Argentina: En diez años cayó 36,5% la cantidad de empresas exportadoras

En diez años cayó 36,5% la cantidad de empresas exportadoras

En 2006 eran 15.100 y el año pasado quedaban 9600; es el nivel más bajo desde 1994; lo atribuyen al combo de alta inflación, atraso cambiario, presión tributaria y costos logísticos elevados.

>Por Javier Blanco

El número de empresas que exportan al menos parte de su producción a mercados del exterior se vino a pique en la última década: llegaron a ser 15.100 en 2006 y cerraron el año pasado siendo apenas 9600 (-36,5%). Para dar con una cantidad menor de exportadoras activas en el país hay que remontarse 22 años atrás, hasta 1994, cuando eran 8900, 700 menos que en la actualidad.

Son datos relevados por el Ministerio de Producción, sobre la base de los movimientos registrados en la Aduana, y recopilados por la consultora Oikos Buenos Aires, que evidencian una retracción notable.

Vale observar que esta caída se registró aun cuando la adhesión de China a la Organización Mundial de Comercio, concretada a fin de 2001, y la consolidación del euro como moneda continental contribuyeron a incrementar el comercio mundial en los últimos 15 años, más allá de algunas fluctuaciones en los años de crisis.

El informe juzga al dato como una prueba contundente de que la Argentina ha desperdiciado “el ciclo de súper commodities de la última década”, que precisamente se abrió con la incorporación plena de China al comercio global. Y observa que, tras el boom exportador abierto en el país tras la implosión del régimen de convertibilidad (se pasó de 11.000 a 15.100 empresas en el lustro siguiente a la megadevaluación del peso), el punto de inflexión llegó precisamente en 2006, “no casualmente el primer año de la década kirchnerista en que la inflación trepó a los dos dígitos para, desde entonces, nunca bajar de ese umbral, en un entorno de tipo de cambio planchado”, señala el informe de Oikos.

Y detecta que la caída en el número de exportadores es generalizada y no discrimina actividades. Aun los sectores que fueron más rentables perdieron vendedores.

Los economistas advierten que parte de la fenomenal caída en el número de exportadoras deviene de una base de comparación “particularmente alta”.

“Tras la traumática salida de la convertibilidad, muchas empresas aprovecharon el combo de demanda local algo deprimida y costos relativos bajos para colocar parte de su producción en el exterior. De ese fenómeno participaron mucho en ese momento las pymes”, apunta Marcelo Elizondo, ex director de la Fundación ExportAR y hoy al frente de la consultora Desarrollo de Negocios Internacionales (DNI).

Lorenzo Sigaut Gravina, de la consultora Ecolatina, coincide. “La fuerte caída en la cantidad de empresas puede deberse a que muchas pymes que exportaban algo en esos años dejaron de hacerlo a medida que no les resultaba rentable o no encontraban la manera de competir con el exterior por el diferencial de costos. En esto tiene mucho que ver la apreciación cambiaria [del peso], pero no es lo único”, dice.

Al respecto, Juan Ignacio Fernández, economista jefe de Oikos, recuerda que mientras la inflación acumulada de febrero de 2006 a febrero de 2017 “llega prácticamente al 1100%, en ese mismo lapso el dólar estadounidense apenas se indexó 400 por ciento”. “Y si se evita la medición particular con el dólar y se considera el tipo de cambio real multilateral (una forma más amplia y adecuada de medirlo), se observa que en la última década retrocedió 44%”, aporta Sigaut Gravina. Es decir, la paridad del peso con esas monedas cayó casi a la par con el número de exportadoras.

Otras razones

Fernández apunta que, dejando de lado lo cambiario, la pérdida de competitividad es aun peor. “Si sumás en la cuenta el incremento en la presión tributaria, que llegó en 2015 a niveles récord y sigue en zona de máximos, y los estratosféricos costos logísticos locales (enviar una carga de Mendoza a Buenos Aires cuesta entre 5 y 7 veces más caro que enviarla de Buenos Aires a Shanghai) queda a la vista por qué se le ha hecho tan cuesta arriba la situación a nuestro sector exportador”, exclama.

Elizondo está convencido de que en la caída incidieron también los incentivos macroeconómicos. “Con políticas fuertemente orientadas a alentar la demanda, aun cuando la oferta no acompañara, muchas empresas tuvieron que optar por el mercado interno y desatendieron el externo”, señala el director de DNI.

“El cóctel explosivo de atraso cambiario, presión tributaria récord y costos logísticos prohibitivos afectó a todos los exportadores, pero a algunos los sacó de la cancha”, dice Fernández.

A ese combo, Sigaut Gravina agrega el “creciente cierre de la economía argentina en los últimos años, con el cepo cambiario como emblema. Hubo trabas y hasta prohibiciones, como las que rigieron para el trigo y la carne”, recuerda. “No en vano, medidas a precios corrientes, las exportaciones pasaron de representar un quinto del PBI en 2006 a ser apenas un décimo 10 años después y, en la misma línea, las importaciones, que eran el 15% del producto, pasaron a ser el 10”, explica.

En este contexto, dice que “sólo las empresas que operan en sectores que poseen ventajas comparativas, como el agro (actividad que pasó a estar fuertemente concentrada), fueron capaces de mantener valor en el mercado internacional”.

“Los trámites que se fueron agregando por regulaciones para exportar e importar hicieron que la actividad exportadora quede reducida a empresas grandes, con espaldas para negociar con el entramado de proveedores y el lobby logístico, y se hiciera imposible para otras. O sea, la actividad se concentró”, explica Elizondo.

Fernández recuerda que detrás de todo este entramado de escollos está el Estado, que “aumentó su tamaño muy por encima del tamaño de la economía. Eso se ha traducido en mayores impuestos, incluido el impuesto inflacionario, a tal punto que la presión tributaria bien medida para quien está en blanco ya supera el 50%, por lo que el punto a partir del cual las empresas empiezan a ganar dinero ha quedado sustancialmente por encima del que registraban una década atrás”.

Sigaut Gravina agrega que los límites puestos a la importación también hicieron caer contratos de exportación y sacaron empresas del listado exportador. “Hay empresas que, al tener problemas para hacerse de los insumos, no pudieron cumplir con sus envíos”, observa el economista de Ecolatina.

Por su parte, Elizondo sostiene que, más allá del problema sistémico de competitividad, el Estado debería cambiar la mirada que se tiene del rol exportador. “La Argentina es un país de pymes. Y las pymes, por sus propias características, no pueden competir internacionalmente por costos, sino por especialización. Es un dato que en el diseño de políticas públicas de apoyo no se tiene en cuenta y hace que se desperdicien esfuerzos por no focalizarlos en identificar y ayudar a los que, por sus características, sí tendrían chances de ganar mercados en el exterior”, recomienda.
Suma de errores

La cantidad de errores -en el mejor de los casos- que cometió el kirchnerismo en materia de política económica es tal que se siguen conociendo datos que muestran el deterioro. En este caso, incluso, una política distinta hasta podría hasta haber ayudado al gobierno de Cristina Kirchner a sortear la crisis provocada por la falta de dólares que golpeó de lleno en su última etapa. Con haber aplicado herramientas antiinflacionarias a tiempo (para evitar, entre otras cosas, el atraso cambiario) y haber impulsado las exportaciones (en lugar de reprimirlas, siguiendo los consejos del inefable Guillermo Moreno) podría al menos haber ayudado. Pero no lo hizo.

 

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La reforma tributaria y la Argentina mantera

>Por Matías Tombolini

Desde comienzos de año parte de la agenda económica consiste en abordar un posible blanqueo laboral para reducir el empleo informal en el país. La medida tiene como objetivo principal una baja de costos salariales, adecuación de convenios colectivos, empalmes de planes sociales con la actividad privada y capacitación, así como incidir de formar definitiva en un camino que nos lleve al salto productivo necesario para competir en el mundo y conquistar nuevos mercados vía mejora en la competitividad sin necesidad de una devaluación que deprima el poder de compra de los asalariados.

El éxito de un blanqueo laboral encuentra fantasmas muy diferentes a los que enfrentó el blanqueo de capitales. En este caso el foco no estará solamente en reducir los costos salariales, sino en otro lado: la evasión fiscal, la cual es un flagelo que sufre el país desde hace décadas.

Según el INDEC, poco más de uno de cada tres empleados no se encuentra registrado y vale decir que la necesitad manifiesta de trabajar sobre la estructura de costos, choca contra el verdadero motivo detrás de la informalidad laboral. “Vender en negro”, simple como eso. Luego, si se blanquean los trabajadores, se está declarando uno de los insumos más relevantes en las cadenas de valor de muchos sectores, por lo tanto habría que declarar las ventas. En suma, los vértices que presenta el problema distan mucho de estar todos a la vista.

En un comunicado llamado ‘No queremos más ropa manchada con sangre’ CAME denunció que en la Ciudad de Buenos Aires y el Conurbano Bonaerense, hay más de 5000 talleres textiles clandestinos, en donde trabajan más de 30.000 personas en condiciones de precariedad extrema. Estos talleres a su vez son proveedores de los puestos de venta ilegal que ascenderían a 74.150 en sólo 439 ciudades, según la misma entidad.

Respecto de las ventas ilegales y comparando el segundo semestre de 2016 con el mismo periodo de 2015, la cantidad de puestos en las ‘Saladitas’ habrían aumentado 27% lo cual expresa un ejemplo del entramado de ilegalidad que rige gran parte del sistema económico y que requiere el compromiso de toda la sociedad para poder modificarse.

Esta ‘Argentina mantera’ no termina en los puestos de venta ilegal sino que es solo el velo de un problemas mayor que se despliega a lo largo y ancho del territorio, la cual está arraigada incluso en vastos sectores de la economía.

Debido a la ventaja comparativa que tenemos en la producción de granos, incentivada a su vez por la quita de retenciones y el sinceramiento del tipo de cambio. Entre el trabajo arduo y la inversión concreta de un sector clave para el desarrollo nacional también esconde un lado oscuro de nuestro país.

La Ley de Semillas y creaciones Fitogeneticas (20.247), del año 1973, fue diseñada en un país donde se producía la décima parte de los granos que se producen actualmente. Sin embargo, hoy en día se declaran ingresos por venta de granos equivalentes al mismo monto en dólares que en aquella época. La evasión es evidente por parte de actores que se desempeñan como productores y semilleros que multiplican semillas para vender en el mercado ilegal sin el control que debería existir por parte de las autoridades gubernamentales mientras la mayoría del sector, se aviene a derecho y compite en desventaja.

Estamos aquí otra vez bajo el mismo concepto: no declarar la compra de semillas implica no blanquear el insumo por lo tanto no blanquear el producto final y de esta forma evadir en la venta del bien final.

La falta de transparencia en uno de los sectores más favorecidos por la naturaleza que cuenta con el esfuerzo de todos aquellos que invierten y pagan los impuestos en sus campos, actúa como freno a la capacidad de seguir generando conocimiento en el sector donde combatir la evasión fiscal debería ser una premisa tan relevante como correr a los vendedores ilegales de las calles.

La evasión fiscal es el elemento que determina el peso de la presión tributaria vigente, que creció 31% en la última década. La estructura y la cuantía del gasto publico son la contracara de esta discusión pero no deben limitar los alcances de la misma.

Esta gran manta invisible cae sobre los ciudadanos que tributamos. En diferentes sectores la evasión llega a niveles del 45% o 50% haciendo que el sistema impositivo en su conjunto sea poco eficiente.

Vivimos en un país donde ha sido más negocio no pagar impuestos antes que hacerlo, y donde los incentivos siempre estuvieron al revés. La reforma tributaria integral que se necesita debe ser valiente, honesta, promover la equidad sin desatender incentivos y tener en cuenta no solo los actores que aparecen en las noticias sino la verdadera estructura económica argentina.

No habrá desarrollo si no enfrentamos colectivamente el desafío de pagar todos para pagar menos. Y recaudar más pagando menos solo se logra si el compromiso abarca a todos los actores. Plantear el problema y correr el velo detrás del cual se han ocultado los evasores durante tanto tiempo seria un primer paso en la dirección correcta.

 

Fuente: EL CRONISTA

Análisis económico: ¿Corrida contra el peso?

Se proyecta un déficit fiscal consolidado de la administración nacional del 8,45 por ciento del PIB en 2016. El desequilibrio está explicado por los impuestos que el Gobierno dejó de cobrar, como retenciones, y por la recesión.

analisis-economico

>Por Santiago Mancinelli

Tomando los últimos datos publicados por el Ministerio de Hacienda y Finanzas con respecto a los ingresos y egresos del Sector Público Nacional no Financiero (base caja) a septiembre pasado y haciendo una proyección para los meses de octubre a diciembre, se verifica un déficit primario sin rentas del 6,33 por ciento, más un déficit cuasifiscal del 2,11 por ciento del PIB para el 2016. Por lo que se proyecta un déficit fiscal de la administración nacional consolidado del 8,45 por ciento del Producto.

Para estas estimaciones se utilizó los índices de precios de la Dirección General de Estadísticas y Censos de la Ciudad de Buenos Aires, que según proyecciones propias, terminará en diciembre con una inflación interanual de más del 43 por ciento. Cabe destacar que el IPC del Indec y el índice de precios de la Ciudad de Buenos Aires vienen teniendo diferencias poco significativas, aparte de que de noviembre a abril el Indec no difundió los indicadores de precios.

Cabe destacar que el déficit primario, con rentas, del 2015 finalizó en 1,9 por ciento del PIB. El actual aumento del déficit está explicado por los impuestos que el actual gobierno dejó de cobrar, como retenciones, y por el shock depresivo sobre la actividad económica que tuvo la devaluación a fines del año pasado. Esto produjo una estanflación, caída de la actividad con altos niveles de inflación, que tal como lo explica el efecto Olivera-Tanzi, ante aumentos elevados en los niveles de precios, se evidencia una caída relativa en los términos de recaudación fiscal.

En los momentos en que se disparó el déficit fiscal, se sucedieron crisis económicas que tuvieron efectos profundos sobre el país. En el Rodrigazo, el déficit primario pasó de 6,62 por ciento del PIB (1974) a 12,67 por ciento del PIB (1975), mientras el déficit financiero se incrementó del 7,75 al 13,84 por ciento en esos mismos años.
En la crisis de sobreendeudamiento de 1982, el aumento del déficit financiero que alcanzó el 11,36 por ciento del PIB, generado por mayores pagos de intereses de deuda, hizo disparar la inflación y la devaluación de la moneda. En la crisis de hiperinflación de 1989, el déficit financiero se mantuvo en el orden del 8 por ciento del PIB. En 2001 se produjo la crisis de la Convertibilidad y el déficit fiscal alcanzó el 7,03 por ciento del PIB.

Con relación al déficit cuasifiscal, que es el déficit que tiene el Banco Central, fue producto de una política monetaria contractiva, que aumentó las tasas de interés del sistema y que absorbió liquidez mediante la colocación de Letras de la entidad monetaria. Al 9 de noviembre el Banco Central tenía emitido la cantidad de 703.612 millones de pesos de Lebac y Nobac. Los intereses que deberá pagar el Banco Central por esas letras se acercan a 2,8 por ciento del PIB en 2016. La Base Monetaria (la circulación de moneda más los pesos que tienen los bancos en el BCRA) era al 8 de noviembre de 724.286 millones de pesos. Al 10 de diciembre del año pasado, las letras del Banco Central representaban el 48 por ciento de la Base Monetaria, cuando en la actualidad representan el 97.

El 84 por ciento de las letras del BC vencen en menos de 3 meses. Si el mercado no convalidara las actuales tasas que está pagando la autoridad monetaria, esos excedentes de liquidez irían hacia el dólar. Por lo que se estima que habría una fuerte corrida contra el peso. Una nueva devaluación acrecentaría los niveles de precios, produciendo mayor caída de la actividad económica.

El déficit fiscal, que sostiene el gasto corriente, es financiado con emisión de deuda en dólares y en pesos. Se estima que la nueva deuda tomada en las dos monedas es equivalente a 90.000 millones de dólares. La deuda tomada en dólares con privados asciende a aproximadamente 50.000 millones de dólares en lo que va del año.

El actual esquema se sostiene vía endeudamiento, apertura de la cuenta de capital, libre entrada de importaciones, con el objetivo de contener los niveles de inflación, y fuerte distribución regresiva del ingreso. Esto tiene como consecuencia el aumento del desempleo y la pobreza, junto con la destrucción del aparato productivo interno.

Tras el triunfo de Donald Trump en Estados Unidos se avizora un giro de la principal potencia hacia su propio mercado interno. Esto fortalecerá el dólar y producirá un vuelo de los capitales (flight to quality) de los países emergentes a Estados Unidos. Si ese giro significara un regreso de capitales a su propio país, esto producirá consecuencias en el corto plazo en el actual esquema de financiamiento en las áreas fiscal y monetaria del sector público en la Argentina.

El ajuste feroz que pide a gritos el neoliberalismo significaría aumentar las tensiones sociales sobre las cuales el actual gobierno transita sobre una cornisa. Todas las posiciones a futuro del dólar registraron subas significativas desde el triunfo de Trump. Se espera que se incremente la salida de flujos de capital de la Argentina, en la medida que se siga fortaleciendo el dólar. Cabe esperar que el gobierno recomponga los ingresos fiscales, anulando la baja de las retenciones agropecuarias y busque otros impuestos progresivos, que no le quiten capacidad de consumo al conjunto de la población, para que imágenes del pasado no se vuelvan a repetir.

 

Publicado por: P12

El Gobierno cree que le queda poco tiempo en la carrera contra la inflación

inflacion

>Por Marcelo Cantón

La inflación es la batalla. 6, 4, 2, son los números con los que empiezan los índices de precios de abril, mayo y junio, respectivamente. La progresión parecería indicar un éxito para el Gobierno. Pero los funcionarios no están seguros, temen que los tiempos los corran. Saben que “la bomba de la corrupción K” les da todavía un cierto margen. Pero el segundo semestre ya empezó, y ellos ahora apuestan a agosto como el momento “de quiebre”.

“La inflación te empaña todo, te anula el análisis”, dice uno de los analistas políticos más oído por el Gobierno. “Hay una bruma delante de todo lo que hace Macri y es la inflación; ahí es donde tienen que mejorar”.

Las encuestas que maneja ese analista (y que circulan en despachos oficiales) dicen que sólo uno de cada 10 argentinos dice que hoy está mejor que hace un año. “El 90% cree que no ha mejorado sus situación o ha empeorado, es mucho”, señala. Un aliciente para el Gobierno es que el 55% de la gente dice que Macri necesita tiempo para mejorar la situación. Y hay un punto que está jugando a favor: “la explosión de corrupción kirchnerista” ¿Qué es esto? La exposición permanente de causas de coimas o enriquecimiento ilícito K “rompen el vínculo con el pasado”, o sea que el oficialismo gana espacio en la comparación entre la situación actual y la de la gestión de Cristina. Es que, señala el mismo analista, cuando hay una situación crítica, se contrasta con el pasado o con lo que se espera del futuro. El Gobierno gana cuando la confrontación con el pasado está rodeada de corrupción. Y hacia adelante hoy no les aparece otro líder desafiante. “Esto nos da algo más de tiempo”, reconocen los funcionarios.

El enfoques que comparte el citado analista con los más altos cargos de la Casa Rosada es que la inflación es el parámetro con que se mide el tiempo que tiene el Gobierno. “Tenemos que mostrar resultados pronto en ese rubro”, dicen en el entorno del Presidente. ¿Cuáles son sus números? Ya lo hemos dicho en esta columna: cerca del Presidente siguen día a día las encuestas del sitio web Inflación Verdadera. Según ese relevamiento, el pico de alza de precios se alcanzó el 14 de febrero, cuando la inflación mensual tocó el 5,82%, y luego comenzó a bajar hasta principios de abril, cuando hubo otro repunte. “Pero desde la tercera semana de mayo que está bajando -dicen en la Casa Rosada-. El último registro es de 2,3% mensual. Y coincide con lo que nos dicen los supermercados, que aseguran que los precios que reciben de sus proveedores muestran una tendencia a estabilizarse”. La Consultora Elypsis anunció ayer que su relevamiento preliminar para junio a nivel nacional dio 2,2%, contra 3,9% de mayo. “Es el segundo mes consecutivo que la inflación mensual se desacelera, luego de la abrupta suba de abril”, dijo Luciano Cohan, director la consultora.

El vicejefe de Gabinete Gustavo Lopetegui inventó un parámetro de cuándo los argentinos sentirían que los precios se han estabilizado: cuando hayan hecho tres compras grandes, de esas que se hacen semana por medio, seguidas, y encuentren los mismos precios, dice. En la Jefatura de Gabinete aseguran que “ya van dos compras que tenían los precios parecidos, ya estamos cerca de la percepción de cierto freno”. Allí creen que en junio los índices del Indec y porteño darán alrededor del 2,8%, que en julio rondarán el 2%, valor similar al que alcanzará en agosto. Recién ven un número empezando con 1 en el último trimestre. En el ministerio de la Producción, del que depende Comercio, son más optimistas: ven a junio en 2,5/2,6%, julio cerca de 2%, pero aseguran que “en agosto se perfora el 2, y ya estaremos en 1 y pico”.

Esos son los tiempos contra los que corren, lo saben los funcionarios. Un éxito en ese rubro les podría reportar mayor credibilidad en lo económico y apoyo en lo político. Miden lo que pasó en 2014, cuando luego de la devaluación de principio de año y la suba de precios cayó la imagen de Cristina, para recuperarse cuando los precios volvieron al carril del 2% mensual que fue la tónica de los últimos años. “¿Podremos nosotros tener ese beneficio a partir del mes próximo?’”, se preguntan en la Casa Rosada.

“Vas a ver que en agosto ya no me vas a estar preguntando sobre la inflación, me llamarás para preguntarme sobre cómo avanza el plan del agua, las medidas de pymes, las inversiones, o las obras públicas”, dice a este cronista un ministro del gabinete. Una vez pasado el examen de los precios, ratifica con ese planteo, la discusión económica sería otra, el ambiente cambiaría. Desde el sector más político del Gobierno plantean alguna duda, sin embargo: “Cristina cosechó cuando bajó la inflación; pero ¿la gente nos dará ese beneficio también a nosotros?”, se preguntan.

Publicado originalmente en: CLARÍN

Lecturas: “El déficit fiscal ya superó el previsto para todo 2015”

Entre enero y junio, el rojo llegó a $91.260 millones, un 160% por encima del registrado en 2014 y un 56% superior al calculado para todo el año. En el segundo semestre, el rojo sería mayor aún.

kicillof

> Por Ismael Bermúdez

A pesar de la desaceleración de las partidas destinadas a los subsidios, explicada por la caída de los precios de la energía importada, el déficit fiscal entre enero y junio de este año totalizó los $91.260 millones, un 160% superior a los $35.100 millones de enero-junio de 2014. El rojo fiscal en la primera mitad del año es un 56% superior al déficit de $58.430 millones contemplado en el Presupuesto para todo el año 2015.

Aun así, ese “rojo fiscal” se alcanzó con transferencias del Banco Central y otros organismos públicos por un total de $45.544 millones, de acuerdo a la ejecución presupuestaria informada por la Asociación Argentina de Presupuesto (ASAP). Así, excluyendo esos envíos, el déficit fiscal “ajustado” suma $136.804 millones.

Sobre esta base, y dado que en el segundo semestre los niveles de gastos son superiores por los ajustes previstos de salarios, de jubilaciones y otras prestaciones sociales, se estima que este año el déficit fiscal será récord en más de $300.000 millones que se cubren con emisión y deuda.

Por ejemplo, ASAP precisa que las transferencias del BCRA al Tesoro en el primer semestre equivalen “a sólo el 29% de lo proyectado para el año 2015, que suma $155.800 millones”. A eso se agregan más “adelantos transitorios” del Banco Central, la emisión de nuevos bonos (Bonar 2024 y varias series de Bonac) y los swaps con China para financiar el déficit y los pagos de deuda.

Para la segunda mitad del año, ASAP señala que “si bien los ingresos vienen creciendo a un ritmo levemente superior a la meta proyectada para todo 2015 (30,3% versus 28,4%) , los gastos primarios y los intereses lo vienen haciendo a un ritmo mayor, de entre 20 y 27 puntos porcentuales por encima de lo proyectado (38% versus 11% en el caso de los gastos primarios y + 33% versus 13% en el caso de los intereses)”. En otras palabras, los ingresos crecen 2 puntos más de lo previsto en el Presupuesto, mientras los gastos suben más de 20 puntos. De aquí se desprende que a través de Decisiones Administrativas, el Gobierno “corregirá” en forma considerable los gastos del Presupuesto y apelará a colocar más bonos y a pedir más fondos al BCRA y a la ANSeS.

Lo que pasó en el semestre es que los recursos corrientes y de capital aumentaron 28,7% interanual, mientras los gastos primarios tuvieron un incremento del 38%.

Esta brecha de casi 10 puntos entre ingresos y gastos no fue mayor porque hubo una desaceleración de los subsidios a la energía, transporte y otros, que en los primeros 6 meses de este año sumaron $97.426 millones, un aumento del 11%, y para gastos de capital $13.458 millones (+ 21%). Es una suba menor que la inflación y muy inferior al 56% de incremento promedio del año pasado.

Esta desaceleración de los subsidios se refleja en que el gasto primario, que en el primer trimestre creció un 40,6% y descendió en el segundo al 38%. En tanto, ASAP agrega que “con excepción de la inversión real directa, que subió apenas el 14%, los restantes rubros de los gastos primarios continúan mostrando un impulso muy elevado, destacándose entre los principales conceptos el incremento de las prestaciones de la Seguridad Social (+ 46%), las transferencias de capital (+ 44%) y la inversión financiera”. En Seguridad Social, el incremento del gasto se explica por el pago de las nuevas jubilaciones por moratoria, que suma ya más de 500.000 nuevos jubilados.

Los subsidios a la energía sumaron $70.200 millones, “apenas un 5% más que en igual semestre de 2014. No obstante, algunas partidas como el programa Hogar y de subsidios a sectores de bajos recursos muestran subas importantes. Los subsidios al transporte automotor, ferroviario y aerocomercial totalizaron cerca de $22.600 millones, un 31% más. Dentro de este rubro “también se cuentan las transferencia a dos empresas privadas, Ferrovías (+ 49%) y Metrovías (+ 78%). Y las empresas no vinculadas ni a la energía ni al transporte (AySA, Correo y Radio y Televisión Argentina, entre otras) se llevaron $2.950 millones, un 18% más.

Publicado en: http://www.ieco.clarin.com/economia/deficit-fiscal-supero-previsto_0_1405059711.html