Lecturas: “El sacrificio de Grecia”

Lecciones no aprendidas Ideología y poder“Más allá de que el programa se implemente bien o no, llevará a niveles insostenibles de deuda, como ocurrió con un encuadre similar en la Argentina: las macropolíticas exigidas por la troika van a profundizar la depresión de Grecia”, escribe el columnista. El programa de la troika es incoherente: Grecia necesita una reestructuración de deuda, mejores reformas estructurales y metas más razonables de superávit presupuestario primario, agrega.

grecia

> Por Joseph Stiglitz

Ahora que la crisis griega está pasando a su siguiente etapa, Alemania, Grecia y el triunvirato del Fondo Monetario Internacional, el Banco Central Europeo y la Comisión Europea (hoy más conocido como la troika), todos ellos han recibido fuertes críticas. Aunque hay muchas culpas por compartir, no deberíamos perder de vista lo que realmente está sucediendo. He seguido de cerca esta tragedia griega durante cinco años, involucrándome con sus actores en todos los bandos. Tras haber estado la semana pasada en Atenas hablando con ciudadanos comunes, jóvenes y viejos, así como con funcionarios de hoy y de ayer, llegué a la conclusión de que esto va mucho más allá de Grecia y el euro.

Algunas de las leyes básicas exigidas por el acuerdo con la troika tienen que ver con impuestos y gastos y el equilibrio entre ambos, y otras están relacionadas con las normas y reglamentos que afectan a mercados específicos. Lo llamativo del nuevo plan (llamado “el tercer memorándum”) es que en ninguno de los casos tiene sentido ni para Grecia ni para sus acreedores.

Al leer los detalles, tuve una sensación de déjà vu. Cuando era economista jefe del Banco Mundial a fines de los 90, constaté personalmente en Asia Oriental los efectos devastadores de los programas impuestos a los países que habían recurrido al FMI en busca de ayuda. Fueron el resultado no sólo de la austeridad sino de las llamadas reformas estructurales, con las que demasiadas veces el FMI fue embaucado para imponer exigencias que favorecieron un interés especial relativo a otros. Había cientos de condiciones, algunas pequeñas, otras grandes, muchas irrelevantes, algunas buenas, otras definitivamente equivocadas, y la mayoría ajenas a los grandes cambios que realmente se necesitaban.

Antes y después de la crisis en Asia Oriental, y de las crisis en Africa y en Latinoamérica (la última de ellas, en la Argentina), estos programas fracasaron, convirtiendo los debilitamientos en recesiones, y las recesiones en depresiones. Pensé que habíamos aprendido la lección que nos habían enseñado estos fracasos, por eso me sorprendió que Europa, desde hace media década, impusiese este mismo programa rígido e ineficaz a uno de los suyos.

Más allá de que el programa se implemente bien o no, llevará a niveles insostenibles de deuda, como ocurrió con un encuadre similar en la Argentina: las macropolíticas exigidas por la troika van a profundizar la depresión de Grecia. El programa de la troika es incoherente: los alemanes dicen que no va a haber reducción de deuda y que el FMI debe ser parte del plan. Pero el FMI no puede participar en un plan en que los niveles de deuda son insostenibles, y las deudas de Grecia son insostenibles.

La austeridad es, en gran medida, la culpable de la actual depresión de Grecia: una caída del PBI del 25% desde 2008, un índice de desocupación de 25% y de desempleo juvenil del 50%. Pero este nuevo plan aumenta la presión aún más: una meta de 3,5% de superávit presupuestario primario para 2018 (comparado con un 1% aproximadamente este año). Ahora bien, si las metas no se cumplen, como casi seguro ocurrirá por el diseño mismo del plan, automáticamente habrá una dosis extra de austeridad. Es un desestabilizador intrínseco. El alto índice de desocupación deprimirá los salarios, pero la troika no parece satisfecha con el ritmo de disminución del nivel de vida de los griegos. El tercer memorándum también exige la “modernización” de la negociación colectiva, lo que significa debilitar a los sindicatos reemplazando la negociación a escala industrial.

Nada de esto tiene sentido ni siquiera para los acreedores. Es como una prisión de deudores del siglo XIX. Así como los deudores encarcelados no podían obtener ingresos para pagar, la depresión cada vez mayor en Grecia le hará cada vez más difícil pagar.

Se necesitan reformas estructurales, como ocurrió en Indonesia, pero muchas de las que se exigen tienen poco que ver con atacar los problemas reales de Grecia. La lógica detrás de varias de estas reformas estructurales clave no ha sido bien explicada, ni a los griegos ni a los economistas que tratan de comprenderla.

Al faltar tal explicación, hay una creencia generalizada aquí en Grecia de que intereses especiales, dentro y fuera del país, están usando a la troika para conseguir lo que no habrían podido obtener por vías más democráticas.

Tomemos el caso de la leche. A los griegos les gusta su leche fresca, de producción local y rápida distribución. Pero los holandeses y otros productores lecheros de Europa quieren aumentar las ventas haciendo que su leche, transportada a través de largas distancias y mucho menos fresca, parezca tan fresca como el producto local. En 2014, la troika forzó a Grecia a quitar el rótulo “fresca” en su leche verdaderamente fresca y prolongar el período de conservación permitido.

Ahora pide que se quite la disposición de cinco días de período de conservación por leche pasteurizada. En teoría, los consumidores griegos se beneficiarían con los precios más bajos, aun si tuviesen que tolerar una menor calidad. En la práctica, el nuevo mercado minorista dista de ser competitivo, y los primeros indicadores muestran que los precios más bajos no llegaron, casi en absoluto, a los consumidores. Mi propia investigación se ha centrado desde hace mucho tiempo en la importancia de la información y de cómo las empresas frecuentemente tratan de sacar provecho de la falta de información. Este es apenas otro ejemplo.

Un problema subyacente de Grecia, tanto en su economía como en sus políticas, es el papel de un grupo de personas ricas que controlan sectores clave, como bancos y medios de comunicación, aludidos en conjunto como los oligarcas griegos. Son quienes resistieron los cambios que George Papandreou, el ex primer ministro, intentó implementar para aumentar la transparencia y obligar a un mayor cumplimiento con una estructura tributaria más progresiva. Las reformas importantes que frenarían a los oligarcas griegos prácticamente no figuran en la agenda, nada que sorprenda ya que en el pasado la troika por momentos pareció tomar partido por ellos.

Normalmente, el FMI alerta sobre los peligros de una tributación elevada. Sin embargo en Grecia, la troika ha insistido con altos impuestos efectivos aun a niveles de ingresos muy bajos. Todos los últimos gobiernos griegos reconocieron la importancia de incrementar los ingresos fiscales, pero una política tributaria equivocada puede ayudar a destruir una economía. Existen muchas otras características extrañas en los paquetes de rescate de la troika, en parte porque cada miembro del triunvirato tiene su remedio favorito. Como dicen los médicos, puede haber interacciones peligrosas. Pero la batalla no es sólo sobre Grecia. Ni siquiera es sobre el dinero, aunque los intereses especiales en el resto de Europa y algunos dentro de Grecia han aprovechado a la troika para impulsar sus propios intereses a costa de los ciudadanos comunes de Grecia y del conjunto de la economía del país. Esto es algo que vi varias veces con mis propios ojos cuando estaba en el Banco Mundial, principalmente en Indonesia. Cuando un país está en dificultades, se pueden cometer toda clase de atropellos.

Pero estos debates de políticas son, en realidad, una cuestión de ideología y poder. Todos lo sabemos. Y entendemos que no se trata de un debate académico entre la izquierda y la derecha. Algunas personas de derecha hacen foco en la batalla política: las duras condiciones impuestas al gobierno de izquierda de Syriza deberían ser una advertencia para cualquier país de Europa sobre lo que podría ocurrirle si se rebela. Algunos hacen foco en la batalla económica: la oportunidad de imponerle a Grecia un marco económico que no podría haberse adoptado de otro modo.

Creo firmemente que las políticas que están imponiendo no van a funcionar, que van a generar una depresión sin fin, inaceptables niveles de desempleo y una desigualdad cada vez mayor. Pero también creo firmemente en los procesos democráticos, que el modo de lograr cualquier marco que favorezca a la economía es mediante la persuasión, no la coerción. La fuerza de las ideas está muy en contra de lo que se le inflige y exige a Grecia. La austeridad es contractiva; el capitalismo inclusivo –antítesis de lo que la troika está creando– es el único camino para crear una prosperidad compartida y sostenible.

Por ahora, el gobierno griego ha capitulado. Quizás, cuando la media década perdida se transforme en la década perdida, cuando la política empeore, cuando se acumule evidencia de que estas políticas fracasaron, la troika volverá a sus cabales. Grecia necesita una reestructuración de deuda, mejores reformas estructurales y metas más razonables de superávit presupuestario primario. Pero lo más probable es que la troika haga lo que ha hecho en los últimos cinco años: culpar a la víctima.

Publicado en: (c) The New York Times

Traducido por: Susana Manghi

http://www.ieco.clarin.com/economia/sacrificio-Grecia_0_1405059714.html

Lecturas: “Deuda y gasto militar”

> Por Atilio A. Boron

Diversas estimaciones señalan que poco más de la cuarta parte de la deuda pública griega se originó en compromisos contraídos para equipar sus fuerzas armadas. El viejo diferendo por Chipre entre Grecia y Turquía se agravó luego de que ésta invadiera la isla en 1974 y, tras ocuparla parcialmente, creara la República Turca del Norte de Chipre. En el sur los grecochipriotas crearon la República de Chipre e ingresaron, en 2004, a la Unión Europea, quedando bajo su protección. Desde el estallido de la guerra, Bruselas jugó siempre a favor de Grecia y hasta el día de hoy el veto de Atenas al ingreso de Turquía a la Unión Europea se ha mantenido sin fisuras. Por eso es que asombra comprobar la hipertrofia, en término de hombres y equipos, del país helénico. Según la Agencia Europea de Defensa, Grecia cuenta con el mayor número de submarinos de Europa (8), contra 7 del Reino Unido y 6 de Alemania y es también el que cuenta con la mayor flota de aviones de combate, 287, contra 274 de Francia y 230 del Reino Unido. Con sus once millones de habitantes, la población griega equivale al 14 por ciento de la alemana, pero los 109.070 efectivos de sus fuerzas armadas ascienden al 57 por ciento de sus homólogas de Alemania, pese a que los compromisos militares de Grecia son nada en comparación con los de Francia, Reino Unido y Alemania en el seno de la OTAN. La absurda hipertrofia armamentística no se explica por las necesidades de defensa de Grecia, sino por su condición semiperiférica y dependiente, altamente vulnerable a las presiones tendientes a facilitar la colocación de los productos de la industria militar de sus socios de la UE y la OTAN. Grecia tiene aviones de combate fabricados en Francia y Estados Unidos y submarinos producidos en Alemania. Los bancos alemanes y franceses son los mayores acreedores de un país cuyos gobiernos adquirieron una enorme cantidad de material bélico que jamás utilizará. Pero esa corrupta operación, bendecida por Bruselas, por Berlín, París y Londres (y avalada por Goldman Sachs) arrojó pingües ganancias para el complejo militar-industrial europeo y norteamericano y enriqueció a muchos políticos griegos. La troika ahora golpea las puertas con la misma catadura moral del usurero Shilock y se enfurece ante la desobediencia griega. Tropezó con un obstáculo inesperado: un pueblo que decidió asumir el control de su propio destino y que, tal vez, con ese reflejo de sobrevivencia, abrió una nueva etapa en la historia del capitalismo mundial. A partir de su ejemplo cualquier política de ajuste podría ser sometida al veredicto de una consulta popular. Malo, muy malo para los capitalistas. Se comprende el odio que generan Alexis Tsipras y Yanis Varoufakis.

Lecturas: “Qué sigue tras el No en las urnas”

Mientras los ministros de Finanzas europeos se reúnen hoy en una cumbre extraordinaria para evaluar el referéndum griego, se especula con que se logre un acuerdo finalmente. En caso contrario, habrá consecuencias para Grecia y la Eurozona.

>Por Ben Chu *

Escenario 1: Los griegos ceden

A pesar del rotundo voto No del domingo a las demandas de los acreedores, es posible que Alexis Tsipras esté tratando de lograr un acuerdo rápido que resuelva la crisis, para no convertirse en el primer ministro que lleve a su país a la agonía económica de un grexit (salida del euro). Su última oferta a los acreedores el pasado martes, apenas unas horas antes de la moratoria con el FMI, de aceptar la mayor parte de las exigencias de las reformas, en realidad dejó a los dos lados tentadoramente cerca. Los acreedores podrían ofrecer a los griegos algunas concesiones para que Tsipras pueda vender el acuerdo en su país. La renuncia de ayer del ministro de Finanzas griego, Yanis Varoufakis, puede hacer que los acreedores se sientan más inclinados a seguir el juego.

Eso significaría que Atenas acuerda imponer más austeridad a cambio del dinero que necesita para seguir pagando a los trabajadores del sector público y para evitar un default de los bonos en poder del Banco Central Europeo el 20 de julio. Tal acuerdo podría significar la reapertura de los bancos a los ahorristas desesperados por el fin del mes. El problema es que la nueva austeridad probablemente empeore la recesión de Grecia en los próximos años –algo que podría causar una división en Syriza y empujar la caída del gobierno–.

Escenario 2: Los acreedores ceden

Que Grecia salga de la moneda única representaría un golpe demoledor a la reputación de esta generación de líderes europeos. Ellos también están empezando a darse cuenta de que si Grecia sale del euro se enfrentarán a un costo mucho mayor que el precio de pagar para que Atenas siga formando parte del club. Será un trabajo duro justificar esa pérdida a sus propios contribuyentes. Además, los acreedores tendrían que enviar otros tipos de ayudas a Grecia, en todo caso, si grexit ocurriera. Así que los acreedores, a pesar de su retórica de línea dura antes de plebiscito del domingo, podrían decidir que el compromiso es la opción más inteligente después de todo. Podrían ponerse de acuerdo para facilitar la exigencia a Grecia a ejecutar grandes superávits presupuestarios en el futuro previsible y acabar con el valor nominal de la deuda del país. Atenas cantaría esta victoria y la credibilidad y el orgullo de los políticos acreedores recibirían el golpe. Pero sería bendecido por el Fondo Monetario Internacional, que ha estado presionando por una rebaja de la deuda durante años. También permitiría a los líderes de Europa centrarse en algo más que las minucias de las finanzas públicas griegas y el mercado de trabajo. Uno de los riesgos en este escenario sería que otros partidos populistas en Europa –Podemos de España, el movimiento Cinco Estrellas de Italia, el Frente Nacional de Francia– podrían obtener un gran impulso a partir de la victoria de Syriza, creando una agitación política en todo el continente.

Escenario 3: Nadie cede

Los acreedores podrían sentir que simplemente tienen demasiado que perder si concedieran algo a Grecia tras la votación. Y los griegos podrían decidir que tienen un mandato que mantener firmemente hasta que consigan todo lo que quieren. El resultado podría ser un punto muerto. El sistema bancario griego se quedaría sin dinero en efectivo en cuestión de semanas si no días, y el 20 de julio Atenas caería en default para pagar bonos por 3 mi millones de euros al Banco Central Europeo. Esta entidad, tras recibir el visto bueno tácito de Angela Merkel y los demás jefes de gobierno de la Zona Euro, podría cortar la financiación de emergencia del sistema bancario griego por completo, diciendo que no se puede prestar a un Estado insolvente sin romper sus propias reglas constitucionales. Para evitar que los cuatro grandes bancos griegos colapsen y acaben con los ahorros de la población, el gobierno de Atenas tendría que nacionalizarlos. Probablemente entonces anunciaría que se vuelven a capitalizar con un IOU (pagarés) gigante del Estado griego. El gobierno en Atenas también iniciaría la emisión de billetes IOU (en lugar de euros) para pagar a los trabajadores del sector público. Estos pagarés dirían que tienen un valor de un euro cada uno. Pero se cambiarían en el mercado negro a tal vez la mitad del valor de un euro, señalando una devaluación masiva. Finalmente, después de un período de agitación social, el gobierno griego lograría imprimir un gran lote de billetes dracma, que se convertirían en la nueva moneda. Eso significaría que Grecia abandona efectivamente el euro. En esa transición, Atenas podría llevar un cargamento de petróleo a la Rusia de Vladimir Putin. Y, a cambio, el gobierno griego podría vetar nuevas sanciones de la Unión Europea contra Moscú por su agresión en Ucrania, dividiendo el bloque en el escenario mundial.

* De The Independent de Gran Bretaña. Especial para Página/12.

Traducción: Celita Doyhambéhère.