Donald Trump y América Latina: La relación ignorada

La presidencia de Donald Trump y América Latina en 2017

Hace unas semanas, Donald Trump cumplió un año en la Casa Blanca. Si bien la política exterior y la línea discursiva del presidente Trump en 2017 se concentraron en Corea del Norte, Rusia, China, Irán y México, resulta imprescindible analizar cuál fue la relación de la Casa Blanca con América Latina y cuáles serán las repercusiones de la presidencia Trump para la región.

Trump y America Latina

>Por Carlos Galina

La esfera internacional y el papel de Trump

Frente al desinterés de George W. Bush en la región —consecuencia de su prioridad hacia la guerra contra el terrorismo— y la tensión remanente de la Guerra Fría que limitó el campo de acción de las administraciones anteriores, la presidencia de Barack Obama (2008-2016) marcó un reinicio de las relaciones entre Estados Unidos y América Latina. Durante su presidencia se logró reestablecer la relación entre Cuba y Estados Unidos, mantener una línea de comunicación con Venezuela, apoyar la consolidación democrática y la lucha contra la corrupción en la región e incluir a ciertos países en uno de los tratados comerciales más ambiciosos de nuestra era, el Tratado Transpacífico (TPP). A pesar de las controversias entre el Obama y Hugo Chávez y el rechazo de ciertos líderes latinoamericanos a la presencia norteamericana, el presidente estadounidense cimentó las bases para una política exterior exitosa con América Latina. Sin embargo, el simple hecho de que esta estrategia haya sido adoptada durante la administración de Obama fue suficiente para que la administración de Trump decidiera no darle prioridad.

En agosto de 2017, Mike Pence, el vicepresidente de Estados Unidos, visitó Colombia, Chile, Argentina y Panamá. Si bien muchos esperaban que esta visita marcara la línea que la administración republicana establecería con América Latina, esto nunca sucedió. En cada país, Pence remarcó el interés de Estados Unidos en mantener a la región como un líder comercial, pero pronto —frente a un tuit del presidente Trump sugiriendo una invasión a Venezuela— el vicepresidente tuvo que cambiar el discurso y destinar la mayor parte de su gira a minimizar la declaración de Trump. La gira solo evidenció que hasta ese momento la administración estadounidense no contaba con una política clara hacia América Latina, situación que continuó hasta el fin de año. Sumado a esto, encuesta tras encuesta se puede observar una caída sustancial en la percepción positiva de los ciudadanos latinoamericanos hacia Estados Unidos, donde solo un 16% aprueba el papel del presidente Trump.

China ha sido el país que más se ha beneficiado del desinterés de Estados Unidos en la región. La línea discursiva del presidente estadounidense en 2017 se caracterizó por una visión proteccionista en el área comercial. La línea fue remarcada con la salida de Estados Unidos del TPP. Así, China ha encontrado una oportunidad única para fortalecer alianzas comerciales y tratados dentro de la región haciendo a un lado a Estados Unidos. Desde 2009 China incrementó su interés hacia América Latina: la nación asiática es el principal socio comercial en muchos países de la región y sus bancos de desarrollo han dotado de un financiamiento sustancial en los últimos años a diversos proyectos de infraestructura. Frente al abandono de la administración estadounidense, China ha llegado a ocupar los espacios vacíos en la agenda latinoamericana. El poder económico estadounidense en la región desempeñaba hasta hace poco un papel de garante en temas de protección a derechos humanos y democracia, donde Estados Unidos utilizaba este poder blando para coordinar estrategias y apoyos en foros multilaterales. La alianza económica de la región latinoamericana con China podría representar un cambio en este sentido. China podría empezar a ser el país que cuente con un apoyo incondicional en el escenario multilateral.

Trump y América Latina

Si bien América Latina como región no formó parte de la agenda de la administración estadounidense en 2017, Argentina sí logró posicionarse en el radar norteamericano. La visita del presidente Macri a la Casa Blanca —después de sus declaraciones a favor de Hillary Clinton— marcó un acierto en la política exterior argentina. Poco después de la visita, el presidente Trump levantó una prohibición a la importación de limones argentinos. Así, el presidente argentino encontró la forma de acercarse al presidente y caer en su gracia.

En contraste con el acercamiento con Argentina, este año la relación entre Estados Unidos y Colombia estuvo en riesgo dadas las amenazas del presidente Trump de retirar la ayuda de su país hacia la nación latinoamericana. De la misma forma, tras los avances pasados en la relación con Cuba, el presidente Trump restituyó algunas de las restricciones de viaje y retiró a la mayor parte de su cuerpo diplomático de la isla. Si bien muchos esperaban que las acciones del presidente Trump hacia Cuba fueran más contundentes —dado que el electorado cubano-estadounidense fue crucial para su victoria presidencial—, la realidad es que después de estas gestiones la Casa Blanca limitó sus declaraciones hacia el país caribeño.

En 2017, Trump destinó la mayor parte de su interés hacia América Latina a la situación en Venezuela, llegando a sugerir una eventual intervención militar. Del caso venezolano es importante recalcar la línea discursiva de Nicolás Maduro hacia la administración Trump. A pesar de que se esperaba que la tensión entre los presidentes de ambos países incrementara durante el año, esto nunca sucedió. La relación entre Estados Unidos y Venezuela se encontró en un punto crítico cuando la Casa Blanca condenó la situación en Venezuela y recibió a Lilia Tintori, esposa del político encarcelado Leopoldo López. Sin embargo, después de una serie de declaraciones de ambos bandos, el acto no trascendió como se habría esperado. La realidad es que el presidente venezolano parece haber entendido la forma de operar de la presidencia de Trump, una administración que se caracteriza por muchas declaraciones y pocas acciones, y ha encontrado en esta desorganización una ventana de oportunidad para respaldar su propia presidencia. La insistencia de Donald Trump en mantener los niveles de compra del petróleo—bajo el argumento de que Estados Unidos no quiere afectar a los ciudadanos venezolanos— ha servido para que, frente a la falta de liderazgos fuertes en América Latina, Maduro consolide aún más su mandato. Las elecciones de este año serán una prueba crucial para la relación entre Trump y Venezuela, y será interesante ver la posición que Maduro adoptará en los siguientes meses.

Una lección importante del año 2017 es que, a diferencia de su postura ante otros países y regiones, América Latina sigue siendo una región a la que Trump no presta demasiada atención. El menosprecio hacia la región puede ser explicado por una falta de interés de sus votantes hacia América Latina, lo cual bajo la lógica del presidente convierte a la política exterior hacia esta región en un tema poco redituable electoralmente. También podría explicarse por la obsesión del presidente con México y Centroamérica. Llama la atención que, en los temas prioritarios como migración, comercio y seguridad, el backyard ha sido reducido a México y Centroamérica.

2018: ¿el surgimiento de interés hacia América Latina?

Frente a todo lo sucedido en la Casa Blanca durante 2017, varios jefes de Estado latinoamericanos adoptaron una postura de «dejar pasar» e intentaron no reaccionar ante los tuits y controversias del presidente estadounidense. 2017 hizo evidente que Trump mantiene una visión proteccionista y no está en su interés apoyar acuerdos comerciales multilaterales. Con esto en mente, los países latinoamericanos se encuentran en una encrucijada para encontrar el balance entre buscar nuevos acuerdos bilaterales con Estados Unidos o comenzar a diversificar sus mercados y apostarle a la región asiática.

La estrategia de América Latina para la relación con Estados Unidos debe enfocarse al acercamiento institucional, una lección que aprendieron con mucho esfuerzo Colombia y México y que aun así tuvo altibajos el año pasado. Frente al aislacionismo de Estados Unidos, surge un área de oportunidad para reunificar a la región latinoamericana y consolidar su papel en los foros internacionales. La Alianza del Pacífico y la propuesta de reinicio del TPP presentan circunstancias únicas para fortalecer las economías de la región y protegerse de la volatilidad de la presidencia estadounidense.

Hasta ahora América Latina como región no es prioritaria para la administración de Trump y es poco probable que esta situación cambie. Las elecciones de 2018 en siete países podrían cambiar el statu quo tanto por la retórica que podrían adoptar ciertas campañas como por las personas que eventualmente ocuparán el poder dentro de la región. La carrera presidencial estadounidense de 2016 marcó nuevas formas dentro de la política. Estas nuevas formas podrían trasladarse a las campañas latinoamericanas y el desdén del presidente Trump hacia las instituciones y la democracia podría influir en el surgimiento de nuevos actores con posturas similares dentro de América Latina.

En unos días el secretario de Estado estadounidense, Rex Tillerson, visitará Argentina, Perú y Colombia. Su visita podría representar el primer desvelamiento de una línea coherente de política exterior hacia América Latina. Sin embargo, los temas que estarán en la agenda local estadounidense —como una posible reforma migratoria— ponen en riesgo el impacto de la visita. Frente a los inminentes procesos electorales y los temas cruciales que enmarcarán las contiendas en cada país de América Latina, es poco probable que las relaciones con Estados Unidos mejoren o empeoren en los siguientes meses. No obstante, en un mundo de inestabilidad e incertidumbre como el que presenciamos en 2017, a veces el impasse es la mejor carta que los actores internacionales pueden jugar.

 

 

NUEVA SOCIEDAD

Donald Trump y la disminución del poder suave de Estados Unidos

Estados Unidos Poder Blando

>Por Joseph Nye

La evidencia es clara. La presidencia de Donald Trump ha erosionado el poder blando de Estados Unidos. Sólo el 30% de las personas encuestadas recientemente por Gallup en 134 países tenían una opinión favorable de Estados Unidos bajo el liderazgo de Trump, una caída de casi 20 puntos desde la presidencia de Barack Obama. El ‘Pew Research Center’ determinó que China, con un índice de aprobación del 30%, había alcanzado una casi paridad con Estados Unidos. Y, un índice británico, The Soft Power 30, mostró que Estados Unidos se deslizó desde el primer lugar el 2016 al tercer lugar el año pasado.

Los defensores de Trump responden con el argumento de que el poder blando no importa. El director de presupuesto de Trump, Mick Mulvaney, promulgó un “presupuesto de poder duro” simultáneamente a su implementación del recorte del 30% en los fondos destinados al Departamento de Estado y la Agencia de Estados Unidos para el Desarrollo Internacional. Para los promotores de “Estados Unidos en primer lugar”, lo que el resto del mundo piense ocupa un segundo lugar. ¿Están ellos en lo cierto?

El poder blando se basa en la atracción en lugar de la coacción o el pago. Convence a las personas a unirse a un cometido, en lugar de coaccionarlas. A nivel personal, los padres sabios saben que su poder será mayor y durará más si modelan sólidos valores éticos para sus hijos, en lugar de confiar sólo en azotes, concesiones o en quitarles las llaves del coche.

De manera similar, los líderes políticos han llegado a entender, desde hace mucho tiempo, el poder que emerge de la capacidad de establecer la agenda y determinar el marco de un debate. Si puedo hacer que tú quieras hacer lo que yo quiero, entonces no tengo que forzarte a hacer lo que no quieres. Si Estados Unidos representa los valores que otros quieren seguir, se puede economizar en garrotes y zanahorias. De manera adicional al poder duro, la atracción puede ser un multiplicador de fuerza.

El poder blando de un país proviene principalmente de tres fuentes: su cultura (cuando es atractiva para otros), sus valores políticos tales como la democracia y los derechos humanos (cuando se vive de acuerdo con dichos valores), y sus políticas (cuando pueden considerarse como legítimas porque se las enmarca con cierta humildad y conciencia respecto a los intereses de los demás). La forma cómo se comporta un gobierno en su propia casa (por ejemplo, brindando protección a la prensa libre), en las instituciones internacionales (consultando con otros y aplicando el multilateralismo) y en su política exterior (promocionando el desarrollo y los derechos humanos) puede afectar a los demás mediante la influencia de su ejemplo. En todas estas áreas, Trump ha revertido atractivas políticas estadounidenses.

Afortunadamente, Estados Unidos es más que Trump o el gobierno. A diferencia de los activos del poder duro (como ser las fuerzas armadas), muchos recursos de poder blando están separados del gobierno y responden sólo en parte a sus fines. En una sociedad liberal, el gobierno no puede controlar la cultura. De hecho, la ausencia de políticas culturales oficiales puede ser en sí misma una fuente de atracción. Las películas de Hollywood como “The Post”, que muestran a mujeres independientes y libertad de prensa, pueden atraer a otros. Así como también lo pueden hacer el trabajo caritativo de las fundaciones estadounidenses o los beneficios de la libertad de cuestionamiento de las universidades estadounidenses.

Es cierto que las empresas, universidades, fundaciones, iglesias y otros grupos no gubernamentales desarrollan un poder blando propio, mismo que puede reforzar o estar en contra de los objetivos oficiales de política exterior. Y, es probable que todas estas fuentes privadas de poder blando se tornen cada vez más importantes en la era de la información global. Esa es razón por demás para que los gobiernos se cercioren de que sus propias acciones y políticas creen y refuercen, en lugar de que socaven y mal empleen, su poder blando.

Las políticas nacionales o extranjeras que parecen hipócritas, arrogantes, e indiferentes a los puntos de vista de otros o que se basen en una concepción estrecha de los intereses nacionales pueden socavar el poder blando. Por ejemplo, la fuerte disminución en el atractivo de Estados Unidos en las encuestas de opinión realizadas después de la invasión de Irak en el año 2003 fue una reacción a la administración Bush y a sus políticas, en lugar de ser una reacción a Estados Unidos de manera general.

La guerra de Irak no fue la primera política gubernamental que hizo que Estados Unidos se tornara en impopular. En la década de 1970, muchas personas de todo el mundo se opusieron a la guerra de Estados Unidos en Vietnam, y la reputación mundial de Estados Unidos reflejó la impopularidad de dicha política. Cuando la política cambió y los recuerdos de la guerra disminuyeron, Estados Unidos recuperó gran parte de su poder blando perdido. De manera similar, luego de la guerra de Irak, Estados Unidos logró recuperar gran parte de su poder blando en la mayoría de las regiones del mundo (si bien dicha recuperación fue menor en el Medio Oriente).

Los escépticos aún podrían argumentar que el auge y la caída del poder blando estadounidense no revisten mucha importancia, debido a que los países cooperan por interés propio. Sin embargo, este argumento pasa por alto un punto crucial: la cooperación es una cuestión de grado, y el grado se ve afectado por la atracción o la repulsión. Además, los efectos del poder blando de un país se extienden a actores no estatales; por ejemplo, al apoyar o impedir el reclutamiento por parte de organizaciones terroristas. En una era de la información, el éxito no sólo depende del país al cual pertenece el ejército ganador, sino que también depende del país al cual pertenece la historia ganadora.

Una de las mayores fuentes del poder blando de Estados Unidos es la apertura de sus procesos democráticos. Incluso cuando las políticas equivocadas reducen su atractivo, la capacidad de Estados Unidos para criticar y corregir sus errores lo hace atractivo para otros en un nivel más profundo. Cuando los manifestantes en el exterior marchaban contra la guerra de Vietnam, solían cantar “We Shall Overcome” (en español: “Venceremos”), el himno del movimiento por los derechos civiles de Estados Unidos.

Estados Unidos, también, casi con seguridad vencerá. Dada la experiencia pasada, todo va a favor de guardar esperanzas con respecto a que Estados Unidos vaya a recuperar su poder blando después de Trump.

 

 

Project Syndicate

Tambores de guerra en Europa

Vladimir Putin Rusia

Russian President Vladimir Putin (R) visits the MAKS 2017 air show in Zhukovsky, outside Moscow on July 18, 2017. / AFP PHOTO / SPUTNIK / Alexey NIKOLSKY

Son muchos los frentes abiertos en la era Trump, a nivel interno y externo. El mundo vive por estos tiempos momentos de máxima tensión, movimientos de pre guerra que abarcan desde Asia hasta el mismísimo corazón de Europa. Esta crisis tiene que ver con la creciente tensión en la frontera de Rusia específicamente con Ucrania pero también con otras naciones que durante las últimas décadas buscaron cobijarse debajo del ala de la OTAN, la alianza creada durante la guerra fría para frenar justamente el avance de la poderosa Unión Soviética.

Las próximas semanas serán clave, ya que Moscú llevará adelante en sus fronteras un mega despliegue militar, juegos de guerra que cada 4 años hacen temblar a las ex repúblicas soviéticas y en esta oportunidad generan que el temor se haga cada vez más palpable a partir de la incursión y conquista rusa de territorio que no estaba en su poder. El Kremlin a partir de las sanciones impuestas por su papel en el jaqueo de las elecciones estadounidenses reconoció que la relación bilateral pasa por su peor momento.

Los encuentros personales entre Trump y Putin, no pudieron destrabar la crisis desatada por el Rusiagate, no de los mayores escándalos de espionaje, las simpatías personales entre ambos presidentes, los apretones de manos y sus reuniones bilaterales de estos “machos” de la geopolítica global no ocultaron otra crisis que llevaba años y que enfrento a la administración Obama con Putin.

Ante el movimiento militar ruso cada vez más cercano, Estados Unidos decidió enviar a Gran Bretaña dos superbombarderos B1 y el antiguo pero remodelado B12. Estos gigantes del aire llevaran adelante ejercicios en Polonia además del plan llevado adelante en la Republica Checa. Más de 30 aeronaves, helicópteros, de ocho naciones serán parte de los preparativos con los dos ojos puestos en la frontera rusa. En Polonia, Lituania y en especial Ucrania temen que los movimientos militares liderados por Moscú denominados “Zapad” sean en realidad la pantalla para una incursión militar sobre sus territorios.

En esta escalada de tensión, el Secretario de Defensa estadounidense Mattis acusó a Rusia de intentar redibujar las fronteras internacionales por la fuerza, algo que se dio en Crimea y en las regiones fronterizas de Ucrania en poder real de los denominados “separatistas” apoyados por Moscú. Septiembre será un mes donde el termómetro aumentará varios grados la temperatura. Lo impredecible como en otros conflictos globales, también se vive en Europa.

 

AR NOTICIAS

Cisjordania: Con el aval del socio

Dos días después de hablar por teléfono con Donald Trump y acordar una reunión en Washington en febrero, el primer ministro israelí, Benjamin Netanyahu, dio luz verde a un paquete de unidades residenciales que se construirán en su mayoría en grandes bloques de asentamientos judíos de Cisjordania. El gobierno del primer ministro israelí aprobó ayer la construcción de 2.500 nuevas viviendas en esa zona y advirtió que no prevé finalizar este tipo de iniciativas, a pesar de haber sido declaradas ilegales por el Consejo de Seguridad de Naciones Unidas.

Netanyahu y su ministro de Defensa, Avigdor Lieberman, anunciaron que la mayoría de las viviendas autorizadas serán edificadas sobre asentamientos que ya existen, mientras que un centenar corresponden a Beit El, enclave que recibió fondos de Jared Kushner, yerno y asesor del nuevo presidente de Estados Unidos, Donald Trump, según medios de prensa de Israel. Según el periódico The Jerusalem Post, el ultraderechista Lieberman dijo, en alusión a la zona de Cisjordania anexada a Israel desde 1967: “Vamos a recuperar la vida normal en Judea y Samaria”.

Para el ala dura del Ejecutivo israelí, la expansión de los asentamientos no es suficiente e insisten en la anexión de todo el área C de Cisjordania. “En el mejor de los escenarios, es un intento por evitar la extensión de la soberanía en Judea y Samaria; en el peor forma las bases para el establecimiento de algo menos que un estado palestino”, declaró Bezalel Smotrich, diputado del pro colonizador Hogar Judío al digital Israel National News.

Zeev Elkin, ministro de Medio Ambiente, sostuvo que las unidades residenciales serán destinadas a israelíes que ya residen en territorio ocupado y que, ante la falta de edificación en estos años, vivían en casas prefabricadas en asentamientos. El jefe del Consejo Yesha de Asentamientos Judíos, Oded Revivi, dijo que espera que las construcciones ordenadas por Netanyahu “sólo sean el comienzo de una oleada de nuevos edificios a lo largo de nuestra tierra ancestral después de ocho años muy difíciles”. Para la organización, que representa a 430.000 colonos, la construcción de “ciudades israelíes” en territorio ocupado es una respuesta a la paz al entender que permite a israelíes y palestinos vivir y trabajar juntos.

La respuesta palestina fue inmediata: Nabil Abu Rudaina, vocero del presidente de Palestina, Mahmoud Abbas, condenó la medida y calificó la decisión israelí de desafío y provocación. Abu Rudaina responsabilizó a la comunidad internacional por su indiferencia, por lo que pidió una reacción de Occidente ante esa decisión, que supone un obstáculo para restablecer la seguridad y la estabilidad y promueve el extremismo y el terrorismo, informó la agencia de noticias palestina Wafa.

La Organización para la Liberación de Palestina (OLP) ve en esta escalada de construcciones “un crimen de guerra y una flagrante violación de las leyes y convenciones internacionales”, especialmente de la reciente resolución 2334 de la ONU aprobada por la abstención de Estados Unidos, durante el último mes de presidencia de Obama. “Es evidente que Israel está aprovechando la inauguración de la nueva administración estadounidense para aumentar estas violaciones e impedir la existencia de un Estado palestino”, aseguró la dirigente de la OLP, Hanan Ashraw.

Netanyahu adelantó el lunes a los principales miembros del gobierno que se retomarían las construcciones. Las edificaciones serán inminentes en Ariel, donde se construirán 900 unidades; en Maalé Adumim se levantarán 90 casas, en Efrat 21; 18 en Elkana; 166 en Inmanuel; 86 en Migrón; 20 en Beit El; 150 en Oranit; y 100 en Givat Zeev; señaló el diario Haaretz. “Estamos construyendo y seguiremos construyendo”, aseguró Netanyahu. La nota oficial afirma que también se desarrollará una zona industrial cerca de Hebrón, que será una de las infraestructuras más grandes previstas hasta ahora, según un comunicado del gobierno.

El domingo, Netanyahu anunció que levantará las restricciones para ampliar asentamientos en Jerusalén Este, donde hasta ahora se habían limitado por la presión internacional, después de que la Alcaldía aprobara la construcción de 566 casas en la zona ocupada de la ciudad. Desde que Donald Trump fue elegido presidente, aumentaron las voces que piden la extensión de las colonias y la anexión del área C, bajo control militar exclusivo y control civil casi total de Israel, desde los Acuerdos de Oslo.

 

FUENTE: P12

México: Trump firmó la orden para construir el muro fronterizo

Trump da banderazo al muro que “México va a pagar”; dice que nos quiere, y que es por nuestro bien.

>Por Redacción Sin Embargo México

Donald Trump firmó hoy una orden ejecutiva para destinar fondos federales a la construcción del muro con México durante una ceremonia celebrada en el Departamento de Seguridad Nacional Donald Trump. Antes, en una entrevista con ABC dijo que empezará a construirse en “meses” y México lo pagará en un cien por ciento. Este mismo día la Casa Blanca informó que EU va a tomar represalias en contra de las ciudades “santuario” que protejan a los migrantes y advirtió que todos los estados devolverán a sus países a los inmigrantes que cometieron delitos y la agencias federales van a aplicar la ley para que los indocumentados no regresen.

El Presidente de Estados Unidos, Donald Trump, firmó este miércoles dos órdenes ejecutivas para cumplir sus promesas de campaña en cuanto a seguridad fronteriza y a combatir el fenómeno de la inmigración ilegal.

Tras firmar la orden ejecutiva para construir un muro, Trump dijo que el aumento de migrantes ilegales está perjudicando tanto a México como a Estados Unidos.

“A partir de hoy Estados Unidos volverá a tomar el control de sus fronteras, por eso firmé dos decretos que salvarán miles de vidas y empleos.

“Se va a empezar la construcción inmediata de un muro fronterizo. Es absolutamente necesario, esto ayudará a México para disuadir la migración de Centroamérica. Vamos a sacar a pandilleros y cárteles de Estados Unidos. Los vamos a sacar y lo haremos rápido”, dijo.

Trump aseguró que su Gobierno trabajará con México enfocándonos en la seguridad. “Tengo admiración por los mexicanos y me reuniré con Enrique Peña Nieto y hablaremos de coordinación estrecha, de desmantelar cárteles de droga”.

El Presidente de Estados Unidos mencionó que los decretos ponen fin a la política de capturar y liberar en la frontera y elimina ciudades refugios.

Horas antes, el mandatario estadounidense firmó los decretos en una ceremonia en el Departamento de Seguridad Nacional, tras honrar al nuevo titular de esa agencia, el general retirado John Kelly.

Antes, en una entrevista con la cadena ABC adelantó que la construcción del muro en la frontera con México comenzará “en meses” y que su planificación ocurrirá “de inmediato”.

“Tan pronto como podamos, tan pronto como podamos hacerlo físicamente”, afirmó Trump al ser preguntado por la construcción del muro en su primera entrevista como presidente en la cadena ABC.

“Yo diría que en meses, sí. Yo diría que en meses, ciertamente la planificación va a comenzar de inmediato”, subrayó el mandatario.

El recién investido Presidente insistió en que “en última instancia” el coste del muro será “reembolsado por México” y ese pago será del “cien por cien” del coste de la construcción.

Trump confirmó que el Gobierno federal adelantará el dinero necesario para iniciar la construcción, pero luego los mexicanos se encargarán de devolverlo.

Preguntado por la negativa del Presidente mexicano, Enrique Peña Nieto, a pagar la factura del muro, Trump respondió que el mandatario no puede decir otra cosa.

“Él tiene que decir eso, tiene que decir eso”, justificó el magnate neoyorquino.

Por su parte, el vocero de la Casa Blanca, Sean Spicer, informó este día que el Gobierno de Donald Trump va a tomar represalias en contra de las ciudades “santuario” que protejan a los migrantes y advirtió que todos los estados de Estados Unidos devolverán a sus países a los inmigrantes que cometieron delitos y las agencias federales van a aplicar la ley para que los indocumentados no regresen.

“Nos vamos a asegurar que los estados devuelvan a sus países a inmigrantes que cometieron delitos”, dijo el vocero.

Sean Spicer aseguró ante medios que México pagará el muro de una forma u otra.

La frontera entre Estados Unidos y México tiene más de 3 mil 200 kilómetros y, de ellos, hay vallados mil kilómetros, entre los que destaca la valla que separa Tijuana (México) de San Diego (California).

Este mismo día, y con el anuncio oficial del muro fronterizo entre Estados Unidos y México, una delegación de funcionarios encabezada por los secretarios de Relaciones Exteriores, Luis Videgaray Caso y de Economía, Ildefonso Guajardo Villarreal, sostuvieron un encuentro con altos asesores del Presidente Donald Trump en Washington para poner a la mesa la renegociación del Tratado de Libre Comercio de América del Norte (TLCAN).

Ayer el Secretario de Relaciones Exteriores explicó ante los coordinadores parlamentarios en el Senado el objetivo de su viaje.

“Anticipo que serán reuniones que se van a dar en un marco de mucha cordialidad, pero también tenemos que tener expectativas razonables. Son apenas las primeras conversaciones y no serán reuniones en las que habrán de definirse los acuerdos sustanciales”.

Videgaray también reconoció que el Gobierno federal está consciente de que México podría salir del TLCAN, aunque no es un escenario al que apuesten.

“Sería una opción de alto costo porque millones de empleos mexicanos dependen de nuestra capacidad de exportar libremente a Estados Unidos; por lo tanto, no debe ser nuestra primera opción”, afirmó en conferencia.

Aseguró que México tiene muy claro cuáles son los límites de la negociación con EU: “No vamos a aceptar aquellos temas que le hagan daño al interés nacional”.

En tanto, pese a su intención de dar mayor sentido estratégico a la relación con Latinoamérica, el Presidente Peña canceló ayer su asistencia a la V Cumbre de la Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños.

La reunión comenzó ayer en República Dominicana con un llamado a establecer mecanismos para enfrentar las medidas proteccionistas anunciadas por Trump.

 

FUENTE: Sin Embargo

Martin Hilbert, experto en redes digitales: “Obama y Trump usaron el Big Data para lavar cerebros”

Lo conocen en la academia de las TICs por haber creado el primer estudio que estimó cuánta información hay en el mundo, cifras que acá comenta en un castellano aliñado con modismos chilenos, tecnicismos gringos y erres alemanas. Martin Hilbert (39), Doctor en Ciencias Sociales y PhD en Comunicación, es alemán, pero vivió largos años en Chile como funcionario de la Cepal. Hoy trabaja en la Universidad de California, es el asesor tecnológico de la Biblioteca del Congreso de Estados Unidos y vive a cuarenta minutos de Silicon Valley, donde un futuro inevitable toma forma. En esta entrevista, no apta para amantes de la vida retirada, explica cómo el Big Data permite a la información interpretarse a sí misma y adelantarse a nuestras intenciones, cuánto saben las grandes empresas de nosotros, y lo que más le preocupa: lo fácil que está siendo convertir la democracia en una dictadura de la información, haciendo de cada ciudadano una burbuja distinta. También habla sobre la posibilidad de que la inteligencia artificial llegue a generar una conciencia superior. Cree que eso va a ocurrir, pero no hay que tener miedo: “No va a ser Terminator contra nosotros”.

¿Cuánta información hay en el mundo?
–La última vez que actualicé este estudio, hace dos años, había 5 zetabytes. Un ZB es un 1 con 21 ceros, lo cual no te dirá mucho. Pero si tú pones esta información en libros, convirtiendo las imágenes y todo eso a su equivalente en letras, podrías hacer 4500 pilas de libros que lleguen hasta el sol. O sea, hay mucha información.

¿Y a qué ritmo está creciendo?
–A un ritmo exponencial. Se duplica cada dos años y medio. Entonces, ahora probablemente son 10 ZB.

O sea, ocho mil pilas de libros que llegan al sol.
–Ocho o nueve mil pilas, sí. Piensa en esto: desde el 2014 hasta hoy, creamos tanta información como desde la prehistoria hasta el 2014. Y lo más impresionante, para mí, es que la información digital va a superar en cantidad a toda la información biológica que existe en el planeta. La vida es procesamiento de información, ¿no? Toma del ambiente moléculas normalmente muertas, toma fotones del sol, y los convierte en estructuras complejas de información con un código base que es el ADN. Y ya existe más información digital que código genético humano. Aun contando cada copia de ADN en las trillones de células de cada persona en el mundo, en la humanidad hay como 1 ZB de información. Y durante este siglo, la información digital va a superar a toda la información genética que existe en la biósfera. Todo lo cual lleva a muchas preguntas sobre el futuro de la humanidad, ¿no?

Parece que la pregunta existencial más importante va a ser cómo interpretamos tantos datos.
–Y la respuesta es que la única manera de interpretarlos es con máquinas también. Este procesador [apunta a su cerebro] no aguanta eso, sabe hacer otras cosas. Ahora, lo bueno es que la información crece muy rápido, pero nuestro poder de computación crece tres veces más rápido. Se duplica en menos de un año. Porque la tecnología siempre es mejor pero también porque tenemos muchas más máquinas, ¿no? Tú mismo tienes ahora un celular, un computador, etc., que interpretan muchos datos por ti. Y ahí viene toda la cuestión de la inteligencia artificial [en adelante, IA] y el Deep Learning, que ahora es lo más importante.

¿Qué es el Deep Learning?
–Es la manera como se hace la IA hoy en día. Son redes neuronales que funcionan de manera muy similar al cerebro, con muchas jerarquías. Todo esto que hacen Apple y Google y todas las Siri en el teléfono, todo usa Deep Learning. Es una IA súper poderosa que descubrimos hace cinco años y ya todo el mundo la usa, porque es muy superior a todo lo que habíamos encontrado.

Y la otra pregunta existencial, ¿qué tan espiados estamos?
–Nooo, ¡súper espiados! Todo está espiado. Y es muy interesante, porque después de Edward Snowden la gente dijo: “¡Qué es esto, pueden ver mis fotos desnudo! Ya, bueno, qué tanto”. Nadie se fue a protestar a la calle, la cosa siguió tal cual. La NSA confesó que hizo un par de cosas demasiado ilegales y bueno, esas cosas se arreglaron. Pero las otras no, y cada vez te van a espiar más. Yo no digo que esto sea bueno o malo, pero la gente tiene que saber. Y si la gente sabe que está espiada y no le importa, está perfecto. Ahora, la pregunta delicada es qué pasa si esos datos llegan a las manos de alguien que pueda abusar de ellos. En Silicon Valley no están muy contentos con que sus herramientas ahora las pueda usar Donald Trump. Están muy decepcionados, la verdad.

¿Qué cosas de nosotros se pueden saber de un momento a otro?
–De partida, dónde estás y dónde has estado. Si tienes Gmail en tu celular con wifi, puedes ver en Google Maps un mapa mundial que muestra dónde estuviste cada día, a cada hora, durante los últimos dos o tres años (ver www.google.com/maps/timeline). Es una información que tú les permites coleccionar al aceptar los términos de licencia cuando instalas la aplicación.

Lo que uno nunca lee.
–Exactamente. Y en muchos casos tú puedes optar que no lo hagan, pero nadie se fija. Ahora, lo interesante es que con estos datos de movilidad se pueden hacer estudios. Y ya sabemos, por ejemplo, que se puede predecir con casi un 90% de probabilidad dónde vas a estar tú en cada momento de cada día del año que viene. Imagínate lo que vale esa información para una empresa que hace marketing, por ejemplo.

Cuentas que en África el celular hizo lo que nunca pudo hacer el certificado de nacimiento. La huella de que una persona existe es su teléfono.
–Claro, es súper poderoso. Es tu verdadera huella digital. Y África es el caso extremo, pero piensa en América Latina, donde hay tanto orgullo por los censos. El censo de Chile ahora fue un desastre y era una tragedia, ¿no? Pero con los datos de tu celular, si uso solamente lo que se llama metadata, o sea sin escuchar tus conversaciones ni saber con quién hablas, sino sólo con qué frecuencia y con qué duración usas tu celular, con eso yo puedo hacer ingeniería reversa y reproducir el 85% de tus resultados de un censo: si eres hombre o mujer, cuál es tu rango de ingresos, si tienes niños, si estás casado, tu origen étnico…

¿Sólo conociendo la frecuencia y duración con que uso mi celular?
–Sí. El censo que hacen cada 10 años, que es tan costoso y tan importante, lo puedo reconstruir en un 85% con esos dos datos. De eso se trata el Big Data: tenemos tantos datos y tanta capacidad de procesarlos, de identificar correlaciones, que podemos hacer a la sociedad muy predecible. Y cuando puedes predecir, puedes programar.

Y en el caso de las empresas de Internet que nos prestan servicios gratuitos, ¿qué tan importante es para su negocio la información que tienen de nosotros?
–Todo, eso es todo lo que tienen. Facebook vale billones de dólares por la información, no por otra cosa. De las diez empresas del mundo tasadas a un precio más alto, yo creo que cinco son proveedoras de información. Y la gente siempre dice “no, hay que regular todo eso, proteger a los usuarios”. Pero la demanda más extrema que he escuchado en todas esas conferencias donde voy, es que necesitamos derechos de propiedad de datos, como los de propiedad intelectual, para que tú puedas vender tus datos y no regalarlos. Y yo voy con este reclamo donde mis amigos en Silicon Valley y me dicen “pero hueón, ¡si ya lo estamos haciendo! Tú sigues siendo dueño de tus datos, pero aceptas que yo también lo sea al aprobar los términos de licencia. Y a cambio puedes usar Google Maps gratis y te ahorras una hora de taco al día, ¿no es fantástico?”. Ahí llegamos al fin de la discusión, no hay nada más que hacer. Incluso ante las propuestas más progresistas, Silicon Valley ya tiene respuesta. Y la verdad es que la gente se beneficia tanto de eso que no le molesta.

También las empresas telefónicas, que uno supone que sólo nos cobran el plan, hacen buena plata con nuestros datos, ¿no?
–Claro. Por ejemplo, Smart Steps es la empresa de Telefónica que vende los datos de la compañía. Si tú tienes Movistar, tus datos están ahí vendidos.

¿A quién le sirven?
–¡A mucha gente! Si tú quieres abrir una tienda de corbatas en una estación de metro, te vale mucho saber cuántos hombres caminan en cada salida del metro, entonces compras estos datos de Telefónica. Y también los puedes usar en tiempo real: saber a qué hora pasa la gente, e incluso si se detiene o no a ver el anuncio de oferta que pusiste afuera. Y lo más impresionante es que esto convirtió a las ciencias sociales, de las que siempre se burlaron, en la ciencia más rica en datos. Antes tenías que hasta negociar con diplomáticos para que te prestaran una base de datos de cien filas por cien columnas. Y en las universidades hacían experimentos con 15 alumnos de pregrado, que necesitaban créditos extra para pasar el ramo, todos blancos, todos de 18 años, y decían “miren, así funciona la psicología humana”. ¡De adónde! Nosotros nunca tuvimos datos, y por eso nunca funcionaban las políticas públicas. Y de la noche a la mañana, el 95% de los sujetos que estudiamos pasó a tener un sensor de sí mismo 24 horas al día. Los biólogos siempre dijeron “eso no es ciencia, no tienen datos”. Pero ellos no saben dónde están las ballenas en el mar. Hoy nosotros sí sabemos dónde están las personas, pero también sabemos qué compran, qué comen, cuándo duermen, cuáles son sus amigos, sus ideas políticas, su vida social. Se puede abusar también, como Obama y Trump lo hicieron en sus campañas, como Hillary no lo hizo y por eso perdió. Pero el gran cambio es que estamos conociendo a la sociedad como nunca antes y podemos hacer predicciones con un nivel científico. ¡Lo de antes era arte, no era ciencia!

TRUMP TE CONOCE

Entiendo que algunos estudios ya han logrado predecir un montón de cosas a partir de nuestra conducta en Facebook.
–Claro, esos son los datos que Trump usó. Teniendo entre 100 y 250 likes tuyos en Facebook, se puede predecir tu orientación sexual, tu origen étnico, tus opiniones religiosas y políticas, tu nivel de inteligencia y de felicidad, si usas drogas, si tus papás son separados o no. Con 150 likes, los algoritmos pueden predecir el resultado de tu test de personalidad mejor que tu pareja. Y con 250 likes, mejor que tú mismo. Este estudio lo hizo Kosinski en Cambridge, luego un empresario que tomó esto creó Cambridge Analytica y Trump contrató a Cambridge Analytica para la elección.

¿Qué hizo con eso?
–Usaron esa base de datos y esa metodología para crear los perfiles de cada ciudadano que puede votar. Casi 250 millones de perfiles. Obama, que también manipuló mucho a la ciudadanía, en 2012 tenía 16 millones de perfiles, pero acá estaban todos. En promedio, tú tienes unos 5000 puntos de datos de cada estadounidense. Y una vez que clasificaron a cada individuo según esos datos, lo empezaron a atacar. Por ejemplo, en el tercer debate con Clinton, Trump planteó un argumento, ya no recuerdo sobre qué asunto. La cosa es que los algoritmos crearon 175 mil versiones de este mensaje –con variaciones en el color, en la imagen, en el subtítulo, en la explicación, etc.– y lo mandaron de manera personalizada. Por ejemplo, si Trump dice “estoy por el derecho a tener armas”, algunos reciben esa frase con la imagen de un criminal que entra a una casa, porque es gente más miedosa, y otros que son más patriotas la reciben con la imagen de un tipo que va a cazar con su hijo. Es la misma frase de Trump y ahí tienes dos versiones, pero aquí crearon 175 mil. Claro, te lavan el cerebro. No tiene nada que ver con democracia. Es populismo puro, te dicen exactamente lo que quieres escuchar.

¿Y qué hizo Obama?
–Obama fue como el pionero en esto. En la campaña de 2012, para su reelección, invirtió en esto mil millones de dólares, mucho más que en comerciales de TV. Y con eso contrató a un grupo de cuarenta nerds, de Twitter, de Google, de Facebook, de Craigslist, tres profesionales de póker, otro que trabaja con células madres, en fin. A esos cuarenta nerds los puso en un subterráneo, les dio mil millones de dólares y un número para el servicio de pizza, ¿no? Y ahí en el subterráneo crearon los 16 millones de perfiles que les interesaban, los votantes indecisos. Sacaron datos de todos lados. Incluso tuvieron acceso a las Setup-Boxes, lo que sería el DirectTV en Chile, que registra cómo tú ves televisión. Si tienen acceso a eso, ya saben lo que te interesa, y empezaron a llevar comerciales individualizados. Lo más delicado es que no sólo pueden mandarte el mensaje como más te va a gustar, también pueden mostrarte sólo aquello con lo que vas a estar de acuerdo. Si Obama tiene sesenta compromisos de campaña, puede que 58 te parezcan mal, pero al menos con dos vas estar de acuerdo. Digamos que estás a favor del desarrollo verde y a favor del aborto. Bueno, empezaron a mostrarte en Facebook sólo estos dos mensajes.

¿Con avisos publicitarios?
–No, lo hicieron más sofisticado. Como algún amigo vas a tener que hizo un like a la campaña de Obama, ese like les dio acceso a los perfiles de todos sus amigos –esto también va en la licencia que nunca leemos–, entonces podían ver tu historial y clasificarte. Y además tenían acceso a postear desde el timeline de tu amigo, porque esto también está permitido. Él no lo ve, Facebook no se lo muestra, pero tú sí vas a ver muchos artículos así como “Obama el héroe de la energía alternativa”, “Obama el héroe del aborto legal”. No son propagandas de la campaña, son artículos de prensa bien elegidos. Y si tú por medio año ves “Obama héroe” de estas dos cosas que te gustan, al final vas a decir “oye, tan mal no está este Obama”. Bueno, en 2012 le cambiaron la opinión al 78% de la gente que atacaron así. Y Trump lo hizo con 250 millones. Creo que George Orwell se metería un tiro, porque ni él se imaginó algo así. La democracia es completamente inútil con algo así.

En un artículo explicabas que también los call center de Estados Unidos te clasifican mientras hablas, y cuando vuelves a llamar te derivan a un empleado con una personalidad afín a la tuya.
–Así es. El que habla contigo no lo sabe, ¿no? Una vez conté esto en una conferencia y uno de mis estudiantes, la próxima vez que llamó a un call center, le dijo “¡oye hueón, deja de clasificarme la personalidad!”. El otro no entendía nada, ¡ja, ja, ja! El trabajo lo hacen alrededor de diez mil algoritmos que te escuchan hablar y clasifican tu personalidad en seis diferentes cajas. La última vez que hablé con esta compañía, me dijeron que ya el 30% de las llamadas a los call center de Estados Unidos están intermediadas así. Y ya hay sistemas que les dan inteligencia en tiempo real: el tipo está ahí con un monitor que le dice “ahora es el momento de ofrecerle tal cosa”, “ahora ya no”. Pero eso es reciente, por ahora lo más común es que te dejan clasificado. Y todo esto, al final, ¿a qué nos lleva? A crear burbujas, en todos los niveles.

¿Cómo así?
–Que la gente emocional sólo hable con gente emocional, la gente de acción con la gente de acción, los reactivos con los reactivos. Hablamos mucho de que ahora los demócratas no hablan con republicanos, pero esta fragmentación de la sociedad en subgrupos va mucho más allá de la política. La verdad, es una cosa triste. Pero no es culpa de la tecnología, es la manera en que la usamos hoy día. Toda tecnología es normativamente neutral, tú puedes usar un martillo para colgar un cuadro o para matar a tu vecino. Lo mismo con la tecnología digital: podríamos usarla para unir gente, para mezclar gente de opiniones opuestas, pero no lo estamos haciendo.

Y más rezagada aún queda la democracia, incapaz de mediar entre tanta información fragmentada. No hay denominador común.
–Claro, el Big Data permite poner a la gente en muchas más cajas que antes no veías, es un arma de fragmentación muy poderosa. Sí, esa es una amenaza. Esto de la privacidad y el comercio no es el gran problema, la gente tiene razón en no preocuparse tanto. Es útil que las chicas reciban comerciales sobre la píldora y los chicos sobre condones, ¿no? Ahora, Big Data para la democracia representativa… ahí termina. Tú sabes que la democracia siempre estuvo muy ligada a las posibilidades informacionales que tenía cada sociedad. Aristóteles fue muy claro en decir que la democracia no podía ir más allá de un radio de 70 km, porque la información no podía viajar más que eso en un día. Por eso la democracia griega fue para una ciudad. Y en Estados Unidos, ¿por qué crearon las primarias, los colegios electorales por cada Estado y todo eso que conocemos? Porque el viaje en caballo de costa a costa tomaba una semana. Como no había acceso a la gente y la gente tampoco estaba informada, se necesitó todo este constructo representativo. Pero con la tecnología actual, este constructo está completamente abusado y tiene potencial para constituirse en una dictadura informacional, esto hay que decirlo abiertamente. Esto es lo que más me preocupa. La democracia representativa de esta manera no funciona.

Obligados a pensarla de nuevo…
–La verdad es que tenemos que repensarla completamente. Y ya tampoco podemos ignorar que las redes digitales son globales. O sea, personas que están a miles de millas se pueden ofender con una información que les llega y presentarse en la redacción de una revista para matar a los dibujantes. Es que todo esto pasó muy rápido. Llevábamos miles de años separados en diferentes culturas y nos tuvimos que conocer en un par de décadas. En el Islam dijeron que no quieren ver mujeres desnudas, y un día llegamos nosotros con el TV cable y les forzamos a mirar las tetas de Pamela Anderson. Y nosotros no entendemos por qué ellos pueden tener dos esposas. Entonces, si la información fluye globalmente, ¿hasta dónde podremos prescindir de una gobernanza global? No lo sé. Pero esto va a ser un camino de ensayo y error, como siempre ocurrió con la tecnología. Ahora vimos que Facebook, después de la elección de Trump, empezó a limpiar sus fake news, estas noticias mentirosas. Hace tres meses decían “no, nosotros no somos editorial”, y ahora están sacando cosas. Ya es un comienzo.

Y los Estados, ¿están sabiendo aprovechar el Big Data para las políticas públicas?
–No, están muy atrás todavía. Pero tienen una oportunidad muy grande. Se estima que el Estado posee alrededor de un tercio de los datos de un país, lo que es mucho. ¿Acaso tiene un tercio del poder productivo? Ni loco. El gobierno sabe todo lo que pasa en los colegios, en los hospitales, en los servicios de impuestos, ¡cuánta información hay ahí! Se puede aprovechar mucho más para políticas sociales y económicas, sobre todo en América Latina. Y lo segundo es poner la información que es pública a disposición de la sociedad, lo que se llama el Open Data. Pero ahí estamos aún más atrasados, incluso acá. Por ejemplo, a mí me nombraron Chair of Technology de la Biblioteca del Congreso, que en EE.UU. siempre fue LA institución de la información. Ellos mismos me invitaron porque se dan cuenta de que perdieron el tren y Google les robó el show en diez años. Y cuando voy allá, veo que todavía podrían recolectar mucha más información, y hacerla pública. Los mapas… ¡el gobierno tiene un montón de mapas! No necesitamos Google Maps, los militares tienen todos los mapas que necesitas. ¿Por qué no los hacen disponibles? Los precios de terrenos, qué tipo de terrenos hay para qué tipo de agricultura, quién es el dueño del terreno, todo esto el gobierno lo tiene y socializarlo podría ser muy productivo. Pero es una buena noticia: si el insumo de esta nueva economía son los datos y el Estado tiene un tercio de ellos, los puede usar para democratizar la economía.

Si es que también se democratiza la capacidad de usarlos.
–Sí, esa será la clave, y todavía no está claro si la disponibilidad de información crea más o menos desigualdad. Pero si en otra época el Estado destinó recursos para llevar la telefonía a las áreas rurales, ahora tendrá que hacerlo para igualar el acceso a Big Data. Son cosas que estamos aprendiendo, aunque los gobiernos ya podrían estar haciendo mucho más.

EL FUTURO ARTIFICIAL

¿En Silicon Valley están muy locos?
–¡Ja, ja, ja! Depende. Algunos, como este alemán Peter Thiel, quien creó eBay y que ahora está con Trump, él está un poco loco. Pero la verdad es que no son locos, son un poco arrogantes. Pero son arrogantes con justificación, porque realmente cambian el mundo, mucho más que un gobierno. Por eso también les llegó pésimo lo de Trump. Estaban muy enojados, no podían creer que se usó su tecnología para poner a un fascista en el poder. No, la verdad es que todavía están muy confundidos con eso. Bueno, dicen que la caída viene después de la arrogancia.

Algo que cuesta asimilar es que los datos, al crecer tanto, ya se explican a sí mismos, descubren solos sus relaciones causa-efecto. Como el traductor de Google, que se pegó el gran salto cuando le quitaron las reglas de traducción y empezó simplemente a comparar datos.
–Y con eso, además, ya puede traducir entre dos idiomas aunque nadie en el mundo hable esos dos idiomas. Te cuento un caso. ¿Te acuerdas de ese juego para Atari y PC, parecido al pimpón, en que tenías que mover una barrita hacia los lados para achuntarle a una pelota que rebotaba arriba en unos bloques? Y sacabas puntos al ir destruyendo esos bloques.

Sí.
–Bueno. Al DeepMind, un programa de IA que usa el Deep Learning, lo pusieron frente a ese juego y le dijeron “tienes que ganar puntos”. Pero no le dijeron cómo se ganan los puntos. Ni siquiera le dijeron “vas a ver una barrita, una pelota y unos bloques arriba”. Solamente le dieron la capacidad de reconocer pixeles. A los diez minutos, el DeepMind casi no agarraba la pelota, porque no entendía frente a qué situación estaba. Después de dos horas, jugaba al nivel de un experto. Y a las cuatro horas, mejor que cualquier ser humano. Pero no sólo por su precisión técnica, sino porque descubrió una estrategia para ganar que poca gente descubre. Es decir, sólo correlacionando movimientos de pixeles y puntos ganados por azar, llegó a innovar y ser más creativo que la mayoría de los humanos. Es lo mismo que hace la IA con el ajedrez. Se suponía que Go era el juego en que nunca iba a pasar a los humanos, muchísimo más complejo que el ajedrez. Bueno, DeepMind le ganó hace medio año al campeón de Go. Entonces sí, la información se autointerpreta y son mejores que nosotros.

¿Es cierto que las grandes compañías ya toman decisiones sin saber por qué las toman? Sólo porque la IA ve los datos y les dicen “hagan esto”.
–Claro, y está perfecto. Además, las relaciones de causalidad, muy filosóficamente, nunca las podemos conocer. Como decía Popper, sólo podemos descartar causas: tú no puedes saber si realmente X causó Y, sólo puedes comprobar que Z no causa Y. Pero estas correlaciones nos sirven para explicar y predecir. Ahora, si tú cambias el sistema que produjo estos datos, ahí te puedes equivocar muchas veces. Pero ese ya es otro problema.

Pero también sería un problema si, por ejemplo, llegáramos a meter preso a alguien porque su conducta en Facebook, según un programa, predice que es un potencial asesino.
–Sí, pero esto también lo hacen las personas. Si un sicólogo dice que eres un peligro para la sociedad, también te pueden encerrar. Y la verdad es que la IA es muchas veces más exacta que un psicólogo. Al final, el juego con la tecnología siempre ha sido ver cuáles tareas se pueden automatizar y cuáles se quedan con nosotros. Los primeros imperios, por ejemplo, su gran innovación fue hacer canales de agua para sus plantaciones. Así ya no necesitaban usar un tercio de su fuerza laboral en ir cada vez al río y traer agua. Imagínate, qué brutal: un tercio de la gente quedó desempleada. ¿Pero qué hicieron con ellos? A la mitad los convirtieron en soldados y empezaron a dominar a otros pueblos. A otros los hicieron arquitectos y constructores y crearon las ciudades y templos más grandes de la humanidad. Otros se hicieron artistas, otros empezaron a escribir… ¡a escribir, hueón, no tenían nada más que hacer! Y es así como las sociedades han avanzado, ahorrando tiempo y automatizando tareas. Si un robot reconoce células de cáncer, te ahorras al médico. En San Francisco hay una farmacia donde no hay ninguna persona trabajando: yo soy un robot, tú me das una receta, yo te mezclo un poco de este polvo, un poco de este otro, lo pongo en una caja y te lo doy. Además el robot sabe exactamente qué interacción hay entre qué medicamentos, más que ningún farmacéutico. Más del 50% de los actuales empleos son digitalizables, incluso escribir noticias rápidas, como sabrás. Y ya no hablamos de reemplazar a los obreros, como en la revolución industrial, sino también los trabajos de la clase más educada: médicos, contadores, ¡abogados, hueón! Hay una aplicación en el teléfono que te dice cuánto estás obligado a pagar si te divorcias, según los detalles de tu caso. Te ahorraste mil dólares de abogado por pedirle ese estudio. Claro, es brutal. Pero esto ya ha pasado antes y no fue el fin de la historia. Inventaron hueás nuevas tan locas como escribir, que antes nadie tenía tiempo de pensar en eso.

Lo que sí sería nuevo, y es el gran miedo cuando se habla de la “era de la singularidad” que supuestamente viene, es que el robot pase a decidir por nosotros. En el fondo, que nos ganen.
–Claro, es la pregunta: si va a ser “el Terminator contra nosotros”. Mira, la singularidad viene. O ya está acá. Trata de deshacerte de tu celular por un año. Ya estamos fusionados con esta tecnología, como sociedad y como especie. Nuestra distribución de recursos ocurre básicamente en la bolsa, y acá el 80% de las transacciones de la bolsa son decididas por IA. El 99% de las decisiones de la red de electricidad son tomadas por IA que localiza en tiempo real quién necesita energía. Y si tú me dices “mira, Martin, recién descubrimos una especie donde un sistema que se llama IA distribuye el 80% de los recursos y el 99% de la energía”, yo diría “bueno, IA es una parte inseparable de esta sociedad”. Y ya no se puede deshacer, no se puede desenredar. Tú podrías irte a la cordillera, dejar tu celular atrás y nunca más tener interacciones digitales, pero ya no serías parte de nuestra sociedad. Dejarías de evolucionar con nosotros. El punto aquí es que la especie humana ya evoluciona en convergencia con la tecnología, que en algunos aspectos ya es mejor que nosotros… no en todos. De nuevo, la pregunta es qué cosas dejamos a la IA y qué cosas no.

Mientras eso lo decidamos nosotros y no ellos, si aprenden a pensar por su cuenta.
–Sí. Y si me preguntas a mí, digamos, filosóficamente, lo que creo que está pasando es que efectivamente estamos creando una supraespecie, otra especie superior. Pero la verdad es que no tengo tanto miedo de eso.

¿Por qué no?
–A ver… Normalmente entendemos que la selección natural, cuando hay dos especies, elige a una de las dos, la famosa “supervivencia del más apto”, ¿no? Pero también hay ejemplos de simbiosis en que las dos especies se fusionan, y yo creo que en este caso las dos especies se van a fusionar. Pero ya hablamos tanto que no sé si vale la pena explicar todo esto…

Parece que sí.
–Quizás para entenderlo hay que mirar cómo funciona la vida, los sistemas vivos. Como sabes, existen diferentes niveles de abstracción: abajo tienes partículas subatómicas que interactúan para formar átomos; los átomos forman redes para crear moléculas; las moléculas, para crear células, y las células se ponen en redes –cada una con su respectiva pega– para crear organismos. Después los organismos se ponen en redes para crear sociedades. Y ahora, ¿qué viene después? Sociedades que se ponen en red a través de la tecnología para crear algo superior. El punto es que cada uno de esos niveles cree funcionar con sus propias leyes, y no saben que gracias a esas leyes se han formado otras leyes que han creado un nivel superior. Mis células no saben que yo tengo conciencia. Se encuentran y dicen “mira, ahí hay una bacteria, ¿la atacas tú o yo?”. Piensan que son bastante libres, ¿no? Pero los grandes números crean una estadística confiable de que esa bacteria va a ser atacada, y gracias a la estabilidad de esos promedios es que mi sistema tiene la tranquilidad para crear lo que llamamos conciencia. Y lo que creo que va a terminar haciendo la digitalización es convertirnos a nosotros en células de un organismo mayor.

¿Cómo?
–A medida que la IA empiece a organizarnos, a programar a la sociedad. Y va a poder hacerlo porque si bien tú y yo creemos ser muy distintos, el funcionamiento de la sociedad, con los grandes números, consigue promedios muy estables. Entonces este organismo puede sobrevivir, hasta que yo me imagino que va a poder producir una conciencia. Pero nosotros ni vamos a saber que esa conciencia existe. Por eso te digo que no va a ser “Terminator contra nosotros”. Es un supraorganismo con el que nos estamos fusionando, y la digitalización es como el aceite que nos une. La verdad es que normalmente no hablo de esto en entrevistas públicas, pero eso significa para mí la singularidad: estamos convergiendo con la tecnología para crear un ente superior, que se llama sociotecnología, tecnosociedad o como lo quieras llamar.

¿Por qué no te gusta hablar de esto en entrevistas?
–Porque es muy loco, ¿no? Es muy profundo y hay gente que se preocupa más de la cuenta. Prefieren hablar del robot de Amazon que les mandó un paquete equivocado. Nos descoloca que nos hablen de un chip implementado en el cerebro, pero ya todos usamos tecnología para aumentar nuestras capacidades. No es en ningún caso el fin de la humanidad, es la evolución que sigue su camino. Y la manera en que esto ocurra va a depender de nosotros. Entonces nos conviene entender que tenemos por delante una gran responsabilidad, porque nosotros diseñamos las instituciones que van a definir el futuro de estas convergencias.

 

Publicado en: THE CLINIC

Las siete propuestas de Trump que explican su victoria

¿Cómo consiguió Trump invertir la tendencia que lo daba perdedor e imponerse en la recta final de la campaña? Junto con su programa xenófobo y racista, Trump anunció una serie de propuestas nacionalistas y proteccionistas que conquistaron a una porción del electorado empobrecida por los efectos de la globalización económica.

>Por Ignacio Ramonet

La victoria de Donald Trump (como el “Brexit” en el Reino Unido o la victoria del “no” en Colombia ) significa, primero, una nueva estrepitosa derrota de los grandes medios dominantes, de los institutos de sondeo y de las encuestas de opinión. Pero significa también que toda la arquitectura mundial, establecida al final de la Segunda Guerra Mundial, se ve ahora trastocada y se derrumba. Los naipes de la geopolítica se van a barajar de nuevo. Otra partida empieza. Entramos en una era nueva cuyo rasgo determinante es lo desconocido. Ahora todo puede ocurrir.

¿Cómo consiguió Trump invertir una tendencia que lo daba perdedor y lograr imponerse en la recta final de la campaña? Este personaje atípico, con sus propuestas grotescas y sus ideas sensacionalistas, ya había desbaratado hasta ahora todos los pronósticos. Frente a pesos pesados como Jeb Bush, Marco Rubio o Ted Cruz, que contaban además con el resuelto apoyo del establishment republicano, muy pocos lo veían imponerse en las primarias del Partido Republicano y sin embargo carbonizó a sus adversarios, reduciéndolos a cenizas.

Hay que entender que desde la crisis financiera de 2008 (de la que aún no hemos salido) ya nada es igual en ninguna parte. Los ciudadanos están profundamente desencantados. La propia democracia, como modelo, ha perdido credibilidad. Los sistemas políticos han sido sacudidos hasta las raíces. En Europa, por ejemplo, se han multiplicado los terremotos electorales (entre ellos, el Brexit). Los grandes partidos tradicionales están en crisis. Y en todas partes percibimos subidas de formaciones de extrema derecha (en Francia, en Austria y en los países nórdicos) o de partidos antisistema y anticorrupción (Italia, España). El paisaje político aparece radicalmente transformado.

Ese fenómeno ha llegado a Estados Unidos, un país que ya conoció, en 2010, una ola populista devastadora, encarnada entonces por el Tea Party. La irrupción del multimillonario Donald Trump en la Casa Blanca prolonga aquello y constituye una revolución electoral que ningún analista supo prever. Aunque pervive, en apariencia, la vieja bicefalia entre demócratas y republicanos, la victoria de un candidato tan heterodoxo como Trump constituye un verdadero seísmo. Su estilo directo, populachero, y su mensaje maniqueo y reduccionista, apelando a los bajos instintos de ciertos sectores de la sociedad, muy distinto del tono habitual de los políticos estadounidenses, le ha conferido un carácter de autenticidad a ojos del sector más decepcionado del electorado de la derecha. Para muchos electores irritados por lo “políticamente correcto”, que creen que ya no se puede decir lo que se piensa so pena de ser acusado de racista, la “palabra libre” de Trump sobre los latinos, los inmigrantes o los musulmanes es percibida como un auténtico desahogo.

La rebelión de las bases

A ese respecto, el candidato republicano ha sabido interpretar lo que podríamos llamar “la rebelión de las bases”. Mejor que nadie, percibió la fractura cada vez más amplia entre las élites políticas, económicas, intelectuales y mediáticas, por una parte, y la base del electorado conservador, por la otra. Su discurso violentamente anti-Washington y anti-Wall Street sedujo, en particular, a los electores blancos, poco cultos y empobrecidos por los efectos de la globalización económica.

Hay que precisar que el mensaje de Trump no es semejante al de un partido neofascista europeo. No es un ultraderechista convencional. Él mismo se define como un “conservador con sentido común” y su posición, en el abanico de la política, se situaría más exactamente a la derecha de la derecha. Empresario multimillonario y estrella archi popular del reality, Trump no es un antisistema, ni obviamente un revolucionario. No censura el modelo político en sí, sino a los políticos que lo han estado piloteando. Su discurso es emocional y espontáneo. Apela a los instintos, a las tripas, no a lo cerebral, ni a la razón. Habla para esa parte del pueblo estadounidense entre la cual ha empezado a cundir el desánimo y el descontento. Se dirige a la gente que está cansada de la vieja política, de la “casta”. Y promete inyectar honestidad en el sistema; renovar nombres, rostros y actitudes.

Los medios han dado gran difusión a algunas de sus declaraciones y propuestas más odiosas, patafísicas o ubuescas. Recordemos, por ejemplo, su afirmación de que todos los inmigrantes ilegales mexicanos son “corruptos, delincuentes y violadores”. O su proyecto de expulsar a los 11 millones de inmigrantes ilegales latinos a quienes quiere meter en autobuses y expulsar del país, mandándolos a México. O su propuesta, inspirada en la serie Game of Thrones de construir un muro fronterizo de 3.145 kilómetros a lo largo de valles, montañas y desiertos, para impedir la entrada de inmigrantes latinoamericanos y cuyo presupuesto de 21 mil millones de dólares sería financiado por el gobierno de México. En ese mismo orden de ideas, también anunció que prohibiría la entrada a todos los inmigrantes musulmanes. Y atacó con vehemencia a los padres de un militar estadounidense de confesión musulmana, Humayun Khan, muerto en combate en 2004 en Irak.

También su afirmación de que el matrimonio tradicional, formado por un hombre y una mujer, es “la base de una sociedad libre”, y su critica a la decisión del Tribunal Supremo de considerar que el matrimonio entre personas del mismo sexo es un derecho constitucional. Trump apoya las llamadas “leyes de libertad religiosa”, impulsadas por los conservadores en varios Estados, para denegar servicios a las personas LGTB. Sin olvidar sus declaraciones sobre el “engaño” del cambio climático que, según Trump, es un concepto “creado por y para los chinos, para hacer que el sector manufacturero estadounidense pierda competitividad”.

Los motivos silenciados

Este catálogo de necedades horripilantes y detestables ha sido, repito, masivamente difundido por los medios dominantes, no sólo en Estados Unidos sino en el resto del mundo. Y la principal pregunta que mucha gente se hacía era: ¿cómo es posible que un personaje con ideas tan lamentables consiga una audiencia tan considerable entre los electores estadounidenses que, obviamente, no pueden estar todos lobotomizados? Algo no cuadraba.

Para responder a esa pregunta tuvimos que hendir la muralla informativa y analizar más de cerca el programa completo del candidato republicano y descubrir los siete puntos fundamentales que defiende, silenciados por los grandes medios.

1) Los periodistas no le perdonan, en primer lugar, que ataque de frente al poder mediático. Le reprochan que constantemente anime al público en sus mítines a abuchear a los “deshonestos” medios. Trump suele afirmar: “No estoy compitiendo contra Hillary Clinton, estoy compitiendo contra los corruptos medios de comunicación” (1). En un tweet reciente, por ejemplo, escribió: “Si los repugnantes y corruptos medios me cubrieran de forma honesta y no inyectaran significados falsos a las palabras que digo, estaría ganando a Hillary por un 20%.”

Por considerar injusta o sesgada la cobertura mediática, el candidato republicano no dudó en retirar las credenciales de prensa para cubrir sus actos de campaña a varios medios importantes, entre otros: The Washington Post, Politico, Huffington Post y BuzzFeed. Y hasta se ha atrevido a atacar a Fox News, la gran cadena del derechismo panfletario, a pesar de que lo apoya a fondo como candidato favorito…

2) Otra razón por la que los grandes medios atacaron con saña a Trump es porque denuncia la globalización económica, convencido de que ésta ha acabado con la clase media. Según él, la economía globalizada está fallando cada vez a más gente, y recuerda que, en los últimos quince años, en Estados Unidos, más de 60.000 fábricas tuvieron que cerrar y casi cinco millones de empleos industriales bien pagados desaparecieron.

3) Es un ferviente proteccionista. Propone aumentar las tasas sobre todos los productos importados. “Vamos a recuperar el control del país, haremos que Estados Unidos vuelva a ser un gran país” suele afirmar, retomando su eslogan de campaña.

Partidario del Brexit, Donald Trump ha develado que, una vez elegido presidente, tratará de sacar a Estados Unidos del Tratado de Libre Comercio de América del Norte (NAFTA por sus siglas en inglés). También arremetió contra el Acuerdo de Asociación Transpacífico (TPP por sus siglas en inglés), y aseguró que, de alcanzar la Presidencia, sacaría al país del mismo: “El TPP sería un golpe mortal para la industria manufacturera de Estados Unidos”.

En regiones como el rust belt, el “cinturón del óxido” del noreste, donde las deslocalizaciones y el cierre de fábricas manufactureras dejaron altos niveles de desempleo y pobreza, este mensaje de Trump está calando hondo.

4) Así como su rechazo de los recortes neoliberales en materia de seguridad social. Muchos electores republicanos, víctimas de la crisis económica de 2008 o que tienen más de 65 años, necesitan beneficiarse de la Social Security (jubilación) y del Medicare (seguro de salud) que desarrolló el presidente Barack Obama y que otros líderes republicanos desean suprimir. Trump ha prometido no tocar estos avances sociales, bajar el precio de los medicamentos, ayudar a resolver los problemas de los “sin techo”, reformar la fiscalidad de los pequeños contribuyentes y suprimir el impuesto federal que afecta a 73 millones de hogares modestos.

5) Contra la arrogancia de Wall Street, Trump propone aumentar significativamente los impuestos de los corredores de hedge funds que ganan fortunas, y apoya el restablecimiento de la Ley Glass-Steagall. Aprobada en 1933, en plena Depresión, esta ley separó la banca tradicional de la banca de inversiones con el objetivo de evitar que la primera pudiera hacer inversiones de alto riesgo. Obviamente todo el sector financiero se opone absolutamente al restablecimiento de esta medida.

6) En política internacional, Trump quiere establecer una alianza con Rusia para combatir con eficacia al Estado islámico (ISIS por sus siglas en inglés). Aunque para ello Washington tenga que reconocer la anexión de Crimea por Moscú.

7) Trump estima que con su enorme deuda soberana, Estados Unidos ya no dispone de los recursos necesarios para conducir una política extranjera intervencionista indiscriminada. Ya no pueden imponer la paz a cualquier precio. En contradicción con varios caciques de su partido, y como consecuencia lógica del final de la guerra fría, quiere cambiar la OTAN: “No habrá nunca más garantía de una protección automática de los Estados Unidos para los países de la OTAN”.

Todas estas propuestas no invalidan en absoluto las inaceptables, odiosas y a veces nauseabundas declaraciones del candidato republicano difundidas a bombo y platillo por los grandes medios dominantes. Pero sí explican mejor el por qué de su éxito.

En 1980, la inesperada victoria de Ronald Reagan a la presidencia de Estados Unidos había hecho entrar el planeta en un Ciclo de cuarenta años de neoliberalismo y de globalización financiera. La victoria hoy de Donald Trump puede hacernos entrar en un nuevo Ciclo geopolítico cuya peligrosa característica ideológica principal –que vemos surgir por todas partes y en particular en Francia con Marine Le Pen – es el ‘autoritarismo identitario’. Un mundo se derrumba pues, y da vértigo…

1. En su mitin del 13 de agosto, en Fairfield, Connecticut.

* Director de Le Monde diplomatique, edición española.

Publicado en EL DIPLÓ

Trump: no es una revolución. Todavía

Mix Politico

>Por Mike Davis*

Hay que resistir la tentación de sobreinterpretar la elección de Trump como un 18 Brumario o como un 1933 norteamericano. Los progresistas que creen haber despertado en otro país deberían calmarse, tomarse un buen trago y reflexionar sobre los resultados de la actual elección en los estados oscilantes.

Los datos, ni que decir tiene, son incompletos. Los sondeos a pie de urna más afamados, como Pew y Edison, difícilmente son infalibles en sus calas de opinión, y la última palabra sobre la participación electoral y su composición tendrá que esperar a los informes del Current Population Survey en los próximos uno o dos años. Sin embargo, lo que se sabe a escala de condados autoriza a hacer algunas observaciones pertinentes.

1. La participación se consideró inicialmente más baja que en 2012, pero las últimas informaciones indican el mismo porcentaje de votantes (cerca de un 58%), si bien con una cuota menor para los grandes partidos. Los partidos minoritarios, encabezados por los Libertarios, incrementaron su voto, pasando del 2 al 5 por ciento del total.

2. Con las salvedades de Iowa y Ohio, Trump no arrasó en los estados clave. Consiguió aproximadamente lo mismo que Romney, amalgamando menos votos en los barrios con más votos en las áreas rurales para lograr el mismo resultado global. Su margen combinado de victoria en Wisconsin, Michigan y Pensilvania fue milimétrico, apenas 107.000 votos.

3. La gran sorpresa de la elección no fue un gigantesco desplazamiento de voto blanco de clase obrera hacia Trump, sino más bien su éxito a la hora de retener los votos de Romney, incluso mejorando ligeramente los rendimientos de éste entre los evangélicos, para quienes las elecciones se veían como una última batalla. Así pues, el populismo económico y el nativismo se combinaron con, pero no desplazaron a, la agenda social conservadora tradicional.

4. El factor clave para arrastrar el voto Republicano fue el cínico pacto de Trump con los conservadores religiosos tras la derrota en las primarias de Cruz. Les ofreció manos libres para confeccionar la plataforma del partido en la Convención y luego hizo equipo con uno de sus héroes populares, Pence, de Indiana, un católico nominal que lleva una megaiglesia evangélica. Lo que estaba en juego para los partidarios del derecho a la vida, huelga decirlo, era el control de la Corte Suprema y una última ocasión para tumbar [la sentencia] Roe vs Wade. Eso podría explicar por qué Clinton, que, a diferencia de Obama, se permitió identificarse con los abortos en avanzado estado de gestación, quedó 8 puntos por debajo de él entre los latinos católicos.

5. La defección hacia Trump de los votantes de clase obrera blancos de Obama fue un factor decisivo sobre todo en los bordes lacustres de los condados industriales de Michigan, Ohio y Pensilvania –Monroe, Ashtabula, Lorain, ambos Eiries, etc.—, que están experimentando una nueva ola de fugas de empleo hacia México y el Sur de los EEUU. Esta región es el epicentro más visible de la revuelta contra la globalización.

En otras áreas deprimidas –los condados carboneros del sureste de Ohio, el otrora cinturón de la antracita en el este de Pensilvania, el Valle Kanawha de la Virginia occidental, el piamonte textil y las villas de manufactura mobiliaria de las Carolinas y los Apalaches en general—, el realineamiento pro-Republicano de los trabajadores manuales en la política presidencial (pero no siempre en la política a escala local y estatal) era ya el status quo. Los medios de comunicación han tendido a confundir estos viejos y nuevos estratos de “Demócratas perdidos”, magnificando así el logro de Trump.

6. Yo he sido incapaz de encontrar datos fiables sobre la participación de blancos no universitarios en los estados clave o a escala nacional. De acuerdo con la narrativa dominante, Trump movilizó simultáneamente a abstencionistas y votantes Demócratas reconvertidos, pero las variables son independientes y sus pesos no están claros en estados como Wisconsin o Virginia (que Clinton retuvo por estrecho margen), en donde otros factores, como la abstención negra y la dimensión del hiato de género, fueron probablemente más importantes.

7. Una cohorte crucial de mujeres blancas Republicanas con instrucción universitaria parecen haberse inclinado por Trump en la última semana de campaña, luego de haber oscilado en anteriores sondeos. Eso ha sido atribuido por varios comentadores, incluida Clinton, a la intervención por sorpresa de[l jefe del FBI] Comey y a la revitalización de las sospechas sobre la honradez de Clinton. La desaprobación del comportamiento de violador de Trump, además, fue contrabalanceada por la antipatía causada por Bill Clinton, Anthony Weiner y Alan Grayson (el acosador de mujeres que fue el oponente Demócrata de Rubio en Florida). Resultado: Clinton logró sólo ganancias modestas, a veces, ninguna, en los barrios rojos cruciales de Milwaukee, Filadelfia y Pittsburgh.

8. Un quinto de los votantes de Trump –aproximadamente 12 millones— manifestaron una actitud desfavorable hacia él. No puede sorprender que los sondeos erraran tanto. “No hay precedentes”, escribía el Washington Post, “de un candidato que gane la Presidencia con menos votantes que ven de manera favorable al futuro Presidente, o a su venidera administración, que el perdedor.”

Muchos de esos que han votado con una pinza en la nariz podrían ser evangélicos que votaron por la plataforma programática, no por el hombre, pero otros deseaban el cambio en Washington a cualquier precio, aun si significara poner un coche bomba en el Despacho Oval.

9. Hasta el Cato Institute parece creer que la elección la ha perdido Clinton, no la ha ganado Trump. Clinton quedó lejos de los resultados de Obama en 2012 en condados clave del Medio Oeste y de Florida. A pesar de sus denodados esfuerzos de última hora, el presidente no logró comunicar su popularidad (más alta que la de Reagan en 1988) a su vieja adversaria. Y lo mismo vale para Sanders.

Aun cuando sus datos son discutibles y tal vez hayan sido mal interpretados por David Atkins en el American Prospect, los sondeos a pie de urna realizados por Edison para el New York Times sugieren que Trump logró sólo unas mejoras ínfimas entre los blancos, tal vez de un 1%, pero “consiguió sus resultados óptimos entre los negros (7 puntos más), entre los latinos (8 puntos más) y entre los asiático-americanos (11 puntos más).

10. Tanto si eso termina confirmándose como si no, sólo la baja participación negra en Milwaukee, Detroit y Filadelfia explicaría ya la derrota de Clinton en el Medio Oeste. En el sur de Florida, un esfuerzo masivo consiguió mejorar el voto Demócrata, pero eso se vio mitigado por la reducida participación (por mucho, de votante negro) en las áreas de Tallahassee, Gainesville y Tampa.

11. Para ser justos, no toda esta reducida participación negra fue un boicot a Clinton. La supresión del voto jugó desde luego un papel importante, aun cuando no convenientemente medido. “Algunos estados”, dice un estudio, “tienen emplazamientos de sufragio cerrados a una escala masiva. En Arizona, casi todos los condados redujeron los centros de votación. En Lousiana, el 61% de parroquias redujo los centros de votación. En nuestra limitada muestra de los condados de Alabama, hubo un 67% de centros de votación cerrados. En Texas, el 53% de los condados de nuestra limitada muestra redujo los centros de votación”. Hay pruebas también de que la discriminación de votantes con requisitos de identificación –la joya de la Corona de la contrarrevolución de Scott Walker— redujo significativamente el voto en los distritos de bajos ingresos de Milkwaukee.

12. Una explicación alternativa de los bajos rendimientos de Clinton en Wisconsin y Michigan es la alienación de los votantes milenials de Sanders: en ambos estados, el total de Jill Stein fue mayor que el margen de la derrota de Clinton. El voto Verde fue también significativo en Pensilvania y Florida (49,000 y 64,000 respectivamente). Pero Gary Johnson, que ganó 4.151.000 votos a escala nacional, a pesar de su ignorante desorientación en política internacional, probablemente dañó mucho más a Trump que a Clinton.

13. Desde la insurgencia en 2004 de Howard Dean, los Demócratas progresistas han bregado cuesta arriba contra los funcionarios del Partido a favor de una estrategia completa en 50 estados que invierta en la construcción de base social en distritos rojos que, de otro modo, sucumben a la manipulación. El fracaso sistemático del Comité Nacional Demócrata, por ejemplo, para comprometerse a fondo con los Demócratas de Texas –un estado que ahora es minoría mayoritaria— viene siendo desde hace mucho tiempo un escándalo público.

14. La campaña de Clinton, larga de fondos y obviamente corta de cerebros, tuvo un diseño desastroso. No visitó, por ejemplo, Wisconsin luego de la Convención, a pesar de andar advertida de que los ardidos seguidores de Scott Walker se habían alistado al completo en las filas de Trump.

Análogamente, Clinton desdeñó el consejo del Secretario de Agricultura Tom Visack para que constituyera un “consejo rural” como el que tan bien había servido a Obama en sus primarias del Medio Oeste y en las campañas presidenciales. En 2012, Obama consiguió añadir un 46% del voto de las pequeñas ciudades a su mayoría urbana en Michigan y el 41% en Wisconsin. Los desoladores resultados de Clinton fueron, respectivamente, del 38% y del 34%.

14. Irónicamente, puede que Trump se haya visto favorecido por el magro respaldo que le prestaron los [hermanos multimillonarios] Kochs y otros megadonantes conservadores, que cambiaron sus prioridades e invirtieron en afianzar las mayorías Republicanas en el Congreso. La carta de Comey al Congreso fue el equivalente de 500 millones de dólares de publicidad anti-Clinton, mientras que los Republicanos que competían por plazas menores locales recibieron un inesperado salvavidas financiero.

15. Mi énfasis en el carácter contingente y frágil de la coalición de Trump, sin embargo, necesita acompañarse de una alerta sobre los contenidos tóxicos de sus políticas. Como he sostenido en otra sitio, Trump es menos bala perdida y oportunista de lo que suele decirse. Su campaña pulsó sistemáticamente todas las teclas del nacionalismo blanco alt-right, cuyos padrinos son Pat Buchanan y el Goebbels en potencia de Stephen Bannon.

Trump –así nos consuela el Presidente Obama— es “no-ideológico”. De acuerdo, pero Buchanan-Bannon tienen toneladas de ideología, y esa ideología es el fascismo. (Para quienes creen que eso es una exageración y que el fascismo es passé, por favor vayan a la página web de Buchanan y echen un vistazo a sus columnas más populares. Una culpa a Polonia del estallido de la II Guerra Mundial, y otra sostiene, en substancia, que los negros deberían pagar reparaciones a los blancos.)

16. David Axelrod sostiene que a los Republicanos les ha bastado una semana para “atar de pies y manos” a Trump, y Robert Kuttner se muestra de acuerdo. Tal vez.

Ciertamente, Trump buscará honrar su compromiso con los cristianos y darles la Corte Suprema: un objetivo que Mitch McConnell podría facilitar con su “opción nuclear” en el Senado. Análogamente, Peabody, Arch y las otras compañías carboneras conseguirán nuevos permisos para destruir la Tierra, los inmigrantes serán sacrificados a los leones y Pensilvania será bendecida con una ley del derecho a trabajar. Y, huelga decirlo, bajadas de impuestos.

Pero en seguridad social, medicare, gasto en infraestructuras financiado con déficit, aranceles, tecnología, etc., es casi imposible imaginar un matrimonio perfecto entre Trump y los Republicanos institucionales que no deje huérfanos a sus seguidores de clase trabajadora. La banca hipotecaria todavía domina el universo.

17. Por lo tanto, no resulta difícil imaginar un escenario futuro en el que la extrema derecha termine dividiéndose o sea expulsada de la administración y se mueva rápido para consolidar una tercera fuerza política en torno a la base ampliada que ha ganado merced a la demagogia de Trump. Otra posibilidad: que las incendiarias políticas de Trump en materia de comercio y sus contradictorias políticas interiores suman al país en una nueva depresión, y Silicon Valley salga finalmente a la palestra para salvar al centroizquierda del Partido Demócrata.

Pero cualquiera que sea la hipótesis, tendrá que tomar en cuenta la real revolución operada en la política norteamericana que es la campaña de Sanders. La movilidad, o descendente o bloqueada, de los estudiantes graduados y licenciados, especialmente los procedentes de la clase obrera y de la población inmigrante, es la mayor realidad social emergente, no la larga agonía del Rustbelt. Digo esto sin desconocer que el impulso que ha ofrecido al nacionalismo económico la pérdida de 5 millones de puestos de trabajo industriales a lo largo de la última década, más de la mitad de los cuales en el Sur.

Pero el trumpismo, evolucione comoquiera, no puede unificar el malestar económico de los milenials con el los viejos trabajadores blancos, mientras que Sanders mostró que el núcleo del descontento puede llegar a cobijarse bajo el paraguas de un “socialismo democrático” que reavive las esperanzas que el New Deal depositó en una Carta Económica de los Derechos. Con el establishment Demócrata en provisional desbandada, la oportunidad real de un cambio político transformador (un “realineamiento crítico”, en un léxico ahora arcaico) pertenece a Sanders y a Warren. Démonos prisa.

 

*Profesor del Departamento de Pensamiento Creativo en la Universidad de California, Riverside, es miembro del Consejo Editorial de SINPERMISO. Traducidos recientemente al castellano: su libro sobre la amenaza de la gripe aviar (El monstruo llama a nuestra puerta, trad. María Julia Bertomeu, Ediciones El Viejo Topo, Barcelona, 2006), su libro sobre las Ciudades muertas (trad. Dina Khorasane, Marta Malo de Molina, Tatiana de la O y Mónica Cifuentes Zaro, Editorial Traficantes de sueños, Madrid, 2007) y su libro Los holocaustos de la era victoriana tardía (trad. Aitana Guia i Conca e Ivano Stocco, Ed. Universitat de València, Valencia, 2007). Sus libros más recientes son: In Praise of Barbarians: Essays against Empire (Haymarket Books, 2008) y Buda’s Wagon: A Brief History of the Car Bomb (Verso, 2007; traducción castellana de Jordi Mundó en la editorial El Viejo Topo, Barcelona, 2009).

 

 

Publicado originalmente en: Verso.blog el 15 de noviembre de 2016
Traducción: Antoni Domènech para Sin Permiso

 

La ceguera intelectual de la izquierda

Todos buscan ahora explicaciones al fenómeno Trump. Y las encuentran pronto. Lo que en la madrugada del 9 de noviembre se disparó desde Estados Unidos al mundo como un balde de agua fría y pareció una sorpresa tenía un fundamento -o varios-, pero sin embargo no aparecían con frecuencia en los análisis previos y la idea de “elegir al monstruo” no pasaba por las cabezas de los biempensantes, siempre tan dispuestos a creer que lo “malo” (el neoliberalismo o la globalización como etapa ultracodiciosa del capitalismo, en este caso) sólo se combate desde lo “bueno” (la izquierda progresista en alguna de sus variantes). Hay tres opciones para que lo que ahora se ve con tanta claridad (el enojo y el dolor de los caídos del sistema, el desprecio hacia las elites políticas, el resentimiento de los sumergidos sin educación) haya pasado inadvertido durante la campaña hasta el punto de imaginar un eventual triunfo de Trump como un accidente en la historia: la ignorancia, la mala fe o la ceguera. Hablemos de la ceguera.

izquierda
>Por Hinde Pomeraniec

En 1998, el filósofo estadounidense Richard Rorty publicó Forjar nuestro país: el pensamiento de izquierdas en los EE.UU. del siglo XX, un pequeño libro que despertó polémica porque se atrevía a pelearle a la ideología de lo políticamente correcto dominante por entonces. Lo que Rorty sostenía era que la izquierda en su país había elegido convertirse en espectadora de los hechos y refugiarse en la academia en lugar de seguir ligada a los movimientos sociales y a los sindicatos como hasta la guerra de Vietnam, y que había optado por proclamar las teorías de Derrida y a Foucault en vez de concentrarse en seguir peleando por lo que estaba ocurriendo en el terreno social y económico (una brecha entre ricos y pobres cada vez mayor, una falta de oportunidades rampante), algo que él advertía que podía traer consecuencias nefastas en el futuro. Esto escribía Rorty: “(…) Miembros de sindicatos y trabajadores no calificados y no organizados se darán cuenta tarde o temprano de que su gobierno ni siquiera intenta evitar el hundimiento de los salarios o la exportación de los puestos de trabajo. Más o menos al mismo tiempo comprenderán que los oficinistas suburbanos no van a permitir que les impongan impuestos para dar beneficios sociales a otros. Llegado este punto, algo va a romperse. El electorado no suburbano decidirá que el sistema ha fracasado y comenzará a buscar un hombre fuerte a quien votar -alguien dispuesto a asegurarles que, una vez elegido, ya no serán los burócratas engreídos, los abogados tramposos, los vendedores de bonos de salarios excesivos y los profesores posmodernos quienes tomen las decisiones. (…) Lo que es muy probable es que las conquistas obtenidas en el pasado por parte de los norteamericanos negros y castaños, así como por los homosexuales, serán liquidadas. El desprecio jocoso hacia las mujeres volverá a ponerse de moda. Las palabras nigger (insulto contra los negros) y kike (insulto contra los judíos) volverán a escucharse en el trabajo. Todo el sadismo que la izquierda académica ha intentado volver inaceptable para sus estudiantes retornará en cascada. Todo el resentimiento que los norteamericanos pobremente educados sienten hacia los graduados universitarios que les dicen cómo comportarse encontrará una válvula de escape”.

Si cambiáramos la frase en la que Rorty habla del insulto hacia los judíos por el insulto hacia los musulmanes y los latinos, podríamos obtener una suerte de crónica de nuestros días pero escrita hace veinte años. Mientras los olvidados por la globalización económica elegían creerle (y votar) a un personaje de la TV que les prometió devolverles el sueño americano, la izquierda cultural ombliguista que describía Rorty se obstinaba en ver a Hillary ingresando el próximo 20 de enero en la Casa Blanca. Claramente estaban viendo otro canal.

 

Publicado originalmente en: LA NACIÓN

Ganó Trump: ¿y ahora qué?

gano-trump

>Por Andrés Fernández

Luego de culminar el proceso electoral “más salvaje de la historia” según algunos analistas norteamericanos, el magnate de frondosa cabellera rubia fue electo presidente. Más allá de los resultados electorales objetivos, intentaremos aquí realizar un resumen del camino transitado hasta llegar a la definición que todo el mundo observó con enorme expectativa; para luego ensayar algunos interrogantes que surgen a partir de ahora.

 

¿QUIÉN ES DONALD TRUMP?

Pero empecemos por el principio. A pesar de que es el flamante presidente del Estado más poderoso del mundo, para algunas personas es aún un personaje desconocido. O por lo menos, desconocido como dirigente político.

Trump nació en Nueva York hace setenta años. Fue uno de los cinco hijos de Mary Anne MacLeod y de Fred Trump, que se casaron en 1936.

Luego de un breve paso por la Universidad de Fordham en el Bronx durante dos años, continuó sus estudios en la Escuela de Negocios Wharton de la Universidad de Pensilvania para iniciar su carrera en los negocios en la empresa de bienes raíces de su padre.

Excepto durante un breve momento en la década del noventa, cuando se declaró en bancarrota comercial, Trump no dejó de acrecentar su fortuna.

Según la revista Forbes su valor neto es de US$4.500 millones. Wealth-X dice que es US$4.400 millones, mientras que el índice de Bloomberg dice que es sólo US$2.900 millones. En cualquier caso, Trump afirma que “tiene mucho más”.

Con los años, se dedicó a invertir en hoteles, casinos, desarrollos inmobiliarios, la “industria” relacionada al golf y el espectáculo. Tanto es así, que se lo relaciona inmediatamente con el reality show “The Apprentice”.

Según afirman analistas económicos, Trump obtuvo de su padre no sólo financiación, sino también su estilo de negociación[1]. En este punto, es de esperar que intente continuar con el mismo estilo desde el máximo cargo ejecutivo de los Estados Unidos, con consecuencias inciertas.

En síntesis, su fortuna proviene de numerosas fuentes de inversión pero quizás la más relevante, esté constituida con los ingresos obtenidos por el uso de licencias con su nombre. La principal fortaleza de Trump, es justamente su propio nombre, utilizado a lo largo y a lo ancho del planeta, pero especialmente en su propio país.

Quizás eso explique como el “relato Trump”, ahora catalogado como populista, pudo penetrar en la sociedad estadounidense y romper con la tradición de las elites dirigentes de ambos partidos mayoritarios.

1-donald-trump

TRUMP: EL CANDIDATO

Donald Trump, presentaba oficialmente su candidatura a presidente en junio del año 2015[2]. En su discurso, denunciaba la decadencia económica de los Estados Unidos y la ineficacia de la administración Obama en política exterior, especialmente, en Oriente Próximo.

Una de sus críticas más poderosas, estaban dirigidas a la élite política estadounidense afirmando que sólo alguien como él, desligado a la política y sus falsas promesas, era capaz de reorientar el rumbo del país: “¡Yo devolveré a EE UU su grandeza!”, afirmaba.

En aquel momento, Trump se situaba a mitad de tabla en la pugna por la Casa Blanca, según los sondeos relevados por Real Clear Politics[3].

Con el correr de la campaña electoral, el candidato se fue consolidando cada vez más. En primer lugar, derrotando a sus contendientes dentro del Partido Republicano. Incluso quienes denostaban sus verdaderas posibilidades, empezaron a ver con recelo el crecimiento del ahora electo presidente. Entre los republicanos, los principales dirigentes comenzaron a operar contra Trump en un intento desesperado por detener una inminente nominación oficial[4].

En cualquier caso, lo más llamativo de la campaña electoral, fue que el candidato republicano no modificó su esencia. Agresivo, sin filtros y haciendo gala del mismo personaje que los estadounidenses habían conocido en los medios de comunicación, Trump realizó numerosas declaraciones públicas que despertaron igual cantidad de resistencias.

El primer “escándalo”, se desató cuando planteó (sin pelos en la lengua) que en el caso de ser electo presidente, levantaría un “muro” en la frontera con Méjico y que además lo pagaría dicho país[5]. Después siguieron denuncias sobre el uso de armas, su destrato hacia las mujeres, su recurrente burla hacia personas con discapacidad y su posición respecto a la política inmigratoria.

En el caso de la política exterior, Trump mostró un claro mensaje. En primer lugar, hizo responsables tanto al presidente Obama como a Hillary Clinton sobre la expansión del ISIS y la crisis en Medio Oriente. Por otro lado, se mostró reacio a los procesos de integración económica y política, con especial énfasis en la conformación del NAFTA (lo llamó “el peor acuerdo de la historia”), los acuerdos Transpacífico y el sostenimiento de la OTAN[6].

Uno de los puntos que más se le criticó al candidato republicano, fue la supuesta ausencia de un plan económico sumado a su presunta impredecibilidad[7] [8].

Por último, recordemos que no fueron menores las críticas receptadas respecto a la evidente “irascibilidad” de Trump ante el intercambio en los debates[9] o en las redes sociales. Tanto es así, que el New York Times le dedicó una sección especial recopilando todos los insultos hacia “personas, lugares o cosas”[10].

PERO ENTONCES ¿POR QUÉ GANÓ TRUMP?

Curiosamente es el interrogante que más se repitió a lo largo y a lo ancho del mundo. Analistas, catedráticos y “opinólogos” por igual, siguen rastreando las razones de algo que parecía imposible. De la misma manera, surge cada vez con mayor fuerza, una potente crítica a las encuestas; a su fiabilidad y validez para analizar procesos electorales.

Lo real y concreto, es que los medios de comunicación también se hacen eco del mencionado interrogante. Muchos de esos medios (particularmente, los del país del norte y sus repetidoras asociadas) adoptaron una posición más que crítica ante la candidatura de Trump.

Pero ensayando una respuesta, es evidente que no hay una sola causa. Y aún si señalamos algunos puntos que consideramos relevantes, de seguro que quedan elementos por analizar.

En primer lugar, Donald Trump recibió apoyos masivos de los blancos de clase media y media baja, trabajadores de ciudades medianas y/o de las zonas rurales del centro del país. Tal es el contraste con la candidata demócrata, que Hillary triunfó en 31 de las 35 ciudades más pobladas. En este sentido, habría que pensar e inducir porqué el discurso anti-inmigración triunfó en los grupos mencionados.

En segundo lugar, es importante ver como Florida no se volcó de manera determinante a favor de Hillary Clinton como anunciaban algunas encuestas. Pero todos pasan por alto, que el voto “latino” o “hispano” no está constituido de manera homogénea, ya sea por origen y/o por pertenencia socio-económica. Para algunos tuvo mayor peso el acercamiento de la administración Obama con Cuba que el supuesto “racismo” de Trump y sus seguidores…

El tercer elemento, que el candidato republicano explotó con éxito, es el creciente rechazo a la clase dirigente, a una elite o casta alejada cada vez más de los ciudadanos. Por eso llegó como “outsider” y triunfó aún contra la estructura de su propio partido. El discurso anti-sistema (por lo menos, el vigente en el país del norte), característico de las exposiciones de campaña de Trump tuvieron su contracara en la candidatura de Bernie Sanders (socialista en el Partido Demócrata), que también señalaba el agotamiento de un modelo que beneficia exclusivamente a los ricos y poderosos.

Dos cuestiones a señalar en este punto: hubiera sido interesante ver una confrontación Sanders – Trump, pero el primero perdió en elecciones primarias con Clinton. Por otra parte, resulta llamativo observar que la ciudadanía se exprese contra la clase dirigente y vea en Trump un modelo de éxito. Millonario y empresario, que no paga impuestos y que se declaró a favor de recortar los gastos en el Sistema de Salud y que sin embargo, encontró masivos apoyos en las clases populares. Pareciera ser, que Trump se convirtió, en el portavoz de una supuesta renovación del mito del “sueño americano”. Queda por ver, si también ocupa el lugar de paladín de una nueva versión del “destino manifiesto”.

Finalmente, señalar algo que emerge como característica de los sistemas político-electorales contemporáneos. La discusión política adquiere elementos de la industria del entretenimiento: los debates entre candidatos, apuestas, “mercado” de encuestas; todo queda subsumido en un escenario donde los más aptos son los más preparados para el show. Por lo menos, eso demuestra en parte, la campaña mediática de ésta elección.

Quizás Trump lo supo desde el primer momento. Nada mejor para la política-espectáculo, que un showman cercano al público.

trump-3

SI, PERDIÓ HILLARY CLINTON ¿Y AHORA QUÉ?

El presidente electo ya fue catalogado como misógino, racista, agresivo e irascible. Al mismo tiempo, los opositores lo ubican como un claro exponente del “populismo” conservador. Sea cuales fueren las “etiquetas” elegidas para describir a Trump, lo importante a indagar ahora es cuál será el rumbo que tomará su administración a partir de su asunción oficial.

Igualmente, no parece el momento de expresar conclusiones determinantes, todo lo contrario. Es quizás el momento oportuno de pensar más interrogantes, particularmente por su incidencia en nuestra región, como por ejemplo: ¿cuál será el plan económico? ¿Cómo procederá ante los TLC y la política exterior? ¿Cuál será su estrategia militar y de defensa? ¿Cómo será su relación con Latinoamérica? ¿Y con Europa?

Por otra parte, aparecen otros interrogantes más ligados a la política interna, como por ejemplo: ¿cómo se reconfigurará el sistema de partidos en los Estados Unidos? ¿Hay espacio para el surgimiento de terceras fuerzas? ¿Cómo será su relación con el Partido Republicano y sus líderes?

Un nuevo tiempo parece estar comenzando, pero es aún temprano para saberlo.

 

 

[1] Ver http://www.bbc.com/mundo/noticias/2016/04/160413_economia_origen_fortuna_trump_lf.shtml

[2] Ver http://www.telam.com.ar/notas/201506/109114-donald-trump-candidatura-presidente-estados-unidos.html

[3] Ver http://www.realclearpolitics.com/epolls/latest_polls/

[4] Ver http://www.bbc.com/mundo/noticias/2016/03/160303_eeuu_elecciones_romney_republicanos_contra_trump_ep.shtml

[5] Ver http://verne.elpais.com/verne/2016/11/09/articulo/1478663733_305924.html

[6] Ver http://www.democracynow.org/es/2016/7/28/titulares/trump_threatens_to_abandon_nato_allies_if_countries_don_t_pay

[7] Ver http://expansion.mx/economia/2016/11/01/370-economistas-piden-no-votar-por-trump-aunque-clinton-tampoco-los-convence

[8] Ver http://www.lanacion.com.ar/1942434-los-economistas-afirman-que-hillary-garantizaria-un-mayor-crecimiento-economico-para-eeuu-y-el-mundo-que-trump

[9] Ver http://mixpolitico.com.ar/post/hillary-clinton-y-donald-trump-se-cruzaron-en-el-ultimo-debate-presidencial/

[10] Ver http://www.nytimes.com/interactive/2016/01/28/upshot/donald-trump-twitter-insults.html?_r=2