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Turquía en la encrucijada: una sociedad polarizada busca su identidad

Turquía en la encrucijada: una sociedad polarizada busca su identidad

 
Un mesero camina en un restaurante vacío de Estambul. Los ataques recientes en la ciudad han afectado el turismo. Credit Mauricio Lima para The New York Times

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ESTAMBUL — Umit Engin, dueño de una pequeña librería ubicada en la maraña de callejones del antiguo distrito de Beyoglu, se sentó hace poco a leer en su tienda durante una tarde tranquila.

El negocio comenzó a ir en picada el año pasado, desde que comenzaron los bombardeos, cuando el flujo de turistas disminuyó. Ahora Engin, de 42 años, está muy preocupado por el futuro de Turquía y pasa los días mirando hacia la calle con la esperanza de que llegue algún cliente.

“Nos sentimos perdidos”, comentó. “Ahora no hay energía. No sabemos adónde iremos. Estamos esperando algo, pero no sabemos qué”. Hizo una pausa. “Es como Esperando a Godot”, añadió irónicamente, refiriéndose a la obra de Samuel Beckett: “Esperando a Turquía”.

Son tiempos extraños. Los bombardeos en las grandes ciudades son habituales por estos días y la sociedad está tan polarizada que algunas personas hablan en secreto de un conflicto civil armado.

La vieja guerra con los kurdos separatistas ha vuelto a empezar y exacerba los ánimos en la región fronteriza del sureste del país, al mismo tiempo que los países del sur, Siria e Irak, se convulsionan en medio de la violencia.

Sin embargo, cambios más profundos se han iniciado en esta sociedad, y Turquía debe agradecérselos a su presidente, Recep Tayyip Erdogan.

Construcciones reducidas a escombros en Kasimpasa, el barrio de Estambul donde se crió el actual presidente de Turquía, Recep Tayyip Erdogan. Credit Mauricio Lima para The New York Times

Erdogan está despedazando el rígido sistema secular impuesto por Mustafa Kemal Ataturk en la década de 1920, al darle poder a la clase marginal islámica, oprimida durante mucho tiempo; también ha logrado que la sociedad turca se vuelva mucho más equitativa al implementar políticas económicas que han mejorado el nivel de vida en las regiones más pobres. Pero en el camino, Erdogan se ha vuelto cada vez más autocrático y su círculo cercano se ha enriquecido. A muchos turcos, entre ellos parte de su base política, les preocupa lo que están construyendo en remplazo del sistema que están desmantelando.

“Es como El señor de los anillos: ahora tenemos el anillo, pero nos hemos vuelto sus esclavos”, dijo un joven activista islámico, refiriéndose al dinero y al poder. El joven tuvo que cerrar su cuenta en Twitter después de ser atacado por blogueros afines al gobierno, tras haber criticado la severidad con que se reprimieron las manifestaciones en 2013, que se convirtieron en un importante movimiento de protesta en contra de Erdogan.

“No se trata de los kemalistas, no se trata de los protestantes seculares, es una prueba sobre nosotros mismos. Y se puede decir que no la estamos aprobando”.

Los liberales como Engin dicen que se sienten desesperanzados porque Erdogan reprimió las manifestaciones de 2013. La oposición volvió a crecer luego de que su partido perdiera la mayoría en el parlamento en las elecciones de junio de 2015, pero Erdogan recuperó su ventaja al convocar a elecciones antes de lo previsto.

“Hemos intentado de todo, pero no hemos logrado nada”, afirmó Engin. “De hecho, perdimos muchas cosas. Perdimos amigos. Ahora es imposible organizar protestas como esas. La gente cree que el resultado será el mismo”.

Turquía va a la deriva, viaja por aguas desconocidas. Algunos turcos se preguntan hacia dónde va su país y cómo será cuando llegue ahí.

Los cambios han sido profundos y algunos argumentan que la nación, fundada por la élite como un proyecto que pasaba por encima de las diferencias étnicas y religiosas para crear la idea de una Turquía moderna, tendrá que pasar por un periodo de incertidumbre, y posiblemente de caos, para reencontrarse consigo misma.

“¿Quiénes somos y qué hacemos todos juntos aquí?”, preguntó Cengiz Candar, un intelectual turco, al explicar el problema de su país. “Solíamos ser una república secular. Ahora no sabemos qué somos. ¿Qué proyecto nos une? ¿Cuál contrato social?”.

 
Erdogan habla con reporteros después de la oración matutina de la fiesta de Eid, celebración con la que finalizó el Ramadán, la semana pasada. Credit Kayhan Ozer/Palacio presidencial, vía Reuters

Hasta ahora, la sociedad turca parece la misma. A las mujeres no se les ha pedido que usen velos y aunque un mandato como ese parece poco probable, algunos liberales como Engin están preocupados de que eso pueda ocurrir, sobre todo después del reciente pedido de Erdogan a las mujeres turcas para que tengan más hijos.

A los turcos tradicionales les gusta su visión, quizá más por la postura combativa que toma ante Occidente que por sus referencias al pasado otomano.

“Europa está resquebrajándose, pero Turquía sigue de pie”, declaró Mahmoud Atlas, de 47 años, propietario de una empresa de limpieza en Mersin que asistió a una gran cena de Ramadán en Estambul, donde Erdogan dio un discurso. “Perdón, pero ni Estados Unidos ni Europa lo pueden quebrar”, dijo sobre el presidente.

Erdogan también recibe un gran apoyo por sus raíces de clase trabajadora. “Viene de abajo, como nosotros”, dijo Emre Bozkurt, de 22 años. “Puede sentarse y tomar té con la gente pobre. Esas cosas hacen que lo queramos. Cuando las personas lo miran, se ven a sí mismas”.

Erdogan y su partido han recibido de manera legítima entre 40 y 50 por ciento de la votación durante su ejercicio de casi 15 años. Una parte de este apoyo viene de votantes pragmáticos que están más interesados en su cartera que en la política.

“Temen una crisis económica más que cualquier otra cosa”, aseguró Hakan Altinay, director de la Escuela Europea de Política en la Universidad de Bogazici en Estambul. “El trato es: tú no te metes con la forma en que gobierno y te entrego los productos. Si no te los entrego, me mandas una factura vencida con los intereses”.

Un hombre viaja a Estambul, en un ferri casi vacío. Credit Mauricio Lima para The New York Times

El empresario textil Kurtulus Turan contó que le solía gustar el partido de Erdogan debido a su postura a favor de los negocios. Sin embargo, pareciera que ahora el presidente solo le habla a los turcos sunitas, se quejó, y añadió que, como miembro de la minoría chiita de Turquía, se sentía discriminado. “Eso no pasaba al principio”, dijo.

¿Hacia dónde se dirige Turquía, entonces? Sus intelectuales no se están quedando para averiguarlo. Candar, quien fue acusado formalmente de insultar al presidente en artículos que escribió sobre el conflicto con los kurdos, ahora es profesor visitante en Estocolmo. Incluso algunos turcos de la clase media alta están comprando propiedades en el extranjero. Portugal es una opción popular.

Los que no se pueden ir, siguen a la espera. Engin comparó estos tiempos con una tormenta que golpea al pueblo turco. Él cree que habrá daños, pero falta ver cuán graves serán.

“Tenemos que esperar a que esto termine, a que el aire se aclare”, dijo. Engin no sabe si el cambio llevará un mes o una década, pero cree que llegará porque las “cosas no pueden seguir así”.

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