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La crisis venezolana en clave internacional: una mirada del sur, desde el sur

La crisis venezolana en clave internacional: una mirada del sur, desde el sur

Venezuela Bandera

BAJO LA LUPA: VENEZUELA

>Por Agustina Gabriela Sánchez Rodriguez*

Se evidencian innumerables violaciones al orden constitucional, al modelo de Estado que consagran las leyes así como a los derechos y garantías que amparan al ciudadano ante la acción abusiva del Estado, a sus representantes y a la comunidad internacional en su conjunto (Estados, Organizaciones). Lo cual configura finalmente una ruptura del orden democrático y constitucional acompañado por el desconocimiento de la Asamblea Nacional como órgano esencial del Poder Legislativo, la instrumentación de los demás órganos del Poder Público Nacional por acción inconstitucional del Poder Ejecutivo dejando como consecuencia una profunda crisis que compromete la integridad del entramado social a causa del hambre, la escasez y la precariedad de los servicios públicos más esenciales. La comunidad Internacional en su mayoría así como la sociedad civil se han manifestado ante las flagrantes violaciones sistemáticas al Estado de Derecho, a los DDHH, las normativas legales, así como a los fueros y prerrogativas de los parlamentarios y a la democracia; violaciones accionadas por el régimen totalitario de Nicolás Maduro.

Cronología de la inestabilidad:

El TSJ es el órgano máximo del Poder Judicial de la República Bolivariana de Venezuela. En el año 2015 el mismo fue reorganizado de forma irregular por la Asamblea Nacional saliente, designando nuevos magistrados de manera inconstitucional y violando el derecho de participación ciudadana. En su desempeño, el TSJ ha desmantelado el estado de derecho, subordinándose al Poder Ejecutivo.

2015: En la víspera de los comicios parlamentarios, el presidente Nicolás Maduro, aseguró que “…la revolución bolivariana respetará los resultados electorales que emanasen de la voluntad popular …”

Los venezolanos votaron para elegir a los 167 diputados de la nueva Asamblea Nacional para el periodo legislativo 2016-2021. 113 diputados por personas, 51 por listas partidarias y 3 diputados indígenas que, según lo previsto deberían jurar el 5 de enero de 2016 sus cargos en la nueva Asamblea.

La oposición al gobierno consiguió una inédita mayoría de 112 diputados. El Consejo Nacional Electoral (CNE) comunicó que el número de escaños a favor de la oposición ascendió a 109 y que el chavismo consiguió 55. La oposición confirmó que los 3 representantes indígenas forman parte de la alianza. Frente a este escenario Maduro aclaró que el principal enemigo es “la derecha fascista contrarrevolucionaria que ha obtenido un éxito electoral”.

Luego de meses de detención se condena al opositor Leopoldo López a casi 14 años de prisión por participar en protestas contra el presidente Maduro, en el año 2014.

La alianza opositora MUD (Mesa de la Unidad Democrática) denunció un “golpe judicial”, luego de que el TSJ recibiera un recurso introducido por el oficialismo contra la proclamación de 22 diputados electos recientemente. Uno de los denunciantes fue el gobernador del estado de Miranda, Henrique Capriles.

Las rectoras del Consejo Nacional Electoral, tomaron la decisión carente de fundamentos sólidos e inconstitucionalmente arrebatarle el derecho al recurso de revocación al pueblo venezolano consagrado en la Constitución, comprometiendo la paz y la estabilidad de la nación.

La oposición convocó al Ejercito a que ayude a garantizar el respeto al resultado de las elecciones, luego de que el Tribunal Supremo de Justicia (TSJ) ordenara suspende de forma “preventiva e inmediata” a varios diputados electos.

2016: Los diputados opositores votaron por el dirigente socialdemócrata Henry Ramos Allup para presidir la nueva Asamblea Nacional venezolana. La coalición opositora MUD informó que tras la votación se conformó la directiva de la Asamblea con Ramos a la presidencia.

El nuevo presidente de la Asamblea Nacional confirmó que algunos de los partidos de la MUD tomarían medidas para adelantar el fin del Gobierno de Maduro, el cual terminaría oficialmente en 2019. Se decidiría la salida constitucional, democrática, pacífica y electoral para la cesación del gobierno de Maduro, según Ramos Allup.

3 legisladores electos por la región de Amazonas, cuyas reclamaciones habían sido suspendidas de forma “preventiva” por el TSJ, juraron su cargo. El mismo declaró en “desacato” al nuevo Parlamento, de mayoría opositora, debido a que asumieron sus puestos 112 representantes de la MUD, pese a que 3 de ellos (Amazonas) se encontraban suspendidos tras una denuncia interpuesta por el oficialismo.

La Asamblea Nacional aprobó una moción que exhorta al Gobierno a cumplir con las resoluciones de los organismos internacionales (de los cuales Venezuela forma parte) que piden el respeto a los DDHH de los dirigentes opositores presos. La resolución fue aprobada por la mayoría opositora, sin apoyo alguno del oficialismo.

El gobierno decretó “estado de emergencia económica” en todo el territorio nacional de conformidad con la Constitución, incluyendo medidas para atacar la evasión fiscal, acelerar la importación y distribución de alimentos, bienes de consumo primarios y medicinas. La AN rechaza dicho decreto al considerarlo insatisfactorio y declara una “crisis humanitaria de salud” en el país, ocasionada por la escasez de medicinas y deterioro de instituciones sanitarias.

La liste de irregularidades, marchas y contra-marchas de la política contemporánea venezolana, podría proyectarse hasta el punto de llenar bibliotecas enteras, pero no se podría terminar este apartado sin hacer referencia al fallido referendo revocatorio.

Una de las posibles salidas a la crisis venezolana, tal como fue pensada por alguno de sus protagonistas, consistió en conocer la voluntad ciudadana a través de un referéndum, que, ante una elección esquiva para el ejecutivo, suponía nada menos que la cesantía de las autoridades y el llamado inmediato a elecciones.

Esta ingeniería política comienza a trazarse en la mesa de la asamblea nacional resultante del revés electoral oficialista de finales de 2015, donde los nucleados en torno al PSUV se vieron en una posición electoral incontestable.

La MUD, pensó en traducir tal grado de desaprobación en una iniciativa real, con consecuencias prácticas tangibles. Así se comienza con el llamado a referéndum: cabe recordar que para activar el mismo se precisaban 200.000 firmas (1% del padrón electoral), pero en muy poco tiempo se juntaron casi dos millones. Ya la oposición en octubre de 2015 se alistaba para acceder al último requerimiento legal: el consentimiento del 20% de las personas habilitadas para votar, margen que además estaba totalmente al alcance de la oposición.

Así mismo, en una jugada que reconfigura los medios de poder empleados por los actores, la Comisión Nacional Electoral (un virtual cuarto poder, controlado en su mayoría por el oficialismo) suspende hasta nueva orden el proceso revocatorio en cierne, seguido por una lluvia de amparos judiciales en algunas regiones venezolanas: vale recordar que un referéndum esquivo a Maduro, habría supuesto su dimisión y consecutivo llamado a elecciones, el oficialismo demostró nuevamente su falta de voluntad absoluta en dejar le poder. Es así como termina la historia de una solución.

En el ámbito internacional la Organización de Estados Americanos (OEA) debatió y aplicó la Carta Democrática Interamericana, (procedimiento que nuevamente es objeto de debate su aplicación) instrumento jurídico de la organización creado para salvaguardar la democracia, contempla desde gestiones diplomáticas en su artículo 20, hasta la suspensión de un miembro, garantías y reincorporación en artículos 21 y 22 respectivamente. Lo cual no implica no aplica expulsión, sino que el miembro en cuestión debe de continuar con el cumplimiento de sus obligaciones particularmente en materia de DDHH.

Se ha recurrido a la salida de la no democracia con democracia, medios diplomáticos y buenos oficios. Jamás se ha contemplado una intervención militar, ni injerencias en asuntos internos por parte de ningún Estado, pero cuando todo se quiebra hay que presionar. “De una dictadura se sale con elecciones” sostiene el secretario general de la OEA, excanciller uruguayo, Luis Almagro y por eso exige a Maduro que convoque a la mayor brevedad comicios generales, libres y con observación internacional. La presión internacional es parte de las reglas del juego, de los mecanismos que favorecen a garantizar los compromisos asumidos por cada Estado ante los organismos internacionales, con el objetivo de asegurar la convivencia pacífica de toda la comunidad internacional.

Hay derechos y principios fundamentales que trascienden fronteras e ideologías que hay que defender, proteger y garantizar; porque detrás hay pueblos, seres humanos, vidas. Entre tantas reuniones en diversos órganos, incontables veces, compuestas por Estados preocupados por la situación de nuestra hermana Venezuela, ha sido tema relevante y de suma consideración.

No se trata de complots imperialistas, ni recreaciones históricas de los hechos ocurridos en la década de los 50′ y un sin fin de teorías expuestas por los representantes del gobierno venezolano ante todos los organismos de los cuales y de conformidad con el Derecho Internacional Público, es miembro. Se trata de ejercer presión a través de mecanismos jurídicos, diplomáticos y pacíficos que son básicos para la resolución de conflictos en el Derecho Internacional, con el objetivo de garantizar el respeto de las libertades, los DDHH y la democracia. La situación en la actualidad se ha vuelto insostenible hasta para el propio gobierno al cual se le están agotando los recursos, no se pueden seguir primando lo político por encima de lo jurídico.

América Latina ha sido muy favorable al diálogo, mediación y a todos los esfuerzos posibles, ya sea individualmente cada país o a nivel MERCOSUR. Se han respetado plazos para que el gobierno venezolano cumpla con todos sus compromisos asumidos en todas las materias en todos los ámbitos.

No sería adecuado mantener neutralidad ante semejante gravedad. La tarea no es sencilla y menos en el contexto inestable en el cual se encuentran algunos países de nuestra América Latina, pero como decía Simón …”Más cuesta mantener el equilibrio de la libertad que soportar el peso de la tiranía”.

 

* Licenciada en Relaciones Internacionales por la Universidad de la República del Uruguay, especialista en Geopolítica y Geoestratégia de Uruguay y su Región por el Centro de Altos Estudios Nacionales, Colegio de Defensa de Uruguay.

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