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Por qué los trabajadores blancos abandonaron al Partido Demócrata estadounidense. Parte II

Por qué los trabajadores blancos abandonaron al Partido Demócrata estadounidense. Parte II

Segunda parte de la entrevista a Judith Stein, la gran historiadora norteamericana que ha demolido los mitos liberal-progresistas sobre el racismo, el New Deal y las causas de la derechización del Partido Demócrata en los EEUU.

Para leer la primera parte hacer click AQUÍ.

perros ante hombre

4 El movimiento obrero y el movimiento de derechos civiles

¿Cómo fue la relación entre el moviendo obrero y  el movimiento de derechos civiles?

Para empezar, tanto el movimiento obrero como el movimiento de derechos civiles fueron diversos. Pero puedo hacer algunas generalizaciones. Empecemos con la AFL-CIO y su líder, George Meany.

A diferencia de Walter Reuther, del sindicato automovilístico United Auto Workers, Meany no apoyó la marcha sobre Washington en 1963. Sin embargo, él fue el músculo de la aprobación de la Ley de Derechos Civiles de 1964, incluido su importante Título 7, que prohíbe la discriminación en el empleo.

El movimiento de derechos civiles y los negros en general no tenían mucho peso en el Congreso, de manera que los sindicatos obreros jugaron un papel crucial para que se aprobara la legislación. Y cuando el mundo del trabajo era débil, las iglesias tomaban el relevo.

Una de las razones por las que Meany insistió tanto en el Título 7 era que el proyecto de ley había evolucionado hasta un punto en que se hacía responsables a los sindicatos, pero no a las empresas, de la discriminación en el empleo. Ilegalizar la discriminación en el empleo cargaba las culpas sobre los empresarios, a quienes los líderes sindicales creían causantes de la discriminación.

Además, no sólo Reuther dio dinero a Martin Luther King Jr. En 1963, los United Steelworkers de Birmingham dieron 40.000 dólares para pagar la fianza que sacó de prisión a los manifestantes encarcelados. Claude Ramsay, cabeza de la AFL-CIO en Misisipi, trabajó muy estrechamente con Medgar Evers, el principal líder del movimiento de derechos civiles en el estado.

Dicho esto, también es verdad que el huracán de racismo que se abatió sobre el Sur a fines de los 50 y comienzos de los 60 incluía a muchos trabajadores blancos sindicalizados. Ese período detuvo un poco el progreso que se había hecho en la postguerra y reemplazó a los populistas, que ponían énfasis en cuestiones económicas, por racistas en los gobiernos locales y del estado.

Sin embargo, el grueso de los líderes sindicales en el Sur hicieron todo lo que pudieron por promover los derechos de los negros, porque veían el sufragio negro como algo crucial para el éxito del sindicato, así como para su propio progresismo.

No hay duda de que hubo conflictos, en general sobre los métodos y la velocidad del progreso negro. Los conflictos escalaron cuando cayó el empleo.

Y algunos sindicatos lo hicieron mejor que otros. Los sindicatos de artesanos estaban menos dispuestos a cambiar que los sindicatos industriales del CIO, el cual, sobre todo en el Norte, había eliminado muchas de las discriminaciones de la era presindical.

Aun así, las empresas de construcción sindicalizadas [bastiones del sindicalismo artesanal] tenían mejores registros en punto a entrenar a trabajadores negros para el trabajo calificado que las no sindicalizadas.

Bayard Rustin dijo en algún momento de comienzos de los 70 que el movimiento obrero era la institución norteamericana más capaz de empoderar a los negros. 

Sí. Y creo que todavía es verdad. En el Birmingham de los años 30, los trabajadores del acero, organizados junto con los mineros del carbón y del hierro, eran la única institución integrada de toda la ciudad.

Y estamos hablando del Birmingham de Jim Crow. Los sindicatos no eran perfectos, pero los negros tenían voto en la elección de sus líderes y, por lo tanto, tenían voz. Y muchos de ellos estaban lo bastante calificados como para servirse de eso en ventaja propia. ¿En qué otro sitio de Birmingham tenían esa clase de poder?

Si no entiendes el empoderamiento que trae consigo el ser un miembro de una unión sindical, teniendo voz en tu vida laboral, lo importante que es para una persona que carece de derechos fuera del sindicato; si no entiendes eso, no sabes qué fue el Sur de Jim Crow. Por eso estos primeros negros sindicalizados fueron tan entusiastas con las uniones sindicales.

Yo entrevisté a un trabajador negro, Willie George Phillips, de la fábrica de cables de Birmingham, llevada realmente por negros. “A finales de los 40”, me dijo, “decidimos elegir a un negro como presidente del comité de quejas y agravios”, que era en la práctica el comité más importante del sindicato.

Yo le dije: “¿Entonces usted piensa que ya era el momento de elegir a un negro para la presidencia?”. Me dijo que no. “Pero cada vez que elegíamos a un blanco, lo promovían a capataz. Y nosotros sabíamos que jamás harían capataz a un negro”.

Aquí yo había supuesto que eran los tiempos en que los negros estaban en marcha, en pos de subir posiciones. Y no, había una razón muy práctica, él reconocía el racismo en curso en la fábrica, su imperfecto mundo. Eso explica por qué los trabajadores negros se unían a gentes de las que diríamos que eran probablemente un poco racistas.

Y había razones que nada tenían que ver con la raza para tener un sindicato. Una vez le pregunté a Jimmie Lee Williams, un líder negro de la planta metalúrgica de coque, cuál había sido su logro más importante. Pensé que me diría el haber facilitado la promoción de negros o el registro electoral de negros, cosas, ambas, en las que había trabajado muy bien. Pues va y me dice: “La mejor cosa que yo he hecho nunca en la planta de coque fue conseguir aire acondicionado para los trabajadores”. La gente que nunca ha trabajado en una planta de coque en el verano de Birmingham necesita hacer un buen esfuerzo de imaginación para poder entender esta historia.

Había dos instituciones en las que la gente de clase obrera –no me importa de qué raza— podía obtener calificación para el liderazgo. Una era la iglesia y la otra, la unión sindical.

Cuando pregunté a otro  obrero negro jubilado qué era lo que más le gustaba del sindicato, me dijo: “Yo estaba en el comité de las pensiones”. Sorprendida, le pregunté: “¿Por qué?”. Repuso: “Me dio la oportunidad de salir de Birmingham y viajar a otras ciudades. Yo nunca había viajado”.

Yo creo que muchos liberales de izquierda ven este tipo de cosas y dicen: “Ah, vale, pero estar en un sindicato, ¿qué significa realmente? ¿Es un negocio realmente tan bueno?”.

Pues lo significa todo.

Crea democracia.

Exactamente. Establece el imperio de la ley. Te protege del despido arbitrario y somete a los blancos al contrato, a la ley. Si no puedes entender qué significa eso, digas lo que quieras no puedes ni remotamente entender qué fue el Sur de Jim Crow.

5 Los años 70 y el ascenso de Ronald Reagan

¿Qué le pasa al orden del New Deal en los años 70?

La pérdida de sufragio Demócrata entre los trabajadores blancos comenzó en las elecciones de 1980. Tras las aberrantes elecciones presidenciales de 1972, en la contienda de 1976 se asistió a un regreso del sufragio de clase, en el Norte y en el Sur.

Había mucho debate racial y muchas divisiones a escala nacional y local en 1976, pero no afectó al voto. Cualesquiera que fueran sus tendencias raciales en 1976, el grueso de los trabajadores blancos no abandonó al Partido Demócrata.

Muchos blancos, especialmente los más prósperos, abandonaron al Partido Demócrata en el Sur. Pero los que se mantuvieron tenían características similares a los Demócratas blancos del resto de la nación –mayores, católicos, sindicalizados, trabajadores manuales, de clase obrera, menos instruidos y menos prósperos—, de acuerdo con los politólogos Richard Nadeau y Harold W. Stanley, que estudiaron el voto del Sur entre 1952 y 1990.

Durante los 70, los Demócratas sureños aprendieron a representar a un electorado birracial. El reclutamiento de votantes negros y el abandono de más blancos prósperos hizo a los políticos Demócratas blancos más progresistas que sus antecesores en materia económica. La aparición de nuevos Demócratas negros robusteció al liberalismo progresista.

Luego, en 1980, y en todas las regiones, los Demócratas pierden votos a causa de la economía, de las terribles condiciones económicas.

¿Qué condiciones?

Tienes desempleo, tienes inflación. Si observas el voto de la clase obrera blanca en 1980, para empezar, hay más abstención.

Luego, en todos los grupos, salvo los negros, ves una proporción de sufragio que va a parar a Reagan en 1980 mayor que la que fue a parar a Ford en 1976. Población femenina suburbana, Norte, Sur, lo que tú quieras. Católicos. Todos los grupos.

El gran asunto en 1980 era la economía. ¿Así que volvemos a la raza? ¡Por favor! ¡No tiene el menor sentido! La dimensión de clase del voto se mantuvo en 1980. Donde Carter fue más débil y Reagan más fuerte fue en las zonas residenciales blancas y en otras comunidades prósperas.

El Sur estuvo en juego en los 70. Pero los Demócratas no ofrecieron a los trabajadores blancos (o a los trabajadores negros) democracia social.

Los líderes nacionales Demócratas no alimentaron una política de clase birracial. Los Demócratas promovieron la movilización negra (y, eventualmente, los distritos negros, para garantizarse la representación racial), pero no los sindicatos birraciales, la vía más segura para anclar el voto Demócrata.

Los blancos sindicalizados votaron Demócrata más que los blancos no sindicalizados. Pero el Presidente Carter sólo superficialmente y con la boca pequeña apoyó la reforma laboral en 1978, una reforma que habría hecho avanzar el proceso de sindicalización de los trabajadores sureños, negros y blancos.

Se hizo filibusterismo parlamentario con la ley, hasta que murió. A finales de los 70 –ahí empezó la cosa—, cuando el Partido Demócrata abrazó el neoliberalismo, perdió la capacidad para convencer a los trabajadores de que podía reparar la economía.

Sí, algunos blancos de clase obrera en el Sur viraron hacia el Partido Republicano, especialmente cuando era el partido en el poder en su ciudad y en su condado. Pero muchos más simplemente dejaron de votar.

¿Se puede decir que la clase obrera encogió como porcentaje de la población general?

¡No! Dejaron de votar.

En cierto modo, sospecho que eso no es tan sorprendente. Lo que hizo Carter fue básicamente pedir a la clase obrera que hiciera más con menos.

Absolutamente. Hoy resulta muy difícil representarse eso, porque Jimmy Carter se dedica a mediar y poner fin a conflictos por todo el mundo. Pero fue enormemente criticado.

El senador Edward Kennedy lo desafió en las primarias, y los sondeos de opinión mostraron en 1980 que la gente votaba a Reagan, no porque fuera más conservador, sino porque pensaban que Jimmy Carter era incapaz de gestionar la economía.

Los reaganianos se complacían en sostener que se trató de una victoria ideológica conservadora, pero los sondeos demuestran concluyentemente que lo que se había perdido era la fe en la capacidad de Carter para reparar la economía.

Fue como en las elecciones de 1932, cuando la gente votó a Roosevelt porque Hoover tuvo tres años para mejorar la economía, pero fracasó.

Los sondeos de opinión de 1984 prueban que  el 60% del electorado prefería las ideas de [Walter] Mondale de ayuda a los necesitados; sólo el 25% prefería las de Reagan. Pero creyeron que los Demócratas no podrían manejar la economía y Reagan, sí.

Hasta ese momento, los Demócratas podían proclamar: “Nosotros somos el partido de la prosperidad. Los Republicanos son el partido de la Gran Depresión”. Después de 1984, ya no fue así.

6 El giro a la derecha del Sur

¿En qué medida el giro a la derecha de la política sureña puede atribuirse al hecho de que las uniones sindicales nunca llegaron a tener mucha presencia allí?

Seguro que en muy buena medida, porque, después de todo, los trabajadores permean la cultura circundante. Por eso hay que distinguir, en el Sur, entre las pautas de voto de los trabajadores blancos sindicalizados y las de los trabajadores blancos sin sindicalizar.

Es típico que un cabildero de la industria petrolera se opusiera en 1978 a la reforma laboral, porque temía que la ley trajera consigo la sindicalización del Sur, y “el Sur seguiría entonces el camino de Ohio… a causa de la fortaleza del trabajo organizado”.

Ohio había sido antes un estado fiablemente Republicano, pero se hizo fiablemente Demócrata a causa de la sindicalización. El cabildero temía que fuera a ocurrir lo mismo en el Sur.

¿Cómo afectó la desindustrialización al Sur en comparación con el Norte?

El Sur empezó el período de desindustrialización con una base de sindicalización más débil. En la medida en que las uniones sindicales ralentizaban la pérdida de empleo, los trabajadores sureños  fueron más vulnerables.

Pero la composición de la industria sureña –muebles, textil, confección y otras industrias intensivas en trabajo— expuso a la región a las importaciones baratas de los 80 y luego a la NAFTA en los 90 y a China en la primera década de este siglo.

¿En qué medida crees que el ascenso de la derecha en el Sur puede atribuirse al hecho de que el Sur se hiciera más rico luego de la II Guerra Mundial?

Los primeros Republicanos en el Sur de postguerra venían de las áreas prósperas. El Presidente Eisenhower ganó en Texas, Virginia, Florida y otros estados sureños periféricos. Los Republicanos del Sur venían principalmente de la clase media alta. Eso fue un fenómeno de clase, no de raza.

La industrialización del Sur fue dual.

Por un lado, tienes empresas manufactureras, textil, confección, muebles, metal.

Pero luego tienes la nueva industria de alta tecnología, a menudo vinculada a la defensa, en los suburbios que circundan a las universidades y que tenía demanda de población con instrucción académica superior. Muchos eran yankees del Norte que venían al Sur.

Más recientemente, las nuevas plantas automovilísticas extranjeras que proliferan en el Sur no han alterado mucho la situación política. En primer lugar, porque no están sindicalizadas y los trabajadores entienden la precaria naturaleza de su empleo.

Mercedes abrió una planta en Alabama en 1997, y un tipo que conozco en Alabama me dijo: “Es más difícil entrar a trabajar en esta planta de Mercedes que ser admitido en Harvard. Y no te digo si llegas a estar afiliado a un sindicato, jamás lograrás un empleo allí”.

¿Por qué?

No quieren sindicalistas. Si ven en tu curriculum laboral que has trabajado en una planta que estaba sindicalizada, probablemente no conseguirás el empleo. Muchas de las plantas automovilísticas se ubican en zonas blancas, porque creen que los negros son mas pro-sindicatos que los blancos.

Bien, volvamos a la situación de los norteamericanos negros en relación con la economía: ¿cómo se vieron afectados específicamente los trabajadores negros por la desindustrialización y, luego, por el NAFTA?

Algunos dicen: “Bueno, los negros nunca estuvieron en las fábricas; para ellos sólo cuentan el empleo público y los puestos de trabajo en el sector servicios. Así que la desindustrialización es un fenómeno blanco”.

Es falso. Hay montones de negros que trabajan en la industria en el Sur desde siempre y en el Norte, desde la I Guerra Mundial.

A. Philip Randolph, en pleno fregado del Montgomery Bus Boycott, cuando la cuestión era cómo transportar a los negros esquiroles hasta sus puestos de trabajo, dijo: “Bueno, los trabajadores negros de la industria del acero en Birmingham son tan ricos, que tienen dos coches: pueden ayudarnos”.

Tras la introducción de una cosechadora mecánica de algodón y el rápido declive del empleo agrícola en los 50 y los 60, el empleo industrial fue la salida perfecta para los negros despedidos de las haciendas.

Y muchos empezaron a trabajar en las industrias textiles del Sur gracias a la lucha de los trabajadores negros para sacar provecho de las nuevas leyes antidiscriminatorias.

Pero justamente cuando los negros estaban empezando a conseguir esos puestos de trabajo, el número de empleos textiles comenzó a declinar a causa de las importaciones japonesas y del extremo Oriente.  Y lo mismo vale para industrias como el acero.

Así, pues, la desindustrialización y la derechización económica del Partido Demócrata no eran inevitables…

Producimos menos que lo que solíamos, pero eso no es simplemente el resultado de la globalización. Otros países siguen produciendo tanto como producían en el pasado.

No volverás a traer las camisetas. No volverás a traer el calzado. Pero tenemos déficits comerciales en la industria de alta tecnología.

Desde que entró en vigor el NAFTA, se han perdido 5 millones de empleos en la industria. El grueso de los tratados comerciales de los últimos treinta años no versaban sobre aranceles, sino que han sido concebidos para proteger la inversión estadounidense en el resto del mundo.

Eso crea incentivos para la deslocalización del trabajo. El gobierno de los EEUU ha ignorado completamente la manipulación de la divisa, un factor de enorme peso en el déficit comercial norteamericano.

Nunca es una cuestión de comercio, sino una cuestión de las reglas del comercio. De lo que es permisible y de lo que no lo es: son cuestiones de política gubernamental. Y con toda la cháchara sobre el empleo generada por ambos partidos, lo cierto es que, cuando se trata de acuerdos comerciales, quienes gozan de la mayor influencia son las grandes empresas.

Las elites políticas estuvieron dispuestas a sacrificar puestos de trabajo (aunque nunca lo dijeran así) en favor de la seguridad nacional en la era de la Guerra Fría.

También permitieron a las elites económicas resolver sus problemas industriales a través del trabajo barato extranjero en los 90 y después.

En los 80, las grandes empresas se mantenían en la brega, pero en los 90, con el NAFTA, y luego con la entrada de China en la Organización Mundial de Comercio, las grandes empresas rejuvenecieron con las deslocalizaciones.

Tomadas de consuno, todas esas políticas generaron la desindustrialización, una de las fuentes principales de la alienación política de los trabajadores.


Judith Stein
es profesora de historia y economía política afroamericana en el City College de Nueva York

Publicado Originalmente: https://www.jacobinmag.com/2016/06/white-working-class-new-deal-racism-reagan-democrats/

Traducción: Mínima Estrella

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