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Turquía y el golpe de estado

Turquía y el golpe de estado

Nota Turquía-01

>Por Andrés Fernández

Un golpe de Estado fallido sumió en la noche de este viernes en un verdadero caos a Turquía, un aliado estratégico para Europa y miembro de la OTAN. Sectores de las fuerzas armadas se sublevaron para tratar de hacerse con el poder en el país y decretaron la ley marcial. Cerca de siete horas después el presidente Recep Tayyip Erdogan apareció ante los medios de comunicación para dar por sofocado el golpe y advirtió de que “los involucrados pagarán un alto precio”. Sin embargo, (según expresan diversas fuentes locales) la inestabilidad permanece en las principales ciudades del país, la capital, Ankara, y Estambul. Y el Ejecutivo ha llamado a sus seguidores a que continúen en la calle para evitar nuevas intentos golpistas. Desde el entorno de Erdogan, aseguran que hay 265 muertos, entre ellos 104 golpistas y 47 civiles.

Las horas que siguieron al golpe han sido sangrientas. Además de los 104 presuntos golpistas muertos, el jefe de las Fuerzas Armadas de Turquía en funciones, Umit Dundar, ha cifrado en 161 los policías leales y los civiles fallecidos durante la rebelión militar. Mientras que habrían detenido a 2.800 efectivos del ejército que participaron de las acciones.

En su aparición pública, el presidente Erdogan dijo que habían tratado de derribar su avión con los F-16 del ejército y que bombardearon su hotel justo cuando ya había salido. Sin embargo, el mandatario insistió en que “esto terminará bien” e hizo una llamada a los golpistas: “Son nuestros hijos”. “Es inaceptable que dirijan sus armas contra padres, madres e hijos. Si apuntan las armas al pueblo que se las dio, pagarán las consecuencias”, señaló.

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Erdogan hablando ante los medios en Estambul durante el golpe. AFP

Paralelamente, la llamada de Erdogan a la población a defender el poder “democrático” derivó en enfrentamientos a tiros en Ankara y Estambul, según afirma el diario EL PAÍS. En tanto, la agencia progubernamental Anadolu informó de que 17 policías de las fuerzas especiales fueron asesinados en una academia de policía en la capital. En esa misma ciudad varios tanques dispararon en las inmediaciones del Parlamento turco y un avión de combate utilizado por los golpistas fue derribado. También se escucharon bombas lanzadas desde los aviones de combate que sobrevolaron Ankara.

Los movimientos comenzaron en torno a las diez de la noche cuando camiones de transportes de tropas se estacionaron a la entrada de los puentes que cruzan el estrecho del Bósforo en Estambul y los cerraron al tráfico. Inmediatamente después, en Ankara, los blindados y los tanques se posicionaron en las calles y varios aviones cazas pasaron en vuelo rasante sobre la capital. Las operaciones determinaron además, que un pelotón de soldados golpistas se dirigiera al Estado Mayor y con el apoyo del fuego aéreo de un helicóptero de guerra Sikorski penetrara en el edificio y tomara como rehén al jefe del Estado Mayor, el general Hulusi Akar.

Todo se desarrolló con gran rapidez y en medio de una gran confusión, según afirman periodistas locales. Pero, en general, de acuerdo a lo planificado con los golpistas. Como en anteriores asonadas, rodearon varios edificios importantes en la estructura del Estado e instalaciones como el Aeropuerto de Estambul y se hicieron con el control de la radio y televisión pública TRT donde, obligaron a una presentadora a leer un comunicado en el que afirmaban haber tomado el poder ante las “amenazas” a las que se enfrenta Turquía, y calificaban al presidente Erdogan de “autócrata, incapaz y traidor”.  De la misma manera, anunciaron un toque de queda en todo el país.

Un dato que parecen compartir analistas internacionales, es que los militares sublevados desconocieron o por lo menos subestimaron el apoyo popular que el presidente Erdogan, aún conserva en un vasto sector de la sociedad turca. En un momento clave, el presidente apeló a sus seguidores a defender la democracia. Quienes respondieron a pesar de la confusión generalizada y de la intervención en las comunicaciones.

Miles de personas comenzaron entonces a llenar las plazas con banderas de Turquía, mientras desde las mezquitas se hacían llamadas a defender al Gobierno democráticamente electo. La gente tomó las plazas y se subió sobre los blindados del Ejército. El dato es que salvo algunos disturbios aislados (como en uno de los puentes sobre el Bósforo), los militares no abrieron fuego sobre los manifestantes.

En el concierto internacional, los países más poderosos llamaron a evitar la violencia, mientras que la ONU, la UE, la OTAN y Rusia hicieron declaraciones en favor del respeto de la ley.

Los principales personajes en ésta historia

Binali Yildirim, en mayo pasado.
Binali Yildirim, en mayo pasado. AFP
El primer ministro, Binali Yildirim, tomó las riendas del Gobierno el pasado mayo, en sustitución de Ahmet Davutoglu, forzado por el presidente turco Recep Tayyip Erdogan a renunciar a su cargo por considerarlo no lo suficientemente afecto a sus planes de convertir Turquía en una república presidencialista. Yildirim es un hombre de probada lealtad al presidente turco, al que ha acompañado desde su época como alcalde de Estambul en la década de 1990. Hasta su nombramiento como primer ministro ejerció de ministro en varios gobiernos del AKP.

Hulusi Akar, en mayo pasado.
Hulusi Akar, en mayo pasado. EFE
 El actual jefe del Estado Mayor, Hulusi Akar, fue nombrado para su puesto en 2015 durante el Consejo Militar Supremo, la reunión entre las cúpulas del Gobierno y las Fuerzas Armadas que cada año decide las promociones y expulsiones del Ejército. Precisamente la de este año se preveía peliaguda puesto que, de acuerdo a diversas informaciones, el Ejecutivo habría preparado un plan para retirar del estamento castrense a numerosos militares contrarios a los gobernantes turcos. El mayor mérito de Akar ha sido precisamente su perfil bajo y su silencio durante los juicios contra presuntas tramas golpistas que, entre 2007 y 2014, diezmaron la cúpula militar. De ahí y porque Erdogan lo sentía un hombre cercano o al menos tolerante con los islamistas fue elegido para el puesto. Fue tomado como rehén por los golpistas.

Fethullah Gülen, en 2013.
Fethullah Gülen, en 2013. REUTERS
Fethullah Gülen, quien vive en un exilio autoimpuesto desde el golpe militar de 1997 contra el gobierno islamista de Necmettin Erbakan, dirige una comunidad islámica que comenzó a extenderse en los años 1980 hasta convertirse en una gran red a la que estaban afiliados numerosos empresarios y burócratas y que contaba una vasta estructura de medios de comunicación y escuelas. Aliado con Erdogan durante sus primeros diez años al frente del poder, los gülenistas se infiltraron en la judicatura, la policía y según algunas fuentes en parte también en las Fuerzas Armadas, aunque en un número reducido. Estos burócratas ayudaron al gobierno islamista a reducir el poder de los militares, pero posteriormente Erdogan se volvió contra su aliado, al que acusa de dirigir una organización terrorista que quiere derrocarlo del poder. Miles de policías, jueces y fiscales presuntamente miembros de la cofradía han sido expulsados de sus cargos, y medios de comunicación y empresas gülenistas intervenidas por el Gobierno.

Kemal Kilicdaroglu, en 2014.
Kemal Kilicdaroglu, en 2014. REUTERS
 El partido de Kemal Kiliçdaroglu, el Republicano del Pueblo (CHP, en sus siglas turcas, socialdemócrata), ha sido tajante al rechazar el intento de golpe militar, pero no por sintonizar precisamente con Erdogan. Al revés, esta formación, heredera directa del partido único fundado por Atatürk, no ha dejado de denunciar el poder cada vez más omnímodo que iba atesorando el presidente islamista. Principal líder de la oposición desde 2010 –oposición laica, contraria, entre otras cosas, a la islamización rampante de las escuelas-, la falta de carisma de Kiliçdaroglu ha jugado en su contra, impidiéndole aumentar el caudal de votos. Sin embargo, ha logrado modernizar el partido y alejarlo del estamento militar, más kemalista, en el que se instaló su antecesor al frente del CHP, Denis Baykal. Al pronunciarse ayer sobre la intentona golpista, Kiliçdaroglu fue tajante al defender el orden constitucional: “Turquía ha sufrido mucho en el pasado a causa de los golpes de Estado. Estamos con la democracia y la República”.

Abdulá Gül, en 2007.
Abdulá Gül, en 2007. REUTERS
 De formación tecnócrata, estrecho colaborador de Necmettin Erbakan —el precedente islamista del Partido de la Justicia y el Desarrollo (AKP, en sus siglas en turco)— y posteriormente de Erdogan, Abdula Gül fue ministro de Exteriores, ocupándose de las conversaciones para la adhesión con la UE y la cuestión chipriota; y se convirtió en el primer presidente islamista del país en 2007, pese a los intentos del Tribunal Constitucional turco de impedirlo, anulando la primera ronda de la votación. Superada esa pequeña crisis política, durante su mandato –institucional, de escaso contenido político-, Gül desplegó la alfombra roja que permitió a Erdogan llegar a la jefatura del Estado, gracias a un referéndum para elegir este cargo por votación directa. En 2010, aprobó una reforma parcial de la Constitución que, entre otros aspectos, limitaba el poder político de los militares sobre la vida civil. Hasta ayer, cuando facciones descontentas del Ejército pusieron de nuevo a Turquía al borde del abismo. A través de FaceTime como Erdogan, Gül condenó el golpe afirmando que Turquía “no es un país de América Latina ni de África”.

En contexto. Otros elementos para enteder la realidad turca

La actualidad de Turquía, comprende numerosos elementos a tener en cuenta. Algunos hablan de profundas divisiones al interior de la sociedad turca. Mientras el presidente Erdogan ha dado pasos en la dirección de desmantelar la tradición secular del país, su gobierno también ha tomado medidas en favor de las regiones más pobres. La amenza terrorista además, ha generado un impacto muy fuerte en una de las principales actividades: el turismo. Mientras que los kurdos separatistas renuevan a cada paso los reclamos y la presión por sus intereses, el Estado Islámico, la OTAN y los países del mundo árabe, confluyen para que Turquía sea hoy una verdadera “zona caliente” y posible factor de inestabilidad para toda la región.

Tampoco debemos olvidar, los recientes movimientos masivos de refugiados, que buscando llegar a Europa, se instalaron en aquel país.

En este sentido, les recomiendo leer TURQUÍA EN LA ENCRUCIJADA.

Por último, es fundamental conocer y re-conocer en el movimiento Gülen, un factor de peso en el devenir reciente y futuro del Estado turco. Algunos hasta lo señalan como uno de los responsables del fallido Golpe de Estado. Es por ello también, que les recomiendo la lectura de “El movimiento Gülen: el Estado paralelo turco”.

 

FUENTES: BBC MUNDO, DIARIO EL PAÍS, DIARIO EL MUNDO, EL ORDEN MUNDIAL, NY TIMES, EL DIPLÓ

IMÁGENES: Varios autores REUTERS, EFE, AFP, GETTY.

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