una pendiente descendente. Sigue todavía la expectativa de estar comenzando una nueva etapa”.

El asombro porque un votante mantenga su simpatía por un político “a pesar de las noticias” es, según Burdman, la señal de que estamos pasando por alto que la politización, transformada, subsiste. “A fines del siglo XX creímos o quisimos creer que la identidad partidaria había muerto. Pero en otras épocas no hubiéramos hecho esa pregunta con tanto estupor: el conservador, el socialista, el radical o el peronista no iban a abandonar su identidad sólo porque un dirigente robó o gestionó mal. La identidad estaba más allá de eso -dice Burdman-. Hoy pasa algo similar, en menor escala. No hay mayorías politizadas pero sí minorías intensas. En nuestro país, tanto el kirchnerismo como el cambiemismo entran en esa categoría. El cambiemita antikirchnerista y el kirchnerista antimacrista están movilizados y dispuestos a bancar a sus dirigentes más allá de un mal año económico, alguna denuncia judicializada o la crítica periodística.”

Relatos en conflicto

Allí donde los sentidos se configuran, en el terreno de las percepciones, las emociones y las expectativas, ¿hay indicios de cambio?

Una investigación sobre la cultura política de los argentinos, realizada en 2015 y 2016 por Ibarómetro y Flacso, puede iluminar alguna respuesta. En 2015, el 55% de los argentinos consideraba que el gobierno nacional (en ese momento, de Cristina Kirchner) era el actor más poderoso de la escena política; en 2016, sólo el 22,9% de los argentinos pensaba que el Gobierno (ahora de Mauricio Macri) era el que tenía más autoridad. Los investigadores señalaron entonces que el dato reflejaba un cambio de narrativa, el tránsito entre dos lenguajes distintos: “Épica de la decisión frente a racionalidad de la solución. La vida pública, en la retórica kirchnerista de gobierno, aparecía como un campo de batalla surcado más por intereses que por emociones e inevitablemente conflictivo. En la representación macrista, la esfera pública es un territorio de actitudes e intenciones, donde los conflictos son vestigios de mentalidades antiguas.” Como escribió recientemente Pablo Semán enPanamá Revista, “a la luz del antikirchnerismo se relee la historia, la economía y el sentido del futuro”.

Dice Palermo: “Un fenómeno inédito que podemos observar desde 2015 es que hay una centroderecha capaz de ganar elecciones, aunque sea dudosa la calificación de centroderecha, de identificaciones duraderas y hasta de un partido. En busca de cambios culturales, podemos decir que esta es la coalición de élite menos antimercado que nos ha gobernado desde los años 80, pero querer ver una coalición socioelectoral promercado tal vez sea un poco prematuro. Mejor que seguir gastando los lugares comunes sería asumir que estamos metidos en un magma sociocultural que no es muy generoso para dejarnos ver sus formas. La democracia, o los derechos humanos, han sido valores centrales desde los años 80, pero los modos en que se han articulado o podrían articularse, con otros componentes de nuestra cultura política, como el liberalismo o el republicanismo, hacen toda la diferencia a largo plazo.”

Burdman señala dos cambios en ese sentido: la consolidación del espacio Cambiemos y el lanzamiento de Unidad Ciudadana sobre lo que fue el kirchnerismo. Ambos espacios pretenden ocupar el lugar que antes ocupaban las culturas radical y peronista, aunque con estilos y metodologías más acordes con los tiempos que corren: comunicación horizontal, discurso centralizado, estrategias planificadas -dice-. Las etiquetas partidarias están recobrando influencia, aunque con nuevos modos. Por lo menos, a partir de la identificación de los votantes, que no se afilian como sus abuelos, pero discuten de política con vehemencia.”

Para no encontrar novedades a cada paso, es necesario incluir en el análisis el apoyo a la oposición en sus distintas formas -incluidos el peronismo en sus distintas variantes, entre ellas el kirchnerismo- en las PASO. “El PJ y el kirchnerismo tienen un respaldo importante. La cultura política argentina con centro de gravedad en el Estado activo y la igualdad son rasgos que no han sido desplazados y hay votantes que buscan alternativas políticas con olor a esos valores”, dice Ramírez. “Las experiencias políticas que tuvieron un comportamiento zigzagueante han tenido un desempeño negativo: pienso en Massa, Schiaretti o Lousteau. El electorado necesita una economía de mensajes más clara.”

“Creo que la relativa sorpresa del triunfo de Cambiemos -que una parte propia y ajena a ellos mismos de la clase política no termina de asimilar- va en línea con la segmentación del voto que se vino dando desde 2013. Cristina hizo estallar su 54% porque no lo entendió. El peronismo está en una transición donde nadie está descartado del todo, porque a nadie le alcanza con lo que tiene -dice Rodríguez-. Y no veo que en la política y la sociedad argentina se resigne algo que tuvo histórica vitalidad: que una parte se organice en torno a la igualdad.”

En común tenemos, quizás, una vitalidad democrática para subrayar. “Hubo cierto voluntarismo del macrismo de cuestionar la legitimidad de las PASO, pero las elecciones mostraron una participación estable. Muchos países están discutiendo la participación, algo que no se da en la Argentina, y eso es para destacar. Es un dato de salud cívica. Y también tiene que ver con la polarización, que pone contrastes y le da sentido a elegir. En Argentina están a la vista los contrastes ideológicos, el conflicto y eso le da atractivo a la contienda electoral”, dice Ramírez. Por eso, poner en duda la transparencia del acto electoral o utilizarlo como otro momento de campaña, implica un riesgo alto.

Los imaginarios se construyen siempre en tensión: igualdad, Estado, democracia, liberalismo, institucionalidad republicana, el pueblo y la gente, la inclusión y el desarrollo individual. También, los sentidos, las expectativas y las experiencias. En ese delicado ajedrez va tomando forma la cultura política que viene.

 

LN

Comunicación política versus comunicación electoral

Comunicación Electoral

>Por Daniel Eskibel

La comunicación política y la comunicación electoral no se oponen mutuamente la una a la otra. Es más: tienen múltiples puntos de contacto. Pero son diferentes.
Y para ser eficaz en la vida política tienes que comprender esa diferencia y actuar luego en consecuencia.

La eficacia política es un concepto poco transitado pero de vital importancia.

Tienes que ser eficaz como gobernante si estás en un cargo ejecutivo y también tienes que serlo como legislador si esa es tu actividad actual. Pero además tienes que ser eficaz dentro de tu partido político. La eficacia se relaciona con lograr los objetivos que se buscan, y eso debe hacer un partido, una organización o un gobierno. Eso debe hacer, claro, cada persona que integra esas organizaciones.

Por encima inclusive de este concepto de eficacia hay otro más importante aún: la eficacia de los partidos y los gobiernos para las personas que habitan la ciudad, la provincia o el país. Ellos esperan y necesitan esa eficacia.

Ambos sentidos no son contrapuestos porque si eres eficaz en tu gestión pública o política entonces eso será eficaz para tu propia vida política. La comunicación política no es la única variable en juego, por supuesto, pero sin ella no hay eficacia.

La organización política en las trincheras: comunicación permanente

La comunicación de una organización política tiene algunas características esenciales que es necesario subrayar:

Abarca un amplio espectro de dimensiones de la comunicación. Incluye la comunicación de partidos y organizaciones políticas, la comunicación de gobiernos, la comunicación legislativa, la comunicación de crisis y la comunicación electoral. Todas son formas de comunicación diferentes y específicas, pero todas son comunicación política.
Es permanente. La noche en la que se conocen los resultados electorales comienza un nuevo ciclo que se abre con la comparecencia pública del candidato o del vocero de la organización. Y continúa sin pausa durante los años siguientes hasta que se conozcan los nuevos resultados electorales y todo el ciclo vuelva a empezar.
Es omnipresente. Todo comunica, hasta tu silencio. Todo, y no solo lo que dices. También lo que haces y lo que no haces. Lo único imposible es no comunicar.
Sus resultados de fondo se juegan en el mediano y largo plazo más que en el corto plazo. Y la estrategia es más determinante que la táctica.
Necesita contar con un plan estratégico escrito. En caso contrario cae en la improvisación, se marea con la táctica cotidiana y se enreda en un mar de contradicciones que le hacen perder eficacia y perder oportunidades.
Comunicar es también, y en primer lugar, escuchar. Y en esta dimensión nacen los peores fracasos de comunicación política. Y los mayores éxitos, también.

Elecciones: comunicación en la recta final

La comunicación electoral es una forma especializada de comunicación política que presenta características diferenciales:

Se limita temporalmente a los períodos de campaña electoral.
Mientras la comunicación política gana o pierde por puntos, la comunicación electoral lo hace por nocaut.
Su objetivo específico consiste en transformar en votos los pensamientos y emociones de determinados segmentos sociales.
No comienza de cero sino que es el punto culminante de todo un proceso anterior de comunicación política.
Trabaja sobre contenidos políticos más breves y especialmente diseñados para ser consumidos en plazos cortos.

Estrategia de comunicación

La noche de las elecciones comienza un nuevo ciclo de comunicación política. Tu primera tarea central es diseñar una estrategia de largo plazo que cubra todo el período que comienza. No será una estrategia rígida e inamovible sino que deberás hacer evaluaciones y correcciones periódicas.

En ese plan estratégico deberás incluir:

  1. Los objetivos que quieres lograr.
  2. La calendarización de las etapas que atravesarás.
  3. Tu mensaje para el período.
  4. Los públicos con los que te vas a comunicar.
  5. Cuales son los adversarios que van a disputar contigo esos públicos.
  6. Cómo vas a escuchar a las personas que componen esos segmentos sociales.
  7. Los medios de comunicación que vas a trabajar prioritariamente.
  8. El tipo de contenidos políticos que vas a comunicar.
  9. Los recursos humanos y materiales que tendrás que involucrar.
  10. El protocolo de crisis que aplicarás cuando sea necesario.
  11. El plan legislativo o de gobierno, según sea el caso.
  12. Los tiempos y criterios para la evaluación del plan.

En esta etapa inicial el plan de comunicación electoral todavía no forma parte del cuadro. Pero deberás abocarte a él más tarde. ¿Cuando? Luego de que tu comunicación política ya vaya en velocidad de crucero y se vayan despejando varias incógnitas en materia de gobierno, candidatos y opinión pública. Pero a su vez con el tiempo suficiente por delante como para preparar esa enorme operación política que es una campaña electoral. Un año y medio antes de las elecciones podría ser una buena decisión.

Planificar para la acción, de eso se trata. Acción política permanente y acción electoral limitada en el tiempo.
Acción efectiva, además.

 

Maquiavelo & Freud

Los adultos conservan un mayor apoyo a Macri que los jóvenes

Diferentes encuestadoras registran una diferencia etaria importante en la imagen del Gobierno; lo atribuyen a su estilo de comunicación y a su perfil político.

Globos PRO

¿Se desinflan los globos del PRO? El nivel de aprobación entre los jóvenes enciende una luz de alerta.

>Por Gabriel Sued

Si tuviese que adivinar la postura política de una persona y para deducirlo pudiese hacer una sola pregunta no vinculada directamente al tema, ¿qué preguntaría? ¿Su nivel educativo? ¿Si es de Capital o del interior? No. Un análisis de datos sobre la imagen del Gobierno y del Presidente no deja dudas. La pregunta indicada sería: ¿cuántos años tiene?

No importa la encuesta que se elija, todas muestran una clara línea divisoria: Mauricio Macri y su gestión tienen mayores niveles de aprobación entre los adultos mayores que entre los jóvenes. La brecha se ensanchó en los últimos meses, indican algunos estudios, cuando la popularidad del Presidente creció entre los mayores de 60 y cayó entre los de menores de 30. La información toma más relieve al analizar otras variables, como la zona de residencia, el género o el nivel educativo. En ninguno de esos recortes, la brecha es tan marcada como en la segmentación por edad.

“El macrismo está envuelto de una narrativa moderna e informal pero el centro de gravedad de su respaldo se concentra entre los mayores de 60”, señaló Ignacio Ramírez, director del posgrado de Opinión Pública y Comunicación Política de Flacso, el primero en poner la lupa sobre el tema. “Se insiste sobre la… joven y moderna’ comunicación del Gobierno, pero la penetración identitaria de Macri se encoge entre los jóvenes”, agregó. ¿Por qué? Ramírez arriesgó una hipótesis: “La comunicación excesivamente manufacturada se aleja de los códigos de los jóvenes, que, en su mayoría, fueron socializados durante el kirchnerismo”.

InfografíaConsultados por LA NACION, voceros del Gobierno relativizaron la cuestión y dijeron que “la verdadera divisoria de aguas” que surge de los estudios es entre “la profundización del cambio y la vuelta al pasado”.

Las encuestas difieren, según la consultora, respecto del nivel de popularidad del Gobierno. Pero cinco estudios analizados por LA NACION confirman la grieta entre jóvenes y viejos. El último informe de Poliarquía señala que Macri tiene un 45% de imagen positiva, un 35% de regular y un 20% de negativa. Pero mientras que entre los mayores de 50 años la imagen positiva escala a un 56%, entre los menores de 30 cae al 33%. Veintitrés puntos de diferencia.

Es similar el diagnóstico de Isonomía, la consultora favorita del Gobierno. Según la medición de marzo, el Presidente tenía un 56% de imagen positiva y un 42% de negativa. Entre los mayores de 50, la aprobación ascendía a 61% y la reprobación bajaba a 35%. Una diferencia a favor de 26 puntos, que, entre los menores de 30, se reduce a 10 puntos: un 54% aprueba y un 44% reprueba. Un dato adicional: desde diciembre, la imagen positiva de Macri creció tres puntos entre los adultos mayores y cayó 6 puntos entre los sub 30.

“La tendencia existe, pero se da de manera menos marcada de lo que sucede con Cristina Kirchner, que tiene más respaldo entre los jóvenes y más rechazo entre los más grandes”, analizó Pablo Knopoff. “Se debe a un conjunto de cosas. Los segmentos más grandes son los que más conocen a los políticos, tienen una mirada más crítica y sienten que este gobierno puede responder a sus expectativas”, dijo.

Para Roberto Bacman, titular de CEOP, la respuesta no radica en las políticas públicas, porque el mismo patrón se registraba durante la campaña. “Quizás se debe a que los jóvenes no piensen tanto que el peronismo es el culpable de todos los males del país”, evaluó. De acuerdo con la consultora, la imagen de Macri cayó en todas las edades desde febrero del año pasado. Pero mientras que la negativa pasó de 31% al 47% entre los mayores de 50, escaló de 41,5% al 61% entre los menos de 34.

El fenómeno se confirma en los números de Management & Fit. Casi el 64 por ciento de los que aprueban al Gobierno son mayores de 40 años. “La mayor migración de imagen positiva a negativa se dio en el segmento medio, de 35 a 54 años”, sostuvo Mariel Fornoni. “Es un grupo de gente que participa del mercado de trabajo, que pensó que con Macri iba a estar mejor y que vio caer su poder adquisitivo”, agregó la consultora.

Una hipótesis diferente aportó Analía del Franco: “Pese a que tiene un gran trabajo en las redes, Cambiemos no tiene un espíritu transgresor. Los mayores de 45 años son más afectos al no conflicto y el oficialismo sintoniza con ese perfil”. Según un estudio de su consultora en la provincia de Buenos Aires el nivel de aprobación de Macri estuvo siempre al menos 5 puntos debajo del promedio entre los menores de 30 años y al menos 5 puntos arriba del promedio entre los mayores de 60. Este mes la diferencia entre el respaldo de los jóvenes y de los más grandes confirmó una brecha de más de 25 puntos.

 

LN

¿Hizo plagio? Marine Le Pen recurrió a una estrategia peligrosa para captar votos

¿Hizo plagio? Le Pen recurrió a una estrategia peligrosa para captar votos

¿Hizo plagio? Le Pen recurrió a una estrategia peligrosa para captar votos. (Reuters)

La candidata ultraderechista francesa Marine Le Pen copió párrafos enteros de un discurso del conservador François Fillon en un discurso pronunciado ayer, lo que desató una fuerte polémica en la recta final para las elecciones presidenciales en Francia de este domingo que la enfrenta en ballottage a Emmanuel Macron .

En medio de las previsiones que no la dan como ganadora pero sí remarcan que tiene un fuerte apoyo, Le Pen se muestra abierta a captar el voto de sus contrincantes en primera vuelta porque entiende que la cosas aun no están definidas.

Es por ello que en su discurso con motivo del 1 de Mayo en Villepinte, al norte de París , brindó un discurso que tenía pasajes que guardaban una gran similitud con un mensaje patriótico del candidato de los conservadores que quedó fuera de la carrera presidencial en la primera vuelta el 23 de abril.

Fillon pronunció esas palabras en un acto el 15 de abril, señalan los medios, entre ellos el diario Le Monde, que destaca que Le Pen no aclaró en ningún momento que estaba citando al otro dirigente.

El canal de YouTube Ridicule TV colgó un video en el que superponen imágenes en las que se puede ver cómo hay frases enteras que coinciden. Según otros medios, el canal satírico simpatiza con Fillon.

La respuesta del equipo de Le Pen

El director de campaña de Le Pen, David Rachline, declaró al diario Libération que de ninguna forma puede hablarse de plagio, sino que la candidata hizo las alusiones al discurso de Fillon de forma consciente porque quiere demostrar que es una candidata que une a las personas.

Le Pen recurrió a una estrategia peligrosa para captar votos. (Reuters)

Le Pen recurrió a una estrategia peligrosa para captar votos. (Reuters)

 

AGENCIA DPA

Elecciones en Francia: La búsqueda del balance político hacia el centro

Macron y Le Pen
>Por Rodrigo Durán Guzmán exclusivo para MIX POLÍTICO

Tras el término de la primera vuelta presidencial los resultados no han dejado a nadie indiferente en una tendencia al alza. Porque tanto socialistas como republicanos galos han quedado fuera de competencia en una segunda vuelta que se anticipa favorable para las aspiraciones del liberal Emmanuel Macron versus la líder (aunque haya dejado momentáneamente la presidencia) del Frente Nacional, Marine Le Pen. Como dato diremos que, en un contexto de voto voluntario, el 77% de los galos participó en los comicios de primera vuelta, cifra similar a lo que se espera en el balotaje del próximo 7 de mayo, aun cuando se prevé un leve aumento en la abstención, pero eso ya se sabrá.

Sin embargo, y a pesar de la demanda popular por nuevos actores en la arena política, ni uno ni otro forman parte de los denominados outsiders. Macron, graduado en la Escuela Nacional de Administración (ENA), cuna de la élite política francesa, trabajó en el banco Rothschild y fue ministro de Economía del saliente gobierno (socialista), aun cuando nunca ha militado en el oficialismo y sus políticas fueron ampliamente rechazas por el PS francés. En contraposición, Le Pen es hija del fundador del Frente Nacional (Jean Marie Le Pen) pero su discurso, si bien nacionalista, ha sido mucho más moderado que el de su progenitor. En cuanto a respaldos políticos de cara a la segunda vuelta, Macron ha recibido el apoyo de Fillon y Hamon, con proyecciones de que podría ganar la elección con un 62% de los sufragios, contra un 38% de su adversaria. No obstante, y porque los comportamientos en política a ratos forman parte de cuestiones “dignas de Ripley”, observaremos que el candidato de la izquierda, Jean – Luc Mélechon (cuarto en la primera vuelta) podría eventualmente traspasar su apoyo a Le Pen, con quien comparten ideas tales como el rechazo a la globalización y el libre comercio. Todo, por cierto, en un escenario complementado con el rechazo del denominado voto popular y obrero al supuesto elitismo tecnócrata de Macron.

Lo importante, que nos enseña no sólo Francia sino también contextos tales como España, Canadá o, más cercano aún, Argentina y quizás también lo que podría ocurrir en las elecciones presidenciales del presente año en Chile, es que existe una clara tendencia a recuperar la moderación y no dar cabida a los extremos, a las posiciones fundamentalistas entendiendo que la vida, al igual que la política, no es sólo blanco/negro sino que también coexisten, simultáneamente, matices donde la diversidad se transforma en un arma poderosa de enriquecimiento social integrador, tolerante y de respeto.

De todos modos, ninguna proyección es del todo segura cuando uno de los jugadores en el tablero es el populismo (Le Pen). Y menos cuando en la primera vuelta el Frente Nacional aumentó su sufragio más de cinco puntos porcentuales. Marine Le Pen quiere romper con una tradición europeísta de Francia construida durante décadas con medidas tales como “liberar” al país de la UE y realizar un referéndum sobre el Frexit y recuperar la moneda nacional, lo que supondría un escenario inquietante para una ya maltrecha UE tras el Brexit.

Macron, por el contrario, si bien se muestra crítico con el estado actual de la UE, desea “restablecer la confianza” (algo que forma parte del actual ethos discursivo de la Democracia Cristiana chilena que podría romper alianza con la izquierda llegando a primera vuelta en la elección presidencial de ese país generando, de paso, el retorno de los tres tercios en ese país) ciudadana en las instituciones declarándose abiertamente “cien por cien” europeísta. Y lo hace con una creencia sincera en todos sus flancos: el Mercado Interior Único, el espacio Schengen que avala la circulación libre de personas y la Eurozona.

Cómo sea, y tal como ha sido la tónica en algunos países, la evidencia es clara: en la actualidad una cosa es que los votantes estén desafectados de los partidos políticos, pero eso no implica que se desentiendan de la política. Su actuar no está precedido por “órdenes de partido” sino por sus convicciones, por sus sensaciones, anhelos y deseos. Al final del día, y en eso tanto la naturaleza como evolución humana son sabias, los individuos entendemos la importancia de generar acuerdos colectivos de convivencia donde, más allá si eres de izquierda o derecha, lo importante es que todos seamos capaces de encontrarnos y trabajar, colaborativamente, en nuestros respectivos proyectos de país, uno donde los populistas (salvo el caso de Estados Unidos lógicamente), a diferencia de la moderación, no tienen cabida en sociedades que ansían alcanzar tanto su plenitud como madurez.

 

* Magíster internacional en comunicación, experto en comunicación y análisis político.

Ganar comunicando mal

Ganar comunicando mal

>Damián Fernández Pedemonte*

El oficialismo no va a tener problemas para ganar las elecciones intermedias. O mejor dicho, para quedar en la primera minoría: es probable que en octubre no haya ningún vencedor. Esto no se debe a sus logros ni a su estrategia de comunicación política, sino a que el peronismo no ha logrado articular una propuesta ni ha dado aún con un líder renovador.

Pero que Macri pueda ganar la elección de medio término sin mayores problemas no dice nada acerca de la calidad de su comunicación (ni de que vaya a quedar despejado el camino para la segunda parte de su mandato). Más bien, si se demoran los resultados y el rumbo sigue percibiéndose errático, quienes dejarán de apoyar al Gobierno serán no ya los peronistas despechados, sino los que lo votaron en las elecciones presidenciales.

El año pasado se discutió bastante si el Gobierno contaba con una adecuada estrategia de comunicación. En este debate, los críticos y el Gobierno coincidieron en un punto: la comunicación no puede reemplazar la gestión. Los aciertos, decía el Gobierno, son reales, no inventos de la comunicación. Simétricamente, los críticos decían: los errores son de políticas, no de comunicación.

Creo que es una distorsión en la que se incurre cuando se confunde la comunicación gubernamental con el marketing electoral. Hay dos lógicas diversas en la comunicación política que el Gobierno equipara porque sólo conoce una de ellas. Para los asesores del gobierno, todo es marketing. La gran diferencia entre el marketing y la comunicación, sin embargo, es que el primero aparece después de que se toman las decisiones: es el packaging de las medidas, la publicidad de los resultados. La comunicación, en cambio, viene antes: forma parte de la toma de decisión. Si la estrategia no se aclara con la comunicación, no hay estrategia.

Por ejemplo, si el Gobierno hubiera construido escenarios e inoculado a los públicos no tendría que haber sido obligado por la Corte Suprema a convocar a una audiencia pública por el tarifazo ni a dar marcha atrás con el acuerdo con el Correo Argentino. Las direcciones de comunicación de las corporaciones hubieran desaconsejado esos pasos en falso: es raro que los CEO no lo advirtieran. El objetivo de la comunicación política es generar consensos antes. Antes del error y de la retractación.

Eliseo Verón decía que hay dos tipos de campaña: la oficial y la oficiosa. La primera es regulada por el Estado, tiene tiempos, espacios y presupuestos definidos. Es el reino del marketing: todo lo que sabe esta disciplina sobre segmentación de audiencias o posicionamiento de las marcas vale aquí. Pero hay otra campaña, más extensa, de contornos menos precisos y mensajes más indirectos, que es la oficiosa. Está conformada por todas las intervenciones mediáticas de los líderes de los espacios políticos que compiten en las elecciones. Cuando son entrevistados en programas de opinión o talk shows en radio o televisión, cuando realizan declaraciones que se convierten en titulares de la prensa, los políticos están haciendo campaña. Aquí llegan al público sólo si logran entrar en la agenda de los medios o en las conversaciones de las redes sociales. El periodista, el conductor o los usuarios de Twitter son la interfaz entre el político y los ciudadanos. La nota en los medios es más riesgosa para un candidato, pero más creíble que un spot.

*Director de la Escuela de Posgrados en Comunicación de la Universidad Austral


LN

La Trocha: primera vuelta en Francia

Emmanuel Macron, el 14 de abril de 2017

Emmanuel Macron, el 14 de abril de 2017 (Robert Pratta – REUTERS)

Primera vuelta de las presidenciales francesas: derrota de los partidos tradicionales, auge de los extremismos y la incógnita Macron.

 

>Por Adolfo Álvaro Martín* exclusivo para MIX POLÍTICO

Marine Le Pen y Emmanuel Macron disputarán el próximo día 7 de mayo la segunda vuelta de las presidenciales francesas. Aunque los resultados no son aún definitivos, Macron ha sido el mas votado (24%), desbancando a la que hasta hace poco mas de 3 semanas parecía el candidato con mayor simpatía de voto, Maríne Le Pen (21,3%).

La Europa institucional de Bruselas y gran parte de los gobiernos del Viejo Continente han respirado aliviados por el resultado, en el convencimiento de que Macron acabará imponiéndose a Le Pen pues, como ya auguran los primeros sondeos, el candidato social-liberal tendría una intención de voto del 62%. Además, a lo largo de la mañana de hoy, la mayoría de los candidatos que no han pasado a segunda vuelta le han mostrado su apoyo.

Sin embargo, un análisis mas pausado de los datos debería atemperar esta euforia, no porque en estos momentos se dude de que Macron pueda perder la segunda vuelta, sino porque lo que han mostrado los resultados del domingo 23 de abril, es el profundo rechazo frente al proyecto europeo que se ha instalado en una parte muy importante del cuerpo electoral frances.

Es conocido hace tiempo el rechazo a la Unión Europea de Marine Le Pen, que no ha dudado en asegurar que si llega a la presidencia planteará un referéndum para abandonar a sus socios de Bruselas. Frente a ella, es cierto, Macron ha manifestado un compromiso con el proyecto europeo y con el euro pero, ¿y los demás candidatos?.

Sugiero a los lectores que fijen su atención en Jean-Luc Mélenchon, candidato radical que ha obtenido el 19,6% de los votos, que no ha dudado en poner en cuestión el modelo de la Europa del Euro, y cuyas afinidades con regímenes como el de Maduro en Venezuela, le sitúan en el mismo frente de oposición a la Unión Europea y al modelo del que se ha dotado la Europa Occidental desde los tratados de Maastricht en 1992. Es posible que Mélenchon, en las últimas semanas, haya atraído votantes provenientes del antiguo partido comunista francés que, durante años habían votado a Le Pen (padre y luego hija), por su discurso antisistema y antieuropeista y que, ahora, hayan encontrado un candidato mas acorde con sus ideas pero con igual discurso antisistema. Tampoco puede decirse que haya mostrado una posición abiertamente europeísta el derrotado candidato del otrora poderoso Partido Socialista, Benoît Hamon, que ha cosechado los peores resultados de su historia reciente, superando por poco el 6% de los sufragios.

Todo ello quiere decir que ayer, en uno de los países fundadores de la Unión Europea, cerca del 45% de los votantes han apoyado posiciones de rechazo en mayor o menor medida al proyecto europeo. Además, y por primera vez en la Quinta República, ninguno de los dos partidos tradicionales (representados en estos comicios por los republicanos de Fillon y los socialistas de Hamon) han alcanzado la segunda vuelta, en una prueba mas de la enorme desafección del cuerpo electoral francés hacia ellos. Recuérdese que en las elecciones de 2012, ambos partidos obtuvieron el 56% de los votos en primera vuelta. Es evidente que el candidato Macron hará bien en estar muy alerta ante estos alarmantes síntomas y, considerar que una parte importante de ese voto de Mélenchon y Hamom podría acabar en el casillero de su rival.

No olvidemos que el sistema electoral francés de doble vuelta, lleva décadas ocultando que cada vez mas electores están optando por los extremos de la línea ideológica (ahora representados por Le Pen y Mélenchon) y, si bien es cierto que salvo sorpresa mayúscula, Macron tiene grandes posibilidades de ser Presidente de la República Francesa, puede encontrarse en poco tiempo con graves problemas consecuencia de la fuerza que ese 45% de los galos opuestos a Europa pueda obtener en las elecciones a la Asamblea que tendrán lugar pocos meses después de las presidenciales. Especialmente, porque Macron no dispone de un partido político consolidado con implantación en toda la República, ya que su organización apenas tiene poco más de ocho meses de vida.

Demasiadas incógnitas que obligan a mostrar mas cautela que euforia.


* Licenciado en Derecho por la Universidad Complutense de Madrid (España), AMP y MAJ por el Insituto de Empresa de Madrid (España). Doctor en Educación, Aplicaciones Tecnológicas, Sociales y Psicológicas. Universidad Camilo José Cela, Madrid (España).

Fundador y Director General de XARXA, Consultoría Estratégica de análisis del impacto de las Tecnologías de la Información y la Comunicación (TIC) en la política, los gobiernos y la sociedad.

Presidente del Nodo España de la Red Iberoamericana de Informática Educativa (RIBIE). Consultor externo del Organismo Internacional de Juventud (OIJ).