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La encrucijada brasilera III: El ocaso de una idea

La encrucijada brasilera III: El ocaso de una idea

Brasil 3-01>Por Luciano Espinosa* Exclusivo para Mix Político desde Brasil

Sobre el campo de batalla se impone una extraña y psicótica calma. Una espesa bruma de tierra y pólvora, va perdiendo espesor y las primeras figuras se pueden divisar en el horizonte. El silencio se impone con desprecio, merced las bocas de cañón aplacan su ira. El cuadro de situación es tan grave como siempre, pero más claro que nunca: Si como se comentó precedentemente en ediciones anteriores, la oposición ya tomó la colina (el palacio del Planalto[1]), el pasó que se dio ayer, supuso nada menos, asegurar la posición y dispersar los últimos atisbos de resistencia: pero a decir verdad, estamos ante la primera derrota aplastante, y por primera vez, parece que se consumará finalmente los peores presagios anunciados. Pero veamos los acontecimientos en desarrollo.

Entendemos loable realizar una breve lectura en perspectiva, de lo que está sucediendo en Brasil, con la intención de sumar a cualquier lector ocasional: Antes que nada debemos recordar que la crisis política, es solo una de las caras de lo que pareciera una tormenta perfecta.

Comenzaremos recordando que Brasil enfrenta su peor crisis económica en 70 años, y sus indicadores, realmente asustan: por un lado hace 3 años que la economía no crece, muy por el contrario, asiste a un proceso de retracción que deja cada vez más personas fuera del sistema, para este año se espera que su producto bruto interno (PBI) caiga entre un 3.6% y un 4%; a esto se le debe sumar un aumento paulatino de la deuda pública y el déficit primario, esta última, según declaró Cassio Cunha Lima presidente del Partido de la Social Democracia Brasileña (PSDB) en el senado, ya alcanzaría los R$ 150 billones, muy por encima de los 96 billones de reales que se plateó como meta Rousseff. Por otro lado la inflación ha aumentado en sintonía con el desempleo, posicionándose ambos en torno al 11% y 12%.

Uno de los flagelos más apuntados por la sociedad brasilera, es justamente la falta de empleo de calidad y la pérdida real del poder adquisitivo. Es de resaltar que esta crisis económica ha dinamitado las demás áreas de la realidad: sus consecuencias se sintieron con fuerza en el ámbito social y sobre todo en el político; esto produjo un círculo vicioso descendiente, que en la medida que avanza, se retroalimenta de sus consecuencias, produciendo problemas cada vez más graves y profundos.

Con respecto a la crisis política, tenemos que recordar, un proceso de perdida de capital político[2] severo y angustiante, devenido luego de los problemas económicos que apuntamos en el párrafo anterior, pero sobre todo, consecuencia del incumplimiento de las promesas de campaña que Dilma realizó en las elecciones presidenciales de 2014: o como el mismo Lula aseveró “ganamos con un plan (progresista), y terminamos aplicando otro (neoliberal)”. Así el Partido dos Trabalhadores (PT) se encontró en el peor de los escenarios: sus opositores siguieron mostrando disconformidad con sus medidas y dinamitaron sus bases: los trabajadores, que sintieron una vez más el sabor amargo de la traición.

Dado esto, se acusó a Dilma Rousseff de maquillar las cuentas fiscales[3] en la medida que habría retardado el traspaso de fondos de la unión, a los bancos que depositan el dinero para los beneficios sociales de las personas más necesitadas del Brasil (planes como “minha casa, minha vida” y “bolsa familia”) en perjuicio de los bancos, que por momentos contaron con menor liquidez, no de los beneficiarios, que recibieron sus ayudas en tiempo y forma. Esta práctica, es llamada “pedalada fiscais” [pedaleada fiscal] y se supone que atenta contra el espíritu de la democracia, en la medida que muestra maliciosamente una imagen distorsionada del déficit público federal, para influir sobre el electorado. Lo que no se menciona usualmente que Dilma no es la primera que habría incurrido en esta operatoria, pero sí la primera en ser juzgada: una vez más nos horrorizamos en afirmar que estamos ante un juicio político [impeachment] que tiene todo de político, y nada de jurídico.

El impeachment fue ganando gravedad en la medida que el frente petista sufría ruidosos quiebres y fracturas. Por importancia no debemos olvidar que el rompimiento con el Partido del Movimiento Democrático Brasileño (PMDB) fue quizá el principio del fin. En argentina no tenemos algo similar al PMDB, pero podríamos caracterizarlo como un partido con la presencia territorial de la UCR, pero con una devoción por el poder peronista…

Además como antes se adelantó, el PT perdió las calles, muchos de sus principales referentes quedaron desencantados con el desenlace de esta historia. Si a esto le sumamos además, una persecución política encarnizada por los grupos multi-mediáticos más concentrados del Brasil tenemos los actuales resultados.

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La apertura de los Juegos Olímpicos desde una favela en Río

 

De soldados a mártires:

Vemos bien, aclarar que desde principios de año en este medio, se comenzó a realizar una serie de análisis sobre la actual crisis brasilera, que por sus dimensiones, terminaron haciendo de esta reflexión un dossier, que hoy llega a su cuarta entrega.

Los partes que alcanzamos al lector, no pueden ser más desalentadores; en ediciones anteriores adelantábamos tempranamente que la posición de Dilma era por demás de incomoda, y que luego de ser apartada[4] de la presidencia debía escoger entre dos mundos por demás de complejos; o renunciaba (como hizo Collor de Mello en diciembre de 1992) o inventaba algo, que en la región es totalmente nuevo: ausentarse de la presidencia por 6 meses y retomar sus funciones. Remarcamos también que la mandataria no es de aquellos que se alejan prontamente del campo de batalla: su piel rasgada por innumerables rencillas y lacerada cruelmente por los titanes que ha enfrentado, emprendería una lucha más, su honor está en juego. Pero volvamos sobe lo que aconteció ayer en el senado de Brasil.

Por una abrumadora diferencia, el senado brasilero (81 legisladores) resolvió comenzar con el juicio contra Dilma Rousseff. Luego de 16 horas de un debate cada vez más pobre, se procedió a votar. Solo era necesario contar con la mayoría simple (42), pero así mismo los senadores que optaron por el juicio sumaron nada menos que 59 votos.

A decir verdad, desde este trabajo caracterizamos el período que viene como la posguerra, a sabiendas que las fuerzas se encuentran desproporcionadamente en favor de los pro-impeachment. Para el juicio en sí, que tendrá lugar desde el 25 hasta el 29 de Agosto, la oposición deberá recabar una mayoría calificada (las dos terceras partes, que equivalen a 54 votos) y a decir verdad, ya cuenta sobradamente con la fuerza para destituir definitivamente a la experiencia petista del gobierno: en el día de ayer 59 legisladores se manifestaron contra la continuidad de Dilma, 5 votos más de los necesarios para la destitución en el juicio de fin de mes.

No es menor la importancia de lo que se avecina. Perdida la última batalla (elección de diputados del 17 de Abril) y apartada de sus funciones (cámara de senadores 12 de mayo) se buscará perfeccionar la conflagración, dotando al interinato de Temer de una institucionalidad, que las urnas le negaron. Los 21 senadores fieles al gobierno que condenaron el juicio político, devendrán en mártires, en la medida que al parecer la suerte esta echada.

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Lula da Silva y Dilma Rousseff

 

¡Fuera los corruptos!

A decir verdad, desde este trabajo, se tiene absoluta certeza que impeachment, sin crimen de responsabilidad, es golpe; no fueron juzgados por igual razón los presidentes que incurrieron en las mismas prácticas que la apartada mandataría, en ningún momento los legisladores apelaron a fundamentación jurídica para tomar sus decisiones, repetimos una vez más que este proceder tiene todo de político, y nada de jurídico: el gobierno petista dinamitó sus bases de apoyo por errores que no pueden imputar a personas de fuera, y sufrieron una suerte de revancha espantosa, que tiene en vilo al país más importante de la región.

El llamado a tomar el timón de este buque colosal a la deriva, es nada menos que Michel Temer (PMDB), un personaje un tanto controvertido de la escena brasilera, que supo tejer una red de poder que hoy está dando sus frutos más deliciosos, pero no logró llegar hasta hoy sin algunas manchas de lodo en sus vestiduras: el mismo, ante muchos escándalos provenientes del petrolão que lo señalan a él y su ministerios,  fue indicado por una delación premiada de Marcelo Odebrecht (ex ceo de la constructora más grande de la región que lleva su apellido) como responsable de aceptar coimas  para el Partido del Movimiento Democrático de Brasil por la módica suma de 10.000.000 de reales (3.15 millones de dólares) según recogió la revista Veja.

La suerte está echada, pero indefectiblemente Temer, en evidente alianza con el derechista  Partido de la Social Democracia Brasileña (PSDB), precisa hacerse con el marco institucional que le otorgue la legalidad (jamás legitimidad) suficiente para ocupar el ejecutivo hasta el 1 de Enero de 2019, donde concluirá su mandato.

Es por demás de sorprendente la reacción de algunos brasileros con los  que tuve la oportunidad de hablar; cuando uno les pregunta cómo puede destituirse a una mandataria elegida por 55 millones de ciudadanos por maquillar las cuentas fiscales, y poner en su lugar a un político que evidentemente tuvo una participación escandalosa en el reparto de coimas de PetroBras, que desde que asumió, él y sus ministros, buscaron detener la investigación por corrupción en torno a la estatal petrolera (operação Lava-Jato) y que además no lo votó nadie, ellos solo contestan: Bem-Vindo ao Brasil moço [Bienvenido a Brasil, chico].

 

*Sobre el autor: Nacido en General Pico, La Pampa. Licenciado en Ciencias Políticas por la Universidad Nacional de Río Cuarto, realiza una maestría en la Universidad Federal do Tocantins, becado por la Organización de Estados Americanos, actualmente reside en Palmas (Brasil).

NOTAS:

[1] Sede del gobierno federal de Brasil.

[2] Ver La encrucijada brasilera: un desafío para las democracias de la región 

[3] Ver “El nunca más de la corrupción: auge y caída de una forma de hacer política en la región latino-americana

[4] Ver La encrucijada brasilera II: En busca de un timón.

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