Las palabras amables mejoran las perspectivas de voto

Congreso de los Estados Unidos

Congreso Estados Unidos (Archivo)

>Por Javier Salas

Muchos políticos pretenden cabalgar hasta lo más alto a lomos de la dureza del discurso, el lenguaje aguerrido contra el adversario y la retórica beligerante. Sin embargo, la cortesía, las palabras cálidas y el vapuleado talante quizá sean más provechosos en las urnas. Es lo que propone un estudio que ha puesto la lupa sobre el Congreso de Estados Unidos y 124 millones de palabras expresadas por sus cargos electos durante las últimas dos décadas. Tras revisar el peso que los términos sociables tenían en los discursos de los políticos electos a lo largo del tiempo, las conclusiones muestran una correlación muy marcada entre estas palabras amistosas y la valoración de los congresistas. La aprobación de los políticos cae a medida que dejan de usar conceptos amables en sus intervenciones.

Los investigadores buscaron términos como “afecto”, “cuidar”, “cortesía”, “derechos”, “igualdad”, “humano”, “escuchar”, “compartir”, “solidario” hasta completar una lista de 127 palabras (o raíz) que tienden a transmitir contenidos en favor de los intereses colectivos y la armonía entre personas. Al comparar mes a mes la proporción de estas palabras en los discursos con las encuestas de valoración de los políticos que las usaban —o no— se observa una “impresionante coincidencia”, según los investigadores que publican este estudio en PNAS. Las palabras que pronosticaron con más fuerza la aprobación del público por su uso fueron “amable”, “involucrar”, “educar”, “contribuir”, “preocupado”, “dar”, “tolerar”, “confianza” y “cooperar”.

“Sugerimos que la reciente desaprobación pública es en parte resultado de la desaparición del lenguaje cálido y prosocial en los discursos del Congreso”, asegura el estudio, que pretendía explicar las razones por las que las cámaras de EE UU rondan hoy el 10% de aprobación de la opinión pública estadounidense en las encuestas, cuando hace 12 años llegaban al 84%.Tras eliminar otro tipo de variables como la crisis económica o las consecuencias del 11-S, los datos señalan un culpable claro: el discurso es menos humano.

Hasta ahora se sabía que el uso de este tipo de expresiones que indican interés por ayudar a los demás generan una buena impresión en el espectador. Este trabajo lo lleva a una esacala política mucho más elevada, al encontrar esta misma correspondencia a lo largo de dos décadas de intervenciones orales. La correlación es más que clara (ver gráfico) pero, ¿se puede hablar de causalidad? Los investigadores creen que sí. Tras trabajar los números con detalle, barriendo otros factores exógenos, descubrieron que había una respuesta directa entre el discurso amable y la valoración en las encuestas: “Lo que dice el Congreso hoy predice sus calificaciones públicas de aprobación 29 semanas [unos siete meses] más tarde”.

Correlación entre lenguaje prosocial y aprobación del público en las encuestas entre 1996 y 2014

Correlación entre lenguaje prosocial y aprobación del público en las encuestas entre 1996 y 2014. Jeremy A. Frimer PNAS

“No es raro que la gente reaccione de una determinada manera a la forma de hablar de los políticos”, concede el politólogo del CSIC José Fernández-Albertos, que considera muy riguroso el trabajo de este equipo de investigadores canadienses aunque duda de la solidez de sus conclusiones. Para Fernández-Albertos, la correlación es robusta pero no tanto la causalidad que reclaman los autores: “El clima político es algo muy complejo. Han intentado eliminar factores exógenos como la economía y el 11-S, pero no me convence que esa respuesta se deba únicamente a las palabras de los discursos”, asegura.

Los autores del estudio descubrieron una correlación muy importante entre el carácter sociable del discurso político y lo que los medios transmitían a la población: a su entender, las noticias y las emisiones en directo de las sesiones del Congreso sirven de correa de transmisión de estos sentimientos. Sin embargo, Fernández-Albertos cree que en algunas coyunturas es imposible determinar cuál es la explicación. “En el día a día de la política surgen temas más antipáticos, que pueden propiciar un determinado lenguaje, pero no sabemos si el uso del lenguaje viene marcado por otras circunstancias que también influyen en la opinión pública”, añade el politólogo.

A juzgar por el estudio, la población sería extraordinariamente sensible al lenguaje, ya que una caída del 19% en el uso de esas palabras amables entre 2002 y 2014 propició un derrumbe del 75% en la valoración de los congresistas.

Estudio científico: “A decline in prosocial language helps explain public disapproval of the US Congress – DOI: 10.1073/pnas.1500355112

 

EL PAÍS

¿Viene la III Guerra Mundial?

Tercera Guerra Mundial>Por Claudio Fantini

La primera se desprende de las dos conflagraciones anteriores calificadas como “mundiales”. En ambos casos, la calificación surgió de una cuestión numérica: una gran cantidad de países fueron parte del conflicto.

Hoy es poco probable que ese formato se repita. Quienes quieren, como el Papa, ver tal rasgo en la guerra civil de Siria porque involucra a varios países, deben tener en cuenta que algo similar ocurrió en la guerra civil libanesa. Tampoco se habló de Guerra Mundial durante la trágica desintegración de Yugoslavia.

La otra posibilidad que justificaría la calificación de “mundial” para un conflicto actual, sería un choque nuclear entre dos potencias. De hecho, durante la Guerra Fría fue ese fantasma el que se adueñó del título Tercera Guerra Mundial. ¿Existe ese peligro? Ciertamente, con Trump en la Casa Blanca, Putin en el Kremlin y Kim Jong-un en el Palacio del Sol, no es fácil descartar un duelo nuclear. Pero la aún vigente Doctrina de la Destrucción Mutua Asegurada resta probabilidad a semejante riesgo.

Lo que más temen hoy las superpotencias no es un ataque con ojivas atómicas o neutrónicas. El riesgo más temido, en particular para Washington, es un devastador ciberataque. De haber una III Guerra Mundial, lo más probable es que sea cibernética. Del mismo modo que ya no existen los espías que existieron hasta la Guerra Fría, porque han sido reemplazados por los ciberespías, la guerra entre superpotencias se desarrollaría en el ciberespacio. Los espías de hoy no portan armas ni microfilms, sino laptops. El espionaje ya no tiene personajes como James Bond o los de las novelas de John Le Carre, sino como Edward Snowden. Los mayores daños causados por espías a Estados Unidos, los infligieron los ciberespías de China y de Rusia, además de Julian Assange con Wikileaks. La pesadilla del Pentágono no es una lluvia de misiles, sino un ataque cibernético que paralice las centrales nucleares, hidro-eléctricas y termoeléctricas, dejando sin energía el país. O que un ataque masivo a las redes haga caer el sistema a nivel nacional. La consecuencia sería un caos como el que no podría causar a Estados Unidos ningún ataque con ejércitos, aviaciones o misiles.

 

EL PAÍS (URUGUAY)

“Nos defenderemos con la poderosa fuerza de las armas”: la advertencia de Corea del Norte luego del envío de portaviones de EE.UU.

Crisis en Asia. Se intensifica el conflicto con Corea del Norte. Pyongyang alega que está siendo provocado por ejercicios conjuntos entre Estados Unidos y Corea del Sur

El portaviones Carl Vinson (centro) escoltado por otros barcos de guerra

El portaviones Carl Vinson (centro) escoltado por otros barcos de guerra. AFP

Corea del Norte se dijo lista a defenderse con la “poderosa fuerza de las armas” en respuesta al envío por parte de Estados Unidos de un grupo naval de ataque a la península coreana.

El Ministerio de Relaciones Exteriores dijo que el despliegue demostraba “imprudentes medidas para una invasión” que habían “alcanzado una fase seria”, según informó la agencia estatal KCNA.

El Comando del Pacífico de EE.UU. comunicó que su objetivo es mantener un estado de preparación en la región.

El presidente Donald Trump ha dicho que EE.UU. está preparado para actuar unilateralmente contra la amenaza nuclear de Corea del Norte.

Entretanto, Corea del Sur y China -éste último el aliado más cercano de Pyongyang- han advertido de más estrictas sanciones si los norcoreanos realizan más pruebas de misiles.

El Grupo de Ataque Carl Vinson está compuesto de un portaviones y otros barcos de guerra. Tenía programado hacer escala en Australia pero desvió su curso de Singapur hacia el Pacífico occidente, donde recientemente participó en ejercicios con la Marina de Corea del Sur.

“Responsabilizaremos por completo a EE.UU. de las consecuencias catastróficas conllevadas por sus excesivas acciones”, dijo el comunicado del Ministerio de Exteriores citado por KCNA.

Corea del Norte ha realizado una serie de pruebas de misiles en los últimos meses

Corea del Norte ha realizado una serie de pruebas de misiles en los últimos meses. EPA

“La RPDC está preparada para reaccionar a cualquier tipo de guerra que EE.UU. desee”, leyó el comunicado.

El despliegue naval de EE.UU. demostró que Corea del Norte tuvo razón en desarrollar una capacidad de armas nucleares para su defensa propia o ataque preventivo, añadió el comunicado.

“Fuertes medidas”

El lunes, el enviado de China a la península coreana, Wu Dawei, se reunión con el ministro de exteriores de Corea del Sur y un alto consejero nuclear. Funcionarios coreanos comentaron a los periodistas que ambos países acordaron aplicar “fuertes medidas adicionales” si Corea del Norte realiza más pruebas nucleares o de misiles.

China, que es el salvavidas económico de Corea del Norte, ya ha impuesto sanciones económicas, incluyendo una prohibición total de importaciones de carbón norcoreano desde febrero. Entretanto, Corea del Sur, EE.UU. y Japón tienen programada una reunión ,más tarde este mes, para coordinar una respuesta conjunta a Corea del Norte, informó la agencia surcoreana Yonhap.

Pyongyang ha realizado varias pruebas nucleares y los expertos vaticinan que podrá haber más en el futuro a medida que se acerca a desarrollar una ojiva nuclear que podría alcanzar territorio estadounidense. Corea del Norte ha dado indicaciones que podría hacer una prueba de un misil intercontinental, aunque las resoluciones de la ONU le prohíben cualquier tipo de pruebas. Pyongyang alega que está siendo provocado por los ejercicios militares entre EE.UU. y Corea del Sur, que interpreta como preparaciones para una invasión.

 

BBC MUNDO

Spots electorales: I Like Ike – 1952

HISTORIA DE LAS CAMPAÑAS ELECTORALES

“I like Ike” (Me gusta Ike) fue el slogan de la campaña para la presidencia de los Estados Unidos del año 1952, que representó por el partido republicano al General Dwigth D. Eisenhower y por el que se convirtió en el 34º presidente de los Estados Unidos.

Dicho proceso electoral que le enfrentó al demócrata Adlai Stevenson se decidió a favor de Eisenhower por apenas 100.000 votos y estuvo marcado por cambios significativos en la comunicación política como por ejemplo el uso de la televisión a través de spots como herramienta propagandística, la acción intensiva sobre la población que le llevó a 45 estados y el uso del slogan político centrado en el candidato como es éste “I like Ike” (Me gusta Ike), creado por Peter G. Peterson que a través de un recurso fonético habilísimo utilizaba el diminutivo del candidato para ofrecer cercanía y comprensión en una población deprimida tras la segunda guerra mundial.

Latinos en Estados Unidos

>Por Frédérick Douzet*

Las minorías están en el corazón del crecimiento de la población de Estados Unidos, una nación cada vez más diversa, en constante recomposición demográfica y territorial, y cuya identidad no es estática sino que, por el contrario, está en continua evolución, basada en una fuerte adhesión al proyecto de nación y al sueño americano. Más allá de su potente aumento numérico, las minorías, en particular los hispanos, se convierten en una verdadera fuerza política en Estados Unidos, que fue importante en las elecciones de 2012.

A lo largo de la última década, las minorías han representado el 91,7% del crecimiento de la población de Estados Unidos, de ellos un 56% los hispanos, frente a únicamente el 8,3% de los blancos de origen no hispano, una población en envejecimiento que crece débilmente. La proporción de blancos en la población no deja de caer (64% en 2010 frente al 80% en 1980) y cada vez más estadounidenses, particularmente los jóvenes, se declaran de raza mixta (3%), superando así todas las previsiones del censo. Los hispanos ya son más de 50 millones, es decir, el 16% de la población, por delante de los afroamericanos (12%) y de los asiáticos (5%).

Estos avances son especialmente sorprendentes en las grandes ciudades, donde los hispanos se han convertido en la primera minoría por delante de los negros, mientras que los blancos ya sólo son una minoría en más de la mitad de las ciudades estadounidenses (frente al 43% en 2000). La significativa migración de los afroamericanos hacia los suburbios, combinada con la dispersión geográfica de los inmigrantes, transforma las representaciones tradicionales de las “ciudades de chocolate” y de los “suburbios de vainilla”. Se confirma la tendencia a la no segregación, aunque con matices.

Este dinamismo demográfico no afecta de la misma manera a todas la regiones: algunas viejas ciudades industriales del noreste, como Baltimore o Cleveland, tienen dificultades para atraer a la inmigración y los afroamericanos de allí todavía se encuentran en situación de hipersegregación. La ciudad de Detroit, con 83% de negros, continúa perdiendo habitantes de forma masiva: 713 000 en 2011 frente a 951 000 en el año 2000 y 1 850 000 en 1950. Otras ciudades como Chicago, Nueva York o Washington se han salvado gracias a la inmigración, mientras que poco a poco comienza el regreso de los blancos a los centros de las ciudades. El débil dinamismo económico y demográfico de los Estados sureños del interior, el Bible Belt, fomenta las rencillas con respecto a la transformación del país, tal y como demuestra la emergencia del Tea Party Movement, que preconiza una vuelta a los “Estados Unidos de antaño”.

Las transformaciones más rápidas y espectaculares se concentran en los Estados del sudoeste. California dejó de tener una mayoría racial en el año 2000 y cerca de la mitad de los habitantes de Los Ángeles son latinos. Ante la creciente diversidad de la población se obtiene como respuesta una “autosegregación” de los blancos y de las poblaciones acomodadas.

El crecimiento demográfico y la concentración regional de los hispanos significan su poderoso aumento entre el electorado. En las ciudades y en los Estados, el voto por circunscripción ha favorecido la multiplicación de los elegidos por las minorías. En 2008, una movilización masiva de latinos salvó los escaños de los senadores Barbara Boxer en California o Harry Reid en Nevada. Ese mismo año, los latinos marcaron la diferencia en tres Estados clave (Nevada, Nuevo México y Colorado), que bastaron, junto con los Estados tradicionalmente demócratas, para asegurar la victoria de Barack Obama. En la actualidad, la parte de los latinos en el electorado del sudoeste no deja de crecer, a pesar de que hay serios inconvenientes (fuerte proporción de menores de 18 años, de no ciudadanos, baja participación electoral).

En 2008, la radicalización de los debates sobre la inmigración movilizó a los latinos a favor del campo demócrata. “Hoy nos manifestamos, mañana votamos”, coreaban los manifestantes latinos en 2006, en oposición al proyecto de ley de los republicanos. En 2012, su participación electoral fue crucial para Obama, mientras que la recesión económica les golpea de frente y las relaciones de fuerza en el Congreso impiden cualquier perspectiva de reforma de la inmigración, tal y como pretende el presidente demócrata.

El desajuste entre la diversidad creciente de la población y la virulencia de los debates sobre la inmigración ilustra claramente la larga historia de un país que se construyó mediante olas sucesivas de inmigración y que, a pesar de las rivalidades de poder, las resistencias xenófobas y los conflictos, las ha ido integrando progresivamente. Y, sin embargo, la cuestión racial conserva toda su pertinencia para comprender una sociedad que, a la vez que toma en consideración los desafíos de la diversidad, está todavía lejos de haberlos superado.

Una minoría pronto mayoritaria

 
* El autor es profesor del Instituto Francés de Geopolítica de la Universidad París-VIII. El artículo fue publicado originalmente en: EL DIPLÓ

México: Trump firmó la orden para construir el muro fronterizo

Trump da banderazo al muro que “México va a pagar”; dice que nos quiere, y que es por nuestro bien.

>Por Redacción Sin Embargo México

Donald Trump firmó hoy una orden ejecutiva para destinar fondos federales a la construcción del muro con México durante una ceremonia celebrada en el Departamento de Seguridad Nacional Donald Trump. Antes, en una entrevista con ABC dijo que empezará a construirse en “meses” y México lo pagará en un cien por ciento. Este mismo día la Casa Blanca informó que EU va a tomar represalias en contra de las ciudades “santuario” que protejan a los migrantes y advirtió que todos los estados devolverán a sus países a los inmigrantes que cometieron delitos y la agencias federales van a aplicar la ley para que los indocumentados no regresen.

El Presidente de Estados Unidos, Donald Trump, firmó este miércoles dos órdenes ejecutivas para cumplir sus promesas de campaña en cuanto a seguridad fronteriza y a combatir el fenómeno de la inmigración ilegal.

Tras firmar la orden ejecutiva para construir un muro, Trump dijo que el aumento de migrantes ilegales está perjudicando tanto a México como a Estados Unidos.

“A partir de hoy Estados Unidos volverá a tomar el control de sus fronteras, por eso firmé dos decretos que salvarán miles de vidas y empleos.

“Se va a empezar la construcción inmediata de un muro fronterizo. Es absolutamente necesario, esto ayudará a México para disuadir la migración de Centroamérica. Vamos a sacar a pandilleros y cárteles de Estados Unidos. Los vamos a sacar y lo haremos rápido”, dijo.

Trump aseguró que su Gobierno trabajará con México enfocándonos en la seguridad. “Tengo admiración por los mexicanos y me reuniré con Enrique Peña Nieto y hablaremos de coordinación estrecha, de desmantelar cárteles de droga”.

El Presidente de Estados Unidos mencionó que los decretos ponen fin a la política de capturar y liberar en la frontera y elimina ciudades refugios.

Horas antes, el mandatario estadounidense firmó los decretos en una ceremonia en el Departamento de Seguridad Nacional, tras honrar al nuevo titular de esa agencia, el general retirado John Kelly.

Antes, en una entrevista con la cadena ABC adelantó que la construcción del muro en la frontera con México comenzará “en meses” y que su planificación ocurrirá “de inmediato”.

“Tan pronto como podamos, tan pronto como podamos hacerlo físicamente”, afirmó Trump al ser preguntado por la construcción del muro en su primera entrevista como presidente en la cadena ABC.

“Yo diría que en meses, sí. Yo diría que en meses, ciertamente la planificación va a comenzar de inmediato”, subrayó el mandatario.

El recién investido Presidente insistió en que “en última instancia” el coste del muro será “reembolsado por México” y ese pago será del “cien por cien” del coste de la construcción.

Trump confirmó que el Gobierno federal adelantará el dinero necesario para iniciar la construcción, pero luego los mexicanos se encargarán de devolverlo.

Preguntado por la negativa del Presidente mexicano, Enrique Peña Nieto, a pagar la factura del muro, Trump respondió que el mandatario no puede decir otra cosa.

“Él tiene que decir eso, tiene que decir eso”, justificó el magnate neoyorquino.

Por su parte, el vocero de la Casa Blanca, Sean Spicer, informó este día que el Gobierno de Donald Trump va a tomar represalias en contra de las ciudades “santuario” que protejan a los migrantes y advirtió que todos los estados de Estados Unidos devolverán a sus países a los inmigrantes que cometieron delitos y las agencias federales van a aplicar la ley para que los indocumentados no regresen.

“Nos vamos a asegurar que los estados devuelvan a sus países a inmigrantes que cometieron delitos”, dijo el vocero.

Sean Spicer aseguró ante medios que México pagará el muro de una forma u otra.

La frontera entre Estados Unidos y México tiene más de 3 mil 200 kilómetros y, de ellos, hay vallados mil kilómetros, entre los que destaca la valla que separa Tijuana (México) de San Diego (California).

Este mismo día, y con el anuncio oficial del muro fronterizo entre Estados Unidos y México, una delegación de funcionarios encabezada por los secretarios de Relaciones Exteriores, Luis Videgaray Caso y de Economía, Ildefonso Guajardo Villarreal, sostuvieron un encuentro con altos asesores del Presidente Donald Trump en Washington para poner a la mesa la renegociación del Tratado de Libre Comercio de América del Norte (TLCAN).

Ayer el Secretario de Relaciones Exteriores explicó ante los coordinadores parlamentarios en el Senado el objetivo de su viaje.

“Anticipo que serán reuniones que se van a dar en un marco de mucha cordialidad, pero también tenemos que tener expectativas razonables. Son apenas las primeras conversaciones y no serán reuniones en las que habrán de definirse los acuerdos sustanciales”.

Videgaray también reconoció que el Gobierno federal está consciente de que México podría salir del TLCAN, aunque no es un escenario al que apuesten.

“Sería una opción de alto costo porque millones de empleos mexicanos dependen de nuestra capacidad de exportar libremente a Estados Unidos; por lo tanto, no debe ser nuestra primera opción”, afirmó en conferencia.

Aseguró que México tiene muy claro cuáles son los límites de la negociación con EU: “No vamos a aceptar aquellos temas que le hagan daño al interés nacional”.

En tanto, pese a su intención de dar mayor sentido estratégico a la relación con Latinoamérica, el Presidente Peña canceló ayer su asistencia a la V Cumbre de la Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños.

La reunión comenzó ayer en República Dominicana con un llamado a establecer mecanismos para enfrentar las medidas proteccionistas anunciadas por Trump.

 

FUENTE: Sin Embargo

Martin Hilbert, experto en redes digitales: “Obama y Trump usaron el Big Data para lavar cerebros”

Lo conocen en la academia de las TICs por haber creado el primer estudio que estimó cuánta información hay en el mundo, cifras que acá comenta en un castellano aliñado con modismos chilenos, tecnicismos gringos y erres alemanas. Martin Hilbert (39), Doctor en Ciencias Sociales y PhD en Comunicación, es alemán, pero vivió largos años en Chile como funcionario de la Cepal. Hoy trabaja en la Universidad de California, es el asesor tecnológico de la Biblioteca del Congreso de Estados Unidos y vive a cuarenta minutos de Silicon Valley, donde un futuro inevitable toma forma. En esta entrevista, no apta para amantes de la vida retirada, explica cómo el Big Data permite a la información interpretarse a sí misma y adelantarse a nuestras intenciones, cuánto saben las grandes empresas de nosotros, y lo que más le preocupa: lo fácil que está siendo convertir la democracia en una dictadura de la información, haciendo de cada ciudadano una burbuja distinta. También habla sobre la posibilidad de que la inteligencia artificial llegue a generar una conciencia superior. Cree que eso va a ocurrir, pero no hay que tener miedo: “No va a ser Terminator contra nosotros”.

¿Cuánta información hay en el mundo?
–La última vez que actualicé este estudio, hace dos años, había 5 zetabytes. Un ZB es un 1 con 21 ceros, lo cual no te dirá mucho. Pero si tú pones esta información en libros, convirtiendo las imágenes y todo eso a su equivalente en letras, podrías hacer 4500 pilas de libros que lleguen hasta el sol. O sea, hay mucha información.

¿Y a qué ritmo está creciendo?
–A un ritmo exponencial. Se duplica cada dos años y medio. Entonces, ahora probablemente son 10 ZB.

O sea, ocho mil pilas de libros que llegan al sol.
–Ocho o nueve mil pilas, sí. Piensa en esto: desde el 2014 hasta hoy, creamos tanta información como desde la prehistoria hasta el 2014. Y lo más impresionante, para mí, es que la información digital va a superar en cantidad a toda la información biológica que existe en el planeta. La vida es procesamiento de información, ¿no? Toma del ambiente moléculas normalmente muertas, toma fotones del sol, y los convierte en estructuras complejas de información con un código base que es el ADN. Y ya existe más información digital que código genético humano. Aun contando cada copia de ADN en las trillones de células de cada persona en el mundo, en la humanidad hay como 1 ZB de información. Y durante este siglo, la información digital va a superar a toda la información genética que existe en la biósfera. Todo lo cual lleva a muchas preguntas sobre el futuro de la humanidad, ¿no?

Parece que la pregunta existencial más importante va a ser cómo interpretamos tantos datos.
–Y la respuesta es que la única manera de interpretarlos es con máquinas también. Este procesador [apunta a su cerebro] no aguanta eso, sabe hacer otras cosas. Ahora, lo bueno es que la información crece muy rápido, pero nuestro poder de computación crece tres veces más rápido. Se duplica en menos de un año. Porque la tecnología siempre es mejor pero también porque tenemos muchas más máquinas, ¿no? Tú mismo tienes ahora un celular, un computador, etc., que interpretan muchos datos por ti. Y ahí viene toda la cuestión de la inteligencia artificial [en adelante, IA] y el Deep Learning, que ahora es lo más importante.

¿Qué es el Deep Learning?
–Es la manera como se hace la IA hoy en día. Son redes neuronales que funcionan de manera muy similar al cerebro, con muchas jerarquías. Todo esto que hacen Apple y Google y todas las Siri en el teléfono, todo usa Deep Learning. Es una IA súper poderosa que descubrimos hace cinco años y ya todo el mundo la usa, porque es muy superior a todo lo que habíamos encontrado.

Y la otra pregunta existencial, ¿qué tan espiados estamos?
–Nooo, ¡súper espiados! Todo está espiado. Y es muy interesante, porque después de Edward Snowden la gente dijo: “¡Qué es esto, pueden ver mis fotos desnudo! Ya, bueno, qué tanto”. Nadie se fue a protestar a la calle, la cosa siguió tal cual. La NSA confesó que hizo un par de cosas demasiado ilegales y bueno, esas cosas se arreglaron. Pero las otras no, y cada vez te van a espiar más. Yo no digo que esto sea bueno o malo, pero la gente tiene que saber. Y si la gente sabe que está espiada y no le importa, está perfecto. Ahora, la pregunta delicada es qué pasa si esos datos llegan a las manos de alguien que pueda abusar de ellos. En Silicon Valley no están muy contentos con que sus herramientas ahora las pueda usar Donald Trump. Están muy decepcionados, la verdad.

¿Qué cosas de nosotros se pueden saber de un momento a otro?
–De partida, dónde estás y dónde has estado. Si tienes Gmail en tu celular con wifi, puedes ver en Google Maps un mapa mundial que muestra dónde estuviste cada día, a cada hora, durante los últimos dos o tres años (ver www.google.com/maps/timeline). Es una información que tú les permites coleccionar al aceptar los términos de licencia cuando instalas la aplicación.

Lo que uno nunca lee.
–Exactamente. Y en muchos casos tú puedes optar que no lo hagan, pero nadie se fija. Ahora, lo interesante es que con estos datos de movilidad se pueden hacer estudios. Y ya sabemos, por ejemplo, que se puede predecir con casi un 90% de probabilidad dónde vas a estar tú en cada momento de cada día del año que viene. Imagínate lo que vale esa información para una empresa que hace marketing, por ejemplo.

Cuentas que en África el celular hizo lo que nunca pudo hacer el certificado de nacimiento. La huella de que una persona existe es su teléfono.
–Claro, es súper poderoso. Es tu verdadera huella digital. Y África es el caso extremo, pero piensa en América Latina, donde hay tanto orgullo por los censos. El censo de Chile ahora fue un desastre y era una tragedia, ¿no? Pero con los datos de tu celular, si uso solamente lo que se llama metadata, o sea sin escuchar tus conversaciones ni saber con quién hablas, sino sólo con qué frecuencia y con qué duración usas tu celular, con eso yo puedo hacer ingeniería reversa y reproducir el 85% de tus resultados de un censo: si eres hombre o mujer, cuál es tu rango de ingresos, si tienes niños, si estás casado, tu origen étnico…

¿Sólo conociendo la frecuencia y duración con que uso mi celular?
–Sí. El censo que hacen cada 10 años, que es tan costoso y tan importante, lo puedo reconstruir en un 85% con esos dos datos. De eso se trata el Big Data: tenemos tantos datos y tanta capacidad de procesarlos, de identificar correlaciones, que podemos hacer a la sociedad muy predecible. Y cuando puedes predecir, puedes programar.

Y en el caso de las empresas de Internet que nos prestan servicios gratuitos, ¿qué tan importante es para su negocio la información que tienen de nosotros?
–Todo, eso es todo lo que tienen. Facebook vale billones de dólares por la información, no por otra cosa. De las diez empresas del mundo tasadas a un precio más alto, yo creo que cinco son proveedoras de información. Y la gente siempre dice “no, hay que regular todo eso, proteger a los usuarios”. Pero la demanda más extrema que he escuchado en todas esas conferencias donde voy, es que necesitamos derechos de propiedad de datos, como los de propiedad intelectual, para que tú puedas vender tus datos y no regalarlos. Y yo voy con este reclamo donde mis amigos en Silicon Valley y me dicen “pero hueón, ¡si ya lo estamos haciendo! Tú sigues siendo dueño de tus datos, pero aceptas que yo también lo sea al aprobar los términos de licencia. Y a cambio puedes usar Google Maps gratis y te ahorras una hora de taco al día, ¿no es fantástico?”. Ahí llegamos al fin de la discusión, no hay nada más que hacer. Incluso ante las propuestas más progresistas, Silicon Valley ya tiene respuesta. Y la verdad es que la gente se beneficia tanto de eso que no le molesta.

También las empresas telefónicas, que uno supone que sólo nos cobran el plan, hacen buena plata con nuestros datos, ¿no?
–Claro. Por ejemplo, Smart Steps es la empresa de Telefónica que vende los datos de la compañía. Si tú tienes Movistar, tus datos están ahí vendidos.

¿A quién le sirven?
–¡A mucha gente! Si tú quieres abrir una tienda de corbatas en una estación de metro, te vale mucho saber cuántos hombres caminan en cada salida del metro, entonces compras estos datos de Telefónica. Y también los puedes usar en tiempo real: saber a qué hora pasa la gente, e incluso si se detiene o no a ver el anuncio de oferta que pusiste afuera. Y lo más impresionante es que esto convirtió a las ciencias sociales, de las que siempre se burlaron, en la ciencia más rica en datos. Antes tenías que hasta negociar con diplomáticos para que te prestaran una base de datos de cien filas por cien columnas. Y en las universidades hacían experimentos con 15 alumnos de pregrado, que necesitaban créditos extra para pasar el ramo, todos blancos, todos de 18 años, y decían “miren, así funciona la psicología humana”. ¡De adónde! Nosotros nunca tuvimos datos, y por eso nunca funcionaban las políticas públicas. Y de la noche a la mañana, el 95% de los sujetos que estudiamos pasó a tener un sensor de sí mismo 24 horas al día. Los biólogos siempre dijeron “eso no es ciencia, no tienen datos”. Pero ellos no saben dónde están las ballenas en el mar. Hoy nosotros sí sabemos dónde están las personas, pero también sabemos qué compran, qué comen, cuándo duermen, cuáles son sus amigos, sus ideas políticas, su vida social. Se puede abusar también, como Obama y Trump lo hicieron en sus campañas, como Hillary no lo hizo y por eso perdió. Pero el gran cambio es que estamos conociendo a la sociedad como nunca antes y podemos hacer predicciones con un nivel científico. ¡Lo de antes era arte, no era ciencia!

TRUMP TE CONOCE

Entiendo que algunos estudios ya han logrado predecir un montón de cosas a partir de nuestra conducta en Facebook.
–Claro, esos son los datos que Trump usó. Teniendo entre 100 y 250 likes tuyos en Facebook, se puede predecir tu orientación sexual, tu origen étnico, tus opiniones religiosas y políticas, tu nivel de inteligencia y de felicidad, si usas drogas, si tus papás son separados o no. Con 150 likes, los algoritmos pueden predecir el resultado de tu test de personalidad mejor que tu pareja. Y con 250 likes, mejor que tú mismo. Este estudio lo hizo Kosinski en Cambridge, luego un empresario que tomó esto creó Cambridge Analytica y Trump contrató a Cambridge Analytica para la elección.

¿Qué hizo con eso?
–Usaron esa base de datos y esa metodología para crear los perfiles de cada ciudadano que puede votar. Casi 250 millones de perfiles. Obama, que también manipuló mucho a la ciudadanía, en 2012 tenía 16 millones de perfiles, pero acá estaban todos. En promedio, tú tienes unos 5000 puntos de datos de cada estadounidense. Y una vez que clasificaron a cada individuo según esos datos, lo empezaron a atacar. Por ejemplo, en el tercer debate con Clinton, Trump planteó un argumento, ya no recuerdo sobre qué asunto. La cosa es que los algoritmos crearon 175 mil versiones de este mensaje –con variaciones en el color, en la imagen, en el subtítulo, en la explicación, etc.– y lo mandaron de manera personalizada. Por ejemplo, si Trump dice “estoy por el derecho a tener armas”, algunos reciben esa frase con la imagen de un criminal que entra a una casa, porque es gente más miedosa, y otros que son más patriotas la reciben con la imagen de un tipo que va a cazar con su hijo. Es la misma frase de Trump y ahí tienes dos versiones, pero aquí crearon 175 mil. Claro, te lavan el cerebro. No tiene nada que ver con democracia. Es populismo puro, te dicen exactamente lo que quieres escuchar.

¿Y qué hizo Obama?
–Obama fue como el pionero en esto. En la campaña de 2012, para su reelección, invirtió en esto mil millones de dólares, mucho más que en comerciales de TV. Y con eso contrató a un grupo de cuarenta nerds, de Twitter, de Google, de Facebook, de Craigslist, tres profesionales de póker, otro que trabaja con células madres, en fin. A esos cuarenta nerds los puso en un subterráneo, les dio mil millones de dólares y un número para el servicio de pizza, ¿no? Y ahí en el subterráneo crearon los 16 millones de perfiles que les interesaban, los votantes indecisos. Sacaron datos de todos lados. Incluso tuvieron acceso a las Setup-Boxes, lo que sería el DirectTV en Chile, que registra cómo tú ves televisión. Si tienen acceso a eso, ya saben lo que te interesa, y empezaron a llevar comerciales individualizados. Lo más delicado es que no sólo pueden mandarte el mensaje como más te va a gustar, también pueden mostrarte sólo aquello con lo que vas a estar de acuerdo. Si Obama tiene sesenta compromisos de campaña, puede que 58 te parezcan mal, pero al menos con dos vas estar de acuerdo. Digamos que estás a favor del desarrollo verde y a favor del aborto. Bueno, empezaron a mostrarte en Facebook sólo estos dos mensajes.

¿Con avisos publicitarios?
–No, lo hicieron más sofisticado. Como algún amigo vas a tener que hizo un like a la campaña de Obama, ese like les dio acceso a los perfiles de todos sus amigos –esto también va en la licencia que nunca leemos–, entonces podían ver tu historial y clasificarte. Y además tenían acceso a postear desde el timeline de tu amigo, porque esto también está permitido. Él no lo ve, Facebook no se lo muestra, pero tú sí vas a ver muchos artículos así como “Obama el héroe de la energía alternativa”, “Obama el héroe del aborto legal”. No son propagandas de la campaña, son artículos de prensa bien elegidos. Y si tú por medio año ves “Obama héroe” de estas dos cosas que te gustan, al final vas a decir “oye, tan mal no está este Obama”. Bueno, en 2012 le cambiaron la opinión al 78% de la gente que atacaron así. Y Trump lo hizo con 250 millones. Creo que George Orwell se metería un tiro, porque ni él se imaginó algo así. La democracia es completamente inútil con algo así.

En un artículo explicabas que también los call center de Estados Unidos te clasifican mientras hablas, y cuando vuelves a llamar te derivan a un empleado con una personalidad afín a la tuya.
–Así es. El que habla contigo no lo sabe, ¿no? Una vez conté esto en una conferencia y uno de mis estudiantes, la próxima vez que llamó a un call center, le dijo “¡oye hueón, deja de clasificarme la personalidad!”. El otro no entendía nada, ¡ja, ja, ja! El trabajo lo hacen alrededor de diez mil algoritmos que te escuchan hablar y clasifican tu personalidad en seis diferentes cajas. La última vez que hablé con esta compañía, me dijeron que ya el 30% de las llamadas a los call center de Estados Unidos están intermediadas así. Y ya hay sistemas que les dan inteligencia en tiempo real: el tipo está ahí con un monitor que le dice “ahora es el momento de ofrecerle tal cosa”, “ahora ya no”. Pero eso es reciente, por ahora lo más común es que te dejan clasificado. Y todo esto, al final, ¿a qué nos lleva? A crear burbujas, en todos los niveles.

¿Cómo así?
–Que la gente emocional sólo hable con gente emocional, la gente de acción con la gente de acción, los reactivos con los reactivos. Hablamos mucho de que ahora los demócratas no hablan con republicanos, pero esta fragmentación de la sociedad en subgrupos va mucho más allá de la política. La verdad, es una cosa triste. Pero no es culpa de la tecnología, es la manera en que la usamos hoy día. Toda tecnología es normativamente neutral, tú puedes usar un martillo para colgar un cuadro o para matar a tu vecino. Lo mismo con la tecnología digital: podríamos usarla para unir gente, para mezclar gente de opiniones opuestas, pero no lo estamos haciendo.

Y más rezagada aún queda la democracia, incapaz de mediar entre tanta información fragmentada. No hay denominador común.
–Claro, el Big Data permite poner a la gente en muchas más cajas que antes no veías, es un arma de fragmentación muy poderosa. Sí, esa es una amenaza. Esto de la privacidad y el comercio no es el gran problema, la gente tiene razón en no preocuparse tanto. Es útil que las chicas reciban comerciales sobre la píldora y los chicos sobre condones, ¿no? Ahora, Big Data para la democracia representativa… ahí termina. Tú sabes que la democracia siempre estuvo muy ligada a las posibilidades informacionales que tenía cada sociedad. Aristóteles fue muy claro en decir que la democracia no podía ir más allá de un radio de 70 km, porque la información no podía viajar más que eso en un día. Por eso la democracia griega fue para una ciudad. Y en Estados Unidos, ¿por qué crearon las primarias, los colegios electorales por cada Estado y todo eso que conocemos? Porque el viaje en caballo de costa a costa tomaba una semana. Como no había acceso a la gente y la gente tampoco estaba informada, se necesitó todo este constructo representativo. Pero con la tecnología actual, este constructo está completamente abusado y tiene potencial para constituirse en una dictadura informacional, esto hay que decirlo abiertamente. Esto es lo que más me preocupa. La democracia representativa de esta manera no funciona.

Obligados a pensarla de nuevo…
–La verdad es que tenemos que repensarla completamente. Y ya tampoco podemos ignorar que las redes digitales son globales. O sea, personas que están a miles de millas se pueden ofender con una información que les llega y presentarse en la redacción de una revista para matar a los dibujantes. Es que todo esto pasó muy rápido. Llevábamos miles de años separados en diferentes culturas y nos tuvimos que conocer en un par de décadas. En el Islam dijeron que no quieren ver mujeres desnudas, y un día llegamos nosotros con el TV cable y les forzamos a mirar las tetas de Pamela Anderson. Y nosotros no entendemos por qué ellos pueden tener dos esposas. Entonces, si la información fluye globalmente, ¿hasta dónde podremos prescindir de una gobernanza global? No lo sé. Pero esto va a ser un camino de ensayo y error, como siempre ocurrió con la tecnología. Ahora vimos que Facebook, después de la elección de Trump, empezó a limpiar sus fake news, estas noticias mentirosas. Hace tres meses decían “no, nosotros no somos editorial”, y ahora están sacando cosas. Ya es un comienzo.

Y los Estados, ¿están sabiendo aprovechar el Big Data para las políticas públicas?
–No, están muy atrás todavía. Pero tienen una oportunidad muy grande. Se estima que el Estado posee alrededor de un tercio de los datos de un país, lo que es mucho. ¿Acaso tiene un tercio del poder productivo? Ni loco. El gobierno sabe todo lo que pasa en los colegios, en los hospitales, en los servicios de impuestos, ¡cuánta información hay ahí! Se puede aprovechar mucho más para políticas sociales y económicas, sobre todo en América Latina. Y lo segundo es poner la información que es pública a disposición de la sociedad, lo que se llama el Open Data. Pero ahí estamos aún más atrasados, incluso acá. Por ejemplo, a mí me nombraron Chair of Technology de la Biblioteca del Congreso, que en EE.UU. siempre fue LA institución de la información. Ellos mismos me invitaron porque se dan cuenta de que perdieron el tren y Google les robó el show en diez años. Y cuando voy allá, veo que todavía podrían recolectar mucha más información, y hacerla pública. Los mapas… ¡el gobierno tiene un montón de mapas! No necesitamos Google Maps, los militares tienen todos los mapas que necesitas. ¿Por qué no los hacen disponibles? Los precios de terrenos, qué tipo de terrenos hay para qué tipo de agricultura, quién es el dueño del terreno, todo esto el gobierno lo tiene y socializarlo podría ser muy productivo. Pero es una buena noticia: si el insumo de esta nueva economía son los datos y el Estado tiene un tercio de ellos, los puede usar para democratizar la economía.

Si es que también se democratiza la capacidad de usarlos.
–Sí, esa será la clave, y todavía no está claro si la disponibilidad de información crea más o menos desigualdad. Pero si en otra época el Estado destinó recursos para llevar la telefonía a las áreas rurales, ahora tendrá que hacerlo para igualar el acceso a Big Data. Son cosas que estamos aprendiendo, aunque los gobiernos ya podrían estar haciendo mucho más.

EL FUTURO ARTIFICIAL

¿En Silicon Valley están muy locos?
–¡Ja, ja, ja! Depende. Algunos, como este alemán Peter Thiel, quien creó eBay y que ahora está con Trump, él está un poco loco. Pero la verdad es que no son locos, son un poco arrogantes. Pero son arrogantes con justificación, porque realmente cambian el mundo, mucho más que un gobierno. Por eso también les llegó pésimo lo de Trump. Estaban muy enojados, no podían creer que se usó su tecnología para poner a un fascista en el poder. No, la verdad es que todavía están muy confundidos con eso. Bueno, dicen que la caída viene después de la arrogancia.

Algo que cuesta asimilar es que los datos, al crecer tanto, ya se explican a sí mismos, descubren solos sus relaciones causa-efecto. Como el traductor de Google, que se pegó el gran salto cuando le quitaron las reglas de traducción y empezó simplemente a comparar datos.
–Y con eso, además, ya puede traducir entre dos idiomas aunque nadie en el mundo hable esos dos idiomas. Te cuento un caso. ¿Te acuerdas de ese juego para Atari y PC, parecido al pimpón, en que tenías que mover una barrita hacia los lados para achuntarle a una pelota que rebotaba arriba en unos bloques? Y sacabas puntos al ir destruyendo esos bloques.

Sí.
–Bueno. Al DeepMind, un programa de IA que usa el Deep Learning, lo pusieron frente a ese juego y le dijeron “tienes que ganar puntos”. Pero no le dijeron cómo se ganan los puntos. Ni siquiera le dijeron “vas a ver una barrita, una pelota y unos bloques arriba”. Solamente le dieron la capacidad de reconocer pixeles. A los diez minutos, el DeepMind casi no agarraba la pelota, porque no entendía frente a qué situación estaba. Después de dos horas, jugaba al nivel de un experto. Y a las cuatro horas, mejor que cualquier ser humano. Pero no sólo por su precisión técnica, sino porque descubrió una estrategia para ganar que poca gente descubre. Es decir, sólo correlacionando movimientos de pixeles y puntos ganados por azar, llegó a innovar y ser más creativo que la mayoría de los humanos. Es lo mismo que hace la IA con el ajedrez. Se suponía que Go era el juego en que nunca iba a pasar a los humanos, muchísimo más complejo que el ajedrez. Bueno, DeepMind le ganó hace medio año al campeón de Go. Entonces sí, la información se autointerpreta y son mejores que nosotros.

¿Es cierto que las grandes compañías ya toman decisiones sin saber por qué las toman? Sólo porque la IA ve los datos y les dicen “hagan esto”.
–Claro, y está perfecto. Además, las relaciones de causalidad, muy filosóficamente, nunca las podemos conocer. Como decía Popper, sólo podemos descartar causas: tú no puedes saber si realmente X causó Y, sólo puedes comprobar que Z no causa Y. Pero estas correlaciones nos sirven para explicar y predecir. Ahora, si tú cambias el sistema que produjo estos datos, ahí te puedes equivocar muchas veces. Pero ese ya es otro problema.

Pero también sería un problema si, por ejemplo, llegáramos a meter preso a alguien porque su conducta en Facebook, según un programa, predice que es un potencial asesino.
–Sí, pero esto también lo hacen las personas. Si un sicólogo dice que eres un peligro para la sociedad, también te pueden encerrar. Y la verdad es que la IA es muchas veces más exacta que un psicólogo. Al final, el juego con la tecnología siempre ha sido ver cuáles tareas se pueden automatizar y cuáles se quedan con nosotros. Los primeros imperios, por ejemplo, su gran innovación fue hacer canales de agua para sus plantaciones. Así ya no necesitaban usar un tercio de su fuerza laboral en ir cada vez al río y traer agua. Imagínate, qué brutal: un tercio de la gente quedó desempleada. ¿Pero qué hicieron con ellos? A la mitad los convirtieron en soldados y empezaron a dominar a otros pueblos. A otros los hicieron arquitectos y constructores y crearon las ciudades y templos más grandes de la humanidad. Otros se hicieron artistas, otros empezaron a escribir… ¡a escribir, hueón, no tenían nada más que hacer! Y es así como las sociedades han avanzado, ahorrando tiempo y automatizando tareas. Si un robot reconoce células de cáncer, te ahorras al médico. En San Francisco hay una farmacia donde no hay ninguna persona trabajando: yo soy un robot, tú me das una receta, yo te mezclo un poco de este polvo, un poco de este otro, lo pongo en una caja y te lo doy. Además el robot sabe exactamente qué interacción hay entre qué medicamentos, más que ningún farmacéutico. Más del 50% de los actuales empleos son digitalizables, incluso escribir noticias rápidas, como sabrás. Y ya no hablamos de reemplazar a los obreros, como en la revolución industrial, sino también los trabajos de la clase más educada: médicos, contadores, ¡abogados, hueón! Hay una aplicación en el teléfono que te dice cuánto estás obligado a pagar si te divorcias, según los detalles de tu caso. Te ahorraste mil dólares de abogado por pedirle ese estudio. Claro, es brutal. Pero esto ya ha pasado antes y no fue el fin de la historia. Inventaron hueás nuevas tan locas como escribir, que antes nadie tenía tiempo de pensar en eso.

Lo que sí sería nuevo, y es el gran miedo cuando se habla de la “era de la singularidad” que supuestamente viene, es que el robot pase a decidir por nosotros. En el fondo, que nos ganen.
–Claro, es la pregunta: si va a ser “el Terminator contra nosotros”. Mira, la singularidad viene. O ya está acá. Trata de deshacerte de tu celular por un año. Ya estamos fusionados con esta tecnología, como sociedad y como especie. Nuestra distribución de recursos ocurre básicamente en la bolsa, y acá el 80% de las transacciones de la bolsa son decididas por IA. El 99% de las decisiones de la red de electricidad son tomadas por IA que localiza en tiempo real quién necesita energía. Y si tú me dices “mira, Martin, recién descubrimos una especie donde un sistema que se llama IA distribuye el 80% de los recursos y el 99% de la energía”, yo diría “bueno, IA es una parte inseparable de esta sociedad”. Y ya no se puede deshacer, no se puede desenredar. Tú podrías irte a la cordillera, dejar tu celular atrás y nunca más tener interacciones digitales, pero ya no serías parte de nuestra sociedad. Dejarías de evolucionar con nosotros. El punto aquí es que la especie humana ya evoluciona en convergencia con la tecnología, que en algunos aspectos ya es mejor que nosotros… no en todos. De nuevo, la pregunta es qué cosas dejamos a la IA y qué cosas no.

Mientras eso lo decidamos nosotros y no ellos, si aprenden a pensar por su cuenta.
–Sí. Y si me preguntas a mí, digamos, filosóficamente, lo que creo que está pasando es que efectivamente estamos creando una supraespecie, otra especie superior. Pero la verdad es que no tengo tanto miedo de eso.

¿Por qué no?
–A ver… Normalmente entendemos que la selección natural, cuando hay dos especies, elige a una de las dos, la famosa “supervivencia del más apto”, ¿no? Pero también hay ejemplos de simbiosis en que las dos especies se fusionan, y yo creo que en este caso las dos especies se van a fusionar. Pero ya hablamos tanto que no sé si vale la pena explicar todo esto…

Parece que sí.
–Quizás para entenderlo hay que mirar cómo funciona la vida, los sistemas vivos. Como sabes, existen diferentes niveles de abstracción: abajo tienes partículas subatómicas que interactúan para formar átomos; los átomos forman redes para crear moléculas; las moléculas, para crear células, y las células se ponen en redes –cada una con su respectiva pega– para crear organismos. Después los organismos se ponen en redes para crear sociedades. Y ahora, ¿qué viene después? Sociedades que se ponen en red a través de la tecnología para crear algo superior. El punto es que cada uno de esos niveles cree funcionar con sus propias leyes, y no saben que gracias a esas leyes se han formado otras leyes que han creado un nivel superior. Mis células no saben que yo tengo conciencia. Se encuentran y dicen “mira, ahí hay una bacteria, ¿la atacas tú o yo?”. Piensan que son bastante libres, ¿no? Pero los grandes números crean una estadística confiable de que esa bacteria va a ser atacada, y gracias a la estabilidad de esos promedios es que mi sistema tiene la tranquilidad para crear lo que llamamos conciencia. Y lo que creo que va a terminar haciendo la digitalización es convertirnos a nosotros en células de un organismo mayor.

¿Cómo?
–A medida que la IA empiece a organizarnos, a programar a la sociedad. Y va a poder hacerlo porque si bien tú y yo creemos ser muy distintos, el funcionamiento de la sociedad, con los grandes números, consigue promedios muy estables. Entonces este organismo puede sobrevivir, hasta que yo me imagino que va a poder producir una conciencia. Pero nosotros ni vamos a saber que esa conciencia existe. Por eso te digo que no va a ser “Terminator contra nosotros”. Es un supraorganismo con el que nos estamos fusionando, y la digitalización es como el aceite que nos une. La verdad es que normalmente no hablo de esto en entrevistas públicas, pero eso significa para mí la singularidad: estamos convergiendo con la tecnología para crear un ente superior, que se llama sociotecnología, tecnosociedad o como lo quieras llamar.

¿Por qué no te gusta hablar de esto en entrevistas?
–Porque es muy loco, ¿no? Es muy profundo y hay gente que se preocupa más de la cuenta. Prefieren hablar del robot de Amazon que les mandó un paquete equivocado. Nos descoloca que nos hablen de un chip implementado en el cerebro, pero ya todos usamos tecnología para aumentar nuestras capacidades. No es en ningún caso el fin de la humanidad, es la evolución que sigue su camino. Y la manera en que esto ocurra va a depender de nosotros. Entonces nos conviene entender que tenemos por delante una gran responsabilidad, porque nosotros diseñamos las instituciones que van a definir el futuro de estas convergencias.

 

Publicado en: THE CLINIC

Las siete propuestas de Trump que explican su victoria

¿Cómo consiguió Trump invertir la tendencia que lo daba perdedor e imponerse en la recta final de la campaña? Junto con su programa xenófobo y racista, Trump anunció una serie de propuestas nacionalistas y proteccionistas que conquistaron a una porción del electorado empobrecida por los efectos de la globalización económica.

>Por Ignacio Ramonet

La victoria de Donald Trump (como el “Brexit” en el Reino Unido o la victoria del “no” en Colombia ) significa, primero, una nueva estrepitosa derrota de los grandes medios dominantes, de los institutos de sondeo y de las encuestas de opinión. Pero significa también que toda la arquitectura mundial, establecida al final de la Segunda Guerra Mundial, se ve ahora trastocada y se derrumba. Los naipes de la geopolítica se van a barajar de nuevo. Otra partida empieza. Entramos en una era nueva cuyo rasgo determinante es lo desconocido. Ahora todo puede ocurrir.

¿Cómo consiguió Trump invertir una tendencia que lo daba perdedor y lograr imponerse en la recta final de la campaña? Este personaje atípico, con sus propuestas grotescas y sus ideas sensacionalistas, ya había desbaratado hasta ahora todos los pronósticos. Frente a pesos pesados como Jeb Bush, Marco Rubio o Ted Cruz, que contaban además con el resuelto apoyo del establishment republicano, muy pocos lo veían imponerse en las primarias del Partido Republicano y sin embargo carbonizó a sus adversarios, reduciéndolos a cenizas.

Hay que entender que desde la crisis financiera de 2008 (de la que aún no hemos salido) ya nada es igual en ninguna parte. Los ciudadanos están profundamente desencantados. La propia democracia, como modelo, ha perdido credibilidad. Los sistemas políticos han sido sacudidos hasta las raíces. En Europa, por ejemplo, se han multiplicado los terremotos electorales (entre ellos, el Brexit). Los grandes partidos tradicionales están en crisis. Y en todas partes percibimos subidas de formaciones de extrema derecha (en Francia, en Austria y en los países nórdicos) o de partidos antisistema y anticorrupción (Italia, España). El paisaje político aparece radicalmente transformado.

Ese fenómeno ha llegado a Estados Unidos, un país que ya conoció, en 2010, una ola populista devastadora, encarnada entonces por el Tea Party. La irrupción del multimillonario Donald Trump en la Casa Blanca prolonga aquello y constituye una revolución electoral que ningún analista supo prever. Aunque pervive, en apariencia, la vieja bicefalia entre demócratas y republicanos, la victoria de un candidato tan heterodoxo como Trump constituye un verdadero seísmo. Su estilo directo, populachero, y su mensaje maniqueo y reduccionista, apelando a los bajos instintos de ciertos sectores de la sociedad, muy distinto del tono habitual de los políticos estadounidenses, le ha conferido un carácter de autenticidad a ojos del sector más decepcionado del electorado de la derecha. Para muchos electores irritados por lo “políticamente correcto”, que creen que ya no se puede decir lo que se piensa so pena de ser acusado de racista, la “palabra libre” de Trump sobre los latinos, los inmigrantes o los musulmanes es percibida como un auténtico desahogo.

La rebelión de las bases

A ese respecto, el candidato republicano ha sabido interpretar lo que podríamos llamar “la rebelión de las bases”. Mejor que nadie, percibió la fractura cada vez más amplia entre las élites políticas, económicas, intelectuales y mediáticas, por una parte, y la base del electorado conservador, por la otra. Su discurso violentamente anti-Washington y anti-Wall Street sedujo, en particular, a los electores blancos, poco cultos y empobrecidos por los efectos de la globalización económica.

Hay que precisar que el mensaje de Trump no es semejante al de un partido neofascista europeo. No es un ultraderechista convencional. Él mismo se define como un “conservador con sentido común” y su posición, en el abanico de la política, se situaría más exactamente a la derecha de la derecha. Empresario multimillonario y estrella archi popular del reality, Trump no es un antisistema, ni obviamente un revolucionario. No censura el modelo político en sí, sino a los políticos que lo han estado piloteando. Su discurso es emocional y espontáneo. Apela a los instintos, a las tripas, no a lo cerebral, ni a la razón. Habla para esa parte del pueblo estadounidense entre la cual ha empezado a cundir el desánimo y el descontento. Se dirige a la gente que está cansada de la vieja política, de la “casta”. Y promete inyectar honestidad en el sistema; renovar nombres, rostros y actitudes.

Los medios han dado gran difusión a algunas de sus declaraciones y propuestas más odiosas, patafísicas o ubuescas. Recordemos, por ejemplo, su afirmación de que todos los inmigrantes ilegales mexicanos son “corruptos, delincuentes y violadores”. O su proyecto de expulsar a los 11 millones de inmigrantes ilegales latinos a quienes quiere meter en autobuses y expulsar del país, mandándolos a México. O su propuesta, inspirada en la serie Game of Thrones de construir un muro fronterizo de 3.145 kilómetros a lo largo de valles, montañas y desiertos, para impedir la entrada de inmigrantes latinoamericanos y cuyo presupuesto de 21 mil millones de dólares sería financiado por el gobierno de México. En ese mismo orden de ideas, también anunció que prohibiría la entrada a todos los inmigrantes musulmanes. Y atacó con vehemencia a los padres de un militar estadounidense de confesión musulmana, Humayun Khan, muerto en combate en 2004 en Irak.

También su afirmación de que el matrimonio tradicional, formado por un hombre y una mujer, es “la base de una sociedad libre”, y su critica a la decisión del Tribunal Supremo de considerar que el matrimonio entre personas del mismo sexo es un derecho constitucional. Trump apoya las llamadas “leyes de libertad religiosa”, impulsadas por los conservadores en varios Estados, para denegar servicios a las personas LGTB. Sin olvidar sus declaraciones sobre el “engaño” del cambio climático que, según Trump, es un concepto “creado por y para los chinos, para hacer que el sector manufacturero estadounidense pierda competitividad”.

Los motivos silenciados

Este catálogo de necedades horripilantes y detestables ha sido, repito, masivamente difundido por los medios dominantes, no sólo en Estados Unidos sino en el resto del mundo. Y la principal pregunta que mucha gente se hacía era: ¿cómo es posible que un personaje con ideas tan lamentables consiga una audiencia tan considerable entre los electores estadounidenses que, obviamente, no pueden estar todos lobotomizados? Algo no cuadraba.

Para responder a esa pregunta tuvimos que hendir la muralla informativa y analizar más de cerca el programa completo del candidato republicano y descubrir los siete puntos fundamentales que defiende, silenciados por los grandes medios.

1) Los periodistas no le perdonan, en primer lugar, que ataque de frente al poder mediático. Le reprochan que constantemente anime al público en sus mítines a abuchear a los “deshonestos” medios. Trump suele afirmar: “No estoy compitiendo contra Hillary Clinton, estoy compitiendo contra los corruptos medios de comunicación” (1). En un tweet reciente, por ejemplo, escribió: “Si los repugnantes y corruptos medios me cubrieran de forma honesta y no inyectaran significados falsos a las palabras que digo, estaría ganando a Hillary por un 20%.”

Por considerar injusta o sesgada la cobertura mediática, el candidato republicano no dudó en retirar las credenciales de prensa para cubrir sus actos de campaña a varios medios importantes, entre otros: The Washington Post, Politico, Huffington Post y BuzzFeed. Y hasta se ha atrevido a atacar a Fox News, la gran cadena del derechismo panfletario, a pesar de que lo apoya a fondo como candidato favorito…

2) Otra razón por la que los grandes medios atacaron con saña a Trump es porque denuncia la globalización económica, convencido de que ésta ha acabado con la clase media. Según él, la economía globalizada está fallando cada vez a más gente, y recuerda que, en los últimos quince años, en Estados Unidos, más de 60.000 fábricas tuvieron que cerrar y casi cinco millones de empleos industriales bien pagados desaparecieron.

3) Es un ferviente proteccionista. Propone aumentar las tasas sobre todos los productos importados. “Vamos a recuperar el control del país, haremos que Estados Unidos vuelva a ser un gran país” suele afirmar, retomando su eslogan de campaña.

Partidario del Brexit, Donald Trump ha develado que, una vez elegido presidente, tratará de sacar a Estados Unidos del Tratado de Libre Comercio de América del Norte (NAFTA por sus siglas en inglés). También arremetió contra el Acuerdo de Asociación Transpacífico (TPP por sus siglas en inglés), y aseguró que, de alcanzar la Presidencia, sacaría al país del mismo: “El TPP sería un golpe mortal para la industria manufacturera de Estados Unidos”.

En regiones como el rust belt, el “cinturón del óxido” del noreste, donde las deslocalizaciones y el cierre de fábricas manufactureras dejaron altos niveles de desempleo y pobreza, este mensaje de Trump está calando hondo.

4) Así como su rechazo de los recortes neoliberales en materia de seguridad social. Muchos electores republicanos, víctimas de la crisis económica de 2008 o que tienen más de 65 años, necesitan beneficiarse de la Social Security (jubilación) y del Medicare (seguro de salud) que desarrolló el presidente Barack Obama y que otros líderes republicanos desean suprimir. Trump ha prometido no tocar estos avances sociales, bajar el precio de los medicamentos, ayudar a resolver los problemas de los “sin techo”, reformar la fiscalidad de los pequeños contribuyentes y suprimir el impuesto federal que afecta a 73 millones de hogares modestos.

5) Contra la arrogancia de Wall Street, Trump propone aumentar significativamente los impuestos de los corredores de hedge funds que ganan fortunas, y apoya el restablecimiento de la Ley Glass-Steagall. Aprobada en 1933, en plena Depresión, esta ley separó la banca tradicional de la banca de inversiones con el objetivo de evitar que la primera pudiera hacer inversiones de alto riesgo. Obviamente todo el sector financiero se opone absolutamente al restablecimiento de esta medida.

6) En política internacional, Trump quiere establecer una alianza con Rusia para combatir con eficacia al Estado islámico (ISIS por sus siglas en inglés). Aunque para ello Washington tenga que reconocer la anexión de Crimea por Moscú.

7) Trump estima que con su enorme deuda soberana, Estados Unidos ya no dispone de los recursos necesarios para conducir una política extranjera intervencionista indiscriminada. Ya no pueden imponer la paz a cualquier precio. En contradicción con varios caciques de su partido, y como consecuencia lógica del final de la guerra fría, quiere cambiar la OTAN: “No habrá nunca más garantía de una protección automática de los Estados Unidos para los países de la OTAN”.

Todas estas propuestas no invalidan en absoluto las inaceptables, odiosas y a veces nauseabundas declaraciones del candidato republicano difundidas a bombo y platillo por los grandes medios dominantes. Pero sí explican mejor el por qué de su éxito.

En 1980, la inesperada victoria de Ronald Reagan a la presidencia de Estados Unidos había hecho entrar el planeta en un Ciclo de cuarenta años de neoliberalismo y de globalización financiera. La victoria hoy de Donald Trump puede hacernos entrar en un nuevo Ciclo geopolítico cuya peligrosa característica ideológica principal –que vemos surgir por todas partes y en particular en Francia con Marine Le Pen – es el ‘autoritarismo identitario’. Un mundo se derrumba pues, y da vértigo…

1. En su mitin del 13 de agosto, en Fairfield, Connecticut.

* Director de Le Monde diplomatique, edición española.

Publicado en EL DIPLÓ

Trump: no es una revolución. Todavía

Mix Politico

>Por Mike Davis*

Hay que resistir la tentación de sobreinterpretar la elección de Trump como un 18 Brumario o como un 1933 norteamericano. Los progresistas que creen haber despertado en otro país deberían calmarse, tomarse un buen trago y reflexionar sobre los resultados de la actual elección en los estados oscilantes.

Los datos, ni que decir tiene, son incompletos. Los sondeos a pie de urna más afamados, como Pew y Edison, difícilmente son infalibles en sus calas de opinión, y la última palabra sobre la participación electoral y su composición tendrá que esperar a los informes del Current Population Survey en los próximos uno o dos años. Sin embargo, lo que se sabe a escala de condados autoriza a hacer algunas observaciones pertinentes.

1. La participación se consideró inicialmente más baja que en 2012, pero las últimas informaciones indican el mismo porcentaje de votantes (cerca de un 58%), si bien con una cuota menor para los grandes partidos. Los partidos minoritarios, encabezados por los Libertarios, incrementaron su voto, pasando del 2 al 5 por ciento del total.

2. Con las salvedades de Iowa y Ohio, Trump no arrasó en los estados clave. Consiguió aproximadamente lo mismo que Romney, amalgamando menos votos en los barrios con más votos en las áreas rurales para lograr el mismo resultado global. Su margen combinado de victoria en Wisconsin, Michigan y Pensilvania fue milimétrico, apenas 107.000 votos.

3. La gran sorpresa de la elección no fue un gigantesco desplazamiento de voto blanco de clase obrera hacia Trump, sino más bien su éxito a la hora de retener los votos de Romney, incluso mejorando ligeramente los rendimientos de éste entre los evangélicos, para quienes las elecciones se veían como una última batalla. Así pues, el populismo económico y el nativismo se combinaron con, pero no desplazaron a, la agenda social conservadora tradicional.

4. El factor clave para arrastrar el voto Republicano fue el cínico pacto de Trump con los conservadores religiosos tras la derrota en las primarias de Cruz. Les ofreció manos libres para confeccionar la plataforma del partido en la Convención y luego hizo equipo con uno de sus héroes populares, Pence, de Indiana, un católico nominal que lleva una megaiglesia evangélica. Lo que estaba en juego para los partidarios del derecho a la vida, huelga decirlo, era el control de la Corte Suprema y una última ocasión para tumbar [la sentencia] Roe vs Wade. Eso podría explicar por qué Clinton, que, a diferencia de Obama, se permitió identificarse con los abortos en avanzado estado de gestación, quedó 8 puntos por debajo de él entre los latinos católicos.

5. La defección hacia Trump de los votantes de clase obrera blancos de Obama fue un factor decisivo sobre todo en los bordes lacustres de los condados industriales de Michigan, Ohio y Pensilvania –Monroe, Ashtabula, Lorain, ambos Eiries, etc.—, que están experimentando una nueva ola de fugas de empleo hacia México y el Sur de los EEUU. Esta región es el epicentro más visible de la revuelta contra la globalización.

En otras áreas deprimidas –los condados carboneros del sureste de Ohio, el otrora cinturón de la antracita en el este de Pensilvania, el Valle Kanawha de la Virginia occidental, el piamonte textil y las villas de manufactura mobiliaria de las Carolinas y los Apalaches en general—, el realineamiento pro-Republicano de los trabajadores manuales en la política presidencial (pero no siempre en la política a escala local y estatal) era ya el status quo. Los medios de comunicación han tendido a confundir estos viejos y nuevos estratos de “Demócratas perdidos”, magnificando así el logro de Trump.

6. Yo he sido incapaz de encontrar datos fiables sobre la participación de blancos no universitarios en los estados clave o a escala nacional. De acuerdo con la narrativa dominante, Trump movilizó simultáneamente a abstencionistas y votantes Demócratas reconvertidos, pero las variables son independientes y sus pesos no están claros en estados como Wisconsin o Virginia (que Clinton retuvo por estrecho margen), en donde otros factores, como la abstención negra y la dimensión del hiato de género, fueron probablemente más importantes.

7. Una cohorte crucial de mujeres blancas Republicanas con instrucción universitaria parecen haberse inclinado por Trump en la última semana de campaña, luego de haber oscilado en anteriores sondeos. Eso ha sido atribuido por varios comentadores, incluida Clinton, a la intervención por sorpresa de[l jefe del FBI] Comey y a la revitalización de las sospechas sobre la honradez de Clinton. La desaprobación del comportamiento de violador de Trump, además, fue contrabalanceada por la antipatía causada por Bill Clinton, Anthony Weiner y Alan Grayson (el acosador de mujeres que fue el oponente Demócrata de Rubio en Florida). Resultado: Clinton logró sólo ganancias modestas, a veces, ninguna, en los barrios rojos cruciales de Milwaukee, Filadelfia y Pittsburgh.

8. Un quinto de los votantes de Trump –aproximadamente 12 millones— manifestaron una actitud desfavorable hacia él. No puede sorprender que los sondeos erraran tanto. “No hay precedentes”, escribía el Washington Post, “de un candidato que gane la Presidencia con menos votantes que ven de manera favorable al futuro Presidente, o a su venidera administración, que el perdedor.”

Muchos de esos que han votado con una pinza en la nariz podrían ser evangélicos que votaron por la plataforma programática, no por el hombre, pero otros deseaban el cambio en Washington a cualquier precio, aun si significara poner un coche bomba en el Despacho Oval.

9. Hasta el Cato Institute parece creer que la elección la ha perdido Clinton, no la ha ganado Trump. Clinton quedó lejos de los resultados de Obama en 2012 en condados clave del Medio Oeste y de Florida. A pesar de sus denodados esfuerzos de última hora, el presidente no logró comunicar su popularidad (más alta que la de Reagan en 1988) a su vieja adversaria. Y lo mismo vale para Sanders.

Aun cuando sus datos son discutibles y tal vez hayan sido mal interpretados por David Atkins en el American Prospect, los sondeos a pie de urna realizados por Edison para el New York Times sugieren que Trump logró sólo unas mejoras ínfimas entre los blancos, tal vez de un 1%, pero “consiguió sus resultados óptimos entre los negros (7 puntos más), entre los latinos (8 puntos más) y entre los asiático-americanos (11 puntos más).

10. Tanto si eso termina confirmándose como si no, sólo la baja participación negra en Milwaukee, Detroit y Filadelfia explicaría ya la derrota de Clinton en el Medio Oeste. En el sur de Florida, un esfuerzo masivo consiguió mejorar el voto Demócrata, pero eso se vio mitigado por la reducida participación (por mucho, de votante negro) en las áreas de Tallahassee, Gainesville y Tampa.

11. Para ser justos, no toda esta reducida participación negra fue un boicot a Clinton. La supresión del voto jugó desde luego un papel importante, aun cuando no convenientemente medido. “Algunos estados”, dice un estudio, “tienen emplazamientos de sufragio cerrados a una escala masiva. En Arizona, casi todos los condados redujeron los centros de votación. En Lousiana, el 61% de parroquias redujo los centros de votación. En nuestra limitada muestra de los condados de Alabama, hubo un 67% de centros de votación cerrados. En Texas, el 53% de los condados de nuestra limitada muestra redujo los centros de votación”. Hay pruebas también de que la discriminación de votantes con requisitos de identificación –la joya de la Corona de la contrarrevolución de Scott Walker— redujo significativamente el voto en los distritos de bajos ingresos de Milkwaukee.

12. Una explicación alternativa de los bajos rendimientos de Clinton en Wisconsin y Michigan es la alienación de los votantes milenials de Sanders: en ambos estados, el total de Jill Stein fue mayor que el margen de la derrota de Clinton. El voto Verde fue también significativo en Pensilvania y Florida (49,000 y 64,000 respectivamente). Pero Gary Johnson, que ganó 4.151.000 votos a escala nacional, a pesar de su ignorante desorientación en política internacional, probablemente dañó mucho más a Trump que a Clinton.

13. Desde la insurgencia en 2004 de Howard Dean, los Demócratas progresistas han bregado cuesta arriba contra los funcionarios del Partido a favor de una estrategia completa en 50 estados que invierta en la construcción de base social en distritos rojos que, de otro modo, sucumben a la manipulación. El fracaso sistemático del Comité Nacional Demócrata, por ejemplo, para comprometerse a fondo con los Demócratas de Texas –un estado que ahora es minoría mayoritaria— viene siendo desde hace mucho tiempo un escándalo público.

14. La campaña de Clinton, larga de fondos y obviamente corta de cerebros, tuvo un diseño desastroso. No visitó, por ejemplo, Wisconsin luego de la Convención, a pesar de andar advertida de que los ardidos seguidores de Scott Walker se habían alistado al completo en las filas de Trump.

Análogamente, Clinton desdeñó el consejo del Secretario de Agricultura Tom Visack para que constituyera un “consejo rural” como el que tan bien había servido a Obama en sus primarias del Medio Oeste y en las campañas presidenciales. En 2012, Obama consiguió añadir un 46% del voto de las pequeñas ciudades a su mayoría urbana en Michigan y el 41% en Wisconsin. Los desoladores resultados de Clinton fueron, respectivamente, del 38% y del 34%.

14. Irónicamente, puede que Trump se haya visto favorecido por el magro respaldo que le prestaron los [hermanos multimillonarios] Kochs y otros megadonantes conservadores, que cambiaron sus prioridades e invirtieron en afianzar las mayorías Republicanas en el Congreso. La carta de Comey al Congreso fue el equivalente de 500 millones de dólares de publicidad anti-Clinton, mientras que los Republicanos que competían por plazas menores locales recibieron un inesperado salvavidas financiero.

15. Mi énfasis en el carácter contingente y frágil de la coalición de Trump, sin embargo, necesita acompañarse de una alerta sobre los contenidos tóxicos de sus políticas. Como he sostenido en otra sitio, Trump es menos bala perdida y oportunista de lo que suele decirse. Su campaña pulsó sistemáticamente todas las teclas del nacionalismo blanco alt-right, cuyos padrinos son Pat Buchanan y el Goebbels en potencia de Stephen Bannon.

Trump –así nos consuela el Presidente Obama— es “no-ideológico”. De acuerdo, pero Buchanan-Bannon tienen toneladas de ideología, y esa ideología es el fascismo. (Para quienes creen que eso es una exageración y que el fascismo es passé, por favor vayan a la página web de Buchanan y echen un vistazo a sus columnas más populares. Una culpa a Polonia del estallido de la II Guerra Mundial, y otra sostiene, en substancia, que los negros deberían pagar reparaciones a los blancos.)

16. David Axelrod sostiene que a los Republicanos les ha bastado una semana para “atar de pies y manos” a Trump, y Robert Kuttner se muestra de acuerdo. Tal vez.

Ciertamente, Trump buscará honrar su compromiso con los cristianos y darles la Corte Suprema: un objetivo que Mitch McConnell podría facilitar con su “opción nuclear” en el Senado. Análogamente, Peabody, Arch y las otras compañías carboneras conseguirán nuevos permisos para destruir la Tierra, los inmigrantes serán sacrificados a los leones y Pensilvania será bendecida con una ley del derecho a trabajar. Y, huelga decirlo, bajadas de impuestos.

Pero en seguridad social, medicare, gasto en infraestructuras financiado con déficit, aranceles, tecnología, etc., es casi imposible imaginar un matrimonio perfecto entre Trump y los Republicanos institucionales que no deje huérfanos a sus seguidores de clase trabajadora. La banca hipotecaria todavía domina el universo.

17. Por lo tanto, no resulta difícil imaginar un escenario futuro en el que la extrema derecha termine dividiéndose o sea expulsada de la administración y se mueva rápido para consolidar una tercera fuerza política en torno a la base ampliada que ha ganado merced a la demagogia de Trump. Otra posibilidad: que las incendiarias políticas de Trump en materia de comercio y sus contradictorias políticas interiores suman al país en una nueva depresión, y Silicon Valley salga finalmente a la palestra para salvar al centroizquierda del Partido Demócrata.

Pero cualquiera que sea la hipótesis, tendrá que tomar en cuenta la real revolución operada en la política norteamericana que es la campaña de Sanders. La movilidad, o descendente o bloqueada, de los estudiantes graduados y licenciados, especialmente los procedentes de la clase obrera y de la población inmigrante, es la mayor realidad social emergente, no la larga agonía del Rustbelt. Digo esto sin desconocer que el impulso que ha ofrecido al nacionalismo económico la pérdida de 5 millones de puestos de trabajo industriales a lo largo de la última década, más de la mitad de los cuales en el Sur.

Pero el trumpismo, evolucione comoquiera, no puede unificar el malestar económico de los milenials con el los viejos trabajadores blancos, mientras que Sanders mostró que el núcleo del descontento puede llegar a cobijarse bajo el paraguas de un “socialismo democrático” que reavive las esperanzas que el New Deal depositó en una Carta Económica de los Derechos. Con el establishment Demócrata en provisional desbandada, la oportunidad real de un cambio político transformador (un “realineamiento crítico”, en un léxico ahora arcaico) pertenece a Sanders y a Warren. Démonos prisa.

 

*Profesor del Departamento de Pensamiento Creativo en la Universidad de California, Riverside, es miembro del Consejo Editorial de SINPERMISO. Traducidos recientemente al castellano: su libro sobre la amenaza de la gripe aviar (El monstruo llama a nuestra puerta, trad. María Julia Bertomeu, Ediciones El Viejo Topo, Barcelona, 2006), su libro sobre las Ciudades muertas (trad. Dina Khorasane, Marta Malo de Molina, Tatiana de la O y Mónica Cifuentes Zaro, Editorial Traficantes de sueños, Madrid, 2007) y su libro Los holocaustos de la era victoriana tardía (trad. Aitana Guia i Conca e Ivano Stocco, Ed. Universitat de València, Valencia, 2007). Sus libros más recientes son: In Praise of Barbarians: Essays against Empire (Haymarket Books, 2008) y Buda’s Wagon: A Brief History of the Car Bomb (Verso, 2007; traducción castellana de Jordi Mundó en la editorial El Viejo Topo, Barcelona, 2009).

 

 

Publicado originalmente en: Verso.blog el 15 de noviembre de 2016
Traducción: Antoni Domènech para Sin Permiso

 

Populismo. Un fantasma recorre el mundo

¿Es Trump populista? Con su triunfo en EE.UU. se reabre el debate sobre un término que hoy se aplica a izquierda y derecha, muchas veces como sinónimo de demagogia.

populismo
>Por Agustín Cosovschi

La preocupación que ha generado en los analistas el reciente triunfo electoral de Donald Trump se origina no sólo en las posibles consecuencias de su presidencia en los Estados Unidos, sino también en las implicancias que su triunfo puede tener en un mapa político mundial atravesado por el fortalecimiento de alternativas nacionalistas, autoritarias y antiliberales con capacidad de movilización popular. En este contexto, el término “populismo” aparece en el vocabulario cotidiano de muchos comentaristas para hablar de fuerzas políticas tan diferentes como las del Frente Nacional en Francia y Podemos en España, Fidesz en Hugría y el movimiento de Bernie Sanders en Estados Unidos. Pero, si el término es tan vasto y permite agrupar experiencias tan diversas, ¿de qué hablamos cuando hablamos de populismo?

Para quien quiera indagar los significados del populismo, la experiencia rusa es ineludible. En la Rusia del siglo XIX, el populismo fue un movimiento que articuló no sólo una práctica política sino también un desarrollo teórico. Buscando una alternativa a la autocracia pero desilusionados también por el fracaso del ciclo revolucionario de 1848 en Europa, pensadores como Aleksandr Herzen y Nikolai Chernishevsky pusieron en cuestión la hegemonía del pensamiento occidental y postularon la necesidad de que Rusia avanzara hacia el socialismo construyendo su propio camino, es decir, atendiendo a sus propias condiciones históricas. De allí la necesidad de salir en busca del verdadero pueblo para determinar cuál sería el rumbo propio que llevaría hacia el socialismo, lo que en el contexto fuertemente rural de la Rusia zarista implicaba un vuelco hacia la comuna agraria tradicional.

El pensamiento populista tendría además una fuerte influencia en una Europa del Este marcada por la opresión de los imperios ruso, austrohúngaro y otomano. En un clima intelectual atravesado también por el influjo de las ideas románticas, el populismo sería el tamiz a través del cual los intelectuales de la región pensarían la cuestión nacional, identificando en el campesinado no sólo al sujeto depositario de la soberanía política, sino también al portador de la identidad nacional que permitiría legitimar los nuevos Estados surgidos a partir de fines del siglo XIX y principios del siglo XX.

De esta manera, el populismo surgido de la periferia europea en el siglo XIX planteó una temprana reflexión sobre las alternativas que la historia ofrecía a aquellos países que no participaban de la vía occidental hacia la modernización. Además, estas ideas tendrían una fuerte influencia sobre el pensamiento socialista a lo largo del siglo XX, y en este sentido podría considerarse que experiencias tan diversas como la del titoísmo en Yugoslavia y la del maoísmo en China, por ejemplo, compartían una serie de preocupaciones de raíz populista al plantearse la necesidad de desarrollar estrategias de desarrollo que se adaptaran a las condiciones históricas específicas de sus países.

En nuestras latitudes, el término populismo no ha dejado de ocupar el centro del debate político hasta la actualidad. Podría decirse incluso que las experiencias de América Latina, de Cárdenas en México a Perón en la Argentina, constituyen el tipo-ideal del concepto de populismo tal y como se reproduce en el discurso contemporáneo de muchos medios y analistas. A lo largo del siglo XX, los populismos latinoamericanos pusieron en tensión la democracia al conjugar reformas sociales y económicas democratizantes con una inclinación por el autoritarismo y el nacionalismo, generalmente concibiendo la democracia como un régimen basado sólo en la legitimación popular, planteando la política como un enfrentamiento descarnado contra las oligarquías y descuidando la institucionalidad republicana.

Pero Europa occidental tampoco ha escapado a esta forma radical de entender la política bajo la imagen legitimadora de un pueblo virtuoso. En su clásico Pensar la revolución francesa, François Furet examinó el movimiento de 1789 como la cuna de una ideología democrático-popular que entrelazó inextricablemente igualitarismo y revolución, y que concibe la democracia no como un conjunto de procedimientos que organizan el funcionamiento de las instituciones sobre la base de la consulta electoral, sino como el modo de emancipación del pueblo, actor central del drama revolucionario, contra la resistencia de sus enemigos. En este sentido, el trabajo de Furet permite pensar que, puesto que algunos de sus rasgos constitutivos arraigan en la historia misma de la democracia europea, quizás el populismo no debería pensarse como antagonista de la democracia moderna, sino más bien como una de sus figuras posibles.

Una mirada desde la teoría

Hoy parecería que el término “populismo” es usado por la mayoría de los analistas para agrupar a fuerzas políticas que coinciden en cuestionar el orden liberal articulando una crítica contra los partidos tradicionales y apelando a la legitimidad de un pueblo que se postula como el depositario auténtico de la soberanía. La palabra se ha instalado además en el discurso no especializado, con un sentido generalmente negativo, empleada en la mayoría de los casos para designar un estilo demagógico de conducción política. Sin embargo, el concepto remite a experiencias y procesos que, aún con problemáticas y rasgos comunes, tienen grandes diferencias entre sí. Quizás sea por eso que tradicionalmente el término ha demostrado ser particularmente resistente a las definiciones teóricas, generando disputas y causando contradicciones.

En marzo de este año, el historiador norteamericano Michael Kazin abordó este problema en un artículo en el New York Times, donde se preguntaba cómo era posible que los medios calificaran de “populistas” tanto a Bernie Sanders, un orgulloso socialista, como a Donald Trump, un multimillonario arrogante. Allí el autor apelaba a las tradiciones políticas estadounidenses para explicar que, si bien ambos candidatos apelaban a un discurso antisistema para movilizar a sus votantes, cada uno abrevaba en tradiciones discursivas históricamente distintas: mientras que Sanders reactualizaba elementos del viejo populismo estadounidense, un movimiento que nació con el People’s Party de fines del siglo XIX para defender a los trabajadores y pequeños agricultores de los abusos de los bancos y la gran industria, el lenguaje de Trump se entroncaba más bien con el discurso xenófobo y nativista del Know-Nothing Party de los años 1850.

Pero, si el uso del término populismo iguala discursos que abrevan en tradiciones políticas diferentes, ¿qué es lo que designa? El mismo Kazin lo respondía en una entrevista publicada el mismo año por Slate al dar una definición que quizás nos permita avanzar un paso en la comprensión del problema: el populismo, afirmaba, es el lenguaje de quienes ven a la gente común como un grupo noble no sólo unido por la clase y a sus enemigos de la élite como antidemocráticos e interesados, e intentan movilizar a los primeros contra los segundos. El populismo no es una ideología, sino una forma de expresión.

En una línea emparentada ha trabajado el argentino Ernesto Laclau, una referencia ineludible de la teoría política contemporánea, quien ha afirmado que la resistencia del populismo a ser definido es un rasgo estructural de su constitución. Según Laclau, el populismo no es un contenido específico sino una lógica política. Cuando una serie de demandas sociales no encuentran respuesta por parte del poder político, la exclusión de todas ellas permite su igualación en lo que el autor denomina una lógica de equivalencia. Si esta cadena de demandas es articulada bajo una identidad popular y el campo de lo social se divide de manera antagónica, están dadas las condiciones para la emergencia del populismo.

La articulación de estas demandas, sin embargo, precisa de un significante capaz de organizar la unificación. Y este significante, sostiene Laclau, puede ocupar ese rol precisamente porque su contenido no depende de un contenido a priori, sino que resulta de la misma operación de unificación de las demandas. En otras palabras, se trata de un significante vacío. Esta indeterminación no sólo permite ejercer una atracción irresistible sobre todas aquellas demandas que se identifiquen como “excluidas del sistema”, sino que también impide que se pueda controlar qué demandas se incluyen en la cadena. Es precisamente de esta indefinición del populismo, que tantos problemas genera a los teóricos, de donde se derivan su eficacia y su potencial como lógica política.

Quizás sea más fácil dotar al concepto de populismo de un contenido específico en otros campos que no sean el de la historia y la teoría política. En el terreno de la economía, por ejemplo, Rudiger Dornbusch y Sebastián Edwards han analizado el fenómeno en un artículo clásico titulado “Macroeconomía del populismo en América Latina”. Examinando el Chile de Allende y el Perú de Alan García en los años 80, los autores definieron el populismo como un enfoque económico que, al privilegiar el crecimiento y la redistribución y minimizar los riesgos de la inflación y el déficit, dispara una secuencia más o menos previsible de decisiones que, en diferentes países y diferentes épocas, generan los mismos resultados y con efectos perniciosos para sus supuestos beneficiarios. En este sentido, el trabajo deja de lado la dimensión política del fenómeno populista, pero tiene el mérito de volver a llenar de sentido el concepto y reivindicar así su valor analítico.

Una operación distinta realiza el francés Pierre Rosanvallon, quien ha identificado las raíces del populismo contemporáneo en las tensiones estructurales de la democracia moderna. En la democracia, sostiene el autor, el pueblo tiene un estatuto contradictorio: es fuente de la legitimidad política pero constituye una entidad imposible de definir. Sobre esta condición “inalcanzable” del pueblo se monta el populismo, cuya eficacia se basa en una triple simplificación. En primer lugar, considera el pueblo como un sujeto evidente, cuando su definición está siempre en disputa. En segundo lugar, desprecia los procedimientos institucionales, apelando sólo a la consulta popular como forma real de la democracia. Y finalmente el populismo postula que la cohesión de una sociedad se deriva únicamente de su identidad, y no de la calidad de sus lazos internos. Si el peligro del populismo reside en la simplificación, afirma Rosavallon, la solución radica justamente en complejizar la democracia. En otras palabras, desarrollarla mediante la multiplicación de las instancias de expresión y participación, convirtiéndola en un régimen cada vez más interactivo y deliberativo.

Una mirada sobre la historia y los sentidos del término populismo nos conduce a una conclusión un tanto ingrata: aunque es posible identificar algunos sentidos más o menos estables del término, se trata de un concepto sometido al debate permanente y altamente resistente a las definiciones. Sin embargo, la reflexión acerca de sus significados posibles ayuda a establecer algunas coordenadas para comprender mejor su uso. Y, más importante aún, permite poner en primer plano este carácter polémico y estimulante que el concepto de populismo sigue ofreciendo al pensamiento político, precisamente en un momento de la historia en el que quizás sea más importante articular las preguntas que apresurarse por dar las respuestas.

 

Publicado en: LA NACIÓN