La encrucijada brasilera III: El ocaso de una idea

Brasil 3-01>Por Luciano Espinosa* Exclusivo para Mix Político desde Brasil

Sobre el campo de batalla se impone una extraña y psicótica calma. Una espesa bruma de tierra y pólvora, va perdiendo espesor y las primeras figuras se pueden divisar en el horizonte. El silencio se impone con desprecio, merced las bocas de cañón aplacan su ira. El cuadro de situación es tan grave como siempre, pero más claro que nunca: Si como se comentó precedentemente en ediciones anteriores, la oposición ya tomó la colina (el palacio del Planalto[1]), el pasó que se dio ayer, supuso nada menos, asegurar la posición y dispersar los últimos atisbos de resistencia: pero a decir verdad, estamos ante la primera derrota aplastante, y por primera vez, parece que se consumará finalmente los peores presagios anunciados. Pero veamos los acontecimientos en desarrollo.

Entendemos loable realizar una breve lectura en perspectiva, de lo que está sucediendo en Brasil, con la intención de sumar a cualquier lector ocasional: Antes que nada debemos recordar que la crisis política, es solo una de las caras de lo que pareciera una tormenta perfecta.

Comenzaremos recordando que Brasil enfrenta su peor crisis económica en 70 años, y sus indicadores, realmente asustan: por un lado hace 3 años que la economía no crece, muy por el contrario, asiste a un proceso de retracción que deja cada vez más personas fuera del sistema, para este año se espera que su producto bruto interno (PBI) caiga entre un 3.6% y un 4%; a esto se le debe sumar un aumento paulatino de la deuda pública y el déficit primario, esta última, según declaró Cassio Cunha Lima presidente del Partido de la Social Democracia Brasileña (PSDB) en el senado, ya alcanzaría los R$ 150 billones, muy por encima de los 96 billones de reales que se plateó como meta Rousseff. Por otro lado la inflación ha aumentado en sintonía con el desempleo, posicionándose ambos en torno al 11% y 12%.

Uno de los flagelos más apuntados por la sociedad brasilera, es justamente la falta de empleo de calidad y la pérdida real del poder adquisitivo. Es de resaltar que esta crisis económica ha dinamitado las demás áreas de la realidad: sus consecuencias se sintieron con fuerza en el ámbito social y sobre todo en el político; esto produjo un círculo vicioso descendiente, que en la medida que avanza, se retroalimenta de sus consecuencias, produciendo problemas cada vez más graves y profundos.

Con respecto a la crisis política, tenemos que recordar, un proceso de perdida de capital político[2] severo y angustiante, devenido luego de los problemas económicos que apuntamos en el párrafo anterior, pero sobre todo, consecuencia del incumplimiento de las promesas de campaña que Dilma realizó en las elecciones presidenciales de 2014: o como el mismo Lula aseveró “ganamos con un plan (progresista), y terminamos aplicando otro (neoliberal)”. Así el Partido dos Trabalhadores (PT) se encontró en el peor de los escenarios: sus opositores siguieron mostrando disconformidad con sus medidas y dinamitaron sus bases: los trabajadores, que sintieron una vez más el sabor amargo de la traición.

Dado esto, se acusó a Dilma Rousseff de maquillar las cuentas fiscales[3] en la medida que habría retardado el traspaso de fondos de la unión, a los bancos que depositan el dinero para los beneficios sociales de las personas más necesitadas del Brasil (planes como “minha casa, minha vida” y “bolsa familia”) en perjuicio de los bancos, que por momentos contaron con menor liquidez, no de los beneficiarios, que recibieron sus ayudas en tiempo y forma. Esta práctica, es llamada “pedalada fiscais” [pedaleada fiscal] y se supone que atenta contra el espíritu de la democracia, en la medida que muestra maliciosamente una imagen distorsionada del déficit público federal, para influir sobre el electorado. Lo que no se menciona usualmente que Dilma no es la primera que habría incurrido en esta operatoria, pero sí la primera en ser juzgada: una vez más nos horrorizamos en afirmar que estamos ante un juicio político [impeachment] que tiene todo de político, y nada de jurídico.

El impeachment fue ganando gravedad en la medida que el frente petista sufría ruidosos quiebres y fracturas. Por importancia no debemos olvidar que el rompimiento con el Partido del Movimiento Democrático Brasileño (PMDB) fue quizá el principio del fin. En argentina no tenemos algo similar al PMDB, pero podríamos caracterizarlo como un partido con la presencia territorial de la UCR, pero con una devoción por el poder peronista…

Además como antes se adelantó, el PT perdió las calles, muchos de sus principales referentes quedaron desencantados con el desenlace de esta historia. Si a esto le sumamos además, una persecución política encarnizada por los grupos multi-mediáticos más concentrados del Brasil tenemos los actuales resultados.

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La apertura de los Juegos Olímpicos desde una favela en Río

 

De soldados a mártires:

Vemos bien, aclarar que desde principios de año en este medio, se comenzó a realizar una serie de análisis sobre la actual crisis brasilera, que por sus dimensiones, terminaron haciendo de esta reflexión un dossier, que hoy llega a su cuarta entrega.

Los partes que alcanzamos al lector, no pueden ser más desalentadores; en ediciones anteriores adelantábamos tempranamente que la posición de Dilma era por demás de incomoda, y que luego de ser apartada[4] de la presidencia debía escoger entre dos mundos por demás de complejos; o renunciaba (como hizo Collor de Mello en diciembre de 1992) o inventaba algo, que en la región es totalmente nuevo: ausentarse de la presidencia por 6 meses y retomar sus funciones. Remarcamos también que la mandataria no es de aquellos que se alejan prontamente del campo de batalla: su piel rasgada por innumerables rencillas y lacerada cruelmente por los titanes que ha enfrentado, emprendería una lucha más, su honor está en juego. Pero volvamos sobe lo que aconteció ayer en el senado de Brasil.

Por una abrumadora diferencia, el senado brasilero (81 legisladores) resolvió comenzar con el juicio contra Dilma Rousseff. Luego de 16 horas de un debate cada vez más pobre, se procedió a votar. Solo era necesario contar con la mayoría simple (42), pero así mismo los senadores que optaron por el juicio sumaron nada menos que 59 votos.

A decir verdad, desde este trabajo caracterizamos el período que viene como la posguerra, a sabiendas que las fuerzas se encuentran desproporcionadamente en favor de los pro-impeachment. Para el juicio en sí, que tendrá lugar desde el 25 hasta el 29 de Agosto, la oposición deberá recabar una mayoría calificada (las dos terceras partes, que equivalen a 54 votos) y a decir verdad, ya cuenta sobradamente con la fuerza para destituir definitivamente a la experiencia petista del gobierno: en el día de ayer 59 legisladores se manifestaron contra la continuidad de Dilma, 5 votos más de los necesarios para la destitución en el juicio de fin de mes.

No es menor la importancia de lo que se avecina. Perdida la última batalla (elección de diputados del 17 de Abril) y apartada de sus funciones (cámara de senadores 12 de mayo) se buscará perfeccionar la conflagración, dotando al interinato de Temer de una institucionalidad, que las urnas le negaron. Los 21 senadores fieles al gobierno que condenaron el juicio político, devendrán en mártires, en la medida que al parecer la suerte esta echada.

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Lula da Silva y Dilma Rousseff

 

¡Fuera los corruptos!

A decir verdad, desde este trabajo, se tiene absoluta certeza que impeachment, sin crimen de responsabilidad, es golpe; no fueron juzgados por igual razón los presidentes que incurrieron en las mismas prácticas que la apartada mandataría, en ningún momento los legisladores apelaron a fundamentación jurídica para tomar sus decisiones, repetimos una vez más que este proceder tiene todo de político, y nada de jurídico: el gobierno petista dinamitó sus bases de apoyo por errores que no pueden imputar a personas de fuera, y sufrieron una suerte de revancha espantosa, que tiene en vilo al país más importante de la región.

El llamado a tomar el timón de este buque colosal a la deriva, es nada menos que Michel Temer (PMDB), un personaje un tanto controvertido de la escena brasilera, que supo tejer una red de poder que hoy está dando sus frutos más deliciosos, pero no logró llegar hasta hoy sin algunas manchas de lodo en sus vestiduras: el mismo, ante muchos escándalos provenientes del petrolão que lo señalan a él y su ministerios,  fue indicado por una delación premiada de Marcelo Odebrecht (ex ceo de la constructora más grande de la región que lleva su apellido) como responsable de aceptar coimas  para el Partido del Movimiento Democrático de Brasil por la módica suma de 10.000.000 de reales (3.15 millones de dólares) según recogió la revista Veja.

La suerte está echada, pero indefectiblemente Temer, en evidente alianza con el derechista  Partido de la Social Democracia Brasileña (PSDB), precisa hacerse con el marco institucional que le otorgue la legalidad (jamás legitimidad) suficiente para ocupar el ejecutivo hasta el 1 de Enero de 2019, donde concluirá su mandato.

Es por demás de sorprendente la reacción de algunos brasileros con los  que tuve la oportunidad de hablar; cuando uno les pregunta cómo puede destituirse a una mandataria elegida por 55 millones de ciudadanos por maquillar las cuentas fiscales, y poner en su lugar a un político que evidentemente tuvo una participación escandalosa en el reparto de coimas de PetroBras, que desde que asumió, él y sus ministros, buscaron detener la investigación por corrupción en torno a la estatal petrolera (operação Lava-Jato) y que además no lo votó nadie, ellos solo contestan: Bem-Vindo ao Brasil moço [Bienvenido a Brasil, chico].

 

*Sobre el autor: Nacido en General Pico, La Pampa. Licenciado en Ciencias Políticas por la Universidad Nacional de Río Cuarto, realiza una maestría en la Universidad Federal do Tocantins, becado por la Organización de Estados Americanos, actualmente reside en Palmas (Brasil).

NOTAS:

[1] Sede del gobierno federal de Brasil.

[2] Ver La encrucijada brasilera: un desafío para las democracias de la región 

[3] Ver “El nunca más de la corrupción: auge y caída de una forma de hacer política en la región latino-americana

[4] Ver La encrucijada brasilera II: En busca de un timón.

El bicentenario de una independencia que no pudo ser

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>Lic. Luciano Martín Espinosa*

Argentina, tierra de historias heroicas y gestas épicas, de la experiencia del autogobierno a la declaración de independencia de 1816, pasando por el despojo completo y la entrega absoluta de hombres como Moreno, Belgrano o San Martin. Ellos forjaron a fuego el imaginario nacional de los pueblos libres del sur, tiñeron además con sus glorias el temple del nativo: sujeto impreciso, que imaginarían rebelde y contestador ante los designios mezquinos y arbitrarios de las coronas del momento. El tiempo siguió avanzando, y de apoco estas declaraciones de grandeza han cedido espacio al ahora: Un país que detenta innumerables promesas inconclusas con sus ciudadanos y, por sobre todas las cosas, con sus padres libertadores.

Bien informado se encuentra aquel, que pueda presuponer que la Argentina, a lo largo de su historia, se ha caracterizado por bruscos virajes de timón, que le imposibilitaron un experiencia de suyo acumulativa. Pareciera difícil incluso encontrar un elemento que se haya mantenido invariable en estos doscientos años, a menos claro si hablamos de dependencia.

El acta de independencia de 1816 firmado en la ciudad de San Miguel de Tucumán, es un documento de exquisita trascendencia y probado valor; su riqueza radica en declarar la emancipación de las provincias del sur de una corona cuya fuerza militar se encontraba a escasos kilómetros de distancia del congreso. Aquí no había nada relegado a la imaginación: desde lejos el viento traía consigo el pestilente olor a pólvora y al caer el sol, las sombras en los valles jugaban malas pasadas a paisanos desatentos. El rey Fernando VII ya había vuelto al trono de España, luego de languidecer las campañas napoleónicas, parecía cierta la reinstauración monárquica que pretendían las coronas más poderosas del mundo, amén de que la independencia de los Estados Unidos (1776) había contado incluso con el reconocimiento del Reino Unido[1] (1783), pareciera ser más bien un tiempo particularmente complejo para nuevas experiencias libertarias y aún la reconquista de Nueva Granada (1814) se mantenía viva entre los temores de los independentistas.

Dado el tiempo, los argentinos hemos sabido suplir la dependencia ante la corona española por otras potencias imperiales, si bien el modo puede haberse pulido, las formas prevalecen. Es realmente necesario aclarar que no es un fenómeno enteramente nuestro, en la medida que la amplia mayoría de los países de sur han experimentado circunstancias semejantes. Así los días nos trajeron nuevas metrópolis, que no precisaban de una sumisión política absoluta, se contentaban con unas desproporcionadas ventajas comerciales, y la vana admiración de funcionarios serviles y domésticos.

Es así como la Argentina entra al mercado mundial de la mano de una división internacional del trabajo que la alentaba a la producción de bienes primarios, carentes por completo de valor agregado. La sumisión estaba totalmente asegurada a la potencia de la época: El Reino Unido, período retratado a fuego por el reinado de Victoria[2]. Como se sabe, la dominación no era formal, sino implícita, se labra un nuevo pacto colonial[3] que recuerda la coincidencia de intereses de las clases terratenientes locales, con Londres: mediante la misma la burguesía inglesa, colocaba sus bienes manufacturados que merced a la revolución industrial, se contaban de a millones en el mundo. Por tanto la dominación en este período no requería más de yugos medievales, se contentaba con las ventajas industriales para imponer una política económica al gobierno de Buenos Aires.

La segunda revolución industrial de finales del siglo XIX traerá  consigo importantes cambios en la esfera internacional, y como no podía ser de otra manera (?) un cambio de metrópolis para las administraciones latinoamericanas. El derrumbe del Reino Unido como potencia hegemónica, coincidió con el despegue imparable de tres economías que estaban decididas a cambiar su posición en el globo: Estados Unidos (luego de la Guerra de Secesión 1861-1865), El Imperio Alemán (luego del proceso de unificación que culminaría el 18 de enero de 1871) y el Imperio Japonés (luego de la Restauración Meiji de 1868). Por una política activa de Washington y la innumerable ventaja de la contigüidad territorial, los pueblos latinoamericanos conocerías la intervención degenerada y desproporcional en sus asuntos internos de la administración estadounidense, si aislamos por un momento la experiencia cubana, Centroamérica se mantuvo totalmente dependiente de Estados Unidos, no por nada este lo apodaba su “patio trasero”.

El imperialismo estadounidense en la región, llegaría casi sin sobresaltos hasta la actualidad manteniendo algunas de sus formas: golpes blandos, desembarcos militares, instauración de dictaduras, financiamiento de tiranos en gobiernos fraudulentos, bloqueos, etcétera, etcétera, etcétera.

La tercera revolución industrial que se suele identificar con la crisis del petróleo (1974) y la pronta incorporación de tecnologías de informática y comunicación (TICs) al interior de los sistemas productivos, supondría el marco donde se plantea un nuevo sistema mundo, caracterizado más bien por la multipolaridad o pluripolaridad de actores. Un mapa un tanto más flexible y líquido que supone más, una serie de desafíos, que de soluciones. Sin bien se supone estar ante un margen de acción más amplio difícilmente el sistema internacional podría tolerar una revolución iraní en México, un ingreso a la OTAN de Georgia, Ucrania o Taiwán, entre muchos otros.

La pregunta es ¿está lista la Argentina para ser artífice de su propio destino? Como sociedad, ¿alcanzamos la suficiente madurez política para generar instituciones que trasciendan las personalidades y apellidos? Y como país ¿estaremos listos para declarar nuestra independencia?

 

*Sobre el autor: Nacido en General Pico, La Pampa. Licenciado en Ciencias Políticas por la Universidad Nacional de Río Cuarto, realiza una maestría en la Universidad Federal do Tocantins, becado por la Organización de Estados Americanos, actualmente reside en Palmas (Brasil).

NOTAS:

[1] Tratado de París de 1783: La presente supone nada menos que el fin de la guerra de independencia de los Estados Unidos y su reconocimiento formal ante Londres. Fue firmada por el parlamentario David Hartley en representación del rey Carlos III del Reino Unido  y los revolucionarios contaron con la representación de John AdamsBenjamin Franklin y John Jay.

[2] Fue además uno de los períodos más brillantes del imperialismo británico, coincidente con la “etapa victoriana” en alusión a su bien amada monarca.

[3] Tulio Halperin Dongui. Historia contemporánea de América Latina. 1970

La encrucijada brasilera II: En busca de un timón

Brasil 2

>Por Luciano Espinosa* Exclusivo para MIX POLÍTICO desde Brasil

Antes de comenzar un análisis de los nuevos acontecimientos acaecidos en el vecino país, me gustaría comenzar aplaudiendo la recurrente actitud de Andrés Fernández[1], por su permanente e incansable vocación de generar espacios de debates, signados por la libertad de expresión y la buena fe intelectual.

En una de las publicaciones anteriores[2] difundidas en este blog, manifestábamos, tempranamente, las grandes dificultades que nublaban el panorama político del Partido dos Trabalhadores (PT). Para esta labor, no se contó con ningún tipo de providencia ni azar: se percibió en Brasil la creación de una alianza opositora (del tipo, “todos contra N” y “cuanto peor, mejor”) que contaba con importantes formas de hacer daño. En la misma, se podían contar nutridas tendencias de todo tipo, siendo en realidad el único factor aglutinante la repulsión generada por el binomio Lula-Dilma: en las filas de este bloque, se podía divisar opositores clásicos con diferencias ideológicas bien marcadas, defensores de una corriente neo-liberal; anteriores aliados del PT, que a la postre devinieron en crueles verdugos; representantes de movimientos sociales y trabajadores (columna vertebral del primer Lula) ampliamente defraudados por el matiz liberal que iría adoptando el gobierno, aún más marcado en este segundo mandato de Dilma Rousseff; medios de comunicación con una presencia territorial impresionante: el Grupo O globo, el Grupo Folha (holding que es dueño del periódico Folha de São Paulo, uno de los diarios de mayor tirada en Latino América), la revista VEJA de Editora Abril, entre otros.

“La encrucijada brasileña: un desafío para las democracias de la región” fue escrita el 13 de Abril del corriente año y una de sus finalidades era analizar la crisis política del Brasil, prestando capital atención a los juegos de poder subterráneos que acontecían a diario. En esta misma publicación se comentó que la votación en diputados (17/04), devenía en la última trinchera del PT para detener un avance que se presentaba impiadoso, y hasta por momentos sanguinario. Además cabe recordar que representaba todo un desafío para la oposición coordinar sus fuerzas y reunir nada menos que un mínimo de 342 legisladores (unas dos terceras partes de un total de 513 parlamentarios); así mismo, y quizá además facilitado por las debilidades crónicas que enfrenta el Lulopetismo, la oposición logró hacerse con la jornada. Quedaran en los anales de la historia una sesión desordenada, por momentos grotescas, que mostró quizá lo peor de la miseria política, y al grito de “Tchau Querida” la ofensiva se alzaba con la victoria, e imponía como nuevo campo de batalla el Senado.

La contienda en la cámara alta, tal como tempranamente se advirtió en este medio, estaba predestinada a separar a la mandataria Dilma Rousseff del Planalto. Quizá precozmente, en la nota anterior, adelantamos que al menos 51 senadores (de los 41 necesarios) votarían a favor del Impichment, mal que le pese al oficialismo brasileño, nos quedamos cortos; 55 legisladores se sumaron la propuesta pro-juicio político.

La continuidad, luego de la discontinuidad:

Cualquier lector desatento podría creer con toda razón que Dilma fue destituida y que en Brasil hay nuevo presidente, pero nada de eso; solo comenzó el juicio político.

Rousseff se encuentra en calidad de apartada de su cargo, merced avanza en la cámara alta el enjuiciamiento en su contra, que como se dijo en publicaciones anteriores, las mismas versan sobre la presencia o no, de pedaladas fiscais (pedaleada fiscal): a saber, si la presidenta incurrió en maquillaje de las cuentas públicas en las pasadas elecciones presidenciales de 2014, en la medida que habría retardado el paso de fondos federales a bancos encargados de girar el dinero para planes sociales como “minha casa, minha vida” (mi casa, mi vida) y “bolsa familia”. Esta acción, de comprobarse, hubiera sido perjudicial para los bancos, no para los destinatarios de las asignaciones, en la medida que estas entidades se hubieran encontrado por un período de tiempo con menos liquidez, pero las partidas sociales se asignaron en tiempo y forma. A decir verdad, en ocasiones cuesta repetir esta información hasta el hartazgo, pero a decir verdad es realmente evidente la mala intención periodística en medios hegemónicos del vecino país, que procuran relacionar este hecho con el escándalo de PetroBras[3] (denominado petrolão), siendo que esto no tiene relación alguna con la materia juzgada.

Ya apartada Dilma, el presidente del Partido del Movimiento Democrático Brasileño (PMDB), quien fuese además su compañero de formula, ocupa interinamente ese cargo, como así lo especifica la Constitución Nacional de 1988. El panorama no podría estar más confuso, siendo interino, Temer cambió todo el cuerpo de ministros, y con ello la orientación del gobierno.

En un artículo de consulta obligatoria para comprender la cuestión Brasil[4], uno de los mejores periodista de internacionales de la región, Pedro Brieger, sugirió que el cambio de gabinete representaba un “giro de 180º” con respecto a la anterior gestión, y de ahí la condena fragante que intelectuales de todo el mundo le hacen a Temer: llegó para quedarse, tiene un plan de mediano plazo (al menos, y pecando de extraña ingenuidad, hasta concluir el mandato presidencial en 2018), y con ello está entorpeciendo el juicio contra Dilma y condicionando las conclusiones del mismo. Por mi parte, considero que el giro es un poco menos pronunciado, dado que este segundo mandato de Dilma, no se caracterizó justamente por la colectivización de la producción, la reforma agraria o la conformación de soviets al interior de las industrias brasileñas, nada de eso. El viraje hacia consignas de mercado ya comenzó en la era PT, o como admitió el mismo Lula “ganamos con un programa <en las presidenciales de 2014 > y aplicamos otro” quizá más afín al que proponía su rival Aecio Neves.

Pero indefectiblemente va a acontecer un cambio, en lo personal espero un giro más pronunciado a la derecha, o retomando la metáfora de Brieger, espero un giro de 45° hacia las posiciones mas reaccionarias y librecambistas: una imagen de época, serán estos 22 nuevos ministros llamados a acompañar a Temer, los cuales parecen más una suerte de revancha de clase (son todos ricos, entre ellos, uno de los casos más asombrosos es quizá el del ministros de agricultura Blairo Maggi del Partido Progresista, quien es conocido en Brasil como “El rey de la soja” y considerado uno de los más grandes exportadores mundiales de esta leguminosa); una revancha etaria (en este gabinete se excluyó absolutamente a la juventud brasileña, aunque se podría realizar algún tipo de mención por el caso del ministerio de defensa, para ser honesto esto no prosperó); una revancha racial (uno de los elementos más sombríos, es que se formó un colegiado de blancos para gobernar una sociedad conformada por un 50% de negros) y por sobre todas las cosas una revancha de género (en este punto se hace muy difícil no recordar que la mandataria a destituir es mujer, y que desde entonces, la lucha por la igualdad ha cobrado inaudita fuerza en Brasil). Con respecto a este último punto hay un hecho que en lo personal, me aborda intempestivamente: el Primer Ministro de Canadá, Justin Trudeau de tan solo 43 años al memento de asumir, fue consultado por la razón de conformar su equipo de gobierno por cantidades iguales de mujeres y hombres, a lo que este respondió “porque estamos en 2015”, en este caso la hipotética respuesta del presidente interino Michel Temer, la reservo al imaginario del lector.

¿Como sigue todo?

En principio debemos aclarar que, como se viene haciendo, nos mantendremos fieles al texto normativo que regula el proceso de enjuiciamiento en cierne, pero con la mirada bien puesta en los otros acontecimientos que escapan al aspecto técnico y tienen más que ver con la parte más sucia de la política.

En principio, se espera que el presidente del Supremo Tribunal Federa (STF) Ricardo Lewandowsky asuma la dirección del proceso judicial en la cámara alta y más cerca de diciembre del corriente año se proceda a una votación para decidir la responsabilidad de Rousseff en las pedaleadas fiscales. Para apartarla definitivamente del gobierno, la oposición precisan una mayoría cualificada (o sea 61 votos, de los 81 que tiene la cámara) en el Senado de Brasil. Este número puede parecer abultado, pero a decir verdad la posición de Dilma no es nada fácil, la misma se comprometió a luchar hasta el fin y no renunciar, comparando incluso esta situación con los dolores que le generó el cáncer que antaño padeció, y las torturas de la última dictadura militar. En la elección del 12 de Mayo, 55 senadores optaron por el apartamiento de la mandataria, además tenemos que recordar que los senadores propios con los que cuenta el PT ascienden a la módica suma de 8, y la completa fidelidad aliada, no esta asegurada de antemano. La clave radica en los 22 legisladores que buscaron frenar el impeachment, ¿seguirán fieles a su posición?. Es muy difícil prever una cosa como esa, pero si consideramos que la sociedad del Brasil asume prácticamente como hecho dado la separación de Dilma, por las razones que esgrimimos al comienzo del artículo, y existe una presión inaudita desde los medios hegemómicos de comunicación, que buscan intempestivamente pintar sobre el fuselaje de su bombardero multi-mediático, la cara de Lula, podemos sospechar que hoy Dilma depende de los errores de Temer, un comienzo desafortunado, una sociedad desencantada, la profundización de la crisis, la quita de conquistas sociales a las clases menos pudientes, en el marco de una de las sociedades más injustas de América Latina, pueden ser el caballo de batalla que encaren la resistencia petista.

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A modo de conclusión.

La oposición ocupó su objetivo estratégico de toda esta campaña: El Planalto[5], ahora les resta fortalecer su posición para resistir, para esto se están celebrando sinnúmeros de alianzas y entramados a fin de brindar todos los aspectos del nuevo gobierno. ¿Y Dilma? Ella luego de una batalla donde la tropa propia huyó en desbandada, está buscando reagruparse ¿contará con el capital político necesario para hacerlo? Eso va a depender de las medidas de gobierno de Temer, una política de shock temprana y despiadada, como le piden desde los partidos que lo acompañan (entiéndase PSDB), pueden dejarlo en una posición de debilidad crónica, que fácilmente pueda ser aprovechada por el petismo.

*Sobre el autor: Nacido en General Pico, La Pampa. Licenciado en Ciencias Políticas por la Universidad Nacional de Río Cuarto, realiza una maestría en la Universidad Federal do Tocantins, becado por la Organización de Estados Americanos, actualmente reside en Palmas (Brasil).

[1]Director del Blog Mix Político y amigo personal.

[2]http://mixpolitico.com.ar/post/la-encrucijada-brasilera-un-desafio-para-las-democracias-de-la-region/

[3]PetroBras: Petróleo Brasileiro, empresa bandera de crudo brasileño, una de las más grandes del mundo y con un capital gigante.

[4]http://www.nodal.am/2016/05/brasil-da-un-giro-de-180-grados-analisis-del-director-de-nodal/

[5]Casa de gobierno de Brasil, donde residen las autoridades de gobierno del país.

La encrucijada brasilera: Un desafío para las democracias de la región

Brasil Nota Espinosa-01

>Por Luciano Espinosa[1] Exclusivo para MIX POLÍTICO desde Brasil

[Palmas, Tocatins; 12 de Abril de 2016]

En el día de hoy asistimos perplejos a un agravamiento crítico del drama brasilero: de ahí el nombre del presente artículo, que no pretende más que discutir algunos elementos básicos de la actual coyuntura política.

En el día de ayer, la Comisión Especial de Impeachment (CEI) aprobó por 38 votos a 27, el informe del diputado Jovair Arantes (PTB-GO), por lo cual la cuestión del “crime de responsabilidade” pasó a la cámara baja para su respectivo tratamiento probablemente elndomingo. Pero profundicemos algo más en los pasos anteriores que nos trajeron hasta aquí.

El pasado miércoles 6 de Abril se presentó la moción del diputado Andrade en la cual se afirmaba la presencia de ilegalidades por parte de la presidenta Dilma Rousseff (el famoso crimen de responsabilidad) en la CEI, comisión ésta que fue creada al efecto de analizar la apertura de juicio político (o impeachment) contra la mandataria en cuestión. Pero ¿cuál es específicamente el rol malicioso que adjudican a Dilma?

En principio, desde la oposición se apunta que la presidenta incurrió en lo que se denomina “pedalada fiscais” en la medida que buscó maquillar las cuentas fiscales de país, para las elecciones presidenciales de 2014, retardando el traspaso de fondos del gobierno federal, a los bancos que giran, luego, ese dinero a los planes sociales como “Bolsa Família” y “Minha casa, minha vida”  (mi casa, mi vida); la oposición aduce que esto habría producido la imagen de unas arcas más abultadas a la hora de discutir modelos de país en la pasada segunda vuelta contra Aécio Neves (PSDB).

Esto, y si se me permite, solamente esto; basamenta la pasada discusión en la comisión. Desde algunos sectores mediáticos se buscó confundir el proceso de impeachment con el Petrolão, es decir, con el escándalo de corruptelas y dádivas que tiene como eje a PetroBras, las mayores empresas del país y docenas de altos funcionarios, que otorgaban la cobertura política necesaria para incurrir en estas prácticas maliciosas. Hasta el cierre de esta edición, la mandataria del Planalto, no está apuntada en el petrolão.

Los tuyos, los míos y los nuestros: Diputados la última gran batalla.

Es más que necesario comprender cómo  sigue todo el litigio en torno a la jefa de estado, para develar así, los próximos movimientos, en un tablero de ajedrez que se presenta atiborrado de colinas y trincheras.

Entre el viernes 15 y lunes 18 tiene fecha la última gran batalla en la cámara baja, y para ser realmente honestos, hasta ahora la paridad de fuerzas se mantiene equilibrada. El pliego aprobado ayer en la CEI pasará a diputados para su respectivo tratamiento por los 513 parlamentarios que integran la cámara; aquí los dos bandos formados al efecto del juicio político, buscaran contar con toda la tropa propia, para llevar acabo su objetivo, sin descartar algún acuerdo coyuntural con los indecisos que aún no hicieron pública su intenciones, de ahí el presente subtítulo. Un capítulo aparte merece la importancia de los ausentes y las eventuales abstenciones, para este acontecimiento.

Pero ¿por qué se puede considerar como una última batalla?. Si bien el termino puede ser precipitado, busca retratar una conciencia que se ha instalado en los actores involucrados: en aquellos que no quieren que el impeachment se archive y en aquellos que ven con malos ojos que el proceso acusatorio avance. Así mismo volveremos sobre este punto más adelante.

Por el lado del oficialismo, saben que su posición no es para nada cómoda, las últimas encuestas muestran una imagen positiva de Dilma sumamente deteriorada, si bien con un repunte leve entre marzo y abril; y en el marco de una crisis política, económica y social que promete devorar las mejores intenciones,. Ante esta compleja circunstancia, aparece la oportunidad de trabar el impeachment en diputados con las fuerzas propias y aliadas, y volcar los esfuerzos a los demás problemas domésticos. Pero si por el contrario, el pedido de juicio político llega al senado, el daño que puede producir pondrá realmente a prueba el umbral de dolor del Partido dos Trabalhadores (PT), cuestión que abordaremos inmediatamente después.

¿Cómo sigue todo en diputados? En este fin de semana (posiblemente el domingo 17, merced a lo confirmado esta mañana por la cadena Oglobo) se procederá a una votación muy ajustada  en la cámara. Es muy difícil arriesgar números, pero de los 513 legisladores se necesitan dos terceras partes de los mismos (o sea, 342 votos afirmativos) para aprobar el pedido de juicio político en esta instancia o 172 votos negativos para destinar esta moción al “basurero de la historia”. ¿Alguna de las partes alcanza estas cifras? Por el momento no. Los pro-impeachment, contarían con una fuerza de entre: 286 (Data Folha), 290 (Clarin) y 308 (O Estado) legisladores que darían el “SI”; por su parte sus detractores contarían con al rededor de 115 votos negativos: Aquí el segmento que develará el secreto, y en definitiva decidirá la suerte del gobierno petista, son los indecisos, un grupo heterogéneo constituido por palomas y oportunistas. Pero ¿cuántos legisladores integran este último grupo? Se estima que entre 91 y 112, según la fuente consultada.

Dados estos números preliminares, y por cierto nada ingenuos, nos encontramos que ambas facciones precisan igualmente al rededor de 55 legisladores para hacer prevalecer su posición. Este dato no es menor, nadie tiene asegurada de ante mano una victoria o una derrota, momentos muy intensos se vivirán esta semana en el gran país sudamericano. Pero hay un elemento que viene a trastocar todo, y su nombre es Eduardo Cunha (PMDB).

Cunha es quizá una de las representaciones más acabadas de las actuales contradicciones de la sociedad brasilera. Por un lado, devenido en opositor, fue el máximo responsable de todas estas embestidas contra la administración Rousseff, y además de ser el político con peor imagen positiva, detenta gravísimas acusaciones por lavado de activos, evasión y cóimas en el Petrolão, cuestión que solo ha podido campear, merced a los fueros legislativos que detenta: es nada menos que el presidente de la cámara de diputados. Pero una de las últimas estocadas que pretende propinar sobre el fatigado cuerpo político de Dilma, es la votación en diputados por orden de Estados, y no por orden alfabético,  como fue en el último pedido de juicio político contra el ex-presidente de la República del Brasil: Fernando Collor de Mello. Esta táctica, basa su efectividad en hacer votar primero a los Estados pro-impeachment (Sur), para luego generar un contagio en los diputados anti-impeachment e indecisos, de los Estados mayormente del Norte. Pero la facción pro-impeachment cometió un error sumamente grave.

En el día de ayer se conoció un audio de al rededor de 15´ en el cual se puede escuchar al vicepresidente de Brasil, Michel Temer (PMDB), realizando un “pronunciamento à nacão” en calidad de discurso de asunción. Esta grabación fue reconocida por el propio Temer, luego de que su secretaria personal aclarase que se trató de una “filtración accidental”; merced a esto, Temer, está ganando amplios repudios en la sociedad civil, merced se conoció que sus intenciones tenían poca relación con la transparencia institucional que declaraba defender. Al respecto, el periódico digital Brasil 247, recuperó una opinión de la mandataria Brasilera que se refería a su vice diciendo: “caiu a máscara do conspirador”, cuestión la cual, estimo no necesitará traducción alguna…

La pregunta obligada es cómo afectará este nuevo hecho en la opinión pública de la sociedad brasilera, y con ello la votación del domingo 17. ¿Tendrá impacto esta noticia en los legisladores que aún no manifestaron su decisión? Cuestión capital si recordamos, como adelantábamos precedentemente, que será la llave para los acontecimientos futuros.

Un punto de no retorno.

En esta parte analizaremos brevemente las implicaciones que puede tener la votación a favor del impeachment en diputados, este domingo. Esta sección viene a ser una suerte de corolario, del revés que podría significar una derrota en la última gran batalla del oficialismo, como se comentó precedentemente.

Los pasos siguientes de la ingeniería institucional brasilera, exige que el Senado (81 legisladores) vote por mayoría simple (o sea, la mitad más uno de los votos: 41) los resultados de una comisión creada a tal  efecto. Esto produciría el inmediato apartamiento de Dilma Rousseff de la jefatura del estado, por un tiempo de 6 meses mientras se inicia el juzgamiento en la cámara alta, presidido ahora por Ricardo Lewandowski, Jefe del Supremo Tribunal Federal (STF), último órgano de justicia en el Brasil. Producida la investigación al efecto, se procede a una votación final en el Senado, que requiere una mayoría cualificada para la expulsión definitiva de Dilma Rousseff; es decir, las dos terceras partes de acuerdo.

Propongo que nos quedemos por un instante con la primera etapa en el Senado: aquella que precipita el apartamiento de Dilma, y precisa ser acompañada por 41 senadores. La primera cuestión central en este análisis, es conocer cómo se encuentra la paridad de fuerzas en la cámara alta; a este respecto tenemos muy malas noticias para el oficialismo; al menos 51 senadores se encuentran en las filas del sector pro-impeachment en su mayoría nucleados en torno a los siguientes partidos: PMDB (con 17 legisladores, es la mayor fuerza en el Senado); PSDB (16 legisladores); DEM (14 legisladores); PTB (con 6 legisladores, adelantó que votará dividido); PR (4 legisladores). Estas peligrosas matemáticas, hacen pensar en una posibilidad muy cierta de desvincular a Dilma del Planalto por 6 meses para su juzgamiento, en caso de llegar el impeachment al Senado (posibilidad ésta, que se considera al  menos muy dudosa). ¿Qué análisis político se puede hacer al respecto?.

En política, se suele apelar, casi hasta el hartazgo, al concepto de capital político, que detenta todo gobierno, en cualquier ámbito de poder que éste sea ejercido. Si bien, por los tiempos y objetivos de este trabajo, no pretendemos inmiscuirnos en los pormenores de tan espinosa cuestión, dadas las imprecisiones de tan vago término, nos contentaremos en recordar la pésima situación que atraviesa la presidenta del Brasil en lo que a imagen positiva se refiere. La mandataria ha reiterado que ha soportado mayores embates que estos en su vida (aludiendo a la persecución que le tocó sufrir en la última dictadura militar) y piensa seguir en su cargo hasta las últimas consecuencias; pero ¿sus allegados pensaran lo mismo?. Si el impeachment pasa de diputados (en lo personal: la última gran batalla) ¿se arriesgarán a una muy probable separación de su cargo por 6 meses? ¿Que pasará en ese período?  Y si es así ¿que actitud tomaran los senadores en la votación definitiva sobre su enjuiciamiento? Más preguntas que respuestas, pero algo es seguro, el desgaste  político que puede suponer que se la aparte del cargo por 6 meses es probablemente irreparable.

Las crisis latinoamericanas a lo largo de la historia, han aleccionado sobre la necesidad imperiosa de contar con sobrado capital político a la hora de enfrentar situaciones de extrema complejidad; por eso reservamos para el final del artículo, una mención del drama argentino de principios del presente siglo.

¿Entonces quién gobierna?

No menor es la pregunta anterior. La línea sucesoria en caso de golpe…ups perdón, de impeachment, continúa con Temer y sigue con Cunha. ¿Estan ellos mejor posicionados que Dilma para asumir las riendas de un caballo que se presenta desbocada? Aquí la respuesta es más sencilla: en absoluto.

Unas encuestas de Data Folha[2] aseveran que el 63% de los brasileros consideran la gestión de Dilma como Ruim/péssimo (mala/pésima), 21% la consideran regular y 10% ótimo/bom (óptima/buena) y que un 61% esta a favor del impeachment[3]. Pero la suerte no es mejor para Michel Temer, próximo en la línea sucesoria que según esta misma fuente, un 58% de los encuestados quieren que cese en su cargo. Pero sin duda la suerte no es mejor para el cuestionado diputado Eduardo Cunha, segundo en sucesión presidencial, sobre el cual un 77% de los encuestados se observan deseosos de que renuncie. Otros de los grandes derrotados en esta crisis son los tucanos, Aécio Neves, el ex-intendente paulista José Serra y el gobernador de São Paulo, Geraldo Alckmin.

Excluyendo a Dilma, todos los demás nombres que se manejan en ocupar el palacio del Planalto, cuentan con el mismo pecado de origen: ninguno llegaría al poder por el voto popular, de ahí su debilidad. Además la sociedad brasilera se ha manifestado a razón de denunciar a toda una clase política, desprestigiada por el escándalo del Petrolão y la corrupción.

Que se vayan todos: sobre la experiencia Argentina.

En la citada encuesta, un 79% de la población se manifestó favorable a celebrar nuevas elecciones. Este dato no puede ser dejado de lado cuando existe una peligrosa línea de acción que se está manejando en algunas oficinas judiciales.

Me refiero al escándalo de la contratista Andrade Gutierres (segunda en importancia en el país, con presencia en más de 30 países y una competencia en varios ámbitos empresariales, que van desde las telecomunicaciones hasta la construcción civil, pasando por saneamiento y energía). A este respecto, nos vemos en la obligación de comentar que su ex-presidente Otávio Marques de Azevedo (uno de los hombres más poderosos y ricos del Brasil) rompió el silencio en una delación premiada, en la acusación presidida por el Juez Sergio Moro, en torno al pago de dádivas que acometió, en el escándalo de PetroBras. En su declaración de Febrero de este año, afirmó, y según trascendidos, otorgó documentación sobre el financiamiento de las campañas presidenciales de 2010 y 2014, donde él participó con dinero del petrolão: entre sus declaraciones se afirma el desembolso de R$20.000.000 para la campaña del Partido dos Trabalhadores en las elecciones de 2014, de los cuales se investiga la posibilidad que la mitad de ellos, (2.75 millones de dolares) hayan sido otorgados en calidad de dádivas. Pero ha decir verdad, el reparto benefició incluyó a, al menos, los mayores partidos de Brasil; otorgando 6.6 millones de dolares al PSDB y 3.1 millones de dolares al PMDB.

Este tema es central, en la medida que la legislación brasilera permite, en principio, la posibilidad de celebrar nuevas elecciones en caso de demostrarse la ilicitud en los orígenes de las donaciones de campaña. Es aquí donde comienza a desarrollarse una trama jurídica, que a la postre podría devenir en una salida de la actual crisis. A este respecto Marina Silva, una de las políticas, que junto con Lula, lidera las encuestas de popularidad, se viene manifestando, en consonancia con el casi 80% de la ciudadanía, a favor de celebrar nuevos comicios. Analicemos por un momento esta novedosa opción.

En otra parte del trabajo sugerimos que una capital político fuerte, es el primer paso para el abordaje   frontal de la actual crisis socio-política y económica que atraviesa Brasilia. La pregunta obligada en este pasaje es si ¿una elecciones anticipadas podrían dotar de capital político al ocupante del Planalto? Y con ello campear mejor el drama brasilero. Tomemos por caso la experiencia Argentina.

La Argentina, ha servido a la teoría política casi como laboratorios para el análisis de las crisismás variadas del sistema capitalista. Sus soluciones, lejos de representar la perfección, revisten inestimables ayudas conceptuales para abordar el tema capital en todo esto: la solución al drama Brasilero.

Luego de sufrir la peor crisis institucional de su historia a comienzos de este siglo, la Argentina comenzó a reorganizar su estructura jurídica, política, económica, productiva, pero sobre todas las cosas comenzó una suerte de “revolución desde arriba” a la criolla, donde finalmente se desarticularon gran parte de los conflictos sociales (como foto de época quedaron los piquetes, las asambleas, los trueques) y, por sobre todas las cosas se reconstituyó el aparato de poder del Estado. Es realmente inimaginable no comentar que este camino fue así instaurado el 25 de Mayo de 2003, donde un desconocido del sur patagónico (que para peor sen reconocía jodón y hablaba con la “eshe”), se hizo con las elecciones presidenciales con apenas un 23% de los votos. Los problemas vertidos sobre Nestor Kirchner fueron realmente muy preocupantes, pero parte del trabajo sucio ya lo había realizado su padrino político, Duhalde, y la economía desde 2002 mostraba señales de mejora y saneamiento (el famoso viento de cola) pero nada de esto sería suficiente sin el liderazgo natural de Nestor: su generación de capital político y acuerdos basados en el diálogo (su más efectiva estrategia fue no reprimir a un pueblo saqueado que no pedía más que comida); pero por sobre todas las cosas la legitimidad de origen que lo bendijo con el voto popular una etapa nueva del país.

 

 

[1]Sobre el autor: Nacido en General Pico, La Pampa. Licenciado en Ciencias Políticas por la Universidad Nacional de Río Cuarto, realiza una maestría en la Universidad Federal do Tocantins, becado por la Organización de Estados Americanos, actualmente reside en Palmas (Brasil).

[2]4 de Abril de 2016

[3]Aquí vemos necesario comentar que por mala que parezca la imagen de Dilma, es preciso decir que subió desde marzo de este año, y varios analistas reconocen que es una tendencia al alza.

De la participación del Complejo Industrial Militar Norteamericano, en los genocidios nucleares de Hiroshima y Nagasaki

En una de las tantas efemérides dolorosas que en ocasiones tenemos la desazón de conmemorar, viene una vez más al almanaque el trágico 6 de Agosto. Sobrados trabajos se han realizado sobre el papel de la primera detonación nuclear en variados ámbitos: internacional, bélico, diplomático, etc. En esta oportunidad pretendemos realizar un comentario sumamente breve sobre una de las aristas menos analizadas de Hiroshima, nos referimos al papel que jugó el Complejo Industrial Militar (desde ahora CIM) en todo esto.

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> Por Luciano Espinosa*

El CIM no es un concepto unívoco y puede apelarse al mismo haciendo hincapié  a alguno de sus elementos constituyentes; para esta ocasión vamos a tomarlo como el conjunto de empresas públicas y privadas que, directa o indirectamente, participan en el “negocio” armamentístico. Subrayo el concepto “negocios”.

Con palabras proverbiales, el ex presidente de los Estado Unidos Dwight Eisenhower advertía que con respecto al CIM “nos hemos vistos obligados a crear una industria armamentística permanente de inmensas proporciones […] Reconocemos la necesidad de su de desarrollo. Y ahora no debemos dejar de comprender sus graves consecuencias. La total influencia, económica política e incluso espiritual, se deja sentir en cada ciudad, en cada cámara legislativa, en cada despacho del gobierno federal. […] En los consejos de gobierno, debemos protegernos de la adquisición de influencias injustificadas, ya sean buscadas o no, por parte del complejo industrial militar. La posibilidad de un aumento de poder desastroso e inapropiado existe y persistirá. Nunca debemos permitir que el peso de esta combinación ponga en peligro nuestras libertades o procesos democráticos”. Pero ¿Cuál es su relación con lo acontecido el 6 de Agosto de 1945 en Hiroshima? Separemos algunas líneas.

En Agosto de 1939, Albert Einstein le escribe una carta al presidente de los Estados Unidos Franklin D. Roosevelt, advirtiéndolo sobre la posibilidad de que la Alemania nazi adquiera una bomba de proporciones bíblicas a base de uranio. Esto es uno de los posibles comienzos de una carrera armamentística sin precedentes contra Alemania, para obtener tan temido artefacto.

Dado esto, Roosevelt logra coordinar sectores políticos, financieros, civiles y militares para obtener en el menor tiempo posible la tan anhelada bomba. Recibe del Reino Unido el informe  M.A.U.D. el cual contenía toda la información sobre energía nuclear en manos de Londres. Esta actitud de W. Churchill es coherente con las posibilidades de Estados Unidos de llevar al campo de batalla un artefacto que altere el curso de la guerra; por esos momentos la posibilidad que Berlín gane la carrera a la fisión controlada del núcleo atómico era más que probable.

Pero otro de los pilares del proyecto Manhattan, fue la participación de empresas privadas en la industrialización del proceso de producción, de los componentes del artefacto nuclear; estos son los albores del complejo industrial militar en la fase actual, que tanto pavor le generó a Eisenhower.

Veamos ahora alguna de las firmas que hicieron posible este proyecto:

En primer lugar en orden de importancia, nos encontramos con la empresa DuPont de Nemours and Co. Un consorcio americano con presencia internacional que se dedicaba entre otras actividades a la producción de explosivos. Proveedora de las Fuerzas Armadas Estadounidenses e inventora del Nylon, la DuPont fue una pata fundamental del Proyecto Manhattan, dedicándose a la producción del plutonio en su complejo industrial de Seattle.

Otro de los grandes complejos industriales, y el tercero en importancia, fue aquel perteneciente a las empresas Monsanto y General Electric ubicado en Tennessee. Esta mega-planta se dedicaba a la producción del combustible nuclear necesario  para el proyecto en marcha: El uranio 235.

La lista de participación empresarial en el proyecto Manhattan es potencialmente innumerable. Además del apoyo en lo que hace al proceso de producción, deberíamos subrayar la transferencia tecnológica (El ingeniero químico Crawford Greenewalt era presidente en la década del 40 de la DuPont y participó de las investigaciones atómicas secretas), la disposición de científicos de primera línea, líneas de financiamiento, redes de consulta, etcétera. Demás empresas implicadas en este contubernio dantesco, es  Kellogs Corporation, Union Carvais, entre otras.

En este proyecto no estaba comprendido ninguna agencia de Ética o algo similar. Hubo una independencia del proyecto, con respecto a las condiciones generales de las personas y una pronunciada automatización de las consideraciones científicas, que dado el tiempo, cortaron todo vínculo con elementos humanos.

Para fundamentar el párrafo precedente, me permito dar solo dos puntos potencialmente interesantes.

El objetivo del Proyecto Manhattan era Alemania, el peligro inminente era que los Nazis lleguen primero a la bomba y generen un caos irremediable, primero sobre Londres, y después sobre el mundo. Pero cuando en 1943, Berlín se encuentra en un declive irremediable, no se abandonó la construcción de la bomba; incluso, y esto es más terrible aun, cuando en 1944 se encontró información incuestionable de que Hitler en el 42 había abandonado su plan de enriquecimiento de uranio, para enfocarse en la industria  bélica tradicional, tampoco Estados Unidos abandonó el plan de armamento nuclear. Todo esto hace suponer que la obtención del artefacto, ya no dependía de una inverosímil carrera armamentística con el Eje, sino que ya constituía un fin en sí mismo.

Otro momento clave en la historia de la destrucción de Hiroshima y Nagasaki, lo constituye cuando en julio de 1945 (apenas mes antes de la detonaciones nucleares) se decodifica un cable del Primer Ministro Tojo, tratando de establecer los términos de la paz con la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas. El único pedido del emperador Hirohito para el cese de las hostilidades,  era suprimir la cláusula de “Claudicación inmediata y total” de los términos del entendimiento con las potencias aliadas. Parece ser que la intención del Japón imperial era terminar con la guerra y proseguir con los términos de paz, más aún luego de la derrota en la Isla de Okinawa donde alrededor de 200.000 japoneses, entre civiles y militares perdieron la vida, y Tokio estaba a tiro de las fuerzas conjuntas: la guerra para la tierra del sol naciente ya carecía de sentido. Entonces ¿por qué no se abrió un proceso de paz serio? Otro elemento no menor, es que desde mediados de Agosto de 1945 estaba estipulada la participación del Ejército Rojo <que ya se encontraba en Manchuria> en la campaña contra Japón entonces ¿Por qué se detonaron las bombas el 6 y 9 de Agosto de ese año? ¿No habría sido menos cruento en términos de vidas humanas un bloqueo a la Isla y destrucción de suministros y puntos estratégicos entre la URSS y EEUU? ¿Entonces por qué en el imaginario estadounidense se instaló la idea del uso de bombas nucleares contra objetivos civiles en Japón como un “mal menor”?

Volviendo con la propuesta de paz de Japón, debemos recordar que esta, no fue analizada en la Conferencia de Potsdam celebrada entre Julio y Agosto de 1945. Por el contrario, el presidente Harry S. Truman busco imponer los términos de la paz no solo a Tokio, sino a su ex aliado de armas, la URSS; de hecho el bloque soviético ni siquiera participó en la redacción del Informe de Potsdam; un nuevo elemento entraba en el tablero internacional: El poder atómico estadounidense. La decisión ya estaba tomada; la bomba nuclear debía ser usada al menos en una ciudad y así comprobar <y poder estudiar> los resultados de tan costoso proyecto de investigación: No era nada personal, los infelices de Hiroshima y Nagasaki solo cargaron con la responsabilidad de estar en el lugar incorrecto, en el momento incorrecto.

Sirvan estas breves líneas, para la memoria de las víctimas inocentes del Complejo Industrial Militar Norteamericano.

* Luciano Espinosa. Licenciado en Ciencias Políticas y Doctorando en Desarrollo Territorial (UNRC). Miembro del Ateneo de Estudios Internacionales.

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