@españoles: La democracia está tan sobrevalorada

Rajoy deja el gobierno

 

>Por Adolfo Álvaro Martín* exclusivo para MIX POLÍTICO

Para referirme a la situación de mi país, he formulado el título de esta entrada con una recreación de la frase atribuida al genial personaje de ficción Frank Underwood, protagonista de House of Cards, para someter a su consideración si lo que a continuación se les expone le sería de aplicación esta frase lapidaria.

La crisis económica que golpeó España desde principios de esta década generó un enorme desgaste para los dos grandes partidos que, desde los años ochenta del pasado siglo se habían estado alternando en el poder; el Partido Socialista Obrero Español – PSOE- (de tendencia socialdemócrata) y el Partido Popular -PP- (de centro derecha). Las duras medidas económicas para evitar la intervención de la Unión Europea y la incapacidad de estos partidos para ofrecer soluciones a los retos derivados de la crisis económica, política, social e institucional, dieron lugar a la aparición en el tablero político nacional de nuevas formaciones que pretendían desalojar a PP y PSOE.

De un lado, Podemos, un partido de izquierda que se dio a conocer en las elecciones al Parlamento Europeo de 2014, recogiendo el impulso del movimiento nacido en torno a la acampada en la Puerta del Sol de Madrid en mayo de 2011 (Movimiento 15-M), y que en las elecciones generales de diciembre de 2015 ya se convirtió en la tercera fuerza política del país. Del otro, Ciudadanos, nacido algunos años antes como partido regional en Cataluña y que, gracias a la notoriedad que le dio su posición firme contra el nacionalismo disgregador, se situó como cuarta fuerza política en las elecciones de 2015. Los otrora grandes partidos, PSOE y PP, si bien mantenían su posición hegemónica, se dejaban casi un 25% del total de sus votantes que recalaban en las nuevas formaciones.

La falta de mayorías generada por estos resultados electorales impidió la formación de gobierno y forzó la celebración de nuevos comicios en junio de 2016, que permitieron a Mariano Rajoy, del PP, volver al Gobierno de España, gracias a la abstención del PSOE.

La legislatura ha resultado convulsa por las dificultades del PP para alcanzar mayorías parlamentarias suficientes para garantizar la estabilidad y por los continuos casos de corrupción que afectaron al partido y sus miembros. Además, las encuestas mostraban una alarmante caída tanto para el PP como para el PSOE, y un crecimiento que parecía imparable del partido Ciudadanos, que recogía apoyos tanto en el centro derecha como en el centro izquierda, especialmente a raíz del desafío independentista en una región del país, Cataluña

En este escenario de incertidumbre, hace apenas 15 días, el PP consiguió acordar con un partido nacionalista (PNV) tras otorgarle importantes concesiones económicas, la aprobación de los presupuestos generales del Estado, que supuestamente allanaba el camino al partido de gobierno para tener un plácido final de legislatura en 2020. Sin embargo, en un solo día, todo aparentemente cambió.

Veinticuatro horas después de la aprobación de los presupuestos se conoció una sentencia de un caso de corrupción que afectaba al PP, cuyos hechos se remontaban a principios de este siglo. Con esta excusa, el PSOE presentó una sorpresiva moción de censura al día siguiente, la cual, se tramitó de forma inusualmente acelerada por la Presidencia del Congreso (controlada por el PP) y que, en cinco días consiguió aglutinar los votos suficientes para prosperar. Todos los analistas y gran parte de la opinión pública consideraban que, tras los ímprobos esfuerzos del gobierno del PP para aprobar los presupuestos con el fin de garantizar cumplir la legislatura, el Presidente Rajoy haría uso de la potestad constitucional de dimitir para evitar que la moción de censura prosperase, y que el secretario general del PSOE, Pedro Sanchez alcanzase el poder. Sin embargo Mariano Rajoy, que compareció en la sesión de mañana en el Congreso para la moción, se refugió al mediodía con sus leales en un restaurante hasta altas horas de la tarde, dejando para la historia la vergonzosa imagen de su escaño vacío ocupado por el bolso de la entonces Vicepresidenta del Gobierno. Y así, el PP dejó que la moción prosperase y el PSOE llegase al poder apenas dos años después.

Ya antes de que se llevara a cabo la moción de censura, políticos del que a la postre parece el partido mas perjudicado (Ciudadanos) alertaron de que nos encontrábamos ante un acuerdo no explícito entre PP y PSOE[1].

Tras el éxito de la moción, analistas como Roberto Muñoz Bolaños[2] y Carlos Ruiz Miguel[3], han señalado que lo ocurrido de forma vertiginosa en estas tres semanas no es fruto de la casualidad si no el resultado de un plan de alternancia en el poder diseñado entre los dos grandes partidos (PP y PSOE) para garantizar su propia supervivencia y el status quo vigente desde la restauración de la democracia en 1978. Su origen, como vimos antes, estaría en los resultados de las elecciones generales de finales de 2015 y junio de 2016, donde la composición fragmentada del Parlamento parecía indicar que una “gran coalición” entre PP y PSOE era la única fórmula que podría dar estabilidad política y parlamentaria al país. Pero el miedo a que la “gran coalición” beneficiara a los partidos emergentes que disputaban electorado al PP y al PSOE (Ciudadanos y Podemos), alejó a las direcciones de los dos grandes partidos de formalizar esta coalición.

Bolaños y Ruiz Miguel creen que en España se ha producido un pacto “a la israelí”, como el ocurrido en ese país en 1984 donde se alternaron en el poder durante una legislatura los dos grandes partidos, solo que en España este acuerdo habría sido secreto, permitiendo al PP gobernar los dos primeros años (2016-2018) y al PSOE los siguientes (2018-2020).

Lo cierto es que gracias a la moción de censura los dos grandes partidos de la democracia española, que parecían abocados a un derrumbe en apenas un año, han monopolizado la agenda política y han dejado apartados y sin discurso a los partidos emergentes, especialmente a Ciudadanos, al que las encuestan mostraban como el favorito para alcanzar el poder en las próximas elecciones generales.

El nuevo gobierno del PSOE tras la moción, compuesto por funcionarios de la Unión Europea, burócratas de los gobiernos territoriales o escritores con pasado en tertulias televisivas, es el que menos influencia del partido ha tenido en los últimos años, que ha recibido el inmediato beneplácito de los principales agentes económicos del país y de la Unión Europea. Los analistas, consideran que dada la debilidad parlamentaria del PSOE, se ha diseñado para que el Presidente Pedro Sánchez, tome en este periodo protagonismo político.

Democracia: Pedro Sánchez y Mariano Rajoy

El nuevo presidente español, Pedro Sánchez, despide a Rajoy el viernes pasado, tras ser destituido. [AP]

Es mas, desde diversos medios de comunicación ya se ha tildado a este nuevo ejecutivo surgido de la moción de censura como el “gobierno naranja”, porque su presumible orientación podría haber sido perfectamente asumible por Ciudadanos, cuyo color corporativo es el naranja. Y, ello nos lleva a considerar la posibilidad que en las próximas elecciones nos encontrásemos con candidatos muy similares; Pedro Sánchez (PSOE), Albert Rivera (Ciudadanos) y probablemente Núñez Feijoo (PP), que perfectamente podrían intercambiar sus proyectos electorales.

De ser cierta esta situación y los análisis de lo ocurrido antes expuesto, en España estaríamos ante lo que Peter Mair pronosticó en su obra Gobernando el vacío (2015) como el fin de la era de la democracia de partidos. En su lugar, las élites de poder habrían optado por actores políticos con pocas diferencias ideológicas, pero que pelearían sin cuartel en las campañas electorales. Una situación que, en palabras del politólogo Fernando Vallespín[4], provocaría una “gran coalición de facto”, con una creciente interpenetración entre Estado y partidos, que convierte a estos últimos en férreas organizaciones de tecnócratas, mas preocupados de su supervivencia que de las necesidades del electorado.

Juzguen ustedes, pues a lo mejor otra vez, Frank Underwood tenía razón.

 

 

[1] https://disidentia.com/la-mocion-de-censura-una-farsa-montada-por-pp-y-psoe-para-mantener-el-poder/

[2] https://www.elespanol.com/opinion/tribunas/20180601/rajoy-no-dimitio-censurado/311838820_12.html

[3] http://blogs.periodistadigital.com/desdeelatlantico.php/2008/10/13/el-autor-carlos-ruiz-miguel

[4] https://elpais.com/cultura/2015/11/19/babelia/1447935691_352404.html

¿Son los mercados emergentes el canario en la mina de las finanzas?

Mercados emergentes

Antiguamente, los mineros utilizaban canarios domésticos para conocer la calidad del aire en las profundidades.

 

>Por Kenneth Rogoff

¿Son las crisis cambiarias y de deuda en gestación en Argentina y Turquía hechos localizados sin implicaciones más amplias? ¿O señales anticipadas de alarma respecto de fragilidades más profundas en mercados globales de deuda sobrecargados, que salen a la luz conforme la Reserva Federal de los Estados Unidos sigue normalizando las tasas?

El aumento de tipos de interés también puede poner a prueba la estabilidad en algunas economías avanzadas, especialmente en Italia, donde los votantes (en particular los del sur, menos desarrollado) optaron decididamente por un gobierno populista disruptivo. La economía de Italia es diez veces más grande que la de Grecia, y un default de su deuda haría saltar toda la eurozona. De hecho, el gobierno de coalición populista que acaba de asumir el poder insinuó que buscará una quita en algunos de los pasivos ocultos que tiene Italia con el sistema euro a través del Banco Central Europeo (no incluidos en la deuda pública oficial del país, que supera el 130% del PIB).

La buena noticia es que una crisis global de deuda con todas las letras es relativamente improbable. Incluso con cierta desaceleración reciente del desempeño de Europa, el panorama económico mundial en general se mantiene firme, y la mayoría de las regiones del mundo todavía crecen a buen ritmo. Aunque es verdad que varias firmas de mercados emergentes han acumulado cantidades preocupantes de deuda externa denominada en dólares, muchos bancos centrales extranjeros rebosan de activos en dólares, especialmente en Asia.

Además, el Fondo Monetario Internacional tiene recursos suficientes para manejar una primera oleada de crisis, incluso si incluyera, por ejemplo, a Brasil. La principal preocupación no es que el FMI no pueda proveer fondos, sino que repita el error que cometió en Grecia, al no imponer un acuerdo realista a deudores y acreedores. En cuanto a Italia, lo más probable es que Europa halle el modo de conceder transitoriamente al nuevo gobierno una parte del margen fiscal adicional que busca, aun cuando los funcionarios de la eurozona no pueden de ningún modo permitir que la endeudada Italia destruya la moneda común.

La razón más importante para ser optimistas, a pesar de todo el ruido político circundante, es que el tipo de interés real a largo plazo en todo el mundo sigue siendo extremadamente bajo. Incluso en medio de tanta inquietud por el endurecimiento de la política de la Reserva Federal, las letras del Tesoro de los Estados Unidos a 30 años indexadas por inflación todavía pagan alrededor del 1% (muy por debajo de los rendimientos reales a largo plazo, que en promedio rondan el 3%). Mientras el panorama global subyacente que ofrecen los tipos de interés siga siendo tan benigno, no hay motivos para creer que esté a punto de desatarse una superoleada de impagos de bonos.

Es notable hasta qué punto el FMI (que vigila las crisis de deuda y financieras del mundo) viene subiendo de tono sus advertencias. Tras años de decir que los países avanzados ya no necesitan preocuparse por sus niveles prácticamente inéditos de deuda pública (el total de deuda de los gobiernos ya supera en promedio el 100%), el FMI comenzó a advertir que muchos países pueden verse sin espacio de maniobra fiscal si llegara a producirse de aquí a poco tiempo otra recesión. El problema no es sólo la deuda contabilizada, sino también los pasivos ocultos derivados, sobre todo, de programas de atención de la salud y pensiones enormemente subfinanciados (deudas implícitas que en muchos casos superan con creces los números oficiales).

La investigación reciente respalda con datos firmes la visión del FMI. Los países con niveles de deuda históricamente altos muestran (en promedio) un crecimiento considerablemente peor cuando enfrentan perturbaciones importantes, y la relación a largo plazo entre alto endeudamiento público y crecimiento es claramente negativa. Por supuesto, esto no dice absolutamente nada acerca de las consecuencias económicas de reducir activamente la carga de deuda pública, lo que popularmente se conoce como “austeridad”. Una recesión profunda es momento para que los países usen sus reservas de emergencia, no para que las acumulen.

Es verdad que algunos, en la derecha y la izquierda, piensan que “esta vez es diferente” para las economías avanzadas. No habiendo (en su opinión) un peligro realista de que se produzca una guerra o crisis financiera a gran escala en un futuro cercano, restringir demasiado la deuda pública o las promesas de pensiones es una locura. Pero este modo de pensar es peligroso incluso para Estados Unidos, pese a que este país cuenta con más espacio fiscal por su condición de emisor de la moneda de reserva internacional.

Cualquier economía puede vérselas con una perturbación realmente grande, y esta puede surgir de fuentes que normalmente no se tienen en cuenta. Por ejemplo, es probable que los riesgos derivados de ciberataques (especialmente iniciados por actores estatales), pandemias y, sin duda, crisis financieras sean mucho mayores de lo que se quiere admitir. No es difícil imaginar una desaceleración temporal de la economía china que altere los mercados mundiales. Y si lo totalmente inesperado se hace realidad, algo que podemos anticipar es que los gobiernos con acceso firme a los mercados financieros internacionales tendrán a su disposición mejores opciones de respuesta.

Incluso suponiendo que lo más probable es que una eventual crisis de bonos emergentes quedará contenida, los temblores actuales deben obrar como advertencia, incluso para las economías avanzadas. Al fin y al cabo, ningún país, por más rico que sea, debería apostar su futuro a la perspectiva de que el actual entorno de tipos de interés ultrabenignos dure para siempre.

Los economistas que afirman que la deuda de las economías avanzadas es totalmente “segura” suenan espeluznantemente parecidos a los que hace una generación proclamaban la “Gran Moderación”, que supuestamente reduciría en forma permanente la volatilidad cíclica. Y en muchos casos, son las mismas personas. Pero como vimos hace un decenio, y volveremos inevitablemente a ver, cuando se trata de crisis de deuda y financieras globales, no estamos en el “fin de la historia”.

Traducción: Esteban Flamini

PS

La puja por el poder en Colombia

Discursos y propuestas en un escenario de polarización

La polarización entre derecha e izquierda caracteriza la campaña electoral colombiana. Las propuestas y discursos de los candidatos son marcadamente antagónicas. Iván Duque, el delfín de Álvaro Uribe, pretende modificar aspectos importantes de los acuerdos de paz. Aunque se autodefine como un candidato de centro, recibe apoyo de los sectores más conservadores. Gustavo Petro, el candidato de la izquierda, lo secunda en las encuestas. Su programa plantea modificaciones en el modelo económico para superar el extractivismo y lograr la transición hacia energías sustentables. Desde la derecha se lo acusa de ser un «castrochavista». A este escenario polarizado se suman otros candidatos. Aquí se exhiben los principales rasgos de sus programas y de sus discursos electorales.

Colombia

>Por María Fernanda González

Las campañas electorales suelen ser extensas en el tiempo. Y el caso colombiano parece demostrarlo a la perfección. La contienda electoral comenzó con el debate sobre los acuerdos de paz en octubre de 2016, cuando Juan Manuel Santos abrió la puerta para que la población ratificara lo negociado en La Habana entre el gobierno y las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC).Los actores centrales en el debate sobre la aprobación o el rechazo a dichos acuerdos han sido también los principales contendientes en la carrera presidencial. En el país, asediado hoy por una lógica binaria, se ha establecido una coyuntura de polarización. Por una parte, la Colombia conservadora, patriarcal y tradicionalista, añora el retorno del proyecto del ex presidente Álvaro Uribe. Este sector ha sido, evidentemente, muy crítico del gobierno actual. Por otro lado, una serie de proyectos más liberales y progresistas compiten por la sucesión de Juan Manuel Santos sin buscar reconsiderar los acuerdos de paz sino, más bien, buscando plantear un proceso de consolidación de los mismos para alcanzar la reconciliación entre los colombianos.

En la carrera a la presidencia también tuvieron un papel importante las pasadas elecciones legislativas del 11 de marzo. Si bien todos los partidos reivindicaron como positivos los resultados, las fuerzas ganadoras fueron aquellas que ubicadas en el centro del espectro político, tanto las que se escoran más hacia la izquierda como las que miran más hacia la derecha. El nuevo congreso es el reflejo, no solo de las maquinarias políticas tradicionales, sino de una avanzada del voto de opinión a través de figuras alejadas de la política tradicional. Se trata de un Congreso más joven, con más representantes de la sociedad civil y en favor de la reconciliación.

¿Cómo entender el discurso de la campaña electoral? ¿Es posible encontrar diferencias entre las visiones de los candidatos? ¿El debate refleja la ruptura ideológica tradicional entre izquierda y derecha? ¿Cuáles son los temas de mayor interés de los candidatos?

Un análisis de estadística textual de los discursos de los candidatos desde octubre de 2016 hasta hoy, da cuenta de las preferencias temáticas de cada uno en la campaña. Si bien los debates han mostrado coincidencias en la necesidad de reformar el sistema tributario, invertir en la primera infancia, proteger el medio ambiente, realizar las necesarias reformas en el sector de la salud, y lograr la educación gratuita para el ámbito universitario, las palabras más queridas de cada uno describen el inconsciente ideológico y presentan la visión de país de los pretendientes a la Casa de Nariño.

En la derecha, los temas económicos y la infraestructura los más apremiantes

Iván Duque, el pupilo del expresidente Álvaro Uribe (2002-2010) es quien lidera las encuestas. En varias oportunidades ha afirmado que realizará «un cambio estructural de los acuerdos». Sin dudas, sus principales críticas a la impunidad y la falta de justicia en una sociedad que sufrió por más de cincuenta años la violencia tanto de las guerrillas como de los paramilitares, constituyen, no sin razón, un discurso de mucho peso en la población colombiana posicionada, de manera general, en el espectro de derecha. En una entrevista Duque afirmaba: «Nuestra crítica no es que exista un proceso de negociación para la desmovilización, el desarme y la reinserción. La discrepancia está en los beneficios que se le han entregado a las FARC. Las discrepancias están en haber relativizado la justicia en función de una ideología de los victimarios. La discrepancia está en igualar ante la justicia a quienes han defendido la paz como un principio constitucional para defender la vida y honra de los colombianos, las discrepancias están en que ellos crearon una justicia a la medida de sus pretensiones de impunidad»1.

Este candidato de tan solo 41 años representa la renovación del uribismo y se erige como una figura nueva y carismática. Lejos de la radicalidad de una parte de su partido, evita utilizar los eslóganes huecos de campaña como el «castrochavismo», con el cual se busca generar el miedo de una posible «venezolanización» del país si llegara a triunfar el candidato de la izquierda. Duque, que se autodefine como de centro pero que tiene importantes apoyos de un conservatismo profundo, desea conquistar el corazón de los indecisos y los abstencionistas con un discurso sin estigmatizaciones ni odios y a través de una apuesta por la «legalidad, el emprendimiento y la equidad». Insiste, como el presidente francés Emmanuel Macron, que es importante dejar de lado la ruptura y el viejo debate de izquierda y derecha. En su espacio ideológico defiende, sobre todo, una economía de mercado y el apoyo a los más vulnerables. Este líder ha venido construyendo su propia figura a pesar del gran patriarca, el expresidente Álvaro Uribe. Los temas más queridos por este candidato son los económicos y la crítica al proceso de paz. Los ejes más repetidos en el campo económico son: la creación de empleos y su formalización, la lucha contra la informalidad, el apoyo a la inversión, el ahorro y la revisión de un sistema tributario ineficiente.

En el espectro de la derecha se encuentra también Germán Vargas Lleras, el consentido del establishment. Miembro de una familia tradicional de la política colombiana, Vargas Lleras ha vivido para la política. Fue concejal, senador, ministro y vicepresidente. Fue el ministro estrella del gobierno de Juan Manuel Santos, dada su capacidad para modernizar la infraestructura del país y realizar una importantísima obra de vivienda de interés social. Sus palabras lo delatan: viviendas, acueducto, inversión, aeropuerto, construcción, obra, hospitales, ejecución, alcantarillado, cobertura, agua potable. Tiene el discurso más técnico de los candidatos, no menciona el proceso de paz y podría afirmarse que fue el que mejor preparó la propuesta programática. En una entrevista para la revista Bocas, confesó que fue él quien redactó los documentos de políticas públicas que definirán la guía de su gobierno, un documento de alrededor de 1500 páginas apoyado por un grupo de expertos. Es el candidato «perfecto» para la política tradicional de Colombia: buen orador, nacido en una familia aristocrática y de derecha. Sin embargo, las encuestas no lo favorecen. A pesar de las buenas calificaciones, es un líder con carisma y poder de seducción limitado y representa la continuidad del santismo. En un momento de cambio en el que la transparencia, los valores y la llegada al poder de nuevos referentes tienen peso, su candidatura peligra y podría ser dejada de lado desde la primera vuelta por fomentar su capital político con la política tradicional, basada en las maquinarias, que hoy es fuertemente discutida.

La izquierda a fondo por la reconciliación

En la izquierda, Gustavo Petro lidera el segundo puesto en las encuestas. Este exguerrillero del M19, senador y ex alcalde de Bogotá, es amado con pasión en los sectores populares y temido por las élites. Petro ha logrado conquistar el corazón del pueblo desde joven ayudando a los sin techo a construir barrios populares. Su discurso expone con agudeza los desafíos del cambio climático y la industrialización. En su corpus ideológico no aparecen ni el comunismo ni la Venezuela de Chávez como sus referentes. Pero sus críticos pretenden encasillarlo allí, dirigiendo sus dardos hacia su pasado como revolucionario. Su retórica rebelde lo posiciona en la izquierda radical. Amante de las lecturas de Michel Foucault y de Toni Negri, apuesta a la reconciliación de los colombianos pero, sobre todo, a darle una voz y un lugar en el poder a los más humildes. Retomando las palabras del asistente de Michel Foucault en el Collège de France, François Ewald, se podría atribuir a Petro lo que este intelectual afirmaba de Foucault: «El verdadero aporte de su pensamiento no es el de entender a qué poder obedecer sino crear más bien las condiciones y la capacidad de construirse como sujeto y tener una palabra propia»2. Ha realizado una campaña sin equívocos a pesar de un volumen importante de fake news sobre su candidatura y proyecto político. Tiene la virtud de conectar fácilmente con los auditorios, por su inteligencia y carisma. Se trata de un buen orador en la plaza pública que ha sabido conectar con los nuevos tiempos.La utilización personal de la red social Twitter le ha habilitado conseguir una audiencia joven y militante que conecta con sus propuestas, basadas fundamentalmente en modificaciones en el modelo económico para superar el extractivismo y lograr la transición hacia energías sustentables.

El outsider de la campaña

En el espectro ideológico de los progresistas aparece en las encuestas en tercer lugar el candidato Sergio Fajardo. Profesor de lógica matemática, ex alcalde de Medellín y ex gobernador de Antioquia, se define ante todo como un científico y como el «hombre del cambio». Su autopercepción es la de una figura novedosa que representa la nueva política, que está lejos de las maquinarias, las componendas burocráticas y la compra de votos. Su propuesta central de lucha contra la corrupción es en realidad una verdadera revolución de los valores con la que se busca romper no solo con la política tradicional colombiana, sino generar un verdadero cambio en la mentalidad de los ciudadanos. Los valores pregonados por Antanas Mockus, el segundo congresista más votado el 11 de marzo, como la honestidad y la confianza son el estandarte de su propuesta política. Sergio Fajardo es el outsider de la campaña. Su discurso se centra en primer lugar en una vasta descripción de su recorrido. Las palabras así lo demuestran: «yo», «nosotros», «Medellín», «profesor», «alcalde», «gobernador». Sus ejes temáticos le dan una gran prioridad al mundo educativo y a la necesidad de reconstruir el tejido social colombiano a partir de los valores: la transparencia y la ética. Sergio Fajardo no es de discursos con grandes manifestaciones. Hace su trabajo saliendo a caminar, entregando volantes de su programa, hablando con los ciudadanos y generando confianza. Su campaña se parece más a una clase deuniversidad que a la lógica de la política tradicional. ¿Cómo ha hecho la campaña?: «Sin comprar un solo voto, explicándole a la gente (…) salimos a caminar, a buscar a la gente en los espacios públicos. Está lejos de los manuales o los programas técnicos»3.

El liberalismo, la apuesta a la reconciliación

El liberal Humberto de la Calle es el último de los candidatos. Jefe negociador de la paz y reconocido como estadista, es un abogado que ha tenido importantes cargos a lo largo de las últimas décadas. De la Calle, el mayor del grupo, es en realidad el más experimentado por su largo e importante recorrido en la actividad pública y privada. Las encuestas lo favorecen muy poco y puede ser por el costo de un proceso de paz que ha sido visceralmente criticado por el ex presidente Álvaro Uribe, generando incredulidad y temor en buena parte de la población. Su corpus ideológico pasa indefectiblemente por el apoyo irrestricto a la paz, saldar la deuda social con los más desfavorecidos y mantener la palabra empeñada en los acuerdos de La Habana. Carismático, inteligente expone con claridad sus propuestas y visión de país. Su principal característica es la de construir un discurso a través de la razón y la reflexión.

¿Qué sucederá?

Hasta ahora, resulta imposible saber que sucederá en las elecciones. Sin lugar a dudas, cada uno de los candidatos ha expuesto sus propuestas programáticas y, casi todas ellas, coinciden en la necesidad de luchar contra la corrupción y lograr mayores beneficios para los ciudadanos en materia de empleo, salud y educación. Cada uno de ellos manifiesta, sin embargo, diferentes formas de encarar esas propuestas, y esto es algo que solo podrémos saber con el rodaje gubernamental.

El verdadero desafío, sin embargo, parece ser el de darle vida y espacio a un proyecto equilibrado que permita superar la potente polarización existente entre derechas e izquierdas. Los colombianos darán el veredicto el próximo 27 de mayo. Entonces, se verificará si esto ha sido posible.

Notas:

 

1.MF. González: Los Pretendientes de la Casa de Nariño, Intermedio Editores, Bogotá, 2018.
2.Íbid
3.Íbid

 

 

NUSO

Cómo lo hace Costa Rica

Costa Rica como lo hace

Jóvenes manifestándose en Costa Rica – EZEQUIEL BECERRA (AFP/Getty Images)

>Por Joseph Stiglitz

En un momento en que el autoritarismo y el protofascismo están en alza en tantas partes del mundo, es alentador ver un país cuyos ciudadanos siguen profundamente comprometidos con los principios democráticos. Un pueblo que ahora mismo está intentando redefinir su política para el siglo XXI.

Hace años que el liderazgo progresista de Costa Rica (un país con menos de cinco millones de habitantes) llama la atención en todo el mundo. En 1948, tras una corta guerra civil, el presidente José Figueres Ferrer abolió el ejército. Desde entonces, Costa Rica se convirtió en un centro para el estudio de la resolución y la prevención de conflictos, y es sede de la Universidad para la Paz, una institución creada por Naciones Unidas. Con su rica biodiversidad, Costa Rica también hizo una demostración de liderazgo ambiental previsor, al promover la reforestación, convertir un tercio del país en reservas naturales protegidas y generar casi toda la electricidad que consume a partir de energía hídrica no contaminante.

Los costarricenses no muestran señales de querer abandonar esta tradición progresista. En la última elección presidencial, con gran participación de votantes, Carlos Alvarado Quesada obtuvo la victoria con más del 60% de los votos, contra un rival que con la prohibición del matrimonio homosexual hubiera revertido el antiguo compromiso del país con los derechos humanos.

Costa Rica se sumó a un pequeño grupo de países en la denominada Alianza del Bienestar, que trabaja en la implementación de ideas (planteadas por la Comisión Internacional sobre la Medición del Desarrollo Económico y del Progreso Social) para la creación de indicadores de bienestar mejorados. Los miembros de la Alianza, conscientes de las falencias del PIB, que la Comisión ha destacado, propugnan una política pública que impulse el bienestar de los ciudadanos en el sentido más amplio, mediante la promoción de la democracia, la sustentabilidad y el crecimiento inclusivo.

Una parte importante de esta búsqueda ha sido ampliar el campo de acción de las cooperativas y empresas sociales del país, que ya es grande, puesto que incluyen de uno u otro modo a un quinto de la población. Estas instituciones representan una alternativa viable a extremos del capitalismo que han dado lugar a prácticas éticamente reprobables, como el crédito predatorio, la manipulación de los mercados financieros, el abuso de datos personales por empresas tecnológicas, el ocultamiento de emisiones de la industria automotriz, etcétera. Las instituciones alternativas se basan en promover la confianza y la cooperación, y en la convicción de que promover el bienestar de sus miembros también aumenta la productividad.

Igual que los ciudadanos de otros pocos países, los costarricenses han demostrado que la desigualdad es una elección, y que las políticas públicas pueden garantizar más igualdad económica y de oportunidades que el mercado librado a sí mismo. Pese a las limitaciones de recursos, los costarricences pueden alardear de la calidad de sus sistemas de educación y atención de la salud, públicos y gratuitos. La expectativa de vida en Costa Rica ya supera a la de Estados Unidos, y va en aumento, mientras los estadounidenses, que eligieron no tomar las medidas necesarias para mejorar el bienestar del ciudadano de a pie, se mueren más jóvenes.

Pero a pesar de todos sus éxitos, Costa Rica enfrenta dos problemas críticos: la persistencia de un déficit fiscal estructural y la parálisis del sistema político. El aspecto económico de la solución del déficit fiscal es sencillo: o se estimula el crecimiento, o se aumentan los impuestos, o se baja el gasto. Pero el aspecto político no lo es: cualquier gobernante elegiría la solución del crecimiento, pero no hay una fórmula mágica para lograrlo, y las otras dos opciones no las quiere nadie.

En estas circunstancias, la elección de la mayoría de los gobiernos es recortar gastos; por ejemplo, en infraestructura, ya que el costo de hacerlo permanecerá oculto por décadas. Pero eso sería un error particularmente grave para Costa Rica, ya que sus infraestructuras no han acompañado el crecimiento económico, y su mejora puede ser importante para promoverlo. Es verdad que la eficiencia del Estado siempre se puede aumentar, pero tras años de retirada, poco puede esperarse de una mayor racionalización. Todo indica que la mejor salida sería aumentar los impuestos.

Para que el sistema impositivo sea compatible con una estrategia económica general que busque maximizar el bienestar de todos los ciudadanos, hay que seguir tres principios centrales: gravar lo malo (por ejemplo, la contaminación) en vez de lo bueno (por ejemplo, el trabajo); diseñar los impuestos de modo de causar la menor distorsión posible en la economía; y que la estructura de alícuotas sea progresiva, de modo que las personas más ricas paguen una proporción mayor de sus ingresos.

Costa Rica ya es un país muy ecológico, así que un impuesto a las emisiones de dióxido de carbono no recaudará tanto como en otros lugares; pero como el país genera casi toda la electricidad a partir de fuentes limpias, la adopción del auto eléctrico puede generar más reducción de emisiones. Dicho impuesto puede ayudar a que Costa Rica se convierta en el primer país donde predominen los autos eléctricos, y acercarla así al objetivo de lograr una economía sin emisión neta de dióxido de carbono.

Puesto que el problema de la desigualdad persiste (aunque ni por asomo es tan grave como en otros lugares de América Latina), es esencial la aplicación de impuestos más progresivos y abarcadores a los ingresos, las plusvalías y las propiedades. Los ricos obtienen de las plusvalías una proporción exagerada de sus ingresos, de modo que aplicarles alícuotas inferiores a las de otras fuentes de ingreso agrava la desigualdad y provoca distorsiones. Los economistas disienten en muchos temas, pero algo en lo que coincidirán es que si se gravan los ingresos o las plusvalías derivados de la tierra en Costa Rica, la tierra no se va a ir a otra parte. Esa es una de las razones por las que el gran economista decimonónico Henry George sostuvo que los mejores impuestos son los impuestos a la tierra.

Los mayores desafíos son políticos: un sistema presidencialista como el de Costa Rica funciona bien en un contexto de bipartidismo con reglas que aseguren la representación de la minoría. Pero puede caer rápidamente en la parálisis política cuando el electorado está más fragmentado. Y en un mundo de cambio acelerado, esa parálisis puede ser costosa, al llevar, por ejemplo, a un crecimiento irresoluble del déficit y de la deuda.

Con sus apenas 38 años, Alvarado está tratando de crear un nuevo modelo presidencial para Costa Rica, sin cambiar la constitución, mediante la designación de ministros venidos de diferentes partidos. Ojalá el espíritu colaborativo alentado por el movimiento cooperativo, tan integrado a la cultura costarricense, lo haga funcionar. De ser así, Costa Rica, pese a su reducido tamaño, será un faro de esperanza para el futuro, que muestre que es posible otro mundo, uno en el que los valores de la Ilustración (la razón, el discurso racional, la ciencia y la libertad) florezcan en beneficio de todos.

 

 

P.S.

La campaña mexicana se prepara para la guerra sucia digital

Campaña Mexicana AMLO

Andrés Manuel López Obrador, quien encabeza las encuestas de cara a la elección presidencial mexicana – Daniel Becerril (Reuters)

El mensaje comenzó a circular a principios de año y encendió alarmas en Facebook, Twitter, WhatsApp y otras plataformas: millones de mexicanos tenían apenas unos días para volver a registrarse o retramitar su credencial de electores si querían votar para presidente.

Excepto que no era verdad.

No queda claro cuál fue el origen del rumor. Pero, más allá de si se trataba de un intento de socavar al sistema electoral o tan solo un esfuerzo erróneo de compartir información de interés, el enojo y la incertidumbre que generó el mensaje fueron apenas una primera muestra de una batalla de desinformación que ha afectado la disputa electoral en México.

“Sí va a ser decisivo lo que van a hacer en redes las campañas, en todos los niveles”, dijo Carlos Merlo, socio directivo de Victory Lab, empresa de publicidad y mercadotecnia que ha creado plataformas para esparcir noticias falsas o viralizar temas. Según Merlo, la estrategia digital influirá enormemente en el resultado electoral, tanto al dar a conocer y promover a candidatos como a modo de herramienta ante la desinformación.

Hay mucho en juego en la votación del 1 de julio: más de 3400 cargos electivos a niveles local, estatal y federal, que la convierte en la elección más grande en la historia del país. La joya de la corona es la presidencia, disputada por cinco candidatos que buscan remplazar al presidente Enrique Peña Nieto para el próximo mandato de seis años.

Y las noticias falsas se han esparcido con rapidez. Los aspirantes al cargo han hecho acusaciones cruzadas en las que señalaron a los demás de contratar a provocadores en línea o de usar herramientas de promoción automatizada, como bots, para inundar las redes sociales con mensajes que buscan influenciar a los votantes o engañarlos.

Además, en momentos en que el tema sigue siendo investigado en Estados Unidos por la campaña presidencial de 2016, han surgido acusaciones de interferencia rusa en la contienda mexicana.

El entonces asesor de seguridad nacional estadounidense, H. R. McMaster, declaró en diciembre que había “primeros indicios” de que el gobierno en Moscú quería influenciar en el voto mexicano, pero no dio detalles.

Los funcionarios mexicanos dicen que no han encontrado señales de esta intervención ni han recibido pruebas de sus contrapartes estadounidenses, mientras que las autoridades rusas han negado actividades de este tipo.

Enrique Andrade, consejero del Instituto Nacional Electoral, dijo que el organismo estaba atento al hecho de una posible interferencia. “Sí pensamos que está latente la posibilidad y estamos preparándonos para que no afecte el desarrollo del proceso”, dijo.

Algunos analistas opinan que, si existiera una injerencia rusa, estaría orientada a tratar de polarizar más al electorado. Afirman que el Kremlin ve en la figura de Andrés Manuel López Obrador, quien encabeza las encuestas con la coalición Juntos Haremos Historia y quien tiene un tono más antagónico hacia Estados Unidos, una figura clave para esas pretensiones.

Manuel Cossío Ramos, quien se dedica a hacer estrategia e inteligencia política digital, asegura haber encontrado huellas rusas en intentos de dirigir el tráfico en redes con respecto a temas electorales, con López Obrador como el tema principal. Cossío Ramos no está afiliado a ninguna campaña, pero reconoce que no tiene particular simpatía por López Obrador.

Cossío Ramos afirma que, con una herramienta de análisis digital llamada NetBase, encontró en abril 4,8 millones de entradas sobre López Obrador que fueron publicadas en redes o en sitios de noticias por usuarios ubicados fuera de México. Según su análisis, cerca de un 63 por ciento de los artículos revisados serían provenientes de Rusia y el 20 por ciento de Ucrania.

Al hacer búsquedas similares para los otros candidatos, Ricardo Anaya (de la coalición Por México al Frente) y José Antonio Meade (de la coalición Todos por México), Cossío Ramos sostiene que encontró que la gran mayoría de las discusiones sobre ellos provenientes del extranjero tenía su origen en Estados Unidos y solo el 4 por ciento en Rusia.

Sin embargo, otros consultores digitales con distintas herramientas afirman que no encontraron evidencia de actividad similar en redes sociales por parte de Rusia y no fue posible verificar de manera independiente las afirmaciones de Cossío Ramos.

Integrantes de la campaña de López Obrador han desestimado las aseveraciones hechas por Cossío Ramos debido a sus tendencias políticas y también han descartado las denuncias de interferencia rusa.

El mismo López Obrador ha recurrido a la sátira y la burla ante tales acusaciones. Publicó un video en el que aparece en un puerto del estado de Veracruz en espera de, según dice, “el submarino ruso” con “el oro de Moscú” y en el que anuncia que su nombre ahora es “Andrés Manuelovich”.

Entre otras noticias falsas que han ganado cierta relevancia desde el inicio de la campaña está la afirmación de que el papa Francisco se pronunció en contra de López Obrador y criticó su ideología. Se trata de una invención: fue desmentido por Verificado 2018, proyecto dedicado a denunciar e investigar noticias falsas y el uso engañoso de información durante las campañas.

Otra afirmación, también desmentida por Verificado, decía que Anaya —segundo en las encuestas— tenía vínculos familiares estrechos con el gabinete de Peña Nieto y con un expresidente del partido gobernante y, por lo tanto, estaba confabulado con el gobierno actual.

Una reforma electoral aprobada en 2007 estableció mayores regulaciones para la compra de espacios publicitarios de campaña y, según analistas, con ello propició que gran parte de la pulseada política más agresiva se trasladara a las redes. Esa batalla se vio con fuerza en la elección de 2012.

Un desarrollador web, Iván Santiesteban, halló que se usaron 20.000 bots en el mes y medio previo a la jornada electoral, con el fin de crear conversaciones en línea favorables al eventual ganador, Peña Nieto. (Algunos incluso los apodaron Peñabots).

El coordinador de mercadotecnia de esa campaña, Aurelio Nuño —después secretario de Educación y actualmente coordinador de campaña de Meade— llegó a admitir en ese entonces que sí hubo “voluntarios organizados para apoyar la campaña” y que su estrategia estaba abocada a “combatir comentarios negativos en las redes y con ello posicionar los positivos”.

Desde 2012 el público mexicano en línea no ha hecho más que crecer. El último censo señala que hay unos 71,3 millones de usuarios de internet, en comparación a los 40,9 millones en 2012. Al mismo tiempo, las campañas se han volcado mucho más al mundo digital.

“De aquí en fuera la batalla va a ser en redes sociales”, indicó Javier Murillo, cofundador y director de la consultora digital Metrics.

Con el uso de herramientas algorítmicas propias, Murillo dijo que encontró que un 27 por ciento de las publicaciones sobre la elección en Facebook y Twitter en el plazo de un mes fueron generadas por troles y bots.

Los consultores digitales que dirigen o trabajan con las campañas de los tres principales candidatos —López Obrador, Anaya y Meade— negaron estar utilizando estos métodos o compartiendo noticias falsas.

“La estrategia digital y las redes sociales ya son una parte central de los cuartos de guerra”, dijo Juan Pablo Adame Alemán, exdiputado y coordinador de redes para Anaya. “Pero no vemos beneficios de inflar temas o de querer siempre posicionar etiquetas” con bots o troles.

Juan Pablo Espinosa de los Monteros, quien trabajó en la estrategia digital de la coordinadora de campaña de López Obrador, Tatiana Clouthier, dijo que quien dedique “dinero, recursos y esfuerzos” para bots o troles no hace más que malgastar. Y Alejandra Lagunes, encargada de la estrategia digital de la campaña de Meade, sugirió que no cumplen con propósito alguno, pues en vez de ayudar “hacen más difícil conocer las verdaderas opiniones de las personas”.

Como parte de un intento de adelantarse a los efectos que puedan tener estas cuestiones durante la jornada electoral del 1 de julio, las autoridades electorales mexicanas hicieron un arreglo con Facebook, Twitter y Google para contrarrestar las noticias falsas y, en cambio, volver virales los datos verídicos. Facebook, como parte de este acuerdo, ha publicado desplegados en los principales periódicos con diez consejos para detectar noticias falsas.

Una preocupación particular para los funcionarios es que los rumores podrían generar dudas sobre el sistema, como sucedió con la noticia falsa acerca del registro de votantes.

“Es la que más nos ha preocupado”, dijo Andrade, del Instituto Nacional Electoral, “pero apenas nos estamos acercando a la parte más delicada de la campaña, hacia la jornada”.

 

 

NYT

Cómo robar la vestimenta de los populistas

Populistas 2018

> Por Ngaire Woods

«No te enfades, devuélvesela». Un aforismo que debe convertirse en la nueva norma en la política democrática en Europa, América Latina, Asia y África. En lugar de quejarse de los éxitos de los populistas, los partidos políticos establecidos deberían seguir algunos párrafos del manual populista. Tres lecciones en particular, para ser más precisos.

La primera es conectar con la gente que uno representa, conociéndola y ganándose su confianza. Se acabó el tiempo en que los políticos podían confiar en las máquinas partidarias, grupos focales y encuestas tradicionales. El complaciente supuesto de que la gente siempre votará siguiendo líneas partidarias o de clase está obsoleto. En las últimas elecciones francesas presidenciales y parlamentarias colapsó el apoyo al Partido Socialista de centroizquierda y a los Républicains de centroderecha. De manera similar, los partidos políticos tradicionales sufrieron humillantes derrotas en las elecciones italianas del mes pasado.

Tras una década de crisis económica, los votantes se sienten escépticos de los políticos de siempre que hacen las mismas promesas de crecimiento y mejora de los estándares de vida. A los ojos de los desencantados trabajadores, los que detentan el poder simplemente han estado cuidando de sus propios intereses. Incluso en muchas de las economías más sólidas del mundo, los trabajadores están ganando menos en términos reales que hace una década. Para citar al jefe de la OCDE, están «de regreso al trabajo, pero sin dinero». En los Estados Unidos, un 56% de los hogares reporta tener menores ingresos. Al mismo tiempo, la doble amenaza de la automatización y la externalización han vuelto más precario al empleo, y debilitado el poder de negociación de los trabajadores.

¿A quién culpar de este estado de las cosas? Quienes votan a los populistas claramente piensan que los políticos tradicionales son responsables, y tal vez no se equivoquen. Contrariamente a lo que se cree, estudios recientes han concluido que la tecnología no es el factor principal de la menguante renta del trabajo. Más bien el deterioro de la situación de los trabajadores se debe a la pérdida de poder de negociación y densidad de sindicalización, el retroceso del estado de bienestar, la tercerización al extranjero y el aumento del sector financiero como parte de la economía.

Otro factor de peso es la política tributaria. Según un informe del Financial Times, las tasas tributarias que «acabaron pagando las 10 mayores compañías públicas del mundo por capitalización de mercado en cada uno de los nueve sectores» estudiados han bajado cerca de un tercio desde el 2000, de un 34% a un 24%. Y desde 2008, las tasas a la renta personal en todos los países han aumentado en un promedio de 6%.

En este contexto, no debería sorprender el surgimiento de partidos y políticos populistas. Si la mayoría de la gente se va empobreciendo, cabe esperar fuertes consecuencias en las urnas. Y, no obstante, en un país tras otro el sistema político ha sido notablemente lento en reconocerlo.

Piénsese en Brasil, que está en plena campaña para las elecciones generales de octubre. Como siempre, los políticos tradicionales hacen promesas de prudencia fiscal y crecimiento económico, ninguna de las cuales resuenan en los 50 millones de brasileños (cerca de un cuarto de la población) que viven bajo la línea de la pobreza, con ingresos por hogar que promedian los $387,07 al mes. Mientras tanto, el candidato presidencial populista, Jair Bolsonaro, propone dar a cada brasileño una pistola para que se pueda defender. Para las elites, esto suena (y es) ridículo, pero para los brasileños preocupados por su seguridad, Balsonaro al menos muestra que entiende su principal inquietud.

Saber lo que importa a los votantes es básico en política a la hora en que se celebran elecciones. Antes de ganar la presidencia francesa y una mayoría parlamentaria el año pasado, La République En Marche!, movimiento de Emmanuel Macron, basándose en las exitosas estrategias electorales del ex Presidente estadounidense Barack Obama, envió voluntarios a todo el país para escuchar las preocupaciones de los votantes.

Una segunda lección de los populistas actuales es usar mensajes simples e intuitivos para referirse a sus objetivos

Sí, eslóganes como «Protegeré sus empleos» y «Volver a hacer grande a Estados Unidos» suenan simplistas. Pero, ¿dónde están las alternativas sofisticadas? Se puede hablar de crecimiento económico solo cuando la gente esté disfrutando de sus beneficios.

En periodos de crecimiento lento o desigual, los políticos deben ofrecer respuestas más directas a lo que siente la gente. En el referendo del Brexit del Reino Unido, la campaña por permanecer en la UE, liderada flemáticamente por el entonces Primer Ministro David Cameron, argumentó que salir de la UE causaría un menor PIB, un menor nivel de comercio y perturbaciones al sector financiero. Eran argumentos que erraron por completo a lo preocupaba a los votantes. Por el contrario, los partidarios del Brexit prometían «recuperar el control» de las fronteras del Reino Unido y afirmaban (falsamente) que el Servicio de Salud Nacional (NHS, por sus siglas en inglés) recibiría £350 millones ($490 millones) por semana.

Visto todo esto, los políticos tradicionales parecen desorientados. Los académicos, expertos y líderes políticos, de los negocios y de la sociedad civil han sido demasiado lentos en la articulación de nuevas políticas económicas y sociales que tengan un amplio atractivo. Sin duda que esto no es fácil de hacer. Exige autorreflexión y claridad de visión. Pero, antes que todo, requiere un compromiso de tiempo y energía para comprender los problemas que atribulan al electorado y proponer soluciones de manera clara y simple.

La tercera lección del populismo es ser atrevidos

En tiempos difíciles, la gente busca una visión transformacional del futuro, no mejoras leves. Tras 30 años de pragmatismo y cambios graduales, es el momento para una música diferente. Recordemos que en 1945 Winston Churchill, tras lograr la victoria para el Reino Unido en la Segunda Guerra Mundial, perdió las elecciones generales.

El vencedor, Clement Attlee, prometió lo que en la práctica fue un nuevo contrato social para los británicos cansados de la guerra y que todavía vivían con racionamiento. Su gobierno les entregó atención de salud gratuita y universal, seguro de desempleo, pensiones, una vivienda decente y empleos seguros en sectores nacionalizados. Todo esto con una deuda externa que seguía siendo de un 250% del PIB.

La audacia de la visión de Attlee no tiene paralelos en el mundo moderno. Y ese es nuestro problema más grande.

 

NUSO

Así funcionaba la recolección de datos de Cambridge Analytica

Cambridge Analytica

>Por Matthew Rosenberg y Gabriel J. X. Dance

Christopher Deason se topó con el cuestionario psicológico el 9 de junio de 2014. En ese entonces respondía muchas encuestas en línea para ganar unos cuantos dólares extras por hacerlo. Ningún aspecto acerca de esta, que vio en una plataforma de empleos en línea, le pareció “perturbador o extraño”, comentó después.

Así que esa tarde Deason realizó la primera etapa de la encuesta: le dio acceso a su cuenta de Facebook.

Antes de que Deason siquiera empezara a leer la primera pregunta del cuestionario, una aplicación de Facebook ya había extraído no solo los datos de su perfil, sino también los de 205 de sus amigos en Facebook: sin su consentimiento y sin que lo supieran, se descargaron sus nombres, fechas de nacimiento y datos de ubicación, así como listas de cada página de Facebook a la que habían dado me gusta.

La información se agregó a una enorme base de datos compilada para Cambridge Analytica, consultora política que ha sido vinculada con la campaña presidencial de Donald Trump en 2016 y con la del brexit en el mismo año. Eso no lo supo ninguna de las personas cuyos datos fueron recopilados, ni siquiera Deason. “No habría continuado con la encuesta de haberlo sabido”, dijo Deason, de 27 años, en una entrevista reciente.

Deason y sus amigos de Facebook se convirtieron en las primeras entradas de una base de datos que terminaría por incluir decenas de millones de perfiles de Facebook y que ahora está en el centro de una crisis que enfrenta el gigante de las redes sociales. La noticia sobre la recolección de datos por parte de Cambridge Analytica, que se reportó por primera vez por The New York Times y The Observer de Londres, ha detonado el movimiento #BorraFacebook y puso a la red social bajo el intenso escrutinio de legisladores y reguladores en Estados Unidos y en Reino Unido.

Aun así, pocos de los casi 214 millones de estadounidenses con perfiles de Facebook saben si sus datos formaron parte de la información que recogió Cambridge Analytica. Facebook, que se enteró del mal uso de datos en diciembre de 2015, comenzó a avisarles a los usuarios afectados el 9 de abril, un día antes de que su fundador, Mark Zuckerberg, testificara ante el Congreso de Estados Unidos.

Los registros que obtuvo el Times muestran que aproximadamente 300.000 personas respondieron la encuesta, pero debido a que entonces se permitía el acceso a la información de amigos, Facebook dijo que hasta 87 millones de usuarios pueden haberse visto afectados.

El Times, que revisó un conjunto de datos brutos de los perfiles por cuya obtención Cambridge Analytica le pagó al investigador académico ruso-estadounidense Alexander Kogan, contactó a casi dos decenas de usuarios de Facebook afectados en semanas recientes. Algunos estaban enojados —una mujer lo comparó con un asalto—, mientras que otros se mostraron molestos pero impávidos, pues ya desde antes desconfiaban del uso que dan los gigantes de la tecnología a los datos que recogen.

“Ahora acepto el hecho de que somos el producto con el que se comercia en internet”, dijo Mark Snyder, de 32 años y quien es uno de los amigos de Deason cuyos datos fueron recogidos. “Si te inscribes en algo y no es evidente cómo generan ganancias, entonces lo están haciendo con tus datos”, comentó Snyder, que se dedica a dar mantenimiento a redes informáticas.

Zuckerberg ha dicho que el mal uso de datos implicó un “abuso de confianza” por parte de la empresa. Sin embargo, incluso él ha insinuado que otros desarrolladores de aplicaciones pueden haber hecho lo mismo.

Hasta abril de 2015, Facebook permitió que algunos desarrolladores de aplicaciones recogieran datos privados de los perfiles de usuarios que descargaron aplicaciones y de los de sus amigos. Facebook ha mencionado que permitió este tipo de recolección de datos para ayudar a los desarrolladores a mejorar la experiencia de los usuarios en sus aplicaciones. No obstante, parece que Facebook no hizo gran cosa para verificar cómo los desarrolladores estaban usando los datos o si estaban proporcionando siquiera algún tipo de experiencia en Facebook.

El cuestionario utilizado para recoger datos para Cambridge Analytica en realidad no estaba en Facebook; lo albergaba una empresa llamada Qualtrics, que proporciona una plataforma para encuestas en línea. Consistía en decenas de preguntas comúnmente usadas por investigadores en materia de psicología con el fin de evaluar la personalidad, como saber si el encuestado prefiere estar solo, intenta dirigir a otros y si le gustan las fiestas grandes (las opciones de respuesta iban de “No estoy nada de acuerdo a “Estoy muy de acuerdo”). Tomaba de diez a veinte minutos contestar el cuestionario.

Cuando los encuestados dieron acceso a sus perfiles de Facebook, la aplicación realizó su única función: tomar sus datos y los de sus amigos. No hubo experiencia “dentro de la aplicación” de la cual hablar; no tenía como propósito ser el tipo de cuestionario en línea simpático e inofensivo que les dice a los usuarios a cuál personaje de Friends se parecen más o cómo sus preferencias en el almuerzo revelan a la princesa de Disney que llevan dentro.

Facebook ha dicho que a los encuestados les dijeron que sus datos se usarían con fines académicos, por lo que afirmó que Cambridge Analytica y Kogan engañaron a la red social y a sus usuarios. Sin embargo, las letras chiquitas respecto a los términos y condiciones de uso que acompañaban el cuestionario quizá sí incluían advertencias a los usuarios de que sus datos podrían usarse con fines comerciales, de acuerdo con un borrador de los términos del servicio que revisó el Times.

Vender los datos de los usuarios de Facebook habría sido una violación absoluta de las reglas de la empresa en ese entonces. Sin embargo, al parecer la empresa no revisaba regularmente las aplicaciones para asegurarse de que cumplieran con sus reglas. Lo más probable es que ya no pueda saberse cuál fue la redacción final de los términos de servicio de la encuesta: los ejecutivos de Facebook dijeron que borraron la aplicación en diciembre de 2015, cuando se enteraron de la recolección de datos.

Cambridge Analytica utilizó los datos de Facebook para ayudar a construir herramientas que, según la firma, podían identificar las personalidades de los electores estadounidenses e influir en su comportamiento. La consultora ha mencionado que sus llamadas técnicas de modelos psicográficos sustentaron su trabajo para la campaña de Trump en 2016, lo cual abre un debate todavía en curso acerca de si su tecnología funcionó.

Deason, quien dirige un negocio de computadoras en Virginia, está entre los usuarios de Facebook que sí saben de tecnología. Por ahora dijo que conserva su cuenta porque su negocio tiene su propia página y él modera grupos en Facebook dedicados a computadoras.

“Pero si solo estuviera trabajando de 9:00 a 5:00 en el banco local, o algo así, y llegara a casa a revisar las publicaciones de mis amigos en Facebook y eso, entonces sí borraría mi cuenta de Facebook”, comentó.

 

 

FUENTE: NYT

Prevenir la balcanización de Internet

La reciente revelación de que una aplicación recolectó más de 50 millones de perfiles de Facebook y se los entregó a la consultora política Cambridge Analytica provocó una oleada de rechazo a la plataforma. Pero es sólo el último ejemplo de los riesgos asociados con Internet, núcleo de la moderna revolución digital.

Internet

MANAN VATSYAYANA (AFP/Getty Images)

>Por Michael Spence y Fred Hu

La mayoría de las innovaciones digitales que redefinieron la economía mundial en los últimos 25 años dependen de la conectividad de redes, que transformó el comercio, la comunicación, la educación/capacitación, las cadenas de suministro, etcétera. La conectividad también permite el acceso a inmensas cantidades de información, incluida la que sirve de base a los algoritmos de aprendizaje automático, elemento esencial de la inteligencia artificial moderna.

Esta tendencia se reforzó en los últimos quince años (más o menos) gracias a Internet móvil, que aumentó rápidamente no sólo la cantidad de personas conectadas a Internet (y por tanto, posibilitadas de participar en la economía digital), sino también la frecuencia y facilidad de sus conexiones. La conectividad portátil (navegación con GPS, plataformas de uso compartido de vehículos, sistemas de pago móvil, etc.) transformó las vidas y economías de las personas.

Se creyó por mucho tiempo que una Internet abierta (con protocolos estandarizados pero pocas regulaciones) sería el mejor aliado de los intereses de los usuarios, las comunidades, los países y la economía global. Pero han surgido riesgos importantes, entre ellos: el poder monopólico de megaplataformas como Facebook y Google; la vulnerabilidad a ataques contra infraestructuras críticas, incluidos los sistemas financieros y los procesos electorales; y amenazas a la privacidad y la seguridad de los datos y de la propiedad intelectual. También subsisten dudas fundamentales sobre el impacto de Internet en las lealtades políticas, la cohesión social, la conciencia y participación de la ciudadanía y el desarrollo de la infancia.

Conforme se profundiza la penetración de Internet y las tecnologías digitales en las economías y sociedades, la vulnerabilidad y el riesgo se vuelven cada vez mayores. Y hasta ahora, la respuesta predominante de Occidente (que las empresas que proveen los servicios y poseen los datos se autorregulen) no parece estar funcionando. No se puede esperar, por ejemplo, que las grandes plataformas eliminen contenidos “cuestionables” sin las directrices de autoridades reguladoras o tribunales.

Parece entonces que estamos ante una nueva transición, de la Internet abierta del pasado a otra sujeta a un control más amplio. Pero este proceso conlleva sus propios riesgos.

Aunque en esto sería muy deseable la cooperación internacional, no parece probable que vaya a darse en el clima actual de proteccionismo y unilateralismo. Ni siquiera está claro que los países acepten firmar tratados contra la ciberguerra. E incluso si se lograra algo parecido a esa cooperación, seguirá habiendo falta de colaboración (o cosas peores) de actores no estatales.

En este contexto, parece probable que las nuevas regulaciones serán en gran medida iniciativas individuales de diversos estados, que tendrán que responder preguntas difíciles. ¿De quién es la responsabilidad (moral y jurídica) por la seguridad de los datos? ¿Debe el Estado tener acceso a datos de los usuarios, y con qué fines? ¿Se permitirá a los usuarios mantener el anonimato en Internet?

Cada país dará a esas preguntas respuestas muy diferentes, debido a diferencias fundamentales en los valores, principios y estructuras de gobernanza. Por ejemplo, en China las autoridades filtran contenidos que se consideran incompatibles con los intereses del Estado; en Occidente, en cambio, no hay entidades con autoridad legítima para hacer lo mismo, excepto en casos extremos (como el discurso de odio y la pornografía infantil). Incluso en áreas donde parece haber cierto consenso (por ejemplo, en que la desinformación o la interferencia extranjera en procesos electorales son inaceptables) no hay acuerdo en relación con cuál sería el remedio adecuado.

La falta de consenso o cooperación puede llevar a la aparición de fronteras digitales nacionales, que no sólo inhibirán los flujos de datos e información, sino que también afectarán el comercio, las cadenas de suministro y las inversiones internacionales. La mayoría de las plataformas tecnológicas estadounidenses ya tienen vedado operar en China, porque no pueden o no quieren aceptar las reglas de las autoridades respecto del acceso estatal a los datos y el control del contenido.

Al mismo tiempo, Estados Unidos tomó medidas para impedir que la empresa china Huawei invierta en startups de software, provea equipamiento de redes a empresas de telefonía móvil y (junto con ZTE) venda teléfonos portátiles en el mercado estadounidense; esto se debe a los presuntos vínculos de la empresa con el gobierno chino. Huawei y ZTE aseguran que sus actividades son puramente comerciales, y que respetan las normas de los países donde operan, pero los funcionarios estadounidenses insisten en que estas empresas suponen un riesgo para la seguridad.

En cambio, ambas empresas son aceptadas en casi todos los países europeos (incluido el Reino Unido), donde son actores importantes. Pero Europa está creando barreras propias, con nuevas reglas de protección de datos y privacidad que incluso pueden impedir el uso del aprendizaje automático (a diferencia de China y Estados Unidos, en Europa todavía no hay una megaplataforma como las que llevan la delantera en innovaciones basadas en esta técnica).

Como toda la economía global está cada vez más vinculada a Internet y a las tecnologías digitales, es más importante que nunca contar con una regulación más sólida. Pero si esa regulación resultara fragmentaria, torpe, excesiva o incoherente, las consecuencias para la integración económica (y para la prosperidad) podrían ser graves.

Antes de que el mundo adopte soluciones ineficaces o contraproducentes, hay que pensar cuidadosamente el mejor modo de definir las regulaciones. Si no podemos ponernos de acuerdo en cada detalle, tal vez podamos, al menos, identificar un conjunto de principios compartidos, aptos para servir de base a acuerdos multilaterales que proscriban actividades destructivas, como el abuso de datos, y ayuden así a preservar una economía mundial abierta.

 

 

P.S.

Marichuy, deja huella en la campaña presidencial mexicana

La candidata Marichuy no reunió las firmas necesarias para presentarse a las elecciones, pero dio impulso a la campaña de un movimiento indígena nuevo, que aspira a obtener representación política.

Marichuy

Mitin de Marichuy, Noviembre de 2017 (EneasMx/Wikimedia Commons)

>Por Laura Dowley

‘México lo tienen secuestrado desde arriba y se lo vamos a quitar junto con ustedes!’  dijo María de Jesús Patricio en un mitin político el 11 de Febrero. Sus seguidores llenaron la plaza del Palacio de Bellas Artes – un símbolo cultural en el corazón de la Ciudad de México- para escuchar a la mujer que esperan traiga consigo un cambio radical para la sociedad civil mexicana.

Marichuy, o Patricio como es comúnmente conocida, es una curandera indígena de Nagua, del estado de Jalisco al oeste de México. Fue nominada por el Congreso Nacional de Indígenas (CNI), una coalición de 58 grupos indígenas, para ser su portavoz en las campañas presidenciales de este año.

Aunque no tuvo éxito en reunir las firmas necesarias para presentarse a las elecciones, previstas para el día 1 de julio, el CNI matizó que no se detendrá: ‘ “Después de las elecciones de 2018 vienen muchas más, y vamos a seguir resistiendo”, aclaró la concejala Yamili Chan Dzul, del Yucatán, al  sur de México, en una comparecencia en Febrero: ‘Vamos a seguir caminando. Esta es una llamada para despertarnos la concienciahacia delante.’

Juntar las 866.593 firmas – que supone el 1% de la media de votantes registrados en cada estado- que los candidatos independientes necesitan para optar a la presidencia resultó problemático para el CNI.

A lo largo de su campaña en pos de la candidatura de Marichuy, el congreso argumentó que el mecanismo para reunir firmas es discriminatorio para las comunidades indígenas, lo cual constituye el núcleo de su apoyo electoral.

Las firmas se recogen mediante una aplicación del Instituto Nacional Electoral. Sin embargo, siendo esta recogida solo posible mediante aparatos con acceso a internet, muchos habitantes de estas comunidades indígenas ni siquiera están en posesión de teléfonos móviles. En México, los usuarios de internet son alrededor del 60% de la población, según datos del Banco Mundial.

Marichuy fue la primera mujer indígena en intentar postularse candidata a la presidencia, apoyada por el Ejercito Zapatista de Liberación Nacional (EZLN)

Este movimiento indígena, radical y de izquierdas, es famoso por haber llevado a cabo un levantamiento en el sur del país, que comenzó el 1 de Enero de 1994, día en el que el Tratado de Libre Comercio de Norteamérica (NAFTA) con los Estados Unidos y Canadá entró en vigor, argumentando que dicho acuerdo y el liberalismo económico que conllevaba tendría un impacto muy negativo en las comunidades indígenas del país.

En el escenario de Febrero, Marichuy fue flanqueada por cinco concejalas indígenas elegidas por sus comunidades para representarlas en el CNI. Esta formación, exclusivamente de mujeres, fue más que notable en un país en el que el sexismo está ampliamente extendido.

“Me agrada que (el CNI) haya designado a una mujer”, me dice Rosario, propietaria de un pequeño negocio en el Estado de México, justo a las afueras de Ciudad de México. Rosario comentó: “Estas comunidades saben que la mujer tiene una posición muy importante, y que tiene la capacidad de organización”.

La defensa de los derechos de las mujeres es una prioridad para el CNI: ‘Cuando una mujer se levanta y exige sus derechos, exige ser respetada, para ellos (el gobierno) es una amenaza y la desaparecen,” dice la concejala Guadalupe Vásquez Luna desde Chiapas, el estado más pobre de México: ‘Nos asesinan. Nos violan. Nos desaparecen’.

En el mitin que tuvo lugar en Febrero, hubo un sentimiento fuerte de orgullo indígena ya que cada una de las concejalas iba ataviada con las vestimentas típicas de sus comunidades e iniciaron los discursos en sus respectivas lenguas.

A diferencia de otros mítines a lo largo del país en los últimos meses, la mayoría de asistentes eran hispanoparlantes que no tenían ninguna raíz indígena. Sin embargo, como señal de respeto, aplaudieron a las ponentes cuando empezaron a hablar aunque no las entendiesen.

De acuerdo con las estadísticas gubernamentales, en México el 21,5% de la población se auto identifica como indígena. Muchas de estas comunidades estas profundamente insatisfechas con el actual sistema político y económico del país, y ven a las élites minoritarias del país como claras beneficiarias de ese sistema. Como respuesta, el CNI está proponiendo un nuevo sistema anti-capitalista.

El CNI acusa al sector privado de robar: ‘Las empresas internacionales nos están robando. Nos quitan nuestras tierras, nuestros bosques y nuestras minas’ dijo la concejala Reyna Cruz López en el mitin. Reyna es de Oaxaca, el estado con el segundo porcentaje más alto de gente viviendo bajo el umbral de la pobreza, después de Chiapas.

Un informe del 2017 de la oficina del Alto Comisionado para los Derechos Humanos de la ONU confirma las violaciones de derechos humanos en el contexto de proyectos de minería a gran escala, energía, construcción y promociones de turismo en México.

Este informe incluyó ejemplos de casos en los que el gobierno mexicano y compañías privadas no cumplieron con su obligación de asegurar la participación de comunidades indígenas en proyectos que les afectan. El informe menciona, por ejemplo, una orden de expropiación presentada a una comunidad indígena en el estado de México en 2012 para construir una autopista a lo largo de tierras ancestrales, sin que fuera llevada a cabo la preceptiva consulta previa a la comunidad.

Los defensores no indígenas del CNI comparten esta frustración frente al capitalismo: ‘No creemos que el capitalismo puede reformarse’, decía Gilberto López y Rivas, profesor de antropología en la Universidad Nacional Autónoma de México, quien también dijo, en el mitin de Febrero: ¡Queremos un cambio profundo!

El CNI se centra a menudo en el abuso de los derechos humanos sufrido por las comunidades indígenas. ‘Nos quitaron nuestra lengua. Nos quitaron nuestro traje. Nos quitan nuestras tierras’, dijo Vásquez, de Chiapas, a la multitud, ‘Pero yo ya no estoy dispuesta a ser humillada. Ya no estoy dispuesta a dejar que me quiten lo que es mío’.

También se refirió a la Masacre de Acteal de 1997, en la que perdió a nueve familiares. Tenía tan solo diez años cuando un grupo de paramilitares asaltó la iglesia local, asesinando a 45 indígenas tzotziles, miembros de un partido político pacifista.

La concejala Magdalena García Durán también habló de su experiencia personal. En 2006, fue una de las 207 personas arrestadas en el pueblo de San Salvador Atenco, a una hora al noreste de la Ciudad de México, durante un protesta contra la expropiación de tierras indígenas: ‘Nos pegaron, nos encarcelaron y nos fabricaron delitos’, le dijo a la muchedumbre que abarrotaba el mitin. García fue puesta en libertad 18 meses después, siguiendo un dictamen de la corte federal que sentenciaba la falta de evidencias que justificara su detención.

La Comisión Inter-Americana de Derechos Humanos encontró después, en relación con el caso de San Salvador Atenco, que el gobierno Mexicano fue responsable de detenciones ilegales y arbitrarias, también de no asegurar las garantías judiciales a los detenidos, así como de numerosos casos de tortura y de violación.

El CNI propone un gobierno con mayor participación ciudadana y que funcione no solo para las comunidades indígenas, sino para todos los mexicanos. ‘Anhelamos y pensamos que puede haber formas de construir el poder desde abajo. Un poder conjunto e inclusivo en donde quepan todos’, dice Marichuy.

Aida trabaja en proyectos de índole cultural con comunidades indígenas en Ciudad de México: ‘Lo que a mí me gusta es que no quieran llegar al poder para estar en la silla, quieren que se mueva la gente’.

La mayoría de comunidades indígenas vive en áreas rurales, pero las concejalas parecían dispuestas a hacerse notar entre las audiencias urbanas, insistiendo en la relación fundamental entre la ciudad y el campo. ‘Si los pueblos indígenas no siembran frijoles y maíz, el gobierno moriría de hambre’, afirma Francisca Álvarez Ortiz del Estado de México.

Víctor, un estudiante de filosofía de la Ciudad de México, asentía: ‘Las pueblos indígenas son los que nos alimentan’.

Pero el clamor de Álvarez oculta una verdad incómoda. En 2016, el 65% del consumo de maíz en México vino de importaciones, mayormente de los Estados Unidos, y la producción interna en México está dominada por dos grandes compañías: Gruma y Minsa.

Como bien predijeron los Zapatistas, los granjeros de pequeñas tierras han sufrido el resultado del NAFTA. Han sido incapaces de competir con las subsidiadas empresas productoras de maíz en Estados Unidos en términos de precios, y diez años después de la firma del acuerdo del NAFTA, las exportaciones de Estados Unidos hacia México han aumentado en un 323%.

La corrupción es otro asunto importante para el CNI. Transparencia Internacional, en su informe anual de 2017 que evalúa la percepción de la corrupción en 180 países diferentes, sitúa a México en el puesto número 45 con una puntuación idéntica a países como Laos, Papúa Nueva Guinea, Paraguay y Rusia.

‘Creemos que para cambiar el mundo no podemos ser tan corruptos como los demás, no como los políticos que pretenden representarnos’, dijo Juan Villoro, un conocido escritor y periodista que también habló en dicho mitin, junto a las concejalas

Mientras que las concejalas articularon exitosamente las discrepancias de las comunidades indígenas, el CNI no lanzó ninguna propuesta política, y sus campañas no han estado exentas de contratiempos.

Aunque Marichuy está ahora mismo fuera de la carrera hacia la presidencia, su campaña ha inspirado a todos sus defensores. ‘Hay un mensaje detrás de las firmas’, Aida me dijo ‘Aunque no figure en la papeleta electoral, nosotros, el pueblo, vamos a seguir organizándonos’.

 

DEMOCRACIA ABIERTA

Juego de sillas en el Gobierno estadounidense: Trump y el Deep State

Gabinete Estados Unidos

 

>Por Silvina M. Romano y Arantxa Tirado

En las últimas semanas, el Gobierno de Donald Trump ha cambiado de Secretario de Estado y amenaza con destituir al Consejero de Seguridad Nacional. Esto se suma a los numerosos cambios realizados desde inicio de la gestión, destacando: la renuncia previa del antecesor de McMaster, Michael Flynn (en el marco de la supuesta injerencia rusa en elecciones presidenciales estadounidenses); cambio del Jefe de Gabinete (Reince Priebus por John F. Kelly, que hasta entonces se desempeñaba como Secretario de Seguridad Nacional); la renuncia del Secretario de Salud, Tom Price; el reemplazo del Secretario de Estado Rex Tillerson por el exdirector de la CIA, Mike Pompeo; así como la destitución del Consejero principal del presidente -todavía sin candidato o candidata a sustituirlo- Steve Bannon.

La rotación en el equipo de Trump, tanto en lo que algunos analistas llaman el “Equipo A” del presidente (miembros de su oficina ejecutiva, su círculo más cercano), como en el gabinete, seguida en detalle por los analistas. Se informa que, sólo en el primer año de mandato, Donald Trump atesora unas tasas de rotación dentro de su “Equipo A” del 34 % (frente al 9 % de Barack Obama para el mismo periodo o el 6 % de George W. Bush).[1] En lo que respecta al gabinete, han salido en su primer año tres miembros, cifra que contrasta con las 0 salidas de sus predecesores. Algunos lo califican como el gabinete “menos estable” en su primer año de gobierno desde 1977,[2] generando “preocupación” y voces de alerta ante esta característica (¿hábito?) del gobierno de Trump. Hay quienes advierten que se trata de un resultado de la conducta impulsiva y cambiante, sumado a su ineptitud.[3] Otros consideran que Trump se ha ido deshaciendo de todos los que no aguantaron su “volatilidad” y que no concuerdan con el presidente en diversos temas, de modo que el mandatario estaría procurando rodearse de gente que “piense como él y que apoyen todo lo que él proponga”.[4]

El cambio más sugerente es, sin duda, el de Rex Tillerson por Mike Pompeo. Esto se da en el marco de las tensiones y estrategias de negociación con Corea del Norte (presión para su desnuclearización) e Irán, y en el contexto de las denuncias de intervención rusa en las elecciones presidenciales de 2016.[5] La prensa hegemónica reproduce la siguiente interpretación: “El nuevo cambio efectuado en el gabinete de Donald Trump llega en un momento de profunda crisis en el Departamento de Estado. Este cuenta con miembros que fueron entrenados para apostarle a la diplomacia y los consensos, por encima de los acuerdos arbitrarios y retóricas incendiarias”.[6]

Esta afirmación, podría ser extendida al vínculo de la Casa Blanca con el resto de las agencias del Gobierno, y abre el interrogante de hasta qué punto este nuevo presidente (inepto, volátil e impulsivo, según lo califican los especialistas) está desafiando a parte del establishment, que lo vería como un “obstáculo” para objetivos de mediano plazo previamente pautados, en particular los de política exterior. Parece que Trump busca imponerse y que se niega a seguir ciertos libretos preestablecidos, despertando cada vez más preocupación entre un sector del establishment (que percibe que Trump será difícil de “controlar”) entre el que se encuentra el “Deep State” burocrático de Washington. Una curiosidad es que tensiones similares experimento John F. Kennedy frente al establishment (en particular con el FBI), aunque en un contexto muy diferente y por convicciones probablemente opuestas a las atesoradas por Trump.

Además, debe recordarse que desde su asunción como presidente, Trump fue acusado de incapacidad mental, de complotar con Rusia para ganar elecciones, de censurar a la prensa, etc. Estas acusaciones han allanado el camino para eventualmente solicitar un impeachment. La reciente denuncia sobre el vínculo entre Cambridge Analítica-Facebook, que participó en la campaña presidencial de Trump[7], se suma a este escenario y desencadena un nuevo escándalo que podría añadirse como argumento para el juicio político.

Pero la injerencia rusa es hasta ahora el problema más incómodo para la gestión Trump. En efecto, tal vez uno de los próximos destituidos sea McMaster, Consejero de Seguridad Nacional, que recientemente acusó al Gobierno ruso de haber iniciado una campaña de “desinformación, subversión y espionaje”.[8] Unas declaraciones realizadas frente a altos funcionarios de seguridad rusos justo unas horas después de que el Departamento del Tesoro anunciara la sanción a tres entidades y trece ciudadanos rusos por supuestos ciberataques en las elecciones.[9] Trump, que niega esta injerencia[10] y desde el inicio adujo que se trató de una serie de noticias falsas para deslegitimar su campaña y triunfo, publicó en su cuenta de Twitter el mes pasado: “El general McMaster olvidó decir que los resultados de las elecciones de 2016 no fueron afectados o modificados por los rusos y que la única colusión fue entre Rusia y Crooked Hillary, el DNC y los demócratas”.[11] Con ello sacaba a la luz pública las diferencias existentes entre el Consejero de Seguridad Nacional y el presidente en un asunto que compromete nada más y nada menos que la soberanía nacional del país.

Pero el affaire con los rusos parece tener un alcance aún mayor. El fiscal Robert Mueller, uno de los que está a cargo de la investigación, en lugar de encontrar información que comprobara un complot entre Rusia y Trump para derrotar a Hillary, destapó en febrero pasado la existencia de una fábrica rusa de fake news. Acusó a ciudadanos y empresas rusas de interferir en las elecciones de 2016, ocupados en una “intensa campaña de intoxicación política en EE. UU.” una “guerra de información” encaminada a generar “desconfianza hacia los candidatos y el sistema político en general.[12] De este modo, las limitaciones de la democracia liberal de EE. UU., cuestionada por su escasa representatividad en términos procedimentales, las dudas sobre el modo en que se financian campañas electorales millonarias y las críticas sobre las élites que se sostienen en la cúpula del sistema político-empresarial de EE. UU., son dejadas de lado en virtud de una amenaza “externa”. Mientras se habla de la “injerencia rusa” y de la “inestabilidad mental” del presidente, se relega a un segundo plano un análisis serio sobre los cambios y continuidades en la sociedad estadounidense, que han derivado en que un personaje como Donald Trump haya podido conectar con millones de ciudadanos que no han encontrado una mejor manera de canalizar su descontento que votando al candidato aparentemente outsider.

El juego de sillas en la administración Trump apunta a una pugna soterrada por el control del Estado que parece librarse entre el presidente, secundado por su círculo menguante de incondicionales, y una mayoría aparente del “Deep State” que teme perder la última palabra sobre “cómo y cuándo se hacen las cosas”. En esta batalla, será crucial estar atento a las voluntades que logren imponerse, pues implicará (o no) la redefinición de la política exterior, con consecuencias importantes para América Latina.

 

[1] https://www.brookings.edu/research/tracking-turnover-in-the-trump-administration/

[2] https://fivethirtyeight.com/features/the-incredibly-and-historically-unstable-first-year-of-trumps-cabinet/

[3] https://rantt.com/donald-trump-is-unstable-and-he-could-be-removed-from-office-129f5c3ef1e0

[4] https://www.unotv.com/noticias/portal/internacional/detalle/donald-trump-bromea-sobre-los-cambios-en-su-gabinete-904644/

[5] https://latinamericanpost.com/index.php/es/politica/20152-estados-unidos–que-significa-el-cambio-en-el-departamento-de-estado?

[6] https://latinamericanpost.com/index.php/es/politica/20152-estados-unidos–que-significa-el-cambio-en-el-departamento-de-estado?

[7] https://www.cnet.com/es/noticias/facebook-cambridge-analytica-trump-lo-que-debes-saber/

[8] https://www.nytimes.com/2018/02/17/world/europe/russia-meddling-mcmaster.html

[9] https://translations.state.gov/2018/03/15/el-tesoro-sanciona-a-los-ciber-actores-rusos-por-la-interferencia-con-las-elecciones-estadounidenses-de-2016-y-los-ciberataques-maliciosos/?utm_medium=email&utm_source=govdelivery

[10] https://www.efe.com/efe/usa/portada/putin-y-trump-niegan-injerencia-rusa-en-ee-uu-abogan-por-mejorar-las-relaciones/50000064-3435274

[11] https://mundohispanico.com/noticias/trump-continua-con-cambios-en-su-gabinete-y-sustituira-a-h-r-mcmaster-como-asesor-de-seguridad-nacional

[12] https://elpais.com/internacional/2018/02/16/estados_unidos/1518805614_412828.html

 

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