“Cambiemos apela al voto ideológico y el kirchnerismo al económico”

Riorda

>Por Claudio Mardones

El consultor anticipa un escenario reñido para Cambiemos en las próximas elecciones. Los errores de Randazzo y Massa y las debilidades de Macri y Cristina: “Fue un acierto que vaya fuera del PJ”.

Para el politólogo cordobés Mario Riorda los aeropuertos son un ambiente cada vez más conocido. Pasa buena parte del año en vuelo, entre llegadas y partidas por distintos países de América Latina para asesorar a funcionarios y candidatos de todos los pelajes políticos. A sus 45 años es uno de los especialistas en comunicación política más reconocidos del país y del continente. En su historial aparecen clientes como los ministerios del Interior y de Educación de la Nación, o los gobiernos provinciales de Buenos Aires, Santa Fe, Córdoba y Mendoza. También fuerzas políticas como el Frente Renovador, el Frente para la Victoria, el Frente Cívico y Social, el Frepaso, el partido Acción por la República que encabezó Domingo Cavallo y el Movimiento Popular Fueguino. Ya intervino en un centenar de campañas electorales realizadas en distintos puntos de la región y admite que las primarias de agosto y las legislativas de octubre encierran una serie de interrogantes para el futuro del presidente Mauricio Macri y de la gobernadora bonaerense María Eugenia Vidal, cuya imagen ha sufrido caídas significativas luego del conflicto salarial con los gremios docentes. Los desafíos también corren para “los peronismos” que buscarán revalidar su presencia territorial en 24 provincias.

Para este experto en marketing político, el líder del Frente Renovador, Sergio Massa, repite los mismos errores de campaña que cometió en los comicios de 2015 y es totalmente funcional a la polarización que lo perjudica. A diferencia de otros analistas, sobre Cristina Fernández de Kirchner sostiene que gane o pierda, es “muy apresurado” decretar su “muerte política”, mientras asegura que fue “un acierto inteligente” disputar internas por fuera del Partido Justicialista, con la creación del frente Unidad Ciudadana (UC). Poco después de ofrecer su clase inaugural de una maestría de la Universidad Austral, Riorda analizó el escenario electoral argentino en diálogo con Letra P, poco antes de subirse a otro vuelo, esta vez desde el aeropuerto de Ezeiza, cuando falta menos de una semana para el inicio de la campaña electoral para las PASO de agosto.

– Hace un año, Usted dijo que hablar de “comunicar bien” es un error, porque un error de comunicación es un error político. Lo dijo para hacer un balance de los primeros seis meses de gestión de Macri. Han pasado 17 meses. ¿Cuáles han sido los mayores errores políticos en materia de comunicación de este gobierno? 

– No se si técnicamente se pueden llamar errores a decisiones políticas. En todo caso, algunas decisiones carentes de consenso llevan aparejada la necesidad de una marcha atrás. Eso técnicamente no es un error, mas allá de que podría pensarse como una salida elegante de una decisión política que no tiene acuerdo social. Más allá de estos hechos puntuales, diría que lo que nunca habría que criticarle al gobierno es la comunicación, sino básicamente la gestión en general. El modo en que se hace pública la gestión define el estilo comunicacional. Pero desde mi punto de vista me parece que el Gobierno ante la ausencia de un presente fértil, con generación de consenso, ha tenido un acierto desde su pragmatismo, porque actúa sobre la línea argumental de un presente, carente de futuro, sustentado en el pasado. Ese pasado es la diferenciación concreta con el gobierno anterior. La pregunta de estas elecciones, es que el Gobierno busca diferenciarse fuertemente de un pasado que ahora tiene chances de ganarle en esta elección en la provincia de Buenos Aires. Si eso se da, podría hablarse de un error político, pero hasta tanto eso no suceda es un signo de interrogación.

– ¿Ha sido eficaz dar marcha atrás en determinadas decisiones políticas ante el rechazo social? ¿Es útil para la campaña de Cambiemos que el Gobierno reconozca sus errores? 

– Lo es, siempre y cuando no sea recurrente. Porque reconocer un yerro o dos yerros, son un gesto de humildad y de humanidad. Diez yerros, o veinte, es otro tipo de problema, pero no creo que esas marchas atrás hayan sido errores y menos errores comunicacionales. Han sido decisiones preconcebidas con un impacto negativo mayor que el calculado.

– La oposición al macrismo dice que Cambiemos buscará evitar hablar de economía porque no tiene resultados para mostrar y que en su lugar pondrá en juego una campaña de expectativas sobre el futuro para no hablar del presente. ¿Lo ve así?

– Yo creo que independientemente de una posición políticamente correcta y hasta, por qué no, voluntariosa para hablar del futuro, la línea argumental de Cambiemos está basada en el pasado. Porque toda la campaña básicamente plantea un futuro en función de que no vuelva el pasado. Por lo tanto el futuro es la excusa, pero el argumento central es el pasado. Y además, lo interesante, es que es un pasado ideológico. Cuando Cambiemos plantea trascender o superar la etapa de la ideología, con su planteo anclado en el pasado, literalmente lo que está produciendo es una diferenciación ideológica. Y esto es curioso, porque Cambiemos negando la ideología esta produciendo una diferenciación ideológica; y Unidad Ciudadana, desde un planteo sumamente ideológico, está generando un voto económico. Es una paradoja, porque el fuerte de Cambiemos, que es lo económico, es lo negado; mientras que el fuerte de UC que es ideología, es lo no asumido. Cambiemos apela al voto ideológico y la UC al económico, siempre en provincia de Buenos Aires.

– ¿En esa tensión entre futuro y pasado, qué papel tendrá el presente en esta campaña?

– Unidad Ciudadana plantea lo presente, porque el voto económico siempre es un voto presente. Es el voto a tiempo real. Es la economía que se vive, que se siente. Es lo bien o mal que te va hoy.

– ¿Se puede sortear el impacto negativo que genera el empeoramiento de las condiciones de vida del electorado con una estrategia de campaña eficaz?

– Si. Se puede lograr planteando la división de la oposición, que es una estrategia casi siempre efectiva. Hoy Cambiemos es la primera minoría, no es la primera mayoría. Pero si las otras minorías no se constituyen como adversario a nivel nacional, Cambiemos sí puede articular una victoria discreta. Habrá que ver si se da, pero sería una victoria al fin, en la escena nacional. No es muy distinto el argumento que plantea Cambiemos a escala nacional, que el que planteó el kirchnerismo en 2013 habiendo perdido la provincia frente a Massa.

– Uno de los escenarios que más preocupa al Frente Renovador es que el caudal de votos de Sergio Massa y Margarita Stolbizer se diluya en la polarización entre macrismo y kirchnerismo. ¿Cree que habrá una polarización tan marcada o que antes de octubre habrá un escenario de tres tercios?

– Independiente de lo bien o mal que le vaya a Massa, la teoría electoral suele recomendar que un tercer candidato nunca puede diferenciarse por igual del primero y del segundo. Sino que generalmente tiene que convertirse en candidato “spoiler”, como se lo llama en la ciencia política. Es aquél que le resta potencialmente más votos a uno que al otro. El problema de la estrategia de Massa, que ya lo padeció en las elecciones anteriores, es que no se ubica como spoiler, ni del dos, ni del uno, sea CFK o Esteban Bullrich.

– ¿Quiere decir que es totalmente funcional a esa polarización que lo perjudica?

– Me parece que mientras trate de diferenciarse de los dos, él mismo alimenta esa polarización. Ya fue funcional a esa polarización en el 2015, y hoy no veo mucha diferencia, sin perjuicio de que los escenarios y las personas son distintas. Hoy pareciera ser que la estrategia no es más efectiva que lo que fue en 2015, sino al contrario.

– En estos 17 meses, Cambiemos concentró su esfuerzo en la estrategia que usted considera eficiente: buscó mantener dividido al peronismo en el Senado, a través de la relación con los gobernadores, en Diputados con las fuerzas políticas y también en el sindicalismo, especialmente en la CGT. ¿Cree que esa inversión en la balcanización del peronismo le garantiza a Macri su continuidad luego de las elecciones de octubre?

– Si y no. Depende del resultado en estas elecciones. Si Cambiemos pierde más de lo que gana, evidentemente las chances de que el peronismo encuentre un líder potencialmente implicaría que esas divisiones empiecen a mermar.

– Pero si Cambiemos pierde, ¿el peronismo volvería a tener el peso que tuvo ante gobiernos radicales débiles como el de Fernando De la Rúa?

– No se si tanto. Lo que si le pasaría al peronismo es que empezaría a encolumnarse detrás de uno o dos liderazgos que ahora están dispersos. Pero creo que lo interesante de esta elección, mas allá de que el peronismo se mida ante Cambiemos, es que los peronistas se están midiendo entre si para especular de cara al 2019, y empezar a tantear liderazgos eventuales. En el proceso internacional, esos liderazgos eventuales son una de las características centrales que nuclean a las fuerzas políticas. Pero mas allá de lo real, siempre ha sido así en el marco del peronismo.

– ¿Cuáles son los peronismos que identifica en esta coyuntura?

 – En Buenos Aires, están el peronismo kirchnerista, el peronismo de Randazzo, el del Frente Renovador de Massa, y  debo decir que también hay un error analítico importante, enorme y brutal, que es analizar la elección nacional solamente en función de la provincia de Buenos Aires. Sin embargo, en esta elección son 24 elecciones distintas, donde las provincias mayormente están gobernadas por el peronismo y cada uno de esos peronismos va a revalidar su propio territorio en estas elecciones. Eso va a decir mucho de la consolidación o no del peronismo.

– ¿Fue un error o un acierto que CFK dispute internas por afuera del Partido Justicialista?

– Independientemente del juicio que yo pueda tener sobre ella, y del que tengan sus competidores, pensando en ella y para ella, me parece que fue una decisión sumamente inteligente, porque es acorde a una tendencia internacional sustentada en dos ejes: un proceso de hiperpersonalización, dominada por liderazgos que atraen literalmente a distintos sectores. Por otro lado los procesos movimientistas superan las barreras formales de los partidos políticos, que son lábiles, que son maleables elección a elección, pero que permiten la ampliación de apoyos por fuera de las estructuras partidarias. La creación de Unidad Ciudadana, representa eso, una tendencia internacional que se consolida en el marco de su estrategia. Por eso, pensando en ella y para ella, me parece que ha sido un acierto pragmático, aún perdiendo, porque difícilmente hoy, salvo que pasen cosas muy raras, uno podría imaginar que no pierda por poco, o que quede en un lugar distinto al segundo lugar, suponiendo que pierda, aunque arranca ganando y no perdiendo.

– Sin embargo, hay quienes aseguran que, independientemente del resultado, es el final de CFK. ¿Es una expresión de deseos o es una lectura acertada?

– En sistemas multipartidistas literalmente no hay muertes políticas definitivas. Me parece que no solo es una lectura apresurada, sino que básicamente obedece a un momento que tiene en cuenta la polaridad de un balotaje. Hoy eso no se da. La elección que se avecina no se dirimirá a través del balotaje. En ese contexto, Cristina funciona como la categoría del “perdedor condorcet”, que en ciencia política habla del candidato que en el uno a uno pierde con todos, pero entre muchos gana. Esta elección es entre muchos y por eso arranca ganando, independientemente de que mantenga o no esa posición. Atribuirle a Cristina una muerte política definitiva en un sistema multipardista inestable, como tiene Argentina, me parece que es demasiado apresurado.

– En esa exploración de los peronismos, hubo un cuarto candidato, Florencio Randazzo. El Gobierno reduce su presencia a un pelotón de candidatos peronistas cuyos electores terminarán en manos de CFK. ¿Como evalúa su perfil en las primarias y en las legislativas? ¿Cree que ese electorado de Randazzo puede quedar diluido en manos de CFK?

– La pregunta es si un votante kirchnerista, habiendo una líder kirchnerista, va a elegir una persona que no tenga el apellido Kirchner, estando ella jugando. Es difícil imaginar eso. Por lo tanto la virtud de Randazzo es la versión moderada, pero para eso también está Massa. Le es difícil, porque desde un costado mas radicalizado está el kirchnerismo, y alguien que tiene el apellido Kirchner; y del otro lado está Massa. Es evidente que Randazzo ha tenido, tiene y puede que tenga una potencialidad interesante, pero su arranque tardío ocurrió sin una plataforma que indique desde donde habla. Es interesante porque ese arranque tardío, en su silencio prolongado, plantea básicamente el llamado a la acción. Un “vengan y apóyenme para las PASO”, para que quede claro para el votante qué significa su aparición, pero es una aparición carente de una plataforma simbólica para que la gente pueda bancar por qué Florencio y no Cristina, o por qué Florencio y no Massa. Evidentemente falta potencialidad, pero sus pasos, estratégicos o fácticos, me parece que no fueron del todo correctos, aunque sus chances siguen siendo sumamente importantes. Porque su imagen es, quizás, de las mejores y mas aceptables de la perspectiva comparada en todo Buenos Aires.

– En la provincia la gran electora será la gobernadora bonaerense María Eugenia Vidal, que no será candidata, pero estará al frente de la campaña, ante la falta de conocimiento de sus candidatos. ¿Será una contienda directa con CFK?

– Habría que ver. Evidentemente el oficialismo hará mucho para no perder la provincia. Si esa hipótesis no se da, y eventualmente implicase la victoria de Cristina, Vidal no estaría en una posición cómoda. Es un interrogante que se plantea hacia adelante. Hay que tener presente que Vidal es quizás la mujer más conocida y con más imagen a nivel nacional, pero comparada dentro de su provincia, su imagen de aceptación está a la baja y no en alza. Aún teniendo buena imagen, con diferencial positivo, sigue siendo baja. De los 24 gobernadores yo diría que Vidal esta en el último cuarto, en el lote de los que tienen el menor diferencial positivo de todo el país. Tampoco es que le sobra con su imagen, ni que se produce una traslación enorme de votos porque su imagen, aún siendo interesante, está lejos de ser descollante, como cuando arrancó. Eso se debe a la merma de su imagen a lo largo del tiempo, pero especialmente desde el inicio del conflicto docente.

– Hay un sector del oficialismo que reivindica como un acierto ser poco flexible en la pelea con los docentes para profundizar la polarización con el kirchnerismo. ¿Coincide?

– La primera lectura es que fue ganancioso para desactivar y soportar el conflicto, pero no fue gratis. Una cosa es su postura para darle características de normalidad a una provincia que no pudo cerrar el conflicto. Y otra cosa es que esta postura le de cierta normalidad a la gestión, pero tuvo costos para Vidal en el aumento de su negatividad y en un descenso de su positividad. Lo que probablemente haya producido es un aumento de positividad de quienes la apoyan, y una merma de cierto voto intermedio que potencialmente hubiese querido un arreglo a favor de los docentes, porque los docentes son un sector que no está ubicado ni tipificado como irracional. El docente puede ser criticado por una medida de fuerza, pero es una profesión social sumamente valorada.

¿Por eso ahora el Gobierno profundiza su pelea con el sindicalismo? ¿Para consolidar el voto más duro y profundizar la polarización?

– Es un elemento que influye mucho. Respecto al sindicalismo sí, pero fundacionalmente Macri empezó con eso en su primer discurso de apertura del Congreso en 2016. Luego se profundizó en los informes que difundió la Jefafura de Gabinete, llamados “El estado del Estado” y en esta apertura de sesiones que pasó profundizó mucho mas.

– Varios de los principales candidatos de esta elección protagonizaron las ejecutivas de 2015. ¿Cree que la polarización deja espacio para la emergencia de nuevos candidatos?

– Esta elección habría que dividirla en 24. Si miramos en provincia aparentemente no, pero habría que analizarlo en otros territorios.

– Con estos desafíos por delante, ¿cuánto tiempo el Gobierno podría sostener esta estrategia si los principales medios le quitan su apoyo?

– La imagen de apoyo no es exclusivamente con medios o sin medios. Eso va a estar muy atado al resultado de las elecciones. Si el Gobierno gana, o gana por margen discreto, y la economía mejora levemente, el apoyo va a existir. No imagino a muchos actores, y a los medios, moviéndose en bloque hacia otro tipo de apoyo. Porque además si el Gobierno pierde, perderá en manos de un actor al que básicamente gran parte del actual sistema de medios ya lo apoyó. Me refiero al kirchnerismo.

– Por fuera de los medios tradicionales, las redes sociales son una herramienta clave para el oficialismo. Los funcionarios del PRO dicen que ha sido central para superar los métodos del peronismo en la campaña. ¿Usted que opina?

– Yo creo que, quizás, la virtud de Cambiemos fue haber entendido el peso de las redes mucho antes, pero también empezó a entender el peso de otro tipo de actores fuera de las redes. Me parece que esa concepción sigue muy vigente y ahora Cambiemos tiene que entender que otros sectores tardíamente han entendido la importancia de las redes. Ya es difícil imaginar que la acción de redes sea sólo de Cambiemos y que la acción territorial sea solo del peronismo. Me parece que, hacia adelante, hay una comprensión de distintos actores por entender que la convergencia es articular acciones estratégicas en donde los medios convencionales, con los digitales y con la acción territorial, son acciones para ganar sea quien sea el partido, y las tienen que considerar.

– El Gobierno está embarcado en profundizar el discurso de la transparencia. Esta semana que pasó la Casa Rosada anunció la suspensión por un año del permiso que tenía Odebrecht para presentarse a licitaciones públicas nacionales. ¿Cuánto sirve sobre explotar el discurso de la transparencia para no hablar de la situación económica? ¿Cómo evalúa el impacto del Lava Jato en Argentina?

– El impacto de Odebrecht en Argentina es minúsculo, insignificante y tardío, en comparación a lo que ha pasado en otros países de la región, como Perú, México, Colombia y Brasil, que afronta consecuencias enormes. Acá esta recién iniciando. Si el Gobierno profundiza el discurso de la transparencia, ojalá que lo haga, pero por convicción. También entiendo que hay una necesidad. Porque hay valoraciones distintas sobre la transparencia. La actual es muy distinta a la que tenía el kirchnerismo. El kirchnerismo está hoy asociado a un nivel de falta de transparencia quizás cargada de alevosía por algunos hechos, como los bolsos de José López. Sin embargo, la acumulación de hechos vinculados a conflictos de intereses que rodea al Gobierno, ha dañado el perfil de transparencia de Cambiemos. Por eso digo que ojalá haya convicción en profundizar esto, pero también hay mucho de necesidad.

– En sus dos mandatos como jefe de Gobierno porteño Macri fue acusado, incluso por Elisa Carrió, de hacer negocios privados con el Estado de la Ciudad y mantener una interlocución y negociación reservada con los contratistas del Estado para repartir las licitaciones. En esta etapa, ¿la instalación del discurso sobre la transparencia le permitirá a Macri sumergir de nuevo su pasado en el olvido y fortalecer su perfil electoral?

– Creo que es muy incipiente, porque el Presidente no se pudo despegar de una serie de escándalos, vinculados a conflictos de intereses. Por lo tanto, si lo logra de aquí en adelante no lo se, pero hasta ahora no lo ha logrado. Mi respuesta es no.

 

LETRA P

Acerca de Andrés Fernández

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