Marichuy, deja huella en la campaña presidencial mexicana

La candidata Marichuy no reunió las firmas necesarias para presentarse a las elecciones, pero dio impulso a la campaña de un movimiento indígena nuevo, que aspira a obtener representación política.

Marichuy

Mitin de Marichuy, Noviembre de 2017 (EneasMx/Wikimedia Commons)

>Por Laura Dowley

‘México lo tienen secuestrado desde arriba y se lo vamos a quitar junto con ustedes!’  dijo María de Jesús Patricio en un mitin político el 11 de Febrero. Sus seguidores llenaron la plaza del Palacio de Bellas Artes – un símbolo cultural en el corazón de la Ciudad de México- para escuchar a la mujer que esperan traiga consigo un cambio radical para la sociedad civil mexicana.

Marichuy, o Patricio como es comúnmente conocida, es una curandera indígena de Nagua, del estado de Jalisco al oeste de México. Fue nominada por el Congreso Nacional de Indígenas (CNI), una coalición de 58 grupos indígenas, para ser su portavoz en las campañas presidenciales de este año.

Aunque no tuvo éxito en reunir las firmas necesarias para presentarse a las elecciones, previstas para el día 1 de julio, el CNI matizó que no se detendrá: ‘ “Después de las elecciones de 2018 vienen muchas más, y vamos a seguir resistiendo”, aclaró la concejala Yamili Chan Dzul, del Yucatán, al  sur de México, en una comparecencia en Febrero: ‘Vamos a seguir caminando. Esta es una llamada para despertarnos la concienciahacia delante.’

Juntar las 866.593 firmas – que supone el 1% de la media de votantes registrados en cada estado- que los candidatos independientes necesitan para optar a la presidencia resultó problemático para el CNI.

A lo largo de su campaña en pos de la candidatura de Marichuy, el congreso argumentó que el mecanismo para reunir firmas es discriminatorio para las comunidades indígenas, lo cual constituye el núcleo de su apoyo electoral.

Las firmas se recogen mediante una aplicación del Instituto Nacional Electoral. Sin embargo, siendo esta recogida solo posible mediante aparatos con acceso a internet, muchos habitantes de estas comunidades indígenas ni siquiera están en posesión de teléfonos móviles. En México, los usuarios de internet son alrededor del 60% de la población, según datos del Banco Mundial.

Marichuy fue la primera mujer indígena en intentar postularse candidata a la presidencia, apoyada por el Ejercito Zapatista de Liberación Nacional (EZLN)

Este movimiento indígena, radical y de izquierdas, es famoso por haber llevado a cabo un levantamiento en el sur del país, que comenzó el 1 de Enero de 1994, día en el que el Tratado de Libre Comercio de Norteamérica (NAFTA) con los Estados Unidos y Canadá entró en vigor, argumentando que dicho acuerdo y el liberalismo económico que conllevaba tendría un impacto muy negativo en las comunidades indígenas del país.

En el escenario de Febrero, Marichuy fue flanqueada por cinco concejalas indígenas elegidas por sus comunidades para representarlas en el CNI. Esta formación, exclusivamente de mujeres, fue más que notable en un país en el que el sexismo está ampliamente extendido.

“Me agrada que (el CNI) haya designado a una mujer”, me dice Rosario, propietaria de un pequeño negocio en el Estado de México, justo a las afueras de Ciudad de México. Rosario comentó: “Estas comunidades saben que la mujer tiene una posición muy importante, y que tiene la capacidad de organización”.

La defensa de los derechos de las mujeres es una prioridad para el CNI: ‘Cuando una mujer se levanta y exige sus derechos, exige ser respetada, para ellos (el gobierno) es una amenaza y la desaparecen,” dice la concejala Guadalupe Vásquez Luna desde Chiapas, el estado más pobre de México: ‘Nos asesinan. Nos violan. Nos desaparecen’.

En el mitin que tuvo lugar en Febrero, hubo un sentimiento fuerte de orgullo indígena ya que cada una de las concejalas iba ataviada con las vestimentas típicas de sus comunidades e iniciaron los discursos en sus respectivas lenguas.

A diferencia de otros mítines a lo largo del país en los últimos meses, la mayoría de asistentes eran hispanoparlantes que no tenían ninguna raíz indígena. Sin embargo, como señal de respeto, aplaudieron a las ponentes cuando empezaron a hablar aunque no las entendiesen.

De acuerdo con las estadísticas gubernamentales, en México el 21,5% de la población se auto identifica como indígena. Muchas de estas comunidades estas profundamente insatisfechas con el actual sistema político y económico del país, y ven a las élites minoritarias del país como claras beneficiarias de ese sistema. Como respuesta, el CNI está proponiendo un nuevo sistema anti-capitalista.

El CNI acusa al sector privado de robar: ‘Las empresas internacionales nos están robando. Nos quitan nuestras tierras, nuestros bosques y nuestras minas’ dijo la concejala Reyna Cruz López en el mitin. Reyna es de Oaxaca, el estado con el segundo porcentaje más alto de gente viviendo bajo el umbral de la pobreza, después de Chiapas.

Un informe del 2017 de la oficina del Alto Comisionado para los Derechos Humanos de la ONU confirma las violaciones de derechos humanos en el contexto de proyectos de minería a gran escala, energía, construcción y promociones de turismo en México.

Este informe incluyó ejemplos de casos en los que el gobierno mexicano y compañías privadas no cumplieron con su obligación de asegurar la participación de comunidades indígenas en proyectos que les afectan. El informe menciona, por ejemplo, una orden de expropiación presentada a una comunidad indígena en el estado de México en 2012 para construir una autopista a lo largo de tierras ancestrales, sin que fuera llevada a cabo la preceptiva consulta previa a la comunidad.

Los defensores no indígenas del CNI comparten esta frustración frente al capitalismo: ‘No creemos que el capitalismo puede reformarse’, decía Gilberto López y Rivas, profesor de antropología en la Universidad Nacional Autónoma de México, quien también dijo, en el mitin de Febrero: ¡Queremos un cambio profundo!

El CNI se centra a menudo en el abuso de los derechos humanos sufrido por las comunidades indígenas. ‘Nos quitaron nuestra lengua. Nos quitaron nuestro traje. Nos quitan nuestras tierras’, dijo Vásquez, de Chiapas, a la multitud, ‘Pero yo ya no estoy dispuesta a ser humillada. Ya no estoy dispuesta a dejar que me quiten lo que es mío’.

También se refirió a la Masacre de Acteal de 1997, en la que perdió a nueve familiares. Tenía tan solo diez años cuando un grupo de paramilitares asaltó la iglesia local, asesinando a 45 indígenas tzotziles, miembros de un partido político pacifista.

La concejala Magdalena García Durán también habló de su experiencia personal. En 2006, fue una de las 207 personas arrestadas en el pueblo de San Salvador Atenco, a una hora al noreste de la Ciudad de México, durante un protesta contra la expropiación de tierras indígenas: ‘Nos pegaron, nos encarcelaron y nos fabricaron delitos’, le dijo a la muchedumbre que abarrotaba el mitin. García fue puesta en libertad 18 meses después, siguiendo un dictamen de la corte federal que sentenciaba la falta de evidencias que justificara su detención.

La Comisión Inter-Americana de Derechos Humanos encontró después, en relación con el caso de San Salvador Atenco, que el gobierno Mexicano fue responsable de detenciones ilegales y arbitrarias, también de no asegurar las garantías judiciales a los detenidos, así como de numerosos casos de tortura y de violación.

El CNI propone un gobierno con mayor participación ciudadana y que funcione no solo para las comunidades indígenas, sino para todos los mexicanos. ‘Anhelamos y pensamos que puede haber formas de construir el poder desde abajo. Un poder conjunto e inclusivo en donde quepan todos’, dice Marichuy.

Aida trabaja en proyectos de índole cultural con comunidades indígenas en Ciudad de México: ‘Lo que a mí me gusta es que no quieran llegar al poder para estar en la silla, quieren que se mueva la gente’.

La mayoría de comunidades indígenas vive en áreas rurales, pero las concejalas parecían dispuestas a hacerse notar entre las audiencias urbanas, insistiendo en la relación fundamental entre la ciudad y el campo. ‘Si los pueblos indígenas no siembran frijoles y maíz, el gobierno moriría de hambre’, afirma Francisca Álvarez Ortiz del Estado de México.

Víctor, un estudiante de filosofía de la Ciudad de México, asentía: ‘Las pueblos indígenas son los que nos alimentan’.

Pero el clamor de Álvarez oculta una verdad incómoda. En 2016, el 65% del consumo de maíz en México vino de importaciones, mayormente de los Estados Unidos, y la producción interna en México está dominada por dos grandes compañías: Gruma y Minsa.

Como bien predijeron los Zapatistas, los granjeros de pequeñas tierras han sufrido el resultado del NAFTA. Han sido incapaces de competir con las subsidiadas empresas productoras de maíz en Estados Unidos en términos de precios, y diez años después de la firma del acuerdo del NAFTA, las exportaciones de Estados Unidos hacia México han aumentado en un 323%.

La corrupción es otro asunto importante para el CNI. Transparencia Internacional, en su informe anual de 2017 que evalúa la percepción de la corrupción en 180 países diferentes, sitúa a México en el puesto número 45 con una puntuación idéntica a países como Laos, Papúa Nueva Guinea, Paraguay y Rusia.

‘Creemos que para cambiar el mundo no podemos ser tan corruptos como los demás, no como los políticos que pretenden representarnos’, dijo Juan Villoro, un conocido escritor y periodista que también habló en dicho mitin, junto a las concejalas

Mientras que las concejalas articularon exitosamente las discrepancias de las comunidades indígenas, el CNI no lanzó ninguna propuesta política, y sus campañas no han estado exentas de contratiempos.

Aunque Marichuy está ahora mismo fuera de la carrera hacia la presidencia, su campaña ha inspirado a todos sus defensores. ‘Hay un mensaje detrás de las firmas’, Aida me dijo ‘Aunque no figure en la papeleta electoral, nosotros, el pueblo, vamos a seguir organizándonos’.

 

DEMOCRACIA ABIERTA

Juego de sillas en el Gobierno estadounidense: Trump y el Deep State

Gabinete Estados Unidos

 

>Por Silvina M. Romano y Arantxa Tirado

En las últimas semanas, el Gobierno de Donald Trump ha cambiado de Secretario de Estado y amenaza con destituir al Consejero de Seguridad Nacional. Esto se suma a los numerosos cambios realizados desde inicio de la gestión, destacando: la renuncia previa del antecesor de McMaster, Michael Flynn (en el marco de la supuesta injerencia rusa en elecciones presidenciales estadounidenses); cambio del Jefe de Gabinete (Reince Priebus por John F. Kelly, que hasta entonces se desempeñaba como Secretario de Seguridad Nacional); la renuncia del Secretario de Salud, Tom Price; el reemplazo del Secretario de Estado Rex Tillerson por el exdirector de la CIA, Mike Pompeo; así como la destitución del Consejero principal del presidente -todavía sin candidato o candidata a sustituirlo- Steve Bannon.

La rotación en el equipo de Trump, tanto en lo que algunos analistas llaman el “Equipo A” del presidente (miembros de su oficina ejecutiva, su círculo más cercano), como en el gabinete, seguida en detalle por los analistas. Se informa que, sólo en el primer año de mandato, Donald Trump atesora unas tasas de rotación dentro de su “Equipo A” del 34 % (frente al 9 % de Barack Obama para el mismo periodo o el 6 % de George W. Bush).[1] En lo que respecta al gabinete, han salido en su primer año tres miembros, cifra que contrasta con las 0 salidas de sus predecesores. Algunos lo califican como el gabinete “menos estable” en su primer año de gobierno desde 1977,[2] generando “preocupación” y voces de alerta ante esta característica (¿hábito?) del gobierno de Trump. Hay quienes advierten que se trata de un resultado de la conducta impulsiva y cambiante, sumado a su ineptitud.[3] Otros consideran que Trump se ha ido deshaciendo de todos los que no aguantaron su “volatilidad” y que no concuerdan con el presidente en diversos temas, de modo que el mandatario estaría procurando rodearse de gente que “piense como él y que apoyen todo lo que él proponga”.[4]

El cambio más sugerente es, sin duda, el de Rex Tillerson por Mike Pompeo. Esto se da en el marco de las tensiones y estrategias de negociación con Corea del Norte (presión para su desnuclearización) e Irán, y en el contexto de las denuncias de intervención rusa en las elecciones presidenciales de 2016.[5] La prensa hegemónica reproduce la siguiente interpretación: “El nuevo cambio efectuado en el gabinete de Donald Trump llega en un momento de profunda crisis en el Departamento de Estado. Este cuenta con miembros que fueron entrenados para apostarle a la diplomacia y los consensos, por encima de los acuerdos arbitrarios y retóricas incendiarias”.[6]

Esta afirmación, podría ser extendida al vínculo de la Casa Blanca con el resto de las agencias del Gobierno, y abre el interrogante de hasta qué punto este nuevo presidente (inepto, volátil e impulsivo, según lo califican los especialistas) está desafiando a parte del establishment, que lo vería como un “obstáculo” para objetivos de mediano plazo previamente pautados, en particular los de política exterior. Parece que Trump busca imponerse y que se niega a seguir ciertos libretos preestablecidos, despertando cada vez más preocupación entre un sector del establishment (que percibe que Trump será difícil de “controlar”) entre el que se encuentra el “Deep State” burocrático de Washington. Una curiosidad es que tensiones similares experimento John F. Kennedy frente al establishment (en particular con el FBI), aunque en un contexto muy diferente y por convicciones probablemente opuestas a las atesoradas por Trump.

Además, debe recordarse que desde su asunción como presidente, Trump fue acusado de incapacidad mental, de complotar con Rusia para ganar elecciones, de censurar a la prensa, etc. Estas acusaciones han allanado el camino para eventualmente solicitar un impeachment. La reciente denuncia sobre el vínculo entre Cambridge Analítica-Facebook, que participó en la campaña presidencial de Trump[7], se suma a este escenario y desencadena un nuevo escándalo que podría añadirse como argumento para el juicio político.

Pero la injerencia rusa es hasta ahora el problema más incómodo para la gestión Trump. En efecto, tal vez uno de los próximos destituidos sea McMaster, Consejero de Seguridad Nacional, que recientemente acusó al Gobierno ruso de haber iniciado una campaña de “desinformación, subversión y espionaje”.[8] Unas declaraciones realizadas frente a altos funcionarios de seguridad rusos justo unas horas después de que el Departamento del Tesoro anunciara la sanción a tres entidades y trece ciudadanos rusos por supuestos ciberataques en las elecciones.[9] Trump, que niega esta injerencia[10] y desde el inicio adujo que se trató de una serie de noticias falsas para deslegitimar su campaña y triunfo, publicó en su cuenta de Twitter el mes pasado: “El general McMaster olvidó decir que los resultados de las elecciones de 2016 no fueron afectados o modificados por los rusos y que la única colusión fue entre Rusia y Crooked Hillary, el DNC y los demócratas”.[11] Con ello sacaba a la luz pública las diferencias existentes entre el Consejero de Seguridad Nacional y el presidente en un asunto que compromete nada más y nada menos que la soberanía nacional del país.

Pero el affaire con los rusos parece tener un alcance aún mayor. El fiscal Robert Mueller, uno de los que está a cargo de la investigación, en lugar de encontrar información que comprobara un complot entre Rusia y Trump para derrotar a Hillary, destapó en febrero pasado la existencia de una fábrica rusa de fake news. Acusó a ciudadanos y empresas rusas de interferir en las elecciones de 2016, ocupados en una “intensa campaña de intoxicación política en EE. UU.” una “guerra de información” encaminada a generar “desconfianza hacia los candidatos y el sistema político en general.[12] De este modo, las limitaciones de la democracia liberal de EE. UU., cuestionada por su escasa representatividad en términos procedimentales, las dudas sobre el modo en que se financian campañas electorales millonarias y las críticas sobre las élites que se sostienen en la cúpula del sistema político-empresarial de EE. UU., son dejadas de lado en virtud de una amenaza “externa”. Mientras se habla de la “injerencia rusa” y de la “inestabilidad mental” del presidente, se relega a un segundo plano un análisis serio sobre los cambios y continuidades en la sociedad estadounidense, que han derivado en que un personaje como Donald Trump haya podido conectar con millones de ciudadanos que no han encontrado una mejor manera de canalizar su descontento que votando al candidato aparentemente outsider.

El juego de sillas en la administración Trump apunta a una pugna soterrada por el control del Estado que parece librarse entre el presidente, secundado por su círculo menguante de incondicionales, y una mayoría aparente del “Deep State” que teme perder la última palabra sobre “cómo y cuándo se hacen las cosas”. En esta batalla, será crucial estar atento a las voluntades que logren imponerse, pues implicará (o no) la redefinición de la política exterior, con consecuencias importantes para América Latina.

 

[1] https://www.brookings.edu/research/tracking-turnover-in-the-trump-administration/

[2] https://fivethirtyeight.com/features/the-incredibly-and-historically-unstable-first-year-of-trumps-cabinet/

[3] https://rantt.com/donald-trump-is-unstable-and-he-could-be-removed-from-office-129f5c3ef1e0

[4] https://www.unotv.com/noticias/portal/internacional/detalle/donald-trump-bromea-sobre-los-cambios-en-su-gabinete-904644/

[5] https://latinamericanpost.com/index.php/es/politica/20152-estados-unidos–que-significa-el-cambio-en-el-departamento-de-estado?

[6] https://latinamericanpost.com/index.php/es/politica/20152-estados-unidos–que-significa-el-cambio-en-el-departamento-de-estado?

[7] https://www.cnet.com/es/noticias/facebook-cambridge-analytica-trump-lo-que-debes-saber/

[8] https://www.nytimes.com/2018/02/17/world/europe/russia-meddling-mcmaster.html

[9] https://translations.state.gov/2018/03/15/el-tesoro-sanciona-a-los-ciber-actores-rusos-por-la-interferencia-con-las-elecciones-estadounidenses-de-2016-y-los-ciberataques-maliciosos/?utm_medium=email&utm_source=govdelivery

[10] https://www.efe.com/efe/usa/portada/putin-y-trump-niegan-injerencia-rusa-en-ee-uu-abogan-por-mejorar-las-relaciones/50000064-3435274

[11] https://mundohispanico.com/noticias/trump-continua-con-cambios-en-su-gabinete-y-sustituira-a-h-r-mcmaster-como-asesor-de-seguridad-nacional

[12] https://elpais.com/internacional/2018/02/16/estados_unidos/1518805614_412828.html

 

CELAG

Donald Trump y América Latina: La relación ignorada

La presidencia de Donald Trump y América Latina en 2017

Hace unas semanas, Donald Trump cumplió un año en la Casa Blanca. Si bien la política exterior y la línea discursiva del presidente Trump en 2017 se concentraron en Corea del Norte, Rusia, China, Irán y México, resulta imprescindible analizar cuál fue la relación de la Casa Blanca con América Latina y cuáles serán las repercusiones de la presidencia Trump para la región.

Trump y America Latina

>Por Carlos Galina

La esfera internacional y el papel de Trump

Frente al desinterés de George W. Bush en la región —consecuencia de su prioridad hacia la guerra contra el terrorismo— y la tensión remanente de la Guerra Fría que limitó el campo de acción de las administraciones anteriores, la presidencia de Barack Obama (2008-2016) marcó un reinicio de las relaciones entre Estados Unidos y América Latina. Durante su presidencia se logró reestablecer la relación entre Cuba y Estados Unidos, mantener una línea de comunicación con Venezuela, apoyar la consolidación democrática y la lucha contra la corrupción en la región e incluir a ciertos países en uno de los tratados comerciales más ambiciosos de nuestra era, el Tratado Transpacífico (TPP). A pesar de las controversias entre el Obama y Hugo Chávez y el rechazo de ciertos líderes latinoamericanos a la presencia norteamericana, el presidente estadounidense cimentó las bases para una política exterior exitosa con América Latina. Sin embargo, el simple hecho de que esta estrategia haya sido adoptada durante la administración de Obama fue suficiente para que la administración de Trump decidiera no darle prioridad.

En agosto de 2017, Mike Pence, el vicepresidente de Estados Unidos, visitó Colombia, Chile, Argentina y Panamá. Si bien muchos esperaban que esta visita marcara la línea que la administración republicana establecería con América Latina, esto nunca sucedió. En cada país, Pence remarcó el interés de Estados Unidos en mantener a la región como un líder comercial, pero pronto —frente a un tuit del presidente Trump sugiriendo una invasión a Venezuela— el vicepresidente tuvo que cambiar el discurso y destinar la mayor parte de su gira a minimizar la declaración de Trump. La gira solo evidenció que hasta ese momento la administración estadounidense no contaba con una política clara hacia América Latina, situación que continuó hasta el fin de año. Sumado a esto, encuesta tras encuesta se puede observar una caída sustancial en la percepción positiva de los ciudadanos latinoamericanos hacia Estados Unidos, donde solo un 16% aprueba el papel del presidente Trump.

China ha sido el país que más se ha beneficiado del desinterés de Estados Unidos en la región. La línea discursiva del presidente estadounidense en 2017 se caracterizó por una visión proteccionista en el área comercial. La línea fue remarcada con la salida de Estados Unidos del TPP. Así, China ha encontrado una oportunidad única para fortalecer alianzas comerciales y tratados dentro de la región haciendo a un lado a Estados Unidos. Desde 2009 China incrementó su interés hacia América Latina: la nación asiática es el principal socio comercial en muchos países de la región y sus bancos de desarrollo han dotado de un financiamiento sustancial en los últimos años a diversos proyectos de infraestructura. Frente al abandono de la administración estadounidense, China ha llegado a ocupar los espacios vacíos en la agenda latinoamericana. El poder económico estadounidense en la región desempeñaba hasta hace poco un papel de garante en temas de protección a derechos humanos y democracia, donde Estados Unidos utilizaba este poder blando para coordinar estrategias y apoyos en foros multilaterales. La alianza económica de la región latinoamericana con China podría representar un cambio en este sentido. China podría empezar a ser el país que cuente con un apoyo incondicional en el escenario multilateral.

Trump y América Latina

Si bien América Latina como región no formó parte de la agenda de la administración estadounidense en 2017, Argentina sí logró posicionarse en el radar norteamericano. La visita del presidente Macri a la Casa Blanca —después de sus declaraciones a favor de Hillary Clinton— marcó un acierto en la política exterior argentina. Poco después de la visita, el presidente Trump levantó una prohibición a la importación de limones argentinos. Así, el presidente argentino encontró la forma de acercarse al presidente y caer en su gracia.

En contraste con el acercamiento con Argentina, este año la relación entre Estados Unidos y Colombia estuvo en riesgo dadas las amenazas del presidente Trump de retirar la ayuda de su país hacia la nación latinoamericana. De la misma forma, tras los avances pasados en la relación con Cuba, el presidente Trump restituyó algunas de las restricciones de viaje y retiró a la mayor parte de su cuerpo diplomático de la isla. Si bien muchos esperaban que las acciones del presidente Trump hacia Cuba fueran más contundentes —dado que el electorado cubano-estadounidense fue crucial para su victoria presidencial—, la realidad es que después de estas gestiones la Casa Blanca limitó sus declaraciones hacia el país caribeño.

En 2017, Trump destinó la mayor parte de su interés hacia América Latina a la situación en Venezuela, llegando a sugerir una eventual intervención militar. Del caso venezolano es importante recalcar la línea discursiva de Nicolás Maduro hacia la administración Trump. A pesar de que se esperaba que la tensión entre los presidentes de ambos países incrementara durante el año, esto nunca sucedió. La relación entre Estados Unidos y Venezuela se encontró en un punto crítico cuando la Casa Blanca condenó la situación en Venezuela y recibió a Lilia Tintori, esposa del político encarcelado Leopoldo López. Sin embargo, después de una serie de declaraciones de ambos bandos, el acto no trascendió como se habría esperado. La realidad es que el presidente venezolano parece haber entendido la forma de operar de la presidencia de Trump, una administración que se caracteriza por muchas declaraciones y pocas acciones, y ha encontrado en esta desorganización una ventana de oportunidad para respaldar su propia presidencia. La insistencia de Donald Trump en mantener los niveles de compra del petróleo—bajo el argumento de que Estados Unidos no quiere afectar a los ciudadanos venezolanos— ha servido para que, frente a la falta de liderazgos fuertes en América Latina, Maduro consolide aún más su mandato. Las elecciones de este año serán una prueba crucial para la relación entre Trump y Venezuela, y será interesante ver la posición que Maduro adoptará en los siguientes meses.

Una lección importante del año 2017 es que, a diferencia de su postura ante otros países y regiones, América Latina sigue siendo una región a la que Trump no presta demasiada atención. El menosprecio hacia la región puede ser explicado por una falta de interés de sus votantes hacia América Latina, lo cual bajo la lógica del presidente convierte a la política exterior hacia esta región en un tema poco redituable electoralmente. También podría explicarse por la obsesión del presidente con México y Centroamérica. Llama la atención que, en los temas prioritarios como migración, comercio y seguridad, el backyard ha sido reducido a México y Centroamérica.

2018: ¿el surgimiento de interés hacia América Latina?

Frente a todo lo sucedido en la Casa Blanca durante 2017, varios jefes de Estado latinoamericanos adoptaron una postura de «dejar pasar» e intentaron no reaccionar ante los tuits y controversias del presidente estadounidense. 2017 hizo evidente que Trump mantiene una visión proteccionista y no está en su interés apoyar acuerdos comerciales multilaterales. Con esto en mente, los países latinoamericanos se encuentran en una encrucijada para encontrar el balance entre buscar nuevos acuerdos bilaterales con Estados Unidos o comenzar a diversificar sus mercados y apostarle a la región asiática.

La estrategia de América Latina para la relación con Estados Unidos debe enfocarse al acercamiento institucional, una lección que aprendieron con mucho esfuerzo Colombia y México y que aun así tuvo altibajos el año pasado. Frente al aislacionismo de Estados Unidos, surge un área de oportunidad para reunificar a la región latinoamericana y consolidar su papel en los foros internacionales. La Alianza del Pacífico y la propuesta de reinicio del TPP presentan circunstancias únicas para fortalecer las economías de la región y protegerse de la volatilidad de la presidencia estadounidense.

Hasta ahora América Latina como región no es prioritaria para la administración de Trump y es poco probable que esta situación cambie. Las elecciones de 2018 en siete países podrían cambiar el statu quo tanto por la retórica que podrían adoptar ciertas campañas como por las personas que eventualmente ocuparán el poder dentro de la región. La carrera presidencial estadounidense de 2016 marcó nuevas formas dentro de la política. Estas nuevas formas podrían trasladarse a las campañas latinoamericanas y el desdén del presidente Trump hacia las instituciones y la democracia podría influir en el surgimiento de nuevos actores con posturas similares dentro de América Latina.

En unos días el secretario de Estado estadounidense, Rex Tillerson, visitará Argentina, Perú y Colombia. Su visita podría representar el primer desvelamiento de una línea coherente de política exterior hacia América Latina. Sin embargo, los temas que estarán en la agenda local estadounidense —como una posible reforma migratoria— ponen en riesgo el impacto de la visita. Frente a los inminentes procesos electorales y los temas cruciales que enmarcarán las contiendas en cada país de América Latina, es poco probable que las relaciones con Estados Unidos mejoren o empeoren en los siguientes meses. No obstante, en un mundo de inestabilidad e incertidumbre como el que presenciamos en 2017, a veces el impasse es la mejor carta que los actores internacionales pueden jugar.

 

 

NUEVA SOCIEDAD

Después de las PASO: ¿El fin del “voto con el bolsillo”?

En las primarias (PASO), ¿hubo acuerdo con un relato macrista del mérito individual y el futuro, o intención de dar tiempo a cambios de fondo?

PASO

Ilustración: DECUR

 

>Por Raquel San Martín

pesar de la contundencia de los números, y de sus efectos concretos sobre las instituciones políticas, los resultados electorales siempre reservan una parte de enigma. Ninguna tecnología de auscultación de la sociedad puede captar, en su corrección total, por qué alguien vota como lo hace. Los resultados de las PASO del 13 pasado llevaron ese rasgo de misterio casi a un extremo: el apoyo al gobierno de Cambiemos en las urnas está desembocando en estos días -con alegría o con desazón, según quién lo mire- en una pregunta central: ¿por qué los ciudadanos apoyaron de manera mayoritaria a un gobierno si no ven mejoras concretas aún, o no tantas como las prometidas, en su economía y su bienestar? ¿Será que existe, en algún sector de votantes, al menos, la sensación de que los cambios de fondo llevan tiempo, y están entonces dispuestos a renovar un voto de confianza, aunque sea de corto plazo? En todo caso, ¿con qué otros elementos habría que reemplazar el “voto con el bolsillo” que es casi lugar común?

Para los analistas -que a coro recomiendan cautela cuando se analizan resultados de una elección primaria en la dinámica Argentina-, es como siempre una combinación de factores la que puede explicar la esperanza sin (o con poco) asidero material: ecos de una narrativa macrista que sigue apostando a la polarización con el pasado kirchnerista y el fantasma de su regreso; una memoria, en ciertos sectores de clase media baja, de las dificultades recurrentes de la Argentina, entre quienes cae bien la exaltación del progreso individual que tiene el relato de Cambiemos, y hasta un voto que mira más al futuro y a sus posibilidades que a la historia. En otras palabras, el gobierno parece haber jugado con sus armas en un terreno, el del relato y la batalla por los significados, en el que el kirchnerismo solía moverse más cómodo.

Aunque las advertencias de los expertos se concentran sobre todo en esperar a las elecciones de octubre, y más aún a las de 2019, para saber si las tendencias que se adivinan cristalizan en procesos más duraderos, también subrayan la contracara: los resultados de las PASO prolongan un proceso de fragmentación partidaria que tiene años, mientras la novedad se cocina lentamente en el campo más difícil de sondear de los valores, las percepciones y los ideales. Y en ese subsuelo colectivo se acomodan, en una convivencia tensa cuya forma final no terminamos aún de ver, la democracia, el republicanismo, la igualdad y el Estado amplio como centro de la vida política.

“La fortaleza electoral del Gobierno está sostenida en tres pilares. Uno es la polarización, que acelera la intensidad emocional de la discusión política. Con ella se vincula el segundo: un clivaje asimétrico que el Gobierno gestiona, en el que los sentimientos antimacristas y antikirchneristas están escorados en favor del segundo. La presencia de Cristina Kirchner convalidó esa estrategia del Gobierno, que de alguna manera buscó actualizar el 2015: está culturalmente vigente la amenaza del retorno del populismo, un proceso que habría que volver irreversible con el voto. Y el tercero es la política de las intenciones. Frente a la eficacia soberbia del kirchnerismo, Cambiemos es el error virtuoso. Eso está encarnado especialmente en María Eugenia Vidal, a quien el electorado le reconoce básicamente intenciones y no tanto logros”, apunta Ignacio Ramírez, sociólogo y director del Posgrado en Opinión Pública de Flacso.

De la memoria a la espera

No convendría buscar tantas respuestas, o no hacerlo solamente, en el Metrobús o la obra pública. El “gobierno de los CEO” parece gestionar con habilidad, en realidad, el discurso y las aspiraciones de los votantes. “Si hay gente que no mejoró, e incluso empeoró su vida cotidiana, e igual vota al Gobierno es porque evalúa que el Gobierno administra una herencia, que es responsable pero no el único de este presente. Tal vez se combine en sectores medio-bajos que ya se habían dejado de sentir parte de la audiencia kirchnerista y creen que el gobierno se va a ocupar de sus problemas”, apunta Martín Rodríguez, escritor, analista político y editor de Panamá Revista, quien descree de la disposición de parte del electorado a no comprar satisfacción inmediata y diferir sus expectativas en el tiempo.

“Eso presupone creer que la gente vota al Gobierno porque está siendo educada en el sacrificio del presente para el fruto del futuro. Es la típica lección zonza del liberalismo versus el populismo: uno te promete futuro a costa del presente, el otro te da presente a costa del futuro. Ninguna de las dos cosas funciona así. Hoy no hay una decisión de sacrificio en el voto a Cambiemos -apunta Rodríguez-. No hay una ética. Lo que hay, en los que lo votan y aún no reciben beneficios, es una memoria más o menos sensata que sabe que la Argentina nunca es ni fue fácil. Es una clase media baja que vive bajo el imperio del «a mí nadie me regala nada, toda la vida laburé». Tal vez el sesgo meritocrático del discurso del Gobierno tiene eco en ellos. Son los que creen en el progreso individual, en que progresar es sacarse de encima al Estado. El Gobierno intenta enunciar la moral del mercado. Ahora bien: ese voto así como viene se va. Cristina lo vivió en carne propia. Tiene que haber condiciones para esos «éxitos individuales»”.

Para el politólogo Julio Burdman, el segmento de votantes más dispuesto a extender un voto de confianza algobierno “fue determinante en esta elección”, aunque no cree “que se trate de un segmento numeroso”: “El núcleo duro de Cambiemos está en votantes de clase media y media alta que se identifican con Macri y apuestan a él. Hay un voto con componentes identitarios. No obstante, también hay una franja que está por debajo de la clase media, que sintió los aumentos, que está disconforme con la situación económica, que tiene problemas para llegar a fin de mes, pero que no quiere votar al peronismo. Ese sector, al que habitualmente se denomina ‘aspiracional’, quiere creer en Cambiemos, y le dio su voto de confianza en agosto. Pero no es un apoyo que Macri y Vidal deban dar por descontado: si la economía no termina de arrancar, serán los primeros en cambiar de opinión.”

El “discurso de mérito y orden” del gobierno, como señala Ignacio Ramírez, puede resonar en ciertos sectores sociales, pero en otros tiene implicancias distintas. “En cuanto a las demandas de satisfacción inmediata, ¿cuáles son los sectores en la Argentina más ansiosos a la hora de relacionarse de cualquier modo que sea con la política? No creo que sean los más carenciados -dice Vicente Palermo, politólogo y presidente del Club Político Argentino-. Al contrario, más ansiosos somos cuanto más arriba estamos en la pirámide. ¿De qué me sirve la ansiedad si mis padres viven en un barrio sin agua corriente desde antes de que mis hermanos mayores nacieran? Si los peronismos pierden cierta capacidad de movilización administrada se va a hacer más evidente que los sectores más pobres esperan porque no les queda otro remedio.”

La percepción del tiempo, entonces, puede ser un elemento clave para sumar al análisis. En 2015, una investigación sobre patrones de corte de boleta y reelección de intendentes en la provincia de Buenos Aires encontró que el voto puede inspirarse tanto en juicios retrospectivos (lo que un candidato hizo, pensando en que siga haciendo eso) o prospectivos (lo que potencialmente puede hacer). “Tomar decisiones políticas es difícil, por eso la gente usa atajos cognitivos para pensar qué va a privilegiar en su voto -explica Lorena Moscovich, politóloga y profesora de la Universidad de San Andrés, coautora de esa investigación-. En esa elección encontramos que la edad de los candidatos (en promedio los intendentes que ganaron eran 12 años menores que sus antecesores) y la cercanía en el tiempo (lo más fresco en la memoria, para bien o para mal, tiene más impacto) fueron atajos para decidir el voto. En estas PASO creo que primó un voto prospectivo. Pero no sé si eso supone que la gente esté dispuesta a postergar deseos o asumir sacrificios”, aclara.

Justamente en ese punto se detienen los análisis. “No me parece seguro todavía hablar de adhesión al Gobierno en todos los casos, que es algo muy diferente al que meramente aprueba. Tal vez ese campo de la adhesión se haya ensanchado, pero no podemos saberlo todavía. Y hay adhesiones que son aparentes: la que despierta Elisa Carrió, por ejemplo, es una adhesión fácil, porque a mucha gente le encanta embarcarse en catarsis morales, aunque Carrió es un personaje más complejo que eso. Esas adhesiones no necesariamente se convierten en cemento de experiencias duraderas”, dice Palermo.

Existe, por ahora, como dice Ramírez, “una inercia de la ilusión”. “El voto de Cambiemos no es un voto eufórico, no es un voto agradecido. Esa ilusión todavía no empezó a transitar una pendiente descendente. Sigue todavía la expectativa de estar comenzando una nueva etapa”.

El asombro porque un votante mantenga su simpatía por un político “a pesar de las noticias” es, según Burdman, la señal de que estamos pasando por alto que la politización, transformada, subsiste. “A fines del siglo XX creímos o quisimos creer que la identidad partidaria había muerto. Pero en otras épocas no hubiéramos hecho esa pregunta con tanto estupor: el conservador, el socialista, el radical o el peronista no iban a abandonar su identidad sólo porque un dirigente robó o gestionó mal. La identidad estaba más allá de eso -dice Burdman-. Hoy pasa algo similar, en menor escala. No hay mayorías politizadas pero sí minorías intensas. En nuestro país, tanto el kirchnerismo como el cambiemismo entran en esa categoría. El cambiemita antikirchnerista y el kirchnerista antimacrista están movilizados y dispuestos a bancar a sus dirigentes más allá de un mal año económico, alguna denuncia judicializada o la crítica periodística.”

Relatos en conflicto

Allí donde los sentidos se configuran, en el terreno de las percepciones, las emociones y las expectativas, ¿hay indicios de cambio?

Una investigación sobre la cultura política de los argentinos, realizada en 2015 y 2016 por Ibarómetro y Flacso, puede iluminar alguna respuesta. En 2015, el 55% de los argentinos consideraba que el gobierno nacional (en ese momento, de Cristina Kirchner) era el actor más poderoso de la escena política; en 2016, sólo el 22,9% de los argentinos pensaba que el Gobierno (ahora de Mauricio Macri) era el que tenía más autoridad. Los investigadores señalaron entonces que el dato reflejaba un cambio de narrativa, el tránsito entre dos lenguajes distintos: “Épica de la decisión frente a racionalidad de la solución. La vida pública, en la retórica kirchnerista de gobierno, aparecía como un campo de batalla surcado más por intereses que por emociones e inevitablemente conflictivo. En la representación macrista, la esfera pública es un territorio de actitudes e intenciones, donde los conflictos son vestigios de mentalidades antiguas.” Como escribió recientemente Pablo Semán enPanamá Revista, “a la luz del antikirchnerismo se relee la historia, la economía y el sentido del futuro”.

Dice Palermo: “Un fenómeno inédito que podemos observar desde 2015 es que hay una centroderecha capaz de ganar elecciones, aunque sea dudosa la calificación de centroderecha, de identificaciones duraderas y hasta de un partido. En busca de cambios culturales, podemos decir que esta es la coalición de élite menos antimercado que nos ha gobernado desde los años 80, pero querer ver una coalición socioelectoral promercado tal vez sea un poco prematuro. Mejor que seguir gastando los lugares comunes sería asumir que estamos metidos en un magma sociocultural que no es muy generoso para dejarnos ver sus formas. La democracia, o los derechos humanos, han sido valores centrales desde los años 80, pero los modos en que se han articulado o podrían articularse, con otros componentes de nuestra cultura política, como el liberalismo o el republicanismo, hacen toda la diferencia a largo plazo.”

Burdman señala dos cambios en ese sentido: la consolidación del espacio Cambiemos y el lanzamiento de Unidad Ciudadana sobre lo que fue el kirchnerismo. Ambos espacios pretenden ocupar el lugar que antes ocupaban las culturas radical y peronista, aunque con estilos y metodologías más acordes con los tiempos que corren: comunicación horizontal, discurso centralizado, estrategias planificadas -dice-. Las etiquetas partidarias están recobrando influencia, aunque con nuevos modos. Por lo menos, a partir de la identificación de los votantes, que no se afilian como sus abuelos, pero discuten de política con vehemencia.”

Para no encontrar novedades a cada paso, es necesario incluir en el análisis el apoyo a la oposición en sus distintas formas -incluidos el peronismo en sus distintas variantes, entre ellas el kirchnerismo- en las PASO. “El PJ y el kirchnerismo tienen un respaldo importante. La cultura política argentina con centro de gravedad en el Estado activo y la igualdad son rasgos que no han sido desplazados y hay votantes que buscan alternativas políticas con olor a esos valores”, dice Ramírez. “Las experiencias políticas que tuvieron un comportamiento zigzagueante han tenido un desempeño negativo: pienso en Massa, Schiaretti o Lousteau. El electorado necesita una economía de mensajes más clara.”

“Creo que la relativa sorpresa del triunfo de Cambiemos -que una parte propia y ajena a ellos mismos de la clase política no termina de asimilar- va en línea con la segmentación del voto que se vino dando desde 2013. Cristina hizo estallar su 54% porque no lo entendió. El peronismo está en una transición donde nadie está descartado del todo, porque a nadie le alcanza con lo que tiene -dice Rodríguez-. Y no veo que en la política y la sociedad argentina se resigne algo que tuvo histórica vitalidad: que una parte se organice en torno a la igualdad.”

En común tenemos, quizás, una vitalidad democrática para subrayar. “Hubo cierto voluntarismo del macrismo de cuestionar la legitimidad de las PASO, pero las elecciones mostraron una participación estable. Muchos países están discutiendo la participación, algo que no se da en la Argentina, y eso es para destacar. Es un dato de salud cívica. Y también tiene que ver con la polarización, que pone contrastes y le da sentido a elegir. En Argentina están a la vista los contrastes ideológicos, el conflicto y eso le da atractivo a la contienda electoral”, dice Ramírez. Por eso, poner en duda la transparencia del acto electoral o utilizarlo como otro momento de campaña, implica un riesgo alto.

Los imaginarios se construyen siempre en tensión: igualdad, Estado, democracia, liberalismo, institucionalidad republicana, el pueblo y la gente, la inclusión y el desarrollo individual. También, los sentidos, las expectativas y las experiencias. En ese delicado ajedrez va tomando forma la cultura política que viene.

 

LN

Opinión: La Cancillería Argentina cambia

Argentina

>Por Maximiliano König* exclusivo para MIX POLÍTICO

Susana Malcorra, presentó  su renuncia como canciller y será reemplazada por el actual embajador en Francia, Jorge Marcelo Faurie. La funcionaria alude razones personales como causas de su alejamiento. Su gestión que concluye el 12 de Junio próximo, y sintéticamente apuntó a dejar atrás una política exterior signada durante 12 años por la impronta kirchnerista, dominada por un sesgo “aislacionista”. Su reemplazo, tiene como objetivo continuar y optimizar el funcionamiento del servicio exterior y consolidar la reinserción en el mundo.

La funcionaria saliente manifestó que continuará trabajando desde Madrid (ciudad donde tiene su familia y donde reside desde hace unos años) como una especie de “asesora” con vinculación con su sucesor. En cuanto a su gestión, Malcorra destacó lo que fue su gestión bajo las órdenes de Mauricio Macri. “Yo siempre trato de volver a las bases, que son los famosos tres objetivos del Presidente: el primero es la eliminación de la pobreza, que es un objetivo aspiracional: todos los gobiernos deberían buscar eliminar la pobreza; además le puso un sesgo muy fuerte en lo económico a la Cancillería. El segundo, la lucha contra el narcotráfico, que nos inserta en la cuestión del terrorismo, no en la primera línea, pero sí en el financiamiento, es decir, el narco lavado [de dinero]. Y el tercero, la unión de los argentinos”, dijo. “Esto fue fundamental, fueron los ejes que marcaron nuestro trabajo”.

Susana Malcorra y Jorge Faurie, en Cancillería. (DyN)

Susana Malcorra y Jorge Faurie, en Cancillería. (DyN)

La reemplazara Jorge Faurie, un diplomático de larga carrera, aunque sin un perfil destacado en lo que concierne a administración pública. El embajador en Francia, llegará a la conducción de la Cancillería gracias a su extensa trayectoria, su reconocimiento de Europa y su buena vinculación con el jefe de Gabinete, Marcos Peña. Dentro de sus retos a cumplir en política internacional, el futuro canciller deberá optimizar el funcionamiento de nuestro servicio exterior. Dentro de sus políticas de gestión en el ámbito internacional, podemos mencionar ciertos cambios de gestión en oposición con el gobierno saliente.

Hubo cambios vinculados con la política hacia Venezuela. En su momento, Malcorra advirtió sobre la situación de Venezuela: “La preocupación de la gente en la calle, del crecimiento de la violencia y de que esto derive en una cosa que uno no quiere nombrar y que sea una cosa extrema entre civiles, es algo que nos está quitando el sueño a todos y por lo cual estamos ocupándonos y preocupándonos continuamente”, manifestó.

Asimismo, aseguró que el Gobierno nacional no quiere que haya una situación destituyente ni que el presidente Nicolás Maduro, sea destituido. Constantemente bregó por un acuerdo entre Maduro y la oposición, conformando un canal de mediación con objetivos concisos y compromisos en común para poder avanzar. Igualmente, en cuanto a la próxima reunión de la Organización de los Estados Americanos (OEA), la canciller saliente dijo que la posición de su país sobre Venezuela se mantendrá igual en la última reunión de este miércoles. “La posición va a ser la misma, vamos a llevar (a la OEA) la posición de acelerar proceso de acuerdo al cronograma electoral”, dijo Malcorra durante una conferencia de prensa. Ese proceso, debe incluir un cronograma electoral “que incluya” las elecciones presidenciales, “separación de poderes según la Constitución y la liberación de presos como condición básica” para el diálogo entre el Gobierno y la oposición. Por último, no se cansó de cuestionar públicamente las violaciones de los derechos humanos por parte del autoritario régimen de Nicolás Maduro.

Otros de los frentes que enfrentó Susana Malcorra fue su posición oscilante en su relación con los Estados Unidos. Su anticipado apoyo a la ex candidata presidencial de los Estados Unidos Hillary Clinton a través de las redes sociales le jugó una mala pasada una vez conocidos los resultados electorales en el país del norte. Con respecto a la asunción de Donald Trump, la mandataria argentina se expresó en el foro de Davos realizado en Suiza a comienzos de año donde manifestó: “Con Obama planteamos una agenda ambiciosa que no íbamos a poder cumplir en un año. Debemos reconfirmar el interés de la nueva administración. Lamentablemente el comercio entre Estados Unidos y la Argentina es bajo. Por otra parte, desde el punto de vista de Mercosur, es una oportunidad que disminuya la relación entre EE.UU. y la Unión Europea. Es una ocasión para avanzar en nuestro vínculo con la Unión Europea”.

En cuanto a la relación con China, la ex presidenta de Telecom Argentina, pergenio ciertos avances con respecto a los acuerdos existentes firmados por el gobierno de Cristina Kirchner. En este sentido, en referencia a la discusión sobre la posición argentina acerca de la aceptación al gigante asiático como economía de mercado, con el gobierno de Macri se comenzaron a aplicar en Argentina criterios anti dumping entre otras medidas de corrección. En el mismo congreso de Davos recientemente mencionado, la canciller señaló que tenía dentro de sus prioridades elaborar una agenda compleja con el China con el que comparte la idea de promover un mundo abierto, integrado, interconectado, con unos cuantiosos acuerdos comerciales. Mientras que por parte del lado chino, persiste la iniciativa respecto a las centrales nucleares en el sur de la Argentina. “Cuando nosotros iniciamos la gestión fuimos muy claros con nuestra contraparte china. Nosotros estábamos dispuestos a seguir [con los acuerdos firmados] en tanto y cuanto los acuerdos fueran legales, técnicamente factibles y que desde el punto de vista ambiental se pudieran salvar las observaciones y objeciones que habían”, señaló la canciller acerca de la construcción de dos hidroeléctricas en Santa Cruz y la polémica construcción de una base china para observación espacial en la provincia de Neuquén.

Sede de la Cancillería argentina.

Sede de la Cancillería argentina.

Por último, hacemos mención a la vinculación con Brasil y su posición con respecto a los temas de corrupción acaecidos en las últimas semanas. La Ministra de Relaciones Exteriores sostuvo que “el hecho de que un país del peso que Brasil tiene en la región y el vínculo que tiene en la Argentina” hace que “cualquier cosa que pase allí y que tenga un impacto político, amerita que estemos siguiéndolo de cerca” y “con preocupación”. La ministra también destacó que en Brasil, al existir una separación muy fuerte de los poderes y principalmente una institución judicial muy sólida, hará que la situación se resuelva con mayor agilidad. Ante este raid de denuncias de corrupción, la funcionaria argentina destacó que no hay una discusión de legalidad en torno a la posible destitución de Michel Temer, sino que se trata de una discusión de legitimidad.


* Licenciado en Comunicación Social, Escuela de Ciencias de la Información (UNC). Mg. en Relaciones Internacionales, Centro de Estudios Avanzados de la Universidad Nacional de Córdoba.

Perfiles psicológicos en la comunicación política

Perfil Psicologico

>Por Daniel Eskibel

Descubrí la utilidad de los perfiles psicológicos en la vida política una noche del invierno de 1982, tirado boca abajo en el piso de un vehículo al que me habían subido bruscamente los efectivos policiales y militares que me detuvieron en el centro de Montevideo.

Uruguay vivía la peor dictadura de su historia y los opositores poblaban las cárceles luego de pasar por centros de detención clandestinos donde vivían un infierno de torturas. Algunos no sobrevivían y quedaban en la ominosa condición de desaparecidos o eran entregados a su familia dentro de un ataúd cerrado. La sociedad entera vivía bajo rigurosa vigilancia y las prohibiciones y el miedo eran la constante.

Desde hacía algunos años yo formaba parte de la más ferozmente perseguida fuerza de la resistencia contra la dictadura, y aquella noche comía una pizza y tomaba una cerveza luego de una jornada con varios contactos clandestinos. Había recibido, transportado y escondido un paquete por el cual me habrían tipificado el delito de ‘asociación subversiva’ en caso de ser descubierto. Pero todo había ocurrido de acuerdo a lo planificado y podía permitirme un momento de distensión antes de ir a dormir.

En eso aparecieron los vehículos policiales y militares, bajaron los efectivos, entraron al bar, miraron con ojo especializado a quienes allí estábamos y fueron directamente hacia mí. Me sacaron del bar sin contemplaciones, me empujaron contra una de las camionetas, me cachearon buscando elementos que confirmaran mi condición de ‘subversivo’ y me arrojaron al piso del vehículo que se puso en marcha de inmediato.

Y allí estaba yo, aterrado ante aquel infierno tan temido que finalmente parecía abrirme las puertas. Pero al mismo tiempo me preguntaba qué errores habría cometido para que me hubieran descubierto. De pronto tuve una idea como una revelación, un fogonazo, una brevísima iluminación.

– No saben quienes somos pero saben cómo somos -pensé.

Apenas me faltaban unos meses para lograr el título de Psicólogo y conocía lo que eran los perfiles psicológicos tanto desde el punto de vista teórico como en la práctica hospitalaria. Pero lo que de pronto comprendía era que también en política se podían usar. Y se usaban. Fue un instante pero me di cuenta que de alguna manera los servicios de inteligencia salían a cazar a los más encarnizados opositores conociendo algo de nuestra personalidad, de nuestros hábitos, de nuestro estilo de vida. Tenían algo parecido a un perfil psicológico nuestro…

Aquella noche sobreviví y luego de un interrogatorio amenazador recobré mi libertad, aunque esa es otra historia. Pero años después supe, con nombres y apellidos, que algunos de nuestros profesores de psicología en la Universidad trabajaban asesorando a los servicios represivos de la dictadura.

Han pasado muchos años desde entonces.
Y los perfiles psicológicos se volvieron mucho más sofisticados.

No comprendemos al votante

El problema principal de la comunicación política democrática de hoy es que no comprendemos al votante. Creemos que lo conocemos, pero luego surgen resultados inesperados como los de 2016: el No en Colombia, el Brexit, el triunfo de Trum…Recién entonces nos damos cuenta que en realidad no comprendemos al votante ni sabemos qué es lo que lo mueve.

Aunque tengamos Big Data, perfiles políticos y perfiles demográficos. Pero nos sigue faltando algo. Y ese algo que nos falta complica la vida de los partidos políticos, de las campañas electorales, de los candidatos, de sus equipos y de los consultores políticos. Porque eso que falta arruina la comunicación política.

– La gente nos miente en las encuestas -dicen algunos políticos emulando al ‘todos mienten’ que solía decir el Dr. Gregory House.
– Miénteme si puedes -respondería desafiante el Dr. Lightman, alter-ego televisivo del Dr. Paul Ekman.
Es que el Dr. Lightman sabía que aunque intentaran engañarlo sería imposible. Basado en sus estudios en psicología de la comunicación y psicología de las emociones, el especialista de la serie ‘Lie to me’ dejaba de mirar lo obvio para observar lo que nadie veía pero estaba allí, ante los ojos de todos: las microexpresiones.

A través de esas microexpresiones del rostro que apenas duraban una fracción de segundo, el Dr. Lightman descubría las mentiras y también las emociones ocultas de empresarios, delincuentes, terroristas, políticos y gobernantes. Porque sabía que las microexpresiones no mienten.

Entonces: ¿las personas nos mienten en las encuestas?
En realidad no importa tanto porque ese no es el problema. El problema es que hacemos las preguntas equivocadas. Preguntamos siempre lo obvio, lo racional, lo consciente…
Preguntamos a nivel de superficie, apenas sobrevolando ese 5 % de la psicología humana que es lo que está a la vista. Y olvidamos el 95 % restante.
Así es que obtenemos resultados equivocados. Y sobre esa base nuestra comunicación política también se equivoca.

No hay respuestas erróneas sino preguntas erróneas.
Por eso para comprender al votante tenemos que hacer las preguntas correctas.

Todo cambia a gran velocidad (todo menos la personalidad)

Vivimos un tiempo de cambios grandes y acelerados. La velocidad es el santo y seña de nuestra época. Cambian a toda velocidad la coyuntura política, la vida cotidiana, las opiniones, las valoraciones, las emociones, las decisiones, las impresiones…

Pero hay algo que no cambia a ese ritmo infernal: la personalidad.
En realidad la personalidad de cada uno es algo sobre lo cual el votante no puede mentir aunque quiera. Y no la puede transformar a su antojo.

La personalidad del votante es una roca mucho más sólida que el oleaje efímero de las opiniones que van y vienen.
Esa personalidad es lo que tenemos que descubrir más allá de la superficie.
Porque si comprendo cómo eres, pues entonces sabré cómo comunicarme mejor contigo.

Para conocer mejor al votante tenemos que conocer su personalidad.
Claro que no podemos hacer desfilar a una población entera por el diván del psicoanalista para escuchar sus problemas y trazar un diagnóstico. Y tampoco podemos encarar una encuesta con más de 300 preguntas como algunos inventarios de personalidad muy útiles en la clínica pero imposibles en la psicología política.

Pero nos quedan algunas herramientas útiles.
Por ejemplo el Big Five.

El Big Five es un instrumento psicológico que nos permite clasificar las personalidades de una población entera en función de la combinatoria de cinco grandes rasgos psicológicos: apertura mental, escrupulosidad, extroversión, amabilidad y estabilidad emocional.

Ya no necesitamos un diván superpoblado ni 300 preguntas desbordando la paciencia del encuestado.
Necesitamos investigar cinco rasgos.
Cinco. 5. Five. Solo cinco.
Y obtener así un perfil psicológico de los diversos segmentos del electorado. Un perfil psicológico que podremos cruzar con variables políticas, sociales y demográficas. Un perfil psicológico que nos permitirá mejorar verticalmente la comunicación política.
Porque entonces podremos hacer comunicación política adecuada a cada perfil psicológico.

Tal vez me dirás que es solo una idea, algo muy teórico.
¿De verdad?

Donald Trump, ‘Criminal Minds’ y la misteriosa Cambridge Analytica

No sé si el Presidente Donald Trump es fan de la serie ‘Criminal Minds’. De verdad que no lo sé…

¿Recuerdas la serie?
Un departamento del FBI especializado en la conducta humana asesora investigaciones complejas con una herramienta de alto valor: perfiles psicológicos. Aunque los investigadores no sepan quién es el criminal, de todos modos construyen su perfil psicológico y guían la investigación en base al mismo.
Ya sabes: no saben quiénes son pero sí saben cómo son. Y los atrapan.

Si los perfiles psicológicos se usan en la práctica para atrapar criminales (y a veces hasta opositores políticos…), ¿por qué no serían efectivos para conquistar votos? Si se usan para persuadir acerca del consumo de determinadas marcas comerciales, ¿por qué no podrían usarse para persuadir acerca de ideas o candidatos?

Me adelanto a darte respuestas: los perfiles psicológicos sí se usan y sí son efectivos en comunicación política.
En la práctica.
En los hechos.
En la realidad.

Escribí líneas arriba que desconozco las preferencias de Trump en materia de series televisivas.
Pero sí conozco que su campaña electoral sabía las preferencias de sus votantes potenciales en casi todas las áreas, incluyendo qué series de televisión miraban. ¿Te sorprendería saber que el público de los Estados Unidos que más disfrutaba de las series de zombies estaba mucho más inclinado a votar a Trump que a Hillary? Pues no te sorprendas tanto porque así era.

Casi todos compramos en su momento la idea superficial de que la campaña electoral de Trump era errática y que la comunicación política del candidato respondía solo al vaivén desordenado de sus emociones.
Pero no era tan así.
Porque lejos de los focos de la prensa operaba la misteriosa Cambridge Analytica.
¿Cual es la especialidad de dicha empresa?
La construcción de perfiles psicológicos del electorado para crear comunicación política a la medida de cada perfil.
Sí. La comunicación política de la campaña de Trump no era un caos sino un traje a medida.

Idéntico trabajo al que hizo la misma empresa en el Brexit, por cierto.

Adelanto que no tengo ninguna vinculación con Cambridge Analytica. Lo aclaro para evitar mitos urbanos de esos que siempre circulan…
Lo que me importa no es la empresa en sí sino el concepto: perfiles psicológicos para mejorar la comunicación política.

En el duro invierno uruguayo de 1982, un grupo de policías y militares podía ingresar a un bar y detectar al potencial subversivo en base a un simple y artesanal esbozo de perfil psicológico. Sabían cómo éramos.

Ahora, tan lejos de entonces, un equipo de campaña electoral puede detectar a los posibles votantes en base a perfiles psicológicos más elaborados y profesionales. Y puede formular su comunicación política en función de esos perfiles, no para alterar el fondo de la política sino para adecuar las formas de la comunicación.

Ese equipo de campaña puede ser el de tus adversarios, claro está…
Lo cual puede ser inquietante para tu campaña.
Tan inquietante como aquel momento en que me sacaron a empujones del bar.


*Nota del autor: este artículo está basado en la conferencia que brindó en el Congreso Internacional de Comunicación Política celebrado en Buenos Aires (Argentina) los días 23 y 24 de mayo de 2017.

Publicado en: Maquiavelo y Freud

¿Políticos o celebrities?

¿Políticos o celebrities? Cuáles son las técnicas de belleza y lenguaje no verbal para convertir a un político en estrella


>Por Maximiliano Fernandez

El 26 de septiembre de 1960, Richard Nixon y John F. Kennedy protagonizaron el primer debate televisivo de la historia. Nixon se rehúso a una preparación previa. Rechazó el maquillaje y vistió un saco gris triste. Kennedy, por su parte, se lució con un tostado de varios días. El candidato demócrata ganó tanto el debate como, después, la presidencia.

Pasaron 57 años del primer cara a cara televisivo, desde aquella subestimación de Nixon de los parámetros de belleza y códigos internos que la pantalla chica dictaba y hoy, mucho tiempo después, sigue dictando. Los políticos se convirtieron en marcas que deben reflejar una imagen instantánea, un mensaje inconsciente detrás de sí. Quienes no lo comprenden corren el riesgo de que le adosen una serie de rasgos que no pretenden mostrar.

Desde ese día hasta hoy, la figura del asesor se convirtió en central. Se incorporaron múltiples armas de comunicación y estrategias para volver una campaña predecible. Daniela Aruj, asesora de imagen personal, institucional y pública, detalló a Infobae el proceso inicial: “Lo primero que hacemos es un análisis exhaustivo de quién es ese político, cuál es su trayectoria, si hay una marca creada o aún no tiene un posicionamiento específico en la mente del elector”.

Luego de ese trabajo, Aruj emplea dos herramientas. Por un lado, investigación cuantitativa, como lo son las encuestas. Por otro, un proceso cualitativo que implica focus group y entrevistas en profundidad, en los que el equipo asesor obtiene información más rica sobre lo que piensa el público objetivo.

El paso siguiente es construir la marca del candidato. Una marca que no se construye en cuestión de días. “Requiere de tiempo, de consistencia, claridad y sobre todo de mucha constancia para ser creíble en el electorado”, señaló Daniel Gutiérrez, director de la carrera de Publicidad en la USAL y ex director de la ‎Asociación Argentina de Marketing Político. “La combinación de imagen sólida, comunicación y oratoria efectiva hace de un candidato un político que perdura en el tiempo. La creación de marca nos obliga la diferenciación a tal punto que lo que no se identifica no se elige”, continuó.

Los políticos se convirtieron en marcas

Los políticos se convirtieron en marcas

El político incorpora técnicas de oratoria, de lenguaje no verbal, lo maquillan, lo visten y lo lanzan a los medios de comunicación. Sobre todo en campaña, sus intervenciones mediáticas son constantes. Entonces se presenta el riesgo de la farandulización. “Es una circunstancia que remite a la lógica de los medios. Alguien que no ‘agrade’ o ‘divierta’ a un público televisivo promedio, provocará un zapping y no será invitado nuevamente”, explicó Gutiérrez.

El asesor dijo que los programas políticos no despiertan el interés de otras épocas. Los estrategas intentan ubicarlos en escenarios heterodoxos, en donde sea posible acercar al dirigente con la audiencia: cantan, bailan, o participan de cuestiones atípicas con el fin de ganar unos segundos de pantalla. El político farandulizado, como celebrity: “Es preferible que hablen a que no hablen del político. El espacio en los medios es limitado, y si hablan de uno, para bien o mal, no hay espacio para el oponente”, puntualizó. Un riesgo que, en los tiempos que corren, conviene tomar.

Talento nato vs. Talento aprendido

¿Cómo convertir a un político en una estrella de los medios cuando al político le cuesta soltarse? ¿Cuánto se puede aprender y cuánto viene de nacimiento? Por más que las técnicas están a disposición, no todos logran interiorizarlas con naturalidad y empatizar con el espectador. “En general, esos políticos perfeccionan su accionar ante los medios de comunicación para optimizar los mensajes. En ese sentido, hay algunos que son más ‘duros’ que otros”, contó Gutiérrez.

Ante la consulta de qué porcentaje se puede incorporar, Alejandro Sangenis, consultor en comunicación y programación neurolingüística y comunicación no verbal, respondió a Infobae: “Más allá de que existen líderes natos, el 80% se puede aprender. La respuesta está en el modelado. Mirar a los grandes oradores de la historia y aprender de ellos. Después de todo, los políticos, como por ejemplo los directores técnicos, deben actuar su rol cuando ofrecen un discurso”.

Técnicas a seguir

Más allá de que la estrategia varía de acuerdo a la personalidad del candidato y a la marca que se quiera vender, de acuerdo a los expertos, predomina en la actualidad un formato “muy empaquetado” que requiere adaptación del político a ciertas reglas.

Confianza en sí mismo: según Aruj, la regla principal es mostrarse seguro, con capacidad de liderazgo pero al mismo tiempo empático, sensible y con capacidad de escucha. Es fundamental aprender a escuchar activamente y que se note.

Sonrisa: la mirada debe transmitir honestidad y transparencia. “Es clave que en este trabajo, nuestro candidato no pierda frescura y espontaneidad -sostuvo Aruj-. Lo más importante de un político es verse natural y no forzado”.

Abrir los brazos indica integración

Abrir los brazos indica integración (iStock)

Abrir los brazos: un gesto típico de líderes como Clinton, Obama, mismo el Papa Francisco. De acuerdo a Sangenis, busca incluir a todos.

Faros en la tribuna: en el medio de los discursos, los buenos oradores deben obviar a las personas negativas y encontrar miradas afiliatorias. Oyentes en los que puedan descansar sus diatribas.

Ojiva: juntar las manos sin entrelazar los dedos marca integración. Una mano representa una parte; la otra mano representa a la otra parte.

La técnica ojiva

La técnica ojiva (istock)

Batuta: el famoso gesto de OK, con los dedos índice y pulgar formando un círculo, dijo Sangenis, fue el gesto insignia de Donald Trump durante la campaña porque su objetivo era enfatizar cada una de sus palabras en un tono casi agresivo para así concitar la atención.

Técnicas a evitar

Expresiones prohibidas: “para ser sincero” implica que no siempre lo es, o un “pero” inhibe la afirmación previa: “Es muy linda, pero…”, señaló Gutiérrez. Otro enunciado a evitar es el de “Voy a tratar” ya que le quita ejecutividad al líder, además de muletillas como “Esteee”.

Mano en hacha: como en posición de karate. Tiene reminiscencias dictatoriales.

Atravesar las manos: los expertos recomiendan evitar cruzar los brazos por delante del cuerpo durante los discursos. El gesto es indicativo de defensa, de auto-protección.

Cruzar los brazos: indica hermetismo, poca integración hacia el auditorio.

Doblar la boca: es una muestra de soberbia y altanería que incluso se puede confundir con corrupción.

Tocarse la nariz: se corresponde con una mentira o desagrado.

Dedo índice: nunca debe señalar, ya que se percibe como un garrotazo o gesto autoritario.

Vestimenta

La coach Aruj resaltó que, además de trabajar en la oratoria, la postura, la gestualidad, se presta atención a la apariencia física. Desde la ropa que mejor le queda y los colores que mejor comunican el mensaje, hasta cortes de pelo sugeridos, anteojos sí o no y forma de los mismos según el visagismo de su cara.

Sangenis, que a lo largo de su carrera tuvo encuentros con líderes de la talla de Bill Clinton, advirtió que hoy los protocolos están muy fijados. Por eso, cuando se encuentran presidentes es muy infrecuente no verlos de traje y corbata. “Sin embargo, algunos líderes buscan acercarse al pueblo que gobiernan también en sus vestimentas Por caso, Fidel Castro en su atuendo militar o Evo Morales con su connotación aborigen”, detalló el especialista.

En los colores de las corbatas hay también un mensaje. “En general, quien utiliza la corbata roja es el que marca la acción, el que quiere tomar el poder. Mientras que el que opta por una azul ya lo detenta y lo quiere conservar. Está asociado con la monarquía”, describió.


INFOBAE

La nueva Francia y su relación con América Latina

Macron Francia y America Latina

>Por Margie Paola Bautista Silva* exclusivo para MIX POLÍTICO

El pasado siete de Mayo los ciudadanos franceses se permitieron ir a las urnas para imponer su voz y voto eligiendo a su nuevo presidente, con el fin de darle un giro radical a los ámbitos político, social y económico de Francia modificando su statu quo. Con un 66% de los votos, Emmanuel Macron filósofo, politólogo, economista y ex ministro de economía de 39 años fue elegido como el nuevo mandatario francés.

Para los próximos años el presidente electo Emmanuel Macron del espectro político de centro-izquierda en su programa se propone tener los siguientes logros: disminuir los impuestos para las empresas, defender la identidad de Francia y de Europa con el propósito de mantener la Unión Europea, instaurar un ministerio de finanzas para toda la Unión para fortalecer el euro como moneda, establecer un seguro para el desempleo el cual puede ser anulado si la persona se niega a dos propuestas de trabajo “decentes”, reducir la producción de energía nuclear, prohibición de los teléfonos móviles en escuelas primarias y secundarias, entre otros.

Además de instaurar un diálogo permanente con los presidentes de Estados Unidos y Rusia, al igual que trabajar articuladamente en pro del Medio Oriente en especial por Siria y poder derrotar al grupo del Estado Islámico. Pero, ¿Qué pasará con la relación entre Francia y América Latina?

Durante la presidencia de François Hollande la política exterior estuvo encaminada hacia el territorio latinoamericano. Como lo refleja The New York Times el ahora expresidente francés buscó que por un lado, los países latinoamericanos ingresaran a la Conferencia de París, por otro lado, trabajó por impulsar que nuevas empresas se establecieran en países latinoamericanos y que las que ya están presentes lograran mejorar el acceso a los líderes públicos y privados. Adicionalmente, se encargó de ampliar las redes de educación para generar un mayor flujo de intercambios educativos, cooperación científica y cultural. Sin embargo, se espera que los logros de Hollande y la importancia que había tomado la relación Francia-América Latina no se pierdan con la nueva presidencia de Macron.

A pesar de que el presidente electo quien se posicionara en su cargo el pasado Domingo 14 de Mayo y no le diera un espacio relevante a América Latina en sus discursos, es un político que está de acuerdo con la globalización y una economía de libre cambio, así como manifiesta la importancia de traspasar las fronteras en temas como por ejemplo los derechos humanos, lo cual es un aspecto positivo para nuestra región.

La nueva era de la V República permitiría ampliar, mejorar y construir nuevos acuerdos comerciales, económicos, sociales, educativos y culturales con países latinoamericanos, que se encaminen hacia el desarrollo de la región. Así mismo, se trabajaría porque la región pueda mejorar sus acciones en pro del medio ambiente guiándose por acuerdos relacionados con la Conferencia de París, además de establecer relaciones vinculantes que conlleven a la defensa de los derechos humanos y de la democracia en América Latina especialmente en casos como el de Venezuela actualmente.

Por otra parte, es importante el fortalecimiento de la relación bilateral entre Colombia y Francia, ya que: en primer lugar, Colombia es considerado como el país bisagra de América del Sur. En segundo lugar, Francia puede seguir con la colaboración económica y política para el escenario del posconflicto luego del proceso de paz entre las Farc y el Gobierno Nacional colombiano. Al igual que una apertura de oportunidades para los jóvenes víctimas y desmovilizados que desean reinsertarse a la vida civil. Además de convertirse en un apoyo especial para los diálogos iniciales que se están realizando con ELN.

Lo anterior trae claramente beneficios para ambas regiones, tanto para Francia como para América Latina. Pero especialmente para la V república en tanto, esta podría mejorar sus relaciones geoestratégicas teniendo en cuenta las duras políticas principalmente las migratorias, que ha impuesto el nuevo presidente estadounidense para la región, lo cual ha afectado en cierta medida las relaciones entre Estados Unidos y latinoamérica. En consecuencia el presidente Macron podría expandir la Unión Europea como lo explico en sus propuestas.

Bibliografía
-Estrada, Gaspard. (Febrero 2017). ¿Cuál debería ser la política exterior de Francia en América Latina? Publicado en The New York Times. Recuperado del día 10 de Mayo de 2017, en Link: https://www.nytimes.com/es/2017/02/08/cual-deberia-ser-la-politica-exterior-de-francia-en-america-latina/

 


* Profesional en Política y Relaciones Internacionales (Universidad Sergio Arboleda, Bogotá) con profundización en el área de instituciones políticas . Investigadora. Especialista en gestión pública, políticas públicas, construcción de paz, postconflicto, resolución de conflictos.

¿Viene la III Guerra Mundial?

Tercera Guerra Mundial>Por Claudio Fantini

La primera se desprende de las dos conflagraciones anteriores calificadas como “mundiales”. En ambos casos, la calificación surgió de una cuestión numérica: una gran cantidad de países fueron parte del conflicto.

Hoy es poco probable que ese formato se repita. Quienes quieren, como el Papa, ver tal rasgo en la guerra civil de Siria porque involucra a varios países, deben tener en cuenta que algo similar ocurrió en la guerra civil libanesa. Tampoco se habló de Guerra Mundial durante la trágica desintegración de Yugoslavia.

La otra posibilidad que justificaría la calificación de “mundial” para un conflicto actual, sería un choque nuclear entre dos potencias. De hecho, durante la Guerra Fría fue ese fantasma el que se adueñó del título Tercera Guerra Mundial. ¿Existe ese peligro? Ciertamente, con Trump en la Casa Blanca, Putin en el Kremlin y Kim Jong-un en el Palacio del Sol, no es fácil descartar un duelo nuclear. Pero la aún vigente Doctrina de la Destrucción Mutua Asegurada resta probabilidad a semejante riesgo.

Lo que más temen hoy las superpotencias no es un ataque con ojivas atómicas o neutrónicas. El riesgo más temido, en particular para Washington, es un devastador ciberataque. De haber una III Guerra Mundial, lo más probable es que sea cibernética. Del mismo modo que ya no existen los espías que existieron hasta la Guerra Fría, porque han sido reemplazados por los ciberespías, la guerra entre superpotencias se desarrollaría en el ciberespacio. Los espías de hoy no portan armas ni microfilms, sino laptops. El espionaje ya no tiene personajes como James Bond o los de las novelas de John Le Carre, sino como Edward Snowden. Los mayores daños causados por espías a Estados Unidos, los infligieron los ciberespías de China y de Rusia, además de Julian Assange con Wikileaks. La pesadilla del Pentágono no es una lluvia de misiles, sino un ataque cibernético que paralice las centrales nucleares, hidro-eléctricas y termoeléctricas, dejando sin energía el país. O que un ataque masivo a las redes haga caer el sistema a nivel nacional. La consecuencia sería un caos como el que no podría causar a Estados Unidos ningún ataque con ejércitos, aviaciones o misiles.

 

EL PAÍS (URUGUAY)

Elecciones en Francia: La búsqueda del balance político hacia el centro

Macron y Le Pen
>Por Rodrigo Durán Guzmán exclusivo para MIX POLÍTICO

Tras el término de la primera vuelta presidencial los resultados no han dejado a nadie indiferente en una tendencia al alza. Porque tanto socialistas como republicanos galos han quedado fuera de competencia en una segunda vuelta que se anticipa favorable para las aspiraciones del liberal Emmanuel Macron versus la líder (aunque haya dejado momentáneamente la presidencia) del Frente Nacional, Marine Le Pen. Como dato diremos que, en un contexto de voto voluntario, el 77% de los galos participó en los comicios de primera vuelta, cifra similar a lo que se espera en el balotaje del próximo 7 de mayo, aun cuando se prevé un leve aumento en la abstención, pero eso ya se sabrá.

Sin embargo, y a pesar de la demanda popular por nuevos actores en la arena política, ni uno ni otro forman parte de los denominados outsiders. Macron, graduado en la Escuela Nacional de Administración (ENA), cuna de la élite política francesa, trabajó en el banco Rothschild y fue ministro de Economía del saliente gobierno (socialista), aun cuando nunca ha militado en el oficialismo y sus políticas fueron ampliamente rechazas por el PS francés. En contraposición, Le Pen es hija del fundador del Frente Nacional (Jean Marie Le Pen) pero su discurso, si bien nacionalista, ha sido mucho más moderado que el de su progenitor. En cuanto a respaldos políticos de cara a la segunda vuelta, Macron ha recibido el apoyo de Fillon y Hamon, con proyecciones de que podría ganar la elección con un 62% de los sufragios, contra un 38% de su adversaria. No obstante, y porque los comportamientos en política a ratos forman parte de cuestiones “dignas de Ripley”, observaremos que el candidato de la izquierda, Jean – Luc Mélechon (cuarto en la primera vuelta) podría eventualmente traspasar su apoyo a Le Pen, con quien comparten ideas tales como el rechazo a la globalización y el libre comercio. Todo, por cierto, en un escenario complementado con el rechazo del denominado voto popular y obrero al supuesto elitismo tecnócrata de Macron.

Lo importante, que nos enseña no sólo Francia sino también contextos tales como España, Canadá o, más cercano aún, Argentina y quizás también lo que podría ocurrir en las elecciones presidenciales del presente año en Chile, es que existe una clara tendencia a recuperar la moderación y no dar cabida a los extremos, a las posiciones fundamentalistas entendiendo que la vida, al igual que la política, no es sólo blanco/negro sino que también coexisten, simultáneamente, matices donde la diversidad se transforma en un arma poderosa de enriquecimiento social integrador, tolerante y de respeto.

De todos modos, ninguna proyección es del todo segura cuando uno de los jugadores en el tablero es el populismo (Le Pen). Y menos cuando en la primera vuelta el Frente Nacional aumentó su sufragio más de cinco puntos porcentuales. Marine Le Pen quiere romper con una tradición europeísta de Francia construida durante décadas con medidas tales como “liberar” al país de la UE y realizar un referéndum sobre el Frexit y recuperar la moneda nacional, lo que supondría un escenario inquietante para una ya maltrecha UE tras el Brexit.

Macron, por el contrario, si bien se muestra crítico con el estado actual de la UE, desea “restablecer la confianza” (algo que forma parte del actual ethos discursivo de la Democracia Cristiana chilena que podría romper alianza con la izquierda llegando a primera vuelta en la elección presidencial de ese país generando, de paso, el retorno de los tres tercios en ese país) ciudadana en las instituciones declarándose abiertamente “cien por cien” europeísta. Y lo hace con una creencia sincera en todos sus flancos: el Mercado Interior Único, el espacio Schengen que avala la circulación libre de personas y la Eurozona.

Cómo sea, y tal como ha sido la tónica en algunos países, la evidencia es clara: en la actualidad una cosa es que los votantes estén desafectados de los partidos políticos, pero eso no implica que se desentiendan de la política. Su actuar no está precedido por “órdenes de partido” sino por sus convicciones, por sus sensaciones, anhelos y deseos. Al final del día, y en eso tanto la naturaleza como evolución humana son sabias, los individuos entendemos la importancia de generar acuerdos colectivos de convivencia donde, más allá si eres de izquierda o derecha, lo importante es que todos seamos capaces de encontrarnos y trabajar, colaborativamente, en nuestros respectivos proyectos de país, uno donde los populistas (salvo el caso de Estados Unidos lógicamente), a diferencia de la moderación, no tienen cabida en sociedades que ansían alcanzar tanto su plenitud como madurez.

 

* Magíster internacional en comunicación, experto en comunicación y análisis político.