La predisposición actitudinal hacia el voto en Argentina

Opinión Pública

Variables individuales e incentivos contextuales

>Por Ignacio Ramírez, Guido Leandro Moscoso

Resumen

El presente artículo estudia las bases actitudinales y motivacionales de la participación electoral. En su desarrollo, se analizarán cuáles son los factores más favorables a la participación con base en una encuesta realizada en Argentina durante 2015, diseñada y llevada adelante por los autores del presente texto. En términos teóricos, este trabajo plantea que la participación electoral es el resultado de la interacción de factores estructurales, variables individuales e incentivos contextuales. Según nuestros resultados, la participación electoral puede ser explicada a partir de factores vinculados con la implicación subjetiva y con el contexto político que enmarca los comicios.

Palabras clave

Comportamiento electoral; participación electoral; Argentina; democracia; representación; incentivos

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Fuente: Revista Mexicana de Opinión Pública • año 12 • núm. 23 • julio-diciembre de 2017 • pp. 15-38 ISSN 1870-7300

Opinión: La Cancillería Argentina cambia

Argentina

>Por Maximiliano König* exclusivo para MIX POLÍTICO

Susana Malcorra, presentó  su renuncia como canciller y será reemplazada por el actual embajador en Francia, Jorge Marcelo Faurie. La funcionaria alude razones personales como causas de su alejamiento. Su gestión que concluye el 12 de Junio próximo, y sintéticamente apuntó a dejar atrás una política exterior signada durante 12 años por la impronta kirchnerista, dominada por un sesgo “aislacionista”. Su reemplazo, tiene como objetivo continuar y optimizar el funcionamiento del servicio exterior y consolidar la reinserción en el mundo.

La funcionaria saliente manifestó que continuará trabajando desde Madrid (ciudad donde tiene su familia y donde reside desde hace unos años) como una especie de “asesora” con vinculación con su sucesor. En cuanto a su gestión, Malcorra destacó lo que fue su gestión bajo las órdenes de Mauricio Macri. “Yo siempre trato de volver a las bases, que son los famosos tres objetivos del Presidente: el primero es la eliminación de la pobreza, que es un objetivo aspiracional: todos los gobiernos deberían buscar eliminar la pobreza; además le puso un sesgo muy fuerte en lo económico a la Cancillería. El segundo, la lucha contra el narcotráfico, que nos inserta en la cuestión del terrorismo, no en la primera línea, pero sí en el financiamiento, es decir, el narco lavado [de dinero]. Y el tercero, la unión de los argentinos”, dijo. “Esto fue fundamental, fueron los ejes que marcaron nuestro trabajo”.

Susana Malcorra y Jorge Faurie, en Cancillería. (DyN)

Susana Malcorra y Jorge Faurie, en Cancillería. (DyN)

La reemplazara Jorge Faurie, un diplomático de larga carrera, aunque sin un perfil destacado en lo que concierne a administración pública. El embajador en Francia, llegará a la conducción de la Cancillería gracias a su extensa trayectoria, su reconocimiento de Europa y su buena vinculación con el jefe de Gabinete, Marcos Peña. Dentro de sus retos a cumplir en política internacional, el futuro canciller deberá optimizar el funcionamiento de nuestro servicio exterior. Dentro de sus políticas de gestión en el ámbito internacional, podemos mencionar ciertos cambios de gestión en oposición con el gobierno saliente.

Hubo cambios vinculados con la política hacia Venezuela. En su momento, Malcorra advirtió sobre la situación de Venezuela: “La preocupación de la gente en la calle, del crecimiento de la violencia y de que esto derive en una cosa que uno no quiere nombrar y que sea una cosa extrema entre civiles, es algo que nos está quitando el sueño a todos y por lo cual estamos ocupándonos y preocupándonos continuamente”, manifestó.

Asimismo, aseguró que el Gobierno nacional no quiere que haya una situación destituyente ni que el presidente Nicolás Maduro, sea destituido. Constantemente bregó por un acuerdo entre Maduro y la oposición, conformando un canal de mediación con objetivos concisos y compromisos en común para poder avanzar. Igualmente, en cuanto a la próxima reunión de la Organización de los Estados Americanos (OEA), la canciller saliente dijo que la posición de su país sobre Venezuela se mantendrá igual en la última reunión de este miércoles. “La posición va a ser la misma, vamos a llevar (a la OEA) la posición de acelerar proceso de acuerdo al cronograma electoral”, dijo Malcorra durante una conferencia de prensa. Ese proceso, debe incluir un cronograma electoral “que incluya” las elecciones presidenciales, “separación de poderes según la Constitución y la liberación de presos como condición básica” para el diálogo entre el Gobierno y la oposición. Por último, no se cansó de cuestionar públicamente las violaciones de los derechos humanos por parte del autoritario régimen de Nicolás Maduro.

Otros de los frentes que enfrentó Susana Malcorra fue su posición oscilante en su relación con los Estados Unidos. Su anticipado apoyo a la ex candidata presidencial de los Estados Unidos Hillary Clinton a través de las redes sociales le jugó una mala pasada una vez conocidos los resultados electorales en el país del norte. Con respecto a la asunción de Donald Trump, la mandataria argentina se expresó en el foro de Davos realizado en Suiza a comienzos de año donde manifestó: “Con Obama planteamos una agenda ambiciosa que no íbamos a poder cumplir en un año. Debemos reconfirmar el interés de la nueva administración. Lamentablemente el comercio entre Estados Unidos y la Argentina es bajo. Por otra parte, desde el punto de vista de Mercosur, es una oportunidad que disminuya la relación entre EE.UU. y la Unión Europea. Es una ocasión para avanzar en nuestro vínculo con la Unión Europea”.

En cuanto a la relación con China, la ex presidenta de Telecom Argentina, pergenio ciertos avances con respecto a los acuerdos existentes firmados por el gobierno de Cristina Kirchner. En este sentido, en referencia a la discusión sobre la posición argentina acerca de la aceptación al gigante asiático como economía de mercado, con el gobierno de Macri se comenzaron a aplicar en Argentina criterios anti dumping entre otras medidas de corrección. En el mismo congreso de Davos recientemente mencionado, la canciller señaló que tenía dentro de sus prioridades elaborar una agenda compleja con el China con el que comparte la idea de promover un mundo abierto, integrado, interconectado, con unos cuantiosos acuerdos comerciales. Mientras que por parte del lado chino, persiste la iniciativa respecto a las centrales nucleares en el sur de la Argentina. “Cuando nosotros iniciamos la gestión fuimos muy claros con nuestra contraparte china. Nosotros estábamos dispuestos a seguir [con los acuerdos firmados] en tanto y cuanto los acuerdos fueran legales, técnicamente factibles y que desde el punto de vista ambiental se pudieran salvar las observaciones y objeciones que habían”, señaló la canciller acerca de la construcción de dos hidroeléctricas en Santa Cruz y la polémica construcción de una base china para observación espacial en la provincia de Neuquén.

Sede de la Cancillería argentina.

Sede de la Cancillería argentina.

Por último, hacemos mención a la vinculación con Brasil y su posición con respecto a los temas de corrupción acaecidos en las últimas semanas. La Ministra de Relaciones Exteriores sostuvo que “el hecho de que un país del peso que Brasil tiene en la región y el vínculo que tiene en la Argentina” hace que “cualquier cosa que pase allí y que tenga un impacto político, amerita que estemos siguiéndolo de cerca” y “con preocupación”. La ministra también destacó que en Brasil, al existir una separación muy fuerte de los poderes y principalmente una institución judicial muy sólida, hará que la situación se resuelva con mayor agilidad. Ante este raid de denuncias de corrupción, la funcionaria argentina destacó que no hay una discusión de legalidad en torno a la posible destitución de Michel Temer, sino que se trata de una discusión de legitimidad.


* Licenciado en Comunicación Social, Escuela de Ciencias de la Información (UNC). Mg. en Relaciones Internacionales, Centro de Estudios Avanzados de la Universidad Nacional de Córdoba.

Susana Malcorra renuncia a la Cancillería

La canciller Susana Malcorra renunció a su puesto este lunes. Lo hizo en conferencia de prensa junto al presidente Mauricio Macri y el jefe de Gabinete, Marcos Peña. “Malcorra se va por temas personales”, dijo el Presidente antes de iniciar la conferencia de prensa y le agradeció su paso por la gestión. En su lugar asumirá Jorge Faurie, actual embajador argentino en París.

Susana Malcorra

Susana Malcorra ya no es la canciller argentina (TELAM)

“Va a seguir siendo asesora, con rango de ministro, va a seguir ayudando”, dijo Marcos Peña. “La vamos a extrañar. Ella va a seguir siendo del equipo desde España, donde vivirá”, agregó el jefe de Estado.

La Canciller explicó que la decisión es para estar más cerca de su marido que vive en España y del que dijo que ha estado demasiado tiempo separada por su trabajo.

El cambio del cargo se oficializará el 12 de junio. Primero Malcorra hará un viaje a Washington en una reunión de la OCDE. Además, reiteró su opinión de que en los EE.UU. tiene que haber un embajador de carrera.

“A Faurie le deseo lo mejor, es parte de mi equipo”, dijo Malcorra. “Este es el máximo desafío profesional que tuve y el máximo honor por representar a los argentinos en el mundo”, agrego.

La ex Canciller dijo que dijo que el área que abandona, está en condiciones de seguir con todos los desafíos[1].

La carrera de Malcorra

Ingeniera, nacida en Rosario, en 1954, tiene una extensa carrera en el sector privado.

Trabajó en IBM y en 1993 ingresó a Telecom Argentina, empresa de telecomunicaciones entonces recientemente privatizada, y donde llegaría a ser directora general. En septiembre de 2004 pasó a ser directora ejecutiva adjunta del Programa Mundial de Alimentos de las Naciones Unidas, y en otros puestos de la ONU. Fue jefa de Gabinete del ex secretario general del organismo, Ban Ki Moon.

Se incorporó al Gabinete nacional con la asunción de Macri, el 10 de diciembre de 2015. Intentó sin éxito ser la sucesora de Ban Ki Moon al frente de la ONU, candidatura que contó con todo el apoyo de Macri.

Pero es importante remarcar, que Malcorra enfrenta la grave acusación de haber utilizado fondos públicos en su “campaña” para liderar el organismo internacional[2].

Malcorra y Ban Ki Moon

Malcorra y Ban ki Moon

¿Las verdaderas razones de un alejamiento anunciado?

Según afirman algunos analistas, su paso por la Cancillería no fue “todo color de rosas”, y no justamente por roces que haya tenido con otros países u otros diplomáticos, sino más bien por las diferencias manifiestas que ha tenido con el macrismo, pero en lo que hace a políticas internas vinculadas a la dictadura cívico militar.

Políticas internas que, por cierto, Malcorra jamás ha defendido en foro internacional alguno; por ejemplo, en lo que respecta a la cantidad de desaparecidos entre 1976 y 1983, que el Gobierno pretende reducir a un número indefinido[3].

Mientras ministros y funcionarios de menor rango e incluso el Presidente de la Nación negaron los 30 mil desaparecidos, la funcionaria se negó reiteradamente a plantear semejante duda: “Yo he usado, estando en el exterior, en Naciones Unidas, el número de 30 mil como referencia”, sostenía el año pasado en una entrevista que concediera a Perfil.

En la misma entrevista, advertía: “Yo personalmente no uso el concepto de guerra sucia. Creo que hubo un enfrentamiento asimétrico, que obviamente le da una responsabilidad al Estado distinta a la de otros jugadores” en ese sangriento período.

Incluso fueron y son manifiestas las diferencias que mantienen Malcorra y Macri respecto a la situación de Venezuela: mientras la canciller buscaba una posición ‘diplomática’ de la Argentina, el Presidente pretendía ir ‘con tapones de punta’ hacia el gobierno de Nicolás Maduro.

Recordemos además, que durante los últimos días del año 2016, se produjo el alejamiento de numerosos funcionarios cercanos a Malcorra[4].

Voces contra Malcorra

La aparentemente “sorpresiva” renuncia de la canciller, también levantó voces en la oposición.

Alicia Castro, ex embajadora argentina en el Reino Unido y Venezuela, aseguró que Malcorra “fue la peor canciller de la historia argentina”. Según argumentó la funcionaria del kirchnerismo, Malcorra “protagonizó una serie de papelones, tropiezos y desaciertos que colocaron muy mal a la Argentina en el mundo”[5].

En tanto Para Héctor Recalde, jefe del bloque de diputados del FPV, “Odebrecht no es ajeno” a la renuncia de Susana Malcorra. Recalde no cree en los “temas personales” que mencionó la ex canciller para justificar su salida del cargo[6].


NOTAS:

[1] CLARIN: https://www.clarin.com/politica/renuncio-canciller-susana-malcorra_0_S1MrzyqWb.html

[2] PERFIL: http://www.perfil.com/politica/acusan-a-malcorra-de-usar-fondos-publicos-para-su-candidatura-en-la-onu.phtml

[3] DIARIO REGISTRADO: http://www.diarioregistrado.com/politica/las-verdaderas-razones-de-la-inesperada-renuncia-de-susana-malcorra_a592c732ad669e67b19cf40a3

[4] PERFIL: http://www.perfil.com/politica/designan-un-nuevo-vicecanciller-en-reemplazo-de-foradori.phtml

[5] LA CAPITAL: http://www.lacapital.com.ar/politica/alicia-castro-aseguro-que-malcorra-fue-la-peor-canciller-la-historia-argentina-n1406193.html

[6] PERFIL: http://www.perfil.com/politica/hector-recalde-cuestiono-la-renuncia-de-susana-malcorra-odebrecht-no-es-ajeno.phtml

Se necesitan horizontes

Desigualdad

Favela Paraisópolis haciendo frontera con el distrito de Morumbi en São Paulo, Brasil.
(Tuca Vieira)

>Por Boaventura de Sousa Santos*

Las ocho personas más ricas del mundo poseen tanta riqueza como la mitad más pobre de la población mundial (3,5 mil millones de personas). Se destruyen países (de Irak a Afganistán, de Libia a Siria, y las próximas víctimas pueden ser tanto Irán como Corea del Norte) en nombre de los valores que debían preservarlos y hacerlos prosperar, ya sean los derechos humanos, la democracia o el primado del derecho internacional. Nunca se habló tanto de la posibilidad de una guerra nuclear.

Los contribuyentes estadounidenses pagaron millones de dólares por la bomba no nuclear más potente jamás lanzada contra túneles en Afganistán, construidos en la década de 1980 con su propio dinero, gestionado por la CIA, para promover a los islamistas radicales en su lucha contra los ocupantes soviéticos del país, los mismos radicales que hoy se combaten como terroristas. Mientras, los estadounidenses pierden el acceso a la atención médica y son llevados a pensar que sus males son causados por inmigrantes latinos más pobres que ellos. Tal y como los europeos son llevados a pensar que su bienestar está amenazado por los refugiados y no por los intereses imperialistas que están forzando al exilio a tanta gente. Del mismo modo que los sudafricanos negros, empobrecidos por un mal negociado fin del apartheid, asumen actitudes xenófobas y racistas contra inmigrantes negros de Zimbabwe, Nigeria y Mozambique, tan pobres como ellos, por considerarlos la causa de sus males.

Entretanto, circulan por el mundo las tiernas imágenes de Silvio Berlusconi dándole la mamadera a cabritos para defenderlos del sacrificio de Pascua, sin que nadie denuncie que durante esos minutos televisivos miles de niños murieron por falta de leche. Como tampoco son noticia las fosas clandestinas de cuerpos desmembrados que constantemente se están descubriendo en México, mientras que las fronteras entre el Estado y el narcotráfico se desvanecen. Como tenemos miedo de pensar que la democracia brasileña morirá el día en que un Congreso de políticos enloquecidos, corruptos en su mayoría, consiga destruir los derechos de los trabajadores conquistados a lo largo de cincuenta años, un propósito que, por ahora, los políticos brasileños parecen lograr con inaudita facilidad. Tiene que haber un momento en que las sociedades (y no solo unos pocos “iluminados”) lleguen a la conclusión de que esto no puede seguir así.

Para eso, la negatividad del presente nunca será suficiente. La negatividad sólo existe en la medida que aquello que niega es visible o imaginable. Un callejón sin salida se convierte fácilmente en una salida si la pared en que termina tiene la falsa transparencia de lo infinito o de lo ineluctable. Esta transparencia, que es falsa, es tan compacta como la opacidad de la selva oscura con la que antes la naturaleza y los dioses vedaban los caminos de la humanidad. ¿De dónde viene esta opacidad si la naturaleza es hoy un libro abierto y los dioses un libro de aeropuerto? ¿De dónde viene la transparencia si la naturaleza, cuanto más se revela, más se expone a la destrucción, si los dioses sirven tanto para trivializar la creencia inconsecuente como para banalizar el horror, la guerra y el odio?

Hay algo de terminal en la condición de nuestro tiempo que se revela como una terminalidad sin fin. Es como si la anormalidad tuviera una energía inusitada para convertirse en una nueva normalidad y nos sintiéramos terminalmente sanos en lugar de terminalmente enfermos. Esta condición deriva del paroxismo al que llegó el instrumentalismo radical de la modernidad occidental, tanto en términos sociales como culturales y políticos. El instrumentalismo moderno consiste en el predominio total de los fines sobre los medios y en la ocultación de los intereses que subyacen a la selección de los fines en forma de imperativos falsamente universales o de inevitabilidades falsamente naturales. En el plano ético, este instrumentalismo permite a quien tiene poder económico, político o cultural presentarse socialmente como defensor de causas cuando, de hecho, es defensor de cosas.

Este instrumentalismo asumió dos formas distintas, aunque gemelas, de extremismo: el extremismo racionalista y el extremismo dogmatista. Son dos formas de pensar que no permiten contraargumentación, dos formas de actuar que no admiten resistencia. Ambas son extremadamente selectivas y compartimentadas de tal modo que las contradicciones ni siquiera aparecen como ambigüedades. Las caricaturas revelan bien lo que está más allá de ellas. Heinrich Himmler, uno de los máximos jefes nazis, que transformó la tortura y el exterminio de judíos, gitanos y homosexuales en una ciencia, cuando regresaba de noche a casa entraba por la puerta trasera para no despertar a su canario favorito. ¿Es posible culpar al canario porque el cariño que le tenía Himmler no era compartido por los judíos? A su vez, es conocida la anécdota de aquel comunista argentino tan ortodoxo que incluso en los días de sol en Buenos Aires usaba sombrero de lluvia solo porque estaba lloviendo en Moscú. ¿Es posible negar que detrás de tan acéfalo comportamiento no estuviera un sentimiento noble de lealtad y de solidaridad?

Las perversidades del extremismo racionalista y dogmatista están siendo combatidas por modos de pensar y de actuar que se presentan como alternativas pero que, en el fondo, son callejones sin salida porque los caminos que señalan son ilusorios, sea por exceso de pesimismo, sea por exceso de optimismo. La versión pesimista es el proyecto reaccionario que tiene hoy una renovada vitalidad. Se trata de detestar en bloque el presente como expresión de una traición o degradación de un tiempo pasado, dorado, un tiempo en el que la humanidad era menos amplia y más consistente. El proyecto reaccionario comparte con el extremismo racionalista y dogmatista la idea de que la modernidad occidental creó demasiados seres humanos y que es necesario distinguir entre humanos y subhumanos, pero no piensa que ello debe derivar de ingenierías de intervención técnica, sean ellas de muerte o de mejora de raza. Basta que los inferiores sean tratados como inferiores, sean mujeres, negros, indígenas, musulmanes. El proyecto reaccionario nunca pone en cuestión quién tiene el privilegio y el deber de decidir quién es superior y quién es inferior. Los humanos tienen derecho a tener derechos; los subhumanos deben ser objeto de filantropía que les impida ser peligrosos y los defienda de sí mismos. Si tuviesen algunos derechos, siempre deben tener más deberes que derechos.

La versión optimista de lucha contra el extremismo racionalista y dogmatista consiste en pensar que las luchas del pasado lograron vencer de modo irreversible los excesos y perversidades del extremismo, y que somos hoy demasiado humanos para admitir la existencia de subhumanos. Se trata de un pensamiento anacrónico inverso, que consiste en imaginar el presente como habiendo superado definitivamente el pasado. Mientras el pensamiento reaccionario pretende hacer que el presente regrese al pasado, el pensamiento anacrónico inverso opera como si el pasado no fuese todavía presente. Debido al pensamiento anacrónico inverso, vivimos un tiempo colonial con imaginarios poscoloniales; vivimos un tiempo de dictadura informal con imaginarios de democracia formal; vivimos un tiempo de cuerpos racializados, sexualizados, asesinados, descuartizados con imaginarios de derechos humanos; vivimos un tiempo de muros, fronteras como trincheras, exilios forzados, desplazamientos internos con imaginarios de globalización; vivimos un tiempo de silenciamientos y de sociología de las ausencias con imaginarios de orgía comunicacional digital; vivimos un tiempo de grandes mayorías que solo tienen libertad para ser miserables con imaginarios de autonomías y emprendimiento; vivimos un tiempo de víctimas que se vuelcan contra víctimas y de oprimidos que eligen a sus opresores con imaginarios de liberación y de justicia social.

El totalitarismo de nuestro tiempo se presenta como el fin del totalitarismo y, por eso, es más insidioso que los totalitarismos anteriores. Somos demasiados y demasiado humanos para caber en un solo camino; pero, por otro lado, si los caminos fuesen muchos y en todas las direcciones, fácilmente se transformarían en un laberinto o en un enredo, en cualquier caso, en un campo dinámico de parálisis. Esta es la condición de nuestro tiempo. Para salir de ella, es preciso combinar la pluralidad de caminos con la coherencia de un horizonte que ordene las circunstancias y les otorgue sentido. Para pensar tal combinación y, más aún, para pensar siquiera que ella es necesaria, son necesarias otras maneras de pensar, sentir y conocer. O sea, es necesaria la ruptura epistemológica que llamo epistemologías del sur.

 

*Traducción de Antoni Aguiló y José Luis Exeni Rodríguez

Comunicación política versus comunicación electoral

Comunicación Electoral

>Por Daniel Eskibel

La comunicación política y la comunicación electoral no se oponen mutuamente la una a la otra. Es más: tienen múltiples puntos de contacto. Pero son diferentes.
Y para ser eficaz en la vida política tienes que comprender esa diferencia y actuar luego en consecuencia.

La eficacia política es un concepto poco transitado pero de vital importancia.

Tienes que ser eficaz como gobernante si estás en un cargo ejecutivo y también tienes que serlo como legislador si esa es tu actividad actual. Pero además tienes que ser eficaz dentro de tu partido político. La eficacia se relaciona con lograr los objetivos que se buscan, y eso debe hacer un partido, una organización o un gobierno. Eso debe hacer, claro, cada persona que integra esas organizaciones.

Por encima inclusive de este concepto de eficacia hay otro más importante aún: la eficacia de los partidos y los gobiernos para las personas que habitan la ciudad, la provincia o el país. Ellos esperan y necesitan esa eficacia.

Ambos sentidos no son contrapuestos porque si eres eficaz en tu gestión pública o política entonces eso será eficaz para tu propia vida política. La comunicación política no es la única variable en juego, por supuesto, pero sin ella no hay eficacia.

La organización política en las trincheras: comunicación permanente

La comunicación de una organización política tiene algunas características esenciales que es necesario subrayar:

Abarca un amplio espectro de dimensiones de la comunicación. Incluye la comunicación de partidos y organizaciones políticas, la comunicación de gobiernos, la comunicación legislativa, la comunicación de crisis y la comunicación electoral. Todas son formas de comunicación diferentes y específicas, pero todas son comunicación política.
Es permanente. La noche en la que se conocen los resultados electorales comienza un nuevo ciclo que se abre con la comparecencia pública del candidato o del vocero de la organización. Y continúa sin pausa durante los años siguientes hasta que se conozcan los nuevos resultados electorales y todo el ciclo vuelva a empezar.
Es omnipresente. Todo comunica, hasta tu silencio. Todo, y no solo lo que dices. También lo que haces y lo que no haces. Lo único imposible es no comunicar.
Sus resultados de fondo se juegan en el mediano y largo plazo más que en el corto plazo. Y la estrategia es más determinante que la táctica.
Necesita contar con un plan estratégico escrito. En caso contrario cae en la improvisación, se marea con la táctica cotidiana y se enreda en un mar de contradicciones que le hacen perder eficacia y perder oportunidades.
Comunicar es también, y en primer lugar, escuchar. Y en esta dimensión nacen los peores fracasos de comunicación política. Y los mayores éxitos, también.

Elecciones: comunicación en la recta final

La comunicación electoral es una forma especializada de comunicación política que presenta características diferenciales:

Se limita temporalmente a los períodos de campaña electoral.
Mientras la comunicación política gana o pierde por puntos, la comunicación electoral lo hace por nocaut.
Su objetivo específico consiste en transformar en votos los pensamientos y emociones de determinados segmentos sociales.
No comienza de cero sino que es el punto culminante de todo un proceso anterior de comunicación política.
Trabaja sobre contenidos políticos más breves y especialmente diseñados para ser consumidos en plazos cortos.

Estrategia de comunicación

La noche de las elecciones comienza un nuevo ciclo de comunicación política. Tu primera tarea central es diseñar una estrategia de largo plazo que cubra todo el período que comienza. No será una estrategia rígida e inamovible sino que deberás hacer evaluaciones y correcciones periódicas.

En ese plan estratégico deberás incluir:

  1. Los objetivos que quieres lograr.
  2. La calendarización de las etapas que atravesarás.
  3. Tu mensaje para el período.
  4. Los públicos con los que te vas a comunicar.
  5. Cuales son los adversarios que van a disputar contigo esos públicos.
  6. Cómo vas a escuchar a las personas que componen esos segmentos sociales.
  7. Los medios de comunicación que vas a trabajar prioritariamente.
  8. El tipo de contenidos políticos que vas a comunicar.
  9. Los recursos humanos y materiales que tendrás que involucrar.
  10. El protocolo de crisis que aplicarás cuando sea necesario.
  11. El plan legislativo o de gobierno, según sea el caso.
  12. Los tiempos y criterios para la evaluación del plan.

En esta etapa inicial el plan de comunicación electoral todavía no forma parte del cuadro. Pero deberás abocarte a él más tarde. ¿Cuando? Luego de que tu comunicación política ya vaya en velocidad de crucero y se vayan despejando varias incógnitas en materia de gobierno, candidatos y opinión pública. Pero a su vez con el tiempo suficiente por delante como para preparar esa enorme operación política que es una campaña electoral. Un año y medio antes de las elecciones podría ser una buena decisión.

Planificar para la acción, de eso se trata. Acción política permanente y acción electoral limitada en el tiempo.
Acción efectiva, además.

 

Maquiavelo & Freud

¿Viene la III Guerra Mundial?

Tercera Guerra Mundial>Por Claudio Fantini

La primera se desprende de las dos conflagraciones anteriores calificadas como “mundiales”. En ambos casos, la calificación surgió de una cuestión numérica: una gran cantidad de países fueron parte del conflicto.

Hoy es poco probable que ese formato se repita. Quienes quieren, como el Papa, ver tal rasgo en la guerra civil de Siria porque involucra a varios países, deben tener en cuenta que algo similar ocurrió en la guerra civil libanesa. Tampoco se habló de Guerra Mundial durante la trágica desintegración de Yugoslavia.

La otra posibilidad que justificaría la calificación de “mundial” para un conflicto actual, sería un choque nuclear entre dos potencias. De hecho, durante la Guerra Fría fue ese fantasma el que se adueñó del título Tercera Guerra Mundial. ¿Existe ese peligro? Ciertamente, con Trump en la Casa Blanca, Putin en el Kremlin y Kim Jong-un en el Palacio del Sol, no es fácil descartar un duelo nuclear. Pero la aún vigente Doctrina de la Destrucción Mutua Asegurada resta probabilidad a semejante riesgo.

Lo que más temen hoy las superpotencias no es un ataque con ojivas atómicas o neutrónicas. El riesgo más temido, en particular para Washington, es un devastador ciberataque. De haber una III Guerra Mundial, lo más probable es que sea cibernética. Del mismo modo que ya no existen los espías que existieron hasta la Guerra Fría, porque han sido reemplazados por los ciberespías, la guerra entre superpotencias se desarrollaría en el ciberespacio. Los espías de hoy no portan armas ni microfilms, sino laptops. El espionaje ya no tiene personajes como James Bond o los de las novelas de John Le Carre, sino como Edward Snowden. Los mayores daños causados por espías a Estados Unidos, los infligieron los ciberespías de China y de Rusia, además de Julian Assange con Wikileaks. La pesadilla del Pentágono no es una lluvia de misiles, sino un ataque cibernético que paralice las centrales nucleares, hidro-eléctricas y termoeléctricas, dejando sin energía el país. O que un ataque masivo a las redes haga caer el sistema a nivel nacional. La consecuencia sería un caos como el que no podría causar a Estados Unidos ningún ataque con ejércitos, aviaciones o misiles.

 

EL PAÍS (URUGUAY)

Elecciones en Francia: La búsqueda del balance político hacia el centro

Macron y Le Pen
>Por Rodrigo Durán Guzmán exclusivo para MIX POLÍTICO

Tras el término de la primera vuelta presidencial los resultados no han dejado a nadie indiferente en una tendencia al alza. Porque tanto socialistas como republicanos galos han quedado fuera de competencia en una segunda vuelta que se anticipa favorable para las aspiraciones del liberal Emmanuel Macron versus la líder (aunque haya dejado momentáneamente la presidencia) del Frente Nacional, Marine Le Pen. Como dato diremos que, en un contexto de voto voluntario, el 77% de los galos participó en los comicios de primera vuelta, cifra similar a lo que se espera en el balotaje del próximo 7 de mayo, aun cuando se prevé un leve aumento en la abstención, pero eso ya se sabrá.

Sin embargo, y a pesar de la demanda popular por nuevos actores en la arena política, ni uno ni otro forman parte de los denominados outsiders. Macron, graduado en la Escuela Nacional de Administración (ENA), cuna de la élite política francesa, trabajó en el banco Rothschild y fue ministro de Economía del saliente gobierno (socialista), aun cuando nunca ha militado en el oficialismo y sus políticas fueron ampliamente rechazas por el PS francés. En contraposición, Le Pen es hija del fundador del Frente Nacional (Jean Marie Le Pen) pero su discurso, si bien nacionalista, ha sido mucho más moderado que el de su progenitor. En cuanto a respaldos políticos de cara a la segunda vuelta, Macron ha recibido el apoyo de Fillon y Hamon, con proyecciones de que podría ganar la elección con un 62% de los sufragios, contra un 38% de su adversaria. No obstante, y porque los comportamientos en política a ratos forman parte de cuestiones “dignas de Ripley”, observaremos que el candidato de la izquierda, Jean – Luc Mélechon (cuarto en la primera vuelta) podría eventualmente traspasar su apoyo a Le Pen, con quien comparten ideas tales como el rechazo a la globalización y el libre comercio. Todo, por cierto, en un escenario complementado con el rechazo del denominado voto popular y obrero al supuesto elitismo tecnócrata de Macron.

Lo importante, que nos enseña no sólo Francia sino también contextos tales como España, Canadá o, más cercano aún, Argentina y quizás también lo que podría ocurrir en las elecciones presidenciales del presente año en Chile, es que existe una clara tendencia a recuperar la moderación y no dar cabida a los extremos, a las posiciones fundamentalistas entendiendo que la vida, al igual que la política, no es sólo blanco/negro sino que también coexisten, simultáneamente, matices donde la diversidad se transforma en un arma poderosa de enriquecimiento social integrador, tolerante y de respeto.

De todos modos, ninguna proyección es del todo segura cuando uno de los jugadores en el tablero es el populismo (Le Pen). Y menos cuando en la primera vuelta el Frente Nacional aumentó su sufragio más de cinco puntos porcentuales. Marine Le Pen quiere romper con una tradición europeísta de Francia construida durante décadas con medidas tales como “liberar” al país de la UE y realizar un referéndum sobre el Frexit y recuperar la moneda nacional, lo que supondría un escenario inquietante para una ya maltrecha UE tras el Brexit.

Macron, por el contrario, si bien se muestra crítico con el estado actual de la UE, desea “restablecer la confianza” (algo que forma parte del actual ethos discursivo de la Democracia Cristiana chilena que podría romper alianza con la izquierda llegando a primera vuelta en la elección presidencial de ese país generando, de paso, el retorno de los tres tercios en ese país) ciudadana en las instituciones declarándose abiertamente “cien por cien” europeísta. Y lo hace con una creencia sincera en todos sus flancos: el Mercado Interior Único, el espacio Schengen que avala la circulación libre de personas y la Eurozona.

Cómo sea, y tal como ha sido la tónica en algunos países, la evidencia es clara: en la actualidad una cosa es que los votantes estén desafectados de los partidos políticos, pero eso no implica que se desentiendan de la política. Su actuar no está precedido por “órdenes de partido” sino por sus convicciones, por sus sensaciones, anhelos y deseos. Al final del día, y en eso tanto la naturaleza como evolución humana son sabias, los individuos entendemos la importancia de generar acuerdos colectivos de convivencia donde, más allá si eres de izquierda o derecha, lo importante es que todos seamos capaces de encontrarnos y trabajar, colaborativamente, en nuestros respectivos proyectos de país, uno donde los populistas (salvo el caso de Estados Unidos lógicamente), a diferencia de la moderación, no tienen cabida en sociedades que ansían alcanzar tanto su plenitud como madurez.

 

* Magíster internacional en comunicación, experto en comunicación y análisis político.

Ganar comunicando mal

Ganar comunicando mal

>Damián Fernández Pedemonte*

El oficialismo no va a tener problemas para ganar las elecciones intermedias. O mejor dicho, para quedar en la primera minoría: es probable que en octubre no haya ningún vencedor. Esto no se debe a sus logros ni a su estrategia de comunicación política, sino a que el peronismo no ha logrado articular una propuesta ni ha dado aún con un líder renovador.

Pero que Macri pueda ganar la elección de medio término sin mayores problemas no dice nada acerca de la calidad de su comunicación (ni de que vaya a quedar despejado el camino para la segunda parte de su mandato). Más bien, si se demoran los resultados y el rumbo sigue percibiéndose errático, quienes dejarán de apoyar al Gobierno serán no ya los peronistas despechados, sino los que lo votaron en las elecciones presidenciales.

El año pasado se discutió bastante si el Gobierno contaba con una adecuada estrategia de comunicación. En este debate, los críticos y el Gobierno coincidieron en un punto: la comunicación no puede reemplazar la gestión. Los aciertos, decía el Gobierno, son reales, no inventos de la comunicación. Simétricamente, los críticos decían: los errores son de políticas, no de comunicación.

Creo que es una distorsión en la que se incurre cuando se confunde la comunicación gubernamental con el marketing electoral. Hay dos lógicas diversas en la comunicación política que el Gobierno equipara porque sólo conoce una de ellas. Para los asesores del gobierno, todo es marketing. La gran diferencia entre el marketing y la comunicación, sin embargo, es que el primero aparece después de que se toman las decisiones: es el packaging de las medidas, la publicidad de los resultados. La comunicación, en cambio, viene antes: forma parte de la toma de decisión. Si la estrategia no se aclara con la comunicación, no hay estrategia.

Por ejemplo, si el Gobierno hubiera construido escenarios e inoculado a los públicos no tendría que haber sido obligado por la Corte Suprema a convocar a una audiencia pública por el tarifazo ni a dar marcha atrás con el acuerdo con el Correo Argentino. Las direcciones de comunicación de las corporaciones hubieran desaconsejado esos pasos en falso: es raro que los CEO no lo advirtieran. El objetivo de la comunicación política es generar consensos antes. Antes del error y de la retractación.

Eliseo Verón decía que hay dos tipos de campaña: la oficial y la oficiosa. La primera es regulada por el Estado, tiene tiempos, espacios y presupuestos definidos. Es el reino del marketing: todo lo que sabe esta disciplina sobre segmentación de audiencias o posicionamiento de las marcas vale aquí. Pero hay otra campaña, más extensa, de contornos menos precisos y mensajes más indirectos, que es la oficiosa. Está conformada por todas las intervenciones mediáticas de los líderes de los espacios políticos que compiten en las elecciones. Cuando son entrevistados en programas de opinión o talk shows en radio o televisión, cuando realizan declaraciones que se convierten en titulares de la prensa, los políticos están haciendo campaña. Aquí llegan al público sólo si logran entrar en la agenda de los medios o en las conversaciones de las redes sociales. El periodista, el conductor o los usuarios de Twitter son la interfaz entre el político y los ciudadanos. La nota en los medios es más riesgosa para un candidato, pero más creíble que un spot.

*Director de la Escuela de Posgrados en Comunicación de la Universidad Austral


LN

La Trocha: primera vuelta en Francia

Emmanuel Macron, el 14 de abril de 2017

Emmanuel Macron, el 14 de abril de 2017 (Robert Pratta – REUTERS)

Primera vuelta de las presidenciales francesas: derrota de los partidos tradicionales, auge de los extremismos y la incógnita Macron.

 

>Por Adolfo Álvaro Martín* exclusivo para MIX POLÍTICO

Marine Le Pen y Emmanuel Macron disputarán el próximo día 7 de mayo la segunda vuelta de las presidenciales francesas. Aunque los resultados no son aún definitivos, Macron ha sido el mas votado (24%), desbancando a la que hasta hace poco mas de 3 semanas parecía el candidato con mayor simpatía de voto, Maríne Le Pen (21,3%).

La Europa institucional de Bruselas y gran parte de los gobiernos del Viejo Continente han respirado aliviados por el resultado, en el convencimiento de que Macron acabará imponiéndose a Le Pen pues, como ya auguran los primeros sondeos, el candidato social-liberal tendría una intención de voto del 62%. Además, a lo largo de la mañana de hoy, la mayoría de los candidatos que no han pasado a segunda vuelta le han mostrado su apoyo.

Sin embargo, un análisis mas pausado de los datos debería atemperar esta euforia, no porque en estos momentos se dude de que Macron pueda perder la segunda vuelta, sino porque lo que han mostrado los resultados del domingo 23 de abril, es el profundo rechazo frente al proyecto europeo que se ha instalado en una parte muy importante del cuerpo electoral frances.

Es conocido hace tiempo el rechazo a la Unión Europea de Marine Le Pen, que no ha dudado en asegurar que si llega a la presidencia planteará un referéndum para abandonar a sus socios de Bruselas. Frente a ella, es cierto, Macron ha manifestado un compromiso con el proyecto europeo y con el euro pero, ¿y los demás candidatos?.

Sugiero a los lectores que fijen su atención en Jean-Luc Mélenchon, candidato radical que ha obtenido el 19,6% de los votos, que no ha dudado en poner en cuestión el modelo de la Europa del Euro, y cuyas afinidades con regímenes como el de Maduro en Venezuela, le sitúan en el mismo frente de oposición a la Unión Europea y al modelo del que se ha dotado la Europa Occidental desde los tratados de Maastricht en 1992. Es posible que Mélenchon, en las últimas semanas, haya atraído votantes provenientes del antiguo partido comunista francés que, durante años habían votado a Le Pen (padre y luego hija), por su discurso antisistema y antieuropeista y que, ahora, hayan encontrado un candidato mas acorde con sus ideas pero con igual discurso antisistema. Tampoco puede decirse que haya mostrado una posición abiertamente europeísta el derrotado candidato del otrora poderoso Partido Socialista, Benoît Hamon, que ha cosechado los peores resultados de su historia reciente, superando por poco el 6% de los sufragios.

Todo ello quiere decir que ayer, en uno de los países fundadores de la Unión Europea, cerca del 45% de los votantes han apoyado posiciones de rechazo en mayor o menor medida al proyecto europeo. Además, y por primera vez en la Quinta República, ninguno de los dos partidos tradicionales (representados en estos comicios por los republicanos de Fillon y los socialistas de Hamon) han alcanzado la segunda vuelta, en una prueba mas de la enorme desafección del cuerpo electoral francés hacia ellos. Recuérdese que en las elecciones de 2012, ambos partidos obtuvieron el 56% de los votos en primera vuelta. Es evidente que el candidato Macron hará bien en estar muy alerta ante estos alarmantes síntomas y, considerar que una parte importante de ese voto de Mélenchon y Hamom podría acabar en el casillero de su rival.

No olvidemos que el sistema electoral francés de doble vuelta, lleva décadas ocultando que cada vez mas electores están optando por los extremos de la línea ideológica (ahora representados por Le Pen y Mélenchon) y, si bien es cierto que salvo sorpresa mayúscula, Macron tiene grandes posibilidades de ser Presidente de la República Francesa, puede encontrarse en poco tiempo con graves problemas consecuencia de la fuerza que ese 45% de los galos opuestos a Europa pueda obtener en las elecciones a la Asamblea que tendrán lugar pocos meses después de las presidenciales. Especialmente, porque Macron no dispone de un partido político consolidado con implantación en toda la República, ya que su organización apenas tiene poco más de ocho meses de vida.

Demasiadas incógnitas que obligan a mostrar mas cautela que euforia.


* Licenciado en Derecho por la Universidad Complutense de Madrid (España), AMP y MAJ por el Insituto de Empresa de Madrid (España). Doctor en Educación, Aplicaciones Tecnológicas, Sociales y Psicológicas. Universidad Camilo José Cela, Madrid (España).

Fundador y Director General de XARXA, Consultoría Estratégica de análisis del impacto de las Tecnologías de la Información y la Comunicación (TIC) en la política, los gobiernos y la sociedad.

Presidente del Nodo España de la Red Iberoamericana de Informática Educativa (RIBIE). Consultor externo del Organismo Internacional de Juventud (OIJ).

Elecciones en Francia: ¿Quién es Emmanuel Macron?

Macron 2017

>Por Andrés Fernández*

Con menos de cuarenta años, es la primera vez que Emmanuel Macron se presenta como candidato en un proceso electoral. Y sin pertenecer (según sus propias afirmaciones) a ningún partido político, triunfó este domingo en la primera vuelta de las elecciones presidenciales de Francia, lo que le garantiza disputar el máximo cargo en la segunda vuelta de mayo.

Con 23,75% de los votos, este candidato atípico se enfrentará en el balotaje a Marine Le Pen, quien con 21,53% fue la segunda candidata mejor votada de la jornada del domingo 23.

Pero, ¿quién es Emmanuel Macron? ¿Cómo logró en menos de un año posicionarse como favorito en la segunda economía de la Unión Europea? ¿Y realmente es la opción más firme para vencer a Le Pen?

Veamos entonces quién es Macron

Macron saltó a la escena política primero como asesor económico del presidente socialista François Hollande y, desde 2014 como su ministro de Economía. Como es de público conocimiento, antes había trabajado como banquero de inversión en Rothschild & Cie.

Hace tan sólo un año, durante el mes de abril y sin haber dejado aún su cartera en el gobierno, lanzó el movimiento En Marche! (¡En marcha!) con un acto público en Amiens, su ciudad natal, en el norte del país.
En aquel momento aseguró que su intención era superar las diferencias tradicionales entre la izquierda y la derecha.
“Refundar desde abajo, de manera sincera, auténtica, verdadera. La idea de este movimiento político es una dinámica: ante el bloque de la sociedad, intentar avanzar”, afirmó en Amiens.

Macron se presenta como liberal en lo social, partidario de la desregulación económica y defensor a ultranza del actual modelo de Unión Europea. Cuando en noviembre pasado, seis meses después de la creación de En Marche!, el ya exministro anunció su candidatura, algunos analistas franceses vieron en esa decisión un salto al vacío.

Sin embargo, a medida que avanzó la campaña presidencial, Macron afianzó su liderazgo en las encuestas. Este domingo en tanto, confirmó su lugar en el balotaje contra la candidata del Frente Nacional.

Pero, ¿quién resultará vencedor en este duelo?

Macron se presenta como la mejor opción

“Hay gente que argumenta que Macron es la mejor opción para frenar a Marine Le Pen porque al ser más centrista puede recabar apoyos tanto a izquierda como a derecha”, según afirma el profesor Philippe Marlière, de la University College London en diálogo con BBC MUNDO. “Sin embargo, también se dice que su punto débil es que no se sabe bien de dónde viene, que no tiene experiencia… mientras que Le Pen es una buena competidora”, agrega.

No obstante, la mayor parte de los analistas duda de las posibilidades reales de Le Pen de llegar a la presidencia: en una segunda vuelta, señalan, la candidata del FN tendrá difícil superar el 50% de los votos necesarios para vencer.

Proyecciones segunda vuelta

Proyecciones para la segunda vuelta. G. Elliot Morris, The CrossTab.

Francia, elecciones y una situación inédita

En cualquier caso y más allá del resultado, las viejas claves de lectura política en Francia parecen no servir para interpretar concienzudamente los comicios realizados ayer.

La irrupción de Macron, la fortaleza de Le Pen, el ascenso de Mélénchon y la debilidad de los principales partidos tradicionales caracterizó a la jornada electoral francesa. Tal es de novedoso el escenario, que ninguno de los dos partidos tradicionales que se reparten el poder desde la instauración de la V República tendrá participación en la elección definitiva.

El segundo punto a destacar, obviamente, es el ascenso y triunfo de un movimiento político que no está constituido como partido y que no cuenta con representantes electos. Planteará sin duda, un desafío para Macron en caso de ser electo presidente; ya que dependerá para gobernar del apoyo de diputados de otros grupos, al menos hasta las elecciones legislativas de junio.

Para explicar la popularidad de Macron, sería necesario comprender la profunda crisis de representación que atraviesan los partidos tradicionales. Mientras el ganador de las primarias socialistas, Benoit Hamon, fue considerado como “demasiado de izquierdas” para muchos de sus históricos votantes, el conservador François Fillon perdió su condición de favorito en los sondeos por su presunta implicación en una serie de escándalos de corrupción que repelieron importantes apoyos.

Un voto descontento

Ante la evidente crisis de los grandes partidos, las denuncias cruzadas de corrupción y una imagen profundamente corroída de las clases políticas el líder de En Marche! se posiciona como una alternativa novedosa.
Desde la otra vereda, el Frente Nacional busca convencer también a los descontentos y desilusionados, pero en clave nacionalista con algunos postulados extremos que numerosos analistas no dudan en calificar como fascistas.

En todo caso, sería interesante aquí poner un signo de pregunta ante afirmaciones de algunos periodistas y académicos que proponen calificar a estos dos candidatos como “populistas”. Pareciera que cualquier liderazgo que no responda a las estructuras partidarias y mandatos políticos “herederos” del liberalismo, es automáticamente considerado como populista. El debate queda pues, abierto a consideraciones.

Sin embargo, es difícil encuadrar a Macron fuera del “establishment” político y económico francés. Es en definitiva, un “hombre del sistema”. Las grandes empresas y los grandes medios apostaron por “el representante del centro”, a veces solapadamente y otras, no tanto.

Es posible entonces, que el ganador de la primera vuelta se constituya en el principal garante de una serie de políticas que se aplican en Francia desde hace (al menos) veinte años. El principal éxito de Macron, es quizás, haber construido una imagen innovadora, juvenil, capaz de aglutinar apoyos más allá de las fronteras partidarias. Esa imagen puede verse opacada en parte, si se vincula demasiado con los líderes de la “vieja política” y su impulso renovador, puede perder fortaleza ante la candidata del Frente Nacional que parece tener muy en claro a “qué se juega” en esta segunda vuelta presidencial.

Desarrollo electoral del Frente Nacional

Desarrollo electoral del Frente Nacional desde 1974

 

Ver también:

  1. ¿Quién es el candidato francés Emmanuel Macron?
  2. El programa, de izquierdas y derechas, de Emmanuel Macron
  3. Emmanuel Macron: El fenómeno político de las elecciones 2017
  4. ¿Quién es Emmanuel Macron, el nuevo rostro de la política francesa?
  5. Emmanuel Macron, un OVNI de la política que pulverizó todas las reglas conocidas
  6. ¿Quién es Emmanuel Macron, el nuevo candidato a la presidencia de Francia?

*Director de MIX POLÍTICO