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Venezuela: Los riesgos de la Inmadurez

Venezuela: Los riesgos de la Inmadurez

BAJO LA LUPA: VENEZUELA

>Por Rodrigo Durán Guzmán exclusivo para MIX POLÍTICO

Cuando asumió, tras la muerte del ex Dictador Hugo Chávez, sus primeras declaraciones daban para pensar que algo no andaba bien. Porque nadie, por muy mandatario o inherente al poder que ostente, puede afirmar que “se me apareció un pajarito y me dijo que Hugo Chávez estaba feliz”. Y es que claro, en rigor a lo que Nicolás Maduro se refería en aquella ocasión era a la continuidad de la “obra y legado” del Comandante icónico de la revolución Bolivariana que hoy, en vista y considerando, está más cerca de su extinción que de su continuidad.

Económicamente hablando, Venezuela está anárquica y adolece de una enfermedad que la mantiene en una delgada y delicada línea. Los precios suben por hora, no hay fuentes de empleo y el salario mínimo escasamente alcanza para comer unos días, si es que logran adquirir los invisibles alimentos en el mercado negro. El país sigue subvencionando con su petróleo a Cuba y otros países del Caribe; sin embargo, actualmente está importando gasolina para abastecer a su mercado interno, algo totalmente absurdo. Tanto sus pozos como refinerías están funcionando al mínimo nivel para justificar esa insolente importación del combustible.

La mayoría de los hospitales no tienen insumos para trabajar, es decir, jeringas, gasas, suturas, algodones, etc, brillan por su ausencia. Las medicinas son prácticamente inexistentes y la mortandad a todos los niveles se ha desbordado, incluyendo la infantil. Increíblemente, se ha perfilado un grotesco cambalache para subsistir. Ahora están intercambiando medicinas por comida, mientras el heredero de Hugo Chávez lo justifica bajo la premisa de que todo es una “operación política del Capitalismo para desestabilizar a la nación” dando cuenta de una miopía de niveles tanto incurables como incorregibles.

Lo que hoy constatamos, para infortunio del pueblo venezolano, es a un mandatario (Maduro) que ha perdido los estribos y ha terminado por sucumbir a la seducción del poder, a la corrupción que conlleva cuando no se dimensionan sus alcances en favor de la comunidad y se tiende a optar por privilegiar proyectos individuales, recompensando sólo a aquellos fundamentalistas que justificarán hasta lo injustificable, entre otras acciones que tiene como denominador común la administración del poder.

Y es que claro. Sólo aquellos realmente preparados y maduros sabrán tomar las mejores decisiones entendiendo que el arte de gobernar no es tarea sencilla pero requiere, entre otras variables, grados de madurez mínimos por parte del gobernante de turno toda vez que las esperanzas de progreso, desarrollo y justicia social están depositadas en su figura y equipos de trabajo. Pero por otro lado, y no es menos cierto, en política no necesariamente participan los mejores ni los más meritorios: en muchas partes del mundo, salvo en naciones desarrolladas y con un profundo arraigo cultural, lo que predomina son los populistas, aquellos actores de la sociedad civil que gustan de dar afrecho a sus adherentes entendiendo que de “pan y circo” también es posible vivir, más no necesariamente sobrevivir o perpetuarse en el tiempo. Porque aún cuando la inmadurez pudiera ser sello de un gobernante, en este caso de Nicolás Maduro u otros referentes de la izquierda latinoamericana, lo cierto es que la sociedad ha comenzando incipientemente a dar muestras de su evolución, a tener conciencia que los abusos del poder no son buenos, que la concentración del mismo no es una democracia sino una dictadura camuflada de representatividad donde tu voz podrá ser escuchada, más nunca considerada. Este punto, en el caso de Venezuela, cobra un alto grado de validez toda vez que ya son 17 años bajo el régimen Chavista y no se avizoran luces alternancia en el poder sino todo lo contrario. Porque Maduro es como es niño pequeño que no desea soltar su sonaja o el balón de fútbol: lo quiere para él y nada más que para sí mismo. Quizás podrá compartir un rato con algunos, sus más cercanos y aquellos que le rindan tributo no porque se trate de él sino porque él es el dueño de la pelota (para efectos prácticos entiéndase del Estado y sus recursos) y eso permite que sus amigos jueguen (lucren y se llenen los bolsillos saqueando en su totalidad los recursos públicos, acrecentando la corrupción y deslegitimando las instituciones) con tal de garantizar todos los recursos posibles en beneficio del triunfo o, en este caso, de la revolución. Quizás vaya siendo tiempo de que ese pajarito, que ya se le apareció en su momento a este niño terrible de la izquierda fundamentalista, vuelva a surgir para decirle que Hugo Chávez ya murió…al igual que sus intentos de permanecer en el poder al costo que sea porque la verdadera Venezuela, la que se muere de hambre en las calles y busca asilo en la comunidad internacional, está pronta a decir “Nunca Más”.

 

* Magíster internacional en comunicación, experto en comunicación y análisis político.

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