¿Qué papel tienen las redes sociales en la comunicación política?

Trump Redes Sociales

>Por Anna Solé Sans

En los últimos años se están viviendo cambios en la manera de comunicar la política. Las redes sociales se han convertido en una herramienta obligada y permiten lanzar mensajes mucho más emocionales y directos sin la intermediación de los periodistas. Una práctica que puede perjudicar a favor del negocio y un terreno muy cómodo para figuras como las de Donald Trump, en guerra abierta con los medios de comunicación.

“Trump busca saltarse el filtro de los medios de comunicación y encontrar un hilo de comunicación directo con los ciudadanos”, explica el codirector del Máster en Comunicación Política de la UPF Barcelona School of Management Toni Aira. “Tiene unos medios de comunicación con los que comparte discurso y otros que considera hostiles, y precisamente, lo que busca es convertirse él mismo en un medio de comunicación, ya que independientemente de cómo le tratan, él es quien lanza los mensajes”.

Según el experto, no nos choca el hecho de que personajes como Donald Trump utilicen las redes sociales pero sí lo hace que sean personajes de alta responsabilidad. “Si llegan al poder y dejan de hacerlo, sería muy extraño y la gente pensaría que mienten”.

Pero el motivo sigue siendo el mismo: saltarse el filtro de los medios y proyectar una mayor proximidad. Ahora bien, el profesor detalla que el papel de los medios de comunicación sigue siendo muy importante. “La política no son sólo declaraciones o twits, necesitamos los medios de comunicación para que nos ayuden a contextualizar e interpretar toda la información”.

Aira expone que los medios de comunicación están haciendo eco de dichos twits pero comenta que la hiperexposición también pasa factura. “Se trata de una novedad, pero en unos meses, ya no será noticia como lo es ahora”. “Trump está entrando muy fuerte pero es poco probable que pueda mantener este ritmo”.

Pero existe un debate en torno a la gestión de las cuentas de Twitter por parte de un presidente. “Trump es un personaje atípico, Obama tenía dos cuentas y era impensable que él las gestionara, pero Trump se ha enamorado de esta red social y rebusca en ella”, zanja Aira.

 

La Vanguardia

Estas pruebas demuestran que el Marketing Político 3.0 sí funciona

 

>Por Andrés Elías* – Exclusivo para Mix Político

Durante enero y febrero de este año, me dediqué a probar cada una de las hipótesis que escribí en mi libro Marketing Político 3.0. Durante el experimento que me llevo dos meses pude darme cuenta que cada una de mis hipótesis que descansaban sobre una base teórica se iban ejecutando también en la práctica.

Mis hallazgos los comparto en exclusiva con ustedes:

1. Conversa, dialoga, interactúa con tu comunidad

La dopamina es una sustancia que segrega nuestro cerebro. Cuándo interactúas con alguien en redes sociales estás provocando en el otro los mismo efectos que provoca el alcohol en los bebedores o el juego en los apostadores. La dopamina está vinculada a la recompensa, interactuar con alguien genera en el otro un liberación de esta sustancia. La neurociencia tiene mucho que enseñar al marketing digital, una de las cosas que tenemos que aprender rápidamente es cómo las emociones obran en la mente humana, y cómo podemos alinear nuestros mensajes en torno de ellas.

2. Las grandes cuentas interaccionan menos.

Mientras buscaba cuentas de políticos con los cuales pensaba que podía tener interacción, hallé con unas cuántas que observaba que hacían retuit de otras cuentas. En pocos casos encontré cuentas de políticos que conversaran con su público. Me decidí a probarlo. Escribí durante varios días a cuentas de diferentes políticos y el resultado comprobó mi hipótesis: “Los políticos manejan comunicación unidireccional en redes sociales”.

3. Los seguidores no saben conversar o darle continuidad a la conversación

Mientras hacía mi experimento pude darme cuenta que cuándo interactuaba con mis seguidores y me limitaba afirmar, mataba la conversación. Con el tiempo aprendí a darle continuidad a las conversaciones. Es importante hacerlo porque mientras más larga se vuelve el intercambio, más exposición tienes y posibilidades de ganar nuevos seguidores y te forjarás la fama de ser un buen conversador.

4. Provoca a tus seguidores

Hay muchas formas de hacerlo y funciona como en la vida real. Me dediqué hablar de fútbol, política, cine, música, pero si hay un tema que apasiona en redes sociales son ciertos clivajes aborto/provida, católico/ateo, capitalismo/socialismo. Generalmente provoca reacciones sobredimensionadas y por ello desaconsejo tratar estos temas, con excepción si quieres posicionarte y que las personas conozcan lo que piensas sobre determinadas cosas.

Pero también hay formas de provocar que no están relacionadas a temas sensibles. Puedes hacer encuestas, hacer una observación inteligente, mostrar una imagen interesante. Puedes provocar haciendo que tu contenido haga reír, llorar o sorprender.

5. Conversa pero síguelos

Esta es la regla de oro del Marketing Político 3.0. Conversa con tus seguidores pero síguelos de vuelta. Cada interacción que tienes te acerca a crear una comunidad. Las redes sociales afectan al cerebro al igual que un beso. Cada vez que tienes contacto con algún seguidor estás estrechando un mano, besando un niño o plantando un árbol. Si los sigues de vuelta, harás que tus seguidores descarguen una buena carga de dopamina según un estudio de RadiumOne, el uso de los medios sociales es una mina de oro para la dopamina, ya que “cada vez que publicamos un post, compartimos un estado, damos un ‘like’, dejamos un comentario o enviamos una invitación en línea estamos creando una expectativa, generamos un sentido de pertenencia y reforzamos nuestro autoconcepto a través de compartir”.

6. La gente espera opiniones

Cuando das tu opinión con respecto a algo – ya sea un video divertido, un artículo de la prensa- has hecho propio dicho contenido y, por lo tanto, tiendes a vincular tu marca personal con conceptos abstractos que la gente relaciona fácilmente.
Cuando das una opinión estás haciéndoles pensar que detrás de la cuenta no existe una conexión automatizada sino que hay alguien que está pensando y escribiendo. Las opiniones que reafirmes deben de validar el punto de vista de tu comunidad, Trump lo hace todo el tiempo. No temas en expresarte. Hay más peligro en decepcionar a un seguidor tuyo que no encajar con otras personas que nunca te votarán.

7. La gente quiere saber tu posición

Twitter está lleno de un público que quiere permanecer activo en las conversaciones. Si Instagram es para un público morboso, Twitter es para un público chismoso. Dicho de esta manera, debes de tomar posiciones sobre temas y expresarlas libremente. No temas el ataque de bots y trolls. Lo mejor que puedes hacer es ignorarlos pero verás que si tu comentario está bien redactado y compartible mucha gente te apoyará y reforzarás tu comunidad con gente que tenga tus opiniones.

8. Debes conocer a tu público

Mi público está compuesto en su mayoría por gente de afiliación católica, esto descubrí cuando intencionalmente postee sobre cine, política y religión al mismo tiempo y recibí muchísima atención en el contenido sobre un libro espiritual que recomendaba leer.

Conocer a tu público te puede ayudar a mejorar en términos de marca personal, puedes sacar insights con facilidad y conectar mejor con tu público. Las mismas áreas del cerebro que se activan por la comida se activan con los estímulos sociales. Por ello, si escribes de lo que tu público ama y conoce estarás generando una recompensa en su cerebro.


* Andrés Elías es Director de marketing digital de Dotmedia. Autor de los libros: VENDE MÁS: Cómo capitalizar las diferentes herramientas digitales a favor de tu empresa. MARKETING POLÍTICO 3.0: la nueva forma de hacer política digital. Especialista y asesor en Imagen y Comunicación Política.

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Martin Hilbert, experto en redes digitales: “Obama y Trump usaron el Big Data para lavar cerebros”

Lo conocen en la academia de las TICs por haber creado el primer estudio que estimó cuánta información hay en el mundo, cifras que acá comenta en un castellano aliñado con modismos chilenos, tecnicismos gringos y erres alemanas. Martin Hilbert (39), Doctor en Ciencias Sociales y PhD en Comunicación, es alemán, pero vivió largos años en Chile como funcionario de la Cepal. Hoy trabaja en la Universidad de California, es el asesor tecnológico de la Biblioteca del Congreso de Estados Unidos y vive a cuarenta minutos de Silicon Valley, donde un futuro inevitable toma forma. En esta entrevista, no apta para amantes de la vida retirada, explica cómo el Big Data permite a la información interpretarse a sí misma y adelantarse a nuestras intenciones, cuánto saben las grandes empresas de nosotros, y lo que más le preocupa: lo fácil que está siendo convertir la democracia en una dictadura de la información, haciendo de cada ciudadano una burbuja distinta. También habla sobre la posibilidad de que la inteligencia artificial llegue a generar una conciencia superior. Cree que eso va a ocurrir, pero no hay que tener miedo: “No va a ser Terminator contra nosotros”.

¿Cuánta información hay en el mundo?
–La última vez que actualicé este estudio, hace dos años, había 5 zetabytes. Un ZB es un 1 con 21 ceros, lo cual no te dirá mucho. Pero si tú pones esta información en libros, convirtiendo las imágenes y todo eso a su equivalente en letras, podrías hacer 4500 pilas de libros que lleguen hasta el sol. O sea, hay mucha información.

¿Y a qué ritmo está creciendo?
–A un ritmo exponencial. Se duplica cada dos años y medio. Entonces, ahora probablemente son 10 ZB.

O sea, ocho mil pilas de libros que llegan al sol.
–Ocho o nueve mil pilas, sí. Piensa en esto: desde el 2014 hasta hoy, creamos tanta información como desde la prehistoria hasta el 2014. Y lo más impresionante, para mí, es que la información digital va a superar en cantidad a toda la información biológica que existe en el planeta. La vida es procesamiento de información, ¿no? Toma del ambiente moléculas normalmente muertas, toma fotones del sol, y los convierte en estructuras complejas de información con un código base que es el ADN. Y ya existe más información digital que código genético humano. Aun contando cada copia de ADN en las trillones de células de cada persona en el mundo, en la humanidad hay como 1 ZB de información. Y durante este siglo, la información digital va a superar a toda la información genética que existe en la biósfera. Todo lo cual lleva a muchas preguntas sobre el futuro de la humanidad, ¿no?

Parece que la pregunta existencial más importante va a ser cómo interpretamos tantos datos.
–Y la respuesta es que la única manera de interpretarlos es con máquinas también. Este procesador [apunta a su cerebro] no aguanta eso, sabe hacer otras cosas. Ahora, lo bueno es que la información crece muy rápido, pero nuestro poder de computación crece tres veces más rápido. Se duplica en menos de un año. Porque la tecnología siempre es mejor pero también porque tenemos muchas más máquinas, ¿no? Tú mismo tienes ahora un celular, un computador, etc., que interpretan muchos datos por ti. Y ahí viene toda la cuestión de la inteligencia artificial [en adelante, IA] y el Deep Learning, que ahora es lo más importante.

¿Qué es el Deep Learning?
–Es la manera como se hace la IA hoy en día. Son redes neuronales que funcionan de manera muy similar al cerebro, con muchas jerarquías. Todo esto que hacen Apple y Google y todas las Siri en el teléfono, todo usa Deep Learning. Es una IA súper poderosa que descubrimos hace cinco años y ya todo el mundo la usa, porque es muy superior a todo lo que habíamos encontrado.

Y la otra pregunta existencial, ¿qué tan espiados estamos?
–Nooo, ¡súper espiados! Todo está espiado. Y es muy interesante, porque después de Edward Snowden la gente dijo: “¡Qué es esto, pueden ver mis fotos desnudo! Ya, bueno, qué tanto”. Nadie se fue a protestar a la calle, la cosa siguió tal cual. La NSA confesó que hizo un par de cosas demasiado ilegales y bueno, esas cosas se arreglaron. Pero las otras no, y cada vez te van a espiar más. Yo no digo que esto sea bueno o malo, pero la gente tiene que saber. Y si la gente sabe que está espiada y no le importa, está perfecto. Ahora, la pregunta delicada es qué pasa si esos datos llegan a las manos de alguien que pueda abusar de ellos. En Silicon Valley no están muy contentos con que sus herramientas ahora las pueda usar Donald Trump. Están muy decepcionados, la verdad.

¿Qué cosas de nosotros se pueden saber de un momento a otro?
–De partida, dónde estás y dónde has estado. Si tienes Gmail en tu celular con wifi, puedes ver en Google Maps un mapa mundial que muestra dónde estuviste cada día, a cada hora, durante los últimos dos o tres años (ver www.google.com/maps/timeline). Es una información que tú les permites coleccionar al aceptar los términos de licencia cuando instalas la aplicación.

Lo que uno nunca lee.
–Exactamente. Y en muchos casos tú puedes optar que no lo hagan, pero nadie se fija. Ahora, lo interesante es que con estos datos de movilidad se pueden hacer estudios. Y ya sabemos, por ejemplo, que se puede predecir con casi un 90% de probabilidad dónde vas a estar tú en cada momento de cada día del año que viene. Imagínate lo que vale esa información para una empresa que hace marketing, por ejemplo.

Cuentas que en África el celular hizo lo que nunca pudo hacer el certificado de nacimiento. La huella de que una persona existe es su teléfono.
–Claro, es súper poderoso. Es tu verdadera huella digital. Y África es el caso extremo, pero piensa en América Latina, donde hay tanto orgullo por los censos. El censo de Chile ahora fue un desastre y era una tragedia, ¿no? Pero con los datos de tu celular, si uso solamente lo que se llama metadata, o sea sin escuchar tus conversaciones ni saber con quién hablas, sino sólo con qué frecuencia y con qué duración usas tu celular, con eso yo puedo hacer ingeniería reversa y reproducir el 85% de tus resultados de un censo: si eres hombre o mujer, cuál es tu rango de ingresos, si tienes niños, si estás casado, tu origen étnico…

¿Sólo conociendo la frecuencia y duración con que uso mi celular?
–Sí. El censo que hacen cada 10 años, que es tan costoso y tan importante, lo puedo reconstruir en un 85% con esos dos datos. De eso se trata el Big Data: tenemos tantos datos y tanta capacidad de procesarlos, de identificar correlaciones, que podemos hacer a la sociedad muy predecible. Y cuando puedes predecir, puedes programar.

Y en el caso de las empresas de Internet que nos prestan servicios gratuitos, ¿qué tan importante es para su negocio la información que tienen de nosotros?
–Todo, eso es todo lo que tienen. Facebook vale billones de dólares por la información, no por otra cosa. De las diez empresas del mundo tasadas a un precio más alto, yo creo que cinco son proveedoras de información. Y la gente siempre dice “no, hay que regular todo eso, proteger a los usuarios”. Pero la demanda más extrema que he escuchado en todas esas conferencias donde voy, es que necesitamos derechos de propiedad de datos, como los de propiedad intelectual, para que tú puedas vender tus datos y no regalarlos. Y yo voy con este reclamo donde mis amigos en Silicon Valley y me dicen “pero hueón, ¡si ya lo estamos haciendo! Tú sigues siendo dueño de tus datos, pero aceptas que yo también lo sea al aprobar los términos de licencia. Y a cambio puedes usar Google Maps gratis y te ahorras una hora de taco al día, ¿no es fantástico?”. Ahí llegamos al fin de la discusión, no hay nada más que hacer. Incluso ante las propuestas más progresistas, Silicon Valley ya tiene respuesta. Y la verdad es que la gente se beneficia tanto de eso que no le molesta.

También las empresas telefónicas, que uno supone que sólo nos cobran el plan, hacen buena plata con nuestros datos, ¿no?
–Claro. Por ejemplo, Smart Steps es la empresa de Telefónica que vende los datos de la compañía. Si tú tienes Movistar, tus datos están ahí vendidos.

¿A quién le sirven?
–¡A mucha gente! Si tú quieres abrir una tienda de corbatas en una estación de metro, te vale mucho saber cuántos hombres caminan en cada salida del metro, entonces compras estos datos de Telefónica. Y también los puedes usar en tiempo real: saber a qué hora pasa la gente, e incluso si se detiene o no a ver el anuncio de oferta que pusiste afuera. Y lo más impresionante es que esto convirtió a las ciencias sociales, de las que siempre se burlaron, en la ciencia más rica en datos. Antes tenías que hasta negociar con diplomáticos para que te prestaran una base de datos de cien filas por cien columnas. Y en las universidades hacían experimentos con 15 alumnos de pregrado, que necesitaban créditos extra para pasar el ramo, todos blancos, todos de 18 años, y decían “miren, así funciona la psicología humana”. ¡De adónde! Nosotros nunca tuvimos datos, y por eso nunca funcionaban las políticas públicas. Y de la noche a la mañana, el 95% de los sujetos que estudiamos pasó a tener un sensor de sí mismo 24 horas al día. Los biólogos siempre dijeron “eso no es ciencia, no tienen datos”. Pero ellos no saben dónde están las ballenas en el mar. Hoy nosotros sí sabemos dónde están las personas, pero también sabemos qué compran, qué comen, cuándo duermen, cuáles son sus amigos, sus ideas políticas, su vida social. Se puede abusar también, como Obama y Trump lo hicieron en sus campañas, como Hillary no lo hizo y por eso perdió. Pero el gran cambio es que estamos conociendo a la sociedad como nunca antes y podemos hacer predicciones con un nivel científico. ¡Lo de antes era arte, no era ciencia!

TRUMP TE CONOCE

Entiendo que algunos estudios ya han logrado predecir un montón de cosas a partir de nuestra conducta en Facebook.
–Claro, esos son los datos que Trump usó. Teniendo entre 100 y 250 likes tuyos en Facebook, se puede predecir tu orientación sexual, tu origen étnico, tus opiniones religiosas y políticas, tu nivel de inteligencia y de felicidad, si usas drogas, si tus papás son separados o no. Con 150 likes, los algoritmos pueden predecir el resultado de tu test de personalidad mejor que tu pareja. Y con 250 likes, mejor que tú mismo. Este estudio lo hizo Kosinski en Cambridge, luego un empresario que tomó esto creó Cambridge Analytica y Trump contrató a Cambridge Analytica para la elección.

¿Qué hizo con eso?
–Usaron esa base de datos y esa metodología para crear los perfiles de cada ciudadano que puede votar. Casi 250 millones de perfiles. Obama, que también manipuló mucho a la ciudadanía, en 2012 tenía 16 millones de perfiles, pero acá estaban todos. En promedio, tú tienes unos 5000 puntos de datos de cada estadounidense. Y una vez que clasificaron a cada individuo según esos datos, lo empezaron a atacar. Por ejemplo, en el tercer debate con Clinton, Trump planteó un argumento, ya no recuerdo sobre qué asunto. La cosa es que los algoritmos crearon 175 mil versiones de este mensaje –con variaciones en el color, en la imagen, en el subtítulo, en la explicación, etc.– y lo mandaron de manera personalizada. Por ejemplo, si Trump dice “estoy por el derecho a tener armas”, algunos reciben esa frase con la imagen de un criminal que entra a una casa, porque es gente más miedosa, y otros que son más patriotas la reciben con la imagen de un tipo que va a cazar con su hijo. Es la misma frase de Trump y ahí tienes dos versiones, pero aquí crearon 175 mil. Claro, te lavan el cerebro. No tiene nada que ver con democracia. Es populismo puro, te dicen exactamente lo que quieres escuchar.

¿Y qué hizo Obama?
–Obama fue como el pionero en esto. En la campaña de 2012, para su reelección, invirtió en esto mil millones de dólares, mucho más que en comerciales de TV. Y con eso contrató a un grupo de cuarenta nerds, de Twitter, de Google, de Facebook, de Craigslist, tres profesionales de póker, otro que trabaja con células madres, en fin. A esos cuarenta nerds los puso en un subterráneo, les dio mil millones de dólares y un número para el servicio de pizza, ¿no? Y ahí en el subterráneo crearon los 16 millones de perfiles que les interesaban, los votantes indecisos. Sacaron datos de todos lados. Incluso tuvieron acceso a las Setup-Boxes, lo que sería el DirectTV en Chile, que registra cómo tú ves televisión. Si tienen acceso a eso, ya saben lo que te interesa, y empezaron a llevar comerciales individualizados. Lo más delicado es que no sólo pueden mandarte el mensaje como más te va a gustar, también pueden mostrarte sólo aquello con lo que vas a estar de acuerdo. Si Obama tiene sesenta compromisos de campaña, puede que 58 te parezcan mal, pero al menos con dos vas estar de acuerdo. Digamos que estás a favor del desarrollo verde y a favor del aborto. Bueno, empezaron a mostrarte en Facebook sólo estos dos mensajes.

¿Con avisos publicitarios?
–No, lo hicieron más sofisticado. Como algún amigo vas a tener que hizo un like a la campaña de Obama, ese like les dio acceso a los perfiles de todos sus amigos –esto también va en la licencia que nunca leemos–, entonces podían ver tu historial y clasificarte. Y además tenían acceso a postear desde el timeline de tu amigo, porque esto también está permitido. Él no lo ve, Facebook no se lo muestra, pero tú sí vas a ver muchos artículos así como “Obama el héroe de la energía alternativa”, “Obama el héroe del aborto legal”. No son propagandas de la campaña, son artículos de prensa bien elegidos. Y si tú por medio año ves “Obama héroe” de estas dos cosas que te gustan, al final vas a decir “oye, tan mal no está este Obama”. Bueno, en 2012 le cambiaron la opinión al 78% de la gente que atacaron así. Y Trump lo hizo con 250 millones. Creo que George Orwell se metería un tiro, porque ni él se imaginó algo así. La democracia es completamente inútil con algo así.

En un artículo explicabas que también los call center de Estados Unidos te clasifican mientras hablas, y cuando vuelves a llamar te derivan a un empleado con una personalidad afín a la tuya.
–Así es. El que habla contigo no lo sabe, ¿no? Una vez conté esto en una conferencia y uno de mis estudiantes, la próxima vez que llamó a un call center, le dijo “¡oye hueón, deja de clasificarme la personalidad!”. El otro no entendía nada, ¡ja, ja, ja! El trabajo lo hacen alrededor de diez mil algoritmos que te escuchan hablar y clasifican tu personalidad en seis diferentes cajas. La última vez que hablé con esta compañía, me dijeron que ya el 30% de las llamadas a los call center de Estados Unidos están intermediadas así. Y ya hay sistemas que les dan inteligencia en tiempo real: el tipo está ahí con un monitor que le dice “ahora es el momento de ofrecerle tal cosa”, “ahora ya no”. Pero eso es reciente, por ahora lo más común es que te dejan clasificado. Y todo esto, al final, ¿a qué nos lleva? A crear burbujas, en todos los niveles.

¿Cómo así?
–Que la gente emocional sólo hable con gente emocional, la gente de acción con la gente de acción, los reactivos con los reactivos. Hablamos mucho de que ahora los demócratas no hablan con republicanos, pero esta fragmentación de la sociedad en subgrupos va mucho más allá de la política. La verdad, es una cosa triste. Pero no es culpa de la tecnología, es la manera en que la usamos hoy día. Toda tecnología es normativamente neutral, tú puedes usar un martillo para colgar un cuadro o para matar a tu vecino. Lo mismo con la tecnología digital: podríamos usarla para unir gente, para mezclar gente de opiniones opuestas, pero no lo estamos haciendo.

Y más rezagada aún queda la democracia, incapaz de mediar entre tanta información fragmentada. No hay denominador común.
–Claro, el Big Data permite poner a la gente en muchas más cajas que antes no veías, es un arma de fragmentación muy poderosa. Sí, esa es una amenaza. Esto de la privacidad y el comercio no es el gran problema, la gente tiene razón en no preocuparse tanto. Es útil que las chicas reciban comerciales sobre la píldora y los chicos sobre condones, ¿no? Ahora, Big Data para la democracia representativa… ahí termina. Tú sabes que la democracia siempre estuvo muy ligada a las posibilidades informacionales que tenía cada sociedad. Aristóteles fue muy claro en decir que la democracia no podía ir más allá de un radio de 70 km, porque la información no podía viajar más que eso en un día. Por eso la democracia griega fue para una ciudad. Y en Estados Unidos, ¿por qué crearon las primarias, los colegios electorales por cada Estado y todo eso que conocemos? Porque el viaje en caballo de costa a costa tomaba una semana. Como no había acceso a la gente y la gente tampoco estaba informada, se necesitó todo este constructo representativo. Pero con la tecnología actual, este constructo está completamente abusado y tiene potencial para constituirse en una dictadura informacional, esto hay que decirlo abiertamente. Esto es lo que más me preocupa. La democracia representativa de esta manera no funciona.

Obligados a pensarla de nuevo…
–La verdad es que tenemos que repensarla completamente. Y ya tampoco podemos ignorar que las redes digitales son globales. O sea, personas que están a miles de millas se pueden ofender con una información que les llega y presentarse en la redacción de una revista para matar a los dibujantes. Es que todo esto pasó muy rápido. Llevábamos miles de años separados en diferentes culturas y nos tuvimos que conocer en un par de décadas. En el Islam dijeron que no quieren ver mujeres desnudas, y un día llegamos nosotros con el TV cable y les forzamos a mirar las tetas de Pamela Anderson. Y nosotros no entendemos por qué ellos pueden tener dos esposas. Entonces, si la información fluye globalmente, ¿hasta dónde podremos prescindir de una gobernanza global? No lo sé. Pero esto va a ser un camino de ensayo y error, como siempre ocurrió con la tecnología. Ahora vimos que Facebook, después de la elección de Trump, empezó a limpiar sus fake news, estas noticias mentirosas. Hace tres meses decían “no, nosotros no somos editorial”, y ahora están sacando cosas. Ya es un comienzo.

Y los Estados, ¿están sabiendo aprovechar el Big Data para las políticas públicas?
–No, están muy atrás todavía. Pero tienen una oportunidad muy grande. Se estima que el Estado posee alrededor de un tercio de los datos de un país, lo que es mucho. ¿Acaso tiene un tercio del poder productivo? Ni loco. El gobierno sabe todo lo que pasa en los colegios, en los hospitales, en los servicios de impuestos, ¡cuánta información hay ahí! Se puede aprovechar mucho más para políticas sociales y económicas, sobre todo en América Latina. Y lo segundo es poner la información que es pública a disposición de la sociedad, lo que se llama el Open Data. Pero ahí estamos aún más atrasados, incluso acá. Por ejemplo, a mí me nombraron Chair of Technology de la Biblioteca del Congreso, que en EE.UU. siempre fue LA institución de la información. Ellos mismos me invitaron porque se dan cuenta de que perdieron el tren y Google les robó el show en diez años. Y cuando voy allá, veo que todavía podrían recolectar mucha más información, y hacerla pública. Los mapas… ¡el gobierno tiene un montón de mapas! No necesitamos Google Maps, los militares tienen todos los mapas que necesitas. ¿Por qué no los hacen disponibles? Los precios de terrenos, qué tipo de terrenos hay para qué tipo de agricultura, quién es el dueño del terreno, todo esto el gobierno lo tiene y socializarlo podría ser muy productivo. Pero es una buena noticia: si el insumo de esta nueva economía son los datos y el Estado tiene un tercio de ellos, los puede usar para democratizar la economía.

Si es que también se democratiza la capacidad de usarlos.
–Sí, esa será la clave, y todavía no está claro si la disponibilidad de información crea más o menos desigualdad. Pero si en otra época el Estado destinó recursos para llevar la telefonía a las áreas rurales, ahora tendrá que hacerlo para igualar el acceso a Big Data. Son cosas que estamos aprendiendo, aunque los gobiernos ya podrían estar haciendo mucho más.

EL FUTURO ARTIFICIAL

¿En Silicon Valley están muy locos?
–¡Ja, ja, ja! Depende. Algunos, como este alemán Peter Thiel, quien creó eBay y que ahora está con Trump, él está un poco loco. Pero la verdad es que no son locos, son un poco arrogantes. Pero son arrogantes con justificación, porque realmente cambian el mundo, mucho más que un gobierno. Por eso también les llegó pésimo lo de Trump. Estaban muy enojados, no podían creer que se usó su tecnología para poner a un fascista en el poder. No, la verdad es que todavía están muy confundidos con eso. Bueno, dicen que la caída viene después de la arrogancia.

Algo que cuesta asimilar es que los datos, al crecer tanto, ya se explican a sí mismos, descubren solos sus relaciones causa-efecto. Como el traductor de Google, que se pegó el gran salto cuando le quitaron las reglas de traducción y empezó simplemente a comparar datos.
–Y con eso, además, ya puede traducir entre dos idiomas aunque nadie en el mundo hable esos dos idiomas. Te cuento un caso. ¿Te acuerdas de ese juego para Atari y PC, parecido al pimpón, en que tenías que mover una barrita hacia los lados para achuntarle a una pelota que rebotaba arriba en unos bloques? Y sacabas puntos al ir destruyendo esos bloques.

Sí.
–Bueno. Al DeepMind, un programa de IA que usa el Deep Learning, lo pusieron frente a ese juego y le dijeron “tienes que ganar puntos”. Pero no le dijeron cómo se ganan los puntos. Ni siquiera le dijeron “vas a ver una barrita, una pelota y unos bloques arriba”. Solamente le dieron la capacidad de reconocer pixeles. A los diez minutos, el DeepMind casi no agarraba la pelota, porque no entendía frente a qué situación estaba. Después de dos horas, jugaba al nivel de un experto. Y a las cuatro horas, mejor que cualquier ser humano. Pero no sólo por su precisión técnica, sino porque descubrió una estrategia para ganar que poca gente descubre. Es decir, sólo correlacionando movimientos de pixeles y puntos ganados por azar, llegó a innovar y ser más creativo que la mayoría de los humanos. Es lo mismo que hace la IA con el ajedrez. Se suponía que Go era el juego en que nunca iba a pasar a los humanos, muchísimo más complejo que el ajedrez. Bueno, DeepMind le ganó hace medio año al campeón de Go. Entonces sí, la información se autointerpreta y son mejores que nosotros.

¿Es cierto que las grandes compañías ya toman decisiones sin saber por qué las toman? Sólo porque la IA ve los datos y les dicen “hagan esto”.
–Claro, y está perfecto. Además, las relaciones de causalidad, muy filosóficamente, nunca las podemos conocer. Como decía Popper, sólo podemos descartar causas: tú no puedes saber si realmente X causó Y, sólo puedes comprobar que Z no causa Y. Pero estas correlaciones nos sirven para explicar y predecir. Ahora, si tú cambias el sistema que produjo estos datos, ahí te puedes equivocar muchas veces. Pero ese ya es otro problema.

Pero también sería un problema si, por ejemplo, llegáramos a meter preso a alguien porque su conducta en Facebook, según un programa, predice que es un potencial asesino.
–Sí, pero esto también lo hacen las personas. Si un sicólogo dice que eres un peligro para la sociedad, también te pueden encerrar. Y la verdad es que la IA es muchas veces más exacta que un psicólogo. Al final, el juego con la tecnología siempre ha sido ver cuáles tareas se pueden automatizar y cuáles se quedan con nosotros. Los primeros imperios, por ejemplo, su gran innovación fue hacer canales de agua para sus plantaciones. Así ya no necesitaban usar un tercio de su fuerza laboral en ir cada vez al río y traer agua. Imagínate, qué brutal: un tercio de la gente quedó desempleada. ¿Pero qué hicieron con ellos? A la mitad los convirtieron en soldados y empezaron a dominar a otros pueblos. A otros los hicieron arquitectos y constructores y crearon las ciudades y templos más grandes de la humanidad. Otros se hicieron artistas, otros empezaron a escribir… ¡a escribir, hueón, no tenían nada más que hacer! Y es así como las sociedades han avanzado, ahorrando tiempo y automatizando tareas. Si un robot reconoce células de cáncer, te ahorras al médico. En San Francisco hay una farmacia donde no hay ninguna persona trabajando: yo soy un robot, tú me das una receta, yo te mezclo un poco de este polvo, un poco de este otro, lo pongo en una caja y te lo doy. Además el robot sabe exactamente qué interacción hay entre qué medicamentos, más que ningún farmacéutico. Más del 50% de los actuales empleos son digitalizables, incluso escribir noticias rápidas, como sabrás. Y ya no hablamos de reemplazar a los obreros, como en la revolución industrial, sino también los trabajos de la clase más educada: médicos, contadores, ¡abogados, hueón! Hay una aplicación en el teléfono que te dice cuánto estás obligado a pagar si te divorcias, según los detalles de tu caso. Te ahorraste mil dólares de abogado por pedirle ese estudio. Claro, es brutal. Pero esto ya ha pasado antes y no fue el fin de la historia. Inventaron hueás nuevas tan locas como escribir, que antes nadie tenía tiempo de pensar en eso.

Lo que sí sería nuevo, y es el gran miedo cuando se habla de la “era de la singularidad” que supuestamente viene, es que el robot pase a decidir por nosotros. En el fondo, que nos ganen.
–Claro, es la pregunta: si va a ser “el Terminator contra nosotros”. Mira, la singularidad viene. O ya está acá. Trata de deshacerte de tu celular por un año. Ya estamos fusionados con esta tecnología, como sociedad y como especie. Nuestra distribución de recursos ocurre básicamente en la bolsa, y acá el 80% de las transacciones de la bolsa son decididas por IA. El 99% de las decisiones de la red de electricidad son tomadas por IA que localiza en tiempo real quién necesita energía. Y si tú me dices “mira, Martin, recién descubrimos una especie donde un sistema que se llama IA distribuye el 80% de los recursos y el 99% de la energía”, yo diría “bueno, IA es una parte inseparable de esta sociedad”. Y ya no se puede deshacer, no se puede desenredar. Tú podrías irte a la cordillera, dejar tu celular atrás y nunca más tener interacciones digitales, pero ya no serías parte de nuestra sociedad. Dejarías de evolucionar con nosotros. El punto aquí es que la especie humana ya evoluciona en convergencia con la tecnología, que en algunos aspectos ya es mejor que nosotros… no en todos. De nuevo, la pregunta es qué cosas dejamos a la IA y qué cosas no.

Mientras eso lo decidamos nosotros y no ellos, si aprenden a pensar por su cuenta.
–Sí. Y si me preguntas a mí, digamos, filosóficamente, lo que creo que está pasando es que efectivamente estamos creando una supraespecie, otra especie superior. Pero la verdad es que no tengo tanto miedo de eso.

¿Por qué no?
–A ver… Normalmente entendemos que la selección natural, cuando hay dos especies, elige a una de las dos, la famosa “supervivencia del más apto”, ¿no? Pero también hay ejemplos de simbiosis en que las dos especies se fusionan, y yo creo que en este caso las dos especies se van a fusionar. Pero ya hablamos tanto que no sé si vale la pena explicar todo esto…

Parece que sí.
–Quizás para entenderlo hay que mirar cómo funciona la vida, los sistemas vivos. Como sabes, existen diferentes niveles de abstracción: abajo tienes partículas subatómicas que interactúan para formar átomos; los átomos forman redes para crear moléculas; las moléculas, para crear células, y las células se ponen en redes –cada una con su respectiva pega– para crear organismos. Después los organismos se ponen en redes para crear sociedades. Y ahora, ¿qué viene después? Sociedades que se ponen en red a través de la tecnología para crear algo superior. El punto es que cada uno de esos niveles cree funcionar con sus propias leyes, y no saben que gracias a esas leyes se han formado otras leyes que han creado un nivel superior. Mis células no saben que yo tengo conciencia. Se encuentran y dicen “mira, ahí hay una bacteria, ¿la atacas tú o yo?”. Piensan que son bastante libres, ¿no? Pero los grandes números crean una estadística confiable de que esa bacteria va a ser atacada, y gracias a la estabilidad de esos promedios es que mi sistema tiene la tranquilidad para crear lo que llamamos conciencia. Y lo que creo que va a terminar haciendo la digitalización es convertirnos a nosotros en células de un organismo mayor.

¿Cómo?
–A medida que la IA empiece a organizarnos, a programar a la sociedad. Y va a poder hacerlo porque si bien tú y yo creemos ser muy distintos, el funcionamiento de la sociedad, con los grandes números, consigue promedios muy estables. Entonces este organismo puede sobrevivir, hasta que yo me imagino que va a poder producir una conciencia. Pero nosotros ni vamos a saber que esa conciencia existe. Por eso te digo que no va a ser “Terminator contra nosotros”. Es un supraorganismo con el que nos estamos fusionando, y la digitalización es como el aceite que nos une. La verdad es que normalmente no hablo de esto en entrevistas públicas, pero eso significa para mí la singularidad: estamos convergiendo con la tecnología para crear un ente superior, que se llama sociotecnología, tecnosociedad o como lo quieras llamar.

¿Por qué no te gusta hablar de esto en entrevistas?
–Porque es muy loco, ¿no? Es muy profundo y hay gente que se preocupa más de la cuenta. Prefieren hablar del robot de Amazon que les mandó un paquete equivocado. Nos descoloca que nos hablen de un chip implementado en el cerebro, pero ya todos usamos tecnología para aumentar nuestras capacidades. No es en ningún caso el fin de la humanidad, es la evolución que sigue su camino. Y la manera en que esto ocurra va a depender de nosotros. Entonces nos conviene entender que tenemos por delante una gran responsabilidad, porque nosotros diseñamos las instituciones que van a definir el futuro de estas convergencias.

 

Publicado en: THE CLINIC

Yo opino, tú opinas, él opina. La conversación pública en la era de las redes

Violencia de género, pobreza, desempleo, dictadura: temas que muestran cambios y permanencias en nuestros modos de hablar juntos.

Ilustracion nota

> Por Raquel San Martín

¿Qué tienen en común Gustavo Cordera, la UCA, el Indec y una entrevista con el presidente Mauricio Macri? Que todos recientemente han sido protagonistas o escenarios de batallas discursivas sobre fenómenos controvertidos, problemáticos o tabú en la Argentina, amplificadas y comentadas en un continuo que va de las redes sociales a los panelistas de televisión, de los diarios a las conferencias de prensa.

Así como el exabrupto misógino y violento de Cordera mostró un límite contundente a esas expresiones, puesto a fuerza de movilización social, las recientes conversaciones sobre la pobreza y la desocupación giraron otra vez alrededor del termómetro y del culpable, y no del modo de resolver el problema. Y las referencias presidenciales al aborto, a los desaparecidos y la última dictadura dejaron en claro que después de doce años de clausurar algunas conversaciones, abrirlas en otro sentido requiere más que unas pocas palabras.

En todos los casos se repiten dos evidencias: por un lado, la presencia de las redes sociales como iniciadoras o amplificadoras de las conversaciones públicas, en un coro inagotable de voces, imágenes e intercambios que presumimos privados pero son cada vez más públicos, y que -a pesar de la dedicación del Gobierno por utilizarlos como “comunicación directa” y controlada- también pueden volverse inmanejables. Por otro lado, la pobre calidad de la discusión en la Argentina, siempre en un estado de “opinión desbordada” y descalificación rápida, con una problemática relación con los hechos y una tendencia al ajuste de cuentas discursivo con el que se presume siempre del otro lado.

¿Quién establece los límites de lo que se puede decir hoy en la Argentina? ¿Qué responsabilidades tiene el discurso político en orientar el modo en que “hablamos” colectivamente?

Como en una foto inequívoca de la época, el episodio Cordera mostró la transición que atravesamos entre un espacio público distinguible del privado y una época que los superpone y los mezcla, con lo bueno y lo inquietante de ese cambio. “Antes el espacio público coincidía con el espacio mediático, que era el de los medios tradicionales, al que tenían que acceder los distintos actores sociales. Hoy ese espacio mediático se amplió y se volvió continuo (hay cosas que se inician en las redes sociales y son tomadas por los medios, y al revés). Además, nadie está afuera de este nuevo espacio híbrido. Todos tenemos el dispositivo para capturar imágenes y palabras y ponerlas en circulación, todos podemos ser víctimas o mediadores de cosas que se dicen”, señala Damián Fernández Pedemonte, director de la Escuela de Posgrados en Comunicación de la Universidad Austral.

¿Una clase es un lugar público? ¿Lo es una reunión de amigos? ¿Una reunión de padres en la escuela? Sí a las tres preguntas. “Este nuevo sistema produce un corrimiento de lo que es público y privado. Lo que antes era institucional, como una clase en la universidad, ahora es esfera pública, y lo que era privado puede ser institucional (si un político habla de política en una reunión). En un mundo basado en la celebridad, lo público se define por el grado de popularidad de quien habla, no tanto por lo que dice. En una persona pública, todo es público. El lado positivo es que es más fácil denunciar abusos y tenemos más acceso al respaldo de una denuncia. Pero se ha reducido el ámbito que uno gestiona en confianza y relajado”, dice Fernández Pedemonte.

Todos somos hackers

Armados con nuestros celulares inteligentes, conectados a nuestras redes, todos somos, en alguna medida, hackers de la realidad. Y ese “vasto rumor” de conversaciones de café, prensa y televisión, “opinadores” profesionales, pensadores y científicos, eslóganes, doctrinas políticas y voces marginales, como describe el filósofo canadiense Marc Angenot en El discurso social (Siglo XXI), está atravesado por la lógica de las redes.

“Las redes sociales ya se instalaron como quinto poder y se corrieron los límites entre los medios tradicionales y la política, el on y el off, y hasta los límites de lo que significa ser un ciudadano -apunta Alejandro Artopoulos, profesor de la Universidad de San Andrés-. Vivimos en la ilusión de que controlamos las redes sociales, pero el 99% de los usuarios no tiene claro cuándo pone una opinión en un lugar privado y cuándo, en un lugar público. El uso de las redes se simplifica para facilitar su consumo, pero ha complejizado la realidad.”

Con las fronteras desdibujadas, hay una paradoja adicional: “Las redes son espacios híbridos: públicos, pero regidos por regulaciones impuestas por las compañías privadas, que son dueñas de esos espacios y que determinan desde lo que se puede decir y lo que no hasta los algoritmos que definen lo que cada uno ve en su pantalla”, dice Silvio Waisbord, profesor de Media and Public Affairs en la George Washington University.

Y a pesar de que los expertos señalan evidencias de que los grandes hacedores de noticias, como los medios tradicionales en sus distintas plataformas, siguen teniendo peso en definir de qué hablamos, el “cómo” lo hacemos tiene otros matices. “Somos un país que lidera las estadísticas de uso de Facebook, Instagram y Snapchat, pero a la vez destruimos las estadísticas públicas y marginamos a los que hablan sobre la base de datos. El primer empírico en la Argentina es el ?panelista’ de TV”, dice Artopoulos, para quien vivimos en una época de “opinión desbordada”. Lo explica: “La democracia argentina pasó por tres momentos pendulares. Dos en los que la TV fue central: el entusiasmo por la participación en el renacer democrático y la desilusión con apatía de los años 90. Y un tercer momento, durante el segundo gobierno de Cristina Kirchner, en que los medios tradicionales se apalancaron con los digitales y los blogs, en una idea de democracia radical. Es la sociedad del relato, de consignas y frases hechas, que necesita de la pura emoción, del impacto”. Quizá por eso las discusiones en esos años se demoraron más en la existencia de los fenómenos -hay pobreza/no hay pobreza; hay inflación/no hay inflación- que en pensar qué hacer frente a ellos.

Para otros, nuestro desapego por las evidencias es de larga data. “En la Argentina la opinión precede a los datos, algo que el kirchnerismo agigantó pero que viene de mucho antes -dice Waisbord-. Cuando no hay datos, todos dan opinión porque nadie puede rebatir a nadie. Además, no se pueden proponer, implementar ni evaluar políticas públicas sin datos. La opinión es fácil, es atractiva, tiene un costado de empoderamiento de las personas, pero es preocupante cuando las decisiones de política pública se basan en opiniones.”

La práctica del “panelismo” de TV, etiquetado como “polémica” aunque no sea más que intercambio subido de tono, es quizá la puesta en escena más clara de lo que muchos señalan como una calidad pobre de nuestro debate público. “No se busca debatir sino herir la legitimidad del que propone algo, más allá de lo que proponga, para legitimar una postura previa sobre esa persona. Estamos pagando un precio muy caro por la polarización que propuso el relato kirchnerista y nos encontramos en un esquema de ajuste de cuentas dialéctico permanente. Los líderes políticos y de opinión tienen una gran responsabilidad en conducir la salida de este estado de cosas”, afirma Orlando D’Adamo, especialista en comunicación política.

Igual responsabilidad tienen los dirigentes cuando corren las fronteras de lo discutible. “Es legítimo que el discurso político mueva los límites de lo pensable en disputa por instalar sentidos comunes. Pero esa instalación de discursos y visiones debería ir acompañada de argumentaciones públicas, no de eslóganes como los que propone elmarketing político. La opinión cierra temas, no abre interrogantes”, afirma Sol Montero, investigadora del Conicet y profesora en UBA y Unsam, especialista en discurso político. “Hoy las redes van más rápido que los políticos, subvierten lo políticamente correcto, visibilizan cosas no dichas. Muchas veces los políticos van atrás de la sociedad”. #NiUnaMenos y los anticuerpos que parece haber creado en la sociedad podrían ser un ejemplo.

Dar vuelta la página

¿Es posible un diálogo público de argumentos en la Argentina? ¿Dónde se ubica hoy un debate racional, lejos de trols, bots, fakes y exabruptos individuales? En todo caso, ¿es más posible ahora que hace ocho meses? “Si bien la polarización nunca fue social, sino fruto del activismo de opinión en el espacio público, creo que esa polarización del debate hoy es condenada socialmente. El que sigue en esa mecánica previa, en cualquiera de los dos polos, hoy es repudiado. En ese sentido, la discusión ha tendido a mejorar, aunque quizá sea más por hastío que por compromiso con el diálogo”, afirma Gerardo Aboy Carlés, profesor del Idaes-Unsam e investigador del Conicet.

Sin embargo, la insistencia política con refundar y dar vuelta la página con cada nueva gestión puede introducir otras tensiones. “Como proceso cultural, los años 80 son importantes porque todos los gobiernos posteriores fueron juzgados por ese parámetro de lo que se pensó como una sociedad democrática. Con su debate polarizado, el kirchnerismo tensó algunos aspectos de ese consenso. Por ejemplo, hubo poco espacio para hacerse preguntas sobre lo que había sido la violencia política de los años 70, se asumió un relato épico de la juventud comprometida que fue bastante distinto del silencio sobre ese tema de los años 80, cuando era necesario establecer un discurso sobre los derechos humanos que ninguna sombra podía horadar. Ése es un debate que hoy está más habilitado, pero al mismo tiempo se corre el riesgo de volver a tensionar ese consenso de los años 80 con decisiones como que el Estado no apele la prisión domiciliaria de los represores”, dice.

No parece haber términos medios. “El kirchnerismo decía grandes verdades todo el tiempo; era un relato completo, cerrado, sin lugar a dudas. El macrismo es la ignorancia total, la elusión de respuestas -dice Montero-. Falta un discurso en el que se pongan sobre el tapete los problemas y se reconozca que son espacio de disputas.”

“Más allá de las preferencias políticas, el relato K era muy sólido, muy eficiente, y eso en comunicación política significa mucho. Se trata de esa historia en la que a través de valores compartidos, sazonados con mística y sus componentes emocionales asociados, se construye una visión del futuro ideal y hasta utópica. Comparado con esto, en el espejo de hoy no se ve una construcción comunicacional que, teniendo que ser necesariamente distinta, responda a una estructura semejante y sea a la vez simple de transmitir. No sabemos si es una decisión de que no haya relato y el ?nuevo relato’ es un ?no relato’, o si es una debilidad no deseada”, describe D’Adamo.

Para Aboy Carlés, hay componentes políticos que abonan este relato débil, en todo caso. “El discurso macrista es más variado y menos vertical, sin un enunciador privilegiado. En parte porque el gobierno está formado por varios partidos y hay muchos más espacios para que haya desacuerdos y eso se vea. Pero esa fluidez puede ser una debilidad.”

La sociedad argentina tiene pruebas de que puede instalar los temas que le preocupan y empujar a los políticos a reaccionar. Pero hay que estar atentos. “Hay un cambio en la tolerancia social de ciertos discursos. Pero hay que diferenciar la preocupación que algunos actores pueden tener antes de decir algo, por temor a las consecuencias, y la convicción con que no digan ciertas cosas. Lo positivo no es que algunas personas se autocensuren, sino la posibilidad de reflexión colectiva -dice Natalia Gherardi, directora ejecutiva del Equipo Latinoamericano de Justicia y Género (ELA)-. Algo que aún tenemos que aprender es que el discurso violento se combate con más discurso, no restringiendo la posibilidad de la palabra. Si eso representa el pensamiento de parte de la sociedad, se contrarresta con más y mejores argumentos”, dice.

La corrección política también es un mal de esta época. Y, como los historiadores saben, lo que no se dice puede ser tanto o más importante que lo que sí.

Publicado originalmente en: LA NACIÓN

Los temas de la Política

Nota Interbarómetro-01
Corrupción y Justicia volvieron a ser las problemáticas más mencionadas en las conversaciones políticas argentinas durante julio, quedando Energía en el tercer lugar. El Caso José López, el avance de distintas causas judiciales de CFK y los allanamientos a las cajas de seguridad de Florencia K fueron los temas que impulsaron que Corrupción y Justicia fueran las problemáticas dominantes del período analizado. Energía se ubicó por segunda vez en el tercer lugar, como consecuencia del aumento de tarifas, los cacerolazos cuestionando el aumento excesivo de los servicios y la judicialización del tema.

Éstos y otros datos, surgen de un informe realizado por la fundación CIGOB en el marco del reconocido INTERBARÓMETRO . Para acceder al informe completo, ingrese AQUÍ.

Lecturas: Hector Sigala, la voz que lidera la “revolución política” de Bernie Sanders en las redes

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>Por Laura Riestra

Tiene 74 años, pero está gestionando de tal forma las redes que a día de hoy ha conseguido darle la vuelta a todas las encuestas y robarle protagonismo a la mismísima Hillary Clinton. Ha logrado, además, servirse de ellas para expandir su mensaje y hacer que cale entre los jóvenes, entregados por completo a su causa. Sí, hablamos de Bernie Sanders quien, eso sí, no está solo en todo esto: se ha rodeado muy bien para cosechar sus éxitos.

Una de las batallas clave se libra en Facebook, en Twitter, en Instagram. Ahí el protagonista es un joven latino de 27 años, Héctor Sigala, quien dirige las redes sociales de su campaña. Sigala responde humilde a las preguntas de El Huffington Post, cediéndole toda causa de éxito al senador por Vermont y a sus ideas. “Sanders las sabe usar muy bien. Antes de que las cosas se pusieran al nivel tan vertiginoso en el que están a día de hoy, él nos proponía los temas sobre los que quería hablar cada día y nos los dictaba para que los publicáramos. Comprende perfectamente que usar las redes sociales es una excelente manera de hacer que su mensaje llegue a los jóvenes”.

Sigala lleva cuatro años en el equipo de Sanders y define a este socialista que aspira a ser el próximo presidente de EEUU como una persona “dedicada, auténtica” y que “siempre” está trabajando. Asegura, además, que resulta “emocionante” trabajar con alguien que ha estado comprometido con las mismas metas progresistas “desde hace más de 30 años”.

FLINT, MI - FEBRUARY 25: Supporters of Democratic Presidential Candidate Sen. Bernie Sanders (D-VT), Jordan Martin of Lansing, Michigan and Kylee Fagan of Flint, Michigan wait for him to arrive at a community forum on the water crises in Flint at Woodside Church February 25, 2016 in Flint, Michigan. The next democratic primary is February 27 in South Carolina.   Bill Pugliano/Getty Images/AFP == FOR NEWSPAPERS, INTERNET, TELCOS & TELEVISION USE ONLY ==

Bill Pugliano/Getty Images/AFP

Entre esas metas, este joven enumera la de combatir el cambio climático, reconstruir la clase media, eliminar la influencia financiera en la política, luchar por justicia racial y proteger y expandir los derechos de la mujer. Sabe bien de qué habla, los motivos por los que estos objetivos calan entre la gente: mucho de lo que Sanders quiere para Estados Unidos es con lo que él mismo siempre ha soñado. “Conocí la pobreza y los estragos del migrante en carne propia, y en especial las dificultades que trajo a mi familia la reforma de 1996 de los programas de asistencia, y todo eso me ha servido como motivación para trabajar como un defensor social y poner todo mi empeño posible en la labor que realizo por Bernie Sanders”, explica.

EL EFECTO ‘BERNIE’

Sigala inmigró de México muy pequeño y trabajó durante sus años de estudiante hasta obtener su licenciatura en Ciencias Políticas en la Universidad George Washington. Antes de unirse a la campaña por la nominación, trabajó en la oficina de Sanders en el Senado desde 2012, y al mismo tiempo ejerció de Director de Comunicaciones de la Asociación del Personal Hispano del Congreso en 2013. Todo esto fue antes de que el senador le pidiera que se uniera a su campaña en las primeras dos semanas de su lanzamiento. “Como ya conocía sus posturas sociales, me pidió que asumiera la posición de Director de Medios Digitales, lo cual incluye nuestra presencia en redes sociales y la presentación de nuestro sitio web“, explica.

A partir de ahí comenzó un nuevo rumbo para este joven, una nueva etapa en la que todos los días son intensos. “Comienzan muy temprano y terminan pasada la medianoche. No hace falta decir que ha sido una de las experiencias más gratificantes de mi vida. Sé que cada gramo de energía que cada persona pone dentro de esta campaña, ya sea un integrante del personal o uno de nuestros miles de voluntarios, produce dividendos en la transformación del discurso político y económico de esta nación”, asegura Sigala.

“La clave está en que la gente joven está sintiendo por primera vez una gran emoción hacia una candidatura política”. 

Eso es todo, simplemente no hay ningún secreto sobre el éxito de la campaña. “La clave está en que la gente joven está sintiendo, en muchos casos por primera vez, una gran emoción hacia una candidatura política y esa es la del senador. Y esto no es porque sea un tipo que está de moda, sino por sus ideas y su honestidad”, analiza el director de la campaña en redes de Sanders.

CADA TUIT IMPORTA

Lo cierto es que con cada tuit saben cómo captar la atención de los votantes: “Quieren seguir a Sanders porque están profundamente interesados en nuestra campaña y eso se debe a que estamos hablando de cuestiones que importan. Hay mucho interés y esa es la razón por la que estamos recaudando millones de dólares, que no proceden de multimillonarios, sino de gente trabajadora que dona unos cuantos dólares a la vez”, explica Sigala. “Por eso esta campaña es tan especial. No hablamos sólo de la necesidad de eliminar los intereses financieros que están distorsionando nuestra política, sino que estamos dirigiendo una campaña de la gente que no depende de donadores opulentes”, sentencia.

Esa es, básicamente, su estrategia. De ahí que para conseguir que llegue a buen fin, se les ocurriera tuitear sobre los debates republicanos la opinión del senador por Vermont. Es su “revolución política”, con la que quieren integrar a personas “que han dejado de creer en el proceso político o que jamás han estado interesados en él”. “Comentar sobre el debate republicano fue una herramienta para que pudiéramos difundir nuestro mensaje entre millones de personas que de otra forma jamás hubieran sido contactadas. Y, de hecho, esa misma noche pudimos entrar en su radar usando sólo Twitter”, explica sobre su gestión Sigala.

Sigala plasmó en su cuenta personal cómo vieron juntos el debate, el pasado mes de agosto, sobre el que fueron publicando las opiniones del senador por Vermont:


Aquí el resultado de lo que sucedió al terminar: el tuit del equipo de Sanders fue el más retuiteado, por encima de cualquier otro de los aspirantes del partido contrario:

“Se acabó. Ni una sola palabra sobre desigualdad económica, cambio climático o la deuda estudiantil. Por eso los republicanos están desconectados (de lo que ocurre en el país)”, rezaba el mensaje publicado. Fue un éxito rotundo.

Después han seguido superando retos. Cuando Sanders presentó su candidatura, estaba hasta 40 puntos por detrás de Clinton en Iowa, pero la realidad fue bien distinta: quedaron segundos por una diferencia de cuatro votos. “El día de los ‘caucus’ de Iowa estábamos muy emocionados y de hecho fue un gran día. La historia se repitió en New Hampshire: en mayo del año pasado, cuando Bernie declaró su candidatura, Bloomberg/St. Anselm College publicó una encuesta en la que la líder era Hillary Clinton, por una diferencia de 44 puntos. Los comentaristas políticos profesionales consideraban a Hillary Clinton la nominada inevitable y predestinada. Y en muchos aspectos, ese no ha sido el caso”, recuerda.

Ahora la próxima gran cita con las urnas será este sábado en Carolina del Sur, donde la clave estará en captar el voto afroamericano. Después, en sólo cuatro días, llegará el ‘Súpermartes’, donde empezarán a decantarse de verdad las cosas a favor de uno u otro aspirante. Eso sí, Sigala tiene muy claros los retos a los que se enfrentan: “Tenemos que emplear el alcance de las redes sociales para motivar a los jóvenes votantes del país. Tenemos que lograr que salgan a las urnas y que voten por el futuro que quieren para nuestro país”. Además, de la mano de estas herramientas digitales, se organizarán para tener presencia en los estados en los que no pueden estar físicamente: “Todos son retos nuevos, y en muchos casos, son cosas que ninguna otra campaña ha vivido, pero nos estamos enfrentando a ellos de forma exitosa y derribándolos uno por uno”, concluye.

Publicado en: HUFFINGTON POST

Lecturas: “Zygmunt Bauman: Las redes sociales son una trampa”

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Acaba de cumplir 90 años y de enlazar dos vuelos para llegar desde Inglaterra al debate en que participa en Burgos. Está cansado, lo admite nada más empezar la entrevista, pero se expresa con tanta calma como claridad. Se extiende en cada explicación porque detesta dar respuestas simples a cuestiones complejas. Desde que planteó, en 1999, su idea de la “modernidad líquida” —una etapa en la cual todo lo que era sólido se ha licuado, en la cual “nuestros acuerdos son temporales, pasajeros, válidos solo hasta nuevo aviso”—, Zygmunt Bauman es una figura de referencia de la sociología. Su denuncia de la desigualdad creciente, su análisis del descrédito de la política o su visión nada idealista de lo que ha traído la revolución digital lo han convertido también en un faro para el movimiento global de los indignados, a pesar de que no duda en señalarles las debilidades.

Este polaco (Poznan, 1925) era niño cuando su familia, judía, escapó del nazismo a la URSS, y en 1968 tuvo que abandonar su propio país, desposeído de su puesto de profesor y expulsado del Partido Comunista en una purga marcada por el antisemitismo tras la guerra árabe-israelí. Renunció a su nacionalidad, emigró a Tel Aviv y se instaló después en la Universidad de Leeds, que ha acogido la mayor parte de su carrera. Su obra, que arranca en los años sesenta, ha sido reconocida con premios como el Príncipe de Asturias de Comunicación y Humanidades de 2010, junto a su colega Alain Touraine.

Se le considera un pesimista. Su diagnóstico de la realidad en sus últimos libros es sumamente crítico. En ¿La riqueza de unos pocos nos beneficia a todos? (2014) explica el alto precio que se paga hoy por el neoliberalismo triunfal de los ochenta y la “treintena opulenta” que siguió. Su conclusión: que la promesa de que la riqueza de los de arriba se filtraría a los de abajo ha resultado una gran mentira. EnCeguera moral (2015), escrito junto a Leonidas Donskis, alerta de la pérdida del sentido de comunidad en un mundo individualista. En su nuevo ensayo vuelve a las cuatro manos, en diálogo con el sociólogo italiano Carlo Bordoni. Se llama Estado de crisis y trata de arrojar luz sobre un momento histórico de gran incertidumbre. Paidós lo publica en España el día 12.

Bauman vuelve a su hotel junto al filósofo español Javier Gomá, con quien ha debatido en el marco del Foro de la Cultura, un ciclo que celebrará su segunda edición en noviembre y trata de convocar en Burgos a los grandes pensadores mundiales. Él es uno de ellos.

PREGUNTA. Usted ve la desigualdad como una “metástasis”. ¿Está en peligro la democracia?

RESPUESTA. Lo que está pasando ahora, lo que podemos llamar la crisis de la democracia, es el colapso de la confianza. La creencia de que los líderes no solo son corruptos o estúpidos, sino que son incapaces. Para actuar se necesita poder: ser capaz de hacer cosas; y se necesita política: la habilidad de decidir qué cosas tienen que hacerse. La cuestión es que ese matrimonio entre poder y política en manos del Estado-nación se ha terminado. El poder se ha globalizado pero las políticas son tan locales como antes. La política tiene las manos cortadas. La gente ya no cree en el sistema democrático porque no cumple sus promesas. Es lo que está poniendo de manifiesto, por ejemplo, la crisis de la migración. El fenómeno es global, pero actuamos en términos parroquianos. Las instituciones democráticas no fueron diseñadas para manejar situaciones de interdependencia. La crisis contemporánea de la democracia es una crisis de las instituciones democráticas.

P. El péndulo que describe entre libertad y seguridad ¿hacia qué lado está oscilando?

R. Son dos valores tremendamente difíciles de conciliar. Si tienes más seguridad tienes que renunciar a cierta libertad, si quieres más libertad tienes que renunciar a seguridad. Ese dilema va a continuar para siempre. Hace 40 años creímos que había triunfado la libertad y estábamos en una orgía consumista. Todo parecía posible mediante el crédito: que quieres una casa, un coche… ya lo pagarás después. Ha sido un despertar muy amargo el de 2008, cuando se acabó el crédito fácil. La catástrofe que vino, el colapso social, fue para la clase media, que fue arrastrada rápidamente a lo que llamamosprecariado. La categoría de los que viven en una precariedad continuada: no saber si su empresa se va a fusionar o la va a comprar otra y se van a ir al paro, no saber si lo que ha costado tanto esfuerzo les pertenece… El conflicto, el antagonismo, ya no es entre clases, sino el de cada persona con la sociedad. No es solo una falta de seguridad, también es una falta de libertad.

P. Afirma que la idea del progreso es un mito. Porque en el pasado la gente confiaba en que el futuro sería mejor y ya no.

R. Estamos en un estado de interregno, entre una etapa en que teníamos certezas y otra en que la vieja forma de actuar ya no funciona. No sabemos qué va a reemplazar esto. Las certezas han sido abolidas. No soy capaz de hacer de profeta. Estamos experimentando con nuevas formas de hacer cosas. España ha sido un ejemplo en aquella famosa iniciativa de mayo (el 15-M), en que esa gente tomó las plazas, discutiendo, tratando de sustituir los procedimientos parlamentarios por algún tipo de democracia directa. Eso probó tener una corta vida. Las políticas de austeridad van a continuar, no las podían parar, pero pueden ser relativamente efectivos en introducir nuevas formas de hacer las cosas.

P. Usted sostiene que el movimiento de los indignados “sabe cómo despejar el terreno pero no cómo construir algo sólido”.

R. La gente suspendió sus diferencias por un tiempo en la plaza por un propósito común. Si el propósito es negativo, enfadarse con alguien, hay más altas posibilidades de éxito. En cierto sentido pudo ser una explosión de solidaridad, pero las explosiones son muy potentes y muy breves.

P. Y lamenta que, por su naturaleza “arco iris”, no cabe un liderazgo sólido.

R. Los líderes son tipos duros, que tienen ideas e ideologías, y la visibilidad y la ilusión de unidad desaparecería. Precisamente porque no tienen líderes el movimiento puede sobrevivir. Pero precisamente porque no tienen líderes no pueden convertir su unidad en una acción práctica.

P. En España las consecuencias del 15-M sí han llegado a la política. Han emergido con fuerza nuevos partidos.

R. El cambio de un partido por otro partido no va a resolver el problema. El problema hoy no es que los partidos sean los equivocados, sino que no controlan los instrumentos. Los problemas de los españoles no están confinados al territorio español, sino al globo. La presunción de que se puede resolver la situación desde dentro es errónea.

P. Usted analiza la crisis del Estado-nación. ¿Qué opina de las aspiraciones independentistas de Cataluña?

R. Pienso que seguimos en los principios de Versalles, cuando se estableció el derecho de cada nación a la autodeterminación. Pero eso hoy es una ficción porque no existen territorios homogéneos. Hoy toda sociedad es una colección de diásporas. La gente se une a una sociedad a la que es leal, y paga impuestos, pero al mismo tiempo no quieren rendir su identidad. La conexión entre lo local y la identidad se ha roto. La situación en Cataluña, como en Escocia o Lombardía, es una contradicción entre la identidad tribal y la ciudadanía de un país. Ellos son europeos, pero no quieren ir a Bruselas vía Madrid, sino desde Barcelona. La misma lógica está emergiendo en casi  todos los países. Seguimos en los principios establecidos al final de la Primera Guerra Mundial, pero ha habido muchos cambios en el mundo.

P. Las redes sociales han cambiado la forma en que la gente protesta, o la exigencia de transparencia. Usted es escéptico sobre ese “activismo de sofá” y subraya que Internet también nos adormece con entretenimiento barato. En vez de un instrumento revolucionario como las ven algunos, ¿las redes son el nuevo opio del pueblo?

R. La cuestión de la identidad ha sido transformada de algo que viene dado a una tarea: tú tienes que crear tu propia comunidad. Pero no se crea una comunidad, la tienes o no; lo que las redes sociales pueden crear es un sustituto. La diferencia entre la comunidad y la red es que tú perteneces a la comunidad pero la red te pertenece a ti. Puedes añadir amigos y puedes borrarlos, controlas a la gente con la que te relacionadas. La gente se siente un poco mejor porque la soledad es la gran amenaza en estos tiempos de individualización. Pero en las redes es tan fácil añadir amigos o borrarlos que no necesitas habilidades sociales. Estas las desarrollas cuando estás en la calle, o vas a tu centro de trabajo, y te encuentras con gente con la que tienes que tener una interacción razonable. Ahí tienes que enfrentarte a las dificultades, involucrarte en un diálogo. El papa Francisco, que es un gran hombre, al ser elegido dio su primera entrevista a Eugenio Scalfari, un periodista italiano que es un autoproclamado ateísta. Fue una señal: el diálogo real no es hablar con gente que piensa lo mismo que tú. Las redes sociales no enseñan a dialogar porque es tan fácil evitar la controversia… Mucha gente usa las redes sociales no para unir, no para ampliar sus horizontes, sino al contrario, para encerrarse en lo que llamo zonas de confort, donde el único sonido que oyen es el eco de su voz, donde lo único que ven son los reflejos de su propia cara. Las redes son muy útiles, dan servicios muy placenteros, pero son una trampa.

Publicado en: http://cultura.elpais.com/cultura/2015/12/30/babelia/1451504427_675885.html

Lecturas: “Políticos 2.0: cómo ganar votos en las redes sociales”

Cristina, Scioli o Macri hacen campaña en Twitter, Facebook o Instagram. Un análisis de la construcción de poder que permiten las nuevas tecnologías.

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Por Florencia Tuchin

Las nuevas tecnologías son las responsables del comienzo de un cambio de paradigma en el cual la forma de hacer política también se ve alterada y debe adaptarse a los nuevos desafíos. El trabajo de investigación “Perfil del gobernauta latinoamericano: estudio del perfil de los gobernantes latinoamericanos en redes sociales” analiza la transición por la que pasan los gobernantes e incursiona en las nuevas formas de gobernar en tiempo de redes sociales. Se trata de una investigación –cuantitativa y cualitativa– financiada íntegramente por el Banco Interamericano de Desarrollo (BID) a través de su Laboratorio de Ideas en el que trabajaron veinte personas durante ocho meses. Según el estudio, los gobernautas serán los nuevos líderes.

Las nuevas tecnologías son un desafío tanto para la política como para la sociedad. “Las redes son un elemento deslegitimador y a la vez generan nuevas oportunidades. Si bien hay dos territorios, físico y digital, no hay dos reputaciones”, dice Luis Babino, presidente de la fundación CiGob, organización que se dedica a formar y entrenar equipos de gobierno. En esta línea Mario Riorda, consultor del BID y profesor de la Facultad de Comunicación de la Universidad Austral dice: “La base tecnológica abre nuevos espacios a nuevas voces; pone al descubierto a la política y al periodismo; modifica y estimula nuevas formas de participación; y, complejiza la conformación de lo que antes, de modo simplista, llamábamos agenda. La discute, le otorga dimensiones impensables hasta hace poco tiempo, y obliga a repensarla”.

¿Las redes sociales permitieron un acercamiento entre ciudadanos y gobernantes? “La interacción entre el alcalde y la ciudadanía no es un elemento que se destaque en las redes. No se ha visto una intención de dialogar de modo directo con la sociedad civil. Por lo tanto, puede pensarse que los gobiernos utilizan las nuevas tecnologías como un intento de instalar o fijar diferente temas”, explica Riorda. Babino presenta una propuesta para que el rol del gobernante en las redes sea más interesante y dice: “Como las plataformas electorales quedaron en desuso porque las hacían un grupo de expertos en un lugar cerrado, ahora habría que crear un partido 2.0, donde uno podría recolectar demandas y expectativas de cada punto del territorio. La política le podría dar respuestas a los problemas de cada localidad”.

En relación a los candidatos presidenciales, Riorda dice que Daniel Scioli trabaja sobre volumen de conversación –el número de interacciones en redes sociales acerca de un tema–, mientras que Macri no acapara grandes volúmenes de conversación, pero ha ocupado las redes desde hace mucho para lograr movilización digital y activar una estructura nacional de seguidores digitales. También, destaca que Sergio Massa perdió terreno en todo sentido, volumen, movilización e incluso en positividad de la conversación.

Por otro lado, Babino analiza el debate que tuvo lugar entre candidatos a jefes de gobierno de la Ciudad de Buenos Aires y dice: “No por mucha presencia se tiene más voto. Mariano Recalde fue la persona que más habló, pero en las mediciones le daba negativo. Tanto Martín Lousteau como Horacio Rodríguez Larreta tuvieron un apoyo importante de los miembros de su partido en el territorio digital. Antes, los gobernantes necesitaban rasgos carismáticos vinculados a la televisión. Ahora, los líderes tienen que construir equipos para tener mayor impacto”.

“La comunicación se usa mucho en la campaña y en el gobierno muy poco. Los gobernantes tienen que entender que no es cuestión de vender un producto, ya que después el candidato tiene que satisfacer las expectativas”, reflexiona Babino. Vinculado a este desafío en el que las redes trasciendan la campaña y los gobernantes les den uso durante la gestión, Riorda opina: “Hasta hace poco tiempo era un fenómeno electoral preferentemente. Hoy, los políticos van tomando conciencia que las redes son inherentes a la política tanto como cualquier otro medio. Los gobiernos no se animaban a las redes por la creencia de que no soportarían las demandas ciudadanas. Aún con una lógica propaladora o publicitaria, los gobiernos usan masiva y cotidianamente las redes”.

Publicado en Diario Perfil