BIG FIVE: el estudio masivo de la personalidad de los votantes

>Por Daniel Eskibel
Le decían ‘el loco Volonté’.

Podrás imaginar los prejuicios que anidaban en aquel pueblo chico donde me crié. Y Volonté era médico psiquiatra. El psiquiatra del pueblo. El único. Allá por los años 80 del siglo pasado. Casi un escándalo aldeano.

Yo estaba sentado en la sala de espera del consultorio del Dr. Volonté. Aguardaba a que terminara su sesión con un paciente para luego comenzar aquella primera reunión que habíamos pactado. Aguardaba atrincherado en mis veintitrés años, mi recién estrenado título de Psicólogo, mi barba entonces negra y abundante, mi universo de proyectos y planes, y también mis nervios de joven profesional que inicia su carrera.

Ese día el Dr. Volonté me propuso algo simple: derivarme algunos de sus pacientes para que yo los diagnosticara y así él los medicaba con mayor precisión. Simple pero complejo, claro. Muy generoso de su parte. Muy práctico, también. Y muy importante para mí.

Los primeros años de mi ejercicio profesional estuvieron marcados por esa propuesta. Diagnosticar.

Y eso, por otra parte, era para lo que mejor nos había capacitado la Universidad. Diagnosticar.

El proceso psicodiagnóstico abarcaba entre 5 y 8 sesiones con cada paciente. Implicaba toda una batería de técnicas: entrevista psicológica, anamnesis, cuestionarios, pruebas de nivel intelectual, tests visomotores, tests proyectivos gráficos, tests proyectivos mayores…

Y luego de recopilar toda esa información me encerraba en mi consultorio durante varias horas a analizar los datos, a interpretarlos y a formularlos de modo diagnóstico en un informe escrito.

Necesitaba 20 días, por lo menos, para completar el trabajo.

20 años después llegaba al diagnóstico con igual o mayor precisión pero en 20 minutos.

Se entiende: ya tenía más canas que las que blanqueaban la cabeza del Dr. Volonté en aquella primera reunión. Después de diagnosticar más de mil pacientes y de estudiar miles de horas…pues se aprenden algunas cosas.

Tal vez lo más importante que aprendí es a simplificar el proceso, a separar la paja del grano, a observar lo más relevante, a no perderme en lo circunstancial y a focalizarme en las señales más determinantes.

Un aprendizaje idéntico al que vengo haciendo en el campo de la psicología política.

Psicología política del electorado

La personalidad de los electores es la gran olvidada de las campañas políticas. Pero es un factor decisivo.

Decisivo.

Es simple: si conoces el perfil psicológico de los electores podrás comunicarte mejor con ellos. Con lo cual multiplicarás tu capacidad persuasiva y evitarás enormes gastos en publicidad no segmentada.

Pero lo complejo es conocer ese perfil psicológico.

¿Cómo definir de manera clara y comprensible la personalidad? A los efectos prácticos podemos partir de la Wikipedia:

“La personalidad es un constructo psicológico, que se refiere a un conjunto dinámico de características psíquicas de una persona, a la organización interior que determina que los individuos actúen de manera diferente ante una determinada circunstancia. El concepto puede definirse también como el patrón de actitudes, pensamientos, sentimientos y repertorio conductual que caracteriza a una persona, y que tiene una cierta persistencia y estabilidad a lo largo de su vida de modo tal que las manifestaciones de ese patrón en las diferentes situaciones posee algún grado de predictibilidad.”

¿Se puede trabajar en política sin colocar en el centro de la consideración este concepto?

Se puede. Pero es un desastre. Conduce al desastre.

Porque estamos ignorando el factor determinante que hace que los potenciales votantes actúen de manera diferente ante las mismas circunstancias. Estamos ignorando los patrones intelectuales, emocionales y conductuales de los electores. Estamos ignorando el eje en torno al cual construyen simpatías políticas y toman decisiones de voto.

Pero insisto en el problema: ¿cómo conocer la personalidad de millones de personas? ¿O aún de cientos de miles o incluso de ‘apenas’ miles de personas?

¿Cuales son las herramientas para estudiar la personalidad de los votantes a escala masiva?

BIG FIVE: las cinco dimensiones de la personalidad

En Uruguay hay un lugar donde puedes tomar un café acompañado de Charles Darwin, el científico británico a quien tanto debemos. La ciudad es San Fernando de Maldonado, a pocos kilómetros de Punta del Este, en el sureste del país. El lugar está a 100 metros de la Catedral de San Fernando y es una cafetería y pizzería llamada Sumo.

Ingresas al lugar, caminas hacia el fondo del local y te ubicas en una mesa rodeada de imágenes y textos relacionados con Darwin. Porque allí, en ese mismo lugar, vivió durante un tiempo Charles Darwin mientras recorría el mundo recogiendo evidencias que desembocarían en su teoría de la evolución.

Créeme. Mientras saboreas el café y te olvidas del ruido exterior, sientes la presencia invisible del investigador que ya en el siglo diecinueve supo identificar cuales son las emociones humanas fundamentales.

Pero el hilo central de esta historia que lees no lo retoma Darwin sino un familiar suyo. Porque el padre de Darwin tenía una hermana cuyo hijo también fue un científico muy destacado: Francis Galton. Este investigador hizo importantes aportes a varias ramas de la ciencia, entre ellas la psicología.

Francis Galton planteó, por ejemplo, algo muy relevante para la teoría de la personalidad: que todos los rasgos relevantes de la personalidad se encuentran codificados en el lenguaje.

En 1936 Gordon Allport trabajó sobre esa base y encontró 17953 palabras que describían distintos rasgos de la personalidad.

Como te imaginarás es imposible hacer un perfil psicológico del electorado en base a casi dieciocho mil variables…A los efectos prácticos necesitamos conceptos y herramientas más simples y más aplicables. O sea: necesitamos reducir la cantidad de rasgos para ganar en precisión y también para el conocimiento logrado sea más operativo.

El mismo Allport redujo la lista a 4504 rasgos. Años después fue Raymond Catell quien profundizó el trabajo , redujo sinónimos y construyó una lista mucho más reducida aún: 171 adjetivos que se agrupaban en 35 rasgos de personalidad, los cuales luego de un análisis estadístico culminaban en 16 rasgos.

En la segunda mitad del siglo veinte la investigación de Catell, así como de otros varios investigadores, desembocó en el Big Five, la teoría de los 5 grandes rasgos de personalidad.

Cinco. 5. Five.

Ahora sí. Por supuesto que podemos investigar y perfilar electorados en base a 5 rasgos.

Porque existen escalas y cuestionarios ya diseñados con los cuales podemos estudiar la personalidad de millones de personas.

Son 5 rasgos de personalidad:

O (openness, apertura mental)
C (conscientiousness, escrupulosidad)
E (extraversion, extraversión)
A (agreeableness, amabilidad)
N (neuroticism, estabilidad emocional)

5 dimensiones cuya combinatoria lo explica (casi) todo. Y que se pueden investigar con una encuesta que incluya preguntas simples de fácil comprensión y respuesta rápida.

Ya no estamos en el uno a uno de mi consultorio.

Ahora podemos trabajar en magnitudes de millones.

Podemos conocer el perfil psicológico de todo un país. Y cruzar esos datos con las otras variables, políticas y demográficas.

Para luego saber con precisión con quién nos vamos a comunicar. Mucho más aún: para luego saber cómo nos vamos a comunicar con cada segmento del electorado.

¿Te imaginas la precisión que con estas herramientas pueden tener las estrategias políticas y la comunicación política?

¿Te imaginas la optimización del gasto publicitario que significa?

¿Te imaginas la diferencia que una metodología de este orden implica para un proyecto político?

No sigas imaginando.

No es ciencia ficción.

De hecho algunas campañas políticas muy notorias aplicaron esta metodología en 2016. Diagnosticaron. Estudiaron la personalidad de millones de personas. Construyeron perfiles en base al Big Five. Y adaptaron la comunicación política a los destinatarios de los mensajes.

Lo hizo la campaña de Donald Trump.

Lo hizo la campaña a favor del Brexit.

¿Quieres un dato curioso?

En ambos casos fue la misma empresa, con idéntica metodología y con el mismo equipo de psicólogos.

La personalidad de los votantes

Año 1982 en un pequeño pueblo uruguayo.

El Dr. Volonté me hace pasar a su consultorio. Ya sabes: ‘el loco Volonté’. El psiquiatra del pueblo. Me pide un perfil psicológico de sus pacientes para poder medicarlos mejor.

Décadas después en cualquier parte del mundo.

El político me hace pasar a su oficina. Ya sabes: el candidato, el dirigente. Me pide un perfil psicológico de los votantes para poder comunicarse mejor con ellos y trazar una estrategia política más efectiva.

Psicología clínica y psicología política.

Diferentes pero vinculadas.

En 1982, en mi pueblo, muchos no sabían que la personalidad de alguien se puede estudiar con herramientas científicas y que ese estudio permite diseñar una estrategia clínica para ayudarlos.

Ahora, en muchos lugares del mundo, muchos no saben que la personalidad de millones de personas se puede estudiar con herramientas científicas y que ese estudio permite diseñar una estrategia política y de comunicación con ellos.

Otros sí lo saben.
 

Publicado en: Maquiavelo y Freud

Enlace para bookmark : Enlace permanente.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *