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El poder persuasivo del rapport en la comunicación no verbal política

El poder persuasivo del rapport en la comunicación no verbal política

Obama y Hillary-01> Por César Toledo

La convención demócrata para la proclamación de Hillary Clinton como candidata a la Casa Blanca nos dejó esta potente imagen, difundida en todo el mundo por la agencia de noticias Reuters, en la que el presidente Obama no necesita pronunciar una sola palabra para expresar un emocionado respaldo a su posible sucesora en el despacho oval.

El medio abrazo entre Clinton y Obama constituye un ejemplo inconfundible de rapport, una de las herramientas más potentes en la interacción social, sobre la que ya escribí en una entrada anterior. La escena evidencia una vez más la enorme influencia del comportamiento no verbal en la comunicación política, una realidad que algunos de nuestros líderes siguen empeñados en ignorar.

Lo primero que llama la atención al analizar la imagen es que no estamos ante un abrazo completo. Se trata solo de medio abrazo, pero tiene un poder de seducción mucho mayor, porque nos permite apreciar las expresiones faciales en simultáneo: ambos rostros se mimetizan por completo, como el resto de sus cuerpos, prueba de la profunda sintonía, congruencia y sincronía emocionales que los dos experimentan en ese instante.

Como ya expliqué, cuando dos personas conectan de verdad tienden a imitarse de forma inconsciente, algo que ocurre en este caso de manera tan llamativa como emotiva. Básicamente, Hillary y Barak sienten lo mismo en ese momento, y lo expresan espontáneamente de igual manera.

Rapport entre Hillary Clinton y Barak Obama

Sus caras parecen clonadas: los ojos cerrados de la misma forma y en el mismo instante (1), las líneas de los párpados sin tensión, las comisuras de los labios sutilmente elevadas (2), la musculatura facial relajada, y sus rostros en contacto, piel con piel, en una escena que transmite ante todo cercanía,placidez y serenidad. Lo mismo ocurre con la posición de sus brazos rodeando las espaldas (3), y sus manos sujetándose de igual manera, con la movilización de las mismas articulaciones metacarpianas (4).

Sobre el escenario de la convención demócrata en Filadelfia, Clinton y Obama están emocionados, son felices, se encuentran bien juntos, y lo que es más importante, disfrutan compartiendo sus sentimientos, en un ejercicio de transparencia mucho más potente que ningún discurso verbal, porque la ilusión viaja directamente al cerebro emocional del público, activa las neuronas espejo y contagia las sensaciones.

Los espectadores acaban experimentando exactamente lo mismo que sienten ellos. Y ellos, lo mismo que el público. Es el feedback a pleno rendimiento, la retroalimentación a gran escala. Es la magia y el fundamento neurológico de la empatía. La demostración de que un líder persuasivo no puede comunicar solo argumentando razones, sino contagiando emociones.

El instante captado por el oportuno fotógrafo de Reuters dura menos de un segundo, lo que añade más valor a la imagen, porque no es casual que ambos cierren los ojos en la misma fracción de tiempo. Cuando dos seres sincronizan de esta forma sus actos reflejos e involuntarios, la comunicación alcanza lo sublime y entramos en una dimensión todavía incomprensible en muchos aspectos para la ciencia.

En este caso la imitación inconsciente tiene todavía mayor alcance, porque estamos ante dos personalidades muy diferentes, con un lenguaje corporal muy distinto. Barak Obama es una persona de distancias muy cortas, con una frecuente postura de aproximación y un elevadísimo grado de contacto físico, mientras que Hillary Clinton mantiene habitualmente una distancia personal mucho mayor, una postura más erguida y distante, y un menor contacto físico con sus interlocutores, como ya vimos también en una anterior entrada.

Simetría postural

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