Las elecciones serán multipolares

Multipolares

>Por Juan Courel

Es un error creer que la victoria de Cambiemos en 2015 se haya debido a una alta polarización. Por el contrario, Daniel Scioli y Mauricio Macri sumaron poco más del 70% en la primera vuelta. Casi un tercio de la gente quedó en el medio, despolarizada. Hoy el escenario es similar.

Es otro falso lugar común asumir que las PASO descartan automáticamente a los terceros. Hace dos años, el frente UNA, de Sergio Massa, quedó a 10 puntos de Cambiemos y a 18 del Frente para la Victoria. Lejos de diluirse, en las generales siguió creciendo tanto en votos como en porcentaje.

Por eso en su momento Macri hizo oídos sordos a los que lo conminaban a incorporar a Massa a su frente. Mantenerlo afuera pero sin chances fue indispensable para que el oficialismo no superara el 40% y hubiera segunda vuelta.

La condición multipolar de estas elecciones es lo que las hace competitivas, de final abierto y con más de un favorito.

Por cálculo o fortuna, cuando Cristina Kirchner evita unas internas con Florencio Randazzo alimenta esta multipolaridad. No busca dividir a la oposición al Gobierno, sino a su propia oposición, al antikirchnerismo. Es una apuesta a que Massa y Randazzo le terminen sacando más votos a Esteban Bullrich que a ella. Se basa en dos premisas: que muchos votantes de Cambiemos son más antikirchneristas que oficialistas y que su alto piso electoral (el voto duro de Cristina) está de arranque bastante cerca de su techo.

Nota Multipolares

La Nación

Jugar al piso alto con el techo bajo supone riesgos, como los que padeció el Frente para la Victoria en sus derrotas de 2009 y 2013. Sin embargo, la certeza de Cristina de que lo suyo ya está es lo que le permite desprenderse del sello del PJ y no ir a internas. Algunos ven la sombra de Jaime Durán Barba en este desinterés por lo partidario, pero Cristina siempre usó la liturgia pejotista a conveniencia: en ninguna de sus campañas presidenciales se cantó la marcha.

Además de 2005, cuando la boleta oficial del PJ que encabezaba Chiche Duhalde perdió por 25 puntos contra el propio kirchnerismo, hay muchos antecedentes que avalan la estrategia: del 83 para acá, el PJ perdió tantas elecciones bonaerenses como las que ganó. Las últimas legislativas puras en las que salió primero fueron hace 16 años.

Esto es tan cierto como que Cambiemos puede perder La Matanza y el conurbano y, a pesar de eso, ganar la provincia. Es ocasión de releer a Manuel Mora y Araujo en El voto peronista.

Quienes ven un cambio en la comunicación actual de Cristina también se equivocan. Es el espejo de sus propias campañas anteriores: si en 2011 se basó en historias de vida de ciudadanos que habían progresado durante su gobierno, su acto de Arsenal mostró testimonios del deterioro. ¿Le alcanzará? A Macri no le bastó con la existencia de una tercera opción o un buen manejo de las redes sociales. También centró su discurso y ponderó decisiones del kirchnerismo: sorprendió. ¿Querrá o podrá Cristina moverse al centro? Algunas declaraciones de candidatos suyos no la ayudan.

Massa tendrá que ofrecer algo más que un mensaje antigrieta, insuficiente para construir un clivaje que agrupe mayorías. Es esperable una priorización de asuntos más sensibles para la agenda pública: precios y seguridad.

Lo mismo ensayará Randazzo, quien con su obsesión por las internas quedó muy asociado a temas que sólo le importan al sistema político. Si no quiere presentarse sólo para cumplir -como reza su eslogan-, mejor que se ponga a prometer.

Cambiemos hará lo que hacen todos los oficialismos en minoría: una campaña del miedo; bueno, de contraste: “Si gana Cristina, no llegan las inversiones”.

¿Para qué polarizar? Mientras todos se concentran en la provincia, hay un país que también vota. En 2015 Cambiemos obtuvo 34 puntos a nivel nacional. La única vez que el oficialismo sacó menos de 40 en legislativas y después no ganó la oposición fue en 2011, boom de consumo y muerte de Néstor Kirchner mediante.

A pesar de todo, no se percibe un gobierno desesperado por buscar nuevos acuerdos o cambiar de políticas. En esta indiferencia se identifica la clásica actitud de Macri de obviar los lugares comunes del microclima político y periodístico.

Tal vez piense que en febrero ya nadie va a recordar estas elecciones. Tal vez sepa que, le vaya como le vaya este año, cualquier éxito futuro será por lo menos improbable si no endereza la economía.

*Analista político, ex secretario de Comunicación de la provincia de Buenos Aires.

 

LN

La predisposición actitudinal hacia el voto en Argentina

Opinión Pública

Variables individuales e incentivos contextuales

>Por Ignacio Ramírez, Guido Leandro Moscoso

Resumen

El presente artículo estudia las bases actitudinales y motivacionales de la participación electoral. En su desarrollo, se analizarán cuáles son los factores más favorables a la participación con base en una encuesta realizada en Argentina durante 2015, diseñada y llevada adelante por los autores del presente texto. En términos teóricos, este trabajo plantea que la participación electoral es el resultado de la interacción de factores estructurales, variables individuales e incentivos contextuales. Según nuestros resultados, la participación electoral puede ser explicada a partir de factores vinculados con la implicación subjetiva y con el contexto político que enmarca los comicios.

Palabras clave

Comportamiento electoral; participación electoral; Argentina; democracia; representación; incentivos

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Fuente: Revista Mexicana de Opinión Pública • año 12 • núm. 23 • julio-diciembre de 2017 • pp. 15-38 ISSN 1870-7300

¿Qué papel tienen las redes sociales en la comunicación política?

Trump Redes Sociales

>Por Anna Solé Sans

En los últimos años se están viviendo cambios en la manera de comunicar la política. Las redes sociales se han convertido en una herramienta obligada y permiten lanzar mensajes mucho más emocionales y directos sin la intermediación de los periodistas. Una práctica que puede perjudicar a favor del negocio y un terreno muy cómodo para figuras como las de Donald Trump, en guerra abierta con los medios de comunicación.

“Trump busca saltarse el filtro de los medios de comunicación y encontrar un hilo de comunicación directo con los ciudadanos”, explica el codirector del Máster en Comunicación Política de la UPF Barcelona School of Management Toni Aira. “Tiene unos medios de comunicación con los que comparte discurso y otros que considera hostiles, y precisamente, lo que busca es convertirse él mismo en un medio de comunicación, ya que independientemente de cómo le tratan, él es quien lanza los mensajes”.

Según el experto, no nos choca el hecho de que personajes como Donald Trump utilicen las redes sociales pero sí lo hace que sean personajes de alta responsabilidad. “Si llegan al poder y dejan de hacerlo, sería muy extraño y la gente pensaría que mienten”.

Pero el motivo sigue siendo el mismo: saltarse el filtro de los medios y proyectar una mayor proximidad. Ahora bien, el profesor detalla que el papel de los medios de comunicación sigue siendo muy importante. “La política no son sólo declaraciones o twits, necesitamos los medios de comunicación para que nos ayuden a contextualizar e interpretar toda la información”.

Aira expone que los medios de comunicación están haciendo eco de dichos twits pero comenta que la hiperexposición también pasa factura. “Se trata de una novedad, pero en unos meses, ya no será noticia como lo es ahora”. “Trump está entrando muy fuerte pero es poco probable que pueda mantener este ritmo”.

Pero existe un debate en torno a la gestión de las cuentas de Twitter por parte de un presidente. “Trump es un personaje atípico, Obama tenía dos cuentas y era impensable que él las gestionara, pero Trump se ha enamorado de esta red social y rebusca en ella”, zanja Aira.

 

La Vanguardia

10 mitos que complican las campañas electorales

Mitos Políticos

>Por Daniel Eskibel

Las campañas electorales tienen sus mitos.

No son mitos en el sentido antropológico del término. No son relatos de sucesos prodigiosos que expliquen la vida política ni que ayuden a conferirle significados ni que operen como un cemento que une a la sociedad.

Son mitos, más bien, vinculados al origen etimológico de la palabra que deriva del griego ‘mythos’ y que alude a las palabras, las meras palabras en sustitución de los hechos. Me refiero entonces a mitos que obturan la comprensión de lo que verdaderamente sucede en las campañas electorales. Mitos que obstaculizan dicha comprensión y la sustituyen por un cuerpo de ideas y preconceptos que oscurecen más que aclaran el panorama.

Ideas erróneas, quiero decir. Erróneas pero de algún modo santificadas por la costumbre, por la tradición, por la repetición incesante. Preconceptos instalados en el mundo político a fuerza de martillazos reiterativos y cuasi solemnes.

¿Son pocos esos mitos? No, en realidad son muchos.
¿Son inocuos? Tampoco. Son capaces de arruinar la mejor candidatura.
¿Son gratuitos? Nones. Cuestan mucho dinero cuando las campañas electorales se guían por ellos.

10 mitos de los que vale la pena desprenderse

Veamos unos pocos de esos mitos. Apenas 10 de un conjunto mayor. Pero 10 mitos de esos muy encarnados y que hacen mucho daño cuando se llevan a la práctica en las campañas electorales. 10 mitos de esos que vale la pena desprenderse:

El voto es racional.

Este mito sostiene que el votante toma su decisión movido exclusivamente por un proceso de carácter intelectual y racional. Decidir el voto sería una operación más bien fria en la cual el ciudadano piensa, compara, analiza, sopesa y llega luego a una conclusión. En realidad el mecanismo de decisión de voto no es así. Por el contrario, los factores emocionales están en el primer plano y son absolutamente decisivos. Eso no significa que lo racional no juegue ningún papel, pero sí significa que el factor más potente es de carácter emocional. De eso se trata la elección: emociones.

La decisión es consciente.

De acuerdo a este mito los procesos psicológicos que participan de la decisión de voto son de carácter consciente. No es así. Hace ya más de 100 años que Sigmund Freud descubrió que la consciencia es solo la más pequeña porción de nuestra vida psíquica, apenas la parte visible del iceberg. Un inmenso iceberg dominado por los procesos mentales inconscientes que ocurren por debajo de ese nivel cotidiano del ‘darse cuenta’ y que determinan desde las profundidades psíquicas todos los aspectos importantes de nuestras vidas. También el voto.

El candidato conoce al electorado.

En este caso se hace énfasis en un presunto olfato político del candidato que le permite saber lo que quiere, lo que necesita, lo que teme y lo que le pasa a los electores. En realidad se trata de una rémora de tiempos pasados, tiempos en los cuales no existían buenos mecanismos de investigación de la opinión pública y entonces las campañas solo podían marchar a golpe de olfato. Ganaba el que tuviera mejor nariz política. Ahora sabemos que aún la mejor nariz se pierde el 99 % de la información. Ahora tenemos, además, procedimientos científicos para estudiar la opinión pública. Desde las encuestas hasta las entrevistas en profundidad y los focus groups. No utilizarlos es condenar a la campaña electoral a vivir en los agitados tiempos de los dinosaurios.

Los amigos son los mejores consejeros.

El mito tiene inmediatas consecuencias operativas: el candidato se rodea de un círculo aúlico de amigos y familiares. Les tiene confianza extrema, claro, y cada vez se guía más por su consejo. ¿Quién mejor que los amigos para aconsejar bien? Sin embargo nada más lejos de la verdad. En realidad el candidato que así razona no se rodea sino que termina encerrado por la buena voluntad de sus amigos. Atrapado por un entorno que cae con facilidad en el coro de alabanzas. O que está desbalanceado porque seguramente tienen una visión muy pero muy parecida a la del propio candidato. O que está cegado por el cariño. O que está cegado por la falta de conocimiento y/o de experiencia sobre campañas electorales. Un entorno que no puede ser objetivo más allá de sus intenciones. Siempre es preferible recurrir a profesionales para el asesoramiento. Y también a personas de fuera del entorno que puedan actuar y hablar con más frialdad.

El voto se decide durante la campaña electoral.

De acuerdo a este mito parecería que el cerebro del votante se ajustara a los tiempos marcados por los partidos políticos y por la legislación electoral de cada país. No es así. La gran mayoría del electorado decide su voto antes de la campaña electoral. Antes, sí. Y solo un sector relativamente pequeño decide en plena campaña. Por eso es imprescindible implementar una campaña política permanente. Y también por eso hay que pensar muy bien a quién se dirige la campaña electoral.

Se puede hacer política sin dinero.

Este mito atribuye cualidades mágicas a las ideologías y cree que basta con una acertada estructura ideológica para implementar una campaña. Es un mito que al bajar a la realidad se rompe los dientes contra el piso al descubrir que cada paso de una campaña electoral implica gastos. Cada paso. Hasta lo más mínimo, hasta el más modesto cartelito callejero, hasta el más pequeño local partidario, hasta el más insignificante volante, hasta el vehículo y el combustible necesarios para ir a hablar con los votantes…Todo. Ni pensar la publicidad en radio o televisión. Es que no se puede hacer política sin dinero. Es un axioma. Y si el dinero no se tiene hay que salir a buscarlo. Para algunas fuerzas políticas no debería haber nada más central que la campaña financiera. Porque de lo contrario simplemente no existen frente a los ojos del público. Del gran público, no del grupito de incondicionales que siempre están.

La gente es tonta.

Hay toneladas de candidatos sepultados bajo este mito. Creyeron que la gente no sabía o no se iba a enterar. Que no se iban a dar cuenta. Que no le darían importancia justamente a ese asunto que los enterró. Es cierto que la gente mayoritariamente no le presta mucha atención a los políticos, pero no es tonta. Y se da cuenta de las cosas, tarde o temprano. Por eso el cortoplacismo no paga.

El público vive pendiente de los políticos.

Es un mito fuertemente asentado sobre el ego de algunos (¿muchos?) políticos. Creen que las personas están todo el tiempo mirándolos en televisión, escuchándolos en la radio, leyéndolos en el diario o en la web y pensando obsesivamente en ellos. Como si estuvieran hipnotizados. Con lo cual esos políticos dan por sabidas las cosas que ya dijeron el año pasado en relación a tal asunto. Dan por conocidas sus posiciones, vidas, propuestas y reacciones. Pero no es así. El público no está hipnotizado. Simplemente vive su vida, su trabajo, su familia, sus preocupaciones, sus problemas. Y de un modo más o menos lateral ingresa en él la política y los políticos. Lateral, mal que le pese al ego de varios. Y esa presencia lateral es cierta no solo en los tiempos normales sino también en plena campaña electoral.

El político es un gran comunicador.

El mito dice que si se dedica a la política y le va más o menos bien, entonces es un gran comunicador, por lo menos mejor que todo su entorno y tal vez un poco más allá también. Y si es un gran comunicador sabe mejor que nadie cómo va a funcionar un spot televisivo o un folleto o una cuña radial. En realidad el buen desempeño político no siempre es indicador de cualidades comunicacionales sólidas. Muchas veces inciden otros factores que ayudan, incluyendo el contexto económico, político, social y cultural del país o la ciudad. Tan es así que casi siempre sería indicado un media training, un entrenamiento para el mejor desempeño ante los medios de comunicación. Y por supuesto que la comunicación a través de los medios es un asunto bien diferente para el que se requiere especialización y profesionalización. De lo contrario se va hacia el desastre.

No hay mejor defensa que un buen ataque.

Es un mito funcional a las pulsiones agresivas de algunos candidatos. Una racionalización para permitirse el ataque contra otros, ataque que en la mayoría de los casos lleva a las campañas al despeñadero. Para atacar hay que atacar bien, sabiendo lo que se hace. Y hay que entender que no hay mejor defensa que una buena defensa. Pero hay que saber defenderse, un movimiento de la política que muchos no comprenden que deben aprender.

Hay más mitos.
Muchos más.
Este es solo un rápido repaso a 10 de ellos. 10 mitos destructivos que son una bomba de tiempo en cualquier campaña electoral.

Si pudiera derivarse alguna enseñanza breve de estos 10 mitos, yo la resumiría en 2 puntos centrales:

  • Humildad. Si en la campaña creemos que lo sabemos todo y nos llevamos el mundo por delante, pues seguramente vamos a perder.
  • Profesionalismo. Muchas personas se han formado y especializado para trabajar en los diversos aspectos que implica una campaña electoral. ¿Por qué no acudir a ellos?

La humildad y el profesionalismo ayudan mucho a las campañas electorales a ver la realidad tal cual es, sin el espejo deformante de los mitos, esos mitos que poco a poco van acorralando y estrangulando.

 

Maquiavelo & Freud

Perfiles psicológicos en la comunicación política

Perfil Psicologico

>Por Daniel Eskibel

Descubrí la utilidad de los perfiles psicológicos en la vida política una noche del invierno de 1982, tirado boca abajo en el piso de un vehículo al que me habían subido bruscamente los efectivos policiales y militares que me detuvieron en el centro de Montevideo.

Uruguay vivía la peor dictadura de su historia y los opositores poblaban las cárceles luego de pasar por centros de detención clandestinos donde vivían un infierno de torturas. Algunos no sobrevivían y quedaban en la ominosa condición de desaparecidos o eran entregados a su familia dentro de un ataúd cerrado. La sociedad entera vivía bajo rigurosa vigilancia y las prohibiciones y el miedo eran la constante.

Desde hacía algunos años yo formaba parte de la más ferozmente perseguida fuerza de la resistencia contra la dictadura, y aquella noche comía una pizza y tomaba una cerveza luego de una jornada con varios contactos clandestinos. Había recibido, transportado y escondido un paquete por el cual me habrían tipificado el delito de ‘asociación subversiva’ en caso de ser descubierto. Pero todo había ocurrido de acuerdo a lo planificado y podía permitirme un momento de distensión antes de ir a dormir.

En eso aparecieron los vehículos policiales y militares, bajaron los efectivos, entraron al bar, miraron con ojo especializado a quienes allí estábamos y fueron directamente hacia mí. Me sacaron del bar sin contemplaciones, me empujaron contra una de las camionetas, me cachearon buscando elementos que confirmaran mi condición de ‘subversivo’ y me arrojaron al piso del vehículo que se puso en marcha de inmediato.

Y allí estaba yo, aterrado ante aquel infierno tan temido que finalmente parecía abrirme las puertas. Pero al mismo tiempo me preguntaba qué errores habría cometido para que me hubieran descubierto. De pronto tuve una idea como una revelación, un fogonazo, una brevísima iluminación.

– No saben quienes somos pero saben cómo somos -pensé.

Apenas me faltaban unos meses para lograr el título de Psicólogo y conocía lo que eran los perfiles psicológicos tanto desde el punto de vista teórico como en la práctica hospitalaria. Pero lo que de pronto comprendía era que también en política se podían usar. Y se usaban. Fue un instante pero me di cuenta que de alguna manera los servicios de inteligencia salían a cazar a los más encarnizados opositores conociendo algo de nuestra personalidad, de nuestros hábitos, de nuestro estilo de vida. Tenían algo parecido a un perfil psicológico nuestro…

Aquella noche sobreviví y luego de un interrogatorio amenazador recobré mi libertad, aunque esa es otra historia. Pero años después supe, con nombres y apellidos, que algunos de nuestros profesores de psicología en la Universidad trabajaban asesorando a los servicios represivos de la dictadura.

Han pasado muchos años desde entonces.
Y los perfiles psicológicos se volvieron mucho más sofisticados.

No comprendemos al votante

El problema principal de la comunicación política democrática de hoy es que no comprendemos al votante. Creemos que lo conocemos, pero luego surgen resultados inesperados como los de 2016: el No en Colombia, el Brexit, el triunfo de Trum…Recién entonces nos damos cuenta que en realidad no comprendemos al votante ni sabemos qué es lo que lo mueve.

Aunque tengamos Big Data, perfiles políticos y perfiles demográficos. Pero nos sigue faltando algo. Y ese algo que nos falta complica la vida de los partidos políticos, de las campañas electorales, de los candidatos, de sus equipos y de los consultores políticos. Porque eso que falta arruina la comunicación política.

– La gente nos miente en las encuestas -dicen algunos políticos emulando al ‘todos mienten’ que solía decir el Dr. Gregory House.
– Miénteme si puedes -respondería desafiante el Dr. Lightman, alter-ego televisivo del Dr. Paul Ekman.
Es que el Dr. Lightman sabía que aunque intentaran engañarlo sería imposible. Basado en sus estudios en psicología de la comunicación y psicología de las emociones, el especialista de la serie ‘Lie to me’ dejaba de mirar lo obvio para observar lo que nadie veía pero estaba allí, ante los ojos de todos: las microexpresiones.

A través de esas microexpresiones del rostro que apenas duraban una fracción de segundo, el Dr. Lightman descubría las mentiras y también las emociones ocultas de empresarios, delincuentes, terroristas, políticos y gobernantes. Porque sabía que las microexpresiones no mienten.

Entonces: ¿las personas nos mienten en las encuestas?
En realidad no importa tanto porque ese no es el problema. El problema es que hacemos las preguntas equivocadas. Preguntamos siempre lo obvio, lo racional, lo consciente…
Preguntamos a nivel de superficie, apenas sobrevolando ese 5 % de la psicología humana que es lo que está a la vista. Y olvidamos el 95 % restante.
Así es que obtenemos resultados equivocados. Y sobre esa base nuestra comunicación política también se equivoca.

No hay respuestas erróneas sino preguntas erróneas.
Por eso para comprender al votante tenemos que hacer las preguntas correctas.

Todo cambia a gran velocidad (todo menos la personalidad)

Vivimos un tiempo de cambios grandes y acelerados. La velocidad es el santo y seña de nuestra época. Cambian a toda velocidad la coyuntura política, la vida cotidiana, las opiniones, las valoraciones, las emociones, las decisiones, las impresiones…

Pero hay algo que no cambia a ese ritmo infernal: la personalidad.
En realidad la personalidad de cada uno es algo sobre lo cual el votante no puede mentir aunque quiera. Y no la puede transformar a su antojo.

La personalidad del votante es una roca mucho más sólida que el oleaje efímero de las opiniones que van y vienen.
Esa personalidad es lo que tenemos que descubrir más allá de la superficie.
Porque si comprendo cómo eres, pues entonces sabré cómo comunicarme mejor contigo.

Para conocer mejor al votante tenemos que conocer su personalidad.
Claro que no podemos hacer desfilar a una población entera por el diván del psicoanalista para escuchar sus problemas y trazar un diagnóstico. Y tampoco podemos encarar una encuesta con más de 300 preguntas como algunos inventarios de personalidad muy útiles en la clínica pero imposibles en la psicología política.

Pero nos quedan algunas herramientas útiles.
Por ejemplo el Big Five.

El Big Five es un instrumento psicológico que nos permite clasificar las personalidades de una población entera en función de la combinatoria de cinco grandes rasgos psicológicos: apertura mental, escrupulosidad, extroversión, amabilidad y estabilidad emocional.

Ya no necesitamos un diván superpoblado ni 300 preguntas desbordando la paciencia del encuestado.
Necesitamos investigar cinco rasgos.
Cinco. 5. Five. Solo cinco.
Y obtener así un perfil psicológico de los diversos segmentos del electorado. Un perfil psicológico que podremos cruzar con variables políticas, sociales y demográficas. Un perfil psicológico que nos permitirá mejorar verticalmente la comunicación política.
Porque entonces podremos hacer comunicación política adecuada a cada perfil psicológico.

Tal vez me dirás que es solo una idea, algo muy teórico.
¿De verdad?

Donald Trump, ‘Criminal Minds’ y la misteriosa Cambridge Analytica

No sé si el Presidente Donald Trump es fan de la serie ‘Criminal Minds’. De verdad que no lo sé…

¿Recuerdas la serie?
Un departamento del FBI especializado en la conducta humana asesora investigaciones complejas con una herramienta de alto valor: perfiles psicológicos. Aunque los investigadores no sepan quién es el criminal, de todos modos construyen su perfil psicológico y guían la investigación en base al mismo.
Ya sabes: no saben quiénes son pero sí saben cómo son. Y los atrapan.

Si los perfiles psicológicos se usan en la práctica para atrapar criminales (y a veces hasta opositores políticos…), ¿por qué no serían efectivos para conquistar votos? Si se usan para persuadir acerca del consumo de determinadas marcas comerciales, ¿por qué no podrían usarse para persuadir acerca de ideas o candidatos?

Me adelanto a darte respuestas: los perfiles psicológicos sí se usan y sí son efectivos en comunicación política.
En la práctica.
En los hechos.
En la realidad.

Escribí líneas arriba que desconozco las preferencias de Trump en materia de series televisivas.
Pero sí conozco que su campaña electoral sabía las preferencias de sus votantes potenciales en casi todas las áreas, incluyendo qué series de televisión miraban. ¿Te sorprendería saber que el público de los Estados Unidos que más disfrutaba de las series de zombies estaba mucho más inclinado a votar a Trump que a Hillary? Pues no te sorprendas tanto porque así era.

Casi todos compramos en su momento la idea superficial de que la campaña electoral de Trump era errática y que la comunicación política del candidato respondía solo al vaivén desordenado de sus emociones.
Pero no era tan así.
Porque lejos de los focos de la prensa operaba la misteriosa Cambridge Analytica.
¿Cual es la especialidad de dicha empresa?
La construcción de perfiles psicológicos del electorado para crear comunicación política a la medida de cada perfil.
Sí. La comunicación política de la campaña de Trump no era un caos sino un traje a medida.

Idéntico trabajo al que hizo la misma empresa en el Brexit, por cierto.

Adelanto que no tengo ninguna vinculación con Cambridge Analytica. Lo aclaro para evitar mitos urbanos de esos que siempre circulan…
Lo que me importa no es la empresa en sí sino el concepto: perfiles psicológicos para mejorar la comunicación política.

En el duro invierno uruguayo de 1982, un grupo de policías y militares podía ingresar a un bar y detectar al potencial subversivo en base a un simple y artesanal esbozo de perfil psicológico. Sabían cómo éramos.

Ahora, tan lejos de entonces, un equipo de campaña electoral puede detectar a los posibles votantes en base a perfiles psicológicos más elaborados y profesionales. Y puede formular su comunicación política en función de esos perfiles, no para alterar el fondo de la política sino para adecuar las formas de la comunicación.

Ese equipo de campaña puede ser el de tus adversarios, claro está…
Lo cual puede ser inquietante para tu campaña.
Tan inquietante como aquel momento en que me sacaron a empujones del bar.


*Nota del autor: este artículo está basado en la conferencia que brindó en el Congreso Internacional de Comunicación Política celebrado en Buenos Aires (Argentina) los días 23 y 24 de mayo de 2017.

Publicado en: Maquiavelo y Freud

¿Políticos o celebrities?

¿Políticos o celebrities? Cuáles son las técnicas de belleza y lenguaje no verbal para convertir a un político en estrella


>Por Maximiliano Fernandez

El 26 de septiembre de 1960, Richard Nixon y John F. Kennedy protagonizaron el primer debate televisivo de la historia. Nixon se rehúso a una preparación previa. Rechazó el maquillaje y vistió un saco gris triste. Kennedy, por su parte, se lució con un tostado de varios días. El candidato demócrata ganó tanto el debate como, después, la presidencia.

Pasaron 57 años del primer cara a cara televisivo, desde aquella subestimación de Nixon de los parámetros de belleza y códigos internos que la pantalla chica dictaba y hoy, mucho tiempo después, sigue dictando. Los políticos se convirtieron en marcas que deben reflejar una imagen instantánea, un mensaje inconsciente detrás de sí. Quienes no lo comprenden corren el riesgo de que le adosen una serie de rasgos que no pretenden mostrar.

Desde ese día hasta hoy, la figura del asesor se convirtió en central. Se incorporaron múltiples armas de comunicación y estrategias para volver una campaña predecible. Daniela Aruj, asesora de imagen personal, institucional y pública, detalló a Infobae el proceso inicial: “Lo primero que hacemos es un análisis exhaustivo de quién es ese político, cuál es su trayectoria, si hay una marca creada o aún no tiene un posicionamiento específico en la mente del elector”.

Luego de ese trabajo, Aruj emplea dos herramientas. Por un lado, investigación cuantitativa, como lo son las encuestas. Por otro, un proceso cualitativo que implica focus group y entrevistas en profundidad, en los que el equipo asesor obtiene información más rica sobre lo que piensa el público objetivo.

El paso siguiente es construir la marca del candidato. Una marca que no se construye en cuestión de días. “Requiere de tiempo, de consistencia, claridad y sobre todo de mucha constancia para ser creíble en el electorado”, señaló Daniel Gutiérrez, director de la carrera de Publicidad en la USAL y ex director de la ‎Asociación Argentina de Marketing Político. “La combinación de imagen sólida, comunicación y oratoria efectiva hace de un candidato un político que perdura en el tiempo. La creación de marca nos obliga la diferenciación a tal punto que lo que no se identifica no se elige”, continuó.

Los políticos se convirtieron en marcas

Los políticos se convirtieron en marcas

El político incorpora técnicas de oratoria, de lenguaje no verbal, lo maquillan, lo visten y lo lanzan a los medios de comunicación. Sobre todo en campaña, sus intervenciones mediáticas son constantes. Entonces se presenta el riesgo de la farandulización. “Es una circunstancia que remite a la lógica de los medios. Alguien que no ‘agrade’ o ‘divierta’ a un público televisivo promedio, provocará un zapping y no será invitado nuevamente”, explicó Gutiérrez.

El asesor dijo que los programas políticos no despiertan el interés de otras épocas. Los estrategas intentan ubicarlos en escenarios heterodoxos, en donde sea posible acercar al dirigente con la audiencia: cantan, bailan, o participan de cuestiones atípicas con el fin de ganar unos segundos de pantalla. El político farandulizado, como celebrity: “Es preferible que hablen a que no hablen del político. El espacio en los medios es limitado, y si hablan de uno, para bien o mal, no hay espacio para el oponente”, puntualizó. Un riesgo que, en los tiempos que corren, conviene tomar.

Talento nato vs. Talento aprendido

¿Cómo convertir a un político en una estrella de los medios cuando al político le cuesta soltarse? ¿Cuánto se puede aprender y cuánto viene de nacimiento? Por más que las técnicas están a disposición, no todos logran interiorizarlas con naturalidad y empatizar con el espectador. “En general, esos políticos perfeccionan su accionar ante los medios de comunicación para optimizar los mensajes. En ese sentido, hay algunos que son más ‘duros’ que otros”, contó Gutiérrez.

Ante la consulta de qué porcentaje se puede incorporar, Alejandro Sangenis, consultor en comunicación y programación neurolingüística y comunicación no verbal, respondió a Infobae: “Más allá de que existen líderes natos, el 80% se puede aprender. La respuesta está en el modelado. Mirar a los grandes oradores de la historia y aprender de ellos. Después de todo, los políticos, como por ejemplo los directores técnicos, deben actuar su rol cuando ofrecen un discurso”.

Técnicas a seguir

Más allá de que la estrategia varía de acuerdo a la personalidad del candidato y a la marca que se quiera vender, de acuerdo a los expertos, predomina en la actualidad un formato “muy empaquetado” que requiere adaptación del político a ciertas reglas.

Confianza en sí mismo: según Aruj, la regla principal es mostrarse seguro, con capacidad de liderazgo pero al mismo tiempo empático, sensible y con capacidad de escucha. Es fundamental aprender a escuchar activamente y que se note.

Sonrisa: la mirada debe transmitir honestidad y transparencia. “Es clave que en este trabajo, nuestro candidato no pierda frescura y espontaneidad -sostuvo Aruj-. Lo más importante de un político es verse natural y no forzado”.

Abrir los brazos indica integración

Abrir los brazos indica integración (iStock)

Abrir los brazos: un gesto típico de líderes como Clinton, Obama, mismo el Papa Francisco. De acuerdo a Sangenis, busca incluir a todos.

Faros en la tribuna: en el medio de los discursos, los buenos oradores deben obviar a las personas negativas y encontrar miradas afiliatorias. Oyentes en los que puedan descansar sus diatribas.

Ojiva: juntar las manos sin entrelazar los dedos marca integración. Una mano representa una parte; la otra mano representa a la otra parte.

La técnica ojiva

La técnica ojiva (istock)

Batuta: el famoso gesto de OK, con los dedos índice y pulgar formando un círculo, dijo Sangenis, fue el gesto insignia de Donald Trump durante la campaña porque su objetivo era enfatizar cada una de sus palabras en un tono casi agresivo para así concitar la atención.

Técnicas a evitar

Expresiones prohibidas: “para ser sincero” implica que no siempre lo es, o un “pero” inhibe la afirmación previa: “Es muy linda, pero…”, señaló Gutiérrez. Otro enunciado a evitar es el de “Voy a tratar” ya que le quita ejecutividad al líder, además de muletillas como “Esteee”.

Mano en hacha: como en posición de karate. Tiene reminiscencias dictatoriales.

Atravesar las manos: los expertos recomiendan evitar cruzar los brazos por delante del cuerpo durante los discursos. El gesto es indicativo de defensa, de auto-protección.

Cruzar los brazos: indica hermetismo, poca integración hacia el auditorio.

Doblar la boca: es una muestra de soberbia y altanería que incluso se puede confundir con corrupción.

Tocarse la nariz: se corresponde con una mentira o desagrado.

Dedo índice: nunca debe señalar, ya que se percibe como un garrotazo o gesto autoritario.

Vestimenta

La coach Aruj resaltó que, además de trabajar en la oratoria, la postura, la gestualidad, se presta atención a la apariencia física. Desde la ropa que mejor le queda y los colores que mejor comunican el mensaje, hasta cortes de pelo sugeridos, anteojos sí o no y forma de los mismos según el visagismo de su cara.

Sangenis, que a lo largo de su carrera tuvo encuentros con líderes de la talla de Bill Clinton, advirtió que hoy los protocolos están muy fijados. Por eso, cuando se encuentran presidentes es muy infrecuente no verlos de traje y corbata. “Sin embargo, algunos líderes buscan acercarse al pueblo que gobiernan también en sus vestimentas Por caso, Fidel Castro en su atuendo militar o Evo Morales con su connotación aborigen”, detalló el especialista.

En los colores de las corbatas hay también un mensaje. “En general, quien utiliza la corbata roja es el que marca la acción, el que quiere tomar el poder. Mientras que el que opta por una azul ya lo detenta y lo quiere conservar. Está asociado con la monarquía”, describió.


INFOBAE

Las palabras amables mejoran las perspectivas de voto

Congreso de los Estados Unidos

Congreso Estados Unidos (Archivo)

>Por Javier Salas

Muchos políticos pretenden cabalgar hasta lo más alto a lomos de la dureza del discurso, el lenguaje aguerrido contra el adversario y la retórica beligerante. Sin embargo, la cortesía, las palabras cálidas y el vapuleado talante quizá sean más provechosos en las urnas. Es lo que propone un estudio que ha puesto la lupa sobre el Congreso de Estados Unidos y 124 millones de palabras expresadas por sus cargos electos durante las últimas dos décadas. Tras revisar el peso que los términos sociables tenían en los discursos de los políticos electos a lo largo del tiempo, las conclusiones muestran una correlación muy marcada entre estas palabras amistosas y la valoración de los congresistas. La aprobación de los políticos cae a medida que dejan de usar conceptos amables en sus intervenciones.

Los investigadores buscaron términos como “afecto”, “cuidar”, “cortesía”, “derechos”, “igualdad”, “humano”, “escuchar”, “compartir”, “solidario” hasta completar una lista de 127 palabras (o raíz) que tienden a transmitir contenidos en favor de los intereses colectivos y la armonía entre personas. Al comparar mes a mes la proporción de estas palabras en los discursos con las encuestas de valoración de los políticos que las usaban —o no— se observa una “impresionante coincidencia”, según los investigadores que publican este estudio en PNAS. Las palabras que pronosticaron con más fuerza la aprobación del público por su uso fueron “amable”, “involucrar”, “educar”, “contribuir”, “preocupado”, “dar”, “tolerar”, “confianza” y “cooperar”.

“Sugerimos que la reciente desaprobación pública es en parte resultado de la desaparición del lenguaje cálido y prosocial en los discursos del Congreso”, asegura el estudio, que pretendía explicar las razones por las que las cámaras de EE UU rondan hoy el 10% de aprobación de la opinión pública estadounidense en las encuestas, cuando hace 12 años llegaban al 84%.Tras eliminar otro tipo de variables como la crisis económica o las consecuencias del 11-S, los datos señalan un culpable claro: el discurso es menos humano.

Hasta ahora se sabía que el uso de este tipo de expresiones que indican interés por ayudar a los demás generan una buena impresión en el espectador. Este trabajo lo lleva a una esacala política mucho más elevada, al encontrar esta misma correspondencia a lo largo de dos décadas de intervenciones orales. La correlación es más que clara (ver gráfico) pero, ¿se puede hablar de causalidad? Los investigadores creen que sí. Tras trabajar los números con detalle, barriendo otros factores exógenos, descubrieron que había una respuesta directa entre el discurso amable y la valoración en las encuestas: “Lo que dice el Congreso hoy predice sus calificaciones públicas de aprobación 29 semanas [unos siete meses] más tarde”.

Correlación entre lenguaje prosocial y aprobación del público en las encuestas entre 1996 y 2014

Correlación entre lenguaje prosocial y aprobación del público en las encuestas entre 1996 y 2014. Jeremy A. Frimer PNAS

“No es raro que la gente reaccione de una determinada manera a la forma de hablar de los políticos”, concede el politólogo del CSIC José Fernández-Albertos, que considera muy riguroso el trabajo de este equipo de investigadores canadienses aunque duda de la solidez de sus conclusiones. Para Fernández-Albertos, la correlación es robusta pero no tanto la causalidad que reclaman los autores: “El clima político es algo muy complejo. Han intentado eliminar factores exógenos como la economía y el 11-S, pero no me convence que esa respuesta se deba únicamente a las palabras de los discursos”, asegura.

Los autores del estudio descubrieron una correlación muy importante entre el carácter sociable del discurso político y lo que los medios transmitían a la población: a su entender, las noticias y las emisiones en directo de las sesiones del Congreso sirven de correa de transmisión de estos sentimientos. Sin embargo, Fernández-Albertos cree que en algunas coyunturas es imposible determinar cuál es la explicación. “En el día a día de la política surgen temas más antipáticos, que pueden propiciar un determinado lenguaje, pero no sabemos si el uso del lenguaje viene marcado por otras circunstancias que también influyen en la opinión pública”, añade el politólogo.

A juzgar por el estudio, la población sería extraordinariamente sensible al lenguaje, ya que una caída del 19% en el uso de esas palabras amables entre 2002 y 2014 propició un derrumbe del 75% en la valoración de los congresistas.

Estudio científico: “A decline in prosocial language helps explain public disapproval of the US Congress – DOI: 10.1073/pnas.1500355112

 

EL PAÍS

Ciencia de la persuasión: Las 6 leyes de la influencia, de Robert Cialdini

Ciencia de la Persuasión

>Por Rafael Ramírez Lago

Reconozcámoslo, la información y la comunicación están a la orden del día. Las noticias se dejan de publicar diariamente y pasan a ser lanzadas en el momento que acontecen, actualizándose de forma automática durante las 24 horas del día, todos los días del año.

Entre toda esta cantidad de información que se genera, las sociedades se ven cada vez más empujadas a mejorar en el noble arte de la oratoria y la persuasión. Ya sea para conquistar a esa persona que tanto nos gusta o para conseguir ganar unas elecciones generales. No es por capricho, en sociedades democráticas, la persuasión y la influencia de masas resultan ser las herramientas más eficaces que poseemos las personas para llegar al poder.

La importancia de influir y convencer a los demás

Mucho se ha hablado de la influencia y de las distintas formas de modificar o cambiar el comportamiento y las actitudes de las personas y cuál es la mejor forma de lograrlo. Pero solamente un reputado psicólogo estadounidense llamado Robert Cialdini, ha conseguido descubrir cuáles son los principios que se encuentran detrás de cualquier tipo de estrategia persuasiva.

En su libro “Influence, the psychology of persuasión”, Cialdini postula las 6 leyes de influencia que se encuentran detrás de cualquier intento de persuasión, y se emplean para conseguir la conformidad del receptor.
Las 6 leyes de influencia

Vamos a conocer las distintas leyes de la influencia que describe Cialdini en su libro. Una buena oportunidad para mejorar nuestras dotes comunicativas y la capacidad para influir en los demás.

1. Ley de reciprocidad

Se define como la tendencia a devolver el favor a alguien que nos ha hecho un favor previo mediante la creación de un sentimiento de obligación. El sentimiento de estar en deuda con alguien que haya hecho algo por nosotros antes, hace que esta persona esté predispuesta a aceptar nuestras peticiones.

Lo más importante para el éxito de esta ley, es ser siempre el primero en hacer el favor, cuanto más valioso, personal e inesperado sea lo dado, mayor el sentimiento de favor, que no sepa que se le está manipulando. Por ejemplo si halagas a alguien de repente e inmediatamente pides un favor o si haces el desayuno a tus padres y luego le pides un favor, es muy evidente la manipulación. No debe relacionar la entrega con el favor que le pides, por lo que no esperes al último momento para crear el sentimiento de obligación.

2. Ley del compromiso o consistencia

Esta ley declara que las personas que han accedido previamente a una pequeña petición es probable que finalmente accedan a una petición mayor. Por esta ley, el cliente accede a nuestra solicitud para ser congruentes con una serie de principios, valores y creencias manifestadas en un compromiso previo. La tendencia humana de ser consistente con aquello que ya hemos hecho, elegido o decidido, hace que en caso de romper esta consistencia sintamos disonancia cognitiva que se expresa en forma de un sentimiento bastante desagradable para el ser humano.

Por este motivo, a partir pequeños compromisos, se crea una coherencia con el emisor o el producto y se tenderá a ser coherente con ese compromiso en las siguientes ocasiones.

3. Ley de la prueba social

Este principio se basa en la tendencia humana de considerar que un comportamiento es el correcto cuando vemos aotras personas llevándolo a cabo o cuando otras personas piensan igual.

Cuando miramos con atención los vídeos, canciones o cualquier contenido que está en el top 10 de un ranking de los más vendidos, descargados o escuchados. Cuando vemos a una multitud viendo un espectáculo callejero y no podemos resistir la tentación de ver qué ocurre. Todas son muestras de la ley de la prueba social en acción. Los camareros que colocan una jarra para propinas saben que si ponen inicialmente unos pocos billetes o monedas al inicio de la noche, recibirán más dinero al final, ya que más personas pensarán que dar propinas es la conducta correcta porque “otras personas” lo han hecho anteriormente. “Más de 2.000 personas ya lo han probado” “más de 2.000 personas ya son socios” son frases comunes y conocidas por su efecto.

Ya sabemos por qué es común la compra de seguidores de nuevos líderes y referentes que se lanzan a la carrera del poder, un mayor número de seguidores, mayor verdad y atractivo de los tweets de aquella persona.

4. Ley de la autoridad

A las personas que llegan a un puesto alto en las jerarquías se les atribuye más más conocimiento y experiencia que el resto por lo que aquello que recomiendan o venden es bueno.

El ejemplo más común lo vemos cuando suceden acontecimientos a gran escala como un terremoto, una nueva epidemia o un ataque terrorista, esperemos escuchar la interpretación de autoridades mundiales como el presidente de Estados Unidos, el Papa o un Premio Nobel de Literatura. Esto es síntoma de que para que una idea o servicio se aceptado por una gran cantidad de personas, sólo es necesario convencer a los expertos y personas de alto estatus.

5. Ley del agrado o el atractivo social

La ley del agrado nos señala que estamos más predispuestos a dejarnos influir por personas que nos agradan, y menos por personas que nos producen rechazo, una lógicas sencilla pero altamente propio de nuestra condición humana. Las personas físicamente atractivas suelen atribuírseles inconscientemente otros valores positivos, como la honestidad, la transparencia y el éxito. No obstante, el atractivo no necesariamente emana de la belleza, puede darse por familiaridad, semejanza de opiniones y de grupos de pertenencia o el efecto de los elogios.

Ahora se comprende el éxito de las campañas publicitarias de Nespresso al incorporar la cara de George Clooney como imagen de marca, ¿verdad?

6. Ley de la escasez

Seguro que os resultan familiares los carteles tipo “oferta por tiempo limitado”, “últimos artículos”, “corre, que vuelan”… Todas estas frases y slogans se basan en el principio de la escasez. Por este principio, estamos más dispuestos a acercarnos a algo si notamos que aquello es escaso o difícil de conseguir.

Ahora que conoces las seis formas de persuasión más aceptadas por la comunidad científica actualmente, podrás detectar fácilmente cuando estás bajo el efecto de una de ellas y, por qué no, usarlas para tus causas nobles.

 

Psicología y Mente

Comunicación política versus comunicación electoral

Comunicación Electoral

>Por Daniel Eskibel

La comunicación política y la comunicación electoral no se oponen mutuamente la una a la otra. Es más: tienen múltiples puntos de contacto. Pero son diferentes.
Y para ser eficaz en la vida política tienes que comprender esa diferencia y actuar luego en consecuencia.

La eficacia política es un concepto poco transitado pero de vital importancia.

Tienes que ser eficaz como gobernante si estás en un cargo ejecutivo y también tienes que serlo como legislador si esa es tu actividad actual. Pero además tienes que ser eficaz dentro de tu partido político. La eficacia se relaciona con lograr los objetivos que se buscan, y eso debe hacer un partido, una organización o un gobierno. Eso debe hacer, claro, cada persona que integra esas organizaciones.

Por encima inclusive de este concepto de eficacia hay otro más importante aún: la eficacia de los partidos y los gobiernos para las personas que habitan la ciudad, la provincia o el país. Ellos esperan y necesitan esa eficacia.

Ambos sentidos no son contrapuestos porque si eres eficaz en tu gestión pública o política entonces eso será eficaz para tu propia vida política. La comunicación política no es la única variable en juego, por supuesto, pero sin ella no hay eficacia.

La organización política en las trincheras: comunicación permanente

La comunicación de una organización política tiene algunas características esenciales que es necesario subrayar:

Abarca un amplio espectro de dimensiones de la comunicación. Incluye la comunicación de partidos y organizaciones políticas, la comunicación de gobiernos, la comunicación legislativa, la comunicación de crisis y la comunicación electoral. Todas son formas de comunicación diferentes y específicas, pero todas son comunicación política.
Es permanente. La noche en la que se conocen los resultados electorales comienza un nuevo ciclo que se abre con la comparecencia pública del candidato o del vocero de la organización. Y continúa sin pausa durante los años siguientes hasta que se conozcan los nuevos resultados electorales y todo el ciclo vuelva a empezar.
Es omnipresente. Todo comunica, hasta tu silencio. Todo, y no solo lo que dices. También lo que haces y lo que no haces. Lo único imposible es no comunicar.
Sus resultados de fondo se juegan en el mediano y largo plazo más que en el corto plazo. Y la estrategia es más determinante que la táctica.
Necesita contar con un plan estratégico escrito. En caso contrario cae en la improvisación, se marea con la táctica cotidiana y se enreda en un mar de contradicciones que le hacen perder eficacia y perder oportunidades.
Comunicar es también, y en primer lugar, escuchar. Y en esta dimensión nacen los peores fracasos de comunicación política. Y los mayores éxitos, también.

Elecciones: comunicación en la recta final

La comunicación electoral es una forma especializada de comunicación política que presenta características diferenciales:

Se limita temporalmente a los períodos de campaña electoral.
Mientras la comunicación política gana o pierde por puntos, la comunicación electoral lo hace por nocaut.
Su objetivo específico consiste en transformar en votos los pensamientos y emociones de determinados segmentos sociales.
No comienza de cero sino que es el punto culminante de todo un proceso anterior de comunicación política.
Trabaja sobre contenidos políticos más breves y especialmente diseñados para ser consumidos en plazos cortos.

Estrategia de comunicación

La noche de las elecciones comienza un nuevo ciclo de comunicación política. Tu primera tarea central es diseñar una estrategia de largo plazo que cubra todo el período que comienza. No será una estrategia rígida e inamovible sino que deberás hacer evaluaciones y correcciones periódicas.

En ese plan estratégico deberás incluir:

  1. Los objetivos que quieres lograr.
  2. La calendarización de las etapas que atravesarás.
  3. Tu mensaje para el período.
  4. Los públicos con los que te vas a comunicar.
  5. Cuales son los adversarios que van a disputar contigo esos públicos.
  6. Cómo vas a escuchar a las personas que componen esos segmentos sociales.
  7. Los medios de comunicación que vas a trabajar prioritariamente.
  8. El tipo de contenidos políticos que vas a comunicar.
  9. Los recursos humanos y materiales que tendrás que involucrar.
  10. El protocolo de crisis que aplicarás cuando sea necesario.
  11. El plan legislativo o de gobierno, según sea el caso.
  12. Los tiempos y criterios para la evaluación del plan.

En esta etapa inicial el plan de comunicación electoral todavía no forma parte del cuadro. Pero deberás abocarte a él más tarde. ¿Cuando? Luego de que tu comunicación política ya vaya en velocidad de crucero y se vayan despejando varias incógnitas en materia de gobierno, candidatos y opinión pública. Pero a su vez con el tiempo suficiente por delante como para preparar esa enorme operación política que es una campaña electoral. Un año y medio antes de las elecciones podría ser una buena decisión.

Planificar para la acción, de eso se trata. Acción política permanente y acción electoral limitada en el tiempo.
Acción efectiva, además.

 

Maquiavelo & Freud

¿Hizo plagio? Marine Le Pen recurrió a una estrategia peligrosa para captar votos

¿Hizo plagio? Le Pen recurrió a una estrategia peligrosa para captar votos

¿Hizo plagio? Le Pen recurrió a una estrategia peligrosa para captar votos. (Reuters)

La candidata ultraderechista francesa Marine Le Pen copió párrafos enteros de un discurso del conservador François Fillon en un discurso pronunciado ayer, lo que desató una fuerte polémica en la recta final para las elecciones presidenciales en Francia de este domingo que la enfrenta en ballottage a Emmanuel Macron .

En medio de las previsiones que no la dan como ganadora pero sí remarcan que tiene un fuerte apoyo, Le Pen se muestra abierta a captar el voto de sus contrincantes en primera vuelta porque entiende que la cosas aun no están definidas.

Es por ello que en su discurso con motivo del 1 de Mayo en Villepinte, al norte de París , brindó un discurso que tenía pasajes que guardaban una gran similitud con un mensaje patriótico del candidato de los conservadores que quedó fuera de la carrera presidencial en la primera vuelta el 23 de abril.

Fillon pronunció esas palabras en un acto el 15 de abril, señalan los medios, entre ellos el diario Le Monde, que destaca que Le Pen no aclaró en ningún momento que estaba citando al otro dirigente.

El canal de YouTube Ridicule TV colgó un video en el que superponen imágenes en las que se puede ver cómo hay frases enteras que coinciden. Según otros medios, el canal satírico simpatiza con Fillon.

La respuesta del equipo de Le Pen

El director de campaña de Le Pen, David Rachline, declaró al diario Libération que de ninguna forma puede hablarse de plagio, sino que la candidata hizo las alusiones al discurso de Fillon de forma consciente porque quiere demostrar que es una candidata que une a las personas.

Le Pen recurrió a una estrategia peligrosa para captar votos. (Reuters)

Le Pen recurrió a una estrategia peligrosa para captar votos. (Reuters)

 

AGENCIA DPA