Escándalo en Brasil: Temer acorralado

Michel Temer Escandalo

El presidente de Brasil, involucrado en un nuevo escándalo de corrupción, quedó al borde del juicio político. Esta mañana hubo varios allanamientos en el Congreso. En la mira está su socio Aécio Neves, cuya suspensión como senador fue solicitada por la Corte Suprema.

¿Al borde del juicio político?

Acorralado por el escándalo de corrupción que lo dejó al borde del juicio político, Michel Temer suspendió su agenda de actividades en el Palacio del Planalto y los rumores sobre su futuro crecieron entre los diputados de la oposición. Ayer a la noche se divulgó la existencia de una grabación en la que Temer aparece avalando el pago de coimas. “Estoy viviendo el peor momento de mi vida”, habría afirmado el presidente a su círculo íntimo.

Luego de que circulara el dato sobre la grabación, y en medio del escándalo, el mandatario sólo se refirió a las actividades del Gobierno y del Parlamento las cuales seguirían su normal funcionamiento. Sin embargo, tras los allanamientos que realizó la Policía Federal de Brasil esta mañana en busca de documentación vinculada con el pago de coimas, la presidencia de Brasil suspendió toda la agenda para el día de la fecha.

La actitud del Gobierno despertó rumores de todo tipo en el resto de las fuerzas políticas brasileñas. Según trascendió, Temer podría pronunciarse públicamente al mediodía. Anoche, cuando estalló el nuevo escándalo hubo cacerolazos y protestas contra Temer en San Pablo y las demás ciudades importantes de Brasil. Se esperan para hoy nuevas manifestaciones de quienes reclaman que el presidente abandone su cargo.

Temer acorralado

Las tapas de los diarios brasileños reflejan la magnitud del escándalo.
(AFP)

Según medios locales, el Presidente confirmó que “vivía el peor momento de su vida”, mensaje que habría transmitido a sus colaboradores más cercanos. Los motivos por los cuales la casa de gobierno decidió suspender todas las actividades no fueron comunicados, algo que aumentó la incertidumbre.

Esta mañana el escándalo de las grabaciones creció exponencialmente, incluyendo allanamientos y detenidos. Varios de los domicilios allanados pertenecen a Aécio Neves, titular del Partido Socialdemócrata de Brasil, quien perdió en las presidenciales de 2014 contra Dilma Rousseff.

La Corte Suprema ordenó que se separe a Neves, aliado clave de Temer, de su cargo de senador. Andrea Neves, su hermana, ya fue detenida por orden del juez del máximo tribuna Edson Fachin.

El Tribunal Supremo de Brasil suspendió en su cargo al diputado Rodrigo Louras Rocha, uno de los protagonistas del escándalo de corrupción que tiene en jaque a Temer. El cerco de la investigación se cierra cada vez más sobre el presidente brasileño.

 

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La encrucijada brasilera III: El ocaso de una idea

Brasil 3-01>Por Luciano Espinosa* Exclusivo para Mix Político desde Brasil

Sobre el campo de batalla se impone una extraña y psicótica calma. Una espesa bruma de tierra y pólvora, va perdiendo espesor y las primeras figuras se pueden divisar en el horizonte. El silencio se impone con desprecio, merced las bocas de cañón aplacan su ira. El cuadro de situación es tan grave como siempre, pero más claro que nunca: Si como se comentó precedentemente en ediciones anteriores, la oposición ya tomó la colina (el palacio del Planalto[1]), el pasó que se dio ayer, supuso nada menos, asegurar la posición y dispersar los últimos atisbos de resistencia: pero a decir verdad, estamos ante la primera derrota aplastante, y por primera vez, parece que se consumará finalmente los peores presagios anunciados. Pero veamos los acontecimientos en desarrollo.

Entendemos loable realizar una breve lectura en perspectiva, de lo que está sucediendo en Brasil, con la intención de sumar a cualquier lector ocasional: Antes que nada debemos recordar que la crisis política, es solo una de las caras de lo que pareciera una tormenta perfecta.

Comenzaremos recordando que Brasil enfrenta su peor crisis económica en 70 años, y sus indicadores, realmente asustan: por un lado hace 3 años que la economía no crece, muy por el contrario, asiste a un proceso de retracción que deja cada vez más personas fuera del sistema, para este año se espera que su producto bruto interno (PBI) caiga entre un 3.6% y un 4%; a esto se le debe sumar un aumento paulatino de la deuda pública y el déficit primario, esta última, según declaró Cassio Cunha Lima presidente del Partido de la Social Democracia Brasileña (PSDB) en el senado, ya alcanzaría los R$ 150 billones, muy por encima de los 96 billones de reales que se plateó como meta Rousseff. Por otro lado la inflación ha aumentado en sintonía con el desempleo, posicionándose ambos en torno al 11% y 12%.

Uno de los flagelos más apuntados por la sociedad brasilera, es justamente la falta de empleo de calidad y la pérdida real del poder adquisitivo. Es de resaltar que esta crisis económica ha dinamitado las demás áreas de la realidad: sus consecuencias se sintieron con fuerza en el ámbito social y sobre todo en el político; esto produjo un círculo vicioso descendiente, que en la medida que avanza, se retroalimenta de sus consecuencias, produciendo problemas cada vez más graves y profundos.

Con respecto a la crisis política, tenemos que recordar, un proceso de perdida de capital político[2] severo y angustiante, devenido luego de los problemas económicos que apuntamos en el párrafo anterior, pero sobre todo, consecuencia del incumplimiento de las promesas de campaña que Dilma realizó en las elecciones presidenciales de 2014: o como el mismo Lula aseveró “ganamos con un plan (progresista), y terminamos aplicando otro (neoliberal)”. Así el Partido dos Trabalhadores (PT) se encontró en el peor de los escenarios: sus opositores siguieron mostrando disconformidad con sus medidas y dinamitaron sus bases: los trabajadores, que sintieron una vez más el sabor amargo de la traición.

Dado esto, se acusó a Dilma Rousseff de maquillar las cuentas fiscales[3] en la medida que habría retardado el traspaso de fondos de la unión, a los bancos que depositan el dinero para los beneficios sociales de las personas más necesitadas del Brasil (planes como “minha casa, minha vida” y “bolsa familia”) en perjuicio de los bancos, que por momentos contaron con menor liquidez, no de los beneficiarios, que recibieron sus ayudas en tiempo y forma. Esta práctica, es llamada “pedalada fiscais” [pedaleada fiscal] y se supone que atenta contra el espíritu de la democracia, en la medida que muestra maliciosamente una imagen distorsionada del déficit público federal, para influir sobre el electorado. Lo que no se menciona usualmente que Dilma no es la primera que habría incurrido en esta operatoria, pero sí la primera en ser juzgada: una vez más nos horrorizamos en afirmar que estamos ante un juicio político [impeachment] que tiene todo de político, y nada de jurídico.

El impeachment fue ganando gravedad en la medida que el frente petista sufría ruidosos quiebres y fracturas. Por importancia no debemos olvidar que el rompimiento con el Partido del Movimiento Democrático Brasileño (PMDB) fue quizá el principio del fin. En argentina no tenemos algo similar al PMDB, pero podríamos caracterizarlo como un partido con la presencia territorial de la UCR, pero con una devoción por el poder peronista…

Además como antes se adelantó, el PT perdió las calles, muchos de sus principales referentes quedaron desencantados con el desenlace de esta historia. Si a esto le sumamos además, una persecución política encarnizada por los grupos multi-mediáticos más concentrados del Brasil tenemos los actuales resultados.

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La apertura de los Juegos Olímpicos desde una favela en Río

 

De soldados a mártires:

Vemos bien, aclarar que desde principios de año en este medio, se comenzó a realizar una serie de análisis sobre la actual crisis brasilera, que por sus dimensiones, terminaron haciendo de esta reflexión un dossier, que hoy llega a su cuarta entrega.

Los partes que alcanzamos al lector, no pueden ser más desalentadores; en ediciones anteriores adelantábamos tempranamente que la posición de Dilma era por demás de incomoda, y que luego de ser apartada[4] de la presidencia debía escoger entre dos mundos por demás de complejos; o renunciaba (como hizo Collor de Mello en diciembre de 1992) o inventaba algo, que en la región es totalmente nuevo: ausentarse de la presidencia por 6 meses y retomar sus funciones. Remarcamos también que la mandataria no es de aquellos que se alejan prontamente del campo de batalla: su piel rasgada por innumerables rencillas y lacerada cruelmente por los titanes que ha enfrentado, emprendería una lucha más, su honor está en juego. Pero volvamos sobe lo que aconteció ayer en el senado de Brasil.

Por una abrumadora diferencia, el senado brasilero (81 legisladores) resolvió comenzar con el juicio contra Dilma Rousseff. Luego de 16 horas de un debate cada vez más pobre, se procedió a votar. Solo era necesario contar con la mayoría simple (42), pero así mismo los senadores que optaron por el juicio sumaron nada menos que 59 votos.

A decir verdad, desde este trabajo caracterizamos el período que viene como la posguerra, a sabiendas que las fuerzas se encuentran desproporcionadamente en favor de los pro-impeachment. Para el juicio en sí, que tendrá lugar desde el 25 hasta el 29 de Agosto, la oposición deberá recabar una mayoría calificada (las dos terceras partes, que equivalen a 54 votos) y a decir verdad, ya cuenta sobradamente con la fuerza para destituir definitivamente a la experiencia petista del gobierno: en el día de ayer 59 legisladores se manifestaron contra la continuidad de Dilma, 5 votos más de los necesarios para la destitución en el juicio de fin de mes.

No es menor la importancia de lo que se avecina. Perdida la última batalla (elección de diputados del 17 de Abril) y apartada de sus funciones (cámara de senadores 12 de mayo) se buscará perfeccionar la conflagración, dotando al interinato de Temer de una institucionalidad, que las urnas le negaron. Los 21 senadores fieles al gobierno que condenaron el juicio político, devendrán en mártires, en la medida que al parecer la suerte esta echada.

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Lula da Silva y Dilma Rousseff

 

¡Fuera los corruptos!

A decir verdad, desde este trabajo, se tiene absoluta certeza que impeachment, sin crimen de responsabilidad, es golpe; no fueron juzgados por igual razón los presidentes que incurrieron en las mismas prácticas que la apartada mandataría, en ningún momento los legisladores apelaron a fundamentación jurídica para tomar sus decisiones, repetimos una vez más que este proceder tiene todo de político, y nada de jurídico: el gobierno petista dinamitó sus bases de apoyo por errores que no pueden imputar a personas de fuera, y sufrieron una suerte de revancha espantosa, que tiene en vilo al país más importante de la región.

El llamado a tomar el timón de este buque colosal a la deriva, es nada menos que Michel Temer (PMDB), un personaje un tanto controvertido de la escena brasilera, que supo tejer una red de poder que hoy está dando sus frutos más deliciosos, pero no logró llegar hasta hoy sin algunas manchas de lodo en sus vestiduras: el mismo, ante muchos escándalos provenientes del petrolão que lo señalan a él y su ministerios,  fue indicado por una delación premiada de Marcelo Odebrecht (ex ceo de la constructora más grande de la región que lleva su apellido) como responsable de aceptar coimas  para el Partido del Movimiento Democrático de Brasil por la módica suma de 10.000.000 de reales (3.15 millones de dólares) según recogió la revista Veja.

La suerte está echada, pero indefectiblemente Temer, en evidente alianza con el derechista  Partido de la Social Democracia Brasileña (PSDB), precisa hacerse con el marco institucional que le otorgue la legalidad (jamás legitimidad) suficiente para ocupar el ejecutivo hasta el 1 de Enero de 2019, donde concluirá su mandato.

Es por demás de sorprendente la reacción de algunos brasileros con los  que tuve la oportunidad de hablar; cuando uno les pregunta cómo puede destituirse a una mandataria elegida por 55 millones de ciudadanos por maquillar las cuentas fiscales, y poner en su lugar a un político que evidentemente tuvo una participación escandalosa en el reparto de coimas de PetroBras, que desde que asumió, él y sus ministros, buscaron detener la investigación por corrupción en torno a la estatal petrolera (operação Lava-Jato) y que además no lo votó nadie, ellos solo contestan: Bem-Vindo ao Brasil moço [Bienvenido a Brasil, chico].

 

*Sobre el autor: Nacido en General Pico, La Pampa. Licenciado en Ciencias Políticas por la Universidad Nacional de Río Cuarto, realiza una maestría en la Universidad Federal do Tocantins, becado por la Organización de Estados Americanos, actualmente reside en Palmas (Brasil).

NOTAS:

[1] Sede del gobierno federal de Brasil.

[2] Ver La encrucijada brasilera: un desafío para las democracias de la región 

[3] Ver “El nunca más de la corrupción: auge y caída de una forma de hacer política en la región latino-americana

[4] Ver La encrucijada brasilera II: En busca de un timón.

Adiós a la alianza con Cuba

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>Por Luciana Garbarino

El nuevo gobierno de Brasil, a pesar de ser interino, propuso un giro radical en materia de política regional. Los alcances del nuevo rumbo impactan de lleno en sus vecinos sudamericanos, pero también en otros socios estratégicos más lejanos como Cuba

Volver a la pequeña esquina”. Tal podría ser el título de un tango escrito hacia los años 20 en algún rincón lluvioso de Buenos Aires. Pero la realidad es mucho más ruin que esa pintoresca imagen. Con esas palabras, Celso Amorim –canciller durante los gobiernos de Lula y ministro de Defensa de Dilma– definió la nueva orientación de la política externa de Brasil en la era de Michel Temer. A pesar de ser interino y de tener escándalos frecuentes a causa de la corrupción de sus miembros, el nuevo gobierno brasileño se propuso un giro radical en materia económica y diplomática. Si respecto del primer punto los objetivos trazados fueron “mayores libertades y menos intervención”, respecto del segundo la propuesta es similar: la nueva Cancillería llega con la promesa de “hacer negocios”. Entre las diez directrices que presentó al asumir José Serra, el nuevo el ministro de Relaciones Exteriores, la primera es que la diplomacia “sirva a los intereses de Brasil” y no a “las conveniencias y preferencias ideológicas de un partido político y sus aliados en el extranjero”. Llama la atención esta afirmación por parte del alguien que, por primera vez después de quince años, ocupa el Palacio de Itamaraty sin ser diplomático de carrera y que tiene una filiación partidaria explícita: Serra pertenece al Partido de la Socialdemocracia Brasileña (PSDB), fuerza que lo convirtió en ministro de Fernando Henrique Cardoso, gobernador, senador y diputado por San Pablo, y candidato a presidente en dos oportunidades (2002 y 2010). Con un nivel de cinismo que desconcierta, Serra continuó su decálogo con el compromiso de estar “atentos a la defensa de la democracia, de las libertades y de los derechos humanos en cualquier país”. En consonancia con los intereses del macrismo, planteó la necesidad de “renovar el Mercosur para corregir lo que necesita ser arreglado”, con miras a habilitar los tratados bilaterales de libre comercio con países que no integran el bloque y a eliminar la unión aduanera. También en sintonía con los nuevos intereses argentinos, habló de “seguir construyendo puentes con la Alianza del Pacífico”.

No es de extrañar entonces que una de las primeras acciones del flamante gobierno haya sido despedir a Marco Aurélio Garcia, asesor de Lula y de Dilma en política exterior y hombre clave para la integración latinoamericana. Tampoco sorprende la emisión de un comunicado rechazando las afirmaciones de Venezuela, Cuba, Bolivia, Ecuador y Nicaragua que calificaron de “golpe” al proceso de destitución iniciado contra Dilma Rousseff. A simple vista, lo que puede resultar más llamativo es la insistencia en el cambio de rumbo en materia de política exterior, teniendo en cuenta que la desplegada durante los años petistas fue realmente exitosa. Pero, si se analiza con más profundidad, se anuncian tanto rupturas como continuidades en el plano diplomático: sólo algunos de los socios cosechados en estos últimos años resultan indigeribles para el nuevo gobierno.

La pesada herencia

Por ser un actor de peso global, desde la llegada de Lula al poder la estrategia de Brasil consistió en abonar la construcción del multilateralismo apoyándose en el diálogo y la cooperación, en especial Sur-Sur. No se trataba de cuestionar el orden internacional existente, sino de ampliar los márgenes de negociación frente a las principales potencias. Tal como lo explica Monica Hirst, el objetivo era “maximizar oportunidades de iniciativas políticas, especialmente por medio de coaliciones con otros poderes emergentes, dirigidas a estimular inclusión, cambio y mayor representatividad en el terreno de la gobernanza global” (1). Los beneficios fueron múltiples: Brasil se consolidó como líder regional, impulsó la creación de la Unasur y la CELAC, fortaleció su participación en las misiones de paz de la ONU, se integró al BRICS y al IBAS, multiplicó acuerdos y alianzas con países de la periferia en Medio Oriente, África y América latina y llegó a poner a uno de los suyos en la dirección general de la OMC. Este activismo internacional, no obstante, reposó en buena medida en la figura de Lula, y esto explica en parte la modificación de la situación durante la presidencia de Dilma. Si bien el rol de Itamaraty siguió siendo relevante (como lo ejemplifica la denuncia en la ONU contra Estados Unidos por espionaje), progresivamente fue perdiendo protagonismo, hecho agravado por el estancamiento económico en el que cayó el país. El nombramiento de Serra, en este sentido, anuncia la intención de volver a otorgarle prioridad a la política exterior brasileña, con la salvedad de que en adelante tendrá otras prioridades.

Lo que más irrita al nuevo gobierno en materia internacional, como a toda la derecha sudamericana, es la política desplegada a nivel regional: Lula profundizó los vínculos con los gobiernos de centroizquierda y jugó un rol fundamental como mediador en diversas situaciones de conflicto en el bloque bolivariano (en Bolivia y en Venezuela). Pero quizá uno de los peores elementos de “la pesada herencia” sea la relación con Cuba.

Desde que Brasilia restableció relaciones diplomáticas con La Habana en 1986, el intercambio entre ambos países no dejó de incrementarse, con mayor intensidad desde la llegada del PT al poder. Cuando Lula llegó a la presidencia, los vínculos con la isla se apoyaron fundamentalmente en las coincidencias ideológicas, pero luego de la apertura económica impulsada por Raúl Castro, las relaciones tomaron un tinte más pragmático ante las oportunidades de negocios que se abrieron.

Brasil fue adquiriendo por este camino cada vez mayor relevancia para la isla, hasta convertirse en un aliado estratégico en América Latina. La novedad se produjo en un contexto en el que Cuba se proponía salir de su aislamiento internacional, tejer vínculos en la región que trascendieran a Venezuela y encontrar inversores que acompañaran la actualización del modelo socialista. Brasil, por su parte, apostó a la relación con Cuba al verla como un puente hacia el mercado del Caribe –y en un futuro no demasiado lejano también hacia Estados Unidos– y hacia otros países de la periferia. Para Itamaraty La Habana era considerada una “superpotencia” diplomática gracias a sus vínculos con el mundo en desarrollo, los cuales podían ser funcionales a la estrategia brasileña de fortalecer sus posiciones en ámbitos internacionales y organismos multilaterales (2).

Cuando Serra habla entonces de “desideologizar” la política externa, alude a una reformulación de las relaciones con los países bolivarianos más Cuba, y a un acercamiento con las principales potencias; es en esa clave que debe leerse su reciente viaje a París en el que se reunió con el Consejo de Ministros de la OCDE. Sin embargo, en otros aspectos le dará continuidad a los lineamientos que se venían desplegando durante el período anterior, como la centralidad otorgada a los foros de coordinación con socios estratégicos en el marco del IBAS y el BRICS.

Efecto mariposa

Como novena economía mundial, principal Producto Interno Bruto de América Latina y primer socio comercial de casi todos los países del Mercosur, es indudable que la crisis brasileña tendrá repercusiones en todos los rincones del mundo, empezando por sus vecinos de Sudamérica. Forzando la analogía, se podría decir que estamos ante una suerte de efecto mariposa. El famoso concepto formulado por el meteorólogo Edward Lorenz plantea que la mínima variación de las condiciones iniciales de un determinado sistema puede provocar su evolución en formas completamente diferentes. Según el mito, su nombre proviene de un proverbio chino que versa: “el aleteo de las alas de una mariposa puede provocar un tornado al otro lado del mundo”. Siguiendo con el razonamiento, para países como Cuba, que tienen a Brasil como socio comercial fundamental –su segundo socio en la región– y que han entrado en la “lista negra”, las consecuencias de este giro político resultan impredecibles. Más aún considerando que la situación para la isla ya es delicada a causa de la inestabilidad de Venezuela, su otro aliado estratégico y principal proveedor de petróleo.

Hasta el momento, la relación entre Brasil y Cuba consistía básicamente en el intercambio de alimentos y maquinaria industrial brasileños por productos farmacéuticos y minerales cubanos. También era importante la articulación entre ambos en materia de salud: el programa “Más Médicos” permitió que unos 11.000 médicos cubanos presten servicio en las zonas más pobres de Brasil. Pero lo fundamental es que Brasil es uno de los principales inversores de la isla, y por lo tanto un actor esencial en el proceso de apertura económica. Para graficarlo con un hecho concreto, la remodelación del puerto Mariel, situado a unos 40 km de la Habana y piedra angular para la atracción de la inversión extranjera, estuvo a cargo de la empresa brasileña Odebrecht. La construcción contó con un financiamiento de 800 millones de dólares por parte del Banco Nacional de Desarrollo Económico y Social (BNDES) –una institución estatal brasileña– y suscitó grandes críticas hacia Dilma por parte de la oposición de su país. En plena campaña presidencial de 2014, la candidata del PT justificó el proyecto por la gran cantidad de puestos de trabajo que había generado –456.000 según sus palabras– y por la oportunidad que representaba para el empresariado local de insertarse en el mercado del Caribe. A pesar de las acusaciones de corrupción que atraviesan a la empresa en su país de origen, Odebrecht tiene varios negocios activos en Cuba: la expansión de la terminal tres del aeropuerto internacional de La Habana, la administración y modernización de un ingenio azucarero en Cienfuegos y está en estudio la posibilidad de construir una planta productora de envases y embalajes plásticos en la zona de desarrollo económico de Mariel.

Como se aprecia, la diferencia de modelos entre ambos países no es percibida por los inversores brasileños como un obstáculo, sino todo lo contrario. El representante de Odebrecht en Cuba, Mauro Augusto Hueb, elogió el “alto nivel cultural, sentido de la disciplina y una facilidad de aprender impresionante del trabajador cubano” y afirmó que en la isla su empresa encontró “un gran potencial de permanencia y perpetuidad” (3).

La necesidad respecto del gigante sudamericano no impidió que al momento de la destitución de Dilma el gobierno cubano condenara el golpe en Brasil y alertara sobre “la contraofensiva reaccionaria del imperialismo y la oligarquía” (4), irritando aún más a Serra, que salió a retrucar “esas mentiras”.

Política de reducción de daños

Algunos analistas interpretan el acercamiento de la isla hacia Estados Unidos como una acción preventiva a la decadencia venezolana. Sin dudas la lección aprendida tras el período especial fue lo suficientemente clara como para entender que la prosperidad de Cuba no puede depender íntegramente de un solo país. Lo cierto es que la normalización de las relaciones con su antiguo enemigo está generando grandes expectativas económicas. Los meses recientes estuvieron cargados de novedades en este sentido, siendo la visita de Obama a La Habana en marzo la noticia de mayor trascendencia.

En el marco de esta apertura exterior, Cuba también regularizó su relación con la Unión Europea. El 11 de marzo La Habana y Bruselas cerraron un acuerdo de diálogo político y cooperación que puso fin a veinte años de despliegue de la “posición común”, que desde 1996 condicionaba la relación bilateral a reformas políticas en la isla.

Habrá que ver si esta diversificación le permite a la isla soportar el tornado que está despertando el aleteo brasileño.

1. “Los desafíos del gigante emergente”, en Explorador Brasil, Luciana Ravinovich (coord.), Le Monde diplomatique/Capital intelectual, mayo de 2013.

2. “Volver al futuro”, Explorador Cuba, Luciana Garbarino (coord.), Le Monde diplomatique/Capital intelectual, marzo de 2016.

3. “El grupo brasileño Odebrecht amplía su presencia en Cuba”, 3-2,2016, www.14ymedio.com

4. Declaración del Gobierno Revolucionario de Cuba, 12-5-16, www.minrex.gob.cu/es/declaracion-del-gobierno-revolucionario-5

 

Publicado originalmente en: EL DIPLÓ

La encrucijada brasilera II: En busca de un timón

Brasil 2

>Por Luciano Espinosa* Exclusivo para MIX POLÍTICO desde Brasil

Antes de comenzar un análisis de los nuevos acontecimientos acaecidos en el vecino país, me gustaría comenzar aplaudiendo la recurrente actitud de Andrés Fernández[1], por su permanente e incansable vocación de generar espacios de debates, signados por la libertad de expresión y la buena fe intelectual.

En una de las publicaciones anteriores[2] difundidas en este blog, manifestábamos, tempranamente, las grandes dificultades que nublaban el panorama político del Partido dos Trabalhadores (PT). Para esta labor, no se contó con ningún tipo de providencia ni azar: se percibió en Brasil la creación de una alianza opositora (del tipo, “todos contra N” y “cuanto peor, mejor”) que contaba con importantes formas de hacer daño. En la misma, se podían contar nutridas tendencias de todo tipo, siendo en realidad el único factor aglutinante la repulsión generada por el binomio Lula-Dilma: en las filas de este bloque, se podía divisar opositores clásicos con diferencias ideológicas bien marcadas, defensores de una corriente neo-liberal; anteriores aliados del PT, que a la postre devinieron en crueles verdugos; representantes de movimientos sociales y trabajadores (columna vertebral del primer Lula) ampliamente defraudados por el matiz liberal que iría adoptando el gobierno, aún más marcado en este segundo mandato de Dilma Rousseff; medios de comunicación con una presencia territorial impresionante: el Grupo O globo, el Grupo Folha (holding que es dueño del periódico Folha de São Paulo, uno de los diarios de mayor tirada en Latino América), la revista VEJA de Editora Abril, entre otros.

“La encrucijada brasileña: un desafío para las democracias de la región” fue escrita el 13 de Abril del corriente año y una de sus finalidades era analizar la crisis política del Brasil, prestando capital atención a los juegos de poder subterráneos que acontecían a diario. En esta misma publicación se comentó que la votación en diputados (17/04), devenía en la última trinchera del PT para detener un avance que se presentaba impiadoso, y hasta por momentos sanguinario. Además cabe recordar que representaba todo un desafío para la oposición coordinar sus fuerzas y reunir nada menos que un mínimo de 342 legisladores (unas dos terceras partes de un total de 513 parlamentarios); así mismo, y quizá además facilitado por las debilidades crónicas que enfrenta el Lulopetismo, la oposición logró hacerse con la jornada. Quedaran en los anales de la historia una sesión desordenada, por momentos grotescas, que mostró quizá lo peor de la miseria política, y al grito de “Tchau Querida” la ofensiva se alzaba con la victoria, e imponía como nuevo campo de batalla el Senado.

La contienda en la cámara alta, tal como tempranamente se advirtió en este medio, estaba predestinada a separar a la mandataria Dilma Rousseff del Planalto. Quizá precozmente, en la nota anterior, adelantamos que al menos 51 senadores (de los 41 necesarios) votarían a favor del Impichment, mal que le pese al oficialismo brasileño, nos quedamos cortos; 55 legisladores se sumaron la propuesta pro-juicio político.

La continuidad, luego de la discontinuidad:

Cualquier lector desatento podría creer con toda razón que Dilma fue destituida y que en Brasil hay nuevo presidente, pero nada de eso; solo comenzó el juicio político.

Rousseff se encuentra en calidad de apartada de su cargo, merced avanza en la cámara alta el enjuiciamiento en su contra, que como se dijo en publicaciones anteriores, las mismas versan sobre la presencia o no, de pedaladas fiscais (pedaleada fiscal): a saber, si la presidenta incurrió en maquillaje de las cuentas públicas en las pasadas elecciones presidenciales de 2014, en la medida que habría retardado el paso de fondos federales a bancos encargados de girar el dinero para planes sociales como “minha casa, minha vida” (mi casa, mi vida) y “bolsa familia”. Esta acción, de comprobarse, hubiera sido perjudicial para los bancos, no para los destinatarios de las asignaciones, en la medida que estas entidades se hubieran encontrado por un período de tiempo con menos liquidez, pero las partidas sociales se asignaron en tiempo y forma. A decir verdad, en ocasiones cuesta repetir esta información hasta el hartazgo, pero a decir verdad es realmente evidente la mala intención periodística en medios hegemónicos del vecino país, que procuran relacionar este hecho con el escándalo de PetroBras[3] (denominado petrolão), siendo que esto no tiene relación alguna con la materia juzgada.

Ya apartada Dilma, el presidente del Partido del Movimiento Democrático Brasileño (PMDB), quien fuese además su compañero de formula, ocupa interinamente ese cargo, como así lo especifica la Constitución Nacional de 1988. El panorama no podría estar más confuso, siendo interino, Temer cambió todo el cuerpo de ministros, y con ello la orientación del gobierno.

En un artículo de consulta obligatoria para comprender la cuestión Brasil[4], uno de los mejores periodista de internacionales de la región, Pedro Brieger, sugirió que el cambio de gabinete representaba un “giro de 180º” con respecto a la anterior gestión, y de ahí la condena fragante que intelectuales de todo el mundo le hacen a Temer: llegó para quedarse, tiene un plan de mediano plazo (al menos, y pecando de extraña ingenuidad, hasta concluir el mandato presidencial en 2018), y con ello está entorpeciendo el juicio contra Dilma y condicionando las conclusiones del mismo. Por mi parte, considero que el giro es un poco menos pronunciado, dado que este segundo mandato de Dilma, no se caracterizó justamente por la colectivización de la producción, la reforma agraria o la conformación de soviets al interior de las industrias brasileñas, nada de eso. El viraje hacia consignas de mercado ya comenzó en la era PT, o como admitió el mismo Lula “ganamos con un programa <en las presidenciales de 2014 > y aplicamos otro” quizá más afín al que proponía su rival Aecio Neves.

Pero indefectiblemente va a acontecer un cambio, en lo personal espero un giro más pronunciado a la derecha, o retomando la metáfora de Brieger, espero un giro de 45° hacia las posiciones mas reaccionarias y librecambistas: una imagen de época, serán estos 22 nuevos ministros llamados a acompañar a Temer, los cuales parecen más una suerte de revancha de clase (son todos ricos, entre ellos, uno de los casos más asombrosos es quizá el del ministros de agricultura Blairo Maggi del Partido Progresista, quien es conocido en Brasil como “El rey de la soja” y considerado uno de los más grandes exportadores mundiales de esta leguminosa); una revancha etaria (en este gabinete se excluyó absolutamente a la juventud brasileña, aunque se podría realizar algún tipo de mención por el caso del ministerio de defensa, para ser honesto esto no prosperó); una revancha racial (uno de los elementos más sombríos, es que se formó un colegiado de blancos para gobernar una sociedad conformada por un 50% de negros) y por sobre todas las cosas una revancha de género (en este punto se hace muy difícil no recordar que la mandataria a destituir es mujer, y que desde entonces, la lucha por la igualdad ha cobrado inaudita fuerza en Brasil). Con respecto a este último punto hay un hecho que en lo personal, me aborda intempestivamente: el Primer Ministro de Canadá, Justin Trudeau de tan solo 43 años al memento de asumir, fue consultado por la razón de conformar su equipo de gobierno por cantidades iguales de mujeres y hombres, a lo que este respondió “porque estamos en 2015”, en este caso la hipotética respuesta del presidente interino Michel Temer, la reservo al imaginario del lector.

¿Como sigue todo?

En principio debemos aclarar que, como se viene haciendo, nos mantendremos fieles al texto normativo que regula el proceso de enjuiciamiento en cierne, pero con la mirada bien puesta en los otros acontecimientos que escapan al aspecto técnico y tienen más que ver con la parte más sucia de la política.

En principio, se espera que el presidente del Supremo Tribunal Federa (STF) Ricardo Lewandowsky asuma la dirección del proceso judicial en la cámara alta y más cerca de diciembre del corriente año se proceda a una votación para decidir la responsabilidad de Rousseff en las pedaleadas fiscales. Para apartarla definitivamente del gobierno, la oposición precisan una mayoría cualificada (o sea 61 votos, de los 81 que tiene la cámara) en el Senado de Brasil. Este número puede parecer abultado, pero a decir verdad la posición de Dilma no es nada fácil, la misma se comprometió a luchar hasta el fin y no renunciar, comparando incluso esta situación con los dolores que le generó el cáncer que antaño padeció, y las torturas de la última dictadura militar. En la elección del 12 de Mayo, 55 senadores optaron por el apartamiento de la mandataria, además tenemos que recordar que los senadores propios con los que cuenta el PT ascienden a la módica suma de 8, y la completa fidelidad aliada, no esta asegurada de antemano. La clave radica en los 22 legisladores que buscaron frenar el impeachment, ¿seguirán fieles a su posición?. Es muy difícil prever una cosa como esa, pero si consideramos que la sociedad del Brasil asume prácticamente como hecho dado la separación de Dilma, por las razones que esgrimimos al comienzo del artículo, y existe una presión inaudita desde los medios hegemómicos de comunicación, que buscan intempestivamente pintar sobre el fuselaje de su bombardero multi-mediático, la cara de Lula, podemos sospechar que hoy Dilma depende de los errores de Temer, un comienzo desafortunado, una sociedad desencantada, la profundización de la crisis, la quita de conquistas sociales a las clases menos pudientes, en el marco de una de las sociedades más injustas de América Latina, pueden ser el caballo de batalla que encaren la resistencia petista.

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A modo de conclusión.

La oposición ocupó su objetivo estratégico de toda esta campaña: El Planalto[5], ahora les resta fortalecer su posición para resistir, para esto se están celebrando sinnúmeros de alianzas y entramados a fin de brindar todos los aspectos del nuevo gobierno. ¿Y Dilma? Ella luego de una batalla donde la tropa propia huyó en desbandada, está buscando reagruparse ¿contará con el capital político necesario para hacerlo? Eso va a depender de las medidas de gobierno de Temer, una política de shock temprana y despiadada, como le piden desde los partidos que lo acompañan (entiéndase PSDB), pueden dejarlo en una posición de debilidad crónica, que fácilmente pueda ser aprovechada por el petismo.

*Sobre el autor: Nacido en General Pico, La Pampa. Licenciado en Ciencias Políticas por la Universidad Nacional de Río Cuarto, realiza una maestría en la Universidad Federal do Tocantins, becado por la Organización de Estados Americanos, actualmente reside en Palmas (Brasil).

[1]Director del Blog Mix Político y amigo personal.

[2]http://mixpolitico.com.ar/post/la-encrucijada-brasilera-un-desafio-para-las-democracias-de-la-region/

[3]PetroBras: Petróleo Brasileiro, empresa bandera de crudo brasileño, una de las más grandes del mundo y con un capital gigante.

[4]http://www.nodal.am/2016/05/brasil-da-un-giro-de-180-grados-analisis-del-director-de-nodal/

[5]Casa de gobierno de Brasil, donde residen las autoridades de gobierno del país.

La encrucijada brasilera: Un desafío para las democracias de la región

Brasil Nota Espinosa-01

>Por Luciano Espinosa[1] Exclusivo para MIX POLÍTICO desde Brasil

[Palmas, Tocatins; 12 de Abril de 2016]

En el día de hoy asistimos perplejos a un agravamiento crítico del drama brasilero: de ahí el nombre del presente artículo, que no pretende más que discutir algunos elementos básicos de la actual coyuntura política.

En el día de ayer, la Comisión Especial de Impeachment (CEI) aprobó por 38 votos a 27, el informe del diputado Jovair Arantes (PTB-GO), por lo cual la cuestión del “crime de responsabilidade” pasó a la cámara baja para su respectivo tratamiento probablemente elndomingo. Pero profundicemos algo más en los pasos anteriores que nos trajeron hasta aquí.

El pasado miércoles 6 de Abril se presentó la moción del diputado Andrade en la cual se afirmaba la presencia de ilegalidades por parte de la presidenta Dilma Rousseff (el famoso crimen de responsabilidad) en la CEI, comisión ésta que fue creada al efecto de analizar la apertura de juicio político (o impeachment) contra la mandataria en cuestión. Pero ¿cuál es específicamente el rol malicioso que adjudican a Dilma?

En principio, desde la oposición se apunta que la presidenta incurrió en lo que se denomina “pedalada fiscais” en la medida que buscó maquillar las cuentas fiscales de país, para las elecciones presidenciales de 2014, retardando el traspaso de fondos del gobierno federal, a los bancos que giran, luego, ese dinero a los planes sociales como “Bolsa Família” y “Minha casa, minha vida”  (mi casa, mi vida); la oposición aduce que esto habría producido la imagen de unas arcas más abultadas a la hora de discutir modelos de país en la pasada segunda vuelta contra Aécio Neves (PSDB).

Esto, y si se me permite, solamente esto; basamenta la pasada discusión en la comisión. Desde algunos sectores mediáticos se buscó confundir el proceso de impeachment con el Petrolão, es decir, con el escándalo de corruptelas y dádivas que tiene como eje a PetroBras, las mayores empresas del país y docenas de altos funcionarios, que otorgaban la cobertura política necesaria para incurrir en estas prácticas maliciosas. Hasta el cierre de esta edición, la mandataria del Planalto, no está apuntada en el petrolão.

Los tuyos, los míos y los nuestros: Diputados la última gran batalla.

Es más que necesario comprender cómo  sigue todo el litigio en torno a la jefa de estado, para develar así, los próximos movimientos, en un tablero de ajedrez que se presenta atiborrado de colinas y trincheras.

Entre el viernes 15 y lunes 18 tiene fecha la última gran batalla en la cámara baja, y para ser realmente honestos, hasta ahora la paridad de fuerzas se mantiene equilibrada. El pliego aprobado ayer en la CEI pasará a diputados para su respectivo tratamiento por los 513 parlamentarios que integran la cámara; aquí los dos bandos formados al efecto del juicio político, buscaran contar con toda la tropa propia, para llevar acabo su objetivo, sin descartar algún acuerdo coyuntural con los indecisos que aún no hicieron pública su intenciones, de ahí el presente subtítulo. Un capítulo aparte merece la importancia de los ausentes y las eventuales abstenciones, para este acontecimiento.

Pero ¿por qué se puede considerar como una última batalla?. Si bien el termino puede ser precipitado, busca retratar una conciencia que se ha instalado en los actores involucrados: en aquellos que no quieren que el impeachment se archive y en aquellos que ven con malos ojos que el proceso acusatorio avance. Así mismo volveremos sobre este punto más adelante.

Por el lado del oficialismo, saben que su posición no es para nada cómoda, las últimas encuestas muestran una imagen positiva de Dilma sumamente deteriorada, si bien con un repunte leve entre marzo y abril; y en el marco de una crisis política, económica y social que promete devorar las mejores intenciones,. Ante esta compleja circunstancia, aparece la oportunidad de trabar el impeachment en diputados con las fuerzas propias y aliadas, y volcar los esfuerzos a los demás problemas domésticos. Pero si por el contrario, el pedido de juicio político llega al senado, el daño que puede producir pondrá realmente a prueba el umbral de dolor del Partido dos Trabalhadores (PT), cuestión que abordaremos inmediatamente después.

¿Cómo sigue todo en diputados? En este fin de semana (posiblemente el domingo 17, merced a lo confirmado esta mañana por la cadena Oglobo) se procederá a una votación muy ajustada  en la cámara. Es muy difícil arriesgar números, pero de los 513 legisladores se necesitan dos terceras partes de los mismos (o sea, 342 votos afirmativos) para aprobar el pedido de juicio político en esta instancia o 172 votos negativos para destinar esta moción al “basurero de la historia”. ¿Alguna de las partes alcanza estas cifras? Por el momento no. Los pro-impeachment, contarían con una fuerza de entre: 286 (Data Folha), 290 (Clarin) y 308 (O Estado) legisladores que darían el “SI”; por su parte sus detractores contarían con al rededor de 115 votos negativos: Aquí el segmento que develará el secreto, y en definitiva decidirá la suerte del gobierno petista, son los indecisos, un grupo heterogéneo constituido por palomas y oportunistas. Pero ¿cuántos legisladores integran este último grupo? Se estima que entre 91 y 112, según la fuente consultada.

Dados estos números preliminares, y por cierto nada ingenuos, nos encontramos que ambas facciones precisan igualmente al rededor de 55 legisladores para hacer prevalecer su posición. Este dato no es menor, nadie tiene asegurada de ante mano una victoria o una derrota, momentos muy intensos se vivirán esta semana en el gran país sudamericano. Pero hay un elemento que viene a trastocar todo, y su nombre es Eduardo Cunha (PMDB).

Cunha es quizá una de las representaciones más acabadas de las actuales contradicciones de la sociedad brasilera. Por un lado, devenido en opositor, fue el máximo responsable de todas estas embestidas contra la administración Rousseff, y además de ser el político con peor imagen positiva, detenta gravísimas acusaciones por lavado de activos, evasión y cóimas en el Petrolão, cuestión que solo ha podido campear, merced a los fueros legislativos que detenta: es nada menos que el presidente de la cámara de diputados. Pero una de las últimas estocadas que pretende propinar sobre el fatigado cuerpo político de Dilma, es la votación en diputados por orden de Estados, y no por orden alfabético,  como fue en el último pedido de juicio político contra el ex-presidente de la República del Brasil: Fernando Collor de Mello. Esta táctica, basa su efectividad en hacer votar primero a los Estados pro-impeachment (Sur), para luego generar un contagio en los diputados anti-impeachment e indecisos, de los Estados mayormente del Norte. Pero la facción pro-impeachment cometió un error sumamente grave.

En el día de ayer se conoció un audio de al rededor de 15´ en el cual se puede escuchar al vicepresidente de Brasil, Michel Temer (PMDB), realizando un “pronunciamento à nacão” en calidad de discurso de asunción. Esta grabación fue reconocida por el propio Temer, luego de que su secretaria personal aclarase que se trató de una “filtración accidental”; merced a esto, Temer, está ganando amplios repudios en la sociedad civil, merced se conoció que sus intenciones tenían poca relación con la transparencia institucional que declaraba defender. Al respecto, el periódico digital Brasil 247, recuperó una opinión de la mandataria Brasilera que se refería a su vice diciendo: “caiu a máscara do conspirador”, cuestión la cual, estimo no necesitará traducción alguna…

La pregunta obligada es cómo afectará este nuevo hecho en la opinión pública de la sociedad brasilera, y con ello la votación del domingo 17. ¿Tendrá impacto esta noticia en los legisladores que aún no manifestaron su decisión? Cuestión capital si recordamos, como adelantábamos precedentemente, que será la llave para los acontecimientos futuros.

Un punto de no retorno.

En esta parte analizaremos brevemente las implicaciones que puede tener la votación a favor del impeachment en diputados, este domingo. Esta sección viene a ser una suerte de corolario, del revés que podría significar una derrota en la última gran batalla del oficialismo, como se comentó precedentemente.

Los pasos siguientes de la ingeniería institucional brasilera, exige que el Senado (81 legisladores) vote por mayoría simple (o sea, la mitad más uno de los votos: 41) los resultados de una comisión creada a tal  efecto. Esto produciría el inmediato apartamiento de Dilma Rousseff de la jefatura del estado, por un tiempo de 6 meses mientras se inicia el juzgamiento en la cámara alta, presidido ahora por Ricardo Lewandowski, Jefe del Supremo Tribunal Federal (STF), último órgano de justicia en el Brasil. Producida la investigación al efecto, se procede a una votación final en el Senado, que requiere una mayoría cualificada para la expulsión definitiva de Dilma Rousseff; es decir, las dos terceras partes de acuerdo.

Propongo que nos quedemos por un instante con la primera etapa en el Senado: aquella que precipita el apartamiento de Dilma, y precisa ser acompañada por 41 senadores. La primera cuestión central en este análisis, es conocer cómo se encuentra la paridad de fuerzas en la cámara alta; a este respecto tenemos muy malas noticias para el oficialismo; al menos 51 senadores se encuentran en las filas del sector pro-impeachment en su mayoría nucleados en torno a los siguientes partidos: PMDB (con 17 legisladores, es la mayor fuerza en el Senado); PSDB (16 legisladores); DEM (14 legisladores); PTB (con 6 legisladores, adelantó que votará dividido); PR (4 legisladores). Estas peligrosas matemáticas, hacen pensar en una posibilidad muy cierta de desvincular a Dilma del Planalto por 6 meses para su juzgamiento, en caso de llegar el impeachment al Senado (posibilidad ésta, que se considera al  menos muy dudosa). ¿Qué análisis político se puede hacer al respecto?.

En política, se suele apelar, casi hasta el hartazgo, al concepto de capital político, que detenta todo gobierno, en cualquier ámbito de poder que éste sea ejercido. Si bien, por los tiempos y objetivos de este trabajo, no pretendemos inmiscuirnos en los pormenores de tan espinosa cuestión, dadas las imprecisiones de tan vago término, nos contentaremos en recordar la pésima situación que atraviesa la presidenta del Brasil en lo que a imagen positiva se refiere. La mandataria ha reiterado que ha soportado mayores embates que estos en su vida (aludiendo a la persecución que le tocó sufrir en la última dictadura militar) y piensa seguir en su cargo hasta las últimas consecuencias; pero ¿sus allegados pensaran lo mismo?. Si el impeachment pasa de diputados (en lo personal: la última gran batalla) ¿se arriesgarán a una muy probable separación de su cargo por 6 meses? ¿Que pasará en ese período?  Y si es así ¿que actitud tomaran los senadores en la votación definitiva sobre su enjuiciamiento? Más preguntas que respuestas, pero algo es seguro, el desgaste  político que puede suponer que se la aparte del cargo por 6 meses es probablemente irreparable.

Las crisis latinoamericanas a lo largo de la historia, han aleccionado sobre la necesidad imperiosa de contar con sobrado capital político a la hora de enfrentar situaciones de extrema complejidad; por eso reservamos para el final del artículo, una mención del drama argentino de principios del presente siglo.

¿Entonces quién gobierna?

No menor es la pregunta anterior. La línea sucesoria en caso de golpe…ups perdón, de impeachment, continúa con Temer y sigue con Cunha. ¿Estan ellos mejor posicionados que Dilma para asumir las riendas de un caballo que se presenta desbocada? Aquí la respuesta es más sencilla: en absoluto.

Unas encuestas de Data Folha[2] aseveran que el 63% de los brasileros consideran la gestión de Dilma como Ruim/péssimo (mala/pésima), 21% la consideran regular y 10% ótimo/bom (óptima/buena) y que un 61% esta a favor del impeachment[3]. Pero la suerte no es mejor para Michel Temer, próximo en la línea sucesoria que según esta misma fuente, un 58% de los encuestados quieren que cese en su cargo. Pero sin duda la suerte no es mejor para el cuestionado diputado Eduardo Cunha, segundo en sucesión presidencial, sobre el cual un 77% de los encuestados se observan deseosos de que renuncie. Otros de los grandes derrotados en esta crisis son los tucanos, Aécio Neves, el ex-intendente paulista José Serra y el gobernador de São Paulo, Geraldo Alckmin.

Excluyendo a Dilma, todos los demás nombres que se manejan en ocupar el palacio del Planalto, cuentan con el mismo pecado de origen: ninguno llegaría al poder por el voto popular, de ahí su debilidad. Además la sociedad brasilera se ha manifestado a razón de denunciar a toda una clase política, desprestigiada por el escándalo del Petrolão y la corrupción.

Que se vayan todos: sobre la experiencia Argentina.

En la citada encuesta, un 79% de la población se manifestó favorable a celebrar nuevas elecciones. Este dato no puede ser dejado de lado cuando existe una peligrosa línea de acción que se está manejando en algunas oficinas judiciales.

Me refiero al escándalo de la contratista Andrade Gutierres (segunda en importancia en el país, con presencia en más de 30 países y una competencia en varios ámbitos empresariales, que van desde las telecomunicaciones hasta la construcción civil, pasando por saneamiento y energía). A este respecto, nos vemos en la obligación de comentar que su ex-presidente Otávio Marques de Azevedo (uno de los hombres más poderosos y ricos del Brasil) rompió el silencio en una delación premiada, en la acusación presidida por el Juez Sergio Moro, en torno al pago de dádivas que acometió, en el escándalo de PetroBras. En su declaración de Febrero de este año, afirmó, y según trascendidos, otorgó documentación sobre el financiamiento de las campañas presidenciales de 2010 y 2014, donde él participó con dinero del petrolão: entre sus declaraciones se afirma el desembolso de R$20.000.000 para la campaña del Partido dos Trabalhadores en las elecciones de 2014, de los cuales se investiga la posibilidad que la mitad de ellos, (2.75 millones de dolares) hayan sido otorgados en calidad de dádivas. Pero ha decir verdad, el reparto benefició incluyó a, al menos, los mayores partidos de Brasil; otorgando 6.6 millones de dolares al PSDB y 3.1 millones de dolares al PMDB.

Este tema es central, en la medida que la legislación brasilera permite, en principio, la posibilidad de celebrar nuevas elecciones en caso de demostrarse la ilicitud en los orígenes de las donaciones de campaña. Es aquí donde comienza a desarrollarse una trama jurídica, que a la postre podría devenir en una salida de la actual crisis. A este respecto Marina Silva, una de las políticas, que junto con Lula, lidera las encuestas de popularidad, se viene manifestando, en consonancia con el casi 80% de la ciudadanía, a favor de celebrar nuevos comicios. Analicemos por un momento esta novedosa opción.

En otra parte del trabajo sugerimos que una capital político fuerte, es el primer paso para el abordaje   frontal de la actual crisis socio-política y económica que atraviesa Brasilia. La pregunta obligada en este pasaje es si ¿una elecciones anticipadas podrían dotar de capital político al ocupante del Planalto? Y con ello campear mejor el drama brasilero. Tomemos por caso la experiencia Argentina.

La Argentina, ha servido a la teoría política casi como laboratorios para el análisis de las crisismás variadas del sistema capitalista. Sus soluciones, lejos de representar la perfección, revisten inestimables ayudas conceptuales para abordar el tema capital en todo esto: la solución al drama Brasilero.

Luego de sufrir la peor crisis institucional de su historia a comienzos de este siglo, la Argentina comenzó a reorganizar su estructura jurídica, política, económica, productiva, pero sobre todas las cosas comenzó una suerte de “revolución desde arriba” a la criolla, donde finalmente se desarticularon gran parte de los conflictos sociales (como foto de época quedaron los piquetes, las asambleas, los trueques) y, por sobre todas las cosas se reconstituyó el aparato de poder del Estado. Es realmente inimaginable no comentar que este camino fue así instaurado el 25 de Mayo de 2003, donde un desconocido del sur patagónico (que para peor sen reconocía jodón y hablaba con la “eshe”), se hizo con las elecciones presidenciales con apenas un 23% de los votos. Los problemas vertidos sobre Nestor Kirchner fueron realmente muy preocupantes, pero parte del trabajo sucio ya lo había realizado su padrino político, Duhalde, y la economía desde 2002 mostraba señales de mejora y saneamiento (el famoso viento de cola) pero nada de esto sería suficiente sin el liderazgo natural de Nestor: su generación de capital político y acuerdos basados en el diálogo (su más efectiva estrategia fue no reprimir a un pueblo saqueado que no pedía más que comida); pero por sobre todas las cosas la legitimidad de origen que lo bendijo con el voto popular una etapa nueva del país.

 

 

[1]Sobre el autor: Nacido en General Pico, La Pampa. Licenciado en Ciencias Políticas por la Universidad Nacional de Río Cuarto, realiza una maestría en la Universidad Federal do Tocantins, becado por la Organización de Estados Americanos, actualmente reside en Palmas (Brasil).

[2]4 de Abril de 2016

[3]Aquí vemos necesario comentar que por mala que parezca la imagen de Dilma, es preciso decir que subió desde marzo de este año, y varios analistas reconocen que es una tendencia al alza.

Lecturas: “La crisis del posneoliberalismo”

Hasta hace poco, los gobiernos progresistas de América Latina parecían imbatibles. La imagen regional actual, con la crisis de Brasil en el centro, es muy distinta. Los motivos de este retroceso hay que buscarlos en factores económicos, en una falta de imaginación para responder a los problemas y en la dificultad para sustituir los liderazgos populares.

brasil

>Por Federico Vázquez

Todo parece estar cambiando en nuestra región. Hasta ayer nomás, los gobiernos posneoliberales aparecían casi imbatibles en las urnas, con buenos resultados económicos y sociales y un triunfo más silencioso pero no menos histórico: haber sorteado el estigma del siglo XX de ciclos cortos que se abrían y cerraban con crisis institucionales, sociales y económicas superpuestas.

¿Cuándo empezó a cambiar el panorama que hoy nos devuelve una imagen regional tan distinta, con un gobierno de derecha en Argentina, una crisis institucional y política en Brasil, una economía evaporada en Venezuela y hasta una derrota del mismísimo campeón de elecciones, Evo Morales?

Una primera idea. Entre 2013 y 2014, cuando los PBI de estos países mostraron una fuerte desaceleración, los gobiernos progresistas empezaron a sobrevivir, como almas en pena, a sus propias economías. El corazón productivo y comercial de la región se paró. Brasil pasó de crecer 2,7% en 2013 a un nimio 0,1% en el 2014. Venezuela, que había tenido un crecimiento acumulado de 11% entre 2011 y 2013, se desplomó un 4% en el 2014. Con menos dramatismo, lo mismo pasó en Argentina, Bolivia, Ecuador, Uruguay, etc.

En definitiva, el 2014 aparece como el momentum a partir del cual las economías sufren la combinación de la caída del precio de las materias primas a nivel internacional, la desaceleración china y la continuidad de los efectos de la crisis mundial de 2008/2009.

Pero la frase “Es la economía, estúpido” habría que retirarla de una vez por todas como invocación de autoridad. En nuestra región valdría tanto ésa como otras posibles: “Es la política, estúpido”, “Es el Estado, estúpido”, “Es la desigualdad, estúpido”, y así.

El parate económico sorprende a los gobiernos a contrapelo. Repasemos: a principios de 2013 muere Hugo Chávez, abriendo un interrogante enorme sobre la suerte de un proyecto que lo había tenido como figura excluyente. Ese mismo año, una ola de protestas anti gobierno recorre Brasil. También en 2013 el gobierno de Cristina Kirchner, que había arrasado en las urnas en 2011, pierde las elecciones legislativas al fracturarse un sector del peronismo. Y en Bolivia, aunque Evo Morales fue reelecto con facilidad en 2014 (con el 61,36% de los votos), por primera vez el MAS pierde apoyo en sus bastiones tradicionales del Occidente indígena.

Este repaso pinta un cambio de vientos que no se limita a lo económico (aunque desde ya lo contiene) y que parece mostrar si no el fin del ciclo progresista en la región, al menos un fuerte retroceso que obliga a pensar sus razones y causas.

Con dos premisas incómodas. La remanida división entre “moderados” y “radicalizados” no sirve como factor explicativo si el retroceso ocurre en todos lados. Y en segundo lugar, si el cambio del clima político fue entre previo y simultáneo al derrumbe de los precios internacionales, salvo que creamos en un mecanicismo económico instantáneo, es necesario mirar al interior de los proyectos políticos, las gestiones estatales y las oposiciones para encontrar el hilo de Ariadna en la actual crisis del posneoliberalismo.

No es sólo la economía

En ese año maldito de 2013, el resto del mundo también tuvo un giro inesperado. Por primera vez en cinco años el índice de precios de materias primas que publica todos los años Standard & Poor’s (GSIC) mostró un retroceso de 2,2% en el precio de 24 commodities. El “superciclo” de precios altos de las materias primas que había arrancado allá por el 2002/2003 y que sólo había tenido una pausa en la crisis internacional de 2008 para después volver a tener una subida feroz en el 2010, 2011 y 2012, había terminado. Las miradas se dirigieron a China que seguía y sigue creciendo (6,9% en el 2015), pero sin la velocidad con la que lo había hecho hasta el 2011. Unos meses después, en la segunda mitad del 2014, el petróleo acompañaría la baja general, reduciéndose a un tercio de su valor.

Desde ya semejante cimbronazo no podía pasar inadvertido en América del Sur, donde todas las economías (incluso la más industrializada, Brasil) generan divisas exportando, antes que nada, productos primarios.

En el caso de la economía venezolana, la dependencia petrolera llega al paroxismo de concentrar el 95% de las divisas que entran al país. Pero en el caso de Argentina, Brasil o Bolivia, con una dependencia menos drástica, el golpe se asestó en el centro de las agendas económicas que tenían esos gobiernos para los próximos años.

En 2012 el gobierno kirchnerista expropió YPF y apostó a que los yacimientos de Vaca Muerta permitirían aliviar el déficit que generaba la importación de energía y, a mediano plazo, abrir un camino industrializador más sólido. A una escala mayor lo mismo pasó en Brasil. Una Dilma victoriosa promulgó en septiembre de 2013 una ley para los yacimientos de pre-sal, que según la promesa presidencial iban a permitir destinar a educación y salud más de 45 mil millones de dólares en diez años. Es decir, estas nuevas fuentes de petróleo en países donde ya existía un tejido industrial aparecían como la oportunidad ideal, justo cuando la “capacidad instalada” del modelo de crecimiento interno parecía tocar su techo.

Pero el cambio brusco del viento mundial frenó lo que en ese entonces prometía ser el motor que daría nueva vida al ciclo económico (y político) regional.

Ya sin la ayuda del mundo, los gobiernos posneoliberales debieron comenzar a capear la tormenta. Las recetas, como las enfermedades de cada uno, fueron distintas. En el caso venezolano, la caída de las divisas quitó el aceite de una fricción social y política siempre tensa. Cuando Nicolás Maduro anunció el enésimo programa “productivo” para terminar con el rentismo petrolero se encontró con que el empresariado, lejos de apostar por la producción y el desarrollo, acaparó productos, elevó los precios y fugó divisas. En 2015 la inflación medida por el Banco Central de Venezuela fue de 180,9% y la actividad en Puerto Cabello –por donde entran los contenedores con los alimentos y bienes que Venezuela no produce (es decir, casi todo lo que se consume en el país)– cayó un 40%.

Por estos días, Nicolás Maduro anuncia la buena nueva del “Arco Minero del Orinoco”, una enorme superficie de cien mil kilómetros cuadrados donde estarían enterrados más de 4.000 millones de toneladas de oro, según las declaraciones presidenciales. Números reales o fantaseados, el gobierno bolivariano vuelve a apostar a un esquema rentista como tabla de salvación para generar ingresos estatales.

El caso de Brasil es un tanto paradójico. El 26 de octubre de 2014, Dilma Rousseff ganó la segunda vuelta con el 51,6% de los votos, frente al 48,3% de Aécio Neves. Al escaso margen se sumaba un hostigamiento mediático feroz, el eco de las protestas del año anterior y el alud de acusaciones de corrupción por el petrolão. Frente a este escenario complejo, la primera medida del segundo gobierno de Dilma fue cambiar al ministro de Economía: Joaquim Levy, un ortodoxo sin vínculos con el Partido de los Trabajadores (PT), desplazó a Guido Mantega, el artífice de la etapa desarrollista de Lula y del primer mandato de Dilma. Sin explicitarla del todo, la idea era contentar al poder económico a cambio de gobernabilidad.

En pocos meses el ministro Levy se ganó el apodo “manos de tijera” por los recortes presupuestarios y de subsidios a distintas ramas productivas. El resultado, lejos de lograr el equilibrio de las cuentas fiscales prometido, fue un desplome de la economía durante todo el 2015. Standard & Poor’s comunicó en septiembre pasado que el país ya no tenía “el grado de inversión”. La seducción al poder económico había fracasado. Así terminaba el primer año del segundo mandato de Dilma, cuando sobrevino la actual crisis institucional.

Los casos de Venezuela o Brasil muestran un comportamiento preocupante del posneoliberalismo aún en el poder: ante un escenario de crisis, los gobiernos atinaron o a repetir una fórmula gastada –el rentismo– o a virar a la derecha. ¿Se acabó la imaginación?

En el caso argentino, la derrota electoral de noviembre pasado encontró al gobierno de Cristina Kirchner intentado no repetir el esquema brasileño, multiplicando los parches en una economía con dificultades, aunque logrando generar un tibio crecimiento y mantener niveles de ocupación y consumo altos. De todas maneras, algunas declaraciones de los asesores económicos de Daniel Scioli abren el interrogante de si ese viraje no hubiera ocurrido también en un eventual gobierno del Frente para la Victoria (FPV).

En cualquiera de los casos, y aun más relevante si algunos de los gobiernos progresistas logran superar la coyuntura actual, la pregunta es qué agenda de transformaciones posibles pueden proponer de acá en más.

Sobrevivir sin el líder

Tema viejo de la ciencia política y de la historia latinoamericana, la pregunta por el rol de los liderazgos sigue vigente. ¿La experiencia de estos años agrega algo al debate? Lula dejó de ser presidente en 2010 y aún hoy es tan gravitante que Dilma y el PT apuestan todo a su figura para salvar al gobierno de la actual crisis política. La dependencia que tienen los proyectos políticos de sus líderes fundadores es indiscutible.

Pero habría que ir con cuidado: también es cierto que salvo en el caso argentino (donde hasta último momento el mismo FPV tuvo una relación ambivalente con el que terminaría siendo su derrotado candidato a presidente, Daniel Scioli) las fuerzas progresistas se las ingeniaron para construir transiciones en los gobiernos manteniendo el signo político. Chávez-Maduro, Lula-Dilma, Tabaré-Mujica muestran que esa dinámica es posible.

¿Quién está más adelantado en este aprendizaje parcial en el que los líderes, aunque fundamentales, pueden encontrar sustitutos o reemplazos sin que el proyecto político vuele por los aires? ¿Las sociedades o los propios líderes?

Bolivia puede ser un caso ilustrativo. Evo Morales venía de ganar las elecciones presidenciales de 2014 con el 61% de los votos. Incluso en medio del desplome económico de sus vecinos y un 53% de exportaciones de hidrocarburos con precios en picada, Bolivia sigue creciendo a más del 5%. El 20 de enero pasado, el vicepresidente Álvaro García Linera se reunió con los empresarios de Santa Cruz de la Sierra y en tono celebratorio dijo: “Hemos encontrado una fórmula boliviana virtuosa de articulación de lo público y lo privado”. El balance entre radicalidad, eficiencia y consolidación política no podía ser mejor. Y sin embargo, en febrero pasado, Evo mordió el polvo en el referéndum que le hubiera permitido otra reelección.

La pregunta lógica no debería ser por qué los bolivianos no votaron la reforma constitucional, sino por qué Evo Morales se ofreció a sí mismo como única garantía de continuidad. La sociedad boliviana ya había dado muestras de separar los tantos cuando en el 2014 castigó a varios dirigentes locales del MAS, incluso en territorios tan evistas como El Alto.

Pareciera como si a veces los líderes pensaran que sus electores funcionan con una lógica puramente “economicista”, cuando lo que ocurre es que el propio éxito de los gobiernos tiene como consecuencia una complejización social antes que un achatamiento rudimentario de los comportamientos colectivos. En el caso boliviano, además de nacionalizar y distribuir el ingreso, el MAS insumió buena parte de su energía política en lograr una nueva Constitución, que por primera vez puso a todos los bolivianos en condición de ciudadanos plenos. Y después les pidió que voten como si ese gran triunfo simbólico no hubiera ocurrido nunca; como si todas las conquistas sociales de una década no tuvieran como garantía ese contrato social, sino sólo a Evo Morales. ¿Es así? Y si es así, ¿de qué está sirviendo el empoderamiento social y la construcción política?

Oposiciones nuevas y viejas

Después de muchos años de ostracismo, las oposiciones lograron triunfos electorales o, al menos, disputar con éxito la agenda a los gobiernos progresistas. Ahora bien ¿qué son estas oposiciones?

Una primera caracterización gruesa, pero que no deja de ser orientativa, muestra que en todos los casos se trata de oposiciones a la derecha de los gobiernos posneoliberales. Basta con ver la extracción social de sus líderes, las alianzas sociales en las que se apoyan o las tesis económicas que tienen en sus mesitas de luz.

Mauricio Macri proviene del mundo empresario e inauguró su gobierno sembrando el gabinete de CEO. El principal opositor en Bolivia, Samuel Doria Medina, es un histórico empresario cementero y dueño de la franquicia Burger King. Aécio Neves en Brasil es, desde hace 30 años, parte del establishment político del país. En Venezuela, después de la emergencia de algunos liderazgos más jóvenes, cuando la oposición logró por primera vez en más de 15 años una porción de poder institucional relevante en la Asamblea Nacional, el liderazgo recayó en el veterano Henry Ramos Allup, del aun más veterano y conservador partido Acción Democrática.

En el camino parecen haber quedado los ensayos opositores “moderados” o que incluso tenían un origen en los mismos oficialismos. Marina Silva, Sergio Massa o el propio Henrique Capriles parecían interrogar a los oficialismos en sus propios términos, incorporando algunas demandas sin cuestionar en bloque las políticas públicas. Sin embargo, hoy parecen ensayos que fueron útiles para minar electoralmente a los oficialismos, pero no para heredarlos en el poder.

Los votantes opositores en los distintos países terminaron encumbrando a los líderes que mayor distancia tenían con los oficialismos, negativos casi perfectos. Lo cual pone en duda que el futuro político de la región esté en manos de políticos descremados, sin ideología, que algunos análisis suponían como una superación posible de los liderazgos “ideológicos” de la última década. El caso argentino, pero también el perfil de los opositores en los demás países, advierte sobre una reconstrucción ideológica neoconservadora, que cuestiona el centro de las políticas públicas que se llevaron a cabo en los últimos años en la región sin mayores amortiguaciones.

En este marco, no resulta extraño que los estamentos judiciales (que por propia naturaleza son la cara más perfecta del conservadurismo social e ideológico en estas latitudes) ocupen cada día una porción más grande de poder, amenazando incluso con volverse protagonistas determinantes de la escena política de cada país.

Publicado originalmente en: EL DIPLÓ

Lecturas: “La grabación de una conversación entre Dilma Rousseff y Lula da Silva que agrava la crisis política en Brasil”

Brasil2016

>Por Gerardo Lissardy

La crisis política brasileña se agravó este miércoles cuando un un juez divulgó el contenido de una conversación entre la presidenta Dilma Rousseff y su antecesor, Luiz Inácio Lula da Silva.

La charla aumenta las sospechas de algunos sectores de que Lula fue nombrado ministro del gobierno de Rousseff para dificultar que se le detuviera por el caso de corrupción por el que está siendo investigado.

Su publicación hizo que miles de personas se reunieran frente al edificio de presidencia, el Palacio de Planalto, en Brasilia, al grito de: “¡Renuncia, renuncia!”.

En la conversación grabada por la policía y dada a conocer por el juez federal Sergio Moro, Rousseff avisa a Lula de que le había enviado el documento de su designación como ministro para usarlo “en caso de necesidad”.

El diálogo ocurrió este mismo miércoles, día en que el expresidente aceptó ser ministro de la Casa Civil, lo que en otros países se conoce como jefe de gabinete o ministro de la Presidencia.

Medios brasileños, analistas y críticos del gobierno interpretaron que Rousseff había enviado a Lula el acta de su investidura ministerial para que la exhibiera en caso de que fuera emitido un mandato de prisión en su contra y evitara así su arresto.

Lula es investigado por corrupción en la causa de sobornos en la petrolera estatal Petrobras que conduce el juez Moro y enfrenta un pedido de prisión de fiscales de Sao Paulo.

Como ministro sólo podrá ser juzgado por el Supremo Tribunal Federal, la mayor corte de Brasil.

El exmandatario debe asumir su nuevo cargo este jueves, día en el que se han convocado protestas en las principales ciudades de Brasil.

La presidenta de Brasil Dilma Rousseff y su antecesor Lula da Silva

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La conversación entre Rousseff y Lula

-Rousseff: Hola.

-Lula: Hola.

-Rousseff: Lula, déjame decirte una cosa.

-Lula: Dime, querida.

-Rousseff: Lo siguiente, estoy mandando a “Bessias” (sic) junto con el papel para que lo tengamos y solo úsalo en caso de necesidad, que es el acta de investidura.

-Lula: Ah, está bien, está bien.

-Rousseff: Solo eso, espéralo ahí que está en camino.

-Lula: Está bien. Estoy aquí. Lo espero.

-Rousseff: ¿Vale? Chao.

-Lula: Chao querida.

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Contra la Constitución

La Presidencia brasileña reaccionó a la divulgación del diálogo interceptado, calificándola como una “flagrante violación de la ley y la Constitución de la República, cometida por el juez autor de la filtración”.

En un comunicado presidencial se indica que “todas las medidas judiciales y administrativas serán tomadas para la reparación” de esa medida.

En la nota se indica que Rousseff envió a Lula el documento con su nombramiento en caso de que el expresidente estuviera ausente de la ceremonia de su propia designación, prevista para este jueves.

Uno de los letreros en las protestas de Sao Paulo dicen

En una conferencia de prensa previa, la presidenta Rousseff había rechazado las afirmaciones de que el nombramiento de Lula fuera para “esconderse” del juez Moro, sosteniendo que detrás de ellas “está la desconfianza sobre la Suprema Corte”.

Sin embargo, la grabación divulgada por Moro ha colocado más presión sobre la presidenta en momentos en que lucha por su propia permanencia en el cargo, enfrentando un pedido de juicio político en el Congreso.

Manifestaciones

Tras conocerse el audio, en la noche de este miércoles estallaron nuevas manifestaciones para pedir la renuncia de Rousseff en varias ciudades del país, incluyendo una en Brasilia frente al palacio presidencial de Brasilia y otra en Sao Paulo.

La policía de Sao Paulo llegó a usar la fuerza para dispersar una protesta frente al edificio donde vive Lula, que gobernó entre 2003 y 2010 tras ser fundador y líder del izquierdista Partido de los Trabajadores (PT).

“Queremos a Lula en la cárcel y no como ministro”, rezaba una pancarta extendida por manifestantes frente al Congreso brasileño.

El expresidente ha rechazado las acusaciones en su contra y su abogado, Cristiano Zanin Martins, sostuvo que la divulgación del audio de la charla entre Lula y Rousseff es una “arbitrariedad” que incentiva la “convulsión social”.

El juez Moro, que ha enviado a prisión a políticos y ejecutivos de grandes empresas por los sobornos en Petrobras, sostuvo que el levantamiento del secreto de las escuchas a Lula propiciaría “el saludable escrutinio político sobre la actuación de la Administración Pública”.

Publicado originalmente en: BBC MUNDO

Opinión “El ‘Nunca Más’ de la corrupción: Auge y caída de una forma de hacer política en la región Latino-americana”

LULA

>Por Luciano Martín Espinosa*

Penosamente, los latinoamericanos hemos asistido perplejos, y quizá algo pasivos, a una realidad de suyo lesiva[1]: La corrupción sistemática de nuestros regímenes políticos. Y aquí se conforma sí, una manera particular de hacer política expresada en la tensión de llegar al poder para cambiar las cosas-llegar al poder a cualquier precio. Lo cual ha sido expresado reiteradamente por varios dirigentes de partidos menores (generalmente de izquierda), que ven la estructura política del país, un impedimento para llegar a plantear sus inquietudes en estadios superiores.

Demás esta aclarar que este no es un fenómeno regional, en la medida que podemos recordar miles de experiencias en el mundo, donde las decisiones más importantes fueron adoptadas de espalda a la sociedad civil. La corrupción no reconoce índices de desarrollo humano, y el narcotráfico, la trata de personas y la venta ilegal de armas contamina potencialmente cualquier institución humana: estamos ante un problema global.

Se podrían citar decenas de casos en la región donde la corruptela fue la regla y se procedió en clara contradicción con los preceptos democráticos: en la medida que el pueblo no legisló y los acuerdos fueron logrados por mecanismos totalmente oscuros; pero a decir verdad, hoy, por su importancia y sus consecuencias se impone casi necesariamente en la agenda el caso Brasil.

Este pareciera ser un caso típico, donde grandes negociados hicieron el orden del día, sino fuera por el conocimiento público que este lamentable hecho adquirió, y por la presunción que la investigación actual escapó de las manos de sus protagonistas y ahora se está chocando contra intereses concentrados; cuestión que hace un tiempo atrás, sería impensada. ¿Pero qué está pasando realmente en Brasil?

Siendo sumamente sucinto, en consideración de los tiempos y los objetivos de este esfuerzo de conceptualización, nos contentaremos en decir, al menos por ahora, que el descubrimiento de sendos recursos petrolíferos en aguas ultra-profundas llevaron a una inversión descomunal, por parte en la estatal Petrobras, en infraestructura: buques, sondas, equipamientos, obras. Esta inversión presentó profundas irregularidades en el proceso de licitación a empresas ligadas al sector de la construcción brasileña, entre las más comprometidas se encuentran Odebrecht, Camargo Correia, Andrade Gutierrez, OAS.

Para realizar estas asignaciones fraudulentas se requirió además de complicidad por parte del sector público, el cual, vía sobornos, facilitó la operatoria, lo que no solo supone un delito, sino además la negación de la democracia que comentábamos en el apartado anterior.

Estos hechos se conocen en Brasil como “O Petrolao” y son apuntados por la mega-investigación “Operação Lava-Jato” (Operación Lavadero o Lavado-Rápido) precedida por el Juez Sergio Moro. La causa surge en Marzo de 2014 y recibió un salto de calidad invalorable cuando la justicia identificó cuatro grupos criminales, uno de ellos precedido por Alberto Youssef, quien se presume que respondía nada menos, que al ex-director de Petrobras: Paulo Roberto Costa (el cual adquirió un vehículo Range Rover Evoque de Youssef).

Ya cercado por la información judicial, el ex-director de la petrolera estatal pide una reducción de pena a cambio de colaborar con la causa, en lo que se conoce como la opción por la “delação premiada”. Es aquí donde comienza una lluvia de nombres e informes inestimables que salpicaron, a decir verdad, toda la clase política brasileña.

Pero la cuestión de los sobornos arribó en marzo a costas inesperadas: primero con el pedido a declaración del ex-presidente de Brasil Luis Inácio Lula da Silva (con un curioso operativo policial) y el pedido de prisión preventiva del fundador del Partido dos Trabalhadores (el cual parece algo precipitado, en la medida que se trata de etapas iniciales de la causa en su contra). Aquí surge nuevamente un manto de dudas en torno a los tintes políticos de la operación judicial: ¿Era necesario un pedido de detención preventiva tan apresurado? Sin duda para el gobierno de la actual mandataria Dilma Rousseff, y ahijada política de Lula, esto representa un disparo frontal por debajo de la línea de flotación: a lo cual debemos computar la aguda crisis social, económica y política que envuelve al gigante suramericano.

Ahora bien, ¿la salida apresurada de la mandataria nacional (que tiene mandato constitucional hasta 2018) termina con el problema, o solo sirve como válvula de escape? Brasil tiene ante sí, la posibilidad de generar el primer “Nunca Más” sudamericano contra la corrupción, quizá solo comparable con la operatoria de “manos limpias” que en los 90´ mostró el hartazgo de la sociedad italiana contra la convivencia de narcotraficantes, mafias y políticos. Ahora semejante pedido a las democracias del Sur, ¿alcanza con la expulsión apresurada de una mandataria elegida hace poco más de un año? ¿O más bien precisa de una renovación estructural de los resortes secretos de poder que atentan contra la democracia?

Brasil, el país más desarrollado del Sur, con una influencia cada vez más marcada en escenarios internacionales, tiene ante sí la posibilidad de renovar su estructura de poder asemejándose a los países del norte, e incluso pudiendo aventajarlos en varios aspectos. Sí considero correcto apuntar que Brasilia se encuentra sumergida en una crisis muy grave; pero a no apresurarse, las crisis son momentos de cambio y hoy el gran país sudamericano tiene una bala de plata inmejorable para presentarse ante la comunidad de naciones como lo nuevo; es hoy cuando Brasil puede dejar de ser el “país del futuro”, como antaño relató Charles de Gaulle, para ser el país del ahora.

*Licenciado en Ciencia Política. Exclusivo para MIX POLÍTICO desde Brasil

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[1]El uso de la palabra lesiva, no es para nada aleatoria. Basta recordar las secuelas (lesiones) que la práctica fraudulenta genera sobre el cuerpo social: Corrupción es la tragedia de Once (2012), la masacre de República de Cromañón (2004), la desidia de LAPA (2004), entre muchos otros.