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Debate: ¿Realmente puede Trump ganar las elecciones de Estados Unidos?

Debate: ¿Realmente puede Trump ganar las elecciones de Estados Unidos?

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Puede ganar: Filosofía de la veleta en plena tempestad

>Por Pedro Luque

La fórmula de Donald Trump es tan básica como eficaz: acomodarse según sople el viento. La filosofía de las veletas es la única que conoce. Por eso se acomoda tan bien a este tiempo histórico de su país, azotado por vientos cambiantes y capaces de doblar los discursos más rígidos.

Las ráfagas revuelven viejas tensiones raciales, agitan el miedo a nuevos ataques terroristas y esparcen la desconfianza popular hacia el establishment político, que quedó mal parado tras la última crisis económica mundial.

Tras algunos coqueteos con la política, Trump entendió que ahora todo sopla a su favor y se lanzó en una carrera arrolladora hacia la candidatura republicana. Nadie lo vio venir. Con un discurso básico, basado en su supuesta y redentora condición de outsider de la política, plagado de frases xenófobas, carente de propuestas concretas pero cargado de prepotencia, arrasó en las primarias de su partido, ante la aturdida mirada de la vieja guardia conservadora y de los analistas del mundo entero.

Su último giro se basa en una añosa máxima: “Ley y orden”. El multimillonario inmobiliario se presenta como el sheriff que el país necesita ante la amenaza yihadista externa y las venganzas raciales internas.

La única que puede detenerlo ahora es Hillary Clinton, una candidata experimentada pero rígida y predecible, que se presenta como continuadora del dudoso legado de Barack Obama. Con sorpresiva anticipación, el mandatario ya apareció en un mitin de la ex primera dama para darle respaldo. Los demócratas se saben amenazados por un electorado que tiende a cambiar de color político cuando un partido repite mandato. Ocurrió con Bill Clinton y con George W. Bush. ¿Pasará lo mismo con Obama?

Las encuestas evidencian el crecimiento del rubio magnate. Las últimas predicen un empate técnico. Aunque las minorías están con la exsecretaria de Estado, el grueso de la población blanca sin estudios universitarios apoya al showman televisivo.

Con su verborragia de alcantarilla, Trump llevó cada batalla a su fangoso terreno. Así desbarató a cada uno de sus múltiples y heterogéneos contrincantes en la interna republicana. En cambio, Hillary debió adaptarse a las propuestas de su único contendiente, el sorpresivo Bernie Sanders, que casi patea el tablero demócrata. Está claro que una enorme parte del electorado quiere un cambio. Por eso, la inclasificable criatura política que es Trump tiene grandes chances de ser el próximo presidente de Estados Unidos.

Lejos del centro y del partido: decí “alpiste”

>Por Adrián Simioni

Trump tiene pocas chances de ganar las elecciones presidenciales estadounidenses. La principal razón: en los sistemas bipartidistas en general y en el estadounidense en particular, los dos partidos en pugna están condenados a ofrecer candidatos centristas, porque son votantes de centro los que definen. Un republicano, una vez que ganó la candidatura, ya tiene los votos a su derecha; un demócrata, los de su izquierda. Y ambos deben robarle al otro el centro. Aunque tanto Hillary Clinton como Trump tienen altos niveles de rechazo, las encuestas muestran que ella tiene mejores chances.

Otra razón: la veta “antipolítica” de Trump le permitió ganar la nominación republicana a caballo de las bases de ese partido. Pero también lo aisló del aparato partidario. Por primera vez hay políticos y expertos republicanos que expresaron su abierto rechazo. Un grupo de asesores en política exterior en el Congreso llegó a decir que Trump es “fundamentalmente deshonesto” y su visión, “salvajemente inconsistente”.Todos descuentan que Trump afrontará ambos problemas (la necesidad de apelar al centro y al establishment republicano) moderando su desprecio por los datos y los argumentos, su explotación de los prejuicios más recalcitrantes y su habilidad comunicacional para, básicamente, hacerle bullying a sus competidores.

Pero eso podría no suceder. Expertos de su campaña han planteado que las tensiones raciales en Estados Unidos, la amenaza terrorista global y la propia naturaleza de Trump recomiendan presentarlo como el garante del orden, como pasó con Nixon en 1968, en un país convulsionado por la guerra de Vietnam y el activismo por los derechos civiles.

Pero ya no es 1968. Cambiaron la demografía y los hábitos políticos, como marcó Will Kenton en Investopedia. En 1980, el 88 por ciento de los votantes eran blancos y 52 por ciento eran hombres. En 2012 el lago en el que pesca Trump se achicó: 72 por ciento fueron votantes blancos y 47, hombres. El voto hispano pasó del 2 al 10 por ciento. El voto afroamericano creció. Y Trump no ha hecho más que avergonzar al Republicano, el partido que terminó con la esclavitud.

De hecho, esa cuestión de fondo que complica a Trump no es nueva. De las seis elecciones realizadas desde 1992 los republicanos ganaron sólo dos. Y en una de ellas ganó la mayoría del colegio electoral, no la mayoría del voto popular. Y Trump es el peor candidato para remontar ese inapelable destino demográfico que carcome a los republicanos.

Publicado originalmente en: LA VOZ

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